Capítulo 12
Esta fue la frase del día de la boda de Esme: "No es demasiado tarde para cambiar tu decisión".
Ella había oído de varios integrantes de su familia el mismo argumento, desde las primeras horas de la mañana. De todos, excepto de Alice, que afortunadamente no compartía la enemistad general de la familia Swan hacia Carlisle.
De hecho, Esme le preguntó a Alice por qué ella no se había opuesto al compromiso.
- Creo que podrían llegar a ser una buena pareja - dijo Alice.
- ¿De veras? ¿Por qué?
- Un conejo y un gato pueden vivir juntos pacíficamente. Pero primero el conejo ha de imponerse al gato una o dos veces, para luego convertirse en amigos.
- Gracias - dijo Esme secamente -. Tendré que recordar eso. Aunque me atrevería a decir que Carlisle se sorprenderá cuando lo derribe como un bolo.
La boda y la recepción serían largas y con una gran asistencia de personas, Carlisle había invitado a la mitad de Londres para presenciar la ceremonia.
Como resultado, Esme pasaría la mayor parte del día de su boda en medio de un mar de extraños.
Había tenido las esperanzas de que ella y Carlisle llegaran a conocerse mejor en las tres semanas de su compromiso, pero apenas lo había visto, a excepción de las dos ocasiones en que él había tomado un paseo con ella.
Y la señorita Hale, que los había acompañado, había fruncido el ceño con tanta fuerza que la había avergonzado, y estaba furiosa con su acompañante.
El día antes de la boda, su hermana Renesmee y su cuñado Jacob habían llegado. Para alivio de Esme, Nessie había elegido ser neutral en la controversia del matrimonio. Ella y Esme se sentaron juntas en una suite del hotel, lujosamente decorada, hablando sobre el asunto del compromiso en profundidad. Así como en los días de su infancia, Nessie asumió el papel de pacificadora.
La luz de una lámpara de flecos se deslizaba sobre el pelo broncíneo de Nessie en un barniz brillante. - Si él te gusta, Esme - dijo gentilmente - si has encontrado cosas para apreciarlo, entonces estoy segura de que él también lo hará.
- Deseo que Bella y la Srta. Hale lo sientan también de esa manera. Las dos son tan... obstinadas... que casi no puedo hablar de nada con ellas dos.
Nessie sonrió. - Recuerda, que Bella ha tenido que cuidar de todos nosotros durante mucho tiempo. Y no es fácil para ella renunciar a su papel de protectora. Pero lo hará. ¿Recuerdas cuando Emmett y yo salimos para Francia, lo difícil que fue para ella tener que despedirnos? ¿Cuánto miedo tenía?
- Creo que tenía más miedo por Francia.
- Bueno Francia sobrevivió a los Swan - Nessie dijo, sonriendo -. ¿Y tú sobrevivirás a convertirte en la esposa de Carlisle Facinelli en la mañana. Sólo... ¿me permites decir algo...?
- Ciertamente. Todo lo que desees.
- La temporada de Londres es como uno de los melodramas de Drury Lane en el que el matrimonio es siempre el final. Y nadie parece mencionar lo que sucede después. Pero el matrimonio no es el final de la historia, es el principio. Y exige los esfuerzos de ambas partes para hacer un éxito de ello. Espero que el señor Facinelli de las garantías de que va a ser un marido amable, y así obtengas la felicidad que mereces. ¿No?
- Bueno... - Esme dijo incómoda -. Me dijo que iba a vivir como una reina. Sin embargo no es exactamente lo mismo, ¿no?
- No - Nessie dijo, con voz suave -. Ten cuidado, querida, podrías terminar como la reina de un solitario reino.
Esme asintió con la cabeza, herida e inquieta, tratando de ocultarlo. Con su forma suave, Nessie había ofrecido la opinión más devastadora respecto de todas las advertencias que le habían dado los Swan. - Voy a considerarlo - ella dijo, mirando las diminutas flores impresas de su vestido en lugar de mirar a su hermana. Se tocó el anillo de compromiso que tenía en su dedo. Aunque la moda actual requería de varios diamantes o piedras de colores para los anillos de compromiso, Carlisle le había comprado una rosa con cortes de diamantes, con forma que imitaba un espiral en el interior de la rosa.
- "Yo pedí algo pequeño y simple" - le había dicho a Carlisle cuando se lo había entregado.
- "Es simple" - había contrarrestado él.
- "Pero no pequeño".
- "Esme" - le había dicho con una sonrisa - "Nunca hago nada pequeño en mi vida".
