Reeditado: 04/04/2021


II

Presente

—Shizune-senpai—gritó una voz juvenil. —Finalmente te encuentro. ¿Puedo ayudarte?

—Sakura-san, seguro toma esto—. Shizune le pasó a Sakura bolsas enormes llenas de ingredientes para crear medicamentos y antídotos. Tsunade siempre estaba envuelta en investigaciones y animaba a sus estudiantes a experimentar también. A veces sin que se dieran cuenta, Sakura buscaba a quien ayudar, quería poner en práctica sus conocimientos y usarlos para hacer sentir mejor a alguien. Era una forma de pagarle a su maestra.

Sakura sonreía mientras caminaba, sentía tanta paz.

Shizune observó su perfil, ya no era más la niña que había conocido anteriormente, silenciosa y llena de inseguridad. Ahora era una joven fuerte y alegre. Su cabello rosado estaba trenzado a la mitad, la hacía ver de la realeza. Su nívea piel estaba llena de pequeñísimos lunares, una camiseta de manga larga azul cubría sus brazos. Sakura miró a Shizune, y esta se concentró en el iris color esmeralda. Sus rasgos jamás revelaron de donde provenía.

—¿Estas emocionada por volver Shizune-senpai?

Shizune sonrió.

—Claro que sí, Tsunade-sama tomará el poder en Konoha. Ayudará a muchas personas. Seguirá el legado de su abuelo.

—Vaya, pero senpai, personalmente ¿no tienes algún interés en regresar?—. Sakura levantó una ceja, tratando de hacer sonar sus palabras de una forma misteriosa.

—Ya veo Sakura-san, quieres que te revele los secretos de mi vida en Konoha.

—¿Lo harás?—. Preguntó Sakura sonriendo.

—No—Dijo Shizune en complicidad, sonriéndole de la misma manera. —Me estaba preguntando ¿si te asustaba la idea de establecernos en Konoha, Sakura-san? Es decir, hemos estado en muchísimos lugares. Pero nunca algo permanente.

Sakura meditó un poco antes de contestar. Su semblante había cambiado por alguna razón.

—Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos establecimos, senpai. Es solo que...— Sakura miró al piso, sus ojos jade se tornaron un poco más oscuros— No es nada senpai. No me asusta ir a Konoha—. Concluyó sonriendo de una manera forzada pero sutil.

—Sakura-san, si es por lo que sucedió con...

—No es Shizune-senpai... escucha me adelantaré un poco. ¿De acuerdo?

Antes de que Shizune pudiera asentir, Sakura tomó las bolsas con sus dos brazos y comenzó a trotar. Su cabello rosa se movía con sus pasos. Shizune se dio cuenta que tocó una fibra sensible de Sakura, aunque ya había pasado algún tiempo, aún dolía y tal vez esa herida nunca se cerraría.


—Pudimos haber ido por ella, Ero-sennin.

—No es su estilo, Naruto.

—Pero si vamos de regreso a Konoha, la pudimos haber escoltado'ttebayo. Si será la nueva cabeza necesita fuertes guardaespaldas.

Un leve resoplido salió de la boca de Naruto.

—Ella es muy fuerte, Naruto. No necesita protección.

—Ero-sennin— Jiraiya miró a su joven estudiante, cada día que pasaba a lado de Naruto era un día lleno de emociones, charlas amenas y muchos gritos. Ya casi habían pasado tres años desde que dejaron la aldea. El maestro confiaba en poder regresar con tranquilidad sin que alguna catástrofe sacudiera la aldea.

Hasta ese día.

Jiraiya fue notificado de la muerte del tercer Hokage. Cuando recibió la noticia cerró los ojos y elevó una oración que acompañará a su sensei.

Cuando le dijo a Naruto, este abrazó a Jiraiya.

"Lo siento tanto, maestro". Había dicho el rubio pupilo.

Jiraiya sintió el peso de las palabras de Naruto, rara vez usaba el maestro para Jiraiya y que hablar de su tic.

—Era mi sensei Naruto y también estuvo presente en tu vida.

Naruto juntó sus manos y comenzó a rezar. El cielo era gris y una tormenta se desencadenó.

—La voluntad de fuego sigue aquí, dattebayo—. Naruto señaló su cabeza y sonreía a su sensei.

