¡Hola, bienvenidos! Había editado el primer capítulo con un saludo y breve resumen, pero nunca se actualizó y no sé cómo solucionarlo así que acá va:
Este es un fanfic centrado en wolfstar, que va desde 1971 y a 1996 (quizás más). Cada año de Hogwarts no ocupará más de tres o cuatro capítulos, o al menos esa es la intención en los primeros años, ya que recordemos que Remus le está contando a Tonks acerca de Sirius. Algunos capítulos pueden mencionar temas delicados, por lo que pondré una advertencia en ellos por si alguien no se siente cómodo.
Espero que les guste. Por favor dejen review, tanto positivos como negativos, así sé qué cosas puedo mejorar.
¡Muchas gracias!
Advertencia: El siguiente capítulo contiene mención directa al maltrato infantil.
Al otro día me desperté sintiendo un gran dolor de cuerpo y cabeza. Los días de luna llena, antes de Hogwarts, acostumbraba a descansar en la cama hasta el momento de ir hacia mi celda, pero ahora, queriendo levantar las mínimas sospechas posibles, tenía que seguir fingiendo. Me había propuesto asistir a las clases de la mañana, para perder la menor cantidad de horas de clase posible.
Creo que mi actuación fue bastante convincente, pero al llegar al Gran Salón a desayunar, el ruido y los olores amplificados por estar el lobo en la superficie me hicieron sentir náuseas. Se habrá reflejado en mi cara porque James, que se estaba sentando frente a mí, exclamó preocupado:
-Remus, ¿estás bien? No luces… mm… no luces muy bien.
-Sí, gracias-Dije, sirviéndome solo té.
-¿Seguro, no quieres que te acompañe a la enfermería?-Insistió esta vez Peter.
-No, no…-Me mordí el labio. Había pensado en mi cabeza mil formas de mentir para desaparecer varias horas, pero en ninguna había considerado que mis compañeros de cuerpo se iban a preocupar por mí antes de que formulara mi excusa.-. En realidad, solo estoy preocupado por mi madre…
-Oh, ¿pasó algo?-Preguntó James. Sirius, a su lado, hizo un movimiento casi imperceptible, codeándolo con disimulo. Fingí no verlo.
-Está enferma… La profesora McGonagall me autorizó a ir a verla hoy después de las clases de la mañana.
Los tres pusieron cara de sorpresa inmediatamente seguida de una de preocupación. Casi podía sentir sus cerebros trabajando buscando alguna respuesta.
-Lo siento-Dijo James con voz gentil.
Asentí con la cabeza y me concentré en mi taza de té. Sabía que más adelante tendría que inventar una mejor mentira, pero para eso necesitaría ir varias horas a la biblioteca a investigar enfermedades para armar una historia más verídica.
Nadie dijo nada, incluso Sirius y James quedaron en silencio por un buen rato.
-¿Remus?-Dijo con voz tímida Sirius, por primera vez llamándome por mi nombre. Lo miré a los ojos.-. Si quieres, puedo guardarte apuntes de las clases de la tarde para que no te atrases…
James irrumpió en carcajadas.
-¡Como si hubieras escrito algo sobre alguna clase!-Dijo riendo-. Si alguien le prestará apuntes ese seré yo.
-No me dejaste terminar, me refería a mandarle tus apuntes por lechuza-Respondió Sirius, sonriendo, y los cuatro rieron.
-Gracias, pero no es necesario-Dije, emocionado y nervioso en partes iguales, no había esperado el pequeño gesto-. La lechuza tardía mucho hasta mi hogar. Pero los aceptaré cuando regrese…
Ese fue el primer desayuno que compartimos los cuatros futuros Merodeadores.
Al otro día abrí los ojos en un lugar desconocido y, por un momento, olvidé dónde estaba. Me dolía la espalda, acostado en el frío piso de la Casa donde me habían llevado, por lo que quise darme vuelta pero no pude, sentí un dolor horrible en el hombro. Creo que estaba sangrando, pero no podía saber dónde, apenas podía limitarme a mirar hacia el techo. El lugar era mucho más grande que las pequeñas celdas a las que solía acostumbrar encerrarme mi padre, pero al parecer el lobo había conseguido igual lastimarme.
