Capítulo 4
Jack Valentine había nacido filius nullius, la expresión latina que significa "hijo de nadie". Su madre, Edith había sido criada por un próspero abogado en Oxford, y su padre, el mismísimo abogado.
Se le ocurrió liberarse de la madre y del hijo de un solo golpe y soborno a un grosero agricultor para casase con Edith. A la edad de 10 años, habiendo tenido suficiente del abuso y las palizas del granjero, Jack abandonó su hogar para siempre y partió hacia Londres.
Trabajó en la fragua de un herrero por 10 años ganando un significativo tamaño y fuerza, también una reputación de buen trabajador y confiable.
A Jack nunca había querido más para sí mismo. Tenía un empleo, su estómago lleno, y el mundo fuera de Londres no tenía interés para él.
Un día, sin embargo, un hombre de cabello rubio entró a la herrería y pidió hablar con Jack. Intimidado por el fino traje del caballero y su porte sofisticado, murmuró las respuestas a una multitud de preguntas acerca de su historial personal y su experiencia de trabajo. Y entonces, el hombre asombró a Jack ofreciéndole empleo como su ayudante de personal, con un sueldo mucho mayor del que tenía.
Con desconfianza, Jack preguntó por qué el hombre contrataría a un principiante, sin educación, rudo por naturaleza y apariencia. – Usted podría elegir entre los mejores criados de Londres - Jack señaló - ¿Por qué alguien como yo?
- Porque esos criados son famosos chismosos y tienen familiaridad con los sirvientes de las familias prominentes de toda Inglaterra y el continente. Usted tiene una reputación de mantener la boca cerrada, lo cual yo valúo más que la experiencia. Además, luce como si pudiera defenderse bien en una pelea.
Los ojos de Jack se estrecharon. - ¿Por qué un ayudante personal necesitaría pelear?
El hombre sonrió. - Estarás haciendo recados para mí. Algunos de ellos serán fáciles, otros no tanto. Vamos, ¿aceptas o no? Facinelli tenía un agudo entendimiento de la naturaleza humana, como nadie que Jack hubiera conocido antes. Después de pocos minutos de conocerlo, él lo evaluó con total agudeza. Él sabía cómo lograr que la gente hiciera lo que él quería, y casi siempre se salía con la suya.
A Jack le parecía que el cerebro de Facinelli nunca descansaba, ni siquiera para el necesario acto de dormir. Estaba constantemente activo. Jack lo había visto solucionar algún problema en su cabeza mientras simultáneamente escribía una carta y llevaba una coherente conversación.
Su apetito por la información era voraz, y poseía un don singular en su memoria. Facinelli no estaba por encima de los gestos de bondad o consideración, y rara vez perdió los estribos. Pero Jake nunca estuvo seguro acerca de cuánto le importaban sus hombres, o si le importaban. En el fondo, él era tan frío como un iceberg. Y así, con todas las cosas que sabía acerca de Carlisle Facinelli, esencialmente continuaban siendo extraños.
No importaba. Jack hubiera muerto por ese hombre. El hotelero aseguró la lealtad de todos sus sirvientes, quienes estaban hechos para el trabajo duro, pero se les daba un justo trato y generosos salarios. En retribución, ellos salvaguardaban su privacidad celosamente. Facinelli tenía relación con gran cantidad de gente, pero raramente hablaba de esas amistades, y era altamente selectivo acerca de a quién admitía en su círculo más intimo.
Facinelli era perseguido por mujeres. Por supuesto, su rampante energía frecuentemente encontraba salida en los brazos de una belleza u otra. Pero a la primera indicación que la mujer sentía la más ligera seña de afecto, Jack era despachado a su residencia para hacerle llegar una carta que terminaba cualquier comunicación futura. En otras palabras, Jack era requerido para soportar las lágrimas, la rabia, u otras desastrosas emociones que Facinelli no podía tolerar. Jack hubiera sentido lástima por esas mujeres, excepto que, junto con cada carta, Facinelli incluía alguna monstruosamente cara pieza de joyería que servía para apaciguar algún sentimiento herido.
Había ciertas áreas en la vida de Facinelli donde las mujeres no eran permitidas. Él no les permitía quedarse en sus apartamentos privados ni fisgonear en su habitación de curiosidades. Era ahí donde iba a meditar sobre sus más difíciles problemas, y las noches, cuando no podía dormir, iba hasta su mesa de dibujo para ocuparse él mismo, como un autómata trabajando con partes de un reloj y pedazos de alambre hasta que lograba calmar su hiperactiva mente.
