La llegada del bebé Toris era una bendición no sólo para los padres sino para los demás.

La nueva maternidad de Enkhtuya hizo que le prestara más atención a su hijo y no fuera tan cruel con las naciones.

El pequeño Toris era como un muñequito, tenía el tono de piel de su padre y mejillas sonrojadas empezaba a dar sus primeros pasos ayudado por su padre Aras quien sonreía con orgullo, el bebé también era muy tranquilo, le encantaban las flores y animales.

Ivan tenía sentimientos encontrados, por un lado nunca olvidaría como lo trajo al mundo y lo adorable que se veía, pero por otro no podía olvidar que era el hijo de Mongolia y los celos que sentía por él.

Rusia en una ocasión intentaba hacerse amigo de un hamster pero este le mordió en la mano, para su sorpresa Toris gateó hasta el malhumorado roedor y le tendió la mano Ucrania preocupada fue para impedir que el pequeño saliera herido pero Natalia la detuvo ansiosa de ver como mordía a ese molesto apestoso.

El hamster le olisqueó los dedos y para sorpresa de las pequeñas naciones se puso a lamer los dedos del pequeño que se rió por las cosquillas, cogió al animal y lo acarició suavemente.

¿¡Cómo puede ese maldito roedor rechazar al hermano mayor e ir en cambio con ese bebe moja pañales!?—dijo la niña mirado molesta y enfadada a Lituania.

Déjalo Natalia vamos a jugar con la nieve—

Rusia miraba al bebé jugando con su nuevo amigo al mismo tiempo que Aras y Mongolia lo cogían en brazos, sentía tantos celos ¿porque él? ¿el hijo de su torturadora y asesina de su madre tenía lo que el no? Hasta el hamster quería estar a su lado.

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Ivan se despertó de golpe sudando miró a su alrededor, cogió una botella de vodka y se la bebió, una furia ciega se apoderó de él y se levantó sin demora sabiendo a quién castigar.

Toris dormía plácidamente con Estonia y Letonia cuando la habitación retumbó de repente con la puerta chocando contra la pared.

El lituano no tuvo tiempo ni de gritar cuando Rusia lo agarró del pelo, y haciendo caso omiso a las súplicas de Toris y sus hermanos el ruso se lo llevó al sótano. Una vez allí rebuscó en un armario y le sacó un traje y Toris tuvo ganas de correr.

Era un traje típico de sirvienta, negro con delantal blanco y encajes y una cofia en el pelo, quería humillarlo verle sufrir. Algo en él le decía que su ira no era con Lituania sino con su madre y la descargaba sobre su hijo.

—Bueno Liet vamos a comenzar ¿da?—

Toris lo miró sin miedo y una feroz determinación cosa que enfureció aún más al ruso, esas cualidades que tanto despreciaba y admiraba a regañadientes el ruso de su subordinado además de recordarle a su madre.

—Sé porqué me odias y lo entiendo pero yo no soy Mongolia esto no arreglará las cosas—

El ruso se congeló.

—¡Que sabes tú? ¿pequeño Liet?—

—Por tus ojos tan tristes, desde pequeño lo sabía cuando nos encontramos en ese puente. Siento tanto lo que mi madre te hizo...pero así no superarás tu dolor—

Rusia apretó los dientes, fue a un armario y sacó un cinturón.

—Eso ya lo veremos—