Escuché un grito de horror y a los segundos, el olor de Madame Pomfrey, quien me había acompañado el día anterior hasta ese lugar.
-Estoy bien-Dije con un hilo de voz, avergonzado.
-Shh, no hables, vas a estar bien-Dijo Madame Pomfrey, agachada sobre mí. Me tapó con una manta mientras conjuraba hechizos en voz baja, pasando la varita sobre mi cuerpo. Con un sonoro crack, sentí la articulación de mi hombro volver a su lugar.
Se escuchó un ruido y apareció una camilla. Sentí mi cara enrojecer. Intenté decirle que podía caminar, acomodando el cuerpo para incorporarme, pero me habré desmayado de dolor, porque lo siguiente que recuerdo es despertar varias horas después en la enfermería.
El día anterior le había explicado a Madame Pomfrey qué mentira les había dicho a mis compañeros, por lo que por precaución ella me preparó la cama más alejada de la puerta, al lado de su cubículo, cerrada por cortinas que me ocultaban de la vista. Mis padres estaban esperándome, y se largaron sólo cuando estuvieron seguros de que yo estuviera más o menos bien, y les haya repetido varias veces que la Casa donde me había transformado estaba bien.
Madame Pomfrey fue muy generosa conmigo. Sólo debí quedarme un día más en la enfermería, y terminó resultando dentro de todo bastante agradable, porque ella venía continuamente a hablar. Me contó de que hacía pocos años trabajaba en Hogwarts, y que desde sus primeros años trabajando en San Mungo, yo era el primer hombre lobo que cuidaba. Me explicó que iríamos alternando algunos métodos de curación, si yo estaba de acuerdo, para que pudiéramos encontrar juntos qué era lo que me hacía sentir mejor, a lo que por supuesto estuve de acuerdo.
De esa luna llena hasta todas las que mis compañeros aún no sospechaban mi licantropía, seguimos ese sistema: yo iba al anochecer, me encerraba en la Casa, la noche siguiente Madame Pomfrey me llevaba al castillo y cuidaba de mí, oculto en la última cama de la Enfermería.
Luna llena de octube de 1971.
Las heridas fueron leves, por lo que volví a quedar en la Enfermería sólo un día y medio. Sospechamos con Madame Pomfrey que el lobo está contento con tener más espacio que en mi Celda en casa. Cuando volví, mis ya amigos volvieron a preguntarme por mi madre. James preguntó qué enfermedad tiene, así que dije que es una enfermedad muggle, ¿qué alternativa tenía?
Luna llena de noviembre de 1971.
Cayó en el cumpleaños de Sirius. James se decepcionó mucho cuando le dije que iría a visitar a mi madre, porque había preparado hacerle una sorpresa en nuestra habitación, donde Sirius soplaría las velas en una torta que mandarían los padres de James a su pedido y escucharíamos música hasta tarde. Por la mañana pude saludar a Sirius, dejarle su regalo envuelto y cantarle a los gritos el feliz cumpleaños en el desayuno. Peter y James también le habían dejado regalos. En el medio de nuestros gritos de cumpleaños, cuando llegaban las lechuzas con el correo, una enorme lechuza de pelaje oscuro frenó frente a Sirius, seguida de una más pequeña de color marrón casi rojizo, ambas con discretos paquetes atados a las patas.
Sirius guardó el paquete de la lechuza oscura sin siquiera leer el remitente, pero el otro lo abrió allí mismo sonriendo. Aparentemente, una tal Andrómeda le había enviado una caja llena de chocolates y caramelos. James insistió sobre el otro regalo, y lo único que dijo Sirius fue "mis padres".
Esa luna llena me lastimé tanto que debí quedarme tres días en la Enfermería. Cuando regresé, Sirius me recibió con un abrazo, el primer abrazo, feliz por su regalo. Me sentí avergonzado porque sólo había envuelto mi propio ejemplar raído de Los Cuentos de Beedle el Bardo, pero él pareció valorarlo.
Diciembre de 1971.
La luna llena fue durante mis vacaciones en casa. Fue muy doloroso porque al parecer el lobo se molestó por volver a estar atado con cadenas en un lugar muy chico. Pasé varios días acostado recuperándome, entretenido intercambiando cartas con James y Peter. Sirius no me escribió.
