DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling

ADVERTENCIA: Muerte de personajes/ Leve OoC/ Universo alterno.

Espero que lo disfruten.


Rapsodia

Capítulo 5: Dolor

Aunque la estancia circular permanecía intacta; los tres coincidieron en que al lugar le faltaba o le sobraba algo. No obstante, tras unos minutos de inútil escrutinio, la atención de los magos volvió a recaer en la pileta de piedra que descasaba sobre el escritorio; justo al lado, un diminuto frasco de cristal, que contenía una sustancia plateada y viscosa, brilló a la luz del sol poniente que se filtraba por una de las muchas ventanas. Ese era, sin duda, uno de los recuerdos más inverosímiles en la historia del mundo mágico; un recuerdo que nadie, a excepción de los dos involucrados y, el siempre perspicaz, Albus Dumbledore, podía siquiera imaginar que existía.

Dos de esas tres personas estaban muertas.

La Tercera, Hermione Granger, no daba crédito a que ese insignificante recipiente conservara algo de él; una parte suya que ella podría atesorar y revivir siempre que su ausencia se tornara insoportable. Todos los días lo era; el hecho que ella hubiera aprendido a sobrellevarlo, no paliaba en absoluto el frío severo que la estremecía por las noches, ni las horridas pesadillas que sucedían a tales episodios de agitación.

Los ojos de Hermione repasaron la prolija caligrafía del ex director de Hogwarts inscrita en la etiqueta de la botella al tiempo que los músculos de su corazón se contraían ante la confirmación de sus sospechas. Ella acurrucó las manos, que empezaban a hormiguearles, hasta convertirlas en un par de puños tembleques sin atreverse a parpadear. A continuación, sus ojos vagaron, nerviosamente, de Harry a Ron, deteniéndose más de la cuenta en la expresión irascible de este último. Sus rasgos eran tan elocuentes que desde que puso un pie en el despacho supo que algo iba mal. Y es que de todas las personas que formaban parte de su vida, era él a quien siempre había tenido más miedo de enfrentar una vez que su secreto saliera a la luz y, por malas pasadas del destino, era él; precisamente Ron, quien había dado con la memoria.

¡Malditas ironías! Hermione imprecó para sus adentros, procurando aunar la mayor cuota de coraje para sentirse capaz de mover los labios en una oración con sentido; o rendirles cuentas como lo había exigido, en un claustrofóbico silencio, Ron. Sin poder postergarlo más, se humedeció los labios con la lengua e inquirió con voz ronca:

―¿La vieron?

Harry negó con la cabeza; Ron habló por primera vez:

―Lo que no entendemos, Hermione, es por qué existiría una memoria de él que te involucra a ti. ―Su tono distaba mucho de ser amistoso; automáticamente, la bruja se tensó hasta el último nervio―; a ti de todas las personas del mundo.

Cuando el escrutinio de Ron se intensificó, ella tragó el nudo que se había formado en su garganta, sintiendo que las piernas le flaqueaban. Al verse superada por el calcinador sentimiento de culpa que le producía la forma en la que se estaban dando las cosas, les boicoteó la mirada a ambos magos. Uno de ellos, sin embargo, captó el rubor que preñó sus pálidas mejillas antes de que alcanzara a darles la espalda.

―¿Por qué Dumbledore conservaría eso? ―Harry, pasando por el alto las posibles razones del bochorno de Hermione, trató de ser objetivo y centrarse en lo realmente sustancial―. ¿Qué importancia tiene esa memoria en nuestra caza de los Horrocruxes?

Ella sabía que no tenía ninguna. El contenido de ese frasco no era importante para nadie que no fuera ella. Y aunque todavía no conocía cuál recuerdo Dumbledore había considerado de relevancia inmortalizar, era incapaz de evitar que los latidos de su corazón, estrujándole la caja torácica, le ensordecieran los oídos ante la expectativa. Su mirada se clavó en el retrato del ex director que, yaciendo dormido en su vetusta poltrona, parecía no saber lo que se estaba cociendo en su antigua oficina.

―Es una larga historia ―profirió Hermione, intentando mostrarse serena. Había decidido, después de todo, ser valiente.

―Supongo que ahora que estamos guarecidos en Hogwarts, tenemos tiempo más que suficiente ―soltó Ron con implacable mordacidad―. No cabe en mi cabeza, porque Dumbledore tendría en su haber una memoria de Draco Malfoy donde tú pareces ser la protagonista.

El solo escuchar ese nombre en la voz de alguien más, la descolocó. Y eso, junto con la suspicacia de Ronald, provocó que sus cinco minutos de gallardía empezaran a pender de un hilo. No obstante, si había algo que Hermione aprendió de su fugaz relación con Draco, era que no importaba lo que la gente creyera saber de ti, si no podían probarte nada, entonces tenías el derecho de pavonearte como si nada. Allí había radicado siempre la causa de su recalcitrante cinismo: en fingir demencia.

―No hay mucho que entender.

Los dos Gryffindors cuadraron los hombros involuntariamente. Había demasiadas cosas que entender; muchas más que explicar.

