El embarazo transcurrió sin complicaciones exceptuando los extraños antojos de Mongolia y sus nervios y hormonas que provocaron que estuviera más irritable de lo normal, hasta sus lobos se mantenían alejados de ella por miedo a las repercusiones.
Enkhtuya se paseaba de un lado a otro como un lobo enjaulado mientras Rusia estaba en una esquina intentando todo lo posible por pasar inadvertido de la encolerizada mujer.
—Llevo meses sin poder salir en una campaña de guerra o montar un caballo siquiera ¡y todo por esto!—se masajeó el vientre notablemente abultado—¡Ya debería haber nacido pero nada!—
Rusia no sabía qué decir cuando se enteró de la noticia de su embarazo estaba incrédulo e inmediatamente pensó que el niño sería como su madre, un monstruo despiadado y frío. Pero en los últimos meses viendo como crecía en el vientre del imperio y como Aras la cuidaba parecía otra persona.
La mujer se cansó de dar vueltas y se fue hacía el asiento de pieles, le dolía horrores la parte baja de su espalda.
—Muchacho ven y ayúdame—
Rusia se apresuró a ayudar al imperio y la colocó sobre las pieles cuando de repente sintió un movimiento, asombrado se dio cuenta de que su pequeña mano estaba sobre el vientre de Mongolia y el bebé había pateado.
Enkhtuya contuvo el aliento.
—Toris no sueles ser tan enérgico y dar tantas patadas seguidas—se pasó una mano por su vientre, al principio la idea de tener un hijo no le gustó nada pero después de meses con esta personita creciendo en ella lo cambió todo.
—¿Toris?—preguntó curioso Ivan.
—Es el nombre que hemos pensado Aras y yo—y para total sorpresa de Rusia, la temible y sanguinaria Mongolia sonrió, no una sonrisa sarcástica o llena de malicia sino verdadera como las que le dedica su hermana Ucrania, llena de amor.
Nunca creyó eso posible como tener una conversación calmada y civilizada con Enkhtuya sin amenazas, golpes y gritos solo de una madre primeriza compartiendo sus experiencias de embarazo con él.
Mongolia se llevó la mano a su vientre en un gesto de dolor alarmando a Ivan.
—¿Señora?—no pudo seguir preguntando pues en ese instante rompió aguas.
—El bebé—murmuró—Ya viene—
Alarmado Rusia buscó a China por todas partes pero recordó que se había ido a una aldea acompañado de otros para conseguir suministros y con la tormenta que había tardarían, asustado escuchó los gritos de la nación.
Ivan no tuvo otra opción que ayudarla él mismo, se acercó a la mujer con mantas y agua caliente. Recordaba cuando ayudo a Yekaterina a que una vaca diera a luz algo debía parecerse.
—Señora cuando esté lista empuje—la otra nación asintió cuando fue el momento Ivan la instó—¡AHORA!—
Mongolia empujó con todas sus fuerzas, sentía que se partiría en dos nunca había sentido un dolor como este.
¡AAAHHHH!
Después de horas de parto extenuante se oyó un llanto con dificultad Enkhtuya levantó la cabeza para mirar a su bebé, era pálido y sonrosado con algunos pelos oscuros en su cabecita y por primera vez en su vida sintió algo cálido en su pecho, una sensación que jamás tuvo.
Rusia miraba fascinado al pequeño bebé en sus brazos, lo trajo a este mundo, era tan pequeño y delicado y abrió los ojos de un color verde esmeralda. El bebé lo miró y sonrió dejando sin palabras a Ivan.
—Ven dame a Toris—
Hizo lo que le ordeno y con cuidado le entregó al pequeño a su madre, jamás había visto era mirada de pura dulzura en sus ojos mientras lo alimentaba, así fueron encontrados por China y los demás.
