Reeditado: 04/04/21


I

—Sé que llevamos un tiempo en ninguna parte. ¿Estará bien el cambio?

—Claro que estará bien. Serás la próxima gran Hokage de Konoha. Llegó el tiempo de madurar ¿no?

Tsunade soltó un respiro, estaba angustiada de lo que le depararía el futuro en su antiguo pueblo.

—Llegó el tiempo, Sakura.

Su estudiante sonrió, al contrario de su maestra, ella estaba emocionada. Tal vez de pasar de ningún lugar a un lugar en específico le daría lo que sea que estuviese buscando.

—Llama a Shizune, partiremos esta noche—. Imperó la próxima Hokage.

—Estás ansiosa, ¿verdad?—. Preguntó Sakura con una pequeña pizca de emoción.

—Es extraño regresar a tu antiguo hogar, Sakura.

—Vamos, no te pongas sentimental. Alégrate, sabes que algún día tuviste un hogar en esa aldea. Míralo por los buenos recuerdos.

Para Tsunade, era inevitable no pensar en él, su primer y único gran amor, Dan. Tsunade tomó el collar de su abuelo.

—Buscaré a Shizune, te veré más tarde.

Sakura asintió y en seguida le dio la espalda a su mentora, dejándole un momento de privacidad con sus pensamientos.

Tsunade cerró los ojos y sus lágrimas salieron. La voluntad de fuego que residió en el corazón de su amado seguía viva en Tsunade, ahora el sueño de Dan y de su hermano le pertenecía a ella.

"Mientras yo viva, tu sueño no morirá" dijo al fantasma de su amor.

En su búsqueda por Shizune, Sakura estaba reflexionado, su maestra había usado la palabra "hogar", caminó entre el húmedo bosque que llevaba a una aldea de paso, Shizune estaría allí reuniendo los suficientes suministros para el camino.

Hogar

Sakura no tenía un lugar particular al cual denominarle "hogar" porque no se trataba de un sitio, sino de un par de personas, donde quiera que se encontraran, Tsunade y Shizune serían el hogar de Sakura. El tiempo y sus maestras le enseñaron que no siempre se trataba de un lugar físico. Sakura se agachó para sentir la tierra del bosque, se dio cuenta por el estado de la tierra que en un par de días llovería.


Diez años antes

Dos mujeres viajeras estaban sentadas en la barra de un bar. La cantina parecía improvisada y con una decoración de muy mal gusto para el ojo crítico, pero Tsunade nunca prestaba atención al lugar sino a la calidad de sus bebidas.

—Toma un trago conmigo Shizune.

—No— Shizune agitó las manos frente a ella y negaba. —Ya fueron demasiados, es hora de irnos, Tsunade-sama, por favor.

—Solo uno y nos iremos— Tsunade hizo un mohín y para Shizune los ojos de la rubia parecían decir la verdad, además, su maestra estaba demasiado borracha que una copa más no haría la diferencia.

—Está bien—. Dijo Shizune, cediendo. —Pero solo una y nos iremos.

—Otras dos copas caballero—Tsunade ya no media el volumen de su voz. Sus mejillas estaban rojas por el sake, y en algún lugar del sitio yacía su abrigo.

El tipo acercó dos vasos hacia las damas, Shizune por alguna razón estaba desconfiando, pero su prioridad era sacar a su maestra de ahí. De un golpe tomó todo el contenido del vaso, dejándole un amargo sabor.

—Solo déjame ir al baño y nos iremos— Tsunade se levantó de la barra y a tropezones logró entrar al baño, el ambiente estaba cada vez más tenso, Shizune no paraba de ver su reloj y tuvo que acercárselo hasta la nariz porque las manecillas se habían vuelto locas. Busco a Tsunade con la mirada, pero su vista comenzó a fallarle, ahora había tres puertas en lugar de una sola, además todo a su alrededor parecía moverse y al cerrar sus ojos el mareo solo aumentaba. ¿Por qué todo era tan confuso? Estaba sudando frío y sus ojos se hacían pesados cada vez. Lo último que Shizune pudo percibir fue un sordo golpe que provenía del baño.

—Tsunade... sama—. Dijo Shizune antes de caer inconsciente.

El hombre detrás de la barra miró a los otros dos ninja que estaban en el bar, sabía que las mujeres eran extranjeras por el simple hecho de tener una sublime belleza. Además, la rubia se veía triste y esos hombres estaban dispuestos a curar su tristeza. Un ninja salió del baño y llevaba a Tsunade en su hombro, se dirigió hacia la helada noche.