Entonces, cuando a Jack le dijeron discretamente que una joven dama había estado con Facinelli en su cuarto de curiosidades, supo que algo significativo había ocurrido.
Jack terminó su desayuno en la cocina del hotel con prisa: huevos a la crema esparcidos con rizos suaves de tocino frito. Usualmente, él se tomaría su tiempo para saborear la comida. Sin embargo, esta mañana no podía llegar tarde a su encuentro con Facinelli.
- No tan rápido - dijo Andre Broussard, un chef a quien Facinelli había robado de la embajada francesa dos años antes. Broussard era el único empleado en el hotel que posiblemente dormía menos que Facinelli. El joven chef era sabido que se levantaba a las 3 de la mañana para empezar a prepararse para un día de trabajo, e iba a los mercados temprano personalmente para seleccionara los mejores productos. Era rubio, de complexión ligera, pero poseía la disciplina y voluntad de un comandante del ejército.
Deteniéndose en el acto de batir una salsa, Broussard miró a Jack con diversión. - Podrías tratar de masticar, Valentine.
- No tengo tiempo de masticar - Jack replicó, poniendo al lado la servilleta.
- Debo tener la lista de la mañana del señor Facinelli en... - consultó su reloj de bolsillo - ...dos y medio minutos.
- Ah sí… la lista de la mañana. - El chef procedió a imitar a su empleador -. "Valentine, quiero que arregles una soirée en honor del embajador de Portugal aquí, el martes con juegos pirotécnicos para el final. Luego quiero que corras a la oficina de patentes con los planos de mi último invento. Y en el camino de regreso, detente por la Regent Street y compra 6 pañuelos de lino francés simple, sin dibujos y, Dios me ayude, sin encaje"
- Suficiente, Broussard - Jack dijo intentando no sonreír.
El chef regresó su atención a la salsa. - Por cierto, Valentine… cuando descubras quién era la chica, vuelve y dímelo. Y en retribución, yo te dejaré que escojas de la bandeja de pastas antes de enviarla al comedor.
Jack le dio una mirada penetrante: - ¿Qué chica?
- Sabes muy bien qué chica. Aquella con la que Mr. Facinelli fue visto esta mañana.
Jack frunció el ceño. - ¿Quién te lo dijo?
- Al menos tres personas lo mencionaron en la última media hora. Todos están hablando acerca de eso.
- Los empleados de Facinelli tienen prohibido cotillear - Jack dijo severamente.
Broussard puso lo ojos en blanco. - Para los de afuera, sí, pero Mr. Facinelli nunca dijo que no podíamos cotillear entre nosotros.
- No sé por qué la presencia de una chica en el cuarto de curiosidades debe ser tan interesante:
- Hmmm... ¿Podría ser porque Facinelli nunca permite a nadie entrar ahí? ¿Podría ser porque todo el que trabaja aquí está rogando que Facinelli encuentre pronto una esposa para distraerlo de su constante intromisión?
Jack movió la cabeza con pesar. - Dudo que alguna vez se case. El hotel es su amante.
El Chef le dio una condescendiente mirada. - Eso es lo que sabes… Mr. Facinelli se casará una vez que encuentre a la mujer correcta. Como dicen en mi país: "Una esposa y un melón son difíciles de elegir". - Miró a Jack cuando abotonó su abrigo y enderezó su pañuelo - Tráeme información, mon ami.
- Sabes que nunca revelaría un detalle de los romances privados de Facinelli.
Broussard suspiró - Leal hasta el final. Supongo si Facinelli te pidiera asesinar a alguien lo harías ¿o no? - Aunque la pregunta fue hecha un tono ligero, los ojos grises del chef estaban alertas, porque nadie, ni siquiera Jack, estaba enteramente seguro de lo que Carlisle Facinelli era capaz, o cuán lejos llegaba la lealtad de Jack.
- Él no ha pedido eso de mí - Jack replicó y, tras una pausa, añadió con un toque de humor -. Todavía.
Como Jack corrió al baño privado de las habitaciones numeradas en el tercer piso, se cruzó con muchos empleados en las escaleras traseras. Estas escaleras, y las entradas en la parte trasera del hotel, eran utilizadas por los funcionarios y repartidores, ya que se dedicaban a sus tareas diarias.
