V
No fue muy complicado adentrarse al archivo privado. Había puesto en el té de Okina unas gotas de un elixir para dormir y mientras el anciano soñaba con sus años mozos, Misao había estudiado el expediente de principio a fin. No había nada concreto sobre Shishio, solo unos cuantos fragmentos de información sobre su base en Shingetsu y sus negocios en el mercado negro. Se sintió muy afortunada cuando el apellido Hayashi apareció en el expediente y pudo saber la ubicación del criminal.
Yoshiro Hayashi radicaba en Kioto, en el distrito de Fushimi. Seguiría la vereda al sur obedeciendo la ruta del río Kamo y haría las debidas desviaciones para llegar al distrito. Aquella sería su primera misión, siempre había deseado una oportunidad como esa. Su amado señor era importante, pero en aquellos momentos lo había relegado a un segundo lugar porque en verdad deseaba ser útil para el Oniwaban-Shu.
—De nuevo en busca de Aoshi —suspiró Omasu mientras le ajustaba el obi de la yukata gris que Misao había decidido usar.
—Al menos deberías de desearme buena suerte —respondió Misao sonriendo.
—Odio que estés fuera todo el tiempo.
—Eres mi mejor amiga, Omasu —le sonrió Misao.
—Tú también eres mi mejor amiga, por eso mismo odio que estés tanto tiempo viajando—Omasu la abrazo y al separarse se sonrieron.
—Te ves muy hermosa hoy —resaltó Misao al ver que la chica usaba un kimono celeste y no su habitual atuendo amarillo.
—Lo he comprado la semana pasada. Deberías de tratar de usar uno, al menos solo una vez.
—Prefiero las yukatas, son más cómodas.
—Esta yukata te sienta muy bien. El gris no es un color muy llamativo, pero tú cabello y tus ojos realmente resaltan mucho.
Allí estaban de nuevo esos comentarios sobre su aspecto. Después del bautizo que le había hecho Saito Hajime con el tema de la "mujer comadreja", no había tenido muchos ánimos de defender su belleza natural. Aunque, ahora con lo de Omasu, la situación volvía a ser igual. En conclusión, no importaban las intenciones que emplearan para referirse a su aspecto, ambas eran igual de incómodas.
—¿Qué debo de decirle a Okina? —preguntó Omasu y Misao volvió a prestar atención.
—No sé, dile que salí a vagabundear por allí. Él ya sabe que siempre voy tras Aoshi.
—¿Vas a tardar mucho esta vez?
—No lo sé —Misao se llevó una mano a la barbilla—. Tal vez una semana.
—Ten mucho cuidado.
—Te enviaré una carta por si necesito ayuda ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
Caminar por la plaza usando una yukata le hizo descubrir que algunos hombres le miraban con un interés que la hacía sentir incomoda. No quería que nadie la mirara y se sentía afortunada de que su cuerpo no hubiese experimentado cambios que fuesen notables a simple vista. Recordó cuando, hace algunos años, Okon le había dicho que sus caderas se habían ensanchado y que eso era una ventaja ante la notable falta de pecho. Aquello la había avergonzado tanto que prefirió esconderse en su habitación la mayor parte del tiempo. Más tarde recibió su uniforme ninja y al ver que el atuendo le ocultaba aquello que le avergonzaba lo consideró como una segunda piel.
Ahora la situación era distinta; allí estaba ella provocando saludos cordiales y sonrisas de varones jóvenes y adultos. Sí, sí le abrumaba, pero ya llevaba bastante tiempo contemplando al sexo masculino y ya sabía lo entusiastas que algunos hombres podían llegar a ser cuando una mujer se cruzaba por su camino. Aquel descubrimiento le hizo saber que podía hacer uso de sus virtudes en función de sus intereses; así nació su papel de prostituta como herramienta para sus atracos. Además, había sido privilegiada con una hermosa voz que podía ejecutar los tonos más dulces y sensuales.
Cuando caminaba sobre la vereda del río Kamo se encontró con dos mujeres que le ofrecieron encaminarla a Fushimi. Ella aceptó la oferta porque un viaje en carreta le ayudaría a resguardar energías para la misión. Habían viajado apretadas entre sacos de arroz y rábanos, pero en paz. Se había sentido como una eternidad la compañía de las dos abuelas, pero no le importó, al contrario, se sintió muy mimada por ambas mujeres. Al llegar la noche, Misao ayudó a armar el campamento y a encender la fogata.