Mirando el reloj afanosamente en la repisa de la chimenea, trajo los pensamientos de Esme hacia el presente. - Yo no voy a cambiar mi decisión, Nessie. Le prometí a Carlisle que me casaría con él, y así lo haré. Ha sido amable conmigo. Yo nunca lo dejaría plantado en el altar.
- Entiendo. - Nessie dijo mientras deslizaba su mano sobre la mano de Esme, y la apretaba con afecto -. Esme... ¿Bella ha hablado de de ciertos temas contigo?
- ¿Te refieres a lo que tengo que esperar en mi noche de bodas?
- Sí.
- Ella tiene planeado hablarme más tarde, esta noche, pero yo preferiría oírlo de ti. - Esme hizo una pausa -. Sin embargo, después de haber compartido tanto tiempo con Alice, debo decirte que conozco los hábitos de apareamiento de al menos veintitrés especies diferentes.
- ¡Dios mío! - Nessie dijo con una sonrisa -. Tal vez tú deberías ser líder en este tema, querida.
Por la moda, los poderosos y los ricos solían casarse en San Jorge, en Hanover Square, situado en el centro de Mayfair. De hecho, muchos Nobles y vírgenes habían sido unidos en santo matrimonio, al punto de que el San Jorge era extraoficial y vulgarmente conocido como "el templo del Himen de Londres".
Tenía un frente con seis columnas masivas que eran impresionantes, pero de estructura relativamente simple. San Jorge había sido diseñado con una deliberada falta de ornamentación a fin de no menoscabar la belleza de la arquitectura. El interior era igualmente austero, con un dosel pulido construido varios pies más altos que las cajas de los bancos. Había un magnífico trabajo en las ventanas del frente, encima del altar, que representaban el Árbol de Jesé y un surtido de figuras bíblicas.
Había una multitud reunida en la iglesia, Emmett tenía su expresión en blanco. Hasta ahora había entregado a dos hermanas en matrimonio.
Ninguna de esas bodas se parecía a esta por el tipo de grandeza. Pero ellos habían tenido una felicidad auténtica y eclipsada. Bella y Nessie estaban enamoradas de los hombres que habían elegido para casarse.
No estaba de moda casarse por amor, no era una marca habitual en la burguesía. Sin embargo, casarse con amor era un ideal al que la familia Swan siempre había aspirado.
Esta boda no tenía nada que ver con el amor.
Vestido con un frac negro con pantalones de plata y una corbata blanca, Emmett estaba junto a la puerta de la sacristía, donde se guardaban los objetos ceremoniales y sagrados. Vestidos de Altar y de los integrantes del coro colgaban en una fila a lo largo de una pared. Esta mañana, la sacristía se convirtió en una sala de espera para la novia.
Rosalie Hale se paró en la puerta como si fuera un acompañante centinela que custodiaba la puerta del castillo. Emmett miró a escondidas. Iba vestida de lila, a diferencia de su apagado color habitual. Su cabello castaño estaba recogido en un moño tan apretado que hacía casi imposible que ella parpadeara. Las gafas estaban posadas de forma extraña sobre su nariz, uno de los alambres parecía estar doblado. Esto le daba la apariencia de un búho confundido.
- ¿Qué está mirando? - Preguntó ella con irritación.
- Sus gafas están torcidas - dijo Emmett, tratando de no sonreír.
Ella frunció el ceño. - He intentado solucionar este problema, pero sólo termino empeorándolo.
- Démelas. - Antes de que ella pudiera objetar algo, las tomó de su cara y comenzó a reparar el alambre torcido.
Ella balbuceó en señal de protesta. - Señor… y si los daña...
- ¿Cómo se doblaron? – Emmett preguntó con paciencia mientras enderezaba el alambre.
- Las dejé caer en el suelo, y cuando las buscaba, las pisé.
- Corta de vista, ¿verdad?
- Bastante.
Después de haber remodelado el alambre, Emmett los miró cuidadosamente. - No es nada. - Comenzó a entregárselas e hizo una pausa mientras miraba sus ojos, eran de color azul, verde y gris, en diferentes tonos oscuros. Brillante, cálidos, cambiantes. Al igual que los ópalos. ¿Por qué nunca antes se había dado cuenta?
Su conciencia lo perseguía, provocándole un cosquilleo en la piel, como si se expusiera a un cambio repentino de temperatura. Ella no lo tenía todo claro, pero era hermosa, de una forma fina y sutil, como la luz de la luna de invierno, o el olor agudo de margaritas en la ropa. Tan fresco y claro... delicioso. Por un momento, Emmett no pudo moverse.