―Ese no es asunto de ustedes. ―Les dejó claro; y a pesar de que su pulso se había acelerado considerablemente, agregó―: él está muerto. Y ver lo que sea que haya dejado allí, no nos ayudará a ganar esta guerra.

Por supuesto que Ron pensaba rebatir cada uno de los argumentos de la bruja, pero antes de que tuviera siquiera tiempo de enhebrar una réplica coherente, Hermione tomó la botellita de cristal y, hundiéndose en la escalera móvil de caracol, abandonó la oficina. Harry y Ron solo cruzaron miradas recelosas.

Esa noche Hermione no pudo dormir.

Presa de una nueva crisis de insomnio, justo cuando el reloj de su cómoda marcaba las tres y cuarto, la joven bruja abandonó la habitación que estaba ocupando desde que llegaran a Hogwarts y, valiéndose de su pericia, logró escabullirse de la torre de Gryffindor, sin ser vista más que por los ocupantes sonámbulos de algunos retratos y uno que otro fantasma madrugador, hasta la torre del director. Llevaba la botellita de cristal acunada en un puño trémulo. Una vez frente a la gárgola, voceó la contraseña y entró experimentando otra vez ese agudo presentimiento de que algo allí, dentro de esas curvadas paredes, no andaba bien. No prestó mucha atención a la advertencia de sus instintos; hace mucho que ya nada andaba bien.

La guerra había arrasado con todo. Inclusive, con él.

El Pensadero estaba donde lo había visto por última vez esa tarde. Así que se acercó al milenario escritorio y, aguantando una ola de nervios, sacó la botella traslucida con la memoria arremolinada de Draco Malfoy dentro. Entonces, vertió la sustancia reluciente sobre el líquido untuoso de la palangana de piedra hasta que la superficie se tornó de un tono plata brillante. Contuvo la respiración, inclinándose sobre el contenido de la ondulada superficie hasta que su rostro se sumergió por completo. Hermione sintió la sensación desagradable y poco familiar de estar cayendo al vacío; se vio arrastrada hacia la nada oscura; un instante después aterrizó en una habitación espaciosa. Le tomó varios segundos reconocer el lugar, pero cuando los divisó a ambos en aquel apartado cubículo, supo exactamente que estaba en el ala de enfermería de Hogwarts. Draco estaba vivo y verlo observarla con aquellos ojos fríos estremeció su corazón al borde de la locura; verlo allí, tan predatoriamente quieto, la hizo sentirse, por primera vez, en su piel.

Haces una mueca como si experimentaras un inmenso dolor físico. Realmente duele que Granger te toque. Duele más que cualquier dolor que hayas sentido alguna vez. Más que el impacto desgarrador del sectumsempra. Incluso, y aunque jamás hayas pasado por semejante tortura, estás casi seguro que la quemazón y el ardor que las huellas de Granger dejan sobre tu piel cérea, tus fuertes huesos y tu maldita sangre pura, son peor que los efectos de un cruciatus.

Aspiras con dificultad y notas, a pesar de que Hermione ya ha recuperado el color nacarado de sus mejillas, que la cercanía la incomoda a ella tanto como a ti. Piensas en ello por un par de segundos hasta que su voz te distrae.

―Ya está. ―La escuchas que dice mientras coloca la última venda sobre una de las heridas de tu pecho que el hechizo sanador de Snape no fue capaz de cauterizar

Una herida hecha por la varita de su mejor amigo.

Ella pone fin al contacto; siempre lo hace y la odias por eso. Y es precisamente por eso que su toque duele. Porque sus dedos no se quedarán allí para siempre. Apenas ha retrocedido, pero sientes que hay un mundo que se interpone entre ustedes. La maldices. Y gruñes abiertamente cuando la distancia se hace más grande, casi insalvable. Te yergues sobre tus hombros con el corazón latiéndote de forma lenta dentro del pecho y la mueca de dolor de tu rostro, aun cuando la poción calmante hace mucho que surtió efecto, se intensifica. Hermione se alarma y tú, como el bastardo manipulador que siempre has sido, ríes para tus adentros cuando ella se acerca para inspeccionarla. Es entonces cuando no puedes resistirlo más y la tocas. La tomas de la muñeca y la atraes hacía ti, posesivo; como si el latir de tu corazón o el funcionamiento de tu cerebro dependiera de ello. Envuelves tus brazos alrededor de su cintura para sentirla; no por capricho; no porque quieres; sino porque lo necesitas.

Tu cabeza cae sobre su hombro en un acto de sumisión y te quedas así, escuchando el raudo palpitar de su inocente y puro corazón: acabas de darte cuenta que necesitas a Hermione Granger.

Sabes que estás acabado.

―¿Qué haces, Malfoy? ―No te cuestiona de forma grosera, pero no hay forma de que su pregunta sea amable―. Dijiste… me dijiste que esto no…

Chasqueas la lengua haciendo que ella detenga su vómito verbal, pero no puedes evitar que vuelva a alejarse de ti. Otra vez está lejos de tu alcance.