—Tal vez mañana por la tarde ya estés en casa, Misao —comentó la señora Kaede mientras le entregaba un cuenco con caldo de carne.
—En realidad estoy buscando algo —aclaró la chica mientras recibía la comida.
—¿Es a ese chico del que nos has hablado durante todo el viaje? —cuestionó Isamu y Misao se sonrojó ¿Realmente hablaba de Aoshi todo el tiempo? Se avergonzaba de verse descubierta por dos mujeres que apenas conocía, pero no de pensar en él.
—Sí —mintió porque sentía una enorme necesidad de poder desahogarse un poco—. Llevo más de un año buscándolo.
—Debe de ser alguien muy importante —comentó Isamu y le dio un sorbo a su té.
—Aoshi cuido de mí cuando era solo una bebé, pero tuvimos que separarnos porque él y los demás querían estar en el campo de batalla. Solo deseaban protegerme y por eso me dejaron con mi abuelo. Tenía seis años cuando lo vi por última vez.
Ambas mujeres la miraron asombradas.
—¿No has visto a ese hombre en diez años?— cuestionó una.
—Sí —reconoció Misao—, pero pronto nos encontraremos.
Kaede se sentó a lado de ella y le acarició la cabeza, estaba conmovida por las intenciones de Misao.
—Relegadas en casa no podemos ser capaces de lograr nuestros sueños —intervino Isamu y Misao se asombró al ver que Kaede asentía en total aprobación.
¿Acaso ellas estaban de acuerdo con sus acciones? Todo el tiempo era señalada como la niña revoltosa del Aoyia. Sí, era encantadora ante la mirada de algunos varones, pero para la comunidad femenina era una mujer salvaje. Muchas veces le habían aconsejado corregir esas manías si en verdad deseaba formar una familia y casarse con un buen hombre. Afortunadamente ella no iba a cambiar, por eso deseaba a Aoshi, no quería ser la esposa de un hombre ordinario que solo esperara de ella el cumplimiento de tareas comunes. A lado de Aoshi sería una fiel compañera de batalla y recorrería todo el Japón.
—Por eso quiero encontrar a Aoshi. Sé que muchos de mis sueños se harán realidad cuando volvamos a vernos. —Misao suspiró.
—Entonces hoy ha sido un buen día para estas dos mujeres viejas. Hemos participado en una aventura sin igual —comentó Kaede.
—Muchas gracias. —Misao estaba muy feliz por eso; por primera vez alguien la comprendía y creía en sus sueños.
—Será un día muy feliz cuando vuelvan a verse —Isamu le sonrió de manera maternal—, pero no olvides que con o sin Aoshi debes de ser muy valiente.
—Eso es cierto —intervino Kaede—. Aoshi es un hombre muy afortunado por tenerte tras él. Asegúrate de que él represente la misma fortuna cuando lo elijas como tu compañero.
Aquellas palabras eran un centellante descubrimiento ¿Ella podía elegir? La vida en Kioto la había hecho testigo del ritual tradicional que se daba cuando un hombre desposaba a una mujer. Ellos siempre pedían por ellas. Por esa razón deseaba con todas sus fuerzas ser la elegida de Aoshi. Ahora, con la nueva revelación en mente, Misao estaba segura de una cosa: Aoshi era el elegido.
—Tu caldo va a enfriarse —señaló Kaede acariciándole el flequillo—. Cena y descansa. Mañana llegaremos al templo de Kajuji y de allí podrás llegar más fácil a Fushimi.
A la mañana siguiente, Misao se despertó muy temprano para poder asearse en el río. Tomó el desayuno y dejó que Kaede trenzara su cabello y le pusiera un pañuelo blanco sobre la cabeza. Cuando la abuela le preguntó el motivo del pañuelo, ella respondió que lo usaba por seguridad. Después la carreta partió hacía el templo Kajuji porque en ese lugar ambas mujeres iban a entregar unas cuantas provisiones. Misao ayudó en la repartición de arroz y de verduras.
No se fue del lugar sin antes apreciar la belleza del templo. El aroma de las flores inundaba todo el patio principal y allí mismo se encontraba un lago en donde pudo ver su reflejo enmarcado por pétalos de cerezo que flotaban en el agua. En ese momento descubrió que viajar en el bosque era divertido, pero al hacerlo se perdía de las enseñanzas de otras personas y de visitar lugares que le llenaran de paz como el templo Kajuji.
