CRONICAS DE LA ARENA: LAZOS

CAPITULO 16

Respiró de forma profunda por última vez, para terminar su calentamiento, extendiendo sus brazos hacia delante en posición de ataque.

A metros, Ann lo miraba con cierta curiosidad, parada de costado, con las manos ocultas en los bolsillos de su pantalón.

La emoción de Shira, se desvaneció de su rostro para ser reemplazada por una seria.

A la distancia, el Kazekage los observaba expectante.

― ¡Empiecen! ―fue la única palabra que soltó, siendo el único juez y espectador del duelo.

Entonces Shira empezó a correr hacia la Taiyō de forma directa.

― ¿Hum? ¿En serio piensa atacarme de frente? ―pensó Ann, sin inmutarse, mientras entrecerraba los ojos con cierto aire de decepción―. Tal vez sea fuerte, pero su actuar es muy de novato…

La idea de cancelar el acto, estaba a punto de salir audible por su boca, cuando fue interrumpida.

¡Puummm!

El cenizo había aumentado su velocidad al estar a solo un par de metros de distancia, para desaparecer de su visión.

Ann agudizó su enfoque hacia los costados, ya que eran los lugares donde solían atacar por obviedad a usar el aumento de velocidad.

Sus ojos se entreabrieron al sentir el golpe inesperado.

No había logrado escuchar el ruido de donde provenía el ataque, y cuando por fin pudo sentirlo, apenas pudo contrarrestarlo usando su brazo como escudo, provocando un ruido estridente.

De no haber sido por su buena velocidad de reacción, sin duda le hubiera golpeado de forma limpia.

Fijó su mirada en el tal cenizo, que se había decidido en seguir atacándole de frente, pero cayendo del cielo, obligándola a retroceder uno de sus pies para mantener el equilibrio y no derrumbarse por el impacto del choque.

Shira aprovechó su posición para girar y saltar, volviendo a atacarla ya en el suelo, con un combo de patadas dirigidas en secuencia con la intensión de tumbarla.

Mas Ann logró esquivarlas, aunque de forma muy instantánea, obligándola a mejorar su visión ocular, al notar que el sonido no estaría a su favor.

― Oh… al parecer el Kazekage no mentía al elogiar tu estilo de pelea ―soltó apenas se distanciaron―. Empiezo a emocionarme.

Shira dibujó una sonrisa.

Si había algo que le agradaba, era recibir encomio de las personas que admiraba, como el Kazekage y…

― Uhg…

― No te confíes ―le dijo casi en un murmuro, la Taiyō, ya frente a él, con la mirada fiera y su puño casi incrustado en su vientre.

― Jamás… lo hago… ―le respondió este tratando de mantener la compostura y manteniendo el pulso ante la presión, ya que justo había logrado agarrar su puño con la mano, pero esta había logrado golpearlo a pesar del contraataque.

Con su brazo libre, la agarró del hombro, para aventarla por los aires y recuperar la distancia que necesitaba para recuperarse.

Pero apenas la vio en el aire esta se deshizo, lo cual significaba que solo había sido un…

― Tienes una buena técnica, pero tu vista aun necesita mejorarse ―la voz de la Taiyō se escuchó desde detrás, a sus espaldas.

Shira volteó rápidamente, para prevenir el ataque que estaba seguro que vendría.

Mas no fue así.

― Libera todo tu poder, ahora.

― ¿Eh? ―expresó Shira con asombro ante su petición.

― ¿Por qué te asombras? Es obvio que debes tener una buena técnica, al grado de que desees compartir puños conmigo en una batalla ―siguió hablando la Taiyō al notar su silencio―. Cuando dije que iría en serio, no mentí. Pero si te atacó en tu condición actual, podrías no vivir para contarlo…

― Jajaja ―Shira le respondió con una risa placentera.

― ¿Acaso he dicho algo gracioso? ―agregó Ann, entrecerrando el ceño.

― No, por supuesto que no… perdóneme, pero mientras mas interactuó con usted, más confirmo mis sospechas, sobre los rumores que rondan hacia su nombre.

― ¿Qué tratas de decir? ―expresó la rubia, empezando a molestarse.