La lluvia caía en el rostro de Jiraiya. Se confundía con una lágrima solitaria que salió sin aviso.

Naruto chasqueó los dedos en frente de su sensei.

—Holaaaa, ¿escuchaste lo que dije, Ero-sennin?

Jiraiya regresó sus pensamientos hacía la actualidad.

—Sí, te decía que ella llegará sola a Konoha.

—Agggh no me escuchaste'ttebayo. Te decía que ¿por qué no me nombran a mi Hokage? Todos sabemos que estoy más cerca que la tal Senju Tsunade.

—Ja, esa mujer te molería a golpes con un solo dedo, Naruto. Ella también es una Sannin, ¿lo sabías?

Naruto parpadeó un par de veces, estaba asombrado por semejante revelación.

—¿Sannin?, dices que, igual que tú e igual que ...

—Sí, ella también es de los tres legendarios Sannin de Konoha.

—Vaya, démonos prisa Ero-sennin, quiero llegar a Konoha hoy.

Ambos caballeros continuaron su sendero.


Las tres mujeres se hospedaron en una posada rústica. Shizune fue a inspeccionar afuera, era un hábito que tenía, y uno muy favorecedor.

—¿Estás cansada? No estuviste muy conversadora hoy—. Preguntó Tsunade sentándose en un banco.

Sakura respiraba lentamente, su mirada estaba algo perdida.

—Estaba pensando en él.

La Sannin frunció levemente el ceño, era un tema amargo.

—Ya veo—. Suspiró Tsunade.

—No había pensado en él, pero senpai me hizo recordarlo. No es su culpa—Sakura, con tono serio, prosiguió— Tsunade, me asusta un poco ir a Konoha.

La rubia mujer se sentó a lado de su estudiante, la entendía. Ella había sentido lo mismo alguna vez.

—No podré hacerlo si no estás ahí. Lo sabes ¿verdad?—. Dijo Tsunade mirándola sin parpadear, sus palabras eran seguras e igual que el sentimiento que emanaba Tsunade.

Sakura asintió. Todos esos años juntas, todo se lo debía a Tsunade. Su formación como ninja era impecable. Su taijutsu cada día era más feroz. Pero su corazón seguía siendo de oro. Eran viajeras, pero se convirtieron en cuentos y leyendas. Las aldeas aledañas esperaban que las tres mujeres pasaran por ahí para ser sanados por la milagrosas manos de Tsunade y sus alumnas. Shizune era una maestra de los venenos y antídotos. Y su peculiar alumna Sakura, además de ser conocida por poseer una exótica belleza, también era especialista en cirugías.

—Es una oportunidad, Sakura. De comenzar de nuevo. Y además a Konoha le hace falta ninjas como tú.

Sakura miró a su maestra sonreír. Y la alentó. Si Tsunade había superado lo suyo con Dan de alguna manera, Sakura también podría, después de todo seguía aprendiendo.


El día en que arribaron a la aldea había llegado. Esa sensación de estar en casa era hermosa, sabía dónde estaría cada cosa y cada persona en su lugar. Después de tanto tiempo había hábitos que nunca se perdían. Corrió por la avenida principal y escaló hasta el poste más alto. La aldea era más grande de lo que recordaba.

—Naruto ¿eres tú?

—Hey Kakashi-sensei. ¡Hola!—Naruto bajó de un salto y se puso frente a su sensei. —Apuesto que no me reconociste. Estoy diferente ¿no?

Kakashi se tomó un momento para admirar al joven. Sus rasgos eran más afilados y su mandíbula era muy masculina y su cabello conservaba su color brillante.

—Eres el mismo, Naruto.

Un momento después Jiraiya se incorporó con ambos jóvenes, Kakashi se dirigió a él.

—Jiraiya-sensei, ¿nos acompañará a la misión de hoy?

Jiraiya echó una risa ronca.

—No me la perdería por nada.

Los ojos de Naruto se abrieron de una manera sorpresiva.

—¿Qué misión? ¿Cuál misión Ero-sennin? ¿Me llevarás a la misión? Llévame a la misión'ttebayo.

Kakashi sonrió debajo de su máscara.

