Capítulo 8

Esme estaba delirante de nervios y emoción. Harry pronto llegaría para acompañar a la familia a la feria de las flores. Después de todos los subterfugios, este era el primer paso hacia un cortejo reconocido.

Se había vestido cuidadosamente con un vestido amarillo con adornos de terciopelo negro. Las capas de las faldas caían recogidas con lazos de terciopelo negro. Alice llevaba un conjunto similar, sólo que el de ella era azul con motitas marrones.

- Encantadora - pronunció la Srta. Hale con una sonrisa al entrar en la sala de recepción de la suite de la familia -. Serán las dos jóvenes más elegantes en la Feria de Flores. El Sr. Clearwater no será capaz de quitarte los ojos de encima - agregó.

- Es un poco tarde - dijo Esme tensa -. Es raro en él. Espero que no le hayan surgido dificultades.

- Él llegará pronto, estoy segura.

Edward y Bella entraron en la habitación, esta última con aspecto radiante en color rosa, y la cintura ceñida con un pequeño cinturón de piel de bronce que hacía juego con las botas. - ¡Qué hermoso día para pasear! - dijo Bella con ojos azules chispeantes -. Aunque dudo de que se dé cuenta siquiera de las flores, teniendo a Esme.

Poniéndose una mano en la cintura, Esme dejó escapar un suspiro inestable.

- Todo esto es muy violento.

- Lo sé, querida - Bella fue a abrazarla -. Esto me hace estar indescriptiblemente agradecida de no haber tenido que pasar nunca una temporada en Londres. Yo nunca habría tenido la paciencia para soportarlo. En realidad, deberían percibir un impuesto sobre los solteros de Londres hasta que se casen. Esto aceleraría el proceso de cortejo.

- No entiendo por qué la gente tiene que casarse - dijo Alice-. No había nadie que casara a Adán y Eva, ¿verdad? Vivieron juntos de manera natural. ¿Por qué nosotros nos molestamos con una boda entonces?

Esme soltó una risita nerviosa.

- Cuando el señor Clearwater llegue - dijo - no vamos a plantear temas de debate extravagantes, Ali. Me temo que no está acostumbrado a nuestro modo de... bien, nuestro...

- Nuestras discusiones coloridas - la Srta. Hale sugirió.

Bella sonrió.

- No te preocupes, Esme. Vamos a ser serias y adecuadas, y completamente aburridas.

- Gracias - dijo Esme con fervor.

- ¿Tengo que ser muy aburrida, también? - Alice, preguntó a la señorita Hale, que asintió con énfasis.

Con un suspiro, Alice fue a la mesa de la esquina y comenzó a vaciar sus bolsillos.

El estómago de Esme dio un brinco cuando oyó que llamaban a la puerta.

- Está aquí - dijo con voz entrecortada.

- Voy a atenderlo - dijo la Srta. Hale, dirigiéndole a Esme una rápida sonrisa. - Respira, cariño.

Esme asintió y trató de calmarse. Vio un intercambio de miradas de Bella y Edward que no pudo interpretar. El entendimiento entre la pareja era tan absoluta, que parecía que podían leerse los pensamientos el uno al otro.

Estuvo a punto de sonreír al recordar un comentario de Alice sobre que los conejos eran más felices en pareja.

Alice tenía razón. Esme tenía muchas ganas de ser amada, de ser parte de una pareja. Y había esperado durante mucho tiempo, y aún estaba soltera, cuando los amigos de su edad ya se habían casado y tenía dos o tres hijos. Parecía un destino común de la familia Swan encontrar el amor más bien tarde que pronto.

Los pensamientos de Esme fueron interrumpidos cuando Harry entró en la habitación y se inclinó. La oleada de alegría estaba suavizada por la expresión que traía, más sombría de lo podía imaginar. Su tez estaba pálida, sus ojos enrojecidos, como si no hubiera dormido. Parecía enfermo, de hecho.

- Sr. Clearwater- dijo en voz baja, con el pulso desbocado - ¿Está bien? ¿Qué le ha pasado?

Los ojos marrones de Harry, por lo general tan cálidos, eran sombríos mientras miraba a su familia.