Enero de 1972.
La luna llena fue la noche anterior a tener que volver a regresar a Hogwarts. Para el día que debía tomar el tren, me sentía todavía muy dolorido y el gran mordisco que me había dado a mí mismo en el brazo derecho aún no había terminado de cicatrizar. Sin embargo, no tenía más alternativa que ir: mis padres ya habían pagado para utilizar una red flu cercana a Kings Cross y además sería difícil conseguir una excusa para explicar mi ausencia en el tren. Así que mi madre, no sin antes intentar oponerse y llorar otro tanto, me envolvió la herida con gasas y vendas, y puso mi brazo en un cabestrillo armado con un pañuelo, ya que la única explicación que se nos ocurrió sería que estaba recuperándome de una fractura.
Ya que mi brazo afectado era mi mano hábil, mi padre me ayudó a subir el baúl y tuve que moverlo con gran dificultad. Llegué al comportamiento donde ya estaban James, Sirius y Peter totalmente transpirado. Al verme, James saltó de su asiento y agarró mi baúl, colocándolo en el portaequipajes.
-¿Qué te pasó?-Preguntó Peter.
-Me caí de la escalera y me fracturé, pero estoy bien, mañana visitaré la Enfermería para ver si ya puedo dejar todo esto-Dije, sentándome al lado de Sirius, que estaba extrañamente callado y miraba con el ceño fruncido mi brazo.
-¿Estabas intentando volar? Yo también una vez rompí mi brazo-Dijo James, y se puso a relatar de forma detallada cómo había intentado volar sin escoba en una distracción sus padres y al parecer había sido muy valiente en no derramar ninguna lágrima mientras la señora Potter lo curaba con su varita. Yo estuve agradecido del cambio del foco de atención y me relajé en mi asiento.
Creí que nadie volvería a mencionar mi brazo, pero la atención volvió a él cuando ya estábamos en nuestro dormitorio de Hogwarts. James, ávido como siempre en ayudar, se ofreció a ayudarme a poner el pijama, algo en lo que yo ni siquiera había pensado. Me negué rotundamente, nadie podía ver mis cicatrices. Mi negación llevó a una discusión, que terminó con James enojado por mi según él injustificada vergüenza y yo gritando por primera vez. Nunca había demostrado enojo frente a ellos, y el cambio fue tan fuera de carácter, que los tres se fueron a dormir sin decir mucho más. Me sentí un poco culpable, pero necesitaba que respetaran mi intimidad.
Me costó mucho vestirme solo, y sobre todo cambiar las vendas, pero pude hacerlo. Salí luego de un rato largo del baño y ya todos se habían acostado, con las cortinas de sus camas cerradas. Me acosté en mi cama, cerrando también mis cortinas, perdido en mis pensamientos.
No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando había pasado un rato y ya se escuchaban los inconfundibles ronquidos de Peter, sentí alguien caminar y luego las cortinas de mi cama se abrieron, asomando la cabeza de Sirius.
-¿Remus? ¿Puedo hablar contigo?
No sé si me dio más miedo que Sirius se acerque a mi cama por la noche o la expresión de severidad de su rostro, pero asentí y me hice a un lado. Él se sentó a los pies de mi cama, cruzando los pies, y encendió la luz de su varita, algo que nos había enseñado James hacía pocas semanas.
-Remus, dime la verdad. ¿Cómo te lastimaste el brazo?
Me quedé atónito y empecé a rebobinar en mi cabeza qué descuido había tenido al resguardar mi secreto. No, no, no… Sirius no podía saberlo, ¿cómo lo había descubierto? ¿Por qué aún no había venido Dumbledore a buscarme, por qué seguía en el dormitorio, le habría ya contado Sirius a sus padres, le habrían escrito algo a Dumbledore...?
-Remus, tu padre es mago, ¿por qué no arregló tu brazo?