—Está noche. En la entrada de la aldea. Si quiere lleve a Naruto.

Naruto juntó sus manos e hizo un puchero. No podía creer que en su primer día en la aldea ya tenía una misión asignada. Estaba realmente feliz.

—Piérdete un rato, te veré en la noche y dúchate por favor.

Naruto asintió y corrió hacia el corazón de Konoha. Listo para saludar a todo el mundo y anunciar su regreso.

Al caer la noche, un escuadrón ANBU estaba rodeando la zona. Era de sumo secreto el retorno de la princesa Tsunade a Konoha. Kakashi estaba liderando la escena, esperaba pacientemente en la entrada de la aldea. Ni un alma había ahí.

—Es una misión muy aburrida, Ero-sennin—. Dijo Naruto sentado en la rama más alta de un árbol.

—Te puedes marchar si gustas Naruto. Estamos esperando a alguien muy importante.

Naruto giró hacia el árbol donde Jiraiya estaba sentado. Aún no veía a Tsunade, pero sentía que llegaría en cualquier momento.

—Jiraiya-sensei, el capitán Hatake lo llama.

El Sannin bajó y atrás de él, Naruto.

El joven rubio pudo ver tres siluetas a lo lejos. No llevaban equipaje y unas gabardinas cubrían sus cabezas.

—Acércate Naruto. Ven a conocer a la nueva Hokage de Konoha.

Las tres siluetas ya habían atravesado la puerta principal. Era oficial: estaban en casa. La rubia se quitó el gorro que cubría su cabello.

—Tsunade-sama la esperábamos con ansias.

La rubia sonrió, la aldea se veía diferente de noche. En la mañana daría un paseo para confirmar los cambios que había desde que se fue.

—La escoltaremos hasta su propiedad Tsunade-sama.

Naruto aún seguía observando a Tsunade, no era nada como él la había imaginado. Pensó que se trataría de alguien con mayor edad, que se vería como Jiraiya. Miró a su maestro. Estaba en una clase de hechizo, sus mejillas estaban rojas y sonreía tontamente.

Olvidó a Jiraiya, era un caso perdido con las mujeres.

Tsunade acompañada de otras dos figuras a su lado siguieron a Kakashi. Naruto puso su atención en la figura de menor estatura, y la persona que estaba bajo esa gabardina también lo miró.

Naruto observó ese par de ojos verdes, pudo ver una leve sonrisa en la oscuridad de su rostro. Eso lo dejó sin aliento. Naruto se tocó el pecho y sintió como su corazón se aceleraba.

"Es como amor a primera vista o algo así decía en uno de los libro de Ero-sennin" pensó el rubio.

—Sorprendente— dijo Naruto soltando un suspiro.

—Sí, sorprendente— Jiraiya seguía con la mirada a Tsunade. El hombre mayor no se atrevió aún a hablar con ella.


—Tsunade-sama, quedamos a sus órdenes—. Kakashi bajó su cabeza.

Tsunade tocaba todo con delicadeza, seguía el relieve de los muebles con mucho cuidado.

—Kakashi, enséñales el complejo a mis alumnas.

—Como ordene.

—¿Qué complejo Tsunade-sama? — Preguntó una de sus estudiantes.

—Hice mis preparativos antes de aceptar el puesto, Shizune.

Shizune hizo una expresión de duda.

—Azul, lleva a Shizune-san al lado oeste. Yo iré al este—. Ordenó el capitán. —Sígame, Haruno-san.

Sakura siguió al hombre de la máscara. Era alto, mucho más que ella. Tenía el cabello de color plata y uno de sus ojos estaba cubierto por el emblema de Konoha. La joven aún cubría su cabello y gran parte de su rostro. Le ponía nerviosa que los de ANBU pudieran ocultar su identidad. Prefirió ser reservada en ese momento. Sakura siguió al joven ANBU, ella recordó que era el capitán de su escuadrón. Eso podría parecerle intimidante, pero se relajó.

—¿A dónde vamos? — inquirió la pelirrosa.

—Le enseñaré su nuevo hogar, Haruno-san. Fue una petición de la Hokage para sus alumnas. Quiere que se sientan en casa.

Sakura solo asintió.

