Una silueta borrosa comenzó a aparecer a las afueras de un pequeño pueblo, hasta que está tomo la forma de una joven de figura menuda, poco después tras ella resonaron un par de pasos.

Alguien se agacho y con suavidad retiro algunos mechones que ocultaban su rostro.

—Oye, despierta.— Dijo alguien mientras movía el hombro de la chica inconsciente pero está no despertó.

La desconocida chasqueo la lengua frustrada y con las manos en la cintura y el ceño fruncido se giró a ver a un chico tras ella.

—Hermano Eita, ella no despierta.

—Está inconsciente Kaori, probablemente tarde un poco en despertar.— Respondió él chico con tranquilidad.

— ¿Crees que acabe de llegar?

—Es probable.

—Entonces significa que no tiene donde vivir, hay que llevarla con nosotros, ¿sí?.— Preguntó con un tierno puchero.

—De acuerdo, de todos modos no es seguro dejarla aquí.

El nombrado Eita se acercó a la chica y fácilmente la tomó en brazos, ambos comenzaron a caminar, minutos después llegaron a una pequeña y vieja choza de madera.

Kaori abrió la puerta y preparó un viejo futon, donde dejaron a la chica.


Sus ojos miraron sus manos abrirse y cerrarse lentamente, su mirada se alzó y observó su alrededor sumamente confundida y quizás un poco aterrada.

Aquel lugar, dónde estaba se extendía en una inmensa llanura la cual estaba cubierta de miles de pequeñas flores rosadas que rozaban sus tobillos, un lugar que no parecía tener fin, el cielo era claro y azul, y a pesar de no ver el sol por ninguna parte este parecía iluminarlo todo.

Curiosa comenzó a caminar dispuesta a explorar aquel sitio, su rostro giro en todas direcciones pero no veía nada más.

No supo por cuánto tiempo camino, porque ahí el tiempo no parecía existir. De repente se detuvo al sentir una presencia y entonces oyó una voz.

—No temas.

Era una rica voz masculina, profunda y grave. La cual le infundió la calma que necesitaba, sobresaltada sus ojos miraron a todos lados, hasta que se detuvieron en la parte baja de un frondoso árbol a unos metros de ella.

Ahí vio a un chico, esté tenía un excelente físico, vestía unos pantalones ninja negros, con botas cerradas del mismo color, una camiseta azul oscuro sin mangas y ligeramente abierta, sus manos estaban enfundadas en guantes negros.

Su rostro era de una belleza increíble, el cual estaba adornado por un par de ojos de un claro azul cielo, y su cabello era corto de un profundo color negro borgoña

— ¿Dónde estoy?— Preguntó ella después de unos segundos.

Él misterioso chico se acercó hasta estar frente a ella y le regaló una dulce sonrisa.

—Un lugar en el que sólo tú puedes estar Sakura. Un lugar completamente tuyo que refleja tú alma.— Respondió el.

La pelirosa parpadeo confundida ante tal respuesta, y por algún extraño motivo supo que era verdad lo que decía.

— ¿Quién eres tú?— Volvió a preguntar.

—Lo sabrás en poco tiempo.

Sus labios se fruncieron, pero decidió no insistir más. Pues algo dentro de ella le gritaba que aquel joven no la dañaría.

—Entonces explícame lo que ocurre.

— ¿Qué es lo último que recuerdas?

Sus ojos se fruncieron y su rostro adoptó un semblante pensativo mientras se obligaba a recordar los últimos sucesos.

—Me atacaron cuando estaba en el bosque, y sé que me estaba muriendo, entonces todo se oscureció y aparecí aquí. Acaso yo...

—Sí, estas muerta.

La interrumpió él y sus ojos se abrieron completamente. Con sus manos tapó su boca en un vago intentó de ahogar sus sollozos, el pelinegro se acercó a ella y suavemente colocó una mano en su hombro en señal de apoyo.

—Pero también estas viva.— Exclamó el después del sepulcral silencio.

Sakura volteó a verlo aún más confundida si aquello era posible.

— ¿Cómo que estoy muerta y viva a la vez? ¿Qué significa eso?— Chilló con un toque de histeria en su voz.

—Tus últimas palabras fueron escuchadas.

Ella lo miró completamente confundida, mientras su cerebro iba a toda marcha, tratando de aceptar la situación que el muchacho le presentaba.

Aún así el saber que estaba muerta le produjo escalofríos.

–Cuando un humano muere, es normal que su alma llegué al "otro mundo". Por así decirle.– Explico él al ver su cara de confusión total.– En la mayoría de los casos las habilidades de su vida humana las pierden, sin importar que hayan sido extremadamente fuertes. Pero hay algunos casos distintos, y tú has sido uno de ellos. Así que se decidió darte otra oportunidad.

— ¿Entonces no estoy muerta?

—Sí lo estas, pero tú alma está en un lugar donde nuevamente vives.

—Creo que lo entiendo, pero ¿tú eres un ángel, un fantasma, mi guía, o qué eres?

El chico soltó una sonora carcajada ante esto, y ella lo miró ofendida.

—No soy ninguno de los que mencionaste. Soy tan sólo un espíritu vinculado a ti.

–Ehh bueno, supongo. ¿Y cómo te llamas?

–En un futuro cercano sabrás mi nombre y cuando lo sepas serás más fuerte, no es aún el momento. Ahora debo irme, así que hasta pronto Sakura.

Él pelirrojo le sonrió y con un gesto de la mano se despidió, la pelirosa tan sólo lo miró y sin darle tiempo a decir nada, abrió lo ojos.

Aún aturdida por el extraño encuentro que acababa de tener, se incorporó lentamente de dónde estaba recostada y mirando a su alrededor pudo ver qué a su lado había una niña de aproximadamente 10 años, de largos cabellos castaños y grandes ojos grises.

Tras ella un chico el cual parecía de 18 o tal vez 19 años, de cabellos cortos rubios y ojos verdes.

—Bienvenida al distrito 15 del Rukongai—Dijo la niña con una sonrisa.

– ¿Rukongai?– Pregunto Sakura confusa.

–Se decidió darte otra oportunidad.

Fue la primera cosa en la que pensó, aquel misterioso chico tenía razón, ahora estaba en un limbo. No estaba viva, pero tampoco muerta.

Cerró sus ojos y entonces lo comprendió. Su nueva vida apenas comenzaba, y el camino de un nuevo comienzo se abría ante ella.

Sí, ahora todo sería diferente.