VI

Soujiro era bueno manipulando a los demás con su hablar amigable y su sonrisa inocente, pero cuando utilizaba las debilidades de las personas en función a sus propios intereses obtenía mejores resultados. Misao representaba un gran reto porque apenas la conocía; sus debilidades eran un misterio que él mismo quería descubrir en ese preciso momento.

—Escuche —ordenó Soujiro—. Voy a quitarle la mano de la boca, pero necesito que guarde silencio ¿Entendido? —Misao asintió lentamente y él apartó su mano para que ella pudiera respirar mejor.

Ella estaba segura de que Soujiro iba a darle otra orden, pero antes de que eso sucediera, se aprovechó del pequeño intervalo de relativa calma y rápidamente se zafó de su abrazo. Una vez libre, hizo una pequeña pirueta para poder aterrizar sobre el escritorio del estudio y estar lo más apartada posible.

Estaba nerviosa y asustada, pero aún así buscaría la manera de salir con vida.

—Será mejor que vuelvas a casa, Seta Soujiro. Estoy muy ocupada y Himura se encuentra algo lejos de aquí —le advirtió con ambas manos en la cintura. Con ello no deseaba inspirar severidad, solo sentía que en esa posición podía mantenerse en pie sin flaquear.

—Lo siento, pero está vez no estoy detrás del señor Himura...—trató de explicar Soujiro.

—Entonces no tenemos nada de que hablar tú y yo.

—Yo creo todo lo contrario. —El tono que había empleado mientras se acercaba a ella y la sonrisa que le había dedicado le provocó un fuerte escalofrío y casi sintió que de nada servía apoyar sus manos en su cintura.

—Pues yo no tengo ganas de hablar contigo —declaró la chica tratando de reponerse—. Ahora mismo quiero regresar a casa.

—Para entregarle el documento a los Oniwaban-Shu ¿cierto? —aquella revelación dejó perpleja a Misao e hizo que flaqueara su postura y cayera de rodillas sobre el escritorio. Soujiro, al ver su reacción, con una sonrisa agregó—: He acertado.

—Tú no me conoces y no sabes nada sobre el Oniwaban-Shu. —Estaba furiosa por ver que, a última hora, sus planes se habían estropeado. Reconocía que había corrido con mucha suerte de principiante, tanto en su viaje, como en su ingreso a la mansión; sin embargo, no era para que le pusieran a Soujiro como contrincante final.

—Soy muy consciente de lo que es capaz. Ya he visto que es muy inteligente e intrépida. Tanto es así, que hasta yo terminé embaucado con su estrategia —le habló con un tono amigable y Misao se encogió ruborizada. Él era la mano derecha de Shishio, que tan buen elemento reconociera sus capacidades era algo a lo que no se podía ser indiferente. Sus pensamientos se vieron finalizados cuando Soujiro sentenció:

—Esto se acabo. Entrégueme el documento o de lo contrario —llevó una de sus manos a la empuñadura de su espada.

Misao conocía las capacidades del espadachín y sabía que estaba dentro de una situación muy complicada: aquel cara sonriente no iba a "tentarse" el corazón con ella. Podía dar batalla, pero eso solo la conduciría a una muerte segura; podía distraerlo y postergar que él usara su espada, pero eso también la conduciría a una muerte segura, con solo algunos cuantos minutos de diferencia.

—Así que tú señor tiene miedo de que las autoridades den con él a través de un archivo —afirmó Misao en un intento de poder distraerlo.

—Yo no lo diría de esa forma —respondió Soujiro con total tranquilidad reposando su mano en la empuñadura de su espada.

—¡Pues no me importa! —gritó y lo señaló con un dedo—. Puedes ir y decirle que: Makimachi Misao y los Oniwaban-Shu lo tenemos rodeado.

Soujiro miró a un lado, luego al otro y, al final, se centro en ella.

—No lo entiendo —declaró dejando su espada y se llevó esa mano a la cabeza—. Aquí solo estás tú.

En todo ese trayecto, ella se había sentido dentro de una gran burbuja en donde su heroísmo y astucia inflaba su valor y su orgullo. Sin embargo, Soujiro, con esas últimas palabras, había pinchado y deshecho esa hermosa sensación.

—Eso es porque... —Misao se detuvo por unos segundos tratando de buscar una explicación, pero al no encontrarla, gritó—: ¡No tengo porqué darte explicaciones!

—Está bien...está bien —respondió Soujiro moviendo ambas manos para tratar de apaciguar a la chica—. Lo único que quiero es que me entregue el documento. Si usted me entrega lo que le pido puedo sacarla de aquí sin que los guardias lo noten.

