III
Antes de salir de Shingetsu, Soujiro visitó a Senkaku. El gigante estaba demasiado afligido y ni siquiera se atrevió a darle la cara. Allí de espaldas y con vista al río le confesó que se encontraba avergonzado de sus actos como capataz. Fue en ese mismo momento cuando compartió con él sus intenciones de dejar la villa y exiliarse hasta comprender a alguien tan «gentil» como el señor Himura.
Quiso decirle que su repentina postura era una tontería, pero justo cuando iba a hablar: un ave de rapiña descendió para tomar a un incauto pececito que rondaba en el río. Sus ojos brillaron al recibir una respuesta tan clara como esa. Entonces pensó que si Senkaku no veía la verdad en el comportamiento natural de los animales, él no sería la persona que lo encaminara a la realidad; incluso lo dejó vivo y libre para que pudiera morir en su ignorancia.
A él ya le habían hablado sobre el extraño ideal de Battusai. Por eso había resultado inmune a sus «encantos» morales. Tenía la firme convicción de no ceder a la realidad fantasiosa de quién alguna vez fue el mejor asesino del gobierno Meiji.
Lo único para lo que no estaba listo era para conocer a Misao.
Cuando la descubrió bajo el lente de su monocular, lo primero que pensó fue que se trataba de una niña perdida en el lugar equivocado. No se conmovió por ella y por eso envío una cuadrilla de hombres en su contra. Grave error. Lo único para lo que habían servido sus hombres fue para demostrar que la niña era una gran peleadora; siendo escurridiza y astuta había logrado derribarlos.
Las escenas de ella luchando le parecieron naturales cuando él las relacionó con la ley de la supervivencia. Mas perdió lógica cuando vio que todo giraba en torno a la relación que tenía con el crío que estaba ocultó en unos arbustos. El descubrimiento del menor pareció provocar algo en ella: se hizo más fuerte y venció a su último contrincante para poder tomarlo de la mano y huir.
Soujiro podía comprender el propósito del señor Himura. Él mismo le había advertido a Okubo que involucrarlo no iba a ser suficiente para menguar la fuerza del plan que Shishio tenía para controlar todo el Japón. Luego lo asesinó, pero no fue su culpa que el cadáver del ministro terminará con tan mal aspecto. Los Satsuma se habían encargado de pincharlo a su antojo y dejarlo a media carretera después de que él lo despachara. Era de esperarse que Himura resultara afectado por la muerte del ministro y que sus propósitos para luchar en contra de Shishio estuviesen relacionados con volver a servir al gobierno que él mismo había ayudado a instaurar.
Pero ¿qué haría allí una niña como Misao? se preguntó mientras tallaba su cuerpo con un paño lleno de jabón. Él había encontrado increíble el alboroto que ella había armado por un niño huérfano que para él costaba menos que uno de los mil rin que componían un yen.*
Shishio siempre le había dicho que para sobrevivir en un mundo tan hostil se necesitaba ser fuerte y no confiar en nadie. Era indudable que Misao desconocía esa verdad. Así que no importaba a cuántos hombres derribara o a cuánta gente atesorara, mientras luchara bajo ese ideal sería débil e ignorante.
Negó con la cabeza mientras relajaba su cuerpo bajo el agua tibia de la bañera. Cerró los ojos para tratar de descansar, pero los abrió de golpe al recordar que la peor parte de todo fue que los dejara escapar.
Había visto cientos de veces al señor Shishio apoderarse, sin el más mínimo remordimiento, de la vida de aquellos que eran inferiores. Él mismo había sido educado para ser un gran asesino, pero con ellos dos no actuó como era debido. Pudo haber hecho el trabajo por sí mismo: blandir su espada una sola vez y acabar con ella y el niño. Pero no lo hizo.
Por eso pensaba en ella de vez en cuando. Cada día más que el anterior. Y gracias a esa constancia cayó en cuenta de que Misao era la segunda mujer a la que le prestaba atención. Porque a diferencia de sus hombres, a él le quedó muy claro que era una mujer desde el momento en que la vio salir del arbusto. Tal vez no tan crecida como Yumi, pero no dudaba de que estuviese en camino de convertirse en una adulta. Por lo tanto otorgarle la etiqueta de «niña» se ajustaba perfectamente en Misao.
Era un ignorante cuando se trataba del sexo opuesto. A pesar de que estaba seguro de que viajando con Shishio llegó a estar rodeado de algunas féminas, no podía recordar con precisión cómo eran. Solo hasta que su señor encontró a la señora Yumi, él pudo tener una noción del bello sexo*.
