CRONICAS DE LA ARENA: LAZOS

CAPITULO 7: EL KAZEKAGE Y SU AMIGO CREDULO.

Corría entre los techos, un tanto afligido, al no encontrar a Sakura y la anciana Tsunade.

Había entrado a una tienda, a modo de comprar un regalo para Hinata, con el dinero que consiguió la noche anterior. Pero el vendedor lo reconoció, provocando que una multitud lo rodease, siendo el héroe que salvo al mundo.

― No las encuentro por ningún lado… supongo que deben estar aquí…

Terminó de murmurar para sí, deteniéndose en la puerta del hospital general de Suna, con la clara intención de entrar.

La recepcionista lo atendió con normalidad.

― Y bien, Uzumaki-san ¿Cuál es el motivo de su visita al hospital?

Naruto se sorprendió un poco, al ver que ella no se sobresaltaba al escuchar su nombre.

― Oh, bueno, la verdad es que no vengo a visitar a un interno, estoy buscando a mis compañeras de misión ―enunció mientras se rascaba la cabeza―. No estoy seguro si se encuentran aquí, pero ya las he buscado por todos lados, menos este.

― Comprendo su situación. Si están aquí, se reflejarán en mi registro, por favor dígame sus nombres.

― Ah, si…

El rubio dio sus nombres.

Le parecía raro que hubiese tanto protocolo, ya que un día atrás, había entrado como si nada, aunque acompañado de las otras dos.

Luego de teclear por unos segundos en su ordenador, la asistente le dio una respuesta.

― Tsunade-sama no se ha presentado el día de hoy, pero Sakura-sama ahora mismo se encuentra reunida con Shun-sama, en el salón de reuniones del 6to piso, ala derecha hasta el fondo… en estos momentos, su reunión debe estar por acabar, si prefiere, puede sentarse en los…

Naruto agradeció, sin dejarla terminar, para caminar hacia donde le había mencionado.

No le parecía que fuese una indicación complicada y que podría llegar sin complicaciones, pero…

― Hum… creo que me perdí…

Las escaleras no tenían el mismo patrón que en Konoha, y el ascensor estaba en números romanos, lo cual era malo, ya que justo se había perdido esa clase en la academia.

Estaba a punto de rendirse, y volver al alojamiento, ya que tal vez ahí tendría más éxito, encontrado a la vieja Tsunade, pero el ruido de dos personas hablando en el pasillo lateral al suyo, lo atrajo.

Una de las voces era muy conocida para él.

― ¡Mi paciencia tiene un límite! Usted está por sobrepasarlo…

― ¿Acaso intenta intimidarme? Considérelo un acto fallido, si es así.

El tono de las voces, sonaban alteradas, lo cual hizo que sintiera el ambiente incomodo en el que estaba sumergiéndose.

"Esto no pinta bien, será mejor que me vaya", pensó Naruto, dejando de escucharlos por un instante.

Pero cuando estaba a punto de girar sus pies, para irse en dirección contraria, las personas que discutían en el pasillo aledaño, torcieron hacia su misma dirección, inmovilizándolo.

― ¡No he terminado de hablar!

― Pues yo sí, si desea quedarse hablando a solas en el pasillo, adelante.

Fue entonces que el pelirrojo detuvo a su receptora, agarrándola bruscamente de una muñeca, de manera que girase a verlo.

― ¡Suélteme!

― ¡Lo haré cuando termine de escucharme por completo!

Iban a seguir con su gresca verbal, cuando giraron hacia el rubio que tenían a un lado, observándolos con bastante pena.

Con falta de sueño, se despertó antes que la alarma, como todas las mañanas.

Se sentó al borde de la cama, por aproximadamente un minuto, contemplando a la nada, mientras se rascaba la espalda baja con una de sus manos, por debajo de su pijama.

Se había acostado tan tarde, que sentía que la cocoa de todos los días, no lo ayudaría esta vez.

Aunque eso no era lo que más le preocupaba.

Desde que había dejado de ser el contenedor del Shukaku, el dormir era un ritual sagrado en su día a día.

Si no lograba dormir las ocho horas recomendadas, le costaba controlar su carácter poco sociable. Volviéndolo más susceptible a sus enojos internos.

Se levantó, y con calma se dirigió a darse una ducha fría, lo cual siempre lograba revitalizarlo.

Ya en su oficina, mientras revisaba su cotidiano papeleo, notó entre los informes, que se cumplía casi un año de aquella misión donde el Señor Feudal le delegaba solucionar el problema en que se estaban convirtiendo los Taiyō.

