CRÓNICAS DE LA ARENA: LAZOS

CAPITULO 10: EL KAZEKAGE, DIAGNÓSTICO Y EFECTO.

No podía creer que se encontraba sentado ahí, en una camilla, esperando a que lo analizasen.

Pero sabía que no tenía opción.

Temari había terminado siendo insistentemente incomoda la noche anterior, luego de que la Taiyō se marchó de la cena.

No quería seguir escuchando su exigencia, así que prometió que lo haría, apenas tuviese un hueco en su agenda.

Pasó casi una semana de eso.

Lo cierto es que nunca había venido al hospital por un chequeo, al saber que tendría que estar semidesnudo, siendo examinado por una persona extraña.

Pero ¿Qué tan malo podría ser? Trataba de consolarse a sí mismo, con eso.

Tal vez estaba exagerando un complejo que había formado siendo un niño, al cual no había tomado atención hasta ahora.

Solo rogaba que no lo revisase cierta persona, ya que era bastante difícil tratar con ella, y de seguro provocaría una incomodidad mayor, tal situación.

La puerta se abrió, dejando pasar a dos personas.

― Oh, Kazekage-sama…

El superior de ellos, un médico adulto, tirando casi a anciano, fue que se expresó de esa manera asombrado.

― Disculpe, pero es la primera vez que me toca atender a alguien tan importante ―se excusó el mayor, mientras empezaba a ponerse unos guantes de látex, que su asistente le brindaba―. Veamos, usted vino por…

Tomó el formulario que había posado en el escritorio del lugar.

― Examen de rutina, con procedimiento intensivo… ―articuló con cierta desconfianza el veterano interno, para luego ver a su paciente―. Gaara-sama… ¿Cuáles son sus síntomas? ¿Tiene algún dolor especifico? Esta petición es un tanto contradictoria…

El pelirrojo se quedó en silencio.

¿Cómo podía expresar en palabras que no lo dejen mal visto, el hecho de que temía venir al médico, y que nunca se había hecho una revisión antes?

― No, no me siento mal, pero…

Apenas articuló, cuando se detuvo al ver que el asistente del médico, le susurraba al oído, algo a su superior.

― Oh, ya veo. Comprendo.

Expresó el anciano con cierta expresión irónica, mientras lo miraba, pareciendo comprender la situación.

El asistente inclinó la cabeza a modo de despedida y se retiró en silencio. Dejándolos solos.

― Bien, disculpe si le hecho sentirse incómodo, Gaara-sama ―empezó a hablar el médico, mientras mantenía la mirada fija en el escritorio del lugar, preparando una clase de jeringuillas y un par de parches que parecían sellos―. Admito que me causó cierto asombro viniendo de alguien como usted, pero, déjeme decirle que no es el primero que tiene ese tipo de "rechazo" por así decirlo…

― Lo lamento, no sé cómo excusarme al respecto, sé que mi actuar era algo irresponsable, y mientras más pasaba el tiempo, menos importancia le daba.

― ¿Ah? Por favor, no se preocupe, esta información no cambia en lo más mínimo el respeto que tengo por usted y su gobierno. De hecho, no quiero sonar raro, pero me alegra conocer que es igual de común que todos...

― ¿Común? ―repitió el rojizo, con cierto asombro, ante las palabras de aquel extraño.

Mas no tuvo respuesta, ya que este se limitó a seguir con su trabajo, haciéndole todas las pruebas básicas que necesita para su informe.

― Ahora, respire lo más profundo posible y mantenga el aire, hasta que yo le diga.

El médico posó aquella pieza rara, fría, plana y circular, que se conectaba con un tubo delgado hasta sus oídos, en la zona de sus pulmones, como si buscase algo en concreto.

― Bien, ahora exhala de forma lenta.

Siguió las indicaciones, varios minutos más.

Lo único difícil, fue extraer muestras de su sangre.

Tuvo que reprimirse, para que la arena no lo envolviese de forma instintiva.