Aquello último le enfureció más que el hecho de que pinchara su hermosa burbuja. ¿Acaso estaba sobornándola? Ella tenía un honor intacto y no iba a permitir que aquel chico tonto se atreviera a ofenderla de esa manera.

—¡Jamás! —negó al instante—. ¿Lo escuchaste? Jamás te lo daré porque nunca traicionaré a los Oniwaban-Shu. Además, ¡yo lo robe primero!

La pequeña riña por el documento tuvo que posponerse porque la puerta del estudio se abrió de golpe. Un rayo de luz entro a la habitación, los iluminó a ambos, e hizo que ambos prestaran atención al punto de luz.

En el marco de la puerta estaba Yoshiro Hayashi. Tanto Soujiro como Misao esperaban que el gran traficante de armas tuviese la imagen de un gran luchador. Tristemente para él y afortunadamente para ellos, Hayashi no era más que un hombre de baja estatura, medio calvo y regordete que vestía un pulcro traje occidental de color blanco. Su rostro primitivo no inspiraba la más profunda sabiduría, ¿ese era el hombre que había emboscado al gobierno Meiji?

—¿¡Qué diablos está pasando aquí!? —gritó el traficante contemplando a la niña sobre su escritorio y al espadachín que estaba a su lado.

Lo que menos necesitaba, Misao, era que llegarán más problemas y ahora estaba entre el matón de Shishio y el traficante de armas. Era valiente y se aferraba a la vida porque esa era la naturaleza de los seres humanos, pero todo tenía un límite y dudaba que sus capacidades le pudieran ayudar para hacer frente a los dos tiranos.

—Tiene el documento ¿No es así? —escuchó que Soujiro le preguntó y lo sintió acercarse más a ella, pero no respondió, estaba muy ocupada pensando en su situación. Al parecer el chico no se daba por enterado de eso, porque volvió a dirigirse a ella y le susurró—: Habrá una pequeña tregua entre nosotros, pero cuando todo esto acabe, lo mejor será que me lo entregue.

—¿Qué cosa? —preguntó Misao totalmente desorientada.

—Lo que he dicho, haré una tregua con usted.

Ni siquiera tuvo tiempo de negarse a su proposición. Las acciones de Soujiro fueron tan rápidas que no hubo cabida para el desconcierto. En un momento, Misao estaba totalmente paralizada sobre el escritorio, y al otro, Soujiro ya la estaba cargando en sus brazos.

—Señor Hayashi ¿Qué gusto verlo? Luce más delgado —habló él y Misao lo miró sin entender qué sucedía—. Tengo un mensaje del señor Makoto Shishio.

Y como si aquello último hubiese sido una especie de maldición, Hayashi retrocedió y cayó sobre su trasero. Soujiro se mostró satisfecho con esa reacción, sonrió inocentemente y agregó:

—¿Acaso pensó que no recuperaríamos el documento de la negociación del Rengoku?

"¿Recuperaríamos?", se cuestionó Misao enojada. Ella había robado ese documento sin ayuda de nadie, pero no iba a refutarlo porque se suponía que estaban dentro de una tregua.

—El señor Shishio me ha pedido que le recuerde que él no es como el gobierno Meiji; a él no puede manipularlo a través de un simple papel. Recuerde que él es un tipo verdaderamente malo y prefiero advertirle a tener que asesinarlo —sentenció Soujiro.

Una amenaza como esa mitigaría a cualquiera, pero ese día, Misao aprendió que los hombres de negocios preferían resguardar su orgullo que proteger su propia vida. Yoshiro Hayashi, una vez recuperado por las malas noticias, se levantó lentamente y se llevó a la boca un cigarrillo; inhaló y exhaló una nube de humo con total serenidad.

—Escogieron al traficante equivocado —amenazó haciendo una pequeña señal con su mano derecha y tras él aparecieron dos hombres armados con rifles.

—Sujétese bien, señorita Misao. —Soujiro ordenó.

—¿Por qué? —preguntó temerosa.

—Obedezca —el tono de voz amigable había desaparecido y ella, al notarlo, se aferro a su gi* sin repelar.

—¡Acaben con ellos! —gritó Hayashi.

Se escucharon disparos, pero ninguno de ellos impacto en ella. De pronto el mundo se puso de cabeza y, al sentir el viento en su cara, supo que Soujiro había saltado por la ventana. El miedo le hizo abrazarse más a él porque temía que la traicionara y la dejara caer en el trayecto. Eso no iba a permitirlo, porque si ella caía, lo llevaría con ella. Afortunadamente nada de eso sucedió. Soujiro aterrizó suavemente en el piso de loza que decoraba el patio principal y después de eso, la ayudo a colocarse de pie.