- Perdóname - dijo con voz ronca. - No sé qué decir - Su aliento parecía temblar en su garganta - Estoy en algunos... algunas dificultades... es imposible. - Su mirada se posó sobre ella con delirio - Srta. Swan tengo que hablar con usted. No sé si sería posible disponer de un momento a solas...

Un silencio difícil siguió a la petición. Edward miró al joven con una expresión insondable mientras que Bella dio un ligero movimiento de cabeza como si quisiera negar lo que venía.

- Me temo que no sería correcto, Sr. Clearwater - la Srta. Hale murmuró. - Tenemos que tener en cuenta la reputación de Miss Swan.

- Por supuesto - Se pasó una mano por la frente, y Esme se dio cuenta de que le temblaban los dedos. Algo iba muy mal.

Una helada calma se apoderó de ella. Habló con una voz aturdida que no sonaba muy parecida a la suya.

- Bella, tal vez podrías permanecer en la habitación con nosotros.

- Sí, por supuesto.

El resto de la familia, incluyendo a la Srta. Hale, salió de la habitación.

Esme sentía surcos de sudor frío por debajo de su camisa, gotas de humedad cayendo de los poros de la piel de sus brazos. Tomó un lugar en el sofá y observó a Harry con los ojos dilatados.

- Tome asiento - le dijo.

Vaciló y miró a Bella, que se había ido hacia la ventana.

- No se preocupe, Sr. Clearwater - dijo Bella, mirando a la calle -. Estoy tratando de fingir que no estoy aquí. Lo siento mucho, me temo que no puedo darle más intimidad que esto, pero la Srta. Hale tiene razón. La reputación de Esme tiene que ser protegida.

Aunque no había ni rastro de reproche en su tono, Harry se estremeció visiblemente. Ocupando el espacio junto a Esme, tomó sus manos e inclinó la cabeza sobre ellas. Sus dedos eran incluso más fríos que los de ella.

- Tuve una discusión con mi padre la noche anterior - dijo con voz apagada. - Parece que le llegaron rumores sobre mi interés en ti. Sobre mis intenciones. Estaba... indignado.

- Eso debe haber sido terrible - dijo Esme, sabiendo que Harry raramente o nunca se peleaba con su padre. El vizconde le daba temor, esforzándose siempre por complacerlo.

- Peor que horrible - Harry inhaló inestablemente - Les ahorraré los detalles. El resultado de una larga discusión, muy fea es que el vizconde me dio un ultimátum. Si me caso con usted, se acabó. Ya no me reconocerá como su hijo, y seré desheredado.

No había ruido en la habitación, excepto par la respiración rápida y ahogada de Bella.

A Esme le surgió un dolor en el pecho, el aliento de sus pulmones le era difícil

- ¿Qué razón le dio? - Preguntó.

- Sólo que no encaja en el molde de una novia Clearwater.

- Si le deja tiempo para enfriar su temperamento... para tratar de cambiar su mente... puedo esperar, Harry. Voy a esperar para siempre.

Harry sacudió la cabeza.

- No puedo animarla a esperar. La negativa de mi padre fue absoluta. Podría tomar años para cambiar de opinión, si lo llega a hacer alguna vez. Y, mientras tanto, se merece la oportunidad de encontrar la felicidad.

Esme le miró fijamente.

- Yo sólo podría ser feliz contigo.

Harry levantó la cabeza, con los ojos oscuros y brillantes.

- Lo siento, Esme. Siento haberle dado esperanzas cuando nunca hubo ninguna. Mi única excusa es que pensé que conocía a mi padre, cuando al parecer no lo hago. Siempre creí que podría convencerlo de que aceptara a la mujer que amaba, que mi sentencia sería suficiente. Y yo… - Su voz se quebró. Tragó audiblemente. - Yo te amo... maldita sea, nunca me perdonaré esto - Liberando las manos, metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó un paquete de cartas atadas con una cuerda. Todas las cartas que había escrito para él - Estoy moralmente obligado a devolverte esto.

- Yo no voy a devolverle las suyas - dijo Esme, tomando las cartas con manos temblorosas. - Quiero quedármelas.

- Ese es su derecho, por supuesto.

- Harry- dijo Esme entrecortada - Te amo.