El amable médico lo dejó solo, cuando terminó con las pruebas, explicando que los resultados tardarían una hora, dándole la opción de quedarse esperando o volver al día siguiente.

Decidió quedarse.

Prefería esperar los resultados, a tener que afrontar las preguntas de su hermana mayor, sin una respuesta clara.

Aunque estaba seguro de que se encontraba sano.

Esperar en una habitación, le parecía poco atractivo, así que empezó a deambular por los pasillos de aquella sección.

Fue entonces que la vio cruzar, seguida de lo que parecía ser sus aprendices.

― Si bien, el médico al que asistan es quien hará la mayor parte del trabajo, ustedes, como asistentes, deben estar mucho más adelante de ellos en pensar, tratando de deducir lo que este necesitará, para facilitar su labor, eso puede hacer la diferencia de perder o salvar a un paciente…

La Taiyō vestía de su traje entero rojizo, sin turbante, pero amarrando su corto cabello en una cola hacia arriba, pareciendo la cabeza de una piña. Sus seguidores eran ninjas jóvenes de más o menos su edad, vestidos con túnica blanca, denotando su nivel médico de aprendices.

Su expresión era seria, pero a la vez alentadora y calmada, de una extraña forma, por lo menos para él, que siempre la escuchaba casi molesta.

― Como primera experiencia de campo, me asistirán en una cirugía de segundo tipo, recordad mantener la calma siempre, se dividirán en dos grupos, el observador y el de práctica. Se relevarán, cuando dé la señal. Consideren este su primer examen, ya que, se pondrá a prueba su conocimiento, análisis y reacción; ―su tono de voz se volvió más seria―, más les vale que cumplan mis expectativas en número, siendo mi grupo, o se las verán conmigo…

Los novatos, a pesar de la amenaza del final, asintieron en silencio, mientras mantenían una expresión de seriedad y confianza en sus rostros, como si estuviesen a punto de ir a una guerra, dispuestos a morir por su misión.

Desaparecieron de la misma forma fugaz en la que habían aparecido cruzando los pasillos.

Tal parece que estaban tan centrados que no habían notado su presencia.

O posiblemente lo habían ignorado.

― Ann-sama, como líder, es un gran ejemplo.

Gaara desvió su mirada, hacia su costado, donde había aparecido una figura conocida, que había notado a quien estaba observando, aun sin querer.

― Oh, disculpe no saludarlo antes. Ha venido por su revisión médico, ¿no? ― la castaña adulta, llevaba consigo un par de folios entre sus brazos―. Ann-sama me pidió que escogiese un médico adecuado para su situación… espero que se haya sentido cómodo con Doriko-sama.

― Ah… se lo agradezco ― expresó este con calma, a pesar de que internamente se preguntaba a cuantos más la Taiyō habría contado su situación médica―. No tengo quejas con Doriko-sama…

― Me alegra escucharlo. Al principio, queríamos elegir que Ann-sama lo atendiese, ya que sus métodos de revisión son más prácticos y de rápido resultado, pero ella se negó ―agregó Shun, con confusión―. Es raro, que ella se niegue a algo, pero supongo que fue lo mejor. Es como si hubiese previsto que usted vendría justo este día, donde ella esta con su grupo de estudiantes. Ella… siempre piensa en todo, la admiro por eso.

Gaara se limitó a escucharla.

No estaba seguro de que la intensión de su superior, se hubiese decidido por lo que ella deducía, pero de cierta forma se sentía aliviado de que hubiese sido así.

El médico sostenía el informe con cierto aire de preocupación, mientras miraba de forma fija al rojizo, quien esperaba su resultado con calma.

― ¿Entonces? ¿Ya puedo irme y afirmar que todo está bien en mí? ―preguntó, al ver que el médico se estaba tomando una pasa larga, incluso para él.

