Capítulo 10

Cuando Emmett se abrió paso a través de la mansión de Norbury, se sintió privadamente divertido al ver que algunos de sus amigos, jóvenes señores cuya corrupción habría avergonzado incluso sus andanzas pasadas, ahora almidonados y abotonados e impecablemente educados. No por primera vez, Emmett pensaba acerca de lo injusto que era que a los hombres se les permitiera salirse con la suya mucho más que a las mujeres.

Estas costumbres de las acompañantes, por ejemplo... había visto a sus hermanas luchando por recordar cientos de puntos de etiqueta que se esperaba de las mujeres de alta sociedad. Considerando que el principal interés de Emmett en esas reglas de etiqueta era el cómo romperlas. Y él, como un hombre con un título, indefectiblemente era disculpado ante casi cualquier cosa. Las damas en una cena eran criticadas por la espalda si utilizaban el tenedor equivocado para el plato de pescado, mientras que un hombre podía beber en exceso o hacer algún comentario fuera de lugar, y todo el mundo pretendía no notarlo.

Con indiferencia, Emmett entró en el salón de baile y se quedó a un lado de la puerta de triple grosor, observando la escena. Aburrido, aburrido, aburrido. Allí estaba la siempre presente fila de vírgenes y sus acompañantes, y los grupos de mujeres chismosas que le recordaban tanto a patio lleno de gallinas.

Su atención fue atraída por la visión de Rosalie Hale, de pie en la esquina mirando como Alice y su pareja bailaban.

Hale parecía tensa, como de costumbre, su delgada figura vestida con colores oscuros tan tiesa como una estaca. Nunca perdía la oportunidad de mostrar su desprecio a Emmett, y lo trataba como si tuviera la capacidad intelectual de una ostra. Y era resistente a cualquier intento de encanto o de humor. Al igual que cualquier hombre sensato, Emmett hizo lo posible para evitarla.

Pero, a su pesar, Emmett no podía dejar de preguntarse cómo se vería Rosalie Hale después de hacerle el amor. Las gafas a un lado, su sedoso cabello suelto y caído, su pálido cuerpo liberado del artilugio de los corsés y de los cordones...

De repente, nada en el baile parecía tan interesante como la compañera de sus hermanas.

Emmett decidió ir a molestarla.

Se paseó cerca de ella. - Hola, Hale. ¿Cómo ha es...?

- ¿Dónde ha estado? - Susurró con violencia, sus ojos brillaban con furia detrás de sus gafas.

- En la sala de juegos. Y luego tome algo de cena. ¿Dónde más debería haber estado?

- Se supone que debería haber estado ayudando a Esme.

- ¿Ayudarla a qué? Prometí bailar con ella, y aquí estoy. - Emmett se detuvo y miró a su alrededor. - ¿Dónde está?

- No lo sé.

Él frunció el ceño. - ¿Cómo puede no saberlo? ¿Quiere decir que la ha perdido?

- La última vez que la vi fue hace aproximadamente diez minutos, cuando se iba a bailar con el señor Facinelli.

- ¿El dueño del hotel? Pero nunca aparece en estos eventos.

- Lo hizo esta noche - dijo la señorita Hale tristemente, manteniendo un tono bajo-. Y ahora han desaparecido. Juntos. Debe encontrarla, milord. Ahora. Está en peligro de quedar arruinada.

- ¿Por qué no ha ido tras ella?

- Alguien tenía que mantener un ojo en Alice, o también iba desaparecer. Además, no quería llamar la atención por la ausencia de Esme. Vaya a buscarla, y hágalo lo más rápido posible.

Emmett frunció el ceño. - Hale, en caso de que no haya dado cuenta, los otros sirvientes no les dan órdenes a sus señores. Así que, si no le importa...

- Usted no es mi señor - tuvo el descaro de decírselo, mirándolo con insolencia.

Oh, me gustaría serlo, Emmett pensó en un rápido y furioso arrebato de excitación, cada pelo de su cuerpo, totalmente erecto. Junto con otra cierta parte de su anatomía. Decidió abandonar el lugar antes de que su efecto en él se hiciera evidente. - Muy bien, arréglese las plumas. Voy a encontrar a Esme.

- Comience a buscar en todos los lugares donde se pueda llevar a una mujer para comprometerla. No puede haber muchos.

- Sí que puede. Se sorprendería de la variedad de lugares en los que he...

- Por favor - murmuró. - Ya siento suficientes nauseas en este momento.

Lanzando una mirada evaluativa en torno a la sala de baile, Emmett divisó la hilera de puertas francesas en el otro extremo. Se dirigió hacia el balcón, tratando de ir lo más rápido posible sin que pareciera tener prisa. Fue su maldita suerte quedar atrapado en dos conversaciones diferentes en su camino, una con un amigo que quería su opinión acerca de una señorita, la otra con una viuda que pensaban que el ponche estaba "raro" y que quería saber si él lo había probado.

