—Juvia… Juvia está embarazada, Gray-sama.
-Tras tus huellas-
Capítulo 7. En el punto de mira
Juvia salió de su casa dando un sonoro portazo para asegurarse de que Gray escuchara y sintiera su enfado. En realidad, más que enfado, sentía algo de frustración, pero, sobre todo, tristeza. No era una persona que se enfadara normalmente. Su carácter, demasiado noble, apacible y tranquilo, no le permitía molestarse con la gente a la que tenía aprecio. Y mucho menos si se trataba del hombre que más amaba.
Sin embargo, debido a las respuestas tan ásperas y cortantes del joven, debía, al menos, hacerle ver que se había equivocado. Estaba segura de que cuando volviera le pediría perdón, hablarían tranquilamente y todo se solucionaría. Y entonces le daría la noticia más maravillosa que jamás le habían dado.
Hacía aproximadamente una semana, la maga de agua comenzó a encontrarse mal. No soportaba olores demasiado fuertes y no tenía apenas apetito por las mañanas. Su período se había retrasado. Juvia podía pecar de muchas cosas, pero no de ingenuidad. Desde que Gray y ella se mudaron juntos, no habían tomado ningún tipo de precaución en sus relaciones íntimas. No habían hablado explícitamente sobre la idea de tener hijos, pero los acontecimientos se habían acabado desarrollando de aquella forma tan natural. Los dos eran personas independientes, tenían trabajo estable y se habían ido a vivir juntos desde hacía meses, así que Juvia supuso que era algo que simplemente tenía que llegar con el tiempo.
De todas formas, debía confirmarlo, así que fue a ver a una usuaria de magia de curación, justo como Wendy, a una ciudad cercana. Si sus sospechas se hacían realidad —y las posibilidades eran tremendamente altas, pues todos los síntomas coincidían—, quería que la primera persona en saberlo fuera Gray. No era que no confiara en Wendy o en la gente del gremio; después de todo, eran sus compañeros, su familia, pero Juvia era muy maniática con algunos temas específicos y, algo tan especial y que cambiaría sus vidas para siempre, debía ser conocido primero por el mago de hielo.
Así, cuando salió de la consulta aquella mañana que parecía repleta de tranquilidad y habiendo confirmado que en su vientre ya crecía un hijo suyo y de Gray, se encaminó con velocidad hacia Magnolia para contárselo al chico.
Juvia estaba que no cabía en sí de felicidad. Un hijo. Iba a tener un hijo de Gray. ¿Cuántos años llevaba soñando con algo similar? Si casi todas sus fantasías eran de los dos sosteniendo entre sus brazos a un bebé que reuniese lo mejor de ambos.
Sabía que Gray demasiado expresivo no era, pero se moría por ver la cara del chico cuando le comunicara que iba a ser padre. Estaba completamente segura de que se tomaría la noticia con tanta esperanza y anhelo como ella. Por lo tanto, al toparse con esa actitud de su pareja, se había sentido descolocada. Ni siquiera le había dado la oportunidad de contárselo, aunque ella había reiterado con ahínco que debían hablar de un tema importante.
En el fondo, Juvia, aunque estuviera dolida y no quisiera aceptarlo, lo entendía. Era así, empática por naturaleza y mucho más si se trataba de él. Gray acababa de volver de una misión que, probablemente, había sido completamente agotadora. Y ella no había sabido escucharlo, no le había dado el espacio que necesitaba en ese momento. Así que, una vez más calmada, decidió dar un paseo breve por la ciudad y después volver a casa. Gray estaría más tranquilo y podrían conversar sobre todo. Cuando él hubiese expulsado todas sus frustraciones o se hubiese desahogado como necesitaba, le hablaría del bebé. Estaba ansiosa por ver su reacción.
Así lo hizo. Dio un paseo que, finalmente, se alargó más de lo que tenía previsto. Por lo tanto, se apresuró a volver a su hogar. Sin embargo, alguien se detuvo enfrente de ella cuando se disponía a hacerlo. Inmediatamente le pareció sospechoso, pues llevaba una túnica blanca con capucha que no le dejaba verle bien el rostro. En un movimiento que le resultó más rápido de lo normal, se puso a su lado y la tomó del brazo. Y justo cuando Juvia iba a contrarrestar sus movimientos, el hombre habló.