—¡¿Cómo pudiste hacer eso?! —era Yoshiro Hayashi gritando desde el ventanal por el que habían salido. Soujiro lo miró con una gran sonrisa.

—Y con esa misma rapidez puedo decapitarlo —amenazó y Misao lo miró sin entender como podía decir esas cosas tan confiado de sí mismo.

—¡Mis hombres acabarán contigo! —gruñó Hayashi.

En los planes de Misao jamás se había encontrado la posibilidad de terminar en medio de una verdadera pelea, pero sucedió y terminaron rodeados por los guardias del lugar. En ese momento, aprendió que en las grandes batallas es muy difícil dar el primer golpe. Ese aprendizaje fue muy doloroso porque le habían golpeado el hombro y las costillas. Aún así, era orgullosa y no iba a encomendar su vida al Tenken; pelearía por sí misma, trataría de sobrevivir y tal vez, con un poco de suerte, escaparía con el documento en su poder.

Era buena alternando patadas y puños para lidiar con dos enemigos. Así que lo primero que hizo fue impulsar su cuerpo con un pequeño salto y se lanzó a uno de los hombres hundiendo su codo en la zona del abdomen. Al mismo tiempo, dió una patada de gancho que alcanzó a impactar en el pecho de otro sujeto que pretendía atacarla por la espalda.

El perímetro estaba muy reducido y, a diferencia de Shingetsu, no había estructuras en las cuales pudiera sujetarse para poder usar sus kunais y protegerse. Tampoco era muy cómodo pelear sobre la loza del piso porque hacía que sus sandalias resbalaran a cada rato. Era un mal escenario para un combate, pero pensó que lo mejor era usar los cuerpos de sus enemigos para impulsarse en el aire y atacar sin caer al piso.

Eso fue lo que hizo: se sujeto de los hombros robustos de uno de los guardias y se impulsó para aterrizar con una limpia patada que impactó en la cara de otro contrincante.

Su estrategia funcionó, hasta que sintió un duro golpe en la espalda que la hizo caer al piso. El golpe tuvo un efecto retardado en ella. Cuando sintió que el malestar se esparcía, se sujetó la zona afectada tratando de contener el dolor. Se apoyó sobre uno de sus codos y levantó el rostro; allí estaba el mismo joven al que había seducido antes de infiltrarse en la mansión. Un guiño de sorpresa se reflejó en el rostro del hombre, pero este no desistió en su misión. Misao lo vio levantar con ambas manos una gran lanza y justo cuando iba a dejarla caer sobre de ella, algo pareció llamar su atención y lo hizo olvidar su propósito.

Misao se cuestionó el porqué de tan repentino cambio, pero la respuesta llegó cuando sintió algo húmedo en la punta de sus dedos. Inmediatamente miró la mano que tenía apoyada en el piso y se encontró con una enorme mancha carmesí que aumentaba rápidamente.

En ese momento, fue consciente de la situación. Había estado tan concentrada en sobrevivir que no se fijó en las acciones de Soujiro. Ese enorme charco de sangre era un recordatorio de que Seta Soujiro no era un tonto chico sonriente. Era un asesino desalmado y sanguinario.

El sonido de los lamentos de un hombre hizo que abandonara sus pensamientos y rápidamente dirigió su mirada hacia donde Soujiro se encontraba. Se arrepintió al instante porque ante sus ojos se reveló toda una carnicería; toda esa sangre provenía de cuerpos que reposaban inertes en el piso. En ese momento, pudo ver a Soujiro sujetando su espada sobre un hombre tembloroso y suplicante. Cuando lo vió tomar vuelo para ejecutar su ataque, ella cerró los ojos y gritó:

—¡Basta! —Abrió los ojos lentamente cuando todo se encontraba en total silencio y pudo ver que Soujiro se encontraba en la misma posición, con la diferencia de que en ese momento le miraba fijamente.

—¿Qué pretende? —preguntó el espadachín, al mismo tiempo que formaba una pequeña sonrisa para ella.

—Ya lo has dejado malherido —señaló al ver que el hombre se presionaba el hombro en clara señal de malestar—. Por favor —pidió Misao y Soujiro deshizo su postura de ataque.

—No hay otra forma, señorita Misao.

Ella estaba a punto de refutarlo, pero, justo cuando iba a hablar, sintió el fuerte golpe de una patada que fue asestada en uno de sus costados.