― Bueno, me gustaría afirmar que sí, pero ―el médico desparramo los papeles, encima de su escritorio, para poder mostrárselo―. He pedido toda la información pasada que pudiésemos recolectar de usted y su familia. Asombrosamente, pudimos encontrar un registro antiguo de usted, hasta sus siete años. Aun tomando en cuenta, el hecho de que su caso es diferente, al haber nacido de forma prematura, hemos notado que, efectivamente, sufre de bajo peso y los números indican que está a bordo de contraer anemia.

― ¿Qué? Pero yo no me siento débil, ni enfermo ―respondió con asombro contenido el rojizo, empezando a imaginarse como le explicaría eso, a sus hermanos.

― Al estar en una etapa inicial, es normal no tener síntomas, más siendo usted alguien joven ―empezó a explicarse el médico, al tiempo que empezaba a escribir en un blog de notas―. Tampoco le estoy diciendo que tiene una sentencia de muerte, pero será mejor que tratemos las deficiencias que su cuerpo a demostrado, para evitar que surjan enfermedades mayores. Solo serán unos detalles que deberá cambiar en sus hábitos alimenticios y de disciplina, dígame… ¿cada cuánto dedica a ejercitarse físicamente?

― Practico un par de veces por mes.

― ¿Taijutsu?

― No, no desde hace mucho, solo ejercicio básico y ninjutsu en su mayoría…

― Ya veo. Es comprensible, con el tipo de trabajo que tiene. Incluso es posible que este sea un efecto secundario producido por el estrés. ¿Tiene algún pasatiempo que le ayude contra esto?

― Cultivo cactus.

― ¿Algún hobbie mas?

― No actualmente.

― ¿Sufre de insomnio?

―… me cuesta conciliar el sueño, a veces. Evito el café por eso.

― Bien.

El galeno siguió escribiendo por varios segundos más, para luego juntar los papeles de registro y cerrarlos en el folio.

― Aquí le dejo detalladamente, los cambios en su alimentación ―le extendió la hoja―, puede que al principio sienta que no puede comer demasiado, y sienta pesadez, pero con estas tabletas, su apetito mejorará ―le agregó un frasco con píldoras de un color extraño―, saben un tanto amargas, así que le aconsejo que no las saboree. Y por último… no es algo urgente tampoco, pero le recomiendo mejorar su masa muscular, con ejercicio físico, por lo menos dos a cuatro horas por semana…

La vio caminar al centro de la arena, con una sonrisa en sus labios.

Habían pasado meses desde que pudo tener unos momentos en los que ella centrase su atención en él.

Eso lo emocionaba, al punto de que sentir su piel estremecerse.

Con vestimenta de entrenamiento Taiyō, ella se detuvo frente a él, a unos cinco metros de distancia.

Tenía los pies descalzos, un pantalón suelto que empezaba debajo de su ombligo y terminaba con unos puños apretados en sus tobillos. Y arriba, sus dotes de mujer eran ocultos en un diseño sin tirantes, discreto (demasiado para su gusto) que dejaban expuestos sus hombros, espalda y abdomen, exquisitamente trabajados a nivel muscular.

Él ya lo había dicho antes, pero no podía evitar comparar su aspecto, con otro que no fuese el de la diosa Isis, no… incluso Isis quedaba opacada a su lado.

― ¿Listos? ―inquirió el moderador especial de aquel evento, ya que los nobles no podían tener un duelo entre ellos, sin otro noble que los arbitrase.

El actual y joven heredero, era en esta ocasión, aquel noble.

― Ha…

Fue lo único que expresó ella, mientras movía su cuello de forma brusca, haciendo sonar sus músculos, con un notorio desinterés.

― Sí, estoy listo.

Respondió él, con emoción contenida.

Había estado esperando hace mucho tiempo, que esto se repitiese, como en el pasado.

A metros de ellos, en el lugar de los observadores, los demás de su grupo, lo observaban expectante.