—Mira hacia las cornisas de los edificios que nos rodean —Juvia lo hizo. Había cuatro personas vestidas con la misma túnica que su acompañante forzoso y estaban preparados para atacar—. Sería una estupidez por mi parte que te atacaran a ti directamente. Sé que eres fuerte. Así que mis compañeros están apuntando a cuatro niños. Si no me acompañas, no te puedo garantizar su seguridad.
Juvia chistó con frustración. Le sonaba mucho la voz de su interlocutor, pero no lograba recordar exactamente quién era.
—¿Qué quieres de Juvia?
—Primero, demos un paseo. Si nos quedamos aquí quietos, tus vecinos empezarán a sospechar.
Comenzaron a andar a paso lento mientras Juvia seguía con sus ojos clavados en las cornisas, vigilando que ninguno de los secuaces del hombre que tenía al lado actuase. Sabía perfectamente que, si les ordenaba que atacaran, no le daría tiempo a pararlos a todos. Y tampoco debía hacer demasiados esfuerzos por su recién descubierta condición, así que, de momento, seguiría sus órdenes.
—Juvia no entiende nada… —musitó la chica.
—Tú eres la novia de Gray Fullbuster, ¿cierto? —Juvia, de forma un poco dubitativa, asintió. No estaba segura de qué pretendía ese hombre, pero no pondría en riesgo la vida de los ciudadanos de Magnolia; aún menos si se trataba de niños. Lo mejor sería cooperar—. Bien, entonces tendrás que acompañarme.
La maga de agua miró hacia los lados, intentando analizar la situación lo más rápido posible para encontrar una escapatoria. Como no veía ningún resquicio para librarse de aquel sujeto sin poner en riesgo a aquellos niños o incluso a ella misma y al bebé, decidió que le contaría la verdad. Tal vez, así él se compadecería de su situación y la dejaría libre. Qué equivocación más grande cometió al tomar aquella decisión.
—Por favor, suelta a Juvia. Juvia está… embarazada.
El hombre frenó su paso en seco y después sonrió todo lo que su boca le permitió de forma maquiavélica. Ni en sus mejores sueños le habría salido tan maravillosamente bien aquel plan para destruir a su mayor enemigo. Fue entonces cuando Juvia pudo recordar quién era.
—Preciosa, esa es una gran noticia. ¿Gray ya lo sabe? —La chica negó con la cabeza, asustada—. Con más razón me acompañarás ahora. Ya verás la sorpresa que se lleva cuando nos encuentre. Pero antes, dame las llaves de tu casa o… bueno, ya sabes lo que pasará —reafirmó mientras volvía a mirar a sus subordinados.
Juvia frunció el ceño con rabia. Parecía que no le quedaba otra alternativa. Después de todo, nunca dejaría que le hicieran daño a alguien. Sabía que Gray iría a buscarla en cuanto notara su ausencia. Confiaba en él como nunca había confiado en nadie anteriormente. Sacó las llaves de su bolsillo y se las estregó. Después, el hombre la condujo lentamente hacia las afueras de la ciudad para no llamar la atención y se subieron a uno de aquellos carros que necesitaban magia para avanzar. Un conductor los estaba esperando en el interior del vehículo. Pronto, dejaron atrás Magnolia y, después de algunas horas, llegaron a un sitio que le era más que familiar a la maga de agua.
Justo ese mismo día comenzaría el calvario de Gray y Juvia no podría hacer nada para protegerlo; tampoco de sí mismo y de su oscuridad latente que, sin ella a su lado, se expandiría por su cuerpo hasta un punto que, tal vez, jamás podría ser revertido.
—Juvia… —comenzó a hablar la chica en un hilo de voz intermitente— Juvia está embarazada, Gray-sama.
Al escuchar aquella afirmación, Gray se quedó estático, como anclado en el suelo, y sin pestañear. No podía apartar sus ojos negros de Juvia. Más bien, de su sonrisa llena de calidez y bondad.
Juvia llevaba en el vientre a su hijo y todo lo que pudo decirle cuando ella quería contárselo fue que lo atosigaba. Que lo agobiaba. Indirectamente, que lo molestaba. Jamás había sentido una culpa de tal magnitud, pero es que estaba completamente seguro de que nunca en su vida volvería a sentirse así, tan destrozado por dentro y desilusionado consigo mismo.
