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Se había pasado los primeros ocho largos años de su vida en medio de la mugre y la peste por lo que procuraba mantenerse aseado la mayor parte del tiempo, algo verdaderamente difícil si se consideraba que todo lo que había hecho durante aquellos últimos diez años era matar gente y lidiar con las salpicaduras de sangre. Afortunadamente el primer conjunto de ropa que llevaba en su maleta se encontraba ondeando en el tendedero y en la tela azul del gi ya no existían las manchas carmesí.

El agua fresca impactando en el rostro de Soujiro fue gratificante después de haber pasado varios días caminando sin poder tomar un baño decente. La dueña de la casa le había permitido hacer uso del pozo que se encontraba en el jardín para asearse mientras ella atendía a Misao. No vio problema en dejar a ambas mujeres solas pues Aiko era demasiado vieja para serle de ayuda a Misao en el caso de que esta decidiera contar todo y traicionar la tregua.

Se estaba poniendo la camisa cuando Aiko salió secándose las manos con un paño.

—Allí estás —celebró acercándose a él.

¿En dónde más podría estar después de que ambas mujeres lo echaron por lo nimio que era un costado desnudo?, se preguntó a sí mismo.

—He terminado de curar a Misao.

—Me lo imaginé —respondió con un tono de voz alegre—. Sus gritos han dejado de escucharse.

—Fue una paciente muy difícil.

El discurso sobre la lesión de Misao y cómo había sido curada al sumergirse en agua caliente le pareció eterno e innecesario. Sin embargo, se obligó a mostrarse interesado y levantar ambas cejas en un gesto de atención.

—Le ofrecí ayuda para vestirse, pero amablemente me pidió que le dejara en paz, dijo que ella se vestiría y se metería al futón siguiendo mis instrucciones —contó la mujer reafirmando la premisa de que Misao a pesar de ser intrépida la mayor parte del tiempo podía llegar a ser reservada en otros aspectos.

—En cuanto a ti —señaló la anciana sacando a Soujiro de sus reflexiones.

—¿Yo? —preguntó con desentendimiento.

—Si quieres que esa chica se ponga bien tendrás que asegurarte de que use esto —extendió un pequeño frasco lleno de lo que parecía ser un grasoso ungüento—. Un masaje con esto antes de dormir hará que se recupere pronto.

Él miró a la mujer con desconcierto y estaba a punto de negarse cuando recordó que para aquella mujer él y Misao no eran algo más que un par de compañeros que recurrieron a sus servicios. Aiko mantenía extendido hacia él el pequeño bote con la pomada para Misao mientras que él se mantuvo quieto por varios segundos. Era una tarea difícil en todos los aspectos, pero quería parecer tranquilo, disimular que podía proferir consuelo y cuidado cuando él jamás había sentido algo así en toda su vida.

—Anda. —La voz de Aiko logró ponerle fin a sus dudas. Tenía que tomarlo y pretender darle importancia a la voluntad de la doctora.

—De acuerdo —habló con rapidez y le arrebató a la mujer la medicina. Al final, sonrió para ocultar el conflicto interno que atravesaba.

—Sí… —Aiko lo miró extrañada, pero minimizó lo sucedido y sugirió—: Creo que deberías de verla, tal vez así deje de estar malhumorada.

A él le hubiese gustado explicar que de todas las personas en la tierra, él era el último al que Misao quisiera ver, pero obedeció.

No había razón para apresurarse y correr a su encuentro, Misao nunca había huido de él cuando estaban en el bosque y él jamás dudó de ella cuando se escondía detrás de algún árbol para poder dormir. Se había obligado a confiar en ella a pesar de que la chica no titubeara al expresarse mal de él. No esperaba que alguien lo aceptará y corriera hacia él con los brazos abiertos, así como Yumi lo hacía cuando veía llegar a Shishio. Sabía que si dependiera de Misao, ella también correría, pero lo haría para mantenerse lo más lejos de él y tendría que ir tras ella solo para obtener el documento y cumplir con su deber.

Con esa noción en mente no tardó en figurarse en la mente de Soujiro la posibilidad de que en un acto de astucia Misao aprovechara su tiempo a solas para escaparse.

