Advertencia:

En este tiempo he estado haciendo correcciones al fic, nada de lo que deban de preocuparse porque la trama sigue siendo la misma. El único capítulo importante es el tres porque corregí la impresión de Soujiro sobre Kenshin y Misao. La cual puede sintetizarse en esta cita:

«Soujiro podía comprender el propósito del señor Himura. Él mismo le había advertido a Okubo que involucrarlo no iba a ser suficiente para menguar la fuerza del plan que Shishio tenía para controlar todo el Japón. Luego lo asesinó, pero no fue su culpa que el cadáver del ministro terminará con tan mal aspecto. Los Satsuma se habían encargado de pincharlo a su antojo y dejarlo a media carretera después de que él lo despachara. Era de esperarse que Himura resultara afectado por la muerte del ministro y que sus propósitos para luchar en contra de Shishio estuviesen relacionados con volver a servir al gobierno que él mismo había ayudado a instaurar.

Pero ¿qué haría allí una niña como Misao? se preguntó mientras tallaba su cuerpo con un paño lleno de jabón. Él había encontrado increíble el alboroto que ella había armado por un debilucho niño huérfano que para él costaba menos que uno de los mil rin que componían un yen.* »

En conclusión, Soujiro relaciona los motivos de Kenshin dentro de un aspecto político y los de Misao son desconocidos e inquietantes.

El capitulo siete también sufrió modificaciones, espero que les guste y me disculpo por los inconvenientes :)


VII

—Menuda refriega. —Soujiro habló con un suspiro mientras caminaba con Misao en sus brazos.

Ya estaban muy lejos de la mansión y estando a mitad del bosque fue consciente de que el momento de la separación había llegado. Por eso le preguntó:

—¿Qué es lo que va a hacer ahora, señorita Misao?

No hubo respuesta; ni siquiera se había molestado en verlo. Durante todo el viaje, Misao se había mantenido con los brazos cruzados y mirando el camino sin decir palabra alguna.

A Soujiro le gustaban los momentos de tensión, especialmente cuando él no se veía implicado en el problema y disfrutaba de ser espectador. Le divertía cuando el señor Shishio daba reprimendas a sus hombres. Su parte favorita era cuando su señor daba una ofensiva y el acusado comenzaba a comportarse de forma graciosa: los ojos abiertos, el cuerpo tembloroso y balbuceando disculpas una y otra vez.

Se suponía que tenerlo cerca debía de ser una amenaza para Misao. Sin embargo, ella no estaba haciendo las caras graciosas que hacían los hombres de la organización al ser regañados; iba tranquila y mantenía esa cara de enfado con la que él ya comenzaba a familiarizarse.

Misao no era callada, o tímida; era orgullosa y sabía que no hacía mal al despreciarlo. Había entrado a la mansión pasando desapercibida y de esa misma forma planeaba a salir, ¡pero había llegado él! y por su culpa se armó una pelea innecesaria. Por eso, ignorarlo era lo mínimo que podía hacer después de que frustrara sus planes y pretendiera robarle su documento.

—No me gustaría presionarla. —Volvió a hablarle a la vez que detenía sus pasos—. Ya estamos algo lejos de la mansión. Supongo que cumplí con mi parte del acuerdo.

«¿Acuerdo?», Misao se cuestionó a sí misma. Para ella nunca hubo tal cosa, ¡la había tomado en sus brazos sin esperar su respuesta y saltaron por la ventana!

—¡No hay ningún acuerdo! —gruñó.

Y terminaron frente a frente sin sentirse intimidados por la cercanía que había entre ellos. Misao sustituyó su expresión de enfado por una de desconcierto al verlo sonreír.

—¡Ya ha hablado! —celebró sin dejar de verla y ella giró el rostro sintiéndose avergonzada.

¡Siempre metía la pata cuando se trataba de mantener la boca cerrada!

—Sí. —Trató de enmendar su error—. Y quiero que escuches muy bien esto: ¡Nunca tendrás mi documento! —Luego recordó como la había tratado al estar dentro de la mansión y reclamó—: ¡Y otra cosa! Me vuelves a tocar a tu antojo y juro que te morderé la mano tan fuerte que nunca en la vida usarás otra espada.

