Capítulo 5

Una invitación fue enviada a Harry Clearwater al día siguiente y, para regocijo de Esme, fue aceptada inmediatamente.

- Es sólo cuestión de tiempo - le dijo a Alice, apenas conteniéndose de saltar por la emoción de la misma manera en la que Dodger lo hacía. - Voy a ser la señora de Harry Clearwater, y lo amo... amo a todo el mundo y lo amo todo... ¡incluso amo a tu apestoso y viejo hurón, Ali!

A última hora de la mañana, Esme y Alice se vistieron para dar un paseo. Era un día claro y cálido, y los jardines del hotel, alternados cuidadosamente con senderos de grava, eran una sinfonía de flores.

- Casi no puedo esperar para salir – dijo Esme, de pie junto a la ventana y mirando fijamente los extensos jardines. - Casi me recuerda a Hampshire, las flores son tan hermosas.

- No me recuerdan en nada a Hampshire - dijo Alice -. Es todo demasiado ordenado. Pero sí me gusta caminar a través del jardín de rosas del Facinelli. El aire huele muy dulce. ¿Sabes? hablé con el jardinero hace algunas mañanas, cuando Edward, Bella y yo salimos, y me contó su receta secreta para hacer que las rosas sean tan grandes y saludables.

- ¿Cuál es?

- Caldo de pescado, vinagre y una pizca de azúcar. Las rocía con el líquido justo antes de que florezcan. Y les encanta.

Esme arrugó la nariz.

- Qué brebaje más espantoso.

- El jardinero dijo que el viejo señor Facinelli es aficionado especialmente a las rosas, y la gente le ha traído algunas de las variedades exóticas que se ven en el jardín. Las rosas de lavanda son de China, por ejemplo, y la variedad de Rubor de la Doncella proviene de Francia, y...

- ¿El viejo señor Facinelli?

- Bueno, no dijo en realidad que el Señor Facinelli fuera viejo. Simplemente no puedo dejar de pensar en él de esa manera.

- ¿Por qué?

- Bueno, es tan terriblemente misterioso, y nunca lo ve nadie. Me recuerda a los cuentos del viejo loco Rey George, encerrado en sus habitaciones en el castillo de Windsor. - Alice sonrió. - Tal vez mantienen al Señor Facinelli en el ático.

- Ali – susurró Esme, llena de una abrumadora necesidad de confiar en ella. - Hay algo que me muero por contarte, pero debe permanecer siendo un secreto.

Los ojos de su hermana se iluminaron con interés.

- ¿Qué es?

- Primero prométeme que no se lo dirás a nadie.

- Te prometo prometerlo.

- Júralo sobre algo.

- Lo juro por San Francisco, el santo patrono de todos los animales. – Ante la vacilación de Esme, Alice añadió con entusiasmo: - Si una banda de piratas me secuestrara y me llevara a su barco y me amenazara con hacerme caminar por una tabla sobre una horda de tiburones hambrientos a menos que les diga tu secreto, a pesar de todo no se lo diría. Si fuera atacada por un villano y lanzada ante una manada de caballos en estampida, todos perfectamente herrados, y la única manera de evitar ser atropellada fuera decirle al villano tu secreto, yo...

- Muy bien, me has convencido -Esme dijo con una sonrisa. Arrastrando a su hermana hacia la esquina, le dijo en voz baja. - He conocido al señor Facinelli.

Los ojos de Alice se volvieron enormes.

- ¿Sí? ¿Cuándo?

- Ayer por la mañana. - Y Esme le contó toda la historia, describiéndole el pasaje, la habitación de curiosidades, y al mismo señor Facinelli. Lo único que dejó fuera fue el beso, el cual, en lo que respectaba a Esme, jamás había ocurrido.

- Estoy tan terriblemente arrepentida por Dodger - dijo Alice seriamente -. Te pido disculpas en su nombre.