Quiso aparentar que aquello no le había crispado algunos nervios y se condujo por el pasillo de forma silenciosa y aunque por fuera se mostraba con un semblante paciente, por dentro, la duda propiciada por una posible traición por parte de Misao provocó un sabor acido dentro de su boca. Aquello era una cosa incomprensible, pero trató de ser paciente y como mecanismo de defensa largó una pequeña sonrisa.

El shouji que mantenía cerrada la habitación le hizo sentir como si se encontrara frente una caja llena de sorpresas. En ese momento solo había dos posibilidades: Misao no se encontraba allí o, muy por el contrario a lo que él concebía de ella, se encontraba tumbada en el futón como la doctora se lo había ordenado.

En el fondo esperaba que la segunda opción fuera la verdad definitiva pues no estaba listo para terminar con la tregua y asesinar a Misao. Jamás fue una orden concisa acabar con su vida; ni siquiera Shishio había previsto algo así. Ella había sido como una avecilla libre y herida en medio de la carnicería que había armado en la mansión del señor Hayashi y él, como la persona astuta que era, vio en ella la posibilidad de saciar sus intereses personales; intereses que no estaban relacionados con asesinarla.

Sin embargo, la voluntad de su señor yacía por encima de todas las cosas que él pudiera desear y en ese momento lo único que quería su mentor era tener entre sus manos el dichoso documento en donde se pactaba la compra del navío acorazado. Entonces motivado por aquella verdad irrefutable abrió de golpe el shouji.

Lo único que se hizo presente fue la acogedora imagen de una habitación iluminada por un candil de kerosene que se encontraba sobre una mesita de madera y cuya luz amarillenta y opaca cubría el futón matrimonial que se encontraba perfectamente tendido en el suelo.

Se quedó inmóvil en el marco de la entrada, sintiendo como una pesadez se extendía por su pecho y el corazón comenzaba a golpear de la forma en la que solo sucedía cuando entrenada. Lo que sentía en ese momento era extraño, abrumador y desconcertante que se había olvidado de respirar.

En medio de aquella bruma la verdad provocó que sus ojos cobalto se abrieran de par en par y el camino entre su palma y la empuñadura de su espada comenzó a formarse.

La unión se vio interrumpida cuando escuchó:

— ¿Soujiro?

La voz de Misao logró sacarlo de aquel estado irracional que con el pasó de los años Soujiro conocería bajo el título de enfado. Entonces los engranajes de su cerebro comenzaron a trabajar de la forma habitual y logró retomar su semblante alegre antes de poner el primer pie dentro de la habitación. Cuando entró por completo a la habitación descubrió que la razón por la que no había visto a la chica era porque ella se encontraba sentada a un lado de la puerta y él, sugestionado e inmerso en aquellas raras sensaciones, no había reparado en sentirla cerca de él.

—Señorita Misao —saludó al mismo tiempo que cerraba el shouji y se acercaba a ella para sentarse a un lado.

—Soujiro —respondió a su saludo sin ocultar aquel tono amistoso que empleaba con sus conocidos. Luego recordó su situación y fingiéndose huraña, preguntó—: ¿Por qué has venido?

Él quería mostrarse desinteresado, disimular que no quería verla y tampoco quería exteriorizar la gran desconfianza que había sentido al pensar en ella siendo una fugitiva.

—Espero no importunarla con mi presencia. —Procuró sonar suave y solemne.

—¡Qué más da! De cualquier forma las cosas estaban demasiado aburridas antes de que llegaras.

—No creo poder mantener una plática entretenida con usted —confesó dejando de verla y mirando hacia la temblorosa flama que se encontraba dentro del cristal de la lámpara.

—Supongo que has venido a vigilarme ¿No?

—Solo quería saber por qué sus gritos retumbaron por todo el lugar.

—El agua estaba muy caliente.

—Eso debió de ser tortuoso. —Soujiro dejó de prestarle atención al fuego y volvió a verla.

En ese momento se veía tan dócil con las mejillas ruborizadas y tenía la impresión de que si extendía sus manos para palpar su rostro sentiría el calor de Misao, sus ojos se veían somnolientos y el hecho de que llevara el cabello suelto complementaba la imagen de alguien que debía descansar. Sin embargo, Soujiro se contuvo de sugerir aquello porque sabía que solo recibiría negativas, ella siempre era testaruda.