La señorita Hale estaba todavía del mismo modo, encerrada con él en un momento de peculiar intimidad.
Cogió las gafas y las puso con firmeza en su nariz. - Esto es un error - dijo
-. No debería haber dejado que pasara.
Luchando a través de las capas de perplejidad, y de la estimulación, Emmett dedujo que se refería a la boda de su hermana. Le envió una mirada irritable. - ¿Qué sugiere que haga, Srta. Hale? ¿Enviar a Esme a un convento de monjas? Ella tiene derecho a casarse con quien quiera.
- ¿Incluso si termina en un desastre?
- No va a terminar en un desastre, terminará en una separación. Y se lo he dicho a Esme muchas veces. Pero ella se ha obligado y está decidida a casarse con él. Siempre he pensado que Esme era demasiado sensible para cometer este tipo de errores.
- Ella es sensata - dijo Hale -. Pero también solitaria. Y Facinelli tomó ventaja de eso.
- ¿Cómo puede ser ella solitaria? Si está constantemente rodeada de gente.
- Esa puede llegar a ser la peor todas las soledades.
Había una nota inquietante en su voz, una tristeza frágil. Emmett quería tocarla... tenerla cerca de él... poner su cara en su cuello... y esto le provocó una punzada de pánico en su pecho. Tenía que hacer algo, cualquier cosa, para cambiar el estado de ánimo entre ellos.
- Anímese, Hale - dijo enérgicamente -. Estoy seguro de que algún día usted también encontrará a una persona especial a la que pueda atormentar por el resto de su vida.
Se sintió aliviado al ver en su cara su familiar ceño fruncido.
- Todavía tengo que conocer a un hombre con el que pueda compartir una taza de té.
Emmett estaba a punto de responder cuando oyó un ruido en el interior de la sacristía, donde Esme estaba esperando. Una voz de hombre, tensa, con urgencia.
Emmett y Hale se miraron.
- ¿No se supone que ella está sola? – Emmett preguntó.
La acompañante asintió con la cabeza con incertidumbre.
- ¿Es Facinelli? - Emmett se preguntó en voz alta.
Hale sacudió la cabeza. - Lo acabo de ver afuera de la iglesia.
Sin una palabra, Emmett agarró la manija de la puerta y la abrió, lo siguió la Srta. Hale al interior de la sacristía.
Emmett se detuvo tan abruptamente que la acompañante se tropezó con él por detrás. Su hermana tenía un vestido de cuello alto, de encaje blanco, su silueta estaba contra una hilera de vestidos negros y púrpura. Esme parecía angelical, bañada por la luz de una ventana rectangular y estrecha, un velo caía en cascada por la espalda desde una corona de rosas blancas.
Y ella se enfrentaba a Harry Clearwater, que parecía un loco, con los ojos desorbitados, la ropa desaliñada.
- Clearwater – dijo Emmett, cerrando la puerta de un golpe eficaz con su pie -. No sabía que había sido invitado. Los invitados están sentados en las bancas. Le sugiero unirse a ellos. - Hizo una pausa, con su voz firme y tranquila a la vez -. O mejor aún, márchese.
Clearwater sacudió la cabeza, con una furia desesperada en sus ojos brillantes. - No puedo. Tengo que hablar con Esme antes de de que sea demasiado tarde.
- Ya es demasiado tarde - dijo Esme con su tez tan blanca como su vestido -. Todo está decidido, Harry.
- Usted debe saber lo que he descubierto. - Harry lanzó una mirada suplicante a Emmett-. Deme sólo un momento a solas con ella.
Emmett sacudió la cabeza. Él no tenía simpatía por Clearwater, pero no veía que de todo esto saldría algo bueno.
- Lo siento, pero alguien tiene que pensar en las apariencias. Esto tiene las características de una última cita antes de una boda. Y mientras que eso sería lo suficientemente escandaloso entre la novia y el novio, es aún más escandaloso entre la novia y alguien más -. Él fue conscientes de que la Srta. Hale se ponía a su lado.
- Permítales hablar - dijo ella.
Emmett le echó una mirada de exasperación. - Maldición, Hale, ¿alguna vez se cansará de decirme lo que debo hacer?
- Sólo cuando usted no necesite mi consejo, ahí dejaré de darlo. - Dijo.
Esme no había mirado a Harry. Era como un sueño, una pesadilla, el enfrente de ella cuando estaba vestida con su traje de novia, a pocos minutos de casarse con otro hombre. El terror la llenó. Ella no quería escuchar lo que Harry tenía que decir, pero tampoco podía dejarlo.
- ¿Por qué esta aquí? - Se las arregló para preguntar.
