CRONICAS DE LA ARENA: LAZOS
CAPITULO 9: EL KAZEKAGE, FIESTA Y DELGADEZ.
El volumen de la música hacia que los vasos de la superficie metálica, temblaran ligeramente.
La fiesta estaba en su mejor momento.
Se podría decir que eran incluso un centenar de jóvenes dorados, reunidos en un lugar apto para sus fiestas de fin de semana, donde podían divertirse todo lo que quisiesen, sin molestar a los mayores, familias enteras y demás residentes del clan.
Un acomodado salón, con todo lo necesario para festejar y convivir con otras personas de su edad. Cubiertos por una barrera de ninjutsu, que lo único que sellaba, era el ruido inminente del lugar, dejando que sus miembros pudiesen entrar y salir a voluntad. Un uso poco conocido para esta clase de técnicas, pero que ya era bastante usado por tal clan, debido a sus peculiares costumbres. Incluso el área del concierto, que se encontraba en otro lado de la aldea, usaba este método para no perjudicar a los vecinos de la zona.
― Me aburro, iré a bailar ―expresó Hurrem, primero levantando su copa, para terminarse de un golpe su contenido rojo, y luego levantarse, para perderse entre la multitud que bailaban alrededor de ellos―. No me esperen.
Nagisa, Toshinori, Haruka y Akil, se mantuvieron sentados, con expresión un tanto asombrada, al ver como este se acababa tal proporción de alcohol, para luego dejarlos.
― Hum… a este paso, seremos cada vez menos ―expresó el menor de ellos, mientras tomaba un sorbo de su vaso con jugo de granada―, sé que esto debería alegrarme, ya que significa menos competencia, pero es decepcionante ver como se rinden.
― Son faltos de carácter y sentimiento genuino, es mejor que se vayan ―argumento Akil, quien sostenía su vaso de vino, aunque no le hubiese dado ningún sorbo―. Solo han demostrado que ninguno de ellos es digno de su majestad.
Haruka se mantuvo en silencio.
Con los ojos falsamente centrados en un libro que mantenía abierto, escuchaba a sus compañeros. Personalmente, él se sentía redundante de felicidad, hasta ganas le daba de bailar por lo recientemente acontecido.
Lo cierto es que dos individuos habían pedido ser sacados del harem.
Petición que se les fue otorgada, ya que el consejo de sub lideres no podían argumentar nada al favor de la ausente noble, que descuidaba su compromiso con ellos.
De los doce miembros de aquel harem, ya solo había seis. Cuatro ahí sentados, intentando pasar su tiempo libre entre el bullicio nocturno, uno bailando entre los de clase normal y Hasani, como siempre ausente, apareciendo solo a la hora de dormir.
― Nagi, te ves muy callado hoy ¿No me digas que te encuentras triste por los que se han ido? ―soltó Toshinori, al ver que este no había hablado caso nada en toda la noche.
― ¿Eh? Oh… bueno… yo ―titubeó este, viendo que todos los demás lo miraban de forma fija a su respuesta―. No sé qué sentir… siendo sincero. Mi devoción por su majestad sigue inquebrantable, pero, me entristece saber que ella siquiera ladea su mirada al vernos. No quiero ser un estorbo en su vida, pero es lo único que nos has demostrado con su actuar… La esperaré porque siento que es lo que debo hacer, pero no quiero que tomen mi actuar como ejemplo.
Todos se quedaron en silencio, por más de un minuto, ante su respuesta.
La música de fondo, se apoderaba del ambiente.
(NOTA: La canción de fondo que recomiendo escuchar en todo el capítulo es "Lucifer" de SHINee)
Aunque intente evitarte, no hay lugar dónde esconderme
He sido atrapado por ti y ni siquiera puedo negarlo
Si esto fuera amor, si tú realmente me amaras,
no me harías esto
Su susurro es el de Lucifer
Es Lucifer…
― Bueno, puede que no seas el único que se sienta así, Nagi-nee ―se atrevió a decir Haruka, movido por su sinceridad―. Es cierto que la mitad de nosotros ha prescindido, pero tal vez eso sea porque ellos no tenían un motivo para seguir aquí…
― ¿Un motivo? ―repitió Akil, deteniendo su vaso, en la comisura de sus labios, mientras ponía una expresión de desconfianza―. Ahora que lo pienso, ustedes…
Mientras miraba a los otros tres, el de lentes recordaba con gran precisión sus palabras del pasado.