—El lugar fue escogido precisamente para usted. ¿Lo sabe? El sitio de Shizune-san está cerca del hospital porque Tsunade-sama quiere que ella esté cerca de su trabajo.

—¿Cuál es su nombre? — Preguntó Sakura de nuevo, y al mismo tiempo preguntándose a sí misma si no molestaría a ese hombre con tantas preguntas.

Kakashi se tomó un momento para contestar.

—Hatake Kakashi.

"Solo así" pensó Sakura, al no presentarse como Capitán Hatake Kakashi.

—Es un placer entonces Hatake-san.

Sakura retiró su gabardina y dejó ver su cabello rosado.

—Vaya, por el color de tu cabello acierto que no eres de aquí.

—Tenía un pensamiento similar hacia Hatake-san.

—Llámame Kakashi, es demasiada formalidad y la detesto.

Eso hizo sonreír a Sakura. Kakashi se veía como un tipo duro y frío. Se preguntó qué cuál sería la historia detrás de la banda que cubría su cara.

Sakura y Kakashi continuaron caminando por el sendero. Se alejaban un poco del centro de la aldea y había menos comercios y menos casas, abundaba la naturaleza y los grandes árboles.

—Tsunade-sama piensa que será mejor que tengas tu hogar cerca de los campos de entrenamiento, rodeada de este bosque.

Sakura se maravilló, Konoha era cautivante aún en la noche.

—En aquella dirección, a unos diez kilómetros se encuentra el bosque de la muerte. Es donde nuestros genin hacen su examen chunin.

Sakura observó el brazo de Kakashi, tenía un vendaje muy tosco que suplicaba ser cambiado.

—Puedo ayudarte con eso— Sakura vio que Kakashi se negaba. Pero ella insistió.

Al fin llegaron a la nueva casa de Sakura, que, si bien era nueva para ella, había pertenecido hace muchos años a un antiguo médico de Konoha.

Sakura no perdió tiempo en observar la casa, de un pergamino sacó sus herramientas ninja y su estuche de primeros auxilios.

—Puedes sentarte aquí, Kakashi—Sakura indicó un sillón cercano, la joven se agachó para quitar el vendaje. Realmente la herida no era profunda, pero era muy larga y tratada con brusquedad.

Sakura tomó un pedazo de gasa en su manos y puso alcohol en ella. Estaba mirando a Kakashi para desviar su atención de la herida. Era un truco que aprendió con los niños. Kakashi la miró también. Tuvo un efecto hipnotizante por un momento. En su mirada no podía descifrar si era tristeza y amargura o felicidad y amor. Era un enigma. Sakura sonrió.

—¿Te dolió?

—Para nada.

Ella continúo con el procedimiento, sus manos se sentían un poco ásperas al contacto, y eso sorprendió un poco a Kakashi, eso le daba a entender que practicaba combate, al igual que él.

—Muy bien, terminé.

Kakashi se sintió mejor, era como si su piel suspirara. Admiró un momento a la joven ordenar todo su maletín de primeros auxilios.

—Sakura, tal vez mañana quisieras conocer la aldea. Tengo un alumno que también acaba de llegar, está ansioso por descubrir los nuevos colores de Konoha.

Ella le sonrió amablemente y asintió.

—De acuerdo, suena divertido.

—Lo será, haré que te busque en la entrada de la aldea a las diez, ¿te parece bien?

Sakura volvió a asentir. Ella seguía arrodillada al lado de Kakashi, a ella le parecía curioso, realmente tenía una vista muy atemorizante, pero se portó muy agradable con ella. Hatake estiró su cuello, se veía muy cansado.

—¿Te duele algo en específico? —inquirió la jovencita.

—Realmente me duele todo. Pero estaré bien.

—De acuerdo. Sabes dónde encontrarme—. Contestó ella.

—Gracias por atenderme.

Ambos se levantaron, Sakura se acercó a la puerta para ver cómo desaparecía Kakashi en la oscuridad. Hasta ese momento Sakura pensó lo que significaría hacer su vida en Konoha. Había sido abandonada tantas veces. Hasta ese momento se dio cuenta que ella esperaba el temor que sentía poco a poco se convirtiera en esperanza, como cuando te estas columpiando y quieres saltar. Como cuando tienes miedo y confías.