Algunas personas trataron de detener a Jack con preguntas o preocupaciones, pero sacudió la cabeza y apretó el paso. Jack tenía cuidado de no llegar tarde a sus reuniones de la mañana con Facinelli.
Esas consultas eran, por lo general, breves, no más de un cuarto de hora, pero Facinelli pedía puntualidad.
Jack hizo una pausa antes de la entrada de la suite, escondida en la parte trasera de un lobby privado, que se alineaba con el mármol y obras de arte sin precio. Un pasillo interior seguro llevaba a una escalera y a una discreta puerta lateral del hotel, para que nunca Facinelli tuviera que utilizar los pasillos principales en sus idas y venidas. Facinelli, a quien le gustaba llevar un registro de todos los demás, no permitía que nadie hiciera lo mismo con él. Tomaba la mayoría de sus comidas en privado, iba y venía a su antojo, a veces sin ninguna indicación de cuándo se iba a volver.
Jack llamó a la puerta y esperó hasta que oyó un asentimiento sordo para entrar.
Entró en la suite, una serie de cuatro habitaciones conectadas que podrían ampliarse como uno desee, hasta un apartamento de quince habitaciones.
- Buenos días, Sr. Facinelli - dijo al entrar al estudio.
El hotelero se sentó en una mesa de caoba maciza equipada con un armario lleno de cajones y cajitas. Como de costumbre, el escritorio estaba cubierto de folios, documentos, libros, correspondencia, tarjetas de visita, un sello de caja, y una variedad de escrituras. Facinelli cerraba una carta, aplicando un sello precisamente en un pequeño charco de cera caliente.
- Buenos días, Valentine. ¿Cómo fue la reunión de personal?
Jack le entregó el fajo de los informes diarios del gerente. - Todo va sin problemas, en su mayor parte. Ha habido algunos problemas con el contingente diplomático de Nagaraja.
- ¿Ah, sí?
El pequeño reino de Nagaraja, encajada entre Birmania y Siam, acababa de convertirse en un aliado británico. Después de ofrecer ayudar a los Nagarajans para expulsar a la invasión siamesa, Gran Bretaña ya había hecho del país uno de sus protectorados, lo que era similar a ser atrapado bajo las garras del león y ser informado que estabas perfectamente seguro.
Desde que Inglaterra estaba comúnmente peleando a los Burmeses y anexando provincias de derecha a izquierda, los Nagarajans esperaban desesperadamente mantener su autogobierno. Hacia el final, el reino había enviado una delegación a Inglaterra, llevando costosos regalos a la Reina Victoria.
- El gerente de recepción - dijo Jack - tuvo que cambiar sus habitaciones tres veces cuando llegaron por primera vez ayer por la tarde.
Facinelli elevó sus cejas. - ¿Hubo un problema con las habitaciones?
- No con las habitaciones mismas… El número en las habitaciones, las cuales, de acuerdo a las supersticiones Nagaraja, no eran auspiciosas, finalmente los acomodamos en la suite 218. Sin embargo, no mucho después, el gerente detectó un olor a humo del segundo piso viniendo de la suite. Parecía que ellos estaban realizando una ceremonia de arribo a una nueva tierra, la cual incluía empezar un pequeño fuego en un plato de bronce. Desafortunadamente, el fuego se salió de control y la alfombra fue chamuscada.
Una sonrisa curvó la boca de Facinelli. - Según recuerdo, Nagaraja tiene ceremonias para casi todo. Vea que una ubicación apropiada se encuentre, para que los fuegos sagrados no quemen todo el hotel.
- Sí, señor.
Facinelli hojeó los informes de los administradores. - ¿Cuál es nuestra tasa de ocupación actual? - preguntó sin levantar la vista.
- Noventa y cinco por ciento.
- Excelente. - Facinelli continuó examinando los informes.
En el silencio que siguió, Jack dejó vagar su mirada sobre el escritorio. Vio a una carta dirigida a Miss Esme Swan, del Honorable Harry Clearwater
Se preguntó por qué estaba en posesión de Facinelli… una de las hermanas de una familia que se quedaba en el hotel durante la temporada en Londres. Como otras familias de la nobleza que no tenían residencia en la ciudad, ellos se veían obligados a alquilar una casa amueblada o quedarse en un hotel privado.
Los Swan habían sido leales clientes de Facinelli por tres años.
¿Sería posible que Esme fuera la chica con la que Facinelli fuera visto esa mañana?
