Capítulo 11

- A mi hermano y al señor Cullen no les gusta - le dijo Esme a Carlisle a la mañana siguiente, mientras caminaban lentamente a través del jardín de rosas detrás del hotel. La noticia del escándalo había recorrido Londres como un reguero de pólvora, era necesario hacer algo al respecto con la mayor diligencia. Esme sabía que, como el caballero que era, Carlisle Facinelli estaba obligado a ofrecerse para salvarla de la desgracia social.

Sin embargo, no estaba segura que si casarse con el hombre equivocado fuera lo mejor que ser una paria. No conocía a Carlisle lo suficientemente bien como para hacer juicios sobre su carácter. Y su familia no estaba enfáticamente a favor de él.

- A mi acompañante no le agrada - continuó Esme - y mi hermana Bella dice que no sabe lo suficiente de usted como para decidir, pero no está muy de acuerdo con que le guste.

- ¿Qué hay de Alice? - preguntó Carlisle, el sol le arrancó unos destellos notables en su rubio cabello, mientras se inclinaba hacia ella.

- Le gusta. Pero también le gustan los lagartos y las serpientes.

- ¿Y a usted?

- No puedo soportar los lagartos o las serpientes.

Una sonrisa asomó en sus labios. - No se escude hoy, Esme. Sabe lo que le estoy pidiendo.

Ella respondió con un gesto inestable.

Había sido una noche infernal. Había hablado, llorado y discutido con su familia hasta las primeras horas de la mañana, y luego se había encontrado con que le era casi imposible dormir. Y aparte de discutir, su pecho era un caldero de turbulentas emociones.

Su a salvo mundo familiar se había vuelto del revés, y la paz del jardín fue un alivio indescriptible. Curiosamente, la hacía sentirse mejor estar en presencia de Carlisle Facinelli, incluso aunque fuera parcialmente el responsable por el desastre en el que se encontraba. Estaba tranquilo y seguro de sí mismo, y había algo en su estilo, la simpatía tejida con el pragmatismo, que la tranquilizaba.

Se detuvieron en una larga arboleda envuelta de rosas. Había un túnel de flores de color rosa y blanco. Alice deambulaba por un seto cercano.

Esme había insistido en llevarla en lugar de la señorita Hale o de Bella, las cuales habrían hecho lo imposible para que no pudiera tener un poco de privacidad, incluso marginal, con Carlisle.

- Me gusta – Esme admitió tímidamente -. Pero esto no es suficiente para construir un matrimonio ¿o sí?

- Es mucho más con lo que comienzan algunos. - Carlisle la estudió -. Estoy seguro de que ha hablado con su familia.

- Al fin - dijo Esme. Su familia le había enmarcado la posibilidad de matrimonio con Carlisle Facinelli en unos términos tan graves que ya había decidido rechazarlo. Torció la boca en una mueca, disculpándose – Y después de escuchar lo que tenían que decirme, siento decirle que yo...

- Espere. Antes de tomar una decisión, me gustaría escuchar lo que tiene que decir. Cuáles son sus sentimientos.

Bien. Eso fue un cambio. Esme parpadeó desconcertada cuando pensó en su familia y en la señorita Hale. Habían tenido muy buenas intenciones y le habían dicho lo que pensaban que debía hacer. Sus propios pensamientos y sentimientos no habían recibido mucha atención.

- Bueno... es un extraño - dijo -. Y no creo que deba tomar una decisión sobre mi futuro cuando estoy enamorada del Señor Clearwater.

- ¿Todavía tiene esperanzas en casarse con él?

- Oh, no. Toda posibilidad se ha esfumado. Pero los sentimientos siguen ahí, y hasta que pase el tiempo suficiente para que me olvide de él, no confío en mi propio juicio.

- Eso es muy sensato viniendo de una persona sensible como usted. Excepto que hay algunas decisiones que no se pueden aplazar. Y me temo que esta es una de ellas. - Carlisle hizo una pausa antes de preguntar amablemente -. Si usted vuelve a Hampshire bajo la nube de un escándalo, sabe lo que le esperará, ¿no?

- Sí. Será... desagradable, por no decir menos. - Sería una palabra suave para el desdén, la lástima y el desprecio que recibiría por ser una mujer caída en desgracia. Y peor aún, podría arruinar las posibilidades de poder casar bien a Alice -. Y mi familia no será capaz de protegerla de mí - añadió débilmente.

- Pero yo podría - dijo Carlisle, alcanzado la bobina trenzada en la parte superior de su cabeza, usando un dedo para empujar una horquilla en su lugar -. Yo podría, si se quisiera casar conmigo. De lo contrario, soy incapaz de hacer cualquier cosa por usted. Y no importa cómo le aconseje nadie, Esme, usted será la única que se enfrente al escándalo.