Era cierto.
A comparación de los que, si habían desertado, los que quedaban eran los que no se quejaban de su destino al ser elegidos como uno de los esposos del harem de la princesa.
Su mirada se enfrió ante su deducción.
Sabía que tenía como rivales a Nagisa y Hasani, pero nunca había tomado en serio el actuar de Haruka, Toshinori y…
― ¿Qué no es obvio? ―la voz del último que iba a mencionar en su mente, reapareció, con una llamativa botella en una de sus manos, la cual posó en la mesa, para luego sentarse entre ellos―. Los que hemos quedado hasta ahora, es porque tenemos un interés genuino por Lius-sama.
― Oh, Hurrem ¡Volviste! Justo pensé que acababas de desertar ―señaló Toshinori, mientras miraba con curiosidad la bebida que había dejado en la mesa.
― Cierto, pensé que estabas harto de estar con nosotros ―argumento Haruka, tomando la botella exótica, para luego destaparla, haciendo volar el corcho de forma ruidosa.
― Oh, pero si es un Dom Pérignon Rosé ―dijo asombrado Toshinori, al ver el líquido dorado, llenando los vasos de sus compañeros―. ¿Pueden echar un poquito a mi jugo de granada? Por favor, este champagne es un lujo…
― ¿Eh? ¿Cómo es que reconoces esta bebida? ―inquirió Hurrem con desconfianza, quitandole la botella a Haruka, servirle de forma brusca, hasta llenar sus vasos a Akil y Nagisa, para luego apoyársela en el pecho―. Tu todavía eres menor, tu paladar todavía no es digno de tal delicia. Encima nos harías ver como adultos irresponsables, al dejarte beberlo.
― Mmm… un traguito mezclado con mi jugo, no me provocaría nada, ni siquiera tiene tanto alcohol, mezquino ―protestó con cara de puchero, el más joven de ellos, para luego poner cara triste.
― ¿Lius… sama? ¿Lius-sama? ―preguntaba con molestia Akil, sin tomar importancia a las suplicas del niñato que estaba a su lado, sonriéndole a su vaso de champagne, implorándole con su mejor rostro de pena, que le invitase un poco―. Hurrem-san… ¿Qué manera tan irrespetuosa es esa de referirse a nuestra lady? ―terminó diciendo con clara perturbación.
― ¿Ah? ¿Acaso estas celoso de que me refiera a Ann-sama de forma diferente, cuatro ojos? ―le respondió el de piel canela, dedicándole una mirada desafiante―. En fin, es una reacción entendible viniendo de ti, un ser tan insípido y aburrido como tú, jamás entendería el poder que pueden ofrecer los apodos…
― ¡¿Qué dijiste?! ¡Un Gorila como tú, no tiene derecho a decirme esas cosas! ―protestó Akil, al borde de la furia.
― ¡¿Gorila?! ―repitió Hurrem, abiertamente ofendido, ante la comparación―. ¡Te denunciaré ante el ministerio, ante tu hablar racista! ¡Ya veras, haré que te quemen vivo!
― Chicos… por favor, no se peleen de nuevo ―Nagisa trató de intervenir, pero en su descuido, Toshinori aprovechó para quitarle su vaso de bebida y correr alrededor de los pleitistas, para probar un sorbo―. Toshinori ¡No hagas eso!
― ¡No te digo Gorila por tu piel! ¡Sino porque tu cerebro en especial es igual de inculto y bruto, como el de un simio, un simio enorme!
― ¡Hablas por envidia y celos, cuatro ojos! Todos saben que te sientes intimidado por mi ser.
― ¡Ja! ¿Intimidado por ti?
Haruka era el único que se encontraba en silencio, disfrutando de su bebida, mientras el alboroto latía a su alrededor.
