Descargo de responsabilidad: ¡Naruto no es mio!
Sipnosis: El Equipo Siete ha muerto y con ellos, el Mundo Shinobi perdió contra la oscuridad. Pero, ¿y sí Sakura tuviese la oportunidad de cambiar este agrio final? ¿Cuánto esta dispuesta a sacrificar para lograr la paz y felicidad?
– ¿Deseas una taza de té, querida? – Una suave voz retumbó dentro de la cabeza de Sakura, logrando que sus ojos se abriesen de la sorpresa al encontrarse en un espacio de infinita blancura – Debes estar exhausta, las peleas han sido un terrible tormento últimamente, ¿verdad?
Sakura necesito pestañear más de una vez para procesar la escena frente a sí misma; primero, una mujer de belleza divina con elementos de té en mano y ofreciendole una taza con una afable sonrisa, un cuarto sin fin y lo más importante, ¿no era que estaba muerta? Es más, ambas lucían un kimono blanco, enormemente diferente a su vestimenta de pelea en la guerra.
– ¿Qué...?
– El té se enfría, cariño – Ella se vio obligada a tomar la bebida en sus delgadas amnos, disfrutando del olor dulzon y el delicioso sabor –. ¿Te ha gustado? Un último gusto mundano antes de despedirse.
– Estoy muerta, ¿no?
La mujer soltó una suave sonrisa. – ¿Tú que crees?
– Eres Dios.
Ella colocó una mano en su barbilla, imitando el gesto de pensador. – Es uno de los miles nombres que me han dado, pero... si, Sakura – Se levantó de su mesita de té, desapareciendo esta al instante, y se encamino hacia la kunoichi –. Y he venido por ti, voy a llevarte al final de tu camino.
Sakura, un tanto anonada por los ojos tan terriblemente hipotizantes de la deidad, aceptó la mano de aquella mujer y se dejo guiar lentamente hacia un destino desconocido.
– Vamos, Sakura, ellos te esperan – Una puerta se abrió entre tanta blancura, revelando unos brillos para los ojos, que resultaban dolorosos por tan esplondorosos que eran. Y, entre tanta luz, ella pudo presenciar figuras... que reconocía muy bien.
– ¿Mamá?... ¿Papá? – Aún su mano atrapada en el agarre de la extraña, Sakura comenzó a soltar suaves lágrimas. – ¿Chicos? ¿Todos están muertos? ¡Eso es imposible! ¡Hace tan solo un segundo... yo...!
Ella negó. – El tiempo aquí es efímero, pequeña – Acaricio con dulzura su cabello, un gesto tan maternal –. La guerra fue realmente un desastre, ¿sabes? Todos cayeron ante las manos de Kaguya.
– Pero... – La joven negaba con su cabeza, no se dignaba a aceptar aquel final.
– Oh, vamos, te estan esperando – Golpeó suavemente la espalda de Sakura, dejando que ella diese pasos vacilante hacia la luz. Sus manos temblaban, su corazón aún latía y lo demostraba ahogandola en rudos tamborileos en su pecho.
¿Ese era el final del Equipo Siete? ¿El de ella?
Morir, ser olvidada y sin lograr ninguna de sus metas.
– ¡No! – Sakura volteó hacia la mujer, con lágrimas surcando por sus ojos, pero con la mirada más feroz posible – ¡No voy a ir allí!