Finalmente, Emmett llegó a una de las puertas y se deslizó fuera al balcón.

Sus ojos se abrieron mientras veía un cuadro sorprendente. Esme en los brazos de un alto hombre con cabello rubio... siendo observados por un pequeño grupo de personas que habían aparecido en el balcón a través de otro conjunto de puertas.

Y uno de ellos era Harry Clearwater, quien parecía enfermo de celos e indignación.

El hombre de cabello rubio levantó la cabeza, murmuró algo a Esme, y dirigió una mirada fresca a Harry Clearwater.

Una mirada de triunfo.

Sólo duró un momento, pero Emmett lo vio y lo reconoció por lo que era.

- Infierno Santo - dijo Emmett en voz baja.

Su hermana se encontraba en serios problemas.

Cuando un Swan causaba un escándalo, nunca lo hacía a medias.

En un momento Emmett dirigió a Esme de nuevo al salón de baile y recogió a la señorita Hale y a Alice, el escándalo había comenzado a extenderse.

En poco tiempo, Edward y Bella los habían encontrado, y la familia dibujó un círculo de protección entorno a Esme.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó Edward, mirando aparentemente relajado, con sus ojos en alerta.

- Carlisle Facinelli es lo que ha pasado - murmuró Emmett. - Te lo explicaré dentro de poco. Pero por ahora vamos a salir de aquí lo antes posible y vernos con Facinelli en el hotel.

Bella se acercó a murmurar al oído sonrojado de Esme. - Está bien, querida. Sea lo que sea, vamos a arreglarlo.

- No puedes - susurró Esme. - Nadie puede.

Emmett miró más allá de sus hermanas y vio el alboroto moderado de la multitud.

Todo el mundo los estaba mirando fijamente. - Es como ver una ola de mar - comentó. - Uno puede ver el barrido del escándalo literalmente a través de la habitación.

Edward miró irónico y resignado. - Gadjos - murmuró. - Emmett, ¿por qué no te llevas a tus hermanas y a la señorita Hale en tu coche? Bella y yo nos despediremos de los Norbury.

Aturdida por la desgracia, Esme permitió a Emmett que la condujera afuera hacia su carruaje. Todos ellos permanecían en silencio hasta que el vehículo se hubo alejado de la mansión, con una fuerte sacudida.

Alice fue la primera en hablar. - ¿Has sido comprometida, Esme?, le preguntó con preocupación. ¿Cómo lo estuvo Nessie el año pasado?

- Sí, lo ha sido, respondió Emmett, mientras Esme soltó un pequeño gemido. - Es una mala costumbre que nuestra familia ha cogido. Hale, es mejor que escriba un poema acerca de esto.

- Este desastre podría haberse evitado - dijo lacónicamente la acompañante - si la hubiera encontrado rápidamente.

- También se podía haber evitado si usted en primer lugar no la hubiera perdido de vista - replicó Emmett.

- Soy la responsable, les interrumpió Esme, con la voz ahogada en el hombro de Emmett. - Me fui con el señor Facinelli. Acababa de ver al señor Clearwater en el salón de baile, y estaba consternada, el señor Facinelli me pidió que bailáramos, pero necesitaba aire y salimos al balcón.

- No, yo soy la responsable - dijo la señorita Hale, mirándola igualmente disgustada. - Le permití bailar con él.

- No es bueno echarse la culpa, - dijo Emmett. - Lo hecho, hecho está. Pero si alguien es el responsable, ese es Facinelli, que al parecer llegó a la baile en una expedición de caza.

- ¿Qué? – dijo Esme levantando la cabeza y mirándolo asombrada. ¿Crees que él... no se trataba de un accidente, Emmett? El señor Facinelli no tenía intención de comprometerme.

- Fue a propósito - dijo la señorita Hale. – Carlisle Facinelli nunca ha sido "atrapado" haciendo nada. Si ha sido visto en una situación comprometida, ha sido porque él lo quería.

Emmett la miró alerta. - ¿Cómo sabe usted tanto sobre Facinelli?

La acompañante enrojeció. Necesitó un gran esfuerzo para que le mantuviera su mirada. - Su reputación, claro.

La atención de Emmett se desvió cuando Esme hundió su rostro en su hombro. - Voy a morirme de la humillación - dijo.

- No, no - respondió Emmett. - Yo soy el experto en humillaciones, y si fueran mortales, habría muerto una docena de veces hasta ahora.

- No se puede morir una docena de veces.

- Puedes si eres un budista - dijo Alice tratando de ayudar.