—¿Qué…? ¿qué tanto miras? —intervino Misao mortificada. Al principio había querido restarle importancia, no era la primera vez que él la miraba por un largo rato, pero dada la cercanía que había entre ellos solo había conseguido intimidarla.

—Nada —respondió al instante dejando de ver las ondas que se formaban con gracia en las puntas de su cabello azabache—. Me aseguraba de que todo en usted estuviera justo como lo recordaba.

Su comentario logró sobresaltarla por lo atrevido y propio que era de alguien desvergonzado como Soujiro.

—Conozco otra forma para hacerte saber que todo en mí está en perfecto estado —amenazó mirándolo de forma altiva y mostrando uno de sus puños.

—No es necesario. —Él aprovechó la acción para envolver con una de sus palmas el puño de Misao—. Me doy cuenta que es la misma de siempre.

Los ojos verdes se abrieron de par en par desde el momento en que sintió su agarre y lo único que salió de sus labios fue un suave jadeo, un intento de protesta fallido y delator de los nervios que se apoderaban de ella cuando él la tocaba y la miraba de forma grácil con sus ojos cobalto. Era natural que en ese momento la memoria de Misao fallara y la lista de adjetivos destinados a describir a alguien tan aberrante como Soujiro se desvaneciera.

—De hecho, la razón por la que estoy aquí es porque me han pedido que le entregué esto —explicó y aprovechando que había deshecho su puño, colocó en su mano el bote con el remedio.

— ¡Suéltame! —chilló Misao deshaciendo su agarre, dejando caer el bote al piso y llevándose ambas manos al pecho, sintiéndose avergonzada por su debilidad que ocasiono que el calor de su cuerpo se intensificara y extendiera por sus mejillas y orejas.

—Solo quería cumplir con lo que me pidieron. —Soujiro se deslindó levantando ambas manos—. Aquella mujer parecía demasiado esperanzada en que yo cuidara de usted.

— ¿Cuidar de mí? —Se burló en cuanto consiguió reponerse—. Si por ti fuera me llevarías con los ojos vendados hacia un acantilado.

—He estado tan concentrado en devolverla a Kioto que no he tenido el tiempo para imaginar escenarios en donde usted se encuentre cayendo por un acantilado, pero estoy seguro de que si eso sucediera poco tendría yo que ver en esa situación.

— ¡¿Qué estás insinuando?!

—Nada en realidad.

—Sé cuidarme y no necesito de tu ayuda. —Misao defendió su orgullo.

—Pero de haber contado con mejores cualidades no estaría en una situación como esta ¿no es así? —preguntó con socarronería buscando intimidarla.

—¡¿Qué dices?!

—En otras palabras, el Oniwaban—Shu decidió enviar a un elemento inexperto en una misión demasiado arriesgada.

Los ojos de Misao se abrieron de par en par, herida por recordar que había cometido un descuido simple y negligente para cualquier ninja y gracias a ello se veía inutilizada y sometida.

—Lamento que por mí culpa tengamos que perder esta noche. —Misao declaró cabizbaja.

—Estando lesionada tampoco iba a llegar muy lejos, señorita Misao —indicó él usando su razón.

—¡Oye! —Ella gruñó al salir de su estado de culpa—. El que seas mejor que yo no te da derecho a ser cruel.

—No soy cruel, sus circunstancias sí, pero yo no tengo la culpa.

¡Se estaba deslindando! El simple recuerdo de él estropeando lo que parecía ser una misión cumplida fue suficiente para hacerle hervir la sangre y Misao no dudó en abalanzarse contra él.

—Eres demasiado egocéntrico —dijo cuando tuvo a Soujiro bajo de ella, creyendo tenerlo inmovilizado al sujetar sus hombros y hundirlo con todas sus fuerzas en el piso para poder colocarse encima de él.

—¿Esto le entretiene? —preguntó sin mostrarse atemorizado por su posición.

—¡Te mataré! —sentenció mirándolo fijamente a los ojos.

—Usted no haría algo así.

—¿Cómo lo sabes?