― Dicen que usted es igual de bonita que engreída… ―soltó sincero el cenizo―. Que tiene mal carácter y es insoportable… pero creo que eso lo dicen por que solo la juzgan por su apariencia y el modo en que la conocen… ―empuñó sus brazos, abriendo su técnica principal, para quedar cubierto de una ligera aura dorada, que provocaba cierto efecto antigravedad en su cabello.

Entonces procedió a correr a su dirección.

Su velocidad era tan rápida, que Ann no pudo sentir el ruido de sus pisadas, y si bien tuvo tiempo para reaccionar y poner pose defensiva, esto no fue lo suficiente para…

Pum.

Un golpe estruendoso sacudió el lugar.

Shira en el ultimo instante, cambió de dirección, optando por atacarla de costado, con una patada en forma de torbellino.

Aunque había doblado su brazo a modo de protección, pudo sentir la fuerza del golpe recorriendo sus músculos y además…

Entreabrió los ojos al notar que su mano libre se encontraba tocando el suelo.

El golpe había sido lo suficientemente fuerte para que su cuerpo se doblase a modo de apoyo.

― Tú…

Fue lo único que logró articular, mientras todo gesto amable desaparecía de su mente.

Cerró los ojos, para volver a abrirlos y dejar que estos se tornasen de un notorio delineado oscuro.

Intentó tomarlo del pie que empujaba su brazo, pero el cenizo reaccionó, retrocediendo.

Pero ambos corrieron del golpe frente al otro.

Sus puños chocaban al grado de crear un impacto atmosférico y ráfagas.

El viento de la pelea llegó a hacer bailar el rojizo cabello del Kazekage, quien observaba a una distancia prudente, con los brazos cruzados y una mueca agradable en su rostro.

Un día atrás, no tenia ni idea de que sucedería este encuentro, mas la llegada de Shira a la aldea y su petición al mencionar el tema de forma inesperada para él, provocó tal resultado.

Solo deseaba que no durase mucho, ya que no seria favorable para Shira, tener lesiones visibles, estando su boda tan…

La presencia de alguien presentándose a sus espaldas, lo sacó de su pensamiento.

― Gaara-sama…

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Ambos se golpearon de forma directa en el rostro.

Saltaron hacia atrás de nuevo, para volver a enfrentarse.

Sus piernas chocaban produciendo un ruido de batalla antes los golpes.

― Ha sido divertido, pero ya va siendo hora de acabar con esto ― expresó Ann, mientras extendía sus manos con la clara intensión de liberar más poder.

― Lo mismo opino, por favor, atáqueme sin remordimiento ―le respondió Shira, con entusiasmo en sus palabras, al igual que ella, poniendo una pose de defensa.

Sabia que estaba a punto de llegar a su límite, con la técnica de las puertas del cielo.

Ann corrió para luego dar un salto al aire, donde soltaría una técnica nueva que había deseado probar en batalla.

Pero el destino tenía otros planes.

― Es suficiente. Deténganse ―expresó el pelirrojo, apareciendo rápidamente entre medio de los dos.

Ann trató de reaccionar, pero fue aprisionada por una enorme garra de arena, que el pelirrojo creó al notar que sus palabras no serían suficiente.

Al contrario de Shira, que, tras escucharlo, bajó la defensa.

― ¡¿Qué demonios Kazekage?! ―se quejó molesta la Taiyō ante su intervención―. ¿Me traes para pelear y ahora me detienes?

― Sabia que esto solo era un tipo de duelo amistoso, no se lo tome demasiado en serio ―trató de calmarla Gaara, aun teniéndola presa en su garra de arena.

― ¡Me importa un rábano si esto era algo solo amistoso! ¡No puedes interrumpirnos así! ―siguió vociferando esta, mientras forcejeaba para liberarse, ya en un estado normal.

Pero sus quejas se detuvieron al notar que detrás del pelirrojo una presencia pequeña se encontraba hablando con Shira.

― ¿Por qué no me dijiste que vendrías a pelear con esta persona? ―la voz de la chica se escuchaba entre quebrada, casi al borde del llanto―. ¿Qué acaso no te preocupa cuidar tu cuerpo? Sabes que tus lesiones podrían afectarte…

― Lo siento, Yome… ―Shira le respondió avergonzado, mientras se sentaba en el suelo, como alguien que recibe una reprimenda de alguien superior a él―. Caí en la tentación, al presentarse la oportunidad… solo… quería probar mi fuerza una vez más.

