LA ETERNA ESPERA.
1. Bienvenida
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—¿Cómo es ella?
Neji ignoró la pregunta. Habían llegado a la cima de la colina y Sharingan apareció ante su vista. Suspiró con alivio. El castillo simbolizaba el final de la triste tarea que llevaba sobre sus hombros, un final que le gustaría ver.
Aunque leal al rey, empezaba a pensar que Hashirama II estaba perdiendo la cabeza. Neji Hyūga, barón de Byakugan, no era ningún Cupido, pero se había visto obligado a arreglar dos matrimonios, estaba encargado de un tercero en ese momento, y sin duda alguna le encomendaría otro a su regreso a la Corte. Si regresaba a la Corte, pensó con tristeza.
Sería más útil para Hashirama en otras tareas. Había muchas cosas mejores en las que podría emplear su tiempo que dedicándolo a arreglar matrimonios y a perseguir novios que no estaban dispuestos a casarse. Y este novio, realmente, no estaba deseoso de hacerlo.
Habría sido más sensato enviar a uno de los mensajeros del rey a buscar a Naruto, con la orden de que viajara a la tierra Sharingan. Ciertamente habría sido más fácil. Al menos, no le habría tocado escuchar las continuas protestas de Naruto, ni sufrir tantos absurdos retrasos. Tampoco habría tenido que responder a las incesantes preguntas de Naruto acerca de la belleza y disposición de su prometida, ni se habría visto obligado a mentir en los dos casos.
Neji levantó la mano para hacer una señal a las dos largas filas de hombres de armas que les seguían. La bandera del rey fue levantada de inmediato para hacer la más visible a los hombres que prestaban servicio de guardia en las murallas.
—¿Cómo es ella? —volvió a preguntar Naruto, dirigiendo nerviosamente la mirada hacia el castillo que se veía en el horizonte.
Neji se volvió finalmente y miró al guerrero fuerte y rubio que estaba a su lado. Naruto Namikaze, heredero del conde de Rasengan, uno de los señores más acaudalados del reino. Las mujeres de la Corte lo llamaban el «Ángel».
El nombre le hacía justicia. Había sido bendecido con la apariencia de un ángel; no porque tuviera la dulce inocencia de un querubín, sino porque poseía las facciones fuertes, limpias y puras de uno de los guerreros del cielo. Sus ojos eran tan azules como el firmamento mismo. El rostro era a la vez fino y duro, y la hermosa cabellera le caía sobre los hombros formando rizos dorados y brillantes.
Medía poco más de metro ochenta, sus hombros eran anchos y musculosos, el talle fino y las piernas largas y endurecidas por los años pasados a caballo. Incluso Neji tuvo que admitir que la apariencia de aquel hombre era asombrosa.
Desgraciadamente, Naruto también había sido bendecido con una lengua tan dulce como la miel; las palabras tiernas brotaban de su boca como gotas de rocío sobre un pétalo de rosa, habilidad que utilizaba para hacer méritos con las damas.
Se decía que habría sido capaz de convencer a Santa Inés de que se fuera a la cama con él si hubieran vivido en la misma época. Ésta era la razón por la cual los hombres, por lo general, al referirse a él decían que era «el mismo diablo». Las mujeres de muchos de ellos habían sucumbido a sus encantos.
—¿Cómo es ella?
Neji dejó de lado sus pensamientos ante la persistente pregunta. Abrió la boca para responderle, cuando percibió una extraña expresión en el rostro del gigante que cabalgaba un poco más atrás del guerrero.
Al gigante lo llamaban Pequeño Killer B. Amigo y caballero, había decidido acompañar a Naruto en su viaje. Pareja más desigual no podría encontrarse; eran tan opuestos como el agua y el aceite.
Naruto era hermoso, Pequeño Killer B tenía salud. Pero lo que le faltaba en apariencia le sobraba en fortaleza. Era de un tamaño y una fuerza increíbles.