Esme lo intentaba, pero no podía mantener más que una sonrisa cansada.

- Todos mis sueños de una vida normal y tranquila se han de convertir en vivir como una marginada social, o como la esposa de un empresario hotelero.

- ¿Es la última opción tan poco atractiva?

- No es lo que siempre he deseado - dijo con franqueza.

Carlisle estaba absorto, consideró, mientras rozaba con los dedos los racimos de rosas. -No sería una existencia pacífica como en una casa de campo - reconoció -. Viviríamos en el hotel la mayor parte del año. Pero habría ocasiones en las que podríamos ir al campo. Si desea una casa en Hampshire como regalo de bodas, es suya. Y un transporte propio, con un equipamiento de cuatro caballos a su disposición.

Exactamente lo que me dijeron que haría, pensó Esme, y le lanzó una mirada irónica.

- ¿Está tratando de sobornarme, Carlisle?

- Sí. ¿Está funcionando?

Su tono esperanzado la hizo sonreír. - No, aunque fue un buen intento. - Oyendo el rumor de las hojas, Esme gritó -: Alice, ¿estás ahí?

- A dos hileras de distancia - fue la respuesta alegre de su hermana -. ¡Medusa ha encontrado algunos gusanos!

- Qué adorable.

Carlisle le lanzó una mirada perpleja a Esme. - ¿Quién... o debería decir qué... es Medusa?

- Un erizo - le respondió -. Como Medusa está un poco gorda, Alice hace ejercicio con ella.

En honor a Carlisle, este se recompuso rápidamente cuando le comentó - ¿Sabe que pago a mi personal una fortuna para mantenerlos fuera del jardín?

- Oh, no tenga miedo. Medusa es más que un huésped. Nunca huiría de Alice.

- Un huésped - repitió Carlisle, con una sonrisa insinuándose a través de su boca. Dio unos pasos impacientes antes de volverse hacia ella. Una nueva urgencia se filtraba a través de su voz -. Esme. Dígame cuáles son sus preocupaciones, y voy a tratar de responderle. Debe de haber algunos términos a los que podríamos llegar…

- Es usted muy persistente - dijo -. Me dijeron que lo sería.

- Soy todo lo que le dijeron y peor - dijo Carlisle sin vacilar -. Pero lo que no le dijeron es que usted es la mujer más deseable y más fascinante que he conocido, y que haría cualquier cosa que usted quisiera.

Era increíblemente halagador tener a un hombre como Carlisle Facinelli persiguiéndola, especialmente después de las heridas infligidas por Harry Clearwater. Esme tenía las mejillas rojas de placer, como si hubiera estado demasiado tiempo al sol. Se encontró pensando que quizás debería considerarlo, sólo por un momento y de manera hipotética. Carlisle Facinelli y yo...

- Tengo algunas preguntas - dijo.

- Pregunte.

Esme decidió ser contundente. - ¿Es usted peligroso? Todo el mundo dice que lo es.

- Con usted, no.

- ¿Y con los demás?

Carlisle se encogió de hombros inocentemente. - Soy un hotelero. ¿Podría ser peligroso?

Esme le dirigió una mirada dudosa, no del todo decepcionada. – Puede que sea ingenua, Carlisle, pero no me falta el cerebro. Usted sabe sobre los rumores... es muy consciente de su reputación. ¿Es usted un hombre sin escrúpulos como están diciendo que es?

Carlisle se quedó en silencio durante un largo rato, su mirada fija en un cúmulo distante de flores. El sol lanzó un haz de luz que se filtro a través de las hojas reflejándose sobre la pareja en la glorieta.

Finalmente, levantó la cabeza y la miró directamente, con los ojos más verdes por los efectos del sol sobre las hojas.

- No soy un caballero - dijo -. Ni por nacimiento, ni por carácter. Muy pocos hombres pueden permitirse el lujo de ser honrados y tratar de ser ellos mismos con éxito. Yo no miento, pero rara vez digo todo lo que sé. No soy un hombre religioso, ni espiritual. Actúo en mi propio interés, y no es ningún secreto. Sin embargo, en un negocio, no hago trampas, y pago mis deudas.

Carlisle se detuvo y buscó en su bolsillo, sacó una navaja y cortó una rosa.

Después de cortar limpiamente el tallo, se ocupó de extraer las espinas con la pequeña y aguda hoja.

- Nunca usaría la fuerza física contra una mujer o alguien más débil que yo. No fumo, tomo o mastico tabaco. Domino la bebida. No duermo bien.