- Valentine - Dijo el hotelero dijo con ligereza - Una de las sillas en mi cuarto de curiosidades necesita ser retapizado. Hubo un pequeño percance esta mañana.
Jack usualmente sabía que no debía preguntar, pero no pudo resistirse.
- ¿Qué clase de percance, señor?
- Fue un hurón. Creo que estaba tratando de hacer un nido en el cojín.
- ¿Un hurón?
Los Swan estaban definitivamente involucrados.
- ¿Está la criatura aun suelta? - Jack preguntó.
- No, fue recuperada.
- ¿Por una de las hermanas Swan? - Jack adivinó.
Un destello de advertencia apareció en sus fríos ojos verdes. - De hecho, sí.
Colocando los reportes a un lado, Facinelli se recostó en la silla. La posición relajada fue desmentida por el repetido golpeteo de sus dedos mientras descansaba su mano sobre el escritorio. - Tengo algunos mandados para ti, San Valentín. Primero, ve a la residencia de Lord Clearwater en Upper Brook Street, arregla un encuentro privado con Clearwater en los próximos dos días, preferentemente aquí. Deja claro que nadie tiene que saber acerca de esto, enfatiza que el asunto es de gran importancia.
- Sí, señor - Jake no pensó que hubiera ninguna dificultad en hacer los arreglos. Cuando Carlisle Facinelli quería encontrarse con alguien, ellos iban sin demora. - Lord Clearwater es el padre de Mr Harry Clearwater, ¿no?
- Si, es él.
¿Qué demonios estaba pasando?
Antes de que Jack pudiera responderse, Facinelli continuó con la lista. - Después, toma esto - le dio a Jack un delgado folio atado con una cuerda de cuero. - Para Sir Gerald en la Oficina de Guerra. Déjalo directamente en sus manos. Después de eso, ve a Watherston & Hijos y compra un collar o un brazalete a mi cuenta. Algo bonito, Valentine, y envíalo a Mrs. Rawlings, a su residencia.
- ¿Con sus saludos? - Jack preguntó esperanzadamente.
- No, con esta nota - Facinelli le dio una carta sellada -. Me estoy librando de ella.
La cara de Jack se cayó. Dios. Otra escena. - Señor, preferiría llevar el recado al este de Londres y ser golpeado por ladrones callejeros.
Facinelli sonrió. - Eso probablemente pase después en la semana. – Jack dio a su patrón una significativa mirada y se fue.
Esme estaba muy consciente de sus términos de casadera, ella tenía los puntos buenos y malos. A su favor: Su familia era adinerada, lo cual significaba que ella tendría un atractivo dote.
En su contra: Los Swan no eran una familia distinguida ni de sangre azul, a pesar del título de Emmett.
A su favor: Era atractiva.
En su contra: Era habladora y torpe, frecuentemente al mismo tiempo, y cuando se ponía nerviosa, ambos problemas empeoraban.
A su favor: La aristocracia no podía permitirse ser tan particulares como alguna vez lo fueron. Mientras el poder de la nobleza lentamente disminuía, una clase de industriales y comerciantes estaba rápidamente elevándose. Por lo tanto, matrimonios entre adinerados plebeyos y una empobrecida nobleza ocurría con creciente frecuencia. Con más y más frecuencia, la nobleza tenía que figurativamente levantar su nariz y mezclarse con aquellos de bajos orígenes.
En contra: El padre de Harry Clearwater, el vizconde, era un hombre de altos estándares, especialmente en lo que a su hijo concernía.
- El Vizconde ciertamente tendrá que considerar la unión. - Miss Hale le dijo. - Él podrá tener un impecable linaje, pero para lo que cuenta, su fortuna está disminuyendo. Su hijo pronto tendrá que casarse con una chica de una familia de recursos. Bien podría ser una Swan.
- Espero tengas razón - Esme replicó con sentimiento.
Esme no tenía dudas que ella sería feliz como esposa de Harry Clearwater Él era inteligente, afectuoso, de risa fácil… nacido y criado como un caballero. Ella lo amaba, no con el fuego de la pasión, pero con una cálida y firme flama. Ella amaba su temperamento, la confianza que reemplazaba cualquier insinuación de arrogancia. Y ella amaba su apariencia, tan masculina, como si fuera a admitir tal cosa. Pero él tenía un espeso cabello castaño y cálidos ojos marrones, y era alto y bien formado.