—Muchas gracias por todo —agradeció y abrazo a ambas mujeres. El encuentro había llegado a su fin, pero quedaba la promesa de volverse a ver.
Y al atardecer...
La mansión Hayashi era una construcción caprichosa. El estilo occidental predominaba en su diseño y en el decorado de la fachada. Toda la estructura estaba rodeada por una gruesa fortaleza de ladrillo. Misao estudió muy bien el perímetro para poder encontrar el punto perfecto para infiltrarse. Sin embargo, todo parecía estar perfectamente custodiado y eso comenzó a desanimarle. Solo hasta que analizó mejor la estructura, pudo ver que el patio trasero era descuidado por largos intervalos de tiempo y que en él convivía la servidumbre realizando sus respectivos deberes. Concluyó que ese era el punto adecuado.
Le habían cuestionado el gris de su yukata y el pañuelo en la cabeza, pero cada accesorio estaba en el lugar que debía de ser. Tenía que ser muy inteligente y entrar vestida de ninja no era una buena alternativa para pasar desapercibida. Era muy buena actuando como prostituta, pero ahora debía de serlo para encarnar el papel de sirvienta dócil. Ese siempre había sido el plan desde que salió del Aoyia y nadie iba a impedirle ejecutarlo de forma exitosa.
Cuando el anochecer llegó, su estrategia se puso en marcha. Misao tomo una pequeña rama y pegó su cuerpo en el punto más oscuro de la fortaleza. Estaba muy nerviosa, sentía que el corazón le palpitaba con tanta fuerza que podía escuchar sus propios latidos. Trató de relajarse controlando su respiración, suspiró para alivianar los nervios y, una vez llena de valentía, lanzó la rama hacía las copas de unos árboles que se encontraban en el extremo contrario a su ubicación.
—¡Hay alguien allí! —escuchó la alerta de uno de los guardias y seguido de la alerta pudo escuchar a la pequeña cuadrilla correr hacia donde había lanzado la rama. Espero unos segundos para asegurarse de que los guardias se hubiesen ido. Cuando le pareció no escuchar a nadie más, saltó para apoyarse en lo más alto de la muralla. "Muy bien, ahora debo de entrar al lugar', pensó mientras aterrizaba suavemente en el pasto. Rápidamente estudió el perímetro y se dirigió a un pequeño tejado en donde se encontraban unos cuantos baldes de madera, paños y escobas. Tomó una escoba porque pensó que le sería de ayuda si necesitaba defenderse. Con la escoba en la mano, solo tenía que entrar por la única puerta que, al menos en ese punto, daba acceso al lugar. Así que comenzó a caminar con prisa porque sabía que los guardias no tardarían en regresar.
—Solo fue una falsa alarma —se escuchó a lo lejos y una serie de pasos la alertaron. Estaba muy cerca de la puerta y casi podía sentirse dentro del lugar, pero no lo logró. Sintió que la sujetaron del hombro con mucha fuerza y eso la obligó a detenerse.
—Oye tú. —Misao miró la enorme mano estrujándole el hombro. En otras circunstancias hubiese respondido con un buen golpe, pero eso no iba con el papel de mujer dócil. Así que se giró lentamente y miró al hombre fingiendo gran asombro.
—¿Yo? —habló tratando de sonar lo más dulce posible y al instante sintió como el agarre de aquel grandulón se aflojaba. A veces los hombres podían ser tan predecibles y, mentalmente, se felicitó por saber sacar partido de eso.
—¿En qué puedo ayudarlo? —preguntó ofreciendo una sonrisa. El hombre había resultado ser un muchacho de tal vez 20 años, con el cabello castaño atado en una alta coleta y los ojos color miel; era apuesto, no tan apuesto como su señor, pero era lo necesario para no hacer insoportable la tarea de coquetearle.
—Se han escuchado ruidos extraños. Si has visto algo es tu deber informarnos.
—Sí señor —respondió—, pero solo he salido por esto —levantó la escoba que llevaba en una de sus manos.
Lo que Misao necesitaba con urgencia era que aquel muchacho dejara de sujetarla del hombro, no estaba acostumbrada a ese tipo de contacto y con los nervios propiciados por la emoción de su primer misión, empezó a tener miedo de que sus piernas comenzarán a temblar. Aún así sostuvo su mirada tratando de aparentar calma.
—De acuerdo —alcanzo a decir el guardia y le soltó.