Harry parecía angustiado y suplicante. Extendió algo... una carta. - ¿Reconoce esto?
Tomando la carta en los dedos con guantes de encaje, Esme miró de cerca. - La carta de amor - dijo, desconcertada -. La perdí. Dónde... ¿Dónde la encontró?
- Carlisle Facinelli se la dio a mi padre. - Harry se pasó una mano por el pelo -. Ese cabrón se fue a ver a mi padre y expuso nuestra relación. Puso lo peor sobre ella. Facinelli hizo que mi padre se volviera en contra de nosotros antes de que haber tenido una oportunidad de explicarle lo nuestro.
Esme se volvió aún más fría, y su boca se secó, su corazón trabajaba con lentitud, sentía golpes dolorosos.
Al mismo tiempo, su cerebro estaba trabajando demasiado rápido, como uniendo cadenas y sacando conclusiones, cada una más desagradable que la anterior.
La puerta se abrió, y todos ellos se volvieron a ver como alguien más entraba en la sacristía.
- Por supuesto – Esme escuchó decir a Emmett de forma lenta -. El drama sólo lo necesitaba a usted para estar completo.
Carlisle entró en la pequeña habitación, con mirada suave y sorprendentemente tranquila. Él se acercó a Esme, con sus ojos verdes frescos. Llevaba el control de sí mismo como una armadura impenetrable.
- Hola, cariño. Tendió una mano para quitarle de la cara el encaje transparente de su velo.
A pesar de que no la había tocado a ella directamente, Esme estaba rígida. - Es mala suerte - susurró a través de sus labios secos - que me veas antes de la ceremonia.
- Afortunadamente – Carlisle dijo: - Yo no soy supersticioso.
Esme se llenó de confusión, rabia, un dolor sordo y horror. Mirando a la cara de Carlisle, no vio ningún rastro de remordimiento en su expresión. "En un cuento de hadas...", le había dicho, "Probablemente sería el villano".
Es cierto.
Y ella estaba a punto de casarse con él.
- Le dije lo que hizo – dijo Harry a Carlisle -. Cómo hizo imposible que nosotros pudiéramos casarnos.
- Yo no hice eso imposible - dijo Carlisle-. Simplemente lo hice difícil.
Qué joven, noble y vulnerable parecía Harry, y Carlisle tan grande, cruel y despectivo. Esme no podía creer que ella lo había encontrado encantador, y que le había gustado haber pensado que de alguna forma podría ser feliz con él.
- Ella sería suya si realmente lo hubieras querido - Carlisle continuó, con una sonrisa despiadada -. Pero yo la querías más.
Harry lanzó un grito ahogado, y su puño en alto.
- No - Esme dijo sin aliento, y Emmett empezó a avanzar. Sin embargo, Carlisle fue más rápido; frenando el brazo de Harry y girándolo a la espalda, lo empujó contra la puerta.
- ¡Basta! - dijo Esme, corriendo a ellos, golpeando el hombro y la espalda de Carlisle con su puño -. ¡Permite que se vaya! ¡No hagas esto!
Carlisle parecía no sentir sus golpes. - Fuera de aquí, Clearwater – dijo fríamente -. ¿Ha venido aquí sólo para quejarse, o hay algún punto en todo esto?
- Yo me la llevo de aquí. ¡Lejos de usted!
Carlisle esbozó una sonrisa escalofriante. - Lo enviaría al infierno primero.
- Permite… que se marche - Esme dijo con una voz que nunca había usado antes.
Fue suficiente para que Carlisle la escuchara. Su mirada se conectó con la de ella en un destello de color verde impía. Poco a poco soltó a Harry, quien se dio la vuelta, son su pecho agitado debido a su respiración.
- Vega conmigo, Esme - declaró Harry-. Vamos a ir a Gretna. Me importa un bledo mi padre o mi herencia. No puedo permitir que se case con ese monstruo.
- ¿Porque me ama? - Preguntó en un susurro -. ¿O porque quiere salvarme?
- Ambas.
Carlisle miró fijamente, teniendo todos los matices de su expresión. - Ve con él - invitó a Esme gentilmente -. Si eso es lo que quieres.
Esme no estaba en absoluto segura de si la estaba engañado. Carlisle haría cualquier cosa para conseguir lo que quería, sin importar lo que destruyera o el dolor que causara. Nunca la dejaría ir. No era más que una prueba para ella, él tenía curiosidad de ver qué opción tomaría.
Una cosa estaba clara: y era que ella y Harry nunca serían felices juntos.