- Yo no puedo darle ninguna esperanza.

Ambos estaban tranquilos y temblando, mirándose el uno al otro con desesperación.

La voz de Bella atravesó el silencio sofocante. Afortunadamente parecía racional.

- Las objeciones del vizconde no deben influirle, Sr. Clearwater. Él no puede evitar que herede el título y los mayorazgos, ¿verdad?

- No, pero…

- Lleve a mi hermana a Gretna Green. Nosotros le podemos ofrecer el transporte. El dote de mi hermana es lo suficientemente grande para garantizar una buena renta para los dos. Si necesita más, mi marido lo aumentará - Bella le dirigió una mirada desafiante -. Si quiere a mi hermana, Sr. Clearwater, cásese con ella. Los Swan le ayudarán con las tormentas que lleguen.

Esme nunca había amado a su hermana tanto como en ese momento.

Miró a Bella con una sonrisa vacilante, con los ojos llorosos.

Su sonrisa desapareció, sin embargo, cuando Harry respondió lo que debía.

- El título y bienes inmuebles se supone que los heredaría con el tiempo, pero hasta que mi padre muriera, sería abandonado a mis propios recursos, que son inexistentes. Y no puedo vivir de la caridad de la familia de mi esposa.

- No es caridad cuando es la familia - Bella respondió.

- Usted no entiende cómo son las cosas con los Clearwater - dijo Harry- Esta es una cuestión de honor. Soy hijo único. Me han criado para una cosa desde que nací, para asumir las responsabilidades de mi rango y título. Es todo lo que he conocido. No puedo vivir como un proscrito, fuera de la esfera de mi padre. No puedo vivir con el escándalo y el ostracismo - Bajó la cabeza. - Por Dios, estoy cansado de discutir. Mi cerebro se ha derretido por las discusiones de la noche.

Esme vio la impaciencia en el rostro de su hermana, y sabía que Bella estaba dispuesta a pelear con él en cada punto, por su bien, pero le lanzó una mirada, moviendo la cabeza, enviándole un mensaje silencioso de que no serviría de nada. Harry ya había tomado una decisión. Él nunca desafiaría a su padre. Discutir sólo lo haría más miserable de lo que ya era.

Bella cerró la boca y se volvió a mirar por la ventana.

- Lo siento - dijo Harry después de un largo silencio, todavía aferrando las manos de Esme. - Nunca quise engañarla. Todo lo que le dije acerca de mis sentimientos, cada palabra es cierta. Lo único que lamento es haberla hecho perder el tiempo. Un tiempo muy valioso para una chica en su posición.

Aunque él no había querido decirlo como un desaire, Esme se estremeció.

Una chica en su posición. Veintitrés. Soltera. Ya en su tercera temporada.

Cuidadosamente, señaló a las manos de Harry.

- No fue una pérdida de tiempo - acertó a decir -. Me alegro de haberle conocido, Sr. Clearwater. Por favor, no tengo ningún remordimiento. Yo no…

- Esme - dijo con voz dolorida que casi la deshizo.

Estaba aterrorizada de que pudiera echarse a llorar.

- Por favor, váyase.

- Si yo pudiera hacerle entender...

- Entiendo. Yo... Y voy a estar perfectamente - se interrumpió y tragó saliva. - Por favor, váyase.

- Por favor… - Era consciente de Bella acercándose, murmurando algo a Harry, de manera eficiente, y acompañándolo fuera de la suite antes de que perdiera la compostura delirantemente. La querida Bella, que no duda en hacerse cargo de un hombre mucho mayor que ella.

Una gallina persiguiendo a una vaca, pensó Esme, y soltó una risita acuosa incluso cuando ardientes lágrimas comenzaron a deslizarse de sus ojos.

Después de cerrar la puerta con firmeza, Bella se sentó a su lado, exaltada, y se acercó a rodearle los hombros. Ella miró los ojos borrosos de Esme.

- Fuiste… - dijo con voz entrecortada por la emoción - toda una dama, Esme. Y mucho más amable de lo que se merecía. Estoy tan orgullosa de ti. Me pregunto si sabe lo mucho que ha perdido.

- La situación no fue su culpa.