Gaara liberó a Ann en silencio, para que ambos observaran algo incómodos tal situación a los metros.

― Oye Kazekage, ¿quién demonios es esa enana que parece tener tanto poder ante Shira?

― ¿Enana? Eso no es muy cortes, Ann-sama.

― ¿Pero eso es no? Una enana.

― Su nombre es Yome, es la futura esposa de Shira ―respondió el pelirrojo algo resignado ante su negación a los apodos―. Parece ser que Shira no fue muy sincero y me pidió este regalo de bodas adelantado, a espaldas de su futura esposa…

― ¡¿Futura esposa?! ― dijo asombrada Ann, para luego observar a la pareja discutiendo a lo lejos, con cierta curiosidad―. Bueno… supongo que los buenos hombres no pasan mucho tiempo en el mar, así que no sé por qué me asombro… Es fuerte, atractivo, extrovertido, agradable… justo mi tipo… es una pena para mí… ―terminó diciendo esto último, casi a murmuro, como si pensase en voz alta.

― ¿Los tipos como Shira son su ideal? ―se animó a preguntar el rojizo, al notar una expresión que desconocía en ella.

― Si ¿Por qué lo preguntas?

― Simple curiosidad. Ahora que lo dice, eso explicaría por qué gusta de Kankuro.

― Gustaba, tu hermano es agua pasada, Kazekage ―le corrigió―. Resultó ser un mentiroso introvertido, como la mayoría.

Gaara no supo como responder ante tal confesión.

¿Debería contárselo a Kankuro? El aun parecía estar interesado en ella, aunque lo disimulaba bastante mal.

Afortunadamente, la pareja que tenían frente suyo, los interrumpió.

Shira se inclinó ante ambos, a modo de disculpas por lo que habían tenido que presenciar. Mas aprovechó para presentar formalmente a Yome como su prometida ante ellos.

Esta aun poseía la estatura baja y pecas en las mejillas, de su época como chunin, pero ahora sus colitas habían desaparecido y llevaba un peinado de trenza abultada detrás.

Saludó a Gaara con el respeto que todos en la aldea le mostraban, mas mostró cierta preocupación al ver a Ann.

― Señorita Ann, se que esto sonará incomodo, pero usted no se enamoró de mi Shira ¿verdad? ―soltó esta con notorio celo en sus ojos.

― Yome, por favor, no digas eso, yo solo tengo ojos para ti, me insulta que pienses eso a horas de nuestra boda ―le interrumpió Shira apenado ante su osadía, observándola no solo a ella, sino también las caras impactadas de los superiores―. Gaara-sama, Ann-sama sus palabras son solo parte de su nerviosismo de novia. Por favor, discúlpenla.

― Ah… está bien.

― Si… y descuida, tu prometido es atractivo, pero no pienso quitártelo o algo parecido, yo también estoy comprometida…

Se limitaron a decir estos, ante lo incómodo que seguía el asunto.

Shira volvió a agradecer y disculparse una vez más, para luego partir primero junto con Yome.

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La nieve era tan espesa que sus botas se hundían con cada paso.

Podía sentir con cada respiración como el aire congelado entraba en sus pulmones, y su aliento que escapaba de la nariz casi podía congelarse en el aire.

Su capa estaba congelada y de un color casi tan blanco como la nieve.

¿Por qué demonios se había escondido en un lugar así?

Maldito hombre, pensó, siempre tan difícil de comprender.

Sin duda su bastarda había heredado eso de él.

Un ser a caballo que la divisó a la distancia, se le acercó sin miedo, para detenerse frente suyo.

― ¿Qué hace una mujer como tú, en un lugar tan horrible como este? ―le habló directamente, con malicia en sus ojos al descubrir su apariencia―. Yo haré qué…

Sus palabras se detuvieron al sentir un dolor profundo.

Se llevó la mano a su estómago, el origen del dolor, para descubrir sangre.