Definitivamente, nuca la había merecido, no la merecía y tampoco sería capaz de hacerlo ni aunque naciera y viviera cien veces más. Juvia era un ser puro, altruista, compasivo y cariñoso. Absolutamente todo lo contrario de lo que lo definía a él.
No había palabras para describir todo el dolor que había experimentado durante esa semana de desasosiego y duda que estuvo buscándola, pero en ese momento, aquel sufrimiento le pareció nimio, completamente insignificante. Le había fallado y esta vez era imperdonable. Había vuelto a ser egoísta, se enfocaba en todo lo que él había sufrido, pero ¿y ella? ¿Cómo se habría sentido al saber que estaba sola, que estaba embarazada, que sus vidas estaban en peligro y que el padre de su hijo ni siquiera le había dado la oportunidad de contárselo?
Las piernas le temblaron al pensarlo y un sudor frío le recorrió la frente. Logró entonces parpadear y enfocó su vista inmediatamente de nuevo en Juvia. Seguía ahí, sonriéndole aliviada porque por fin la había encontrado.
Nadie conocía mejor a Juvia que Gray y él era consciente de que le estaba tremendamente agradecida por que la hubiese encontrado por fin. Y, mientras, el mago de hielo se sentía el más miserable de los hombres, el más ruin y patético. Se reafirmó en una idea que pensaba que había abandonado su mente hacía muchísimo tiempo: no la merecía, no era capaz de protegerla, Juvia no estaba a salvo junto a él. Su bienestar no estaba garantizado si seguía a su lado.
—Juvia, yo… yo… —comenzó a balbucear mientras las lágrimas empezaban a acumulársele en los ojos. Más que de tristeza, eran lágrimas de completa ira.
—Menuda sorpresa, ¿eh, Gray? ¿Quién iba a pensar que esta preciosidad iba a estar embarazada? Yo tampoco lo sabía, eh, pero me ha venido muy, muy bien.
El hombre que había orquestado todo ese plan contra el joven salió de las sombras y Gray por fin pudo verle el rostro. Sonreía con autosuficiencia, sabiendo que tenía todo bajo su control, pues recordaba que el mago de hielo era fuerte, pero no tenía ni idea de que su forma de Devil Slayer ahora controlaba gran parte de su ser, provocando que su poder aumentase increíblemente.
Ante él estaba Jerome, aquel miembro de Avatar que nunca se había fiado de él cuando se infiltró en aquella especie de secta sombría. Creía que estaba encarcelado, pero parecía ser que había escapado. No le extrañaba que hubiese urdido un plan contra él, pues para nadie era un secreto que lo odiaba.
Lo que no podía esperar era que lo tuviese todo tan fríamente calculado, que hubiese hurgado en la cotidianidad de su existencia y también en el pasado de su pareja, de la persona que era más importante para él. No lo creía tan inteligente ni tan capaz, así que tal vez alguien más lo había ayudado, pero eso ya no importaba porque lo único que podía oír en su cabeza era su propia voz gritándole que merecía morir por todo lo que había hecho. Por haberle arrebatado a Juvia y por haber jugado con el bienestar de su hijo.
Jerome se acercó de nuevo hacia Juvia y comenzó a acariciarle las mejillas para retirarle las lágrimas que habían escapado de sus ojos por la emoción de ver a Gray. Al estar atada con la herramienta anti-magia y debilitada por completo, sabía que no podía hacer nada contra él. También sabía que Gray no haría nada que pusiese en peligro la seguridad de la joven, mucho menos ahora que se había enterado de que estaba embarazada.
—Llevo tanto tiempo deseando esto, Gray, tantas noches soñando con que te despedazaba, que me parece incluso irreal —comenzó a relatar el rubio mientras acercaba su rostro al cuello perlado de Juvia. Gray apretó sus dientes con rabia—. Primero pensé que simplemente te buscaría y te mataría, pero en la prisión se tiene mucho tiempo libre, ¿sabes? Entonces empecé a calcularlo todo un poco más y, dándole vueltas a las cosas, me acordé de la chica que mandó a volar a Briar solo porque se te insinuó mínimamente. Me dije a mí mismo que tal vez ahora tendríais algo. Después de todo, han pasado años y parecíais muy cercanos ya en ese entonces. Me puse a investigar y… ¡bingo! ¡Di justo en el clavo! No puedes imaginar cuán feliz fui cuando supe todo lo que podría hacerte a través de ella, de su oscuro pasado. ¿Has sufrido, Gray? ¿Has llorado? Bien, era justo lo que quería.