Bella sacó un pañuelo de su manga y se lo dio.

- Discrepo. Pero no voy a criticarle, ya que no facilita las cosas. Sin embargo, debo decir que... la frase "no puedo", le llega con demasiada facilidad a los labios.

- Es un hijo obediente - dijo Esme, secándose las lágrimas con las manos, después se dio por vencida y tomó el pañuelo para secar el torrente de lágrimas.

- Sí, bueno... a partir de ahora te aconsejo que busques un hombre con sus propios medios de vida.

Esme sacudió la cabeza, el rostro todavía enterrado en el pañuelo.

- No hay nadie para mí.

Sintió los brazos de su hermana rodeándola.

- Lo hay. Lo hay, te lo prometo. Te está esperando. Te encontrará. Y algún día Harry Clearwater no será más que un recuerdo lejano.

Esme se puso a llorar en serio, lanzando sollozos que le causaron dolor en las costillas.

- Dios - se las arregló para decir jadeante -. Esto duele, Bella. Y se siente como si nunca fuera a terminar.

Bella tomó cuidadosamente la cabeza delirante en su hombro y le besó en la mejilla mojada.

- Lo sé - dijo -. Yo pasé por eso una vez. Recuerdo lo que fue. Lloras, y entonces te enfadas, y luego te desesperas, enfadas y luego repites todo de nuevo. Pero sé de una cura para el dolor.

- ¿Cuál? - preguntó Esme, dejando escapar un suspiro de repente.

- El tiempo... la oración... y el cariño de tu familia que te adora. Siempre serás amada Esme.

Esme sonrió vacilante.

- Gracias a Dios por las hermanas - dijo, y lloró sobre el hombro de Bella.

Mucho más tarde esa noche, se oyó un golpe decidido en la puerta de Carlisle Facinelli en sus apartamentos privados. Valentine interrumpió la tarea de la mañana de recoger la ropa sucia y pulir los zapatos negros.

Fue a abrir la puerta y se enfrentó a una mujer de aspecto vagamente familiar.

Era pequeña y delgada, con el pelo castaño claro y ojos tristes, y un par de gafas redondas posadas en su nariz. Reflexionó por un momento, tratando de adivinar qué querría.

- ¿Puedo ayudarle?

- Me gustaría ver al Sr. Facinelli.

- Me temo que no está en casa.

Frunció la boca al pronunciar la frase del mismo modo que los maestros cuando no querían ser perturbados. Ella le respondió con desprecio ofendido.

- ¿Quiere decir que no está en casa en el sentido de que él que no quiere verme o que no está en casa en el sentido de que en realidad se ha ido?

- De cualquier manera - Valentine, implacable - no lo verá esta noche. Pero la verdad es que en realidad no está aquí. ¿Quiere que le entregue un mensaje?

-Sí. Dígale que espero que se pudra en el infierno por lo que le hizo a Esme Swan Y después dígale que si se queda a su lado, lo mataré.

Valentine respondió con una falta completa de alarma, debido al hecho de que las amenazas de muerte contra Carlisle se daban a menudo.

- ¿Y usted es…?

- Sólo pásele el mensaje - dijo secamente. - Él sabrá de quién es.

Dos días después de la visita al hotel de Harry Clearwater, el hermano de Esme, el Sr. Emmett Dwyer, vino a llamar. Al igual que otros hombres de ciudad, Emmett tenía arrendada una casa en Mayfair durante la temporada, y a finales de junio se retiraba a su finca en el campo. Aunque Emmett fácilmente podría haber optado a vivir con la familia en el Facinelli, prefería la intimidad.

Nadie podía negar que Emmett fuera un hombre guapo, alto y ancho de hombros, con pelo castaño oscuro y los ojos llamativos. A diferencia de sus hermanas, sus ojos eran de un tono claro de azul, tipo glacial oscuro. Cazador. Hastiado. Se comportaba como un hombre duro, y había hecho un buen trabajo de ello, no prestando atención a nadie ni a nada. Había momentos, sin embargo, cuando la máscara era levantada el tiempo suficiente, que se revelaba un hombre de extraordinaria sensibilidad, y era en esos raros momentos en los que Rosalie estaba más aprensiva a su alrededor.

