Capítulo 7

- Ahora entiendo lo que quisiste decir antes - dijo Alice a Esme cuando la Srta. Hale se había ido a hacer una diligencia no revelada. Esme se había instalado en su cama, mientras que Alice bañaba a Dodger y ahora lo estaba secando con una toalla delante de la chimenea -. Lo que estabas tratando de decir sobre el señor Facinelli- continuó -. No era para sorprenderse que lo encontraras inquietante. - Hizo una pausa para hacerle muecas al feliz hurón, que se agitaba en una toalla caliente -. Dodger, te gusta estar limpio, ¿no? Hueles tan encantador después de un buen baño.

- Siempre dices eso, y él siempre huele igual. - Esme se apoyó en un codo y los observó derramando su pelo alrededor de los hombros. Se sentía demasiado inquieta como para tomar la siesta -. Entonces, ¿has encontrado al Sr. Facinelli inquietante, también?

- No, pero entiendo por qué tú sí. Él te mira como uno de esos depredadores en medio de una emboscada. Del tipo que se encuentra en espera antes de entrar en acción.

- Qué dramática – Esme dijo con una sonrisa desdeñosa -. Él no es un depredador, Ali. Es sólo un hombre.

Alice no contestó, sólo hizo ademanes de alisar la piel de Dodger. Al tiempo que ella se inclinaba sobre él, él se tensó hacia arriba y besó su nariz afectivamente. - Esme - murmuró - no importa cómo la señorita Hale trata de civilizarme, y yo trate de escucharla, todavía tengo mi propia manera de ver el mundo. Para mí, la gente apenas es diferente de los animales. Todos somos criaturas de Dios, ¿no? Cuando conozco a alguien, sé de inmediato qué animal sería. Cuando conocimos a Edward, por ejemplo, yo sabía que era un zorro.

- Supongo que Edward es algo como un zorro - Esme dijo, divertida -. ¿Qué es Jacob? ¿Un oso?

- No, sin duda, un caballo. Y Bella es una gallina.

- Yo diría que una lechuza.

- Sí, pero ¿no te acuerdas cuando una de nuestras gallinas, en Hampshire, persiguió a una vaca que se había desviado demasiado cerca del nido? Esa es Bella.

Esme sonrió.

- Tienes razón.

- Y Nessie es un cisne.

- ¿Soy yo también un pájaro? ¿Una alondra? ¿Un petirrojo?

- No, tú eres un conejo.

- ¿Un conejo? – Esme hizo una mueca -. No me gusta eso. ¿Por qué soy un conejo?

- ¡Oh, los conejos son hermosos y suaves animales que aman ser mimados. Son muy sociables, pero son más felices en pareja.

- Pero son tímidos - Esme protestó.

- No siempre. Son lo suficientemente valientes como para ser compañeros de muchas otras criaturas. Incluso de los gatos y perros.

- Bueno - dijo Esme en resignación - es mejor que ser un erizo, supongo.

- La señorita Hale es un erizo - Alice lo dijo en un tono tan práctico que hizo que Esme sonriera.

- Y tú eres un hurón, ¿no, Ali?

- Sí. Pero yo estaba yendo a un punto.

- Lo siento, sigue.

- Yo iba a decir que el Sr. Facinelli es un gato. Un cazador solitario. Con un gusto evidente por los conejos.

Esme parpadeó con desconcierto.

- ¿Tú crees que esté interesado en…? Oh, pero Ali, no estoy del todo... y yo creo que nunca lo volveré a ver...

- Espero que tengas razón.

Acomodándose a su lado, Esme vio a su hermana en el resplandor vacilante de la chimenea, mientras que un escalofrío de inquietud penetró en la médula de sus huesos.

No porque temiera a Carlisle Facinelli.

Porque le gustaba.

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Rosalie Hale sabía que Carlisle estaba tramando algo. Siempre estaba tramando algo. Él ciertamente no tenía intención de preocuparse por su bienestar, al él le importaba un bledo acerca de ella. Él consideraba a la mayoría de las personas, incluyendo a Rosalie, una pérdida de su tiempo.

Cualquiera que fuera el misterioso mecanismo que bombeaba la sangre de Carlisle Facinelli a través de sus venas, no era un corazón.

En los años de su relación, Rosalie nunca había pedido nada de él. Una vez que Carlisle le hacía un favor a alguien, entraba en el invisible libro de contabilidad que llevaba alrededor de su infernal e inteligente cerebro, y sólo era cuestión de tiempo hasta que exigiera la devolución de ese favor con todo e intereses. La gente le temía por una buena razón. Carlisle tenía poderosos amigos y aún más poderosos enemigos, y era dudoso que incluso ellos supieran en qué categoría quedaban.