Sus entrañas se vaciaron, al igual que la bolsa de monedas que había hurtado a desventurados viajeros que habían corrido la misma suerte gracias a él.

El caballo corrió a la deriva, mientras su jinete pintaba el suelo de rojo, al igual que los cabellos que salieron de su capucha.

Prosiguió su camino en silencio, con la decisión de llegar a su destino antes de que se ocultase la poca luz que brindaba el crudo invierno.

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El vino de su copa se había terminado.

Se levantó en busca de otra botella.

¿Cuánto tiempo había pasado en esa cueva?

¿Seis meses? ¿Un año? ¿Dos?

No lo sabía.

Ya había perdido la noción del tiempo.

Solo sabía que Kabuto había venido en algún momento de eso.

Y luego Karin, Yuugo y Sugetsu le habían pedido un lugar donde quedarse, al ser igual ninjas sin aldea.

Aceptó ayudarlos con tal de que se fuesen rápido y volviese a disfrutar de su soledad, completamente solo.

Ya que solo en compañía de su soledad, podría pensar lo que haría en un futuro, ahora que no tenia ambiciones que cumplir, ni experimentos que desease crear.

― Ha pasado mucho tiempo.

La voz de una persona lo sacó de su calma.

Casi tumbo su copa, pero mantuvo la compostura.

Era obvio que una situación así podía surgir.

Ya lo había previsto, pero en verdad deseó que no sucediera.

Volteó a verla, con la misma expresión inerte que le dedicaba a la mayoría.

― Y sigues siendo igual de expresivo y amable, es bueno ver que no has cambiado ―expresó esta persona, sacándose la capa que la resguardaba, para acomodarse en uno de los asientos de la sala del lugar.

― No eres bienvenida aquí, Daena ―dijo directamente Orochimaru, manteniéndose de pie, a lado de su mesita de vinos―. Fue muy complaciente no saber de ti en décadas y preferiría que siguiese así.

La Taiyō borró la expresión amable con la que había aparecido.

― Oh ¿en verdad le dices eso a la única mujer que has amado en tu vida? ―le respondió, esta vez dejando su intento de gentileza.

― ¿Amor? Tu no sabes lo que significa esa palabra ―expresó el viperino con gracia ante lo escuchado por su no grata visita―. Esta es la ultima vez que lo diré. Aléjate. No quiero tener ningún vínculo contigo y tus problemas. Soy un ser libre de culpa ahora…

La risa de la Taiyō interrumpió sus palabras.

Risa que duró varios minutos.

― Perdona mi risa, pero no esperaba que, con la edad, adquirieras sentido del humor ―se levantó de su asiento para caminar hacia él, deteniéndose muy cerca―. Es eso… o es que te has vuelto estúpido… al creer que eres un ser sin pecado, cuando desde mi trono en el desierto, podía oler y aun huelo tus manos manchadas de sangre…

Orochimaru por primera vez en mucho tiempo, sintió enojo.

Pero no por la osadía de esta mujer al aparecer frente suyo y tratar de disuadirlo, sino por que sus palabras eran tan ciertas, como el azul del firmamento.

No había palabra que pudiese expresar su nivel de enojo, así que su cuerpo habló por él, abandonando su forma humana y convirtiéndose en la enorme serpiente que ocultaba dentro suyo, mucho más majestuosa que antes.

― ¡Adelante! ¡Muéstrate como la bestia que eres! ―gritó la Taiyō, retrocediendo unos metros en la construcción que empezaba a despedazarse, con la clara intensión de confrontar su ataque.

FIN DEL CAPITULO.

NOTA DE LA AUTORA.

¡Hola hola!

Aquí Ei apareciendo luego de ¡¿un año?! Cielos… ¿tanto ha pasado?

Mi regalo de cumpleaños es esta actualización, aunque no sé si aun hay alguien que la lee.

Lamento la tardanza.

Mi desinterés creciente por Boruto, mi entrada a otro fandom y problemas provenientes de la pandemia, hicieron que me encontrase ausente por este lugar.

Trataré de actualizar activamente otra vez, aunque dudo que sea como antes.

Mantenga la esperanza de un futuro mejor y traten de cuidarse del virus que nos acecha.

Hasta otra nueva actualización.

Ei.