Cuando estaban en Londres, Emmett por lo general estaba demasiado ocupado para pasar tiempo con su familia, por los que Rosalie estaba agradecida. Desde el momento en que se conocieron, había sentido una aversión intrínseca por él, que le generaba chispas de odio. A veces competían para ver quién podía decir las cosas más hirientes al otro, ambos se probaban, presionándose, tratando de encontrar lugares de vulnerabilidad. No parecían poder evitar la necesidad constante de machacarse el uno al otro.

Rosalie abrió la puerta de la suite de la familia, y sintió una sacudida como reacción de tener a Emmett frente a ella.

Estaba vestido a la moda con un abrigo oscuro con amplias solapas, pantalones sueltos, sin pliegues, y un chaleco con audaces botones de plata.

La contempló con ojos de invierno, una sonrisa arrogante con inclinación en la comisura de sus labios.

- Buenas tardes, Srta. Hale.

Rosalie tenía su cara de piedra, su voz marcaba desprecio.

- Sr. Dwyer. Me sorprende que dispusiera de tiempo suficiente para visitar a su hermana en persona y dejara de lado sus diversiones.

Emmett le dirigió una mirada de burla perpleja.

- ¿Qué he hecho para merecer un regaño? ¿Sabe, Srta. Hale? Si alguna vez aprendiera a morderse la lengua, sus posibilidades de atraer a un hombre se elevarían exponencialmente.

Con sus ojos entornados.

- ¿Por qué iba yo a querer atraer a un hombre? Todavía no he visto nada bueno en ellos.

- Sino para otra cosa - dijo Emmett - nos necesitan para ayudar a producir más mujeres. - Hizo una pausa. - ¿Cómo está mi hermana?

- Afligida.

La boca de Emmett se ensombreció.

- Vamos, Srta. Hale. Quiero verla.

Rosalie dio un paso a regañadientes a un lado.

Emmett fue a la sala de recepción y encontró a Esme sentada sola con un libro. Él la observó. Sus ojos, que normalmente eran brillantes, estaban pálidos y demacrados. Parecía indeciblemente cansada, con años de dolor.

La furia se concentró en él. Había poca gente que le importaba en el mundo, y Esme era una de ellas.

Es injusto que las personas que más anhelan el amor, tengan la búsqueda más difícil, casi tan imposible de alcanzar. Y no parecía existir ninguna buena razón para que Esme, que era la chica más guapa en Londres, no se encontrara casada aún. Emmett había armado en su mente una lista de conocidos, pensando en si alguno de ellos podría hacer algo por su hermana, pero ninguno de ellos era remotamente adecuado. Si uno tenía el temperamento adecuado, era un idiota o carecía de senilidad. Y luego estaban los libertinos, los derrochadores, y los réprobos. Dios se apiade de él, la nobleza era una colección de especímenes de hombres deplorables. Y él se incluía en esa clasificación.

- Hola, hermana - dijo Emmett suavemente, acercándose a ella -. ¿Dónde están los otros?

Esme logró una leve sonrisa.

- Edward está atendiendo asuntos de negocios, y Bella y Alice están en el parque Centeno paseando con el cochecito. - Movió los pies para hacer espacio para que él se sentara en el sofá -. ¿Cómo estás, Emmett?

- No te preocupes. ¿Y tú?

- Nunca he estado mejor - dijo con valentía.

- Sí, puedo ver eso. - Emmett se sentó y se acercó a Esme. Él la abrazó, acariciándole la espalda, hasta que la oyó sollozar. - Ese hijo de puta – dijo en voz baja. - Voy a matarlo.

- No - dijo con una voz congestionada - no fue su culpa. Sinceramente quería casarse conmigo. Sus intenciones eran buenas.

La besó en la parte superior de la cabeza.

- No siempre los hombres de confianza tienen buenas intenciones. Ellos siempre decepcionan.

Negándose a sonreír frente a su ocurrencia, Esme se apartó para mirarlo.

- Quiero ir a casa, Emmett- dijo quejumbrosa.

- Por supuesto que sí, querida. Pero no se puede todavía.

Ella parpadeó.

- ¿Por qué no?