El criado, o asistente, lo que fuera, la hizo pasar al lujoso apartamento de Carlisle. Rosalie se lo agradeció con un frío murmullo. Se sentó en la sala de recepción con las manos apoyadas en su regazo.

La sala de recepción había sido diseñada para intimidar a los visitantes, todo ello realizado hábilmente, tejidos pálidos y frío mármol y obras de arte del Renacimiento invalorables.

Carlisle entró en la habitación, grande y seguro de sí mismo. Como siempre, estaba elegantemente vestido y meticulosamente arreglado. Deteniéndose ante ella, la observó con sus insolentes ojos. - Ros. Te ves bien.

- Vete al demonio - dijo ella con voz tranquila.

Su mirada se redujo a la trenza blanca de sus dedos, y una sonrisa perezosa cruzó su rostro. - Supongo que para usted, yo soy el diablo. – Él cabeceó hacia el otro lado del sofá que ocupaba -. ¿Puedo?

Rosalie hizo un gesto corto y esperó hasta que él se había sentado.

-¿Por qué mandaste a traerme? - Su voz era frágil.

- Fue una escena divertida esta mañana, ¿no? Sus Swan fueron un deleite. Definitivamente esas chicas nos son vuestro tipo de señoritas de sociedad comunes.

Poco a poco, Rosalie levantó su mirada hacia él, tratando de no estremecerse mientras miraba a las vívidas profundidades de sus ojos.

Carlisle se sobresalió en ocultar sus pensamientos... pero esta mañana había mirado a Esme con un hambre que él usualmente era muy bien disciplinado en ocultar. Y Esme no tenía ni idea de cómo defenderse contra un hombre como Carlisle.

Rosalie se esforzó por mantener su voz aún tranquila. - No voy a discutir sobre las Swan con usted. Y le advierto que se mantenga alejado de ellos.

- ¿Usted me advierte? - Carlisle repitió en voz baja, sus ojos brillaban con burla de diversión.

- No voy a permitir que lastimes a nadie en mi familia.

- ¿Tu familia? - Una de sus claras cejas se levantó -. Usted no tiene familia.

- Me refiero a la familia en la que trabajo - dijo Rosalie con dignidad helada -. Me refiero a mis cargos. Especialmente Esme. Yo vi la forma en que la miró a ella esta mañana. Si usted intenta hacerle daño a ella de alguna manera...

- No tengo ninguna intención de hacer daño a nadie.

- Independientemente de sus intenciones, eso sucede, ¿no? – Rosalie sintió una punzada de satisfacción cuando vio sus ojos estrecharse -. Esme es demasiado buena para usted - continuó - y ella está fuera de su alcance.

- Casi nada está fuera de mi alcance, Ros. - Dijo sin arrogancia. Lo cual era verdad.

Lo que hizo que Rosalie se pusiera más temerosa.

- Esme está prácticamente comprometida - respondió ella bruscamente -. Ella está enamorada de alguien.

- Harry Clearwater.

Su corazón empezó a martillar con alarma

-. ¿Cómo sabe usted eso?

Carlisle ignoró la pregunta.

- ¿De verdad cree que el vizconde Clearwater, un hombre de notoria exigencia en sus estándares, permitiría a su hijo casarse con una Swan?

- Sí, lo creo. Él ama a su hijo, y por lo tanto decidirá pasar por alto el hecho de que Esme proviene de una familia poco convencional. Él no podría pedir por una mejor madre para sus futuros herederos.

- Él es un noble. Las líneas de sangre son todo para él. Y mientras los linajes de sangre de Esme nos han llevado a un obvio resultado encantador, están lejos de ser puros.

- Su hermano es un noble - Rosalie dijo.

- Sólo por accidente. La Swan es una ramita en la parte más alejada del árbol familiar. Dwyer puede haber heredado un título, pero en términos de nobleza, él no es más noble que usted o yo. Y Clearwater lo sabe.

- Qué engreído es usted - Rosalie observó en un tono tan tranquilo como pudo.

- No, en absoluto. No me importa la sangre común de las Swan. De hecho, me gustan más por ello. Todas las hijas anémicas de la nobleza, ninguna de ellas podrían tener una vela a las dos chicas que vi esta mañana. - Su sonrisa se convirtió en auténtica por un deslumbrante momento -. Qué par. Coger un mono salvaje con un frasco de confitadas y una cuerda.

- Déjelas en paz - dijo Rosalie -. Juegas con la gente como un gato con los ratones. Entreténgase con otra persona, Carlisle. Sólo Dios sabe que usted no tiene nada de escasez de mujeres que harían cualquier cosa para complacerlo.