Hurrem estaba a punto de beber del pico de aquella lujosa botella, cuando una mano lo detuvo.
― Momento, yo también quiero probar un poco de la botella que me acabas de robar…
El moreno entreabrió los ojos, un tanto inquieto por su presencia, cediendo la botella al recién llegado, quien se sirvió con ligereza en su elegante copa, para luego colocarla de nuevo en sus manos.
― ¿Hasani?
Nagisa se detuvo de perseguir al menor de ellos, al notarlo.
― Si, el mismo, no existe otro igual de perfecto que yo, como para que me confundas con alguien más ―respondió el rubio recién llegado, que antes de sentarse a lado de Hurrem, calculó el tiempo exacto en que el Toshinori corría bordeándolo, para extender su brazo doblado de costado, provocando que el niño se auto golpease en el estómago con este, devolviendo todo el líquido prohibido para él, que había ingerido, para luego caer al suelo, paralizado.
― ¡Oye, no seas tan brusco con él! Puedes lastimarlo irreversiblemente si no te controlas ―enunció Nagi preocupado, para luego ayudar al menor a levantarse y sentarlo a su lado.
― Yo no soy tan blando como tú. Solo lo corregí lo necesario para que no nos cause problemas. No pienso aceptar quejas por un mocoso malcriado como él ―soltó Hasani, sin ningún remordimiento, mientras se acomodaba, estiraba y cruzaba las piernas de forma varonil, en el sofá largo en forma de C, en donde todos se encontraban sentados, extendiendo un brazo, en la parte superior de este― ¿Qué pasa? El Gorila y, el cuatro ojos ―se dirigió a Hurrem y Akil ¿No estaban peleando? Por favor, no se detengan por mí. No pienso interferir en sus riñas, es divertido ver como discuten en vano…
Los mencionados se quedaron en silencio.
Le tenían cierto respeto al recién llegado.
No un respeto producto de su carisma, aparente sociabilidad y buenos actos. Sino un respeto de miedo, como ese que se produce cuando un ser se enfrenta a un monstruo y termina perdiendo, pero el cual le perdona la vida, para que viva el resto de tu existencia, temiéndole.
― Perdona… no sabía que la botella era tuya, simplemente la tomé de la cubeta de hielo que había en la barra ―se explicó Hurrem, ligeramente preocupado por la expresión inerte que expresaba Hasani, al mirarlos a todos.
― Por supuesto que no lo sabias. De saberlo, ni siquiera te hubieras acercado a "mi" barra ―articuló el rubio con una seriedad marcada en su rostro, el cual se le acercaba cada vez más―. Pero… esta vez lo haré pasar… de todas formas, bebo muchas de estas botellas cada que vengo acá. Eso y también porque prometí a nuestra madre que sería más flexible contigo.
Hurrem asintió, un tanto incomodo ante lo último.
― Ah, gracias, hermano mayor.
Nagisa intentó disminuir el ambiente pesado que se estaba formando.
― Pensé que hoy seguirías en la arena de prácticas, Hasani. Por otro lado, Hurrem, volviste muy rápido, parecía que te tomarías tu tiempo.
― Hoy no tenía ganas de entrenar, el enfrentarte a débiles en los entrenamientos, te desanima ―argumentó el rubio de aspecto perfecto, si voltear a verlo, para luego tomar un trago de su copa.
― Pues esa era mi intensión, pero… ―Hurrem se detuvo, mientras recreaba en sus memorias, el minuto más divertido de baile que había tenido esa noche, pero se acababa al notar que varias chicas lo rodeaban, con clara intensión―, un par de insufribles me acosaron, y tuve que escapar con la botella que encontré, después de todo, solo nos respetan cuando estamos juntos…
― Oh, ya veo, es comprensible.
― Hum, dudo que alguien como "tu" pueda entenderlo ―respondió Hasani, con una expresión de burla en su rostro―. Digo, mírate Nagi, eres tan delgado y pasivo. Si por lo menos fueras alto, pero ni eso tienes a tu favor, mides como una chica promedio de nuestro clan. No es de asombrarse que no intenten ligar contigo, lo asombroso es que estés aquí, sentado con nosotros… ―terminó diciendo, entrecerrando la mirada con aire despectivo.