- Sí, ¿por qué no? – Rosalie Hale preguntó con aspereza, sentada en una silla cercana.

Emmett hizo una pausa para enviar una breve mueca en dirección de la acompañante antes de volver su atención a Esme.

- Los rumores están volando - dijo sin rodeos. - Anoche fui a una fiesta, a cargo de la esposa del Embajador español, una de esas cosas que debes hacer por compromiso, y no puedo contar el número de veces que me preguntaron por ti y Clearwater. Todo el mundo parece pensar que estabas enamorada de Clearwater, y que te rechazó porque su padre cree que no somos lo suficientemente buenos.

- Esa es la verdad.

- Esme, esta es la sociedad de Londres, donde la verdad puede meterte en problemas. Si dices que es la verdad, tengo que decir otra verdad, y otra, para mantener esto encubierto.

Lo que provocó una sonrisa sincera en ella.

- ¿Estás tratando de darme un consejo, Emmett?

- Sí, y aunque yo siempre te digo que hagas caso omiso de mis consejos, esta vez será mejor que lo sigas. El último acontecimiento importante de la temporada es un baile de parte de de Lord y Lady Norbury la semana próxima.

- Acabamos de escribir nuestras disculpas por no ir - Rosalie le informó.- Esme no desea asistir.

Emmett miró bruscamente.

- ¿El mensaje ha sido enviado?

- No, pero…

- Rómpelo, entonces. Es una orden.

- Emmett vio como se quedaba rígida, y sintió un perverso placer.

- Pero, Emmett… - Esme protestó: - No quiero ir a un baile. La gente puede estar observándome a ver si…

- Seguramente estarán observando - dijo Emmett. - Como una bandada de buitres. Razón por la cual tienes que asistir. Porque si no lo haces, comerán viva las habladurías, y se burlarán sin misericordia cuando comience la próxima temporada.

- No me importa - dijo Esme -. No voy a pasar por otra temporada nunca.

- Puedes cambiar de parecer. Y quiero que tengas la opción. Por eso vas a asistir, Esme. Usarás tu vestido más bonito, y cintas azules en el cabello, y mostrarás lo poco que te importa Harry Clearwater. Vas a bailar y reír, y mantener la cabeza alta.

- Emmett- se quejó Esme -. No sé si puedo.

- Por supuesto que puedes. Tu orgullo lo exige.

- No tengo ninguna razón para tener orgulloso.

- Yo tampoco - dijo Emmett-. Pero eso no me detiene, ¿no? - Miró de Esme a la reacia expresión Rosalie. - Dígale que estoy en lo correcto, maldita sea - le dijo. - Ella tiene que ir, ¿no?

Rosalie vaciló incómoda. Tanto como odiara admitirlo, Emmett tenía mucha razón. Si no asistía con aspecto sonriente al baile las malas lenguas de los Salones de Londres se cebarían en ella. Pero sus instintos exaltados le exigían que adoptara medidas para la seguridad de Hampshire tan como pronto como fuera posible. Tanto tiempo como se quedara en la ciudad, estaría al alcance de Carlisle Facinelli.

Por otro lado... Carlisle nunca asistía a estos eventos, donde las madres desesperadas con hijas casaderas no reclamadas intentaban atrapar a todos los solteros disponibles. Carlisle nunca se rebajaría a asistir al baile de Norbury, especialmente porque se convertiría en un verdadero circo.

- Según lo que dice… - dijo Rosalie -. Sí, tiene razón. Sin embargo, será difícil para Esme. Y si pierde la compostura en el baile, y se deshace en lágrimas, se dará más municiones aún a los chismes.

- No voy a perder la compostura - dijo Esme, sonando serena -. Me siento como si hubiera llorado suficiente para toda la vida.

- Buena chica - dijo Emmett en voz baja. Vio la expresión de preocupación de

Rosalie y sonrió -. Parece que por fin nos hemos puesto de acuerdo en algo, Srta. Hale. Pero no se preocupe, estoy seguro que no volverá a suceder.

.

.

.

.

Hola, Que tal? He vuelto… con otro capítulo interesante, pobre Esme, espero que estén disfrutando de la lectura, se les quiere! Y gracias a las chicas que me dejan reviews un besote!