Medía cerca de dos metros, y tenía aproximadamente un metro de ancho de espalda. Era una roca, silencioso, sólido y por lo general inexpresivo, lo que hacía que los movimientos de sus ojos y de su rostro rollizo fueran particularmente divertidos. Daba la impresión de que también a él le impacientaban las insistentes preguntas de Naruto sobre la apariencia de su prometida.
Armándose de paciencia, Neji se volvió hacia el hombre que iba tras él.
—Naruto, has hecho la misma pregunta, y te la he respondido al menos treinta veces desde que salimos del castillo de Eberhart.
—Y la hago de nuevo —dijo con tristeza el hombre de la hermosa cabellera.
Neji miró al obispo que cabalgaba al otro lado. El rey había sacado al anciano prelado de su retiro para que celebrara varios matrimonios en los últimos tiempos. El desposorio de Naruto Namikaze y Hinata Uchiha era el tercero en celebrarse en apenas tres meses…, si llegaba a tener lugar.
Neji no estaba nada seguro de que fuera a producirse. Desde el primer momento sólo se habían presentado problemas para aquella unión. Pese a que el compromiso se había celebrado unos veinte años atrás, nadie parecía interesado en que la boda se realizara.
A pesar de que Sasuke, el hermano de Hinata, había forzado el matrimonio al presentar la solicitud para que el rey interviniera, también había dado a entender que hubiera preferido que el compromiso se rompiera y que su hermana quedara en libertad para casarse con otro.
En lo que respecta al padre, Fugaku Uchiha, se las había ingeniado para evitarlo durante días. Cuando por fin pudo hablar con él, hubieron de mantener interminables conversaciones antes de que el viejo se mostrase de acuerdo con la boda.
En cuanto lo logró, Neji envió un mensaje al conde de Rasengan, padre del novio, informándole de la proximidad de la boda y de la necesidad de su presencia, y después fue a buscar a Naruto. Neji habría podido enviar un mensajero, pero necesitaba descansar de los Uchiha.
En verdad, Neji casi compadecía al pobre hombre por tener que entrar a formar parte de aquella familia tan protestona, o al menos así lo sentía al iniciar el viaje.
Sin embargo, después de ver cómo había dilatado su decisión echando mano de todas las excusas posibles para demorar la marcha, además de fastidiarlo durante toda la semana de viaje con la misma pregunta, repetida una y otra vez, acerca de la belleza de su prometida, su inteligencia y su manera de ser, Neji ya estaba harto de todos ellos. No veía llegar el momento en que acabase aquella pesadilla.
—¿Qué respondes? —gruñó Naruto, recordando su pregunta a Neji. Con un suspiro profundo, éste respondió:
—Como ya te he dicho, al menos cincuenta veces desde que iniciamos el viaje, ella es alta.
—¿Cómo de alta?
—Quizá un dedo menos alta que yo.
—¿Y qué más?
—Lady Hinata tiene buena figura, su pelo es largo y negro como el ébano con destellos azulados, tiene ojos grandes y grisáceos, nariz recta, pómulos marcados y una piel limpia e impecable. Es atractiva… —Dudó, porque se preguntaba si debía advertir al otro de la poco calurosa recepción que le esperaba.
—Creo que eres algo reticente, que ocultas algo —dijo Naruto, arrancando a Neji de los inquietantes pensamientos en que empezaba a sumirse.
—Sí —admitió, porque había decidido que era el momento de prevenirlo.
—¿De qué se trata? —preguntó el guerrero, entrecerrando los ojos con sospecha.
—Es un poco ruda en apariencia.
—¿Ruda en apariencia? —repitió Naruto, alarmado—. ¿Qué quieres decir con ruda en apariencia?
—Bueno… —Neji echó una mirada al obispo, en busca de ayuda.
El prelado Sarutobi, con las cejas pobladas y blancas moviéndose sobre sus amables ojos, consideró la cuestión por unos instantes, luego se adelantó un poco para echar una mirada al novio.
—Su madre murió cuando ella era muy pequeña, por eso tu novia fue educada por su padre y su hermano mayor. Me temo que carece, en cierta medida, de algunos refinamientos —dijo con delicadeza.