Sentí un sudor frío y la boca seca, abrí varias veces la boca para hablar pero no salió sonido. Cerré los ojos intentando respirar…
-Remus, tranquilo, respira conmigo, uno, dos, tres… Tranquilo, sólo quiero ayudar, no se lo contaré a nadie, te lo prometo-Dijo Sirius, preocupado, y lo sentí moverse para acercarse a mí. El calor que irradiaba y su olor, cada vez más fuerte dentro de mis cortinas, me resultaron extrañamente reconfortantes.
Tomé varias bocanadas de aire y abrí los ojos. Los ojos grises de Sirius seguían clavados en mí, pero su expresión no parecía de rechazo, sino de algo parecido a preocupación.
-Remus, puedes confiar en mí, yo también tengo.
-¿Qué?-Por fin me salió la voz.-. ¿Qué tenés qué?
Sirius se removió incómodo.
-Son tus padres quienes te hicieron eso, ¿verdad?-Preguntó en voz tan baja, que si no hubiera sido por mis oídos de hombre lobo probablemente no lo habría escuchado.
Me quedé estupefacto. ¿Mis padres golpeándome? Nunca se me había ocurrido algo parecido. Lyall era el más severo de mis padres, pero nunca en mi vida me había levantado la mano. ¿Por qué pensaba Sirius que eso era una posibilidad?
Lamentablemente Sirius tomó la expresión de mi rostro y mi silencio como una confirmación.
-Está bien, Remus, puedes confiar en mí, yo también tengo, es normal-Repitió, y se arremangó la manga de su pijama, mostrándome el antebrazo. En él se veía un gran moretón con la forma de cuatro dedos, horriblemente resaltando en la piel pálida.
-Sirius…-Dije con un hilo de voz-. Sirius… Estás equivocado. Realmente me caí de la escalera…
-Vamos, ¿una fractura? Cualquier mago sabe arreglarlo, ¡No entiendo por qué no confías en mí!-Exclamó enojado, volviendo a cubrir su brazo.
-Sirius, mi madre es muggle y papá simplemente tenía miedo de arreglarlo-Dije despacio.-. Sirius, ¿tus padres te están maltratando? Sirius, eso no es normal, no está bien…
-No, no…-Dijo, incómodo, claramente arrepentido de haberme mostrado el brazo, pero aún buscando alguna demostración de mentira en mi rostro-. Esto no… No fueron mis padres, fue jugando con Reg…
-Sirius, no puedes volver atrás lo que ya me dijiste. Pero puedo ayudarte, podemos hablar con alguien, quizás la profesora McGonagall…
Sirius se horrorizó ante esa perspectiva y se incorporó rápidamente en la cama, tieso.
-No, no, por favor… Por favor no. Fue sólo esta vez, me estaba portando muy mal, me lo merecía-Rogó, con lágrimas en los ojos. Tres veces vi en mi vida destrozado a Sirius, y este día fue una de esas tres veces.
-No diré nada si tú no quieres, pero no está bien que te lastimen así-Dije, intentando sonar lo más tranquilo posible. Sirius suspiró con alivio-. Pero quiero que sepas que si necesitas ayuda con esto, o con cualquier otra cosa, puedes confiar en mí, ¿sabes?
Sirius asintió con la cabeza, tapándose la cara con las manos, intentando recomponerse.
-¿Le has contado a James?
-No, no lo entendería…
-Sirius, yo tampoco lo entiendo, porque no está bien que los padres marquen a sus hijos-Aclaré. Necesitaba que él entendiera que no había nada que hiciera que mereciera esa marca-. Pero por ahora respetaré si no quieres que busquemos ayuda, si me prometes que me avisarás si esto se vuelve a repetir…
-Gracias, Remus, eres muy buen amigo-Me dijo, y yo me sentí culpable de tener un secreto gigante detrás de mí. No me parecía justo que yo supiera el suyo y él no el mío, pero tenía que callar.
Sirius se despidió, pero cuando estaba por salir de mi cama, se volvió.
-A veces, mi madre es un poco brusca. ¿Pero sabes qué? En estas vacaciones, casi nunca estuve castigado, porque pasé todo el tiempo sin necesitar molestar, estuve leyéndole los Cuentos de Beedle el Bardo que me regalaste a Reg, y estuvo genial, gracias-Dijo, y se volvió a su cama sin más.
Esa información me horrorizó y alegró en partes casi iguales.