Una vez que Esme conoció a Harry, pareció casi demasiado fácil… en poco tiempo ella se había enamorado de él.
- "Espero que no esté jugando conmigo" - Harry le dijo una noche cuando ellos visitaban una galería de arte en una misión de Londres durante una soirée -. "Si, espero no haber malinterpretado lo que podría ser simple amabilidad de su parte por algo más significativo". - Él se detuvo con ella delante de un gran paisaje hecho de óleo -. "La verdad es, Miss Swan… Esme… cada minuto que paso en tu compañía, me da tanta dicha que apenas puedo soportar apartarme de ti."
Ella lo miró maravillada: - "¿Podría ser posible?" susurró.
- "¿Que te amo?" - Harry le respondió, una irónica sonrisa tocando sus labios -. "Esme Swan, es imposible no amarte."
Ella dio un tembloroso suspiro, todo su ser estaba lleno de felicidad. - "Miss Hale nunca me dijo qué se supone que hace una dama en esta situación."
Harry sonrió y se inclinó un poco más cerca, como si le estuviera diciendo un secreto. - "Se supone que debes animarme discretamente".
- "Yo también te amo".
- "Eso no es discreto" - dijo con los ojos brillando -. "Pero es lindo de oír".
El cortejo fue más allá de lo circunspecto. El padre de Harry, el Vizconde
Clearwater, era el protector de su hijo. Un buen hombre, pero muy severo. Y Harry le pidió el suficiente tiempo para convencer a su padre de lo correcto de la unión. Esme estaba completamente dispuesta a darle a Harry el tiempo que necesitara.
El resto de los Swan, sin embargo, no eran tan complacientes. Para ellos, Esme era un tesoro, y merecía ser cortejada abiertamente y con orgullo.
- Voy a discutir el asunto con Clearwater. – Edward Cullen sugirió a la familia que se relajaba en el salón de la suite del hotel después de la cena. Se reclino en el sofá cerca de Bella, quien estaba sosteniendo a su bebé de seis meses. Cuando el bebé creciera, su nombre gadjo (gadjo es la palabra que los gitanos usaban para los de afuera) sería Edward Cullen, pero entre la familia era llamado por su nombre Romaní, Edw.
Esme y Miss Hale ocupaban el otro asiento, mientras Alice se acomodó en el suelo jugando distraídamente con su mascota erizo llamada Medusa.
Dodger hacía pucheros en su canasta, aprendió de manera dura que no era muy inteligente enredarse con Medusa y sus púas.
Frunciendo el ceño contemplativamente, Esme levantó la vista de su bordado. - No creo que eso ayudaría. - Le dijo a su cuñado con pesar -. Sé cuán persuasivo eres… pero Harry es muy firme acerca de cómo manejar a su padre.
Edward pareció pensar sobre el asunto. Con su cabello cobrizo brillante un poco largo, su piel blanca y un pequeño diamante brillando en una oreja, Cullen lucia más como un Príncipe pagano que un hombre de negocios que había reunido una fortuna en el negocio de la construcción.
Desde que se había casado con Bella; Edward fue el jefe de la familia Swan. Nadie hubiera podido manejar ese rebelde grupo. Su "tribu", como él les llamaba.
- Hermanita - dijo Edward, sonando relajado a pesar de su intención -. Como dicen los Rom: "Un árbol sin sol no da fruto". No veo ninguna razón por la cual Clearwater no deba pedir el permiso para cortejarte, y luego hacerlo abiertamente en la forma habitual de la gadjos.
- Edward - dijo Esme cuidadosamente -. Sé que los Roms tienen más de una... una forma sencilla... de enfocar el noviazgo...
En ese momento, Bella ahogó una risa. Edward la ignoró. Miss Hale parecía perpleja, claramente no tenía idea de que la tradición gitana de cortejo a menudo implicaba robar a una mujer directamente de su cama.
- Pero tú sabes tan bien como cualquiera de nosotros - Esme continuó - que es un proceso mucho más delicado para la Nobleza británica.
- En realidad - Bella dijo secamente - por lo que he visto, la nobleza británica negocia todas las sensibilidades románticas de un matrimonio como una transacción bancaria.
Esme frunció el ceño a su hermana mayor. - Bella, ¿de qué lado estás?