La jovencita caminaba feliz, a pesar de que había presenciado como un hombre era asesinado, este dejó caer su kunai, Sakura esperó hasta que el responsable de la muerte se hubiera ido para cogerlo. Con ese ya tenía 17 y esperaba que su colección de armamento ninja pudiera expandirse con el tiempo.

Tal vez pudiera instalarse en esa aldea, Sakura ya estaba cansada de no saber a dónde ir. No recordaba cómo había llegado hasta la Aldea de la Hierba. Un día en su sendero un grupo de artesanos se cruzaron en su camino y la invitaron a caminar junto a ellos. Esto a cambio de que Sakura les guiará hacia el país de las Aguas Termales. Francamente Sakura no sabía dónde estaba, ni siquiera sabía que había un país de Aguas Termales, pero fingió ser conocedora, después de todo era protección y comida segura con los artesanos. Guió a estos a una pequeña aldea que resultó estar dentro del país de las aguas termales, como recompensa los artesanos le hicieron una daga de mango de marfil y la cuchilla parecía un diamante.

La pequeña niña no sabía lo insegura que era esa aldea, por fortuna, los niños no eran un blanco para los matones. Los objetivos casi siempre eran personas con alguna pequeña fortuna o bellas extranjeras, como las que estaban sacando ese mismo momento del bar. La joven pelirrosa se ocultó detrás de un tronco que había en la maleza, Sakura observó la escena, vio una masa de cabellos rubios que un hombre llevaba cargando en su hombro y sin que nadie prestara atención, un collar cayó al suelo. El ojo sin entrenamiento de la niña fue capaz de ver cuando la pieza de joyería descendía.

"Es mi día de suerte" pensó Sakura.

La niña se acercó a levantarlo y observó la piedra azul del collar, era bellísimo. Se giró sobre sus talones y estaba a punto de irse cuando un pensamiento la asaltó.

"Pero es el día de mala suerte de esa persona". Sakura no podía con el remordimiento. Se guardó el collar en su pantalón y siguió las pistas de los captores. Tal vez el momento de usar su arsenal había llegado.

El lugar a donde habían llevado a ambas mujeres era conocido para la niña, ese sitio le sirvió de refugio los primeros días que llegó ahí pero después lo abandonó por las frías corrientes de aire que se colaban desde el techo. El techo, que le faltaba un buen pedazo de madera. "¡Eso es!" Chasqueó los dedos la niña. Rápidamente Sakura escaló hasta el techo y encontró el gran hoyo, era lo suficientemente grande para entrar en él, pero lo suficientemente pequeño para que ningún adulto promedio pudiera entrar. Comenzó a sentir extrañas sensaciones en su cabeza, era como si tuviera mariposas en el estómago y el olor del mar en su nariz. Su mente, se despegó a un bello recuerdo:

Sakura recordó cuando intentó aprender esa técnica. Se trataba de un jutsu de dispersión. Ella estaba atrás de unos arbustos y sus ojos alcanzaban a ver a los dos ninjas que estaban entrenando, uno de ellos hizo una señal de manos y la pequeña comenzó a sentir mariposas, aún no la absorbía por completo el genjutsu y logró seguir poniendo atención.

—Dispersión—Dijo una jovencita con una trenza marrón que llegaba a su cintura. Ella negaba con la cabeza a su compañero. —Tu genjutsu aún es muy malo, Koyomi-san.

—Es que tú eres muy buena, Mai-chan—. Respondió el adolescente que había hecho el genjutsu.

—Aguarda— dijo Mai, tratando de agudizar su audición. —Hay alguien más aquí.

Sakura ya no podía más, su mente le estaba jugando malas pasadas y las mariposas habían desaparecido, el genjutsu se había convertido en dolor.

—Desharé el genjutsu.

—No. Espera.

Mai buscó por todas partes y la encontró, acto seguido acercó una mano con mucho cuidado hacia la pequeña niña y la despertó de su trance.

—¿Estás bien?

Para Mai, la niña estaba aturdida.

—¿Cómo hiciste eso?—Sakura preguntó.

La joven Mai sonrió a la niña, le sorprendía que una niña estuviera sola por ahí. En su aldea eso jamás sucedía.

—Es una técnica básica. ¿No vas a la academia?

La niña negó con su cabeza.