Debido a que la furia de Harry eventualmente desaparecería y, a continuación, todas las razones que le habían parecido tan importantes, perderían validez. Se casaría con ella. Luego él se lamentaría por el escándalo, por ser desheredado, y por la desaprobación de su padre, durante toda su vida. Y, finalmente, Esme se convertiría en el foco de su resentimiento.
Ella tenía que dejar ir a Harry por su camino... eso sería lo mejor que podía hacer por él.
En cuanto a sus intereses... todas las opciones parecían igual de malas.
- Sugiero que te deshagas de estos dos idiotas - dijo Emmett- y te llevaré a casa en Hampshire.
Esme miró a su hermano, sus labios tocaron con una sonrisa de esperanza. - ¿Qué clase de vida tendré en Hampshire, después de todo esto, Emmett?
El silencio de su única respuesta fue desalentador. Esme volvió su atención a la Srta. Hale, que parecía angustiada.
En esa mirada compartida, Esme vio que su acompañante comprendía su situación con más precisión que los hombres. Las mujeres eran juzgadas y condenadas mucho más duramente que los hombres en estas cuestiones. El sueño de Esme de alcanzar una vida simple, tranquila, desaparecería, si no seguía adelante con la boda, ella nunca se casaría, no tendría hijos, nunca tendría un lugar en la sociedad. Lo único que le quedaba era hacer lo mejor en esta situación.
Se enfrentó a Harry con determinación inquebrantable. - Tiene que irse - dijo.
Con su rostro desencajado. - Esme, no puedo. Usted no está decidida.
- Por favor - insistió. Su mirada cambió a su hermano -. Emmett, escolta a la Srta. Hale. La boda se iniciará en breve. Y necesito hablar con Carlisle a solas.
Harry miraba con incredulidad. - Esme, no puede casarse con él. Escúcheme.
- Se acabó, Clearwater - dijo Emmett en voz baja -. Está terminado este juego sangriento. Permite a mi hermana hacer lo que ella quiere.
- Cristo. - Harry se abalanzó hacia la puerta como un borracho.
Esme tenía ganas de consolarlo, seguirlo, para darle la seguridad de su amor. En vez de eso, se quedó en la sacristía con Carlisle Facinelli.
Después de lo que pareció una eternidad, los tres se fueron, y Esme y Carlisle se enfrentaron.
Estaba claro que era indiferente a que ella ya sabía lo que él había hecho.
Carlisle no quería ni perdón ni redención... él no se arrepentía de nada. Toda una vida… Esme pensó. Junto a un hombre en quien nunca podré confiar.
Se tendría que casar con un villano, o nunca se casaría. Ser la esposa de Carlisle Facinelli, o vivir como un objeto de la desgracia, tener madres que regañaran a sus hijos por hablar con ella, como si su inocencia pudiera ser contaminada por su presencia. O recibir proposiciones de hombres que creían que ella era inmoral o que estaba desesperada. Ese era su futuro si no se convertiría en su esposa.
- ¿Y bien? - Carlisle preguntó en voz baja -. ¿Quieres atravesar esto o no? Esme se sintió tonta estando allí de pie, en sus galas nupciales, adornada con flores y un velo, todo ello que simbolizaba la esperanza y la inocencia, cuando no había ningún futuro así para ella. Ansiaba arrancar su anillo de compromiso y tirárselo a él. Ella quería que se arrugue en el suelo como un sombrero que alguien había pisado. Un pensamiento breve le vino a su cabeza, quería enviar por Bella, quien se haría cargo de la situación y gestionaría todo.
Salvo que ella ya no era una niña cuya vida podría ser administrada por otra persona.
Ella miró el rostro implacable de Carlisle y sus ojos con fuerza. Su mirada burlona, muy confiado de que había ganado. Sin duda, él supuso que sería capaz de manejar los hilos de su vida por el resto de sus días.
Estaba segura de que ella lo había subestimado, pero él la había subestimado a ella también.
Toda la tristeza de Esme, la miseria y la rabia impotente se arremolinaba junto a ellos. Ella se sorprendió por la tranquilidad de su propia voz mientras hablaba con él. - Nunca olvidare que te llevaste al hombre que amaba y te pusiste en su lugar. No estoy segura de si alguna vez pueda perdonarte por ello. Lo único que estoy absolutamente segura es que nunca te amaré. ¿Todavía quieres casarte conmigo?
- Sí - dijo Carlisle sin vacilar -. Nunca he querido ser amado. Y Dios sabe que no hay nadie que lo haya hecho todavía.
.
.
.
.
.
Hooolaaa, como están? Feliz Navidad… Espero Que disfruten mucho este capitulo :D