—Sus manos son demasiado gentiles justo ahora, no puede estar hablando en serio cuando habla de matarme.

El comentario provocó que ella apartara sus manos como si las ropas de Soujiro ardieran en llamas y lo dejo en libertad.

—Me ha tomado por sorpresa cuando hizo eso —declaró al levantarse y sacudirse las ropas—. No será tan fácil la próxima vez.

Cuando Soujiro terminó de acomodarse la ropa le prestó atención a Misao.

—Será mejor que descanse —extendió su mano hacia ella—, mañana lo hará mejor —trató de suavizar las cosas de la forma en la que Yumi lo hacía cuando las cosas en el Juppon Gatana no iban bien.

Misao dudó por un momento, sin embargo, Soujiro no apartó su mano.

—De acuerdo. —Aceptó su ayuda y se levantó de su lugar.

El siguiente problema llegó cuando ambos se dieron cuenta que solo había un gran futón matrimonial en la habitación.

En un principio Misao había pensado que aquella habitación estaría destinada a ser solo para ella, pero dudaba mucho poder gozar de su privacidad al estar vigilada por Soujiro.

—Buenas noches —dijo Soujiro deshaciendo el agarre de sus manos y dirigiéndose al rincón en donde se encontraba la puerta para sentarse y descansar como lo hacía en el bosque.

Antes de recostarse, Misao lo vio de reojo, poco le importaba la comodidad de su enemigo, pero después de una noche llena de verdades agridulces, pensó que tal vez era adecuado quedar en mejores términos.

—Soujiro —susurró. No había motivos para hablar en voz baja, pero la atmósfera indicaba que era más de media noche y por alguna razón algo la inspiraba a hacer de la situación algo más íntimo; hacer secreto su momento de empatía para el enemigo.

Soujiro musito un «Mmm» con curiosidad antes de abrir los ojos.

—¿No puede dormir, señorita Misao? —preguntó amable.

—No es eso —contestó—. Es solo que… —Las prácticas amables parecían más sencillas en su mente que cuando eran puestas en marcha—Yo… —bufó fastidiada—. No tienes que estar al pendiente de mí como si a la más mínima oportunidad fuera a huir

—¿No haría eso? —replicó incrédulo.

—¡No! —Gritó a la defensiva, pero volviendo a entrar en la situación moderó su tono de voz para explicar—: Quiero decir… es verdad que no me agradas. Te burlas de mí y siempre ganas, pero no me escaparía.

Soujiro se mantuvo en silencio mirándola a los ojos.

—De acuerdo —Misao reconoció sintiéndose presionada por su silencio—, no escaparía en estas condiciones —señaló los vendajes que se asomaban por el cuello de la yukata de algodón blanco—. Así que no es necesario que estés haciendo guardia. Te doy toda la libertad para descansar.

—Es muy amable—dijo sin moverse de su lugar.

— ¿Por qué no te recuestas? —preguntó hastiada al verlo aferrado en ese frío rincón—. Esta es tu mitad y esta otra es la mía —señaló y se dirigió al lado izquierdo del futón para recostarse—. Todo ese espacio es para ti, es más que suficiente si consideramos que no eres un gigante. —Sonrió mientras le daba la espalda para disponerse a dormir.

Escuchó a Soujiro levantarse de su lugar y dirigirse hacia el futón.

—Aceptaré su amabilidad —dijo mientras se quitaba las sandalias y se recostaba en su lugar—. Buenas noches, señorita Misao.

—Si intentas hacer algo intrépido te morderé —amenazó sin dejar de darle la espalda—. Buenas noches.

Un par de horas después, Soujiro se despertó cuando escuchó unos ruidos en el techo. Su primera acción fue tomar la espada que había dejado a un lado de él, pero se tranquilizó cuando se dio cuenta que aquellos sonidos eran producidos por las gotas de lluvia al impactar en las tejas del techo. Mientras colocaba su espada en su lugar para volver a dormir, recordó a Misao y decidió darle un vistazo.

Lo primero que vio es que se había destapado por moverse mientras dormía, sin embargo, Soujiro sabía que ese era un logro si consideraba lo inquieta que era cuando estaba despierta. El pecho de Misao subía y bajaba en la calma que es propia cuando se duerme y Soujiro sabía que justo allí tenía oculto el documento, pero no estaba interesado en robarlo de esa forma.