—Es una técnica para desaparecer genjutsu. El genjutsu es…

—El arte de controlar la mente. Lo sé, señorita.

—Muy bien, estoy sorprendida. ¿Quieres intentarlo?

—Mai-chan—, llamó el compañero de Mai. —No creo que sea adecuado, solo es una niña.

Mai no pareció prestarle mucha atención.

—Escucha jovencita, concentrarás tu chakra, ¿sabes qué es el chakra?

Sakura asintió.

—¿Sabes utilizarlo?

—Em, algo así.

—Bien, por algo se empieza. Entonces concentrarás tu chakra. Harás este sello y te liberarás de cualquier genjutsu. Recuerda, entre mejor concentración tengas podrás liberarte de algún jutsu más poderoso—. Concluyó Mai.

—Bien, lo intentaré.

Repentinamente una persona más se unió al grupo. Era otro joven, había aparecido de la nada.

—Deumiko-san, Koyomi-san. Ya tengo el pergamino, hemos completado la misión. Vámonos—. El tercer ninja que apareció no se preocupó por ver a la pequeña niña hablando con su compañera de equipo.

Mai se tomó un momento para despedirse.

—Escucha jovencita, que nadie te diga que es imposible realizar un propósito. ¿De acuerdo? Tu fuerza nace con tu espíritu. Entrena muy duro y conviértete en una gran guerrera.

Sakura apenas si parpadeó por el discurso.

—Mai-chan, vámonos.

—Adiós.

Sakura sacudió su cabeza, dejando ir ese recuerdo, había llegado el momento de utilizar esa técnica. Las mariposas todavía no se convertían en dolor de cabeza, es decir, aún no estaba atrapada por el genjutsu. Comenzó a concentrar su chakra e hizo un pequeño sello con su mano.

—Dispersión—. Sakura abrió los ojos y ya no se sentía mareada, aunque las mariposas seguían ahí. Debería practicar, y mucho. Sakura pudo ver a ambas mujeres atadas, seguían inconscientes y estaban sentadas en el suelo. Los dos hombres no habían sentido la presencia de Sakura. Ella tendría que pensar en un plan y rápido. Observó su entorno. Del techo salían dos cuerdas de sus extremos, estas cumplían con una función de equilibrio y evitaban que el techo cayera. Sakura sabía lo que tenía que hacer. Sacó de su pantalón una shuriken y la lanzó hacia la cuerda que estaba enfrente de ella, tratando de no hacer ruido. No tuvo éxito. Trato de concentrarse, el genjutsu estaba regresando y no podía ver claramente. Lanzó la siguiente shuriken y acertó.

—¿Oíste eso?—. Preguntó una voz masculina.

Uno de los hombres frunció el ceño y con voz ronca se dirigió a Tsunade.

—Hey rubia, ¿te están buscando? ¿No dijiste que nadie pagaría tu rescate y que no valías la pena? ¿Tratabas de engañarnos?

Tsunade aún no podía enfocar correctamente, su cabeza dolía. Ella sabía que nadie iría a buscarla, y hasta que pudiera recuperar el control, no podía hacer nada.

—Ve a investigar—. Ordenó el hombre que le había gritado a Tsunade previamente.

Uno de los hombres se giró y vio la cuerda cortada. "Eso no estaba así" pensó.

—Jik, hay alguien ahí.

Sakura sacó su kunai, era ahora o nunca. Ambos hombres comenzaron a correr, buscando alguna escalera que las llevara hacia la niña. "Un poco más, acérquense un poco más" dijo Sakura en un pensamiento. Cuando se pusieron en el punto que Sakura los quería, cortó la cuerda, el techo comenzó a irse hacia abajo y Sakura corrió al lado contrario, de un salto estaba enfrente de las mujeres. La rubia aún se veía muy desorientada, pero estaba bien. La otra, castaña, seguía inconsciente.

Lentamente Sakura se acercó a ambas mujeres, con timidez le habló a una de ellas.

—Vamos—. Sakura ofreció su mano a la rubia y la ayudó a ponerse de pie. Tsunade se apoyó en la niña para no perder el equilibrio, mientras que Sakura con todas sus fuerzas trataba de sacar a la pelinegra. Al fin afuera, Tsunade se acercó al lugar y de una patada al suelo se terminó por derrumbar todo el sitio. Sakura abrió la boca, tal vez no lo aparentaba la mujer, pero esa fuerza era impresionante. Rápidamente Sakura recordó a la señorita Mai, tampoco lo aparentaba, pero sabía que era muy fuerte.