Nagisa, cambió su expresión de calma a una más melancólica, bajando la mirada.
Los demás se encontraban molestos ante las palabras hirientes de Hasani, pero preferían no demostrarlo, ya que no estaban dispuestos a enfrentar al creído que los había abordado.
Todos, menos Akil, quien apretaba los puños ante lo que acababa de ver y oír claro, al igual que los otros, a pesar del volumen alto de la música del lugar.
― Maldito…
― ¿Ah? ¿Acaso acabas de murmurar algo, cuatro ojos? ―enunció Hasani, al notar que le hablaba―. ¿Por qué no lo dices más fuerte?
― ¡Eres un maldito creído, Hasani! ―gritó Akil, al tiempo que se levantaba y lo miraba con furia―. Puedo soportar que me trates mal a mí, o incluso al mocoso ―apuntó a Toshinori, quien seguía medio inconsciente por el golpe, apoyado en Nagi―. ¡Pero no te metas con Nagisa! A comparación tuya, él es un ángel…
― Akil, por favor, no es necesario que digas esas cosas… ―reaccionó el mencionado, entre asombro y vergüenza al notar que lo defendían.
― ¡Claro que debo decirlo! ¡Soy un odiador de la injusticia! No puedo quedarme callado, mientras veo como unos maltratan a otros, sin merecerlo…
― ¿Ah sí? ¿Entonces debo tomar esto como invitación a pelear?
― ¡Por supuesto que sí!
Ambos se agarraron del cuello de sus trajes dorados, mientras los demás trataban de separarlos, para evitar que los expulsasen, cuando de repente…
Si me atrapas y me atas también el amor estará atado
El futuro también está atado, no podrá crecer más
Despójate de ti y mírame
Solamente yo te llenaré, sólo yo te llenaré por completo
Una joven, pero potente voz, se acercó caminado hacia ellos, seguido de su propia escolta. Cantaba de forma tan deslumbrante que opacaba a la voz original de la canción que sonaba.
Los seis se quedaron petrificados por un instante, hasta que reaccionaron y se pusieron firmes, como si fuesen soldados, a modo de saludo.
La inesperada visita, los vio inclinarse, más prosiguió con su canto, como si fuese más importante, al mismo tiempo que bailaba y era seguido en baile por los demás presentes.
Tu innegable encanto es el de Lucifer
Tu innegable magia es la de Lucifer
Cuando me acerco a tu angelical rostro
Di que la razón por la que vives es por mí, dilo
Fue después de esa estrofa que se detuvo por completo, para hablar con ellos. Hizo un ademan con su mano, para que los demás invitados del lugar, siguiesen en lo suyo, e ignorasen el escenario.
― Dra… Draco-sama… es un honor haberlo encontrado aquí… ―articuló Hasani, perdiendo cualquier rastro de ego o superioridad―. Hablo por todos mis demás compañeros, al decir que…
― Ya, Hasani, no tienes que fingir conmigo, es asqueroso ―le cortó el niño rey, al tiempo que dibujaba una sonrisa irónica en su rostro―. He visto con mis propios ojos, lo abusivo y altanero que puedes ser con los demás, en especial cuando te sientes amenazado ―esto último, lo dijo con voz de provocación―. En fin, no he venido a resaltar tus defectos ―prosiguió con voz normal―. Los sub líderes y yo, hemos tenido una nueva reunión, al notar el decreciente número de su grupo…
Internamente, Draco se sentía asqueado al hablar de tema. Odiaba ser el portavoz de tal noticia, y odiaba más tener que decidir en la vida personal de su querida hermana mayor.
Ante sus ojos, ninguno de los presentes era digno de ella. Y hasta hace poco tiempo atrás, pensaba que ningún hombre en la faz de la tierra lo era.
Pero la persona que deseaba para familiar, ni siquiera era parte del clan, así que no tenía más remedio que cumplir con las tradiciones, por el momento…
En un futuro cercano él se convertiría en adulto, y si se volviese fructífero, el concejo de líderes dejaría de presionar con querer casar a su mayor con cualquiera, para trasmitir la herencia sanguínea pura de primer tipo.