No, celosos tal vez, al saber que solo él era quien tenía las agallas suficientes para enfrentársele en un combate y no tener repercusiones penosas luego.

― Entonces… ¡Adelante! ―emitió Draco, con cierta resignación, desde su palco especial de observador.

Fue entonces que sucedió.

Aunque diferente a aquella primera vez que sintió su poder.

Fue el primero en atacar.

Corrió hacia ella, para luego saltar en el aire y desaparecer a la vista de los mortales normales.

― ¿Hum?

Ann arqueó una de sus cejas.

Con los brazos cruzados, acomodados en su cintura, se limitó a observar hacia arriba, justo donde el otro había desaparecido.

Draco era consciente del poder que tenía su mayor, más le era imposible no preocuparse, al verla pelear, justo con quien, según los años habían demostrado, el guerrero más fuerte de esa generación.

Con su vista privilegiada, pudo observar de donde atacaría este.

"¡A tu derecha, cuidado!" gritó internamente, sabiendo que tenía que ser neutral.

El golpe se produjo de forma certera.

Haciendo un ruido, que incluso estremeció el suelo.

Ann no había esquivado el ataque, y ahora tenía su pierna izquierda chocando con el costado de hombro derecho.

― ¿Por qué no lo esquivaste? ― le preguntó este con confusión, mientras mantenía la pose, y la miraba con ojos desconcertados.

― Porque, no esquivo un golpe que, sé que no me va a afectar ―respondió Ann, con voz apagada, mientras giraba su rostro, para poder verlo de lado―. Pero la verdadera pregunta es… ―descruzó sus manos, para, de forma instantánea sujetar con una de estas, el tobillo de su oponente―, a pesar de que tu pediste este duelo ¿Por qué me atacas conteniéndote? ¿Acaso tus sentimientos hacia mí, te restringen de cierta forma? ¿Oh es que te has vuelto más débil de lo que ya eras? Bueno, solo hay una forma rápida averiguarlo ¿verdad?

Hasani forcejeó para liberarse con éxito.

Saltando un par de metros, como distancia.

― Hum, me encanta cuando te pones arrogante e hiriente, princesa ―soltó con gracias este, al notar que la mirada de su oponente dejaba de ser inerte―, y sobre tu inquietud, ¿Qué puedo decir? Tengo sentimientos encontrados ―sonrió con encanto, alzando ambas manos como si se sintiese descubierto―. Quiero ser el único que se encuentre a tu lado, pero la única forma de obtenerlo es demostrando ser rudo contigo ¿Sabes en que confusión se encuentra mi corazón enamorado? Yo…

Sus palabras fueron cortadas, en ese preciso instante, al mismo tiempo en el que soltaba saliva y aliento, por el golpe imprevisto en su abdomen, producido por el rodillazo de la noble, haciendo que se encorvase, al grado de agachar su rostro al hombro de esta.

― Si ese es tu problema, con gusto haré que tu corazón deje de estar confundido ―le susurró, mientras lo agarraba del mentón, para que dejase de apoyarse en ella―. Y yo no pienso contenerme…

Con ambas manos, agarro su rostro y lo impacto con su rodilla, una, otra y otra vez, durante casi un minuto.

― ¡¿Qué nadie va a detener esto?! ―protesto desde la tribuna, Nagisa, afectado al ver que nadie decía nada y se limitaban a escuchar los golpes y observar la paliza, en la cual Hasani no demostraba querer protegerse, haciendo que su rostro empezaba a cubrirse por completo de su propia sangre.

Draco se limitó a mirarlo con cara aburrida por unos segundos, ante su queja, para luego volver a ignorarlo.

Toshinori, también se mostraba aterrorizado, pero en silencio, ya que el apenas era un principiante en el arte de la pelea.

― ¿En serio? ― siguió reclamando el primero, y al ver que no tenía respuesta, trató de saltar con la intensión de interrumpir aquel acto, que a sus ojos le parecía grotesco.

Pero una mano lo detuvo, empujándolo bruscamente de nuevo a su asiento.

― Si no quieres ver, puedes irte, pero ni se te ocurra intervenir ―le aclaró Hurrem, con molestia, para luego volver a centrarse en la pelea.

Nagisa no podía creer como estaban reaccionando todos.

Fue Akil, quien decidió tranquilizarlo, más que todo porque quería observar la pelea en calma.

― No estoy seguro por quien es exactamente tu aflicción, pero ―hizo una pausa para acomodarse los lentes―, no deberías preocuparte por ninguno de ellos… esto es tan común…

― ¿Común? ―repitió Nagisa, aun confundido.

― Ah, es cierto que, como el campirano nuevo, de ultimo ingreso, es tu primera vez que los ves en esta situación. Hum… que sensibles son los "nuestros" del norte ―expresó Haruka, mientras se venteaba levemente con el libro que siempre traía consigo.

― ¿Que? ¿Esta no es la primera vez que pelean se esta forma? ―dijo angustiado Nagi, mientras trataba de mantener la mirada en aquella atrocidad.

Pero sus mayores, volvieron a ignorarlo, y fue Toshinori quien le explico, con miedo en sus ojos.

― Hum, sí. No es la primera vez que se pelean… es algo aterrador, pensé que ya no seguirían con esto, pasaron un par de años, desde la última vez…

Volviendo al campo de entrenamiento.

Ann se había cansado de repetir los golpes en su rostro, así que lo soltó por los aires, varios metros delante de ella.

― Esto será más aburrido de lo que ya es, si no te defiendes ―protestó, limpiándose sus manos manchadas de rojo, en los costados de la cintura de su pantalón, para luego desenvolver una pequeña barra de chocolate que traía consigo.

Hasani se levantó de forma lenta, del piso al que había caído de forma estrepitosa.

Con los dedos, trató de limpiarse las gotas que cubrían casi por completo sus ojos, pero prefirió primero acomodar su nariz rota, que no dejaba de sangrar.

― Debo admitir que me asombró que me atacaras esta vez en el rostro ―expresó aun con gracia, mientras arrancaba parte de su corto traje de entrenamiento, que era una especie de faldón-short, color dorado, y se limpiaba la sangre que aun restaba en su rostro―. Pero necesitarás más que eso, para alejarme de ti, soy alguien muy persistente.

Dicho eso, soltó aquel paño de sangre, y saltó directo hacia ella, con la intensión de un golpe directo.

Ann esta vez esquivo el ataque, contraatacando al mismo tiempo, a puño limpio.

Pero Hasani lo esquivo, volviendo a atacarla con una serie de puños.

Izquierda, derecha, izquierda, derecha, centro, derecha, costado izquierdo, centro bajo, centro arriba, izquierda.

La combinación de patadas y puños, eran fáciles de esquivar o contrarrestar, pero le impedía devolver el ataque, haciendo que lentamente retrocediese.

― ¿Acaso él está peleando a su nivel? No puede ser…

Murmuró Nagi, asombrado, mientras se levantaba de su asiento y se apoyaba en la barandilla de respaldo, para ver mejor.

― Si, de hecho, si puede hacerlo ―le respondió Hurrem, con una sonrisa molesta en su rostro―, ese maldito, si pudo incluso derrotar a Draco-sama, es el único que puede dar una batalla digna a Lius-sama…

Una de sus patadas logró acertarle, expulsándola un metro atrás, de golpe. Haciendo que sus ojos se abriesen un tanto sorprendidos.

― ¿Oh? No te descuides, o de verdad terminaré haciéndote daño, cariño ―argumentó el Taiyō, mientras aprovechaba la distancia de nuevo, para crear dos clones, tratando de acorralarla más.

― Ve a decirle "cariño" a tu abuela ―protestó Anngelius, siguiéndole el juego, al sacar también dos clones, para emparejar la situación―. Tal vez, esta vez debería lesionarte de forma definitiva, así no volverás a molestarme.

Golpes, patadas, esquivadas… los clones solo duraron minutos.

Pero Hasani había logrado su objetivo planeado.

La sujetaba por detrás, apretando su cuello con ambos brazos, mientras su cabello trataba de envolverse en su cintura, para despojarla del aire que contenía.

― Admito que me alegra saber, que por fin podré ganarte, más siento que es porque te encuentras distraída… ¿Qué es eso que ocupa tu mente ahora? ―le susurró a su oído, mientras esta forcejeaba por liberarse―. ¿Acaso es algo producido por otra person…

― No… no te confíes… de que… ganarás… ―le interrumpió Ann, que, con la oportunidad de un solo impulso fuerte, logró tocar el suelo, pudiendo aplicar la técnica física, volteándolo por encima suyo, con la fuerza de su peso, aventándolo al suelo, de forma seca.

― ¡Agh!

No conforme al tenerle en el suelo, aprovechó que el cabello largo de este, seguía envuelto en ella, ayudándola a suspenderlo en el aire, girando en su radio, para luego mandarlo a volar, cerca de los palcos, donde los otros observaban.

Hasani volvió a levantarse.

Su mirada había cambiado. Una rabia sincera lo cubría.

Parecía que el haberle arrancado parte de su larga cabellera dorada que mostraba con orgullo lo había afectado.

― Oh, creo que tengo un poco de tu cabello aquí, aniki ―bufó Ann, mientras mostraba el enorme mechón de cabello que había desenredado de su cintura―. Dicen que si lo juntas rápido, se vuelve a unir. Te lo devolveré si terminamos esta burda pelea, en este momento ¿Qué dices?

Hasani caminó hacia ella, con una expresión de furia.

Parecía que el duelo había terminado, ya que Hasani extendió su mano, para tener su cabello de vuelta, pero…

― Es como la primera vez… ese sentimiento… llegué a pensar que ya no me harías sentir lo mismo ―expresó este, con voz conmovida, mientras tomaba su cabello mutilado y lo esparcía en el viento, demostrando que no le importaba.

― ¿Ah? No sé a qué te refieres, pero presiento que esto no me conviene, eres más raro de lo que imaginaba.

Y ciertamente, ella no comprendía el efecto que había causado en él, tiempo atrás.

Pero pronto lo haría, aunque no le interesase.

Con pesar, trataba de armar un horario, donde pudiese aplicar los requerimientos que necesitaba para su "recuperación".

Quería acabar con ello, lo más pronto posible.

Suficiente había tenido con que su hermana mayor le hubiese llamado la atención, por el resultado de sus exámenes.

Por más que intentase, no lograba encontrar horas libres para sus entrenamientos extras, sin comprometer sus horas de sueño.

De nuevo, el consejo de Kankuro que le había dado horas atrás, empezaba a rondar su mente.

Pero él se negaba.

La sola idea de tener que trabajar con un asistente, le producía incomodidad.

Ya había hablado con Temari, pidiendo su ayuda, pero esta le había dejado claro, que no ocuparía un puesto tan aburrido.

Si, rechazado a pesar de ser una petición del Kazekage.

Y no se le venía a la mente, ningún asistente confiable, aparte de ella y Kankuro.

Estaba a punto de rendirse por ese día, hasta que una idea cruzó por su mente.

En aquella época donde él todavía era un genin, y su padre desaparecido en batalla, alguien en la aldea, debió haber manejado el papeleo de esta.

Si, lo recordaba perfectamente. El día en que le entregaron su oficina. Era tan impecable y organizada, incluso más que él.

¿Pero quién lo había mantenido así todo ese tiempo?

Los ancianos y sus subordinados, se habían divido las tareas de liderar la aldea, y no sabía quién de ellos se había encargado de esa sección.

Si esa persona aún estaba activa, era posible que sus problemas se solucionasen.

FIN DEL CAPITULO.