Y puedo hacer un reloj desde cero.

Extrajo la última espina, y le entregó la rosa deslizando el cuchillo en el bolsillo.

Esme se concentró en el satén de la rosa de color rosa, pasando los dedos a lo largo de los bordes superiores de los pétalos.

- Mi nombre completo es Peter Carlisle Facinelli - le oyó decir -. Mi madre fue la única que alguna vez me llamó Peter, y por eso no me gusta. Nos abandonó a mi padre y a mí cuando era muy joven. Nunca la volví a ver.

Esme le miró con los ojos muy abiertos, entendiendo que este era un tema delicado del que rara vez hablaba. - Lo siento - dijo en voz baja, aunque mantuvo un tono cuidadoso y para nada piadoso.

Se encogió de hombros como si careciese de importancia.

- Fue hace mucho tiempo. Apenas me acuerdo de ella.

- ¿Por qué ha venido a Inglaterra?

Otra pausa. - Quería tener un negocio hotelero. Tanto si era un éxito o un fracaso. Quería estar lejos de mi padre.

Esme sólo podía adivinar la riqueza de la información que estaba enterrada bajo esas palabras tan escuetas. - Esa no es la historia completa - dijo, más que preguntó.

El fantasma de una sonrisa se insinuó en sus labios. - No.

Ella miró la rosa de nuevo, sintiendo sus mejillas de ese mismo color. - ¿Le... gustan... querría niños?

- Sí. Esperemos que más de uno. No me gustaba ser hijo único.

- ¿Le gustaría criarlos en el hotel?

- Por supuesto.

- ¿Cree que es el lugar más adecuado?

- Tendrán lo mejor de todo. Educación. Viajes. Cualquier lección que pueda interesarles.

Esme trató de imaginar la crianza de los niños en un hotel. ¿Podría sentir ese lugar como un hogar? Edward le había dicho una vez que los Rom creían que el mundo entero era su hogar. Siempre que estuviera con la familia, estaría en casa. Miró a Carlisle, preguntándose cómo sería vivir íntimamente con él. Parecía tan autónomo e invulnerable. Era difícil pensar en él haciendo cosas tan sencillas como afeitarse, cortarse el pelo o permanecer en la cama.

- ¿Deberíamos mantener nuestros votos matrimoniales? - le preguntó.

Carlisle le sostuvo la mirada. - No haría otra cosa.

Esme decidió que las preocupaciones de su familia acerca de dejarla hablar con Carlisle habían sido totalmente justificadas. Porque era tan persuasivo y atractivo, que estaba empezando a considerar la idea de casarse con él, y sospesar seriamente la decisión.

Los cuentos de hadas que había tenido tendrían que ser olvidados si iba a embarcarse en un matrimonio con un hombre al que no amaba y al que apenas conocía. Pero los adultos tenían que asumir las responsabilidades por sus acciones. Y entonces se le ocurrió a Esme que no era la única que se arriesgaba. No había ninguna garantía de que Carlisle acabara con el tipo de mujer que necesitaba.

- No es justo que haga todas las preguntas - le dijo -. Usted debe tener alguna también.

- No, ya he decidido lo que quiero.

Esme no pudo evitar una carcajada desconcertada. - ¿Tomáis todas las decisiones de manera tan impulsiva?

- Normalmente, no. Pero sé que cuando he de confiar en mis instintos.

Parecía que Carlisle estaba a punto de añadir algo más cuando vio a un movimiento por el rabillo del ojo. Después de ver su mirada, Esme vio a Medusa empujando a su manera a través de la rosaleda, caminando inocentemente por el camino. El erizo de color marrón y blanco parecía un cepillo de fregar. Para sorpresa de Esme, Carlisle se agachó para recuperar a la criatura.

- No la toque - Esme le advirtió -. Va a convertirse en una bola y le clavará sus púas.

Pero Carlisle puso las manos en el suelo, con las palmas hacia arriba, a ambos lados del erizo.

- Hola, Medusa. - Colocó suavemente las manos debajo de ella -. Perdón por interrumpir tu ejercicio. Pero, créeme, no querrás encontrarte con alguno de mis jardineros.

Esme observó incrédula como Medusa se relajaba y se colocaba voluntariamente en las cálidas y masculinas manos. Sus espinas se habían aplanado, y se dejó levantar y girar con el vientre hacia arriba. Carlisle acarició la piel blanca y suave de su vientre, mientras que el hocico delicado de Medusa se levantaba y lo miraba con su perpetua sonrisa.

- Nunca he visto a nadie, excepto a Alice, manejarla así - dijo Esme, de pie junto a él -. ¿Tiene experiencia con los erizos?