Sabía que la lluvia no tardaría en enfriar la habitación así que tomo un extremo de la frazada y cubrió a Misao para proseguir con su propio descanso.

—Señor Aoshi —Misao susurró inconsciente mientras sonreía abrazándose a la mullida frazada—, lo he encontrado.

Él decidió dejarla en su mundo de fantasías y por un instante recordó al mercenario con el que se había encontrado en el bosque antes de su enfrentamiento con el señor Himura: Aoshi Shinomori.


Me disculpo por haber demorado mucho en actualizar, en gran parte fue porque la parte que había planificado y tenía en borrador de este capítulo no me convencía y lo edite demasiado hasta conseguir esta versión. También tuve una serie de problemas a nivel personal que me hicieron caer en modo vagabundo y buscar inspiración en libros, series, películas y amigos.

Espero que el siguiente episodio no tarde mucho en salir porque ya tengo escrita una parte y podamos retomar el periodo habitual de entregas (una por mes).

RESPUESTAS A LOS COMENTARIOS

Sweetly Weightless Mind:

Me alegra mucho que te esté gustando la historia y lamento no haber podido actualizar durante un buen rato, pero ya estamos de regreso.
Como bien señalaste, estoy tratando de sacarle el mayor provecho a los personajes y al contexto en el que se encuentran, no creo lograr retratar el Japón de la Era Meíji a la perfección, es una tarea difícil, pero me gusta leer sobre ese periodo histórico mientras consigo datos para mi historia. La hipótesis que Soujiro saca sobre los yakuza es algo que puede entenderse en el proceso histórico de esa organización criminal y Watsuki recurrió a la yakuza para retratar en el manga uno de los muchos matices de transición de la era Tokugawa a la era Meíji.
También es muy importante lo que señalas, hoy en día podemos ver procesos similares que implican problemáticas sociales nuevas pero que obedecen patrones demasiado viejos (el tráfico de drogas, la prostitución y la corrupción de menores).
Si tuviera que insinuar un spoiler general de esta historia es que esos temas serán insinuados en el contexto en el que se desarrolla la relación de Soujiro y Misao.

Kaoru Milou:

La verdad es que a mí también me encanta el estira y afloja que ambos tienen cuando se encuentran en una situación que es neutral, este capitulo tuvo mucho de eso. Creo que ambos personajes aprenderán demasiado al estar juntos (mientras se enamoran muajaja).

Sobre la predisposición de Soujiro para no matar y adaptarse a la civilización, al principio yo también pensaba que él debía de ser alguien que arrasara con todo a su paso, sin embargo, hay muchas escenas de Soujiro en medio de la gente ordinaria por lo que pienso que más que contenerse es parte de su propia astucia.

Acerca de lo último que señalas sobre Misao siendo incapaz de ser indiferente a las cosas que hace Soujiro. Bueno, pienso que Misao siempre presentó una faceta enamoradiza (aunque esta siempre estuviera centrada en Aoshi) entonces creo que, como toda adolescente, no es indiferente a los muchachos y a las cosas propias del romance. Me rompe un poco el corazón tener que escribir sobre la añoranza de Misao por Aoshi porque eso no va a suceder y ella es la primera en ceder por Soujiro porque es la única que tiene la capacidad emocional para hacer algo así.

MakiSeta:

Primero ¡Bienvenida al pequeño, pero ameno circulo de fans de esta ship! Me da mucho gusto que la historia te este gustando y sería genial tener tu compañía en este viaje.
Siempre me doy una vuelta en busca de novedades sobre esta pareja y me da gusto que ver que hay nuevas personas interesadas o se dicen nuevas cosas sobre Soujiro y Misao.
Lo que dices sobre Soujiro adjudicándole a Misao el ser una "Yumi no crecida" es algo emocionante porque va a llegar un punto en el que descubra que Misao ya no es una niña.

Muchas gracias por sus comentarios y por su paciencia. Espero que pronto podamos volver a leernos.

Un abrazo y mucha fuerza para todas.

K.H Weikath


Publicado: 6 de Abril del 2021