- Eso es lo que las hace aburridas - dijo con gravedad -. No, no te vayas todavía, hay algo que quiero preguntar. ¿Ha dicho Esme algo acerca de mí?

Desconcertada, Rosalie sacudió la cabeza.

- Sólo que era interesante finalmente ser capaz de poner una cara al hotelero misterioso. - Ella lo miró fijamente -. ¿Qué otra cosa me tendría que haber dicho?

Carlisle adoptó una expresión inocente.

- Nada. Simplemente me preguntaba si había hecho una buena impresión.

- Estoy segura de que Esme le pasó por alto completamente. Sus afectos están con el Sr. Clearwater, que, a diferencia de usted, es un hombre bueno y honrado.

- Usted me hiere. Afortunadamente, en los asuntos del amor, la mayoría de las mujeres pueden ser persuadidas para elegir a un hombre malo sobre uno bueno.

- Si usted ha entendido algo acerca del amor - dijo Rosalie ácidamente - entonces sabrá que Esme nunca elegiría a cualquier persona sobre el hombre al cual ya le ha dado su corazón.

- Él puede tener su corazón - fue la respuesta ocasional de Carlisle -. Siempre y cuando yo tenga el resto de ella.

Cuando Rosalie resoplaba con furia ofendida, Carlisle se levantó y fue a la puerta.

- Déjame mostrarle la salida. No cabe duda de que usted querrá volver atrás y sonar las alarmas. Por todo el bien que va a hacer.

Había sido un largo tiempo desde que Rosalie había conocido una insondable ansiedad. Carlisle... Esme... ¿podría él realmente tener interés genuino en ella, o simplemente había decidido torturar a Rosalie con una cruel broma?

No, él no había estado fingiendo. Por supuesto que Carlisle quería a Esme, cuya calidez y espontaneidad y bondad eran completamente extrañas en su mundo sofisticado. Él quería un respiro de sus propias necesidades inagotables, y una vez que hubiera terminado con Esme, él habría drenado toda su alegría y encanto inocente por el cual se había sentido atraído a ella desde un principio.

Rosalie no sabía qué hacer. Ella no podía exponer su propia relación con Carlisle Facinelli, y él lo sabía.

La respuesta era asegurarse que Esme fuera prometida a Harry Clearwater, públicamente prometida, tan pronto como fuera posible.

Clearwater se reuniría con la familia y los acompañaría a la feria de las flores. Después, Rosalie encontraría una manera de acelerar el proceso de cortejo. Ella les diría a Edward y Bella que debían presionar para que el asunto se resolviera rápidamente.

Y, si por alguna razón, no había compromiso, Dios nos libre, Rosalie sugeriría acompañar a Esme en un viaje al extranjero. Tal vez Francia o Italia. Incluso ella toleraría la molesta e irritante compañía del Señor Dwyer, si se decidía a ir con ellas. Cualquier cosa para mantener a Esme a salvo de Carlisle Facinelli.

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- ¡Despierta, dormilón! - Bella entró en el dormitorio con una bata adornada con cascadas de encaje suave, su cabello oscuro reunido en una gruesa trenza acomodada sobre un hombro. Ella justamente acababa de llegar de alimentar al bebé. Después de haber dejado al bebé al cuidado de la nodriza, estaba de camino a despertar a su esposo.

La preferencia natural de Edward era la de quedarse despierto todas las horas de la noche y despertarse tarde en las mañanas. Esta costumbre era directamente opuesta a la de Bella de acostarse temprano, quien tenía la filosofía de levantarse temprano.

Yendo a una de las ventanas, abrió las cortinas batiéndolas para darle la bienvenida al sol matutino, y fue recompensada con un gemido de protesta desde la cama.

- Buenos días - dijo alegremente -. La doncella estará aquí pronto para ayudarme a vestir. Es mejor que te pongas algo.

Ella se arregló en el tocador, clasificando a través de un cajón de medias bordadas. Fuera de la periferia de su visión ella vio a Edward estirarse, su cuerpo esbelto y poderoso.

- Ven aquí - dijo Edward con una voz oscura y somnolienta, retirando la ropa de cama.

Una risa se despertó en su garganta.

- Absolutamente no. Hay demasiado por hacer. Todo el mundo está ocupado excepto tú.

- Tengo la intención de estar ocupado. Tan pronto como vengas aquí. Monisha, no me hagas perseguirte tan temprano.

Bella le dirigió una mirada severa al obedecer.

- No es temprano. De hecho, si no te lavas y te vistes rápidamente, vamos a llegar tarde a la feria de las flores.

- ¿Cómo puedes llegar tarde a las flores? - Edward sacudió la cabeza y sonrió, como siempre lo hacía cuando ella decía algo que él consideraba absurdamente cursi. Su mirada estaba caliente y adormilada -. Acércate.