Si Soujiro no entendía nada, con su reclamo le quedaba claro que nunca entendería a las mujeres. Porque hasta donde él sabía, jamás le había faltado al respeto. Él nunca ofendía a los demás y no dudaba de que su habitual educación fuese la adecuada para tratarla. Además, ¡la estaba cargando! jamás había estado tan cerca de ser «compasivo»; le estaba haciendo un gran favor al cargarla para que no tuviera que lidiar con las molestias del golpe que había recibido.

—Me tomaste como si...—Misao detuvo el recuento de las veces que la había tocado sin su consentimiento— ¿Me estás escuchando?

—¿Ah? —Soujiro salió de su ensimismamiento y le sonrió—. Lo siento.

—Sí, como sea. —fingió estar indignada—. Lo dejaré pasar por ahora, ¡pero ya estás advertido!

—Entonces... ¿qué es lo que quiere?

—Quisiera que me dejaras sola, pero me conformo con que dejes de tocarme.

Él le obedeció y en cuanto sus pies tocaron el suelo, Misao hizo una mueca de dolor ante la intensa punzada que sintió por estar de pie y cargar con su propio peso.

—Qué confianza la tuya —le reprochó con la voz ahogada por contener su respiración.

—No quise ofenderla.

—¡Oh no te preocupes! —le habló con sarcasmo estando más repuesta—. Ya conozco las «maneras» que tienen los hombres de Shishio. ¡Todos son unos brutos!

—Cierto —le dio la razón al recordar cómo sus hombres la habían tratado—. Entonces debe de ser consciente de que está recibiendo un buen trato y de que le he hecho un gran favor al sacarla de allí.

—Lo hiciste porque tengo el documento.

—Sí.

—¡¿Y no te da vergüenza decirlo?!

—No —se encogió de hombros—. No espero que me pague el favor, me conformo con que me entregue el documento.

Ella sabía que en cualquier momento la tregua llegaría a su fin y también sabía que nunca iba a estar lista para rendirse. Soujiro estaba reclamando su documento y, al mismo tiempo, la obligaba a decidir entre mantenerse con vida o conservar la prueba de su potencial como ninja.

—Debe de tomar una decisión, señorita Misao.

—¡Pues no estoy lista! —contraatacó sin mentir, ¿quién podía tener una elección ante tal panorama?—. Además, has dicho que no me maltratarás.

—Yo nunca dije eso.

—¡Pues para mí sí lo hiciste y te he tomado la palabra!

—Está bien. —Accedió porque a él siempre lo habían mandado a despachar hombres y a lado de un igual no había tiempo para comedirse a la hora de atacar, pero con Misao se sentía diferente. Nunca había peleado con una chica y tampoco había visto a Shishio hacer eso.

—Es lo mínimo que puedes hacer después de humillarme—le recalcó y no tardó en advertirle con amabilidad—: Pero te prometo que, a pesar de que seas un bruto, voy a pensarlo.

Aquello era una mentira. Jamás permitiría que le arrebataran la oportunidad de ascender a la vida adulta e integrarse como miembro activo del Oniwaban-Shu. Ella necesitaba más del documento porque todos sus sueños estaban depositados en él y eso era más de lo que Shishio, en su egoísmo, podía llegar a imaginar. Por eso iba a quedárselo. Se esforzaría más de lo que había pensado, pero si eso le ayudaba a volver a su hogar y a ganarse la admiración de su clan, lo haría sin protestar. Solo tenía que pensar cómo enfrentarse a él sin terminar perjudicada.

—Sigamos —dijo un poco más contenta y al dar el primer pasó, un ramalazo de dolor la hizo detenerse.

Soujiro la vio lidiar con el dolor y se acercó dispuesto a preguntarle sobre su estado.

—¡No digas nada! —Misao le advirtió mientras ponía una de sus manos sobre la zona resentida y masajeaba un poco para aliviar el malestar. Cuando se incorporó por completo, miró al frente y señaló—: Estoy bien.