Emmett acarició el cabello brillante de Esme. - Espero que Carlisle Facinelli lo sea - dijo.

- ¿Por qué? - le preguntó Alice.

- Porque no hay nada más que yo prefiera hacer que matarlo varias veces.

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Carlisle recibió a Emmett y a Edward Cullen en su biblioteca privada. Cualquiera otra familia en esa situación habría sido predecible... le habrían obligado a que hiciera lo correcto, y los términos de compensación habrían sido discutidos, y los arreglos habrían sido hechos. Debido a la gran fortuna de Carlisle, la mayoría de familias habrían aceptado los resultados de buen grado. No era un par del reino, pero era un hombre de influencia y medios.

Sin embargo, Carlisle sabía que no debía esperar una respuesta predecible a la situación por parte de Emmett o de Edward. No eran convencionales, y tendrían que ser tratados con cuidado. Dicho esto, Carlisle no estaba preocupado en lo más mínimo. Había negociado asuntos más importantes que el honor de una mujer.

Reflexionando sobre los acontecimientos de la noche, Carlisle estaba pletórico por su inmoral triunfo. No, no era triunfo... sino más bien júbilo.

Todo estaba resultando ser mucho más fácil de lo que esperaba, sobre todo con la aparición inesperada de Harry Clearwater en el baile de los Norbury. El idiota había entregado prácticamente a Esme a Carlisle en una bandeja de plata. Y cuando una oportunidad se presentaba por sí sola, Carlisle la tomaba.

Además, Carlisle sentía que se merecía a Esme. Cualquier hombre que se permitiera tener escrúpulos para conseguir una manera de tener a una mujer como ella era un estúpido. Recordó la forma como se veía en el salón de baile: pálida y frágil, y angustiada. Cuando Carlisle se le había acercado, no había habido ninguna duda en su expresión. Se había vuelto hacia él y le había permitido llevársela.

Y cuando Carlisle se la había llevado a la terraza, su satisfacción había sido rápidamente sustituida por una sensación totalmente nueva... el deseo de aliviar el dolor de otra persona. El hecho de que él hubiera contribuido a su angustia en primer lugar era lamentable. Pero el fin justifica los medios.

Y una vez que fuera suya, haría más por ella y la cuidaría mejor de lo que Harry Clearwater podría.

Ahora tenía que tratar con la familia exaltada que, comprensiblemente, estaban indignados de que se hubiera comprometido con ella. Lo cual no le preocupaba en lo más mínimo. No tenía ninguna duda de su capacidad para persuadir a Esme de que se casara con él. Y no importaba cuántas objeciones pusieran los Swan porque en última instancia tendrían que llegar a un acuerdo.

Casarse con él era la única manera de redimir el honor de Esme. Todo el mundo lo sabía.

Manteniendo su expresión neutra, Carlisle ofreció vino cuando Emmett y Edward entraron en la biblioteca, pero se negaron.

Emmett se fue a la repisa de la chimenea y se inclinó a su lado con los brazos cruzados sobre el pecho. Edward fue a una silla tapizada en cuero y se sentó en ella, extendiendo sus largas piernas y cruzándolas en los tobillos.

Carlisle no se dejó engañar por sus posturas cómodas. La ira, la discordia masculina, impregnaba la habitación. Pareciendo relajado, Carlisle esperó a que uno de ellos hablara.

- Debe saber, Facinelli - dijo Emmett en un tono agradable - que había planeado matarle ya que estoy en mi derecho, pero Cullen dice que debemos hablar antes. Personalmente, creo que está tratando de retrasar que lo mate. Y aunque Cullen consiga que no lo haga, probablemente no será capaz de detener a mi cuñado Jacob para que lo mate.

Carlisle casi se sentó en el borde de la mesa de caoba de la biblioteca. – Le sugiero que espere hasta que le pase la exaltación de los primeros momentos y me case para que quede al menos como una viuda respetable.

- ¿Por qué asume... - le preguntó Edward - ...que le permitiremos que consiga a Esme?

- Si no se casase conmigo después de esto, nadie la recibiría. Además, dudo que alguien de su familia fuera bienvenida en los salones de Londres.

- No creo que seamos bienvenidos de todas formas - respondió Edward achicando sus ojos de color.

- Facinelli- dijo Emmett con naturalidad engañosa - antes de conseguir el título los Swan vivieron fuera de la sociedad de Londres tantos años que no apostaría un pimiento a si seremos bien recibidos o no. Esme no tiene que casarse con nadie, por ninguna razón, aparte de su propio deseo de hacerlo. Y Esme es de la opinión de que no se casaría con usted.

- Las mujeres suelen cambiar de opinión - dijo Carlisle - Déjeme hablar con su hermana mañana. Llegaremos al mejor acuerdo para solventar esta situación.