Naruto no se dejaba engañar. El obispo era un maestro en el arte de minimizar los problemas. Si decía que carecía de algún refinamiento, eso quería decir que era prácticamente salvaje. Se volvió con tono acusador hacia el hombre más joven.
—Hyūga, no me habías dicho nada de esto.
—Es verdad, no lo hice —reconoció Neji—. Claro que no lo hice. Pensé que quizá te preocuparía y no veía ninguna razón para hacerlo.
—¡Maldición! —Naruto dirigió su mirada hacia el castillo de Sharingan a medida que se aproximaban. Le pareció frío y poco amistoso. Los escoceses no se habían esmerado para preparar la bienvenida. En realidad, tampoco esperaba que lo hicieran. Ellos querían tan poco este matrimonio como él mismo.
—Las cosas no son tan malas, hijo —dijo el obispo—. Hinata es un poco áspera y dura, algo así como tu amigo Menma. Yo diría que es la versión femenina de él.
Menma de Aneford era el mejor amigo de Naruto. Se conocían y se querían desde pequeños. Se llevaban muy bien, e incluso habían sido socios en ciertos negocios guerreros, hasta que el reciente matrimonio de Menma y su ascenso a duque lo habían obligado a dejar aquella vida aventurera y guerrera. El obispo Sarutobi pensó que le estaba brindando una comparación positiva al joven, pero se equivocaba.
—Vaya —murmuró Naruto horrorizado. Mentalmente, levantaba el velo de su esposa y se veía besando a una especie de doble de su amigo, una versión alta y de pelo negro del compañero de tantos años. Estuvo a punto de caerse del caballo.
Procuró apartar la perturbadora imagen de su cabeza, y miró a Pequeño Killer B, que en ese momento soltó una carcajada, sin duda bajo la influencia de una visión no muy distinta.
Como su mirada tuvo muy poco éxito, y el gigante siguió riendo, se hundió con tristeza en la montura. Realmente, le habría encantado dar la vuelta y desandar el camino hacia Inglaterra. Sin embargo, no era posible. El maldito compromiso había sido negociado cuando él sólo tenía diez años y lady Hinata cuatro.
Su padre —el conde— se había arrepentido casi antes de que la tinta se hubiera secado en el pergamino. Él y Uchiha —grandes amigos en una época— habían roto relaciones.
Dejaron de hablarse dos semanas después del compromiso, unos veinte años antes. Los dos se habrían sentido más que satisfechos de olvidar el contrato por completo, pero ninguno de los dos se había atrevido a hacerlo, por miedo a perder las propiedades y la dote que habían comprometido.
Su reticencia había dejado en las manos del rey la posibilidad de ordenar el cumplimiento del contrato si así lo deseaba. Desgraciadamente para ambos, así lo deseaba.
Naruto no podía dar la vuelta y regresar a Inglaterra. Su futuro estaba decidido.
Hacia las doce del día siguiente, sería un hombre casado.
La vida era una prueba, y la poca libertad de la que gozaba un hombre en su juventud pasaba pronto. Procuró ponerse derecho en su montura, porque se dio cuenta de que estaban a punto de atravesar la puerta y entrar en el patio del castillo de Sharingan. Tenía que mostrarle a esa gente que era un hombre fuerte y confiado. Su orgullo se lo exigía.
Naruto levantó la cabeza y se enfrentó con las miradas silenciosas de los guardias que los vigilaban desde la muralla, pero pronto se dio cuenta de que le era imposible permanecer impasible cuando los hombres empezaron a hablar a gritos entre ellos.
—¿Cuál de ellos crees que será? —gritó uno.
—Apuesto a que es el pobre rubiecito—respondió otro, un soldado viejo—. Es una copia exacta de su padre.
Hubo un breve silencio porque todos los ojos lo examinaban detenidamente, luego alguno comentó:
—Es una lástima. Me parece que el moreno grande habría tenido alguna posibilidad de soportarlo, pero el rubito no va a durar ni un día.