—No importa —le sonrió mostrándose tranquila y retrocedió un paso—. Usted sólo es un hombre fuerte cumpliendo con su deber ¿No es cierto? —no espero respuesta, solo se despidió consciente de que había dejado a un sujeto totalmente desarmado.
Se dirigió a la puerta y rápidamente entró. Ya había pasado lo más difícil.
Cuando tomó consciencia de su situación, observó el lugar. Allí se encontró con un grupo de mujeres apresuradas en la tarea de calentar y servir la cena. Tan ocupadas estaban que ni siquiera advirtieron su presencia. Misao aprovechó esa distracción para conducirse totalmente relajada dentro de la cocina y, al hacerlo, no tardó en encontrar el perchero en donde colgaban algunos cuantos delantales. Odiaba los delantales con holanes, pero aún así tomó el que creyó que podía ser de su tamaño. Se sacudió el polvo de la Yukata y se puso el delantal.
—¡Llegas tarde! —una voz ronca la llamó y Misao volteó asustada—. ¿Acaso crees que nos pagan por alisarnos el delantal?
Sus ojos se encontraron con la imagen de una mujer mayor. Las arrugas de su rostro y el ceño fruncido le habían indicado que aquella señora era la capataz de la servidumbre.
—Lo siento, señora —Misao se disculpó haciendo una reverencia. Hubiese sido maravilloso que la dejara en paz como el guardia lo había hecho, pero en lugar de eso tenía la horrible mirada de la mujer sobre de ella.
—Tu rostro no me es familiar —dijo la mujer con una mano en la barbilla y caminando alrededor de ella.
—Apenas he llegado —explicó y la matriarca la tomó de la barbilla para verle mejor la cara. Le estudio el perfil derecho, el perfil izquierdo y el frente. En esos momentos Misao sentía que su estómago se revolvía por los nervios y la angustia.
—Ya veo...—habló la capataz—. Cada vez las mandan más jóvenes.
Misao no respondió, solo se sintió aliviada cuando la mujer se apartó de ella.
—Ahora mismo vas a barrer las escaleras y no podrás descansar hasta que termines.
Recibió la orden y volvió a tomar la escoba que ya traía. Salió de la cocina y caminó por un pasillo pequeño que la condujo hacía el comedor. Allí se encontraban otras mujeres acomodando la loza de porcelana, los cubiertos y las copas. Ella sabía de eso porque amaba los objetos occidentales y siempre era un deleite para su curiosidad viajar a Yokohama para ver las novedades de occidente.
Estaba a punto de cumplir con la orden que le habían dado, cuando recordó su verdadero propósito. Frunció el ceño indignada. ¡Estaba en una importante misión! No tenía porque obedecer a esa mujer, ni a nadie. Miró hacía un lado y nada; miró hacía el otro y nada.
—¡El señor Hayashi ha llegado! —Avisó un mayordomo y todo se descontroló. Ella aprovechó la conmoción para subir rápidamente las escaleras y allí dio inicio la pesadilla de los pasillos interminables y las puertas por doquier.
Encontrar y abrir la puerta del estudio fue como encontrar un tesoro. Lentamente entró y cerró la puerta tras ella, se percató de que el ventanal estaba abierto de par en par con las cortinas ondeando por el viento, pero no le dio importancia, al contrario, muy probablemente ese sería su punto de salida. Recorrió lentamente la habitación caminando con mucho cuidado, era buena caminando en la oscuridad, pero eso no era suficiente para encontrar el documento, por esa razón se dirigió al escritorio y tomo la pequeña lámpara que allí había. Sacó de su yukata una caja de fósforos y encendió la linterna.
No fue difícil encontrar el archivero, lo difícil fue pensar en cómo abrir el candado que aseguraba el cajón. El truco de las horquillas era muy bueno, pero no sabía si el tiempo, considerando la llegada del señor de la casa, iba a estar a su favor. Aún así lo hizo y batalló por varios minutos hasta que el ansiado "clic" sonó y el candado cayó. Sujetó la linterna una vez más para ver el fondo del cajón y no le sorprendió encontrarse con un solo expediente. Tomó el libro, lo puso sobre la alfombra y paso hoja por hoja hasta encontrar a Shishio Makoto con la compra de un Rengoku. Arrancó el documento y se lo guardó en el pecho.
¡Era su victoria!