―Sé lo que dije, Granger. ―Jodidamente, lo sabes y, por un segundo, te arrepientes de haberlo hecho―. No puedes culparme por querer detener esto. Creo que ya hemos establecido eso.

Ella te mira y, por mero orgullo -quizás para no llorar-, pone los ojos en blanco. Estás consciente que la has ofendido, pero no te detienes a pensar en eso demasiado. Sabes también que jamás lo admitirá delante de ti; así como tampoco ha aceptado que te odia. Aunque es lo único que ha hecho desde que rompiste su corazón.

―No te culpo ―Te miente; esa es otra jodida cosa que sabes.

―Tampoco puedes culparme por no poder hacerlo. Quiero y Merlín es testigo de que he tratado, pero no puedo.

Ves cómo sus ojos se ponen vidriosos. Temes que ese brillo sea producto de la contención de un llanto que acaba de cruzar su última barrera. Sin saber cómo sentirte al respecto, sus próximas palabras te hacen darte cuenta que estás equivocado: ella solo ha hallado la manera de hacerte pagar en algo el daño que le has hecho.

―Estoy segura que las razones que argüiste para que esto se acabara, te ayudarán a superarlo.

Bufas, mas no sabes cómo responder a eso. Sí que sabes; solo que esas palabras son tan definitivas que no te atreves siquiera a ordenarlas en tu mente. Eres un cobarde.

―Lo estás disfrutando ¿a que sí? ―Terminas diciendo.

Observas como ella atrapa ligeramente su labio inferior con los dientes durante unos segundos prolongados mientras sacude sus rizos en un gesto de honesta negación que te hace querer retribuirle de la misma forma. Y otra vez sientes ese deseo imperioso de escupir lo que sientes, pero justo cuando las palabras están a punto de formarse en tu boca, sientes un aleteo estrangulante en el estómago que asfixia ese 'Te amo' por tiempo indefinido.

Quizás mañana se lo digas…

―Sabes que no puedo ―dices con un aire de culpabilidad que te carcome desde dentro; algo dentro de ti parece romperse.

Con cada segundo que pasa, ella va alejándose más. Se te está acabando el tiempo y lo sabes. Estás consciente de lo que harás a lo que ella se marche; cumplirás tu cometido y ahora sí, dejará de pertenecerte.

―Te amo ―gesticulas, dolorosamente, justo en el momento que Granger te da la espalada para irse.

Sabes que es mejor que ella no le sepa, porque entonces no te dejaría hacer lo que debes hacer. Miras sus risos revotar en su espalda mientras su figura va perdiendo visibilidad. Deseas detenerla y aunque conoces la manera, las palabras que la harían quedarse contigo, no te atreves a levantar la voz; eres un cobarde. O tal vez, simplemente, eres muy valiente.

Porque estás seguro de que no tendrás un mañana…

―Recupérate, Malfoy.

Y es así, al verla desaparecer, que tienes la certeza que esa será la última vez que lo harás. Es cuando eres realmente consciente que tu historia con Hermione Granger, la mujer que acabas de descubrir que necesitas más que cualquier cosa que hayas necesitado nunca, ha tocado su fin. Y te arrepientes de todos los besos que te negaste y los 'te amo' que te guardaste.

Y eso, llanamente, te duele.

Tras darle la espalda a Malfoy, la Hermione del presente fue testigo de cómo todo a su alrededor se fundía en una infranqueable oscuridad. Trató de aferrarse al recuerdo; quería revivir una y otra vez el momento en el que los labios de Draco emulaban, en un reservado y casi instintivo silencio, el ´te amo' que ella nunca llegó a oír, pero la realidad etérea en la que se hallaba ya se había desdibujado frente a sí. Con las pulsaciones martillándole en las venas detrás de las orejas, Hermione se elevó sintiéndose tan ligera como una pluma y para cuando se dio cuenta ya estaba de pie en el despacho del director.

No notó que estaba llorando hasta que el rostro se le humedeció completamente. Le dolía. ¡Por Godric que le dolía! Siempre le había resultado doloroso el saber que Draco no la había amado como ella a él, pero el descubrir que como otras tantas veces lo había juzgada muy dura y apresuradamente, la desconsolaba todavía más.

Él nunca quiso matar a Dumbledore; solo actuó bajo coacción: cuando lo supo, su alivio no fue suficiente para apaciguar el sentimiento de culpa. Lo mismo le pasaba ahora que entendía que todos sus reproches estaban desprovistos de razón ahora que descubría que Draco Malfoy sí la había amado.

Algo dentro de ella pareció romperse y supo que no podría soportarlo más. Tenía que contarle todo a Harry y a Ron.

...

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional

Buda

...


¡Hola!

¡Feliz año 2016, mis queridos lectores!

Les traigo este episodio donde nos salimos un poco de las escenas post Hogwarts acostumbradas... Aquí veremos una escena futura de mi otro Dramione 'La suma de todos los miedos', pero como ese fic se va desarrollando a paso de tortuga, decidí dejarles este corto adelanto.

Espero lo disfruten...

¡Feliz existencia!