Corría a más no poder adentrándose cada vez más en el bosque, hasta que llegó a una parte que sólo pocos conocían.
Frente a ella había un hermoso paisaje, un camino de árboles recién florecidos. Se acerco a uno de ellos y se sentó al pie de este abrazando sus rodillas.
El suave viento de la tarde mecía sus cabellos rosas a la vez que las ramas de los árboles se movían dejando caer algunas hojas a su alrededor.
—Molestia.— Escupió la palabra como si fuese una maldición.— ¿Por qué?
Había pasado un mes desde la muerte de Uchiha Itachi y el que Sasuke regresara a Konoha y revelara la verdad.
Aún para muchos era difícil creer la razón de la masacre del clan Uchiha, que el heredero desertara de la aldea y se uniera a Akatsuki.
Ahora Itachi era recordado en toda la aldea como un héroe, por evitar un golpe de estado que hubiera llevado a una guerra civil y probablemente a la cuarta guerra ninja.
Todos los shinobis con un poco de renuencia comenzaban a aceptar a Sasuke. Sin embargo Sakura no era feliz el motivo era simple, la actitud del azabache hacía ella.
Para él Sakura seguía siendo aquella niña de 12 años que se la pasaba peleando con Ino por él, aquella niña sin habilidades, sin talento y sin la fortaleza que un shinobi debería tener, sólo la veía como la cruz de la existencia del equipo 7.
Tenía habilidades curativas era cierto, al igual que una gran fuerza y buenos conocimientos, pero para que servían sus conocimientos sí el ya estaba, de que servía su fuerza sí no podía pelear a la par con Naruto y él, y para que era médico sí Karin era mejor sin mencionar el hecho de que ella era una kunoichi sensorial.
En pocas palabras Sakura ya no era necesaria.
Naruto y Kakashi trataban de evitar los malos tratos del azabache hacia la pelirosa, pero era inútil él no perdía oportunidad para molestarla con sus hirientes palabras y como era natural ese día lo hizo de nuevo.
—Eres basura, no ni siquiera eso porque aún la basura es útil. Y tú no eres nada sólo estorbas.
— ¡SASUKE!— Había gritado Naruto.— No le digas estupideces que ni tú te crees.
—Cállate dobe, todos sabemos que es cierto, ella no ayuda en nada.
—Sasuke... —Intentó replicar el rubio pero la ojijade lo interrumpió.
—Naruto no importa.
—Por supuesto que importa Sakura-chan.
—No puedo creer que aún te dejen jugar a ser una kunoichi, me enferma el simple hecho de verte.
La pelirosa no pudo oír más y obligándose a no llorar lo miro fríamente y giro sobre sus talones, saliendo corriendo de ahí.
Cuando Naruto trato de ir tras la chica una mano sobre su hombro lo detuvo.
—Creo que necesita estar sola.— Opinó un chico pálido.
—Debo ir con ella.
—Naruto, Sai tiene razón.— Apoyo Kakashi al ver cómo intentaba safarse del agarré del shinobi.— Déjala sola un momento, cuando se sienta mejor volverá.
El rubio lo fulminó con la mirada, pero al ver la seriedad de su sensei no le quedó más que aceptar.
La tarde caía rápidamente y Sakura aún seguía en el bosque con miles de pensamientos en su cabeza.
Un ruido cerca de ella se escucho y su instinto de supervivencia se disparó. Se levanto y rápidamente se colocó en posición de defensa.
Quizás ni fue buena idea haber ido a las afueras de la aldea.
— ¿Quién está ahí?— Preguntó ella en voz alta.
Las ramas sobre ella se agitaron y su cuerpo se tensó.
—Pero mira que tenemos aquí, una bella y joven kunoichi.— Siseo una voz tras ella.
Sakura se giro y vio a un hombre de aparentemente 30 años, la banda en su frente era de la aldea de la lluvia pero está estaba tachada, era un ninja renegado.
—Sabes, aún no olvido como un grupo de shinobis de su aldea asesinaron a mis padres y violaron a mi hermana cuando yo era un niño.— Dijo otra voz.
—Podríamos divertirnos con ella.— Sugirió despreocupadamente una tercera voz.
—Es buena idea, pero sus gritos atraerían a más shinobis y sería molestó lidiar con ellos.— Exclamó el segundo hombre.
—Tranquila Sakura, hay que analizar que hacer.— Pensó la kunoichi al verse arrinconada.
Tomando una decisión, se preparó a lanzar un puñetazo al suelo, pero uno de ellos al notar la tensión en su cuerpo supo que planeaba algo.
Sin demora desenfundó la katana que colgaba en su espalda y lanzó un ataque ascendente hacia ella tomándola desprevenida, el ataque le provoco una herida superficial en su abdomen, pero está no dejaba de sangrar. Sin poder contenerlo un grito de dolor brotó de su garganta.
Rápidamente comenzó a emanar chakra verde de su mano y comenzó a tratar su herida, pateo fuertemente al shinobi que estaba frente a ella y mientras escuchaba como los huesos de el crujían por el golpe, salto al árbol más cercano pero una mano tomo su tobillo izquierdo y la jaló haciéndola azotar contra el suelo.
El golpe en la cabeza la dejó desorientada e indefensa por unos segundos. Entonces sintió, tres punzadas en su pecho y espalda, al mirar vio tres kunais firmemente clavados en ella.
Las armas la habían herido en puntos vitales, obligándola a quedarse en el suelo sin poder moverse para no correr el riesgo de empeorar las heridas.
—Creí que sería un reto mayor pero sólo es una mísera basura.— Dijo uno con desprecio mientras limpiaba la sangre de su mano.
—La estúpida me rompió al menos 3 costillas.— Se quejó otro para repentinamente patear la cara de Sakura rompiéndole la nariz.
—Pero ve el lado bueno ya están a mano, tú sanaras en un par de días pero ella no. Ni siquiera puede arrastrarse, morirá aquí desangrada y sola.—Hablo el primero
—Dejen su estúpido parloteo y vámonos, aún tenemos que terminar el trabajo o no nos pagaran.
—De acuerdo vamos.
–Adiós basurita rosa.— Se burlo aquel que la había golpeado.
Su cuerpo se enfriaba lentamente mientras sentía como se desangraba poco a poco.
El tiempo se detuvo para ella y todo dejó de tener sentido.
No gritó, no maldijo, no culpo a nadie sólo se quedó ahí tendida en el frío suelo mientras sentía su vida acabarse.
Su mirada se fue apagando a la par que un millar de lágrimas brotaban de sus ojos jades.
La oscuridad se extendió sobre ella, hasta que la cubrió por completo, se dejó ir, dejó que la oscuridad la aplastara, a donde no hubiera dolor, preocupación, o miedo.
Todo había acabado, todo en lo que trabajo, todo por lo que lucho, todo lo que vivió.
—Tan débil, tan patética. Kami-sama, sí en este mundo vuelvo a nacer permíteme obtener las habilidades para proteger este mundo y a los que quiero. Sólo eso te pido. — Susurro al viento con la esperanza que sus ruegos fueran escuchados.
Entonces su cuerpo y su mente no resistieron más el sufrimiento y se dejó ir, mientras la luz de la luna colaba a través de las ramas sobre ella.