Se levantó de la alfombra con la linterna en las manos. Una brisa le hizo sentir escalofríos, pero no le dio gran importancia, apagó la linterna y apenas pudo dar un paso cuando sintió como le abrazaban la cintura y le cubrían la boca. En ese momento el primer pensamiento que cruzó por su mente fue el de liberarse y huir por su vida.
Se retorció en los brazos del hombre, porque a esas alturas, con la fuerza del agarre en su cintura, supo que debía de ser necesariamente un varón el que la sometiera de esa forma.
—No es recomendable que siga resistiéndose —el hombre le había susurrado y en ese momento...
"Prometa traer una nueva espada"
"¡Soujiro Seta!", pensó de golpe y se quedó quieta al saber que había sido descubierta por alguien muy superior a sus anteriores obstáculos. Necesitaba asegurarse de que aquello fuese verdad, así que lentamente levantó la cara y se arrepintió de hacerlo cuando se encontró con los ojos cobalto. Misao supo que la sorpresa no fue solo para ella porque en ese momento pudo sentir que el agarré de Soujiro se había aflojado. Se miraban a los ojos y en ellos había terror y estupor.
El espadachín había esperado muchas cosas al robar el documento, pero ninguna de ellas implicaba ver que alguien se le hubiese adelantado y mucho menos se había imaginado que aquella persona iba a ser la extraña moza que acompañaba a Himura. Había tantas preguntas, pero de las más simples ya tenía respuesta: Misao era de los Oniwaban-Shu y había entrado al lugar fingiendo ser una sirvienta. Lo peor era que los había embaucado a todos. Había cometido un error al subestimarla; fue más inteligente que él y la muestra estaba en que había logrado robar el documento primero.
Algo dulce llegó a él; era el aroma de la verbena de limón. En Shingetsu no le había dado importancia a esa fragancia, pero en ese momento fue consciente que aquella ráfaga de dulce se debía a qué tenía a Misao muy bien sujetada y pegada a su cuerpo. Poder sentirla le hizo notar que era suave y pequeña. Retorciéndose en sus brazos la sentía como un pajarito inquieto, pero ahora que estaba paralizada podía sentir su calor y escuchar los latidos de su corazón delator. Nunca había estrechado en sus brazos a alguien, no es que Misao tuviese algo de especial en ello, pero en su cajón de experiencias no había cosas similares a esa cercanía y ahora que la tenía, se estaba asegurando de poder estudiar bien la situación.
Luego recordó la tarea que el señor Shishio le había otorgado y se vio obligado a retomar su papel. Sabía que ella estaba asustada, así que haría uso de eso para someterla.
—Es una sorpresa, señorita Misao.
Notas de la autora:
¡No sé imaginan lo mucho que me costó escribir y diseñar este capítulo!
Me ha gustado mucho como ha quedado. Además ¡ya se encontraron! ya puedo descansar de ese pendiente.
Ya tengo parte del que sigue, así que pronto podremos saber qué es lo que va a pasar con ellos.
Glosario:Obi: faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono, se ata a laespalda de distintas formas.
Kimono: vestido tradicionaljaponés, que fue la prenda de uso común hasta los primeros años de la posguerra. El término japonésmonosignifica 'cosa' ykiproviene dekiru, 'vestir, llevar puesto'.
Yukata: vestimenta tradicionaljaponesa hecha dealgodón. Se usa principalmente para los festivales de verano o estaciones cálidas. Es mucho más ligera que elkimono al no tener la capa que cubre normalmente a este y al no estar hecha de seda.
Fuente
: Wikipedia
Respuestas a los comentarios
Kaoru Tanuki:
Hola
Espero que te encuentres muy bien :)
Alguna forma tenía que pensar para hacer que nuestros protagonistas se encontraran. Lo pensé por mucho tiempo, hasta que recordé el Rengoku de Shishio y, mezclando eso con mi trabajo de historiadora, la luz llegó a mí. Me alivia ver que la adaptación quedó bien.
Sobre el encuentro entre Misao y Sou ¡Qué puedo decir! todo puede suceder teniendo a la rezongona de Misao en escena y a un Soujiro extrañado por su comportamiento. En el siguiente capítulo habrá más interacción con ellos. Recuerda que Soujiro es el mejor elemento de Shishio, así que no creo que se rinda tan fácil con el tema del documento. Desafortunadamente, la va a tener muy difícil porque Misao es brava y no va a rendirse sin pelear.
Muchas gracias por leer y comentar
Nos vemos en el siguiente capítulo
Publicado: 12/06/20
Última corrección: 14/06/2020