- Está bien, Ali. Sólo... me gustaría que no hubiera perdido la carta. Mientras que nadie la encuentre, supongo que no hay ningún problema.

- ¿Entonces el señor Facinelli no es un viejo loco decrépito? - le preguntó Alice en un tono decepcionado.

- Cielos, no.

- ¿Qué apariencia tiene?

- Es muy apuesto, en realidad. Es muy alto, y...

- ¿Tan alto como Jacob?

Jacob Black había ido a vivir con los Swan después de que su tribu fuera atacada por los ingleses, quienes habían querido conducir a los gitanos fuera de la comarca. Él había sido dado por muerto, pero los Swan lo habían acogido, y se había quedado para siempre.

Recientemente se había casado con la segunda hermana, Renesmee. Jacob había emprendido la tarea monumental de mantener en funcionamiento la finca Dwyer durante la ausencia de Emmett. Los recién casados estaban muy felices de quedarse en Hampshire durante la temporada, disfrutando de la belleza y de la relativa intimidad de la Casa Dwyer.

- Nadie es tan alto como Jacob - dijo Esme. - No obstante, el Señor Facinelli es alto, y tiene pelo rubio y unos penetrantes ojos dorados... – Su estómago dio un salto un poco inesperado mientras lo recordaba.

- ¿Te gusta?

Esme vaciló.

- El Señor Facinelli es... inquietante. Es encantador, pero tengo la sensación de que es capaz de hacer casi cualquier cosa. Es como el ángel perverso de un poema de William Blake.

- Me gustaría haberlo visto - dijo con nostalgia Alice. - Y me gustaría aún más poder visitar la habitación de curiosidades. Te envidio, Esme. Ha pasado mucho tiempo desde que algo interesante me ha ocurrido a mí.

Esme se rió en voz baja.

- ¿Qué?… ¿cuando hemos pasado por casi una temporada entera en Londres?

Alice puso sus ojos en blanco.

- La temporada de Londres es tan interesante como una carrera de caracoles. En enero. Con caracoles muertos.

- Niñas, estoy lista - fue la llamada de la alegre señorita Hale mientras entraba en la habitación. - Asegúrense de llevar sus sombrillas... no quieran quedarse bronceadas por el sol. El trío salió de la habitación y avanzó a un ritmo digno a lo largo del pasillo. Antes de doblar la esquina para tomar la gran escalera, se dieron cuenta de un trastorno poco común en tan decoroso hotel.

Voces de hombres se enredaban en el aire, algunas agitadas, al menos una de ellas enojada, y se oía el sonido de acentos extranjeros y de golpes pesados, junto con un extraño traqueteo metálico.

- ¿Qué diablos...? - dijo la señorita Marks en voz baja.

Al dar vuelta la esquina, las tres mujeres se detuvieron bruscamente a la vista de una media docena de hombres reunidos cerca de los alimentos.

Un grito sacudió el aire.

- ¿Es una mujer? - preguntó Esme, palideciendo. - ¿Un niño?

- Quédense aquí - dijo la señorita Hale de forma tensa. - Me encargaré de averiguar...

Las tres se estremecieron ante una serie de gritos, los sonidos resultantes del pánico.

- Es un niño - dijo Esme, avanzando a pesar de la orden de Señorita Hale de quedarse allí. - Tenemos que hacer algo para ayudar.

Alice ya había corrido delante de ella.

- No es un niño - dijo por encima de su hombro. - ¡Es un mono!

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No sé por dónde empezar a pedir disculpas por tantos retrasos, amo adaptar esta historia pero entre el trabajo y las fallas de internet y del computador me ha costado un poco acabar con esta en particular… aun así, me anima mucho que me escriban, incluso para decirme que debo actualizar…. Es un recordatorio grato y bien recibido y en mi movida vida… si ven que estoy tardando mucho avísenme, yo saco un huequito robado en mi trabajo y con todo gusto actualizo :D Feliz día. Un Besote a las personas que siguen allí esperando a que actualice xD