Era cierto, que la familia real nunca había estado tan reducida, y era lógico querer aprovechar "los tiempos de paz" para agrandar el linaje, pero no lo quería así, no de esa forma.
― Y dadas las circunstancias actuales ―prosiguió, controlando no mostrar su desagrado―, hemos modificado las reglas, a favor vuestro, para que tengas mayor contacto con su objetivo…
¿Debería matarlos aquí y ahora? Digo, así me libraría de ellos, y evitaría molestias a mi Onee-chan.
Aquel pensamiento furtivo, surgió en su mente, al terminar de referirse a su mayor como un "objetivo" y ver como ese raro grupo frente suyo, en su mayoría dibujaba una expresión emotiva al saber que podrían verla más seguido.
― ¿Y cuanta modificación hay en eso? ¿Cuántos días más tendremos? Quisiéramos saber eso… majestad ―preguntó con respeto Hasani, al notar, al igual que sus compañeros, que Draco se había detenido en su hablar de forma incompleta.
― Bueno… ya no serán visitados por ella, una vez al mes ―respondió el mencionado, esta vez con una notoria molestia en su rostro―, sino cuatro veces, es decir una vez cada semana. A partir del próximo mes…
― Oh, pero es la rubia no domesticada ―expresó la Taiyō, al ver a Temari a punto de alterarse, entrando en la habitación, y estirando hacia su lado, a sus perplejos hermanos, como si los mezquinase―, también es un desagrado verte tan seguido…
― Temari, no te enfurezcas, yo fui quien la invito, para empezar ―argumentó Kankuro, quien, con su armadura de marioneta, aun puesta, trataba de calmarla, agitando levemente ambas manos.
Pero la mayor de ellos no tenía la más mínima intensión de calmarse.
― Kankuro, no sé qué ideas estúpidas ronden por tu cabeza, pero no quiero que esto se repita, ¡está loca está vetada de nuestra casa! ―gruñó Temari, mientras apuntaba con su mano a la mencionada, quien mantenía una expresión de gracia en su rostro, como si disfrutase la situación―, me decepcionas…
El castaño se sintió herido por sus últimas palabras, más aún cuando notó que Gaara observaba en silencio toda la escena.
Su expresión calmada, hizo que este no resistiese en mantenerse en silencio.
No le parecía justo, ser avergonzado en público, cuando su menor se había comportado peor que él.
― ¿A sí? Pues temo decirte que no soy el único que te ha decepcionado, entonces ―masculló el castaño, al mismo tiempo que cruzaba miradas con el rojizo, quien notó su intensión, perturbando su calma.
― ¿Ah? ¡¿A qué te refieres?!
― ¡A Gaara! ¡Me refiero a él! ―respondió Kankuro apuntando a su menor, quien descruzó sus brazos ante su acusación―, él ha hecho peores cosas que yo…
― ¡Oí, Kankuro! Ese era nuestro secreto…
Gaara se detuvo al ver que su hermana fijaba su mirada en él, con un gran ceño fruncido.
― ¿Esas cosas "peores" tienen que ver con ella? ―preguntó Temari, al mismo tiempo en que los soltaba, y adoptaba una expresión más calmada.
Kankuro vaciló por unos segundos, más que todo porque Gaara lo miraba con negación, pero… si era inevitable ser regañado, no sería regañado solo.
― Si. El la invitó a almorzar tiempo atrás, tengo entendido que fue recalentado de los que deja Ito-basan el día que se toma libre y también le dio ese helado de vainilla que tanto resguardas en la heladera ―soltó con voz casi infantil, de niño acusador.
― ¡¿Mi helado?!
― Ah, si… tengo un vago recuerdo de eso, pero no lo comí, si no es chocolate, no me gusta ― agregó Anngelius, empezando a caminar hacia la salida de aquella extensa habitación―, en fin, me divierte ver como se pelean, pero tengo cosas mejores que hacer…
― Si, mejor lárgate, antes que te saque yo ―escupió Temari, con desagrado.