No sé necesitaba ser muy inteligente para saber que le costaría andar después del tremendo golpe que había recibido. Tampoco necesitaba mucho para saber que era alguien testaruda y que señalarle su falla solo provocaría que se disgustara de nuevo con él. Como no estaba dispuesto a enfrentar otra extraña confrontación en donde se le acusara de ser irrespetuoso, Soujiro optó por guardar silencio y mantener su distancia durante el resto del camino.

Cuando le indicó el final del recorrido, Misao se dio cuenta de que la había llevado al rincón más solitario y oscuro del bosque. Entonces recordó que él era un asesino y que era capaz de acabarla allí mismo sin que ella pudiera pedir auxilio. Nadie la escucharía y no había testigos. Por primera vez sintió miedo y pensó que él era un cobarde por atacarla a mitad de la nada y estando herida.

Retrocedió hasta que su espalda pegó contra el tronco de un árbol y preparó sus dos puños; no iba a irse de este mundo sin pelear. Agudizó su oído cuando escuchó el crujir de las hojas al ser pisadas por él y espero su ataque.

De pronto vio una chispa y después se hizo la luz: Soujiro había encendido una fogata.

Cuando el fuego se extendió e iluminó el lugar, él levantó la mirada y se encontró con Misao. No había tenido la oportunidad de apreciarla por culpa del alboroto y la oscuridad. Pero en ese momento ella estaba más cerca de lo que había estado cuando la vio por primera vez. Prestó atención al «disfraz» que llevaba y no tardo en pensar que si sus hombres la hubiesen visto justo como estaba, la verían como él lo había hecho desde un principio: siendo una niña y no un «muchacho habilidoso».

—¿Qué tanto miras? —preguntó Misao.

—Lo siento. —Dejó de prestarle atención y se levantó de su lugar para sacar el bolso de viaje que mantenía oculto en el fondo de un tronco hueco—. Recordaba nuestro primer encuentro —continuó con un tono desinteresado mientras sacaba del bolso un caso de cobre y un cilindro en donde guardaba la cena.

—¿Me recuerdas? —No ocultó la sorpresa que le producía aquello. En especial porque se suponía que la única persona importante allí era Kenshin.

—Y lo hago muy bien —sonrió sin dejar de prestar atención a la cena que había puesto cerca del fuego—. Tengo buena memoria. Y recuerdo que en ese momento estaba acompañada por ese debilucho niño huérfano —habló sin mostrar remilgo alguno por expresarse mal de Eiji.

—¡No hables así de él! —lo defendió al instante.

—Pues esa es la verdad —respondió indiferente a la vez que se encogía de hombros.

Tal vez ella tampoco era buena guardando silencio, pero a diferencia de él, Misao sabía tentarse el corazón antes de abrir la boca y también sabía guardar secretos. Por esa misma razón decidió no seguir con la conversación; no daría pistas que ayudaran a dar con el paradero del niño y pusieran en peligro a la familia de Saito. Solo se cruzó de brazos e hizo un mohín de desaprobación.

Y Soujiro por primera vez se lamentó no ser alguien dotado en el arte de la conversación. Sabía que era bueno persuadiendo a los demás, pero con Misao eso no era suficiente; ella no se amedrentaba con nada. Si cedía a la curiosidad que sentía, tendría que aprender la manera de hablarle sin hacerla enfadar.

Una vez había escuchado decir a Yumi que conversar con Shishio le había ayudado a conocer sus secretos y a entenderlo. Si la acción de conversar había hecho posible revelar las aspiraciones de un hombre tan misterioso como lo era su señor, estaba seguro de que con Misao sería mucho más sencillo.

—Ese día gritaba demasiado —dijo ensimismado al recordarla en Shingetsu—. ¡Quiero decir! —se corrigió cuando se percató de que había pensado en voz alta—. Usted parece ser una chica muy expresiva.