Analizó a Misao haciendo uso de sus pobres concepciones y concluyó que no era parecida a Yumi. La manera de manejarse de esa chica y lo entusiasta que estaba en medio de su pelea con el señor Himura, no tenía comparación con el recato y la obediencia que Yumi guardaba para su señor. Ella apenas levantaba la voz, mientras que Misao gritaba y reía por cualquier cosa.
—La gente que acompaña al señor Himura es demasiado extraña —se dijo mientras salía del agua.
Después del baño, y ya ataviado con uno de sus atuendos habituales, tomó la espada que Kenshin había fracturado. Sabía que Shishio iba a quedar muy sorprendido al saber que el encuentro con su antecesor había acabado con una de sus mejores espadas.
Canturreó al caminar por los pasillos y cruzó el vestíbulo para llegar a la sala en la que Shishio siempre se reunía. Pero guardó silencio y se detuvo en el marco de la entrada al darse cuenta de que Shishio se encontraba acompañado por Yumi. A pesar de que aquello no tenía nada de extraño, la situación en la que ellos se encontraban era nueva a sus ojos y por eso optó por permanecer quieto.
Yumi estaba sentada en las piernas de Shishio, sonriendo y abrazada a él. No había nada de sorprendente en su alegría, pues ella siempre se mostraba dispuesta a estar cerca de él. Lo controversial estaba en la postura del señor Shishio porque siempre parecía no darle importancia al hecho de tener tras de sí a una mujer dispuesta a darle todos los favores. En cambio, en ese momento ambos hacían evidente la relación que existía entre ellos.
Los ojos de Soujiro se agrandaron cuando vio a su señor dirigir una mano al rostro de la mujer y frotarla sobre una de sus mejillas. Lo había visto usar sus manos para matar, pero nunca para hacer algo como eso. Debió de ser algo «bonito» porque Yumi se mostraba muy a gusto con esos roces.
Se sintió incómodo cuando comprendió lo íntimo de la situación y pensó que tal vez debía de reunirse con Shishio cuando los favores de la mujer finalizaran.
—Shishio —musitó dulcemente Yumi.
El aludido le dedicó una corta sonrisa a la chica y rápidamente hizo que su cabello dejara de estar sujeto por la peineta. Sumergió su rostro en la brillante cabellera y aspiró su aroma. Después de recorrer la melena castaña, frotó su nariz en el cuello de la mujer y esta soltó un dulce gemido.
—¡Señor Shishio! —intervino de golpe y sin mostrarse afectado por interrumpirlos.
Su intervención hizo que la atmósfera de la habitación cambiara por completo. Yumi dejó su acogedor lugar y se dirigió a la pequeña mesa de bebidas que se encontraba en la esquina de la habitación. Sirvió en una vasija un poco de sake* y se la entregó a Shishio a la vez que se sentaba a su lado.
—Buen día, señor —le saludó y luego miró a Yumi—. Señora Yumi.
—Nadie me notificó de tu llegada —le dijo Shishio mientras abrazaba a Yumi rodeando sus hombros—. ¿Qué noticias tienes para mí?
—Nada dista de lo que se le ha informado. El señor Himura ya no es un asesino.
—¡Eso no me sirve! —gruñó Shishio porque su pasado exigía un enfrentamiento con el destajador que logró el ascenso de la era Meiji.
Soujiro carraspeó, se acercó para entregarle la espada y volvió a retroceder.
—No creo que el señor Himura sea un caso perdido —señaló con seriedad—. Pude romper a la mitad su espada, pero él también daño esta otra.
Shishio desenvainó la espada con lentitud. Sus ojos se agrandaron al ver la cantidad de fracturas que había en el sable y Yumi se llevó una mano a la boca para contener la impresión. Antes de que se emitiera protesta alguna, Soujiro aclaró:
—No te enfades conmigo, por favor. El señor Himura es el culpable.
—Me parece que lo he subestimado —respondió sin dejar de contemplar la espada desde todos los ángulos posibles. Cuando terminó el recuento de los daños, devolvió el sable a su vaina y añadió—: Soujiro, voy a pedirte algo y espero que no te niegues a ello.
—Puede pedirme lo que sea, señor Shishio —le sonrió.
—Reúne al Juppon Gatana.
*
Soujiro ponía los utensilios que llevaría en su bolso de viaje. Reconocía que la idea de viajar, después de estar en Shingetsu, no le entusiasmaba en lo más mínimo. Mas era incapaz de desobedecer a Shishio. Servirle con lealtad era lo mejor que le había pasado en la vida. A pesar de que todo su tiempo se fuera en ello.
—Oye Soujiro —se escuchó un susurro detrás de los paneles de papel arroz.
—Adelante —ordenó él.
El shouji* se deslizó y Yumi se adentró en la habitación hasta quedar juntó a él.