Lo que parecía un simple derrocamiento de líder, se convirtió en algo más complejo, revelando muchos secretos del pasado que desconocía, y también trayendo nuevos asuntos que resolver.

Como en todo caso, luego de que pasase diez meses y no hubiese nuevos informes que adherir, el caso se archivaba y era enviado a registros permanentes.

Al final del voluminoso archivo, tenía que dejar un resumen rápido, pero detallado, de las causas, procesos y solución de la misión.

Asentó sus codos en la mesa, la llevarse ambas manos cruzadas al mentón, por unos segundos. Hábito que le ayudaba a pensar con detenimiento.

Tomó el frasco de tinta de uno de los cajones de su escritorio, para tomar la pluma que tenía en la mesa.

Normalmente escribía con un lapicero moderno, pero siendo un registro definitivo, el protocolo exigía que se hiciese con tinta duradera y segura.

Empezó a escribir.

Sunagakure, 21 de enero del año 726.

Por mandato del Señor Feudal actual, se encargó la misión de derrocar a Daemonakuma, como líder del Clan Taiyō, por el intento de desestabilizar a toda la aldea, usando su poder político-económico, primeramente, con motivos comunes, pero al proceder, se descubrió que el verdadero interés, era el poder soberano del todo el País del Viento.

Se detuvo en escribir, analizando seriamente si debía añadir su interés por el poder de los países vecinos. Todo lo que escribiese, podría ser leído por el próximo Kazekage, o cualquier otro individuo que podría usar la información como espada de doble filo.

Optó por omitirlo, y prosiguió.

Cumpliendo con la misión, se buscó a otro sucesor, que fuese de confianza para la aldea y el concejo de líderes. Anngelius Taiyō era la opción más favorable, pero sus actos complicaron la misión, desviándola a un problema secundario al interés solicitado, pero primordial para la mencionada. Se descubrieron datos culposos de alevosía, traición y ocultamiento, de la época de mi antecesor, el 4to Kazekage Rasa. Pero son datos indiferentes al caso central, que serán adjuntados en mi registro personal, y guardados en desambiguación numerada.

Se trató de seguir con el plan de volver a la mencionada, en la nueva líder del Clan Taiyō, a pesar de los contratiempos que produjo, incluyendo su fallido escape de la aldea. Pero esta desvió su deber, derivándolo a su menor, Draco-sama quien, si bien es de corta edad, ha logrado liderar su clan sin contratiempos. Ann-sama mantiene su oficio como superior del establecimiento médico central de Sunagakure, cumpliendo con trabajos comunitarios como condena a su implicación negativa en la misión. Daena-sama, con estado actual de prófuga, fue condenada a prisión perpetua, pero logró escapar siendo ayudada por su harem de esposos secundarios, quienes en contra de su propio clan sacrificaron su vida con tal de que escapase.

Dado el tiempo correspondiente, sin observaciones nuevas en el caso o algo más que añadir, se da esta misión por completo cerrada, para ser guardada en archivos.

Adjuntó su firma y sello, para luego cerrar el folio.

Como toda misión de rango S, puso un sello invisible en el expediente, para luego dejarlo a un lado de su escritorio.

Volvió a revisar documentos regulares.

Entre papel y papel, y sorbos de su cocoa, ya tibia, fue visitado por alguien inesperado.

Según su vestimenta y la máscara cubriendo en su rostro, se trataba de uno de sus anbu.

― No recuerdo haberte mandado a llamar, lo que solo puede significar algo malo.

El anbu asintió, lo cual hizo que el ceño del pelirrojo se tornase fruncido.

― Así es, Kazekage-sama ―expresó el enmascarado, mientras sacaba un pergamino de dentro de su traje y se lo extendía, para que lo leyese―. "Dorado", quien mantuvo un perfil bajo desde el inicio de mi misión, ayer contactó a uno de los mayores traficantes del mercado negro que se encuentran ocultos en el lado sudoeste de la aldea. Parece estar buscando el pergamino prohibido de…

― No es necesario que lo menciones, lo acabo de leer ―lo cortó el pelirrojo, mientras cerraba el pergamino, para luego apretar sus puños, por debajo de la mesa―. Sigue vigilando y mantenme al tanto, apenas te sea posible.