Dejó caer por completo todo su cuerpo ante el fuerte dolor. Se llevó una mano justo a la altura de su riñón derecho. Aquella patada le había hecho sentir el vibrar de todos sus órganos internos. Recostada en el piso pudo ver el cielo nocturno, entretenerse viendo a la nada le hizo olvidar su malestar. Aquello no duró mucho porque su paz mental se interrumpió cuando vió una mancha azul desplazarse en el aire a gran velocidad. Escuchó el sonido de la carne siendo desgarrada y el goteo de la sangre al caer sobre la loza: Soujiro había asesinado al guardia que la había golpeado.

Supo que Soujiro se aproximaba a ella y pronto su vista al cielo se vio bloqueada por el rostro del muchacho. Aquellos ojos cobalto la miraban sin mostrar expresión alguna, pero brillaban con una intensidad que le hizo encontrar cierta belleza en ellos.

—¿Qué hace ahí? —preguntó el chico como si no fuera consciente de que la habían apaleado. "Desconsiderado. Ni siquiera le importa si me encuentro bien", pensó Misao, pero estaba tan agotada que no tuvo los ánimos para expresar su indignación.

Lo vio inclinarse sobre de ella y sintió como la sujetaba para cargarla en sus brazos. Misao estaba agradecida por eso, no se lo diría porque eran enemigos, pero aquella acción le benefició mucho porque dudaba que pudiera ponerse de pie por su propia cuenta.

Estaba muy confundida, aún temía por su vida cuando estaba cerca de él, pero Soujiro le había dicho que harían una tregua y había cumplido con su palabra. La habían herido y él había intercedido por ella, no la protegió noblemente como lo haría Kenshin, pero la auxilio cuando fue atacada por la espalda. "Tal vez solo lo hace porque desea el documento", reflexionó Misao, pero después negó. Si se tratara del documento, a Soujiro le hubiese dado igual el que la hubiesen atacado por la espalda o que la hubiesen matado. Después de todo, es más fácil robarle a un cadáver. Le costaba reconocerlo, estaba odiando el simple hecho de pensar que el chico de azul conocía el valor de la lealtad. "Tonto chico sonriente", pensó.

Yoshiro Hayashi contempló el combate desde su ventana, se encontraba paralizado y aterrado por ver que en su lujoso piso yacían sus mejores guerreros.

—¿Cree que está advertencia sea suficiente para usted, señor Hayashi? —preguntó Soujiro—. Será mejor que no desafíe al señor Shishio.

—¡De acuerdo! —el traficante accedió cayendo de rodillas—, pero no hagas más destrozos en mi patio —suplicó con ambas manos juntas e inclinando la cabeza una y otra vez.

—Muy bien —acordó Soujiro—. Me llevaré el documento y a la señorita Misao

—¿Quién? —cuestionó Hayashi, pero su pregunta se respondió sola al ver a la niña que el joven llevaba en sus brazos.

Cuando dos de los sirvientes cerraron el ventanal y corrieron las cortinas, quedó confirmado que el enfrentamiento había llegado a su fin y que él triunfo había sido de la chica ninja y del Tenken.


Notas de la autora:

Disculpen las metidas de pata que constantemente aparecen en el fic. Estoy estudiando mucho para poder emplear de manera adecuada los recursos literarios que son necesarios para una mejor comprensión de la historia.

He estado corrigiendo los capítulos anteriores. Cualquier cambio relevante que haga lo notificaré. Agradecería mucho la crítica constructiva del texto o de la historia.

Glosario

Gi: el keikogi o keikogui es un tipo de ropa o uniforme de entrenamiento.

Respuestas a los comentarios

Kaoru Tanuki:

Holaaaaa

Realmente me complace mucho ponerte en modo fangirl, porque así me siento cuando escribo esta historia.

¡Ay! Sobre Misao...

Estoy segura de que has visto esas infografías en donde ofrecen una ficha que presenta los atributos de los personajes de Rorouni Kenshin ¿Has visto la ficha Misao? Bueno, su nivel de inteligencia es muy bajo y yo realmente no puedo dar crédito de ello. O sea, la chica vago por años totalmente sola y ayudó en la dirección de la defensa de Kioto cuando Shishio planeaba quemar la ciudad.

Es risueña y pícara, por eso me gusta hacerle un poco de justicia y hacerla listilla en algunas ocasiones.

Yo sé que esperas el choque de personalidades, ahorita han estado un poco ocupados salvando y robando, pero en el siguiente capítulo ya se viene esa confrontación.

Muchas gracias por tus comentarios y observaciones.


Publicado: 16 de Junio 2020