- Para mí, no hay ninguna parte, sino la tuya. - Los ojos chocolate de Bella estaban llenos de preocupación -. Y es por eso que me preocupa este tipo de noviazgo encubierto... llegan por separado a los eventos, nunca llega a llevarte de paseo con la señorita Hale en carruaje… todo lleva el olor de la vergüenza, como si fueras un secreto culpable.
- ¿Estás diciendo que dudas de las intenciones del Sr. Clearwater?
- No, en absoluto. Pero no me gustan sus métodos.
Esme suspiró. - Yo soy una opción poco convencional para un miembro de la nobleza. Y, por lo tanto, el Sr. Clearwater debe proceder con cautela.
- Eres la persona más convencional en toda la familia - Bella protestó.
Esme le dirigió una mirada oscura. - Ser el Swan más convencional no es algo para jactarse.
Molesta, Bella miró a su compañera. - Miss Hale, mi hermana parece creer que su familia es tan extraña, tan completamente fuera de lo común, que el Sr. Clearwater debe pasar por estos esfuerzos, a escondidas alrededor, en vez de ir al vizconde de una manera honrada y decir: "Padre, quiero casarme con Esme Swan, y me gustaría que me des tu bendición". ¿Puedes decirme por qué hay una necesidad de precaución excesiva, por parte de Sr. Clearwater?
Por una vez, la señorita Hale pareció quedarse sin palabras.
- No la pongas en esa exposición - dijo Esme-. Éstos son los hechos, Bella: tú y Nessie están casadas con gitanos, Emmett es un notorio bribón, Alice tiene más animales domésticos que la Sociedad Zoológica Real, yo soy socialmente torpe y no puedo mantener una conversación adecuada ni para salvar mi vida. ¿Es tan difícil entender por qué el Sr. Clearwater tiene que dar la noticia a su padre con cuidado?
Bella la miró como si quisiera discutir, pero en su lugar murmuró, - las conversaciones adecuadas son muy aburridas, en mi opinión.
- La mía también - dijo con tristeza -. Ese es el problema.
Alice levantó la vista del erizo, que se había acurrucado en una pelota en sus manos. - ¿Tiene el Sr. Clearwater una conversación interesante?
- No tendrías que preguntar - Bella dijo - si se atreviera a venir aquí para una visita.
- Sugiero - dijo la señorita Hale a toda prisa, antes que Esme pudiera replicar - que, como una familia, invitemos al Sr. Clearwater para que nos acompañe para el Chelsea Flower Show pasado mañana, lo que nos permitirá pasar la tarde con el Sr. Clearwater, y tal vez tengamos mayor seguridad acerca de sus intenciones.
- Creo que es una idea maravillosa - exclamó Esme. Asistir a una Feria de las flores juntos sería mucho más discreto a que Harry tuviera que acudir a ellos en Facinelli -. Estoy segura de que cuando le hables al Sr. Clearwater se aliviarán tus preocupaciones, Bella.
- Espero que sí - respondió su hermana, sin sonar convencida. Un pequeño ceño se formó entre las delgadas cejas de su hermana. Volvió su atención a la señorita Hale -. Como acompañante de Esme, usted ha visto mucho más de este galán furtivo que yo. ¿Cuál es su opinión sobre él?
- De lo que he observado - la chaperona dijo cuidadosamente - el Sr. Clearwater está bien considerado y es honorable. Tiene una excelente reputación, sin antecedentes de seducir mujeres, gastar más allá de sus posibilidades, o pelear en lugares públicos. En resumen, es lo contrario de Lord Dwyer.
- Eso habla bien de él - dijo gravemente Edward. Sus ojos brillaban como oro mientras miró hacia abajo a su esposa. Un momento de comunicación silenciosa pasó entre ellos antes de murmurar en voz baja - ¿Por qué no le envías una invitación, Mónisha?
Una sonrisa sarcástica se dibujó en los suaves labios de Bella
. - ¿Asistirías voluntariamente a una feria de flores?
- Me gustan las flores - dijo Edward inocentemente.
- Sí, dispersas en las praderas y pantanos. Pero odias verlas organizados en estantes elevados y pequeñas cajas.
- Puedo tolerarlo una tarde - Edward le aseguró. Mientras jugaba con un mechón de pelo suelto que se le había soltado en el cuello -. Supongo que vale la pena el esfuerzo para ganar un pariente como Clearwater. - Sonrió al añadir: - Necesitamos al menos un hombre respetable en la familia, ¿no?
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.Gracias por aquellas personas que aun quedan para leer esta historia jaja