—Suéltala —profirió el mago de hielo. Juvia nunca había escuchado ese tono de voz saliendo de sus labios y, por primera vez, sintió algo de inquietud ante la mirada sombría de su pareja. Un escalofrío la recorrió completa, como si un mal presentimiento se le hubiese metido en los huesos y la avisara de que algo peor estaba a punto de suceder.
—Tenía pensado matarte en cuanto atravesaras esa puerta, pero creo que podemos hacer las cosas más interesantes… ¿Cómo te sentirías si vieras morir ante tus ojos a la mujer que amas y a tu hijo que todavía no ha nacido?
La risa desquiciada del hombre inundó toda la habitación, mientras que los truenos adornaban el sonido ambiente desde fuera. Hizo el amago de mover la mano de la mejilla de la chica hacia su cuello. Sin embargo, no tuvo tiempo suficiente para actuar.
La oscuridad se había apoderado de Gray por completo. Lo había invadido con una intensidad que no se podía describir. Su consciencia lo había abandonado y ahora solo pensaba en destrozar al hombre que tanto lo había lastimado.
Juvia lo miró y allí no vio a su adorado Gray-sama. Sus ojos oscuros no estaban llenos de cándido consuelo, sino de ira profunda; sus ademanes no eran suaves, sino agresivos como nunca antes había visto; y su cuerpo se había cubierto casi por completo de negro, justo como le sucedía cuando adoptaba el poder que su padre había legado en él, pero esta vez cubriendo casi toda la superficie de su piel.
Gray se abalanzó sobre Jerome a una velocidad que ninguno de los dos pudo prever ni casi apreciar. Le asestó tal puñetazo que incrustó su cuerpo en la pared del fondo de la habitación, haciendo que se agrietara por el impacto. Se dirigió hacia él de nuevo, lo tomó de la túnica y lo estampó contra el suelo, provocando que múltiples huesos de su cuerpo se rompieran al instante.
Continuó con los puñetazos. Una vez. Dos. Tres. Otra. Otra más. A esas alturas, toda la cara del hombre rubio era ya una hinchazón indescifrable y la sangre recorría el suelo por completo.
Para finalizar, Gray se levantó y creó una lanza con su magia de hielo para incrustársela en el pecho y que todo acabara por fin. Pero en realidad no era Gray. Juvia lo sabía bien; él nunca sería capaz de acabar con la vida de alguien si ya le había ganado la batalla y no era estrictamente necesario. Entonces, justo antes de que lo hiciera, se levantó como pudo, con las manos atadas y con las pocas fuerzas que le quedaban, y se dirigió hacia él.
—Gray-sama, déjalo ya. Vamos a casa.
Al escuchar un ruido procedente de sus espaldas, Gray se volvió para encararlo. No veía, no oía, no sentía y, por lo tanto, no sabía que quien le estaba hablando era Juvia. Sujetó entre sus manos la lanza y fue directo hacia ella, pensando que era otro enemigo que quería verlo sufrir y al que, en consecuencia, tenía que aplastar. Agarró a la chica por la parte del pecho de su vestido destrozado y la apuntó con su arma.
Por primera vez en su vida, Juvia tuvo miedo de Gray. Ni siquiera le había temido cuando se enfrentaron por primera vez ni cuando Invel les manipuló la mente para que se mataran el uno al otro.
—Gray-sama… Juvia quiere ir a casa —susurró con la voz totalmente quebrada y con lágrimas resplandecientes pendiendo de sus ojos azules.
Nota de la autora:
¡Por fin! Sí, sí, sé que me ha costado mucho sacar este capítulo adelante, pero al fin lo he logrado.
¿Qué? ¿Alguien se imaginaba que esto era lo que Juvia tenía que decir? Por cierto, su secuestrador es Jerome, aquel rubio insoportable de Avatar que no se fiaba un pelo de Gray cuando se infiltró en la organización. No me interesaba demasiado quién fuera el raptor de Juvia, sino, más bien, toda la intriga que se generaría a su alrededor.
Espero de corazón que os haya gustado y no estar otros seis o siete meses sin actualizar. ¡El próximo es el último! Veremos si Juvia es capaz de, otra vez, vencer a la oscuridad que está consumiendo a Gray.
Nos seguimos leyendo.