― Si el Kazekage me lo permite, solicitó permiso para poder usar mi ninjutsu y poder recoger más información en el mercado negro ―expresó el anbu, mientras se inclinaba, apoyando una de sus rodillas en el suelo, con la cabeza baja a modo de respeto a su exigencia.

― Solicitud denegada. Concéntrate en solo vigilar ―le respondió de inmediato el rojizo, para luego levantarse de su asiento y darle la espalda, para observar el paisaje que le ofrecía su ventana al exterior―. "Dorado" también es una sensorial, no a tu nivel, pero notará con facilidad que la estamos rastreando.

El ninja carraspeó leve ante la revelación.

― Comprendo, perdone la petulancia, seguiré con lo planeado ―asintió agachando la cabeza, para luego desaparecer al instante.

Con los brazos cruzados hacia adelante, pose recta y una expresión preocupada, Gaara se mantuvo quieto por un par de minutos, observando la vista de la aldea, que le ofrecía su circular ventana.

Su mente estaba batallando una lucha abstracta, producida por la información que le acababa de llegar.

Por más tranquilo que intentase ponerse, la asimilación de la noticia, le estaba provocando que una enorme rabia, que empezaba a inundar su rostro apacible.

Tal vez fuese por sus horas faltas de sueño, de los últimos días, lo que provocó que se alterase como no lo hacía hace años.

Fue cuando estaba a punto de sentarse, que explotó.

Soltó una maldición, con aquella voz pasada que guardaba dentro suyo y que había sembrado el temor en cualquiera que la escuchase, para luego golpear la superficie de su escritorio con los puños cerrados.

Se sentó de golpe, tratando de calmar su ira, con respiraciones profundas.

Miró el reloj de pared que tenía.

Si pensaba tomar el problema de frente, la oportunidad la tendría en minutos.

Mas no era alguien que tomaba decisiones estando alterado, así que se dedicó a tranquilizarse y planificar su contraataque.

Ya calmado, volvió a su papeleo, para esperar el descanso del medio día.

Caminó de forma directa hacia su oficina, sin hacerse anunciar.

El reto mayor que tal vez lo atrasase, era la asistente castaña que tenía la Taiyō, más para fortuna suya, esta estaba ocupada con el proyecto del hospital mental.

Estaba a punto de tocar la puerta, cuando notó que esta se abría abruptamente, dejando escapar a Eros, quien mostraba una expresión de agobio y cansancio.

El rubio lo esquivó girando a su alrededor, más fue en vano, ya que detrás suyo, Ann logró alcanzarlo y empotrarlo a la pared de una patada, para luego absorberlo de forma brusca, poniendo la mano en su cabeza.

― Buenos días ―se limitó a decir el pelirrojo, a pesar de que cierto asombro había nacido en su interior al ver la escena―. He venido a hablar con usted…

― Estoy empezando a creer que tiene el don de aparecer en momentos inoportunos ―le interrumpió esta, reincorporándose y acomodando hacia atrás los cabellos rebeldes que ahora inundaban su rostro debido al movimiento abrupto―. No recuerdo tener algún tema pendiente con el Kazekage…

― Lo hay, pero prefiero hablarlo en privado ―dijo interrumpiéndolo esta vez el pelirrojo, que, con expresión inerte, extendía su mano hacia el despacho de ella, sugiriéndole que entrase primero.

Ya una vez sentados los dos en la oficina.

― ¿Y bien? Vaya directo al grano ¿Cuál es ese motivo de su presencia? ―articuló la Taiyō, mientras alzaba una enorme taza, que, por único día, estaba llena de agua en vez de café, y se tomaba un gran sorbo para luego dejarla en el mismo lugar de donde la había alzado―. Hable de…

― Me encuentro molesto ―soltó directo el Kazekage, cambiando su expresión clásica a una más severa, manteniendo su sentar erguido―, no… la palabra más correcta seria traicionado.

― ¿Ah? ¿Y eso a mí porque habría de importarme? ―inquirió la rubia, arqueando una de sus cejas.

― No vendría aquí, si usted no estuviera implicada en ello.

― ¿Entonces debo deducir que soy yo quien lo ha traicionado? Hum… es gracioso ―dibujó una mueca de burla en su rostro, mientras apoyaba una mano en su mejilla―. Por qué no recuerdo en que momento pude haber creado algún tipo de confianza entre nosotros, para que se produjese una traición.

Gaara la miró por unos segundos, con la vista afilada.

Su plan era mantener la calma, pero estaba viendo que le sería una tarea difícil.