Misao ni siquiera había prestado atención al hecho de que le adjudicara ser escandalosa, seguía sorprendida por saber que la recordaba en medio de una de las batallas más importantes dentro del conflicto con Makoto Shishio. Y a pesar de que no le gustaba que la primera persona en notarla fuera alguien de los malos, se sintió feliz e importante.

Era cierto que adoraba coleccionar molinillos y que le encantaba juguetear y pescar en el río. Pero también lo era el hecho de que ya habían pasado muchos años desde que la habían dejado bajo la tutela de Okina; años en los que se había enseñado a ser independiente. Misao sabía que tenía todo para ser tratada con el mismo respeto y la distinción que se merecía toda mujer adulta.

El aroma a té y el calor de la fogata hicieron que encontrara acogedor el rincón en el que estaba. Incluso Soujiro dejaba de ser molesto cuando mantenía la boca cerrada y se dedicaba a preparar la cena. Su cuerpo estaba cediendo a ese cómodo ambiente y lo único que hizo para satisfacer su deseo de descanso, fue tomar asiento bajo el mismo árbol en el que se encontraba apoyada.

—Comenzaba a preguntarme cuánto tiempo seguiría de pie —le habló al mismo tiempo que retiraba la sopa del fuego y la servía en dos cuencos.

Soujiro se quedó mirando los dos recipientes y no tardó en sentirse desconcertado por volver a ser «compasivo». Cuando ordenó sus ideas y repasó la situación, se repitió que estaba haciendo todo lo posible para cumplir con el acuerdo y no hacer del enfrentamiento algo insoportable

—Tal vez la cena le ayude a pensar mejor. —Se acercó a ella y le extendió el recipiente con comida.

—No gracias. Puedes envenenarme —le respondió cruzándose de brazos.

Soujiro rio por su contestación y, en un intento por obtener su confianza, dio un sorbo a la sopa.

—Ustedes los ninjas son los «venenosos». —Puso la comida cerca de ella y al ver que seguía encaprichada, agregó—: De cualquier forma es su decisión.

Misao miró la comida y el aroma estimuló su hambre. Siempre había sido alguien de buen comer y ya llevaba un buen rato sin probar bocado. Así que dejaría para otra ocasión el tema de los envenenamientos y aceptaría cenar con él.

—No creas que te daré mi documento solo por aceptar tu comida —sentenció y tomó el cuenco para probar la sopa.

—Ni siquiera lo había considerado posible —aclaró desinteresado—. ¿Quiere un poco de té?

Misao asintió, él sirvió la bebida en un pocillo y le sonrió al momento de colocar cerca de ella la bebida.

—Supongo que esto está bien por ahora. —Fue lo único que Misao pudo decir sin dejar de sentirse desconcertada por ver que Soujiro era alguien amable.


Respuestas a los comentarios de la primera versión

Kaoru Tanuki

Hola

A mí también me gustó mucho la pelea que tuvieron Soujiro y Misao por el documento. Realmente me divertí mucho escribiendo esa parte.

Sobre la tregua... espero que en este capítulo haya quedado claro el porqué Soujiro tomó esa decisión. Realmente (en este punto del fic) no está interesado en proteger a Misao. La tregua fue hecha para realizar sus propios intereses. Le inquieta demasiado saber la verdad de proteger al débil y no matar (tanto que desobedece a Shishio).

Me voy a divertir un montón cuando Sou vea que aquel "secreto" no es algo tan simple.

Soujiro, por más tierno y sonriente, es todo un asesino. Siento un poquito de pena por Misao porque realmente terminó un poco asustada cuando vio que había matado a todos.

Sobre las fichas... creo que mi fic será una forma de hacerle justicia a Misao. Realmente estoy muy encariñada con ella y siento que Watsuki ha sido injusto con su historia.

Creo que Misao es una chica inteligente, graciosa y aventurera. Voy a echarme la soga al cuello, pero merece más que estar eternamente detrás de Aoshi o estar a la espera de que el hombre note su existencia.


Publicado el 19 de agosto del 2020

KHWeikath

Última corrección: 23 de agosto del 2020