Ann se detuvo al oírla.
Les estaba dando la espalda a todos.
Giró su cabeza de lado, poniendo una expresión de esas que denotan que harás algo malo a propósito.
― Oh, y también me vio desnuda, entrando a mi despacho sin avisar… y Kankuro posó su mano sobre la mía, también a propósito, tus hermanos son un par de degenerados y acosadores.
― ¡Mi incidente no fue a propósito! ―excusó el rojizo, ante tal vergonzosa revelación―. Ann-sama teníamos un trato de silencio.
― Si, lo teníamos, pero usted no cumplió con su parte del trato…
― ¿De qué hablas? Le envié lo que pedi… ―se detuvo al recordar a quien había asignado tal misión―. Kankuro… tu…
El castaño palideció ante el nuevo conflicto que había provocado, y que empeoraba su situación, al no haber entregado los "chocolates específicos", comprando unos más baratos, pero quedándose con el saldo de diferencia.
Ahora no tenía solo a su hermana mayor molesta, sino también a su menor.
Ambos tenían cara de querer matarlo.
Temari fue la primera en reaccionar.
Pero no se abalanzó hacia él, sino fue directo a su invitada.
Todo era un escenario confuso.
Su hermana mayor, quien siempre se comportaba seria y hasta a veces fría, ahora parecía alguien impulsiva y sobreprotectora.
No entendían el cambio brusco en su personalidad.
Corrió entre ellas, para evitar que se golpeasen.
Pero Gaara se adelantó, atrapando a ambas rubias, en dos discretas manos de arena.
― Basta, deténganse.
Con sus miradas, ellas expresaron que no acatarían tal petición.
Todo apuntaba a que esto no terminaría pronto.
Pero una persona extra en escena lo cambió todo.
Una minúscula anciana, con lentes oscuros y voz tranquila se presentó sin pena.
― Jovencitos, la cena se está enfriando ¿Por qué no dejan sus gritos y conflictos juveniles para luego del postre? Kankuro-chan no me avisó que trajo visita, pero de igual forma serví para los cuatro…
― Ella no se quedará a cenar ―sentenció Temari, tratando de imponer territorio ante su enemiga.
― Y yo he dicho que ya serví para los cuatro ¿Quién comerá lo que quede si ella se va? ¿Usted, señorita Temari? ―de forma inesperada respondió la anciana, con una calma que, en vez de tranquilizar, aportaba un aura de miedo al ambiente.
En un silencio absoluto, los cuatro se encontraban sentados, cenando.
Dicen que las comidas ayudan a limar asperezas entre familias.
Bueno, este no era realmente el caso, pero se podía notar que la tensión había disminuido en medida.
Ito-basama no solo era la encargada de la limpieza de aquel lugar, sino también un guardia y una excelente cocinera.
Las sazones de sus platos encantaban a tal grado que sus comensales olvidasen su malestar o todo aquello que los fatigase.
Nunca le había fallado y esa no sería una excepción.
― ¿Le sirvo un poco más?
― No… gracias, no quiero incomodarla…
Pero la anciana no escuchó a la Taiyō y tomó su plato vacío, para volver a los segundos con el plato lleno.
― No te apenes, me alegra ver a alguien con tanto apetito…
Sin embargo, sus palabras la avergonzaban más que nunca, sin mencionar que los otros las observaron de reojo, la rubia de ellos con una expresión de burla.
―… después de todo, Temari-chan está a dieta, ya no come mucho como antes, no desde que sus blusas empezaron a desgarrarse, yo no le veo lo malo de ser rellenita; y Kankuro esta con un poco de sobrepeso, así que no le insisto que como más… ―se acercó al rojizo que apenas estaba comido un tercio de su plato―. Me gustaría que el menor comiese más… esta tan flaquito, siempre come tan poco…
Los mencionados bajaron la mirada, era como si de verdad los estuviese regañando su abuela. Y enfrente de una extraña.
― Ann-san… Usted es médico, ¿verdad?