Así que decidió ser más directo y tal vez hiriente.

El sarcasmo era una lengua en la que podían jugar dos.

― Realmente no puedo comprenderla ―expresó mientras metía una de sus manos en su túnica blanca, con la intensión de sacar algo―. Intento confiar en usted, pero… ―sacó un sobre abierto de su bolsillo y lo colocó en la mesa, para luego deslizarlo hacia el lado de ella―, estoy empezando a creer, que la persona devota y confiable que se menciona en este escrito, es solo un idealismo falso de su escritor…

Interrumpió su hablar, ya que esquivó de apenas, la taza que se le fue arrojada en la cara.

― Puedes pensar lo que quieras de mí, pelirrojo insufrible ―escupió la Taiyō, conteniéndose las ganas de lanzarse encima suyo de forma agresiva―, pero… ―su voz se tornó grave y oscura―, si vuelves a cuestionar las palabras de mi querido padre, con tu estúpido e ingenuo pensar, te mataré.

― Lo tomaré en cuenta, aunque sería muy improbable que ocurriese.

― ¿Ah? ¿Debo tomar eso como un reto? Porque si no lo es, no deberías traer tu trasero hasta acá, para provocarme de forma engreída.

― No me importaría tener un duelo, pero debo mantener la compostura, al igual que usted ―respondió el pelirrojo totalmente calmado, mientras la arena que manipulaba por lo bajo, le entregaba la taza que había sido expulsada por los aires, segundos atrás, completamente intacta, a pesar de chocar fuertemente contra la pared, para ponerla sobre el escritorio―. Es una pieza bien hecha, sin duda un trabajo admirable ¿Sería mucho pedir, saber dónde la adquirió?

― Yo misma lo hice ―soltó a secas la rubia, para luego volver a botar el recipiente, con uno de sus manos, hacia un lado―, y no, no hago pedidos, y no vuelva a soltar otro halago por que vomitaré.

― Pues yo sentí algo peor, que tener ganas de vomitar, al informarme que uno de mis altos rangos, se pasea por la "zona oscura" de la aldea, en busca de un Jutsu prohibido ―escupió directo el pelirrojo, con la misma expresión afilada del principio―. Dígame, Ann-sama ¿por qué demonios está buscando el pergamino de la "Resurrección impura"?

Sus últimas palabras resonaron en el aire.

― Oh, con qué era eso… ―dijo con tono tranquilo Ann, borrando todo signo de alteración―. Bueno… ―se tomó un respiro, girando su sillón movible hacia un lado, mientras miraba a la nada―, respondo su pregunta con otra… ―lo miró de costado, con un brillo perturbador en sus ojos―. ¿Por qué no? He llegado a la conclusión de que es una técnica a la que se puede sacar mejor provecho, si se la mejora ¿Y quién mejor que yo para eso?

― ¡Es una técnica prohibida! ¡¿Qué eso no le es suficiente?! ―protestó con severidad el rojizo, ante su poco seria respuesta.

― Técnicas como esas, tengo entendido que fueron primordiales para ganar en la última guerra.

― Cierto, pero es un caso diferente.

― Diferente ¿Por qué? ―prorrogó con disconformidad la Taiyō, al escucharlo―. ¿Por qué es una técnica de Konoha? Y a pesar de ser una aberración ante todo lo que conocemos humano, ellos si pueden efectuarla, sin pagar consecuencias, para provecho propio, y negársela a otras naciones. Si ese es el caso ¿Para qué demonios se sigue manteniendo la alianza shinobi de las cinco grandes naciones? Si la única mayor beneficiada con la impuesta paz, es Konoha. No serás tan ingenuo para creer, Kazekage, que en este momento ellos no están robando a otros, técnicas para su favor ¿o sí?

Gaara entreabrió un poco sus ojos, ante su argumento.

Sabía que ese pensamiento se esparcía entre los habitantes, no solo de su aldea, sino también en las otras, según mencionaron los otros kages.

No pensó que la primera persona es mencionárselo de forma tan directa, seria ella.

O tal vez si debió imaginárselo.

― Como Kazekage de la arena, me responsabilizo de mi gente y su actuar. Si las otras naciones cometen faltas contra la alianza, serán juzgados en su tiempo.

― Una manera módica de decir "soy un ingenuo y confiaré en los otros, así sea que me apunten con una daga en la espalda" ―respondió con mofa la Taiyō, mientras se levantaba con un folio en mano―, si eso es lo único a lo que ha venido, lo termino, tengo trabajo que hacer…

― ¡Por supuesto que no he terminado! Le prohíbo seguir con su búsqueda―protestó el pelirrojo, y al ver que esta se encaminaba a la puerta, también se levantó, para perseguirla.

― Ni hablar, si tanto le molesta, tendrá que encerrarme, aunque sabemos que eso no le conviene ¿verdad?

Intento detenerla, pero sus últimas palabras tenían tanto porcentaje de razón, que lo hizo dudar por unos segundos, los suficientes para que desapareciese de su vista.

La siguió por todo el pasillo, insistiendo a que volviesen a su despacho, para un acuerdo más razonable.

Pero, sin darse cuenta, ambos se intercambiaban palabras de manera abrupta.

La Taiyō no pensaba ceder, así que opto de manera arriesgada, detenerla sujetándola de uno de sus brazos, apenas cruzaron al pasillo lateral.

Se contuvo de seguir hablándole al notar que no estaban solos.

Un muchacho rubio, considerablemente atemorizado, los observaba apoyado en la pared, incluso con las manos.

― Hum… que momento más incómodo… hola Gaara… ―articulo apenas este, mientras se arrastraba de a poco hacia la esquina, posiblemente para salir corriendo―, no se detengan por mí, yo no vi nada…

― ¿Naruto? ― mencionó el rojizo, cambiando a una expresión más tranquila―. ¿Qué haces acá?

El Uzumaki se congeló ante la pregunta.

Y sin querer, notó que Gaara seguía agarrando a la rubia, que era más o menos de su misma edad.

― Eh… estaba buscando a Sakura-chan, y me perdí en el camino ―se excusó, mientras levantaba las manos hacia delante como si tocase una pared invisible―, descuiden, pero…

En ya uno de sus clásicos instintos de estupidez, Naruto no pudo evitar expresar lo que le parecía ver.

― Gaara, ¿Por qué no me mencionaste anoche que estabas saliendo con ella? ―enunció dibujando una mirada lasciva en su rostro, perdiendo cualquier rastro de pena anterior―. Comprendo que se lo ocultases a otros, pero conmigo…

― ¿Qué? ―fue lo único que logro decir el Kazekage, tratando de asimilar la rara conclusión a la que había llegado su amigo de Konoha.

Estaba a punto de aclarar que se trataba de un malentendido, pero la Taiyō se le adelantó, de cierta forma.

― Oh no, querido, han descubierto lo nuestro ―enunció con una voz dulce que jamás había usado, junto con el rostro más tierno y apenado que pudo reflejar―. ¿Qué será de nosotros ahora? ―expresó aún más preocupada, aferrándose a él, en un abrazo de costado.

Gaara entrecerró los ojos, comprendiendo que se estaba burlando de la situación.

― ¡Oh, lo sabía! Sabía que esa indiferencia que mostraban entre ambos era falsa―exclamó Naruto ingenuo, acercándose a un costado del rojizo, y codeándolo, con mirada ahora de confidente―. No se preocupen, seré una tumba, de hecho, sabes, ahora recuerdo que tampoco te lo he mencionado, yo también tengo…

Una risotada burlona, proveniente de Ann, lo interrumpió, quien soltaba de su abrazo al rojizo y se llevaba una mano al estómago, de tanta gracia contenida.

― ¿Y este crédulo fue quien salvó al mundo? Kazekage, tu amigo sin duda es bastante "especial" ―dijo, para luego empezar a caminar como tenía planeado―. Diría hasta nunca, pero sé que nunca me darás ese gusto.

Se alejó de ellos, a paso tranquilo, sin antes intercambiar una mirada molesta a su igual.

― ¿Eh? No entiendo ―el rubio borró su sonrisa, un tanto contrariado, por la actitud de la rubia bonita―, tienes una novia muy rara ¿Qué clase de manera tan fea es esa de despedirse de quien amas? ―protestó ahora molesto―. ¡Ey tú, como te llames! ¡Vuelve aquí y despídete como se debe! ¡Eres una mala novia!

― Lo siento Naruto, pero te equivocas, ella se está burlando, no somos nada de lo que crees ―intervino Gaara, al ver que este trataba de ir tras ella.

― ¿En serio? Hum… si es así, es muy odiosa, que desagradable ―espetó el Uzumaki, resignado, torciendo sus labios―, es una lástima que una chica tan bonita, sea así, ¿no lo crees?

Gaara no le respondió.

Naruto, al igual que la mayoría, no sabía lo que él sí. Así que no se sentía digno de criticarla. De hecho, no criticaba a nadie por ese sentido.

― Lo siento, pero también debo irme ¿a quién mencionaste que buscabas? ―dijo, cambiado de tema.

Tanto la rosada como el rubio salían del hospital, un tanto apuradas, ya que partirían en un par de horas.

― Debiste quedarte en recepción, perdí tiempo buscándote, Naruto ―protestó Haruno.

― Ah, lo siento, es que nunca pensé que me perdería ahí dentro, y observaría cosas raras ―pensó eso ultimo―, es igual de enorme que el de Konoha ―se excusó el rubio―. ¿Entonces me ayudas a comprar un buen presente para regalar a Hinata? Debo aprovechar este dinero que gané de la nada, míralo, es tan bonito y brillante ―terminó diciendo, mientras sacaba el billete de diez mil ryos, observándolo como si fuese algo sorprendente.

― Esta bien, te ayudaré a comprar algo bueno y acorde a la situación ―dijo Sakura, sonriendo un poco, ante su comportamiento gracioso―, pero te daré un consejo Naruto ―volvió a ponerse seria―, no le vayas a decir a Hinata de donde sacaste ese dinero.

― ¿Eh? ¿Y eso por qué?

― ¿Cómo que por qué? Tarado ― se alteró la rosada ante su lentitud―. Puede que Hinata sea la novia más comprensible del mundo, pero ni siquiera ella, siendo tan recatada, podría aceptar que su novio gane dinero, ofreciendo sus técnicas obscenas a otras chicas, muy bonitas en especial, para comprarle un regalo.

― Hum, viéndolo desde ese punto, si suena feo ―agregó pensativo Naruto―, pero si me pregunta de dónde saqué el dinero, tendría que mentirle.

― No sería una mentira grave. Dile algo como que yo, o Tsunade-sama, te prestamos dinero o que lo ganaste en un sorteo.

― Si, aunque lo más creíble seria que tú me prestaste el dinero. La abuela Tsunade es la que me debe dinero, desde hace años…

Así, ambos ninjas se perdieron entre las personas de aquel remoto lugar, uno llevándose más experiencias raras de las que podría haberse imaginado.

FIN DEL CAPITULO.

NOTA DE LA AUTORA.

¡Hola gente! Vale, sí que me tarde un montón en actualizar esta vez, me disculpo por ello :'v

Este año sin duda me ha ido de la patada, pero, en fin, hay que seguir. Lo que no te mata, te hace más fuerte, dice un clásico dicho.

Pero quería hablarles de un tema específico a la historia.

Si ya tienen tiempo siguiendo Crónicas, sabrán lo mucho que me gustaba agregar imágenes a los capítulos. Es algo que le da un extra genial.

Pero, lamentablemente, ya no puedo costearme ese lujo. Como mencioné antes, cada gráfico era mandado a hacer con un artista, amigo mío. (Una de mis mayores debilidades es dibujar, prácticamente no se me da)

El país donde vivo, empezó a hundirse en una crisis alarmante. Nuestra moneda nacional se desvalorizó de golpe a la mitad. Esto influyó grave a mi economía, ya que ahora, los pocos billetes que podía ahorrar para la historia, ya no los tengo. Incluso ahora me falta para cubrir mis gastos mensuales, a pesar de que trabajo doble turno, o, mejor dicho, trabajaba, ya que me despidieron (de nuevo) hace un par de días.

Me disculpo, si sienten que me estoy desquitando con esta nota, sé que la mayoría en Latinoamérica está pasando por esto, o peor, si es de Venezuela.

Pero creo que es algo que debo aclarar, si es que han notado que los primeros capítulos han venido sin imágenes extra.

Se me ha pasado por la mente, convertir mis historias a audio, para tratar de rentabilizarlas en youtube y así poder proseguir, pero es un plan con resultados a largo plazo.

Otra opción sería la donación o intercambio, pero eso más depende de ustedes que de mí, y no puedo obligarlos, ya que sé que la mayoría no puede ayudarme, aunque quisiera.

Pero en caso de haya alguien interesado en esto último, o sea un artista oculto que desea ayudarme, así sea de vez en cuando con los gráficos, por favor no duden en contactarme por mensaje privado para charlarlo.

Gracias por leer hasta aquí, nos leemos en el próximo capítulo.

Bye bye.