- No - ladeó una sonrisa - Pero tengo algo de experiencia con las mujeres con espinas.

- Disculpen - la voz de Alice los interrumpió, y entró en el túnel de las rosas. Estaba desaliñada, pedacitos de hojas se aferraban a su vestido, y su cabello caía desordenado sobre la cara -. Me parece que he perdido el rastro de… ¡Oh, ahí estás, Medusa! - sonrió cuando vio a Carlisle sosteniendo el erizo en sus manos.

- Puedes confiar en un hombre que puede manejar a un erizo, es lo que siempre digo.

- ¿Tú? - Esme le preguntó secamente -. Nunca te he oído decir eso.

- Sólo se lo digo a Medusa.

Carlisle cuidadosamente transfirió a la mascota en manos de Alice - "El zorro tiene muchos trucos" - citó - "El erizo sólo uno". - Le sonrió a Alice, y añadió - Pero es una buena idea.

- Arquíloco - dijo Alice rápidamente -. ¿Lee poesía griega señor Facinelli?

- Normalmente, no. Pero hago una excepción con Arquíloco. Él sabía cómo hacer un chiste.

- Mi padre solía llamarle "Raging yámbico" - dijo Esme y Carlisle se rió.

Y, en ese momento, Esme tomó su decisión.

Porque, a pesar de que Carlisle Facinelli tenía sus defectos, admitió libremente, un hombre que podía encantar a un erizo y entender chistes sobre antiguos poetas griegos era un hombre por el que valía la penar correr riegos.

Podía no casarse por amor, pero al menos podía casarse por la esperanza.

- Ali - murmuró - ¿Podrías dejarnos un momento a solas?

- Claro. A Medusa le gustaría arrancar la próxima hilera.

- Gracias, querida. Esme se volvió hacía Carlisle, que estaba limpiándose las manos. -¿Puedo hacerle otra pregunta más?

La miró con alarma y extendió sus manos como para demostrarle que no tenía nada que ocultar.

- ¿Diría usted que usted es un buen hombre, Carlisle?

- Tendría que pensar en eso. No - dijo finalmente. - En el cuento de hadas que usted mencionó ayer por la noche, me gustaría ser probablemente el villano. Porque es posible que el villano la tratara mucho mejor que el príncipe.

Esme se preguntó qué estaba mal en ella, ya que estaba más divertida que asustada por su confesión. - Carlisle. No se supone que hace la corteje a una chica diciéndole que es el villano.

Le dirigió una mirada inocente, que no la engañaba en lo más mínimo. - Estoy tratando de ser honesto.

- Tal vez. Pero usted también está asegurándose de que digan lo que digan de usted, lo admitirá. Ahora que ha hecho todas las críticas de manera tan ineficaz.

Carlisle parpadeó como si se hubiera sorprendido. - ¿Cree que soy tan manipulador?

Ella asintió.

Carlisle parecía sorprendido de que pudiera ver a través de él tan fácilmente. En lugar de estar molesto, sin embargo, la miraba con una espantosa añoranza.

- Esme, tengo que tenerla conmigo.

Llegó a ella en dos zancadas y la tomó en sus brazos. Su corazón latía con fuerza repentina, y ella dejó caer la cabeza hacia atrás, naturalmente, mientras esperaba la cálida presión de su boca.

Cuando nada sucedió, sin embargo, abrió los ojos y lo miró con curiosidad.

- ¿No va a besarme?

- No. No quiero que se me nuble el juicio. - Pero rozó sus labios contra su frente antes de continuar -. Éstas son sus opciones, como las veo. En primer lugar, puede ir a Hampshire entre una nube de desprecio social y con el conocimiento de que, al menos, no va a quedar atrapada en un matrimonio sin amor. O usted podría casarse con un hombre que la quiere más allá de cualquier cosa, y vivir como una reina. - Hizo una pausa -. Y no se olvide de la casa de campo y del transporte.

Esme no pudo contener una sonrisa. - El soborno de nuevo.

- Voy a entregarle un castillo y una diadema - dijo Carlisle implacablemente - vestidos de pieles y un yate.

- Ssshh - le susurró Esme tocándole sus labios suavemente con los dedos, sin saber de qué otra manera hacer que parase. Inspiró profundamente, apenas podía creer lo que estaba a punto de decir -. Me conformo con un anillo de compromiso. Uno pequeño y simple.

Carlisle la miró como si tuviera miedo de confiar en sus propios oídos. - ¿Lo hará?

- Sí - dijo Esme, con una voz un tanto ahogada -. Sí, me casaré con usted.

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Holaaaaa, yo por aquí haciendo mi mejor esfuerzo para entregarles este capitulo no tan tarde.