― Ah, sí, lo soy ¿Por qué pregunta? ―respondió la rubia, sin haber tomado mucha importancia en lo anterior respecto a los hermanos de la arena, al estar emocionada en su plato abundante de guisantes y verduras, con un sabor a hogar, placentero pero que provocaba cierta extraña nostalgia.
― No quiero sonar atrevida, pero ¿Qué consejo puede darme para intentar engordar al Kazekage? Me siento responsable por su salud, y me genera preocupación que decaiga en un futuro cercano, por su delgadez notoria.
El mencionado se sintió ofendido.
Se sentía conforme con su peso actual, Ito-basan estaba exagerando.
Pensaba cortar tal charla insensata, pero notó que su hermana mayor, lo observaba con cierta preocupación.
¿Acaso ella también estaba pensando lo mismo?
― No me gusta dar diagnósticos o consejos médicos sin base suficiente ―respondió la Taiyō, con seriedad, tal vez por respeto a la anciana―, pero, el bajo peso puede venir de varios factores, descartando la alimentación, al comprobar lo buena que es en su caso, podrían ser parásitos, que es lo más común. Pero también un factor sanguíneo, como una enfermedad que todavía no se manifiesta, desorden hormonal y en casos simples, algo hereditario.
― Mmm… Karura-chan era bastante delgada, podría ser eso, pero…
― Yo me encuentro completamente bien, por favor no exageren con el tema de mi delgadez.
― No estoy tan segura, podría ser algo grave, tu nunca te has hecho una revisión médica, en todos estos años ―el rojizo fue interrumpido por su hermana―. Ito-basan tiene razón para preocuparse, incluso yo quería hablarte de ese tema, pero siempre termino olvidándolo.
Gaara palideció ante su argumento.
Era cierto.
Las únicas veces que había sido revisado por un médico, fue cuando vivía con Yashamaru. Y eso era por que este era su médico personal.
Eso era porque…
― Oh, yo si me hago mi chequeo anual, estoy sano, por si a alguien le interesa ―mencionó Kankuro, al notar que todos se centraban en Gaara.
― No es mi especialidad, las revisiones médicas, pero solo es cuestión de que el interesado se acerque al hospital, como paciente ―se explicó la Taiyō, al notar la preocupación de las mujeres―. Tratándose del "Kazekage" supongo que no tendrá que esperar a ser atendido y demás cuestiones de espera.
Ito-basan siguió preguntándole sobre cuestiones parecidas, al igual que Temari, quien parecía haber olvidado que la odiaba, y ahora se hablaban como dos personas civilizadas.
Eso hubiese sido una buena noticia para terminar el día, de no ser por el hecho que era su pellejo e intervención en su vida privada lo que lo provocase.
FIN DEL CAPITULO.
NOTA DE LA AUTORA.
¡Hola Croniqueros!
¿Cómo están? Yo sigo igual de vaga jajaja
Gaara cada vez más, está enfrentando situaciones penosas. Paz tendrán los normales, no él, eso les aseguro. Sobre la escena del principio, me gustaría saber si tienen algún favorito (u odiado) en el reducido harem de la tsundere waifu, cof cof cof, digo, Ann. Me gustaría saber la impresión que tienen de ellos.
Antes de soltarles mi rollo personal/emocional, quiero avisar que la letra de la canción en la fiesta Taiyō, es "Lucifer" de SHINEE. Quiero creer que no soy la única que reconoce la canción, en fin.
Aprovechando mis forzadas vacaciones, he estado viendo series y películas viejas, algunas buenísimas y otras malas. Estaba a punto de sumergirme en los doramas coreanos, pero descubrí un juego para móviles, llamado "Mystic Messenger" y me enviciado bien feo con él… Yoosung me robó el corazón *inserten aquí meme de persona llorando de felicidad*. No creo que siga con las otras rutas, ya que he caído redonda ante la ternura que es Yoosung. He flipado tanto, que incluso se me han venido a la mente un montón de ideas para crossovers con él y los principales de Crónicas. Pero, me aguantaré… por lo menos por ahora.
Respuestas, preguntas, o tomatazos psicológicos xD ya saben dónde dejarlos.
Bye bye.