—¡Yo diría que no va a durar ni medio día! —gritó alguien más.
—¿Qué te apuestas?
La expresión de Naruto se endureció cuando empezaron las apuestas. La indignación hizo presa de su ánimo. Nunca nadie lo había llamado rubito. En realidad se sentía un hombre normal, como cualquier otro, aunque pensaba que sin duda parecía más bajo porque iba al lado de Pequeño Killer B.
De todas maneras, era de la misma estatura que Neji, y de ninguna manera bajito. Tampoco le gustó el hecho de que dudaran de su capacidad de manejar a una mujer, una sola, aunque fuera más alta de lo normal.
Una mirada hacia Neji y el obispo le mostró que los dos estaban incómodos y por eso evitaban mirarlo. Sin embargo, Pequeño Killer B parecía más bien un poco preocupado, como si en cierto modo le molestaran los comentarios de los hombres de la muralla.
Bueno, Naruto no tenía intención de dejar que eso sucediera. Enderezando un poco más la espalda, dirigió su caballo hacia las escaleras de entrada al castillo. La ausencia de su novia, que debería haber estado en las escaleras esperando para saludarlo, fue un insulto adicional.
Era demasiado grosero, y no se privaría de decirlo cuando se encontraran. En esos pensamientos andaba, cuando los guardias del patio dejaron de fingir que estaban trabajando y se pusieron a mirarlos. Era bastante incómodo eso de ser el centro de tantas miradas, pero si además había sonrisas, y hasta risas burlonas, la situación se le hacía del todo insoportable.
Naruto sintió gran alivio cuando una de las enormes puertas del castillo se abrió. Un hombre joven apareció en la parte superior de los escalones, se volvió para gritar algo y luego corrió escalera abajo.
—Gracias, hijo. —Naruto bajó de su montura y sonrió al chico mientras éste tomaba las riendas del caballo. Sin embargo, su sonrisa desapareció al notar la mezcla de lástima y diversión que había en la cara del muchacho, que agarró las riendas de los caballos de Neji, del obispo y de Pequeño Killer B y luego se los llevó con él.
Con un movimiento que denotaba incomodidad, Naruto miró interrogativamente a Neji. El otro hombre apenas se movió, pero la preocupación le surcó el rostro antes de que se volviera a dar instrucciones a los soldados que los escoltaban.
Con cara de pocos amigos, Naruto volvió la mirada hacia las escaleras que estaban frente a la puerta doble del castillo, que otra vez estaba cerrada. El encuentro que estaba por venir parecía más intimidante a cada momento que pasaba, por lo que se tomó el tiempo necesario para calmarse mentalmente y armarse de valor.
Luego se dio cuenta de que se estaba alterando más de lo debido ante el inminente encuentro con una mujer. Nunca le había ocurrido tal cosa.
Hizo una pausa y sacudió la cabeza. ¿Qué diablos era lo que le preocupaba? Las mujeres siempre le habían respondido bien. El sexo opuesto lo consideraba muy atractivo. No le sorprendería que su prometida se derritiera al verlo. Su gratitud por tener la suerte de casarse con él no tendría límites, y sus disculpas por no haber salido a saludarlo serían interminables. Seguro.
Como era el Ángel, la perdonaría con galantería, y luego se casarían. Después de todo eso, podría volver a casa como había llegado, es decir solo. No había ninguna ley que ordenara lo contrario. Ninguna de las cláusulas del acuerdo disponía que tuviera que llevarla con él.
Naruto pensó que la dejaría allí y la visitaría con regularidad, aunque no con mucha frecuencia, hasta que tuviera una casa en la que pudiera instalarla y luego olvidarla.
Recuperó la usual confianza que tenía en sí mismo, sonrió a Pequeño Killer B, quien tenía un aire nervioso, y luego saltó ágilmente los escalones de entrada hasta llegar a la puerta. La empujó con elegancia e hizo un ademán a sus compañeros, mucho más lentos y un poco menos confiados, para que entraran en el castillo.
Sus pasos se hicieron más pausados cuