CRONICAS DE LA ARENA: LAZOS

CAPITULO 12: AQUÍ NO ESTÁ EL KAZEKAGE.

Había sido un día ocupado.

Tener que mantener una interacción obligada con sus pretendientes la cansaba más de lo que sería trabajar arduamente un día en el hospital.

No solo tuvo que soportarlos desde el desayuno, sino que estos la esperaron parados, observándola en silencio dormir, solo Ra sabe cuánto tiempo atrás, hasta que despertase por sí misma.

Cero privacidad.

Esa era una de las razones por la que vivía afuera de los territorios del clan, todos los días en que no tenía que visitar por compromiso a su harem.

Desayunaron, compartieron compañía leyendo en la biblioteca real, en el jardín real donde todos trataban de demostrar sus habilidades artísticas a ella, aunque a sus ojos solo pareciese presunción.

― Con los ojos cerrados y con un pincel en los pies, podría dibujar algo mejor que esa basura a la que llamas "arte abstracto" ―mencionó con desprecio, a Hasani y su cuadro de pintura que mostraba una especie de magma verde con azul deforme―, se supone que un artista debe expresarse mediante su arte… decir que "el observador puede sacar su propia conclusión de lo que es o no" me es una excusa estúpida para camuflar la falta de talento genuino y pereza del creador. Sino no puedes crear una idea absoluta, mejor no crees nada, es como botar parte de tu esencia en la incertidumbre…

Pasó de su cuadro para seguir observando a los otros presentes.

Hasani se quedó en silencio, al igual que sus compañeros, que desviaron rápido su mirada al notar que este primero parecía hervir en furia contenida.

― Míralo… se ha puesto rojo, parece que va a explotar en cualquier momento ―le murmuró Toshinori a Nagisa, quien se encontraba a su lado―. Es agradable ver cómo le bajan su altanería sin miedo…

Nagisa, al notar que el furioso los había escuchado, nervioso puso su dedo índice en los labios como señal de silencio.

― Y tu ¿Qué se supone que es eso? ― Ann aun con molestia, se acercó a ellos, luego de haber visto a los otros y sus piezas de arte dedicados a ella―, acaso es…

― Hum, es un gatito ―respondió Toshinori con entusiasmo casi infantil, agarrando el cuadro entre sus manos, para mostrárselo mejor―, supuse que te gustaría el dibujo de uno, al gustar de ellos…

Ann lo miró con desconfianza, tanto a él como su cuadro.

― ¿De donde has sacado que me gustan los gatos? ―soltó aun con seriedad.

― Eh… bueno… yo… ―titubeo este, para luego deducir de forma apresurada que se había equivocado―. Me disculpo ¡Nagisa! Fue Nagisa quien me mintió diciendo que usted gustaba de esas bolas de pelo, a mí la verdad, no me gustan, sueltan mucho pelo… ―terminó exponiéndose casi a lágrimas, tratando de evitar un castigo imaginado en su mente.

― ¿Nagisa? ―la rubia dejó de prestar atención al niñato llorón, para mirar al mencionado con un ligero asombro―. Ah… tu… se me había olvidado tu nombre ―lo miró de forma examinante, como si lo escanease con la mirada―. Eres el que viene de la división del norte ¿no? El ultimo hermano menor de los gemelos sub lideres…

― Si, ese es mi nombre, Ann-sama. Makoto-sama y Mikoto-sama son mis hermanos mayores ―reaccionó Nagi, mientras que con nerviosismo se inclinaba levemente a forma de respeto al tenerla tan cerca como nunca antes la había tenido. Estaba tan cerca de él, que podía sentir el perfume de sándalo y almizcle que esta llevaba, y se introducia salvajemente por sus sentidos, poniéndolo mucho más nervioso.

― ¿De dónde sacaste que me gustan los gatos? ―refutó Ann, mirándole con cierta intimidación dibujada en su rostro―. Y será mejor que respondas con la verdad, si noto que mientes, te arrancaré los brazos, no… mejor haré que le arranques los brazos al mocoso, ya que pareces ser alguien sensible, y eso te produciría más sufrimiento…

Toshinori palideció para luego aferrarse a otro de sus compañeros en busca de consuelo ante su incierto futuro.

Pero todos los demás miraban en silencio.

Extrañamente, Nagisa no se veía preocupado.

Mas, al contrario, dibujó una ligera sonrisa en su rostro.

― Cielos, princesa, no bromee con esas cosas, terminará asustando a todos ―expresó con soltura, mientras ligeramente posó su mano en uno de los hombros de la Taiyō, en una palmada, siendo más específica―. Sobre lo del gato, hum… ―se detuvo, mientras se llevaba una mano al mentón como reviviendo un recuerdo, mirando al cielo por un instante―, al principio no estaba seguro, porque siempre hay gatos andando por el palacio, en las recamaras y salones, pero, un par de veces, mientras arreglaba el jardín cercano al harem, pude notar que usted se detenía a acariciar a todos los gatos que habían recostados cerca. No todos en el clan hacemos eso… muchos piensan que siendo ellos hijos de Bastet, no podemos siquiera tocarlos a no ser que ellos sean quienes se acerquen…

― ¿Acaso estas admitiendo que a ti también te gusta jugar con los gatos?

― Hum… si, en el norte ya no guardamos ese tipo pensamiento, nos encanta adular a nuestras mascotas. Incluso tengo uno propio, se llama Meneses, es bastante viejo y un tanto gordo, pero es una ternura, me hubiera gustado traerlo conmigo a la aldea, pero el viaje sería muy duro para él…

Nagisa siguió hablando sobre su gato y el cómo le había mencionado a Toshinori, pero sin mala intención, que había descubierto que Ann-sama parecía tener un apego similar a esas criaturas tan elegantes que eran los gatos.

― Ese muchacho es hombre muerto… ―murmuró Hurrem, mientras seguía tallando en silencio, el pedazo de mármol que trabajaba para su pieza de arte que daría como presente.

― Espero que si lo sea ―agregó Akil, quien se encontraba tallando a su lado, pero en un modelo de madera―, Nagisa puede ser alguien amable, pero… ¿Cómo se atreve a tocar a Ann-sama de manera tan confiada? No me molestaría que le arrancase los brazos…

― ¿Oh? Cuanto celo puedo escuchar entre ustedes dos ―añadió Haruka, quien se había levantado de su asiento, ya que el arte que tenía para ofrecer, era un libro que ya había terminado de escribir y sostenía en un brazo.

― Claro que estamos celosos ¿tú no lo estas acaso? ―refutó Hurrem, mirándolo con molestia, al igual que Akil.

Haruka no era de muchas palabras, y no pensaba responder aquella pregunta.

¿Qué si estaba celoso? Al igual que la mayoría de ellos, había sido criado con el pensamiento de amar a la princesa como único propósito en su vida.

Estaba ardiendo de celos, pero no era tan expresivo como ellos, y no pensaba mostrarse tan endeble.

Volviendo a centrar atención a la Taiyō, esta no reaccionó de tal forma esperada al actuar de Nagisa.

― ¿Meneses? Es un nombre muy original para un gato, me hace imaginarlo de color gris medio con manchas blancas y cara medio graciosa…

― ¿Oh? ¡Meneses es justamente así! Es increíble como lo pudo deducir ―emitió con asombro y alegría Nagi, sacando desde sus vestiduras una foto donde salía abrazando y cargando a su gato―, es tal como lo describe, gracias por el cumplido…

Ann siguió mirándolo con seriedad, aunque su rostro se tornó más pasivo.

"Esa sonrisa".

Una extraña sensación se produjo en su mente al ver a tal muchacho sonreírle sin una pizca de miedo en su rostro, era… raro.

― No trataba de darte un cumplido, pero si prefieres verlo de esa forma, adelante ―expresó con sinceridad, para luego volver a centrarse en su rutina y papel―. ¿Qué has creado para mí? ―refutó al ver que este no tenía nada a su alrededor.

― Es cierto, lo siento, pero yo preparé algo distinto ―el rubio volvió a inquietarse, mientras un extraño colorete inundaba sus mejillas―, espero no ser tan atrevido, pero ¿podría tener su atención completa por unos minutos? Aunque… estas partituras serán escuchadas en público por primera vez, así que entendería si no llega a agradarle…

― Esta bien. Pero deja de dudar. Seré yo quien decida si me agrada o no ―inquirió Anngelius, mientras tomaba asiento en el sillón de jardín de aquel lugar.

Los demás también se quedaron en silencio expectantes.

Fue entonces que sacó el pergamino que celosamente había ocultado, para extenderlo e invocar lo que necesitaba.

― ¿Un piano? ―murmuró Toshinori, quien parecía haber olvidado el miedo de hace minutos y se sentaba en el espacio libro de la banca donde se encontraba sentada la Taiyō.

Nagisa tomó asiento en el taburete y se acomodó para empezar a tocar.

"Hey, sólo un poco más, yo solo quiero que escuches un poco más…"

Comenzó a cantar con su voz, un tanto temblorosa por los nervios de ser observado, mientras tocaba una dulce y calmada tonada.

"Hey, solo un poco más, yo solo quiero ser egoísta un poco más…"

Ann levantó leve sus cejas, al notar que su voz tomaba confianza al grado de dominar el ambiente de aquel lugar.

"El momento que estaba en mis manos, parece que fuera a desaparecer ¿así que podría decir algo?"

La expresión concentrada de Nagisa cantando, se tornó más luminosa, ya que se iluminaba con una sonrisa tímida en sus labios, para luego fijar su mirada en ella, como si los demás no estuviesen presentes.

"Con que simplemente estés aquí, mi mundo cambió, solo mira el monótono paisaje, se ve tan vivo"

Su voz sonaba tan dulce, pura y tranquila que cualquiera que no lo estuviese viendo en vivo, creería que proviniese de una dama. Una dulce y enamorada alma.

"Estábamos caminando agarrados de las manos y antes que los supiéramos tuvimos que separarnos ¿crees que somos una buena pareja?"

Internamente, los demás empezaron a rabiar al escucharlo, mientras unas notorias venas se creaban en sus frentes.

Pero eso no impidió que Nagisa siguiese concentrado en su canción, con cada suave tonada, de las teclas que tocaba sin ver, demostrando que tenía un nivel avanzado con tal instrumento.

"Eso fue lo que le pregunté al cielo, pero sonrojado este me dijo que no era el indicado para decirlo, que le preguntara a quien había caminado a mi lado, para luego ocultarse avergonzado en el horizonte…"

(NOTA: La canción que canta Nagisa es "Aishiteru" de Kourin)

Con un par de tonadas más, terminó su canción, fijando de nuevo su mirada en sus manos, demostrando su pena aun en sus mejillas.

― Eso es todo lo que tengo ahora, no es una canción completa, así que entendería si no es de su agrado ―expresó siendo presa de sus nervios que volvían a apoderarse de sus acciones.

― ¿Pero qué insulto es este? ¿Cómo te atreves a presentar algo incompleto a la princesa? ―se quejó primero Hasani, ante su anunciado.

― ¿Ah?

Nagisa se preocupó al escucharlo, entreabriendo los ojos.

Los demás, también empezaron a comentar indignados, y con celos camuflados.

― Cierto, ¿Acaso viste que yo presente mi gato a medio dibujar?

― Y nosotros, no presentamos hasta ahora nuestro arte, porque a pesar de estar terminados, queríamos pulirlos para ser dignos a los ojos de Ann-sama. Debería darte vergüenza.

― Incluso yo, escribí este libro de forma completa, siendo una historia completa…

Todas esas palabras hicieron que Nagisa perdiese la luz de su rostro, intimidándolo más.

Pero, el ser más importante para él, no había hablado al respecto.

La miró expectante, más notó que esta tenía la mirada perdida, como si su mente estuviese en un lugar lejano, ajeno a ellos.

Fue por el bullicio quejoso de los otros, que reaccionó. Mirándolo de nuevo a los ojos.

Para suerte suya, su mirada no mostraba desaprobación, más si una leve confusión.

― No ha estado mal ―dijo directa, para luego levantarse con la intensión de seguir con su rutina obligatoria―, pero… cuando termines de escribirla ―se detuvo en su andar, volviéndolo a mirar―, no me molestaría escucharla de nuevo.

Nagisa volvió a sonrojarse ante tal pronostico inesperado.

― ¡Si! Prometo que será la primera en escucharlo completo ―soltó con devoción, para luego unirse a ellos.

El día ya había llegado a su mitad.

Al ser seis miembros y tener doce horas con ella, cada uno era libre de escoger una actividad de dos horas.

Todos habían pensado en actividades grupales donde todos pudiesen participar, bueno casi todos a excepción de Hasani, que pidió las dos horas que le correspondían para pasarlas solo con ella, en entrenamiento.

Las dos horas más afligidas y molestas para la mayoría. Donde Hasani demostró ser alguien masoquista, al disfrutar ser maltratado.

Un dolor producido por la resaca, la despertaba de nuevo, junto con el insoportable ruido de su alarma.

Tambaleante, caminó hacia su baño, cayendo en la regadera, para abrir el espesor de agua a duras penas.

― Uhm… ―gruñó, mientras el agua empezaba a mojarla con pijama y todo, sentada en el suelo.

El día anterior había sido bastante molesto, pero casualmente, en la noche de esta, una de las fiestas de fin de semana se celebraba y pensó que se quitaría el malestar participando en ella.

Al principio solo bailó y bailó, ignorando que casi todos la tenían como centro de atención.

Bailar de alguna extraña forma liberaba una parte de ella que no conocía el malestar.

Era como si su alma se desprendiese de todo pesar terrenal que hubiese vivido o cargado.

Para ella esa era su definición de cielo. Un cielo efímero que la desataba, aunque por un poco tiempo, del infierno que sentía que tenía como vida.

La fiesta llegó a ese punto en que todos parecían estar sincronizados en la misma locura, donde no importaba si te empujasen, lo único necesario era seguir bailando y evitar que otro te tumbase.

Una bebida dorada, dulce y embriagante por su contenido en alcohol, era lo que todos ahí consumían.

Solo se retiraban cuando estaban a punto de sentir que se desmayaban, demostrando al final que solo quienes tenían mayor resistencia podían seguir disfrutando.

Pero sus fiestas tenían cierta diferencia con la de los normales que habitaban detrás de sus murallas doradas.

La violencia o peleas estaban prohibida, no habían tenido un infractor de esta regla en casi más de veinte años. Nadie podía meter sus problemas personales en un lugar como ese.

Tampoco el erotismo estaba permitido. Ya había un tipo de fiesta de cortejo aparte, que cumplía el objetivo buscado, pero solo aplicable en personas sin compromisos que buscaban encontrarlos.

A pesar de parecer un clan "liberal" por su estilo a favor de las fiestas continuas, lo cierto es que tenían un sistema muy estricto sobre la familia y las relaciones. Traiciones como la infidelidad se pagaban con la muerte o mutilación, dependiendo la gravedad. Y quienes mantenían una relación amorosa de forma oculta, al ser descubiertos eran castigados en público con azotes, en la plaza central del clan, y dejados allí varios días y noches, para terminar de pagar la deshonra que cometían, frente a los ojos de Ra. Solo podías tener un primer y único amor, que se convertiría en tu sol y con el cual formarías una familia por el resto de la vida. Por eso era importante conocer y elegir bien al pretendiente.

A los ojos de cualquiera que no perteneciese al clan, esto parecía algo extremista, pero con este método, los Taiyō no contaban con una clase baja, ninguno de sus miembros conocía lo que era tener hambre o una familia disfuncional. Tenías una vida clásica, donde tenías deberes con tus hermanos menores y tus padres eran tus mayores guías. Heredando no solo su mapa genético, sino también su trabajo, que continuarían una vez estos se jubilasen. Aunque también se podía cambiar de profesión, siempre y cuando lo intercambiasen con una familia de otra sub sección. Incluso ser un sirviente del palacio era un buen trabajo, bastante codiciado, al poder estar en contacto con la nobleza, la descendencia del dios que los mantuvo vivos en un oscuro y lejano pasado. Incluso a pesar de que muchos perdiesen a su familia completa por las guerras externas, un factor que el clan no podía dominar, al estar vinculado a la aldea oculta entre la arena, nuevas familias se formaban para evitar el menor daño posible en su organización. Era un método rígido y sacrificado, sí, pero eso los mantenía entre los cinco clanes más poderosos de la tierra.

Solo la familia real, era quien tenía un trato más privilegiado. Su linaje debía prevalecer por encima de cualquier otro, lo cual fue el origen de los harems, ya que incluso Ra cuando bajó a la tierra tuvo uno, a pesar de haberse casado con la Diosa Isis, y siendo una petición de esta última, al notar que su vida mortal no sería suficiente para tener todos los hijos que su imperio necesitaba. Se rumoreaba que incluso por el primer harem que se formó, fue que nacieron las sub secciones y sub líderes, donde Ra repartió sus poderes entre estos otros descendientes.

Los miembros de esta línea, aparte de tener su harem escogido, tenían el derecho de pedir como su propiedad a cualquier otro miembro del clan que deseasen.

En la actualidad, que esto último pasase era muy improbable, pero en el pasado, fue algo que generó muchos conflictos, ya que los antiguos antecesores eran mucho más orgullosos y exigentes.

Giró boca abajo, en el suelo frio de la ducha, mientras el agua la hacía reaccionar, quitándole también ese olor dulce y embriagante que delataba que había bebido en exceso.

Un dolor moderado conquistaba su cabeza, todo indicaba que su cuerpo se estaba volviendo más tolerante al alcohol.

Pero eso no era lo que más le molestaba.

Había llegado a su hogar a dormir enojada.

Solo pudo disfrutar bailar unos minutos, para que luego "los estorbos" en su mayoría, insistiesen a bailar con ella.

Ella odia bailar acompañada de alguien.

Consideraba que el placer del baile se llegaba a disfrutar más, experimentándolo a solas.

No había nada mejor que moverte a tu propio ritmo.

Era sentirse como una pluma de ave volando en el viento.

Era libertad.

Era alegría.

Bailar con alguien, era incomodo, sufrido, restringido y una pérdida de tiempo.

Eso era lo que pensaba ella.

En lo que creía fielmente.

La única manera de bailar con alguien, era en un duelo. Ya que se agregaba el placer de la competencia. Era como una batalla más.

Lástima que no había disfrutado casi nada el haberle golpeado a ese cretino que exigió entrenar con ella por dos aburridas horas.

No podía comprender como los hombres podían ser tan estúpidos al actuar.

Tampoco era algo que le interesase resolver o encontrar respuestas.

Hombres y mujeres…

Todos eran patéticos a sus ojos.

Con la mente más despejada, gracias a la reacción del agua fría, se levantó y terminó de ducharse para otro día de lo que llamaba "esclavitud física y emocional consensuada".

¿Había algún día en el que no amanecía odiando al mundo?

No, desde hace mucho.

Pero había días en que lo odiaba más que otros.

Estaba camino a su habitación, para cambiarse, con solo una toalla en su cabeza, cuando se dio cuenta que no estaba sola en casa.

― ¿Que hacen acá? ―expresó sin siquiera detenerse a mirarlos―, ya les dije que mientras no los necesite, deben mantenerse en los dominios del clan…

Ágape estaba en su propio mundo, sentada en el suelo, jugando con una especie de muñeca rara, que posiblemente se había traído del clan a ocultas.

Pero Eros estaba con una expresión preocupada, sentado en el mesón de la cocina que se encontraba adjunta a la sala y comedor.

― Esos tipos… debiste pasarlo mal, ayer… si tan solo me dejaras dañarlos ―dijo con voz molesta, mientras descruzaba los brazos, para levantarse y caminar hacia ella.

― ¿Draco te ha mandado? ―le respondió, mientras abría su armario y sacaba el atuendo que usaría todo el día, comenzando con su camisa azul, dejando caer su toalla al suelo―. Es cierto que se mostraba preocupado estos últimos días. Mas no hay nada que podamos hacer… debemos cumplir con la ley. Si mandara a deshacerte de ellos, aparecerían otros nuevos, sería un acto inútil.

― No nos ha mandado él. Vinimos por nuestra cuenta ―esta vez respondió Ágape, quien había dejado su juguete, para pararse frente a ella y mirarla a los ojos―. Observamos todo anoche… incluso cuando ese mastodonte al que le arrancaste su cabello, intentó juntar su rostro con el tuyo…

Ann se detuvo por un segundo, en abotonarse el ultimo botón, al escucharla.

Parpadeó lento, como si un recuerdo olvidado, volviese.

― Ah, recuerdo algo de eso. No es la primera vez que alguno de ellos lo intenta.

Se abotonó por completo la camisa, para luego ponerse tres capas de ropa en las piernas y amarrarse las botas.

Los otros dos se quedaron en silencio, al ver que ella no parecía afectada, y mantenía la misma postura molesta de todos los días.

― Como sea, debo irme ahora. Será mejor que vuelvan al clan, aquí no tienen nada que hacer…

― Yo, necesito una nueva canción ―exigió de forma directa, el rubio, con un aire de exalto.

Ann extendió su traje azul en el aire, para poner sus brazos de forma ágil.

― No, ya les dije que tienen que, si quieren seguir fingiendo que son dos humanos normales, deberán a aprender a hacer todo por su cuenta, incluyendo las letras de sus canciones.

―Pero…

― No me molestes con tus fallas. ¿No que quieres ser independiente de mí? Empieza creando algo por tu cuenta.

Dicho eso último, se puso encima su túnica bordó, para caminar hacia la puerta que daba a la calle.

Eros solo se limitó a apretar los puños, para luego adelantársele, empujándola de costado, para salir primero, haciendo que la puerta sonara con fuerza, al chocar contra la pared.

― Mmm… se ha ido de nuevo sin mi… ―mencionó triste Ágape, quien había recogido su muñeca y tenía una clara intención de seguirlo―. Oye… ¿en serio estas bien? Como que amaneciste más gruñona que de costumbre…

― Deja de hablar tonterías y largo, debo cerrar la puerta ―protestó la rubia mayor, mientras la halaba hacia fuera, cogiéndola de un brazo―. Las casas aquí, no son como el clan. Si no aseguras, puede que cuando vuelvas, encuentres tu casa vacía…

― Oh… ya veo, pero no tenías que ser tan brusca ―se quejó la niña, mientras se acariciaba el brazo tocado―. Por cierto, tengo otra pregunta más, antes de que te vayas…

― Ya me estoy yendo, será luego… ―sentenció, empezando a caminar con rumbo al hospital, en las calles aun desiertas por la hora temprana.

― No, pero yo quiero saber ahora…

Esta última le siguió por más de una cuadra, abrazando su muñeca, insistiendo que la escuchase, caminando a su lado.

― Bien… pero pregunta rápido y directo.

― Yo… ―dijo la mini rubia un tanto dudosa, al parecer por no saber cómo expresarlo―, ¿yo porque no tengo esas dos cosas que te cuelgan adelante?

La Taiyō mayor se detuvo, un tanto intrigada por tales palabras.

― ¿A qué te refieres con "esas dos cosas"? ―repitió con el presentimiento de saber tal vez a que se refería, pero quería asegurarse.

― Pues a esas dos bolas de carne uniforme y asimétricas que tenías a la vista, antes de cambiarte ―se explicó con ingenuidad la de las coletas, mientras apuntaba en dirección a lo que mencionaba―. Tu y yo tenemos la misma edad ¿no? Eso nos dijiste cuando te lo pregunté la otra vez, pero… ¿yo porque no me veo como tú? Mira, soy bien plana…

Soltó la muñeca en el suelo, para levantarse el vestido y mostrarle su desnudo cuerpo, en esa zona en específico, con una pura intensión.

― Hum… no lo sé, todavía no estoy consciente de cómo funcionan ustedes ―se le acercó para tener una visión más precisa, y verla con un ojo clínico―. Es cierto que estas bien plana, supongo que aún no has entrado a la etapa hormonal adolescente…

― ¿Entonces estoy destinada a ser plana? No es justo que solo tu tengas esas dos cosas ―se volvió a bajar su vestido, para apuntarla―, mírate, son tan enormes que se notan incluso cuando están tapadas―terminó diciendo mientras se le acercaba más, para tocarlas con curiosidad, aprovechando que su túnica no estaba cerrada―. ¿Son tan blandas como parecen?

Ann volvió a mostrarse enojada ante el momento que le parecía incómodo.

La detuvo agarrándola de ambas manos.

― No, existen más grandes ―respondió tratando de controlarse en estallar―, y si son blandas, pero estorban demasiado. Si pudiera quitármelas sin consecuencia lo haría. Y…

― ¿Eh? Que… ¿Qué estás haciendo?

Ágape fue levantada por completo del suelo, por los hombros.

― Y ni se te ocurra volver a intentar tocarlos ―sentenció la rubia, con una mirada que ella conocía muy bien―. Ahora, a volar.

Dio una vuelta en su propio eje, a modo de impulso, para expulsarla por los aires, en dirección a donde se había escapado el otro. Muy lejos de una vista normal.

Ágape no tuvo tiempo ni de gritar.

Se sacudió las manos al ver que se había librado por fin de esos dos.

Volviendo a retomar el paso en el camino a su trabajo.

Sin el menor presentimiento de que otro día molesto estaba recién empezando.

FIN DEL CAPITULO.

NOTAS DE LA AUTORA.

Hola croniqueros!

Siento la tardanza en actualizar, espero hayan tenido un buen fin y comienzo de año.

Sé que he estado descuidando mucho esta historia, y la verdad es que es un poco a propósito, ya que no quiero avanzar sin los clásicos dibujos que agregaba. Es parte de la esencia de esta historia, y yo, como creadora y primera fan de la misma, en verdad deseo mantener el formato.

Incluso estoy practicando más en dibujar, para que llegue el momento en el que pueda crear yo misma una escena digna de la trama.

En otras noticias, justo mañana miércoles, tengo una entrevista de trabajo ¡al fin una! Así que recen por mí. Si todo sale bien, incluso volvería a contratar al dibujante que me ayuda con esto.

Oh, también deseo que, si están pasando por una situación parecida, pronto puedan mejorar vuestra situación.

¿Nos leemos en el próximo capítulo?

Bye bye.