- Más tarde. - Dio un desamparado grito de risa al tiempo que él se acercaba con una destreza asombrosa, atrapando la muñeca de ella en su mano -. Edward, no.

- Una buena mujer Romaní nunca se rehúsa a su marido - bromeó.

- La doncella - dijo con voz entrecortada al tiempo en que estaba siendo tirada en el colchón, y apretada contra toda esa cálida piel.

- Ella puede esperar. - Él le desabrochó el vestido, su mano deslizándose por el encaje, sus dedos explorando las curvas de sus sensibles senos.

La risa de Bella se apagó. Él sabía mucho acerca de ella, demasiado, y nunca dudó en tomar ventaja de ello. Ella cerró los ojos al llegar a la nuca de su cuello. Mechones sedosos de su cabello resbalaron entre sus dedos como un líquido.

Edward besó su sensible garganta, mientras que una de sus rodillas se abría camino entre las suyas. - Es ahora - él murmuró - o detrás de los rododendros en la feria de flores. Tu elección.

Ella se retorció un poco, no en señal de protesta pero sí de excitación cuando él atrapó sus brazos en el confinamiento de las mangas de su albornoz. - Edward - ella alcanzó a decir al tiempo en que su cabeza se inclinaba sobre sus pechos al descubierto -. Nosotros vamos a llegar terriblemente tarde...

Él murmuró su deseo de ella, hablando en romaní como lo hacía cuando su estado de ánimo se volvía incivilizado, y las sílabas exóticas cayeron con vehemencia contra su piel sensible. Y para los próximos varios minutos, él la poseyó, la consumió, con una falta de inhibición que habría parecido brutal si no hubiera sido tan dulce.

- Edward - ella dijo después, estrechó sus brazos alrededor de su cuello - ¿vas a decirle algo al Sr. Clearwater hoy?

- ¿Acerca de pensamientos y prímulas?

- Sobre sus intenciones para con mi hermana.

Edward sonrió y tocó un mechón suelto de su pelo.

- ¿Objetarías si lo hiciera?

- No, quiero que lo hagas. - Un gesto se dibujó en el espacio entre las cejas -. Esme insiste en que nadie debe criticar el Sr. Clearwater por tomar tanto tiempo para hablar con su padre acerca de su cortejo para con ella.

Suavemente, Edward utilizó la yema de su dedo pulgar para suavizar el ceño de su frente.

- Él ha esperado el tiempo suficiente. Los Rom suelen decir de un hombre como Clearwater, que "a él le gustaría comer pescado, pero él no querría entrar en el agua".

Bella respondió con una sonrisa sin sentido del humor.

- Es muy frustrante saber que él está de puntillas en torno a un tema como este.

Deseo que Clearwater simplemente vaya a donde su padre y termine con este asunto.

Edward, que sabía algo acerca de la aristocracia de sus días como el gerente de un exclusivo club de juego, dijo secamente:

- Un hombre joven que está a punto de heredar tanto como Clearwater, tiene que andar suavemente.

- No me importa. Él ha llegado a conseguir poner las esperanzas de mi hermana por lo alto. Si todo llega a nada, ella quedará devastada. Y él la ha mantenido alejada de ser cortejada por otros hombres, y la pérdida de toda una temporada...

- Shhh. - Edward rodó a su lado, tomándola con él -. Estoy de acuerdo contigo, Monisha... esta sombra de cortejo debe terminar. Voy a hacer que cierto Clearwater entienda que es hora de actuar. Y voy a hablar con el vizconde, si eso ayuda.

- Gracias. - Bella metió su mejilla a una de las curvas duras de su pecho, en busca de consuelo -. Voy a estar tan contenta cuando se resuelva esto. Últimamente no he podido deshacerme de la sensación de que las cosas no van a salir bien entre Esme y el Sr. Clearwater. Espero estar equivocada. Quiero desesperadamente para Esme la felicidad, y... ¿qué vamos a hacer si él rompe su corazón?

- Nosotros nos encargaremos de ella - murmuró, abrazándola -. Y la amaremos. Para eso está la familia.

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SERA QUE AUN HAY ALGUIEN INTERESADA EN ESTA HISTORIA?

ESTUVE MUCHO TIEMPO DESAPARECIDA, PERO TENGO UNA BUENA ESCUSA, VIVO EN VENEZUELA Y YA TENGO DOS MESES SIN SERVICIO DE INTERNET, HOY ME ROBO UN POCO EL DE MI TRABAJO. MUCHAS GRACIAS A LAS PERSONAS QUE AUN SE PASEN POR AQUÍ A LEER. FELIZ Y BONITO DIA, TRATARE DE ACTUALIZARLES PRONTO. UN BESO.