—Vine porque han pasado varios días sin verte y porque hoy que has llegado te vas de nuevo —explicó.
Soujiro abrió la boca, pero nada salió de ella. Siempre le pasaba eso cuando ella trataba de acercarse a él.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó al vez que se ponía de rodillas a su lado y tomaba el cuchillo de acampar que el muchacho había puesto en la mesita que había frente a ellos.
—Sí —respondió mientras doblaba una capa de lana y la guardaba en su bolso de viaje.
Yumi lo miró con ojos comprensivos.
—Peleaste contra Battusai y eso me preocupó —confesó—, pero cuando le dije a Shishio sobre mi inquietud él me dijo que tú eras fuerte.
—¡Ah! —le sonrió—. No hay razón para alarmarse.
—Pero Kenshin Himura destrozó la espada.
—Y yo quebré por la mitad su espada de filo invertido —contraatacó para apaciguarla.
—De acuerdo. —Yumi sonrió y sacó de una de sus mangas un pequeño bento* que extendió hacía él. Cuando percibió el objeto, la miró sin saber qué hacer y ella al darse cuenta de su indecisión, apuntó—: Debes de tomarlo, chico.
—¡Oh claro! —tomó la caja—. ¿Qué es?
—Mandé a comprar delicias dulces para ti. Esperaba dártelas más tarde, pero dado que ahora tienes que partir...
—Entiendo —respondió y después de comprender lo que ella había hecho, agregó—: Agradezco su favor —hizo una pequeña reverencia con la cabeza.
No necesitaba las atenciones de nadie y nunca se había preguntado cómo eso podía hacerlo sentir. Pero algunas veces, Yumi compartía momentos con él; contándole trivialidades o regañandolo a causa de un comportamiento que encontrara errante.
Era una mujer amable y muy inteligente.
—Chico tonto. —Le dio una suave palmada en la espalda—. Esto no es un favor.
—¿Ah no? —¿que otra cosa podría ser? se preguntó.
—Es un regalo. ¿Vas a comerlo o no?
—Sí —asintió al instante porque no quería hacerla sentir ofendida—. Será bueno para mi viaje —guardó la caja en su bolso.
Yumi le sonrió y él hizo lo mismo suponiendo que esa debía de ser la respuesta que esperaba despues de entregarle el regalo. Desconocía los lazos que debían de ser necesarios para mejorar su relación con ella y no le parecía correcto descuidar sus deberes por trivialidades. Sin embargo, ella siempre interpretaba las cosas de un modo muy singular; siempre se mostraba dispuesta a dialogar con él sin importarle su silencio o su poco interés.
—Regresaré muy pronto —advirtió, sujetó el bolso en uno de sus hombros y le dedicó una última sonrisa.
Sobre el uso de los yens:
Hice una breve investigación y todo apunta a que una de las reformas del gobierno Meiji fue el cambio de moneda. En la era Meiji comenzaron a usarse los yens. Rin es la fracción más insignificante en un yen. Algo así como los centavos.
Glosario:
Bello Sexo: es un concepto latinoamericano que fue empleado en la prensa del siglo XIX para referirse a las mujeres y a todos los estereotipos femeninos de la época.
Sake: palabra del idioma japonés que significa «bebida alcohólica». Sin embargo, en los países occidentales se refiere a un tipo de bebida preparada de una infusión hecha a partir del arroz.
Shouji: tipo de puerta tradicional que funciona como divisor de habitaciones. Está hecha de un marco de madera y papel japones.
Nota de la autora:
Me ha gustado mucho cómo ha terminado este capítulo. Ha quedado mucho más claro porqué a Soujiro se le ha clavado una espinita por Misao.
Sobre su percepción de Eiji y Misao:
En la vida real, las personas que sufren abusos cuando son niños reproducen el maltrato. Por esa razón es que le extraña ver a Misao protegiendo a un niño que para él no vale la pena.
Respuesta a los comentarios
Kaoru Tanuki
Hola
Espero que te encuentres muy bien y te agradezco por estar aquí.
En respuesta a tu anterior comentario. Vaya que el encuentro en Shingetsu dejó muy impactado a Soujiro, pero hasta ahora el chico concibe a Misao como una ignorante de la verdad. Será difícil sacarlo de ese pensamiento.
En cuanto a Misao... para ella Soujiro es un infame. Ya habrá tiempo para que pueda descubrir lados más amables en él.
Sin embargo, la verdad irrefutable (al menos por ahora) es que ella adora a Aoshi. Será mi tarea hacer que Misao también comience a cuestionarse lo que siente.
Muchas gracias por leer.
Modificado el 27 de Julio del 2020
KH Weikath