- Antes de que la convenza -Edward respondió - va a tener que convencernos a nosotros. Lo poco que conocemos de usted no nos tranquiliza precisamente.

Por supuesto, Edward Cullen sabía cosas de él. El anterior trabajo de Edward en el club de juego le ponía al tanto de todo tipo de información privada.

Carlisle tenía curiosidad por saber lo mucho que había descubierto.

- ¿Por qué no me dice lo que sabe? - le invitó Carlisle cruzando los brazos y yo le confirmo si es cierto.

Los ojos sombreados de ámbar le miraban sin pestañear. - Es originario de Nueva York, donde su padre fue un hotelero de éxito mediocre.

- Buffalo, en realidad - dijo Carlisle.

- No se llevaba bien con él. Pero le puso mentores. Fue aprendiz en unas obras de ingeniería, en las que fue conocido por sus habilidades como mecánico y dibujante. Patentó varias innovaciones para las válvulas y las calderas. A la edad de veinte años, llegó a Inglaterra por razones desconocidas - Edward hizo una pausa para observar los efectos de su discurso.

La tranquilidad de Carlisle se había evaporado, los músculos de sus hombros sobresalían hacia arriba. Se obligó a relajarse para evitar un calambre que le subía debido a la tensión por la parte posterior del cuello.

- Continúe - invitó suavemente.

Edward se obligó a seguir. - Consiguió un grupo de inversores privados y compró una hilera de casas con muy poco capital propio. Arrendó su casa por un breve tiempo, tuvo éxito y compró el resto de la calle construyendo el hotel en su forma actual. No tiene familia, salvo su padre en Nueva York, con el que no tiene comunicación. Tiene un puñado de amigos leales y una multitud de enemigos, muchos de los cuales parece que le gustan a pesar de sí mismos.

Carlisle pensó que Edward Cullen debía tener unas conexiones impresionantes para haber descubierto tal información. - Sólo hay tres personas en Inglaterra que saben tanto sobre mí - murmuró, preguntándose cuál de ellos habría hablado.

- Ahora hay cinco - dijo Emmett. - Y Cullen olvidó mencionar el descubrimiento fascinante que le convirtió en un favorito de la Oficina de Guerra después de algunas modificaciones en el diseño de la edición estándar del fusil del ejército. Sin embargo, parece que no sólo se alió con el gobierno británico, sino que también tiene tratos con extranjeros privilegiados y delincuentes. Más bien da la impresión de que el único equipo en el que está vez es en el suyo propio.

Carlisle sonrió con frialdad. - Nunca he mentido sobre mi o sobre mi pasado. Pero mantengo las cosas en privado siempre que sea posible. Y no le debo lealtad a nadie. - Se fue al aparador y se sirvió una copa de brandy. Sosteniendo la copa con las palmas de las manos para calentarlo, miró a ambos hombres. Se habría apostado su fortuna a que Edward sabía más de él que no había revelado. Pero este debate, por breve que fuera, quedaba claro que no habría ninguna coerción de la familia que ayudara a Esme en convertirla en una mujer honesta. A los Swan les importaba un comino la respetabilidad, ni tampoco necesitaban el dinero, ni sus influencias.

Lo que significaba que tendría que centrarse únicamente en Esme.

- Lo aprueben o no - les dijo a Edward y a Emmett - Voy a proponerle matrimonio a su hermana. La elección es suya. Y si ella acepta, ningún poder sobre la tierra me impedirá casarse con ella. Entiendo sus preocupaciones, así que permítanme asegurarles que son innecesarias. Va a estar protegida, mimada, incluso demasiado…

- No tiene una maldita idea de cómo hacerla feliz - dijo en voz baja Edward.

- Cullen - dijo Carlisle con una leve sonrisa - Soy excelente en hacer feliz a la gente, o al menos en hacerlos creer que lo son - Hizo una pausa para contemplar el panorama - ¿Va a prohibir que hable con ella? -preguntó en un tono cortés.

- No - dijo Emmett - Esme ya no es una niña, ni un animal doméstico. Si ella quiere hablar con usted que lo haga. Pero tenga en cuenta que si dice o hace algo para obligarla a casarse con usted la familia se le echará encima.

- Y hay una cosa más a tener en cuenta - dijo Edward, con una suavidad glacial que ofrecía alguna pista de sus sentimientos. - Si logra casarse con ella, no perderemos una hermana. Usted ganará toda una familia que la protegerá a cualquier precio.

Eso casi era suficiente para hacer reflexionar a Carlisle.

Casi.

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Gracias por sus review me animaron a subir este capítulo hoy, no pensé que aun leyeran esta historia jeje tratare de subir mas seguido.