Con un gesto muy preocupado Tsunade se acercó a su aprendiz.

—Shizune despierta—. Tsunade emanaba chakra de sus manos. Y Sakura miraba sorprendida.

—Tsunade-sama... nunca dudé de su fuerza. Nos salvó.

Tsunade sonrió levemente y negó, con una mano elevada señaló a la pequeña jovencita vestida con pantalones desgastados y un cabello muy estrafalario.

—Recibimos un poco de ayuda—. Dijo Tsunade alentando a Sakura a acercarse. La noche era muy oscura y la luna brillaba poco.

—Ella de alguna forma nos salvó.

Shizune miró recelosa a la niña, tal vez su maestra había perdido la cabeza. Había sido una total vergüenza que hombres como los del bar pudieran someterlas de tal manera. ¿Pero que una niña las salvara? Eso sonaba peor.

—Acércate, jovencita. ¿Cuál es tu nombre?

Sakura tomaba las mangas de su camisa, tratando de cubrir sus manos. Eso hablaba de su timidez.

—Haruno... Sakura.

—Muy bien, Sakura, ¿y de dónde eres?

Sakura dudó.

—De todas partes.

Esa no era la respuesta que esperaba Tsunade.

—¿Estás perdida?— Volvió a preguntar Tsunade.

La niña negó con su cabeza.

—¿Alguien te está buscando?

Sakura volvió a negar. Aún estaba aturdida por el genjutsu.

—Siento mariposas.

—¿Eh, mariposas?— Shizune contestó confundida.

—Tal vez es un efecto secundario del genjutsu—. Dijo Tsunade. —¿Eres un ninja?

Antes de que Sakura pudiera contestar, Shizune la interrumpió.

—No lo creo Tsunade-sama, aún es muy pequeña.

Tsunade acercó su mano hasta frente de Sakura. El chakra de la mujer rubia consolaba la confusión por la que Sakura estaba atravesando.

—No está herida. Pero sufrió un efecto contraproducente al tratar de dispersar el genjutsu. Es una técnica básica. Pero no la domina. Tenemos que dejarla dormir. Llévala Shizune, busquemos un sitio para descansar.

Shizune no estaba muy segura de porque su maestra se había portado así de maternal con la pequeña, pero no tuvo de otra que asentir y llevar en su espalda a la niña.


Sakura abrió los ojos, no estaba acostumbrada a eso. Se levantó de golpe.

—Veo que estás despierta— Sakura vio a la rubia mujer observando la oscuridad, afuera estaba lloviendo.

Los delicados rasgos de Tsunade asombraron a Sakura, su piel y su cabello hacían un hermoso balance, pero sus ojos marrones contrastaban. No podía calcular su edad, pero lucía bastante joven.

—¿Te encuentras mejor Haruno Sakura?

Sakura asintió.

—¿Quieres comer algo?

Sakura asintió.

—Veo que eres de pocas palabras. O será que el genjutsu te robo la capacidad de hablar— Tsunade dijo burlona, quería hacer sentir cómoda a la niña, la trataba como trató a su hermano alguna vez.

Después de un momento de silencio, al fin Sakura se animó a hablar.

—No había sentido esto... en mucho tiempo.

—¿Un genjutsu?

—No, el calor... de estar en casa—Eso quebró a Tsunade. Y la hizo sentir culpable. Ella andaba por ahí, embriagándose en cantinas baratas, preocupando a Shizune y rompiendo los sueños de sus antecesores. Y esa niña frente a ella le estaba enseñando una gran lección.

—Descansa Haruno, te buscaré algo de comer— Sakura volvió a cerrar los ojos y Tsunade la vio acomodarse de nuevo en la cama, le dio una triste sonrisa y salió. Shizune la estaba esperando en la habitación contigua, estaban en un alojamiento barato y cómodo.

—Tsunade-sama ¿a dónde iremos ahora?

—No lo sé Shizune.

—¿Y la niña a dónde irá?—. Volvió a preguntar Shizune.

—No lo sé, Shizune. Estoy pensando en eso.

—Tal vez podemos ir a alguna aldea cercana, que la acepten en su academia y ellos se encargaran de eso.

—Shizune...—Tsunade hizo una gran pausa antes de proseguir y eso hizo sentir nerviosa a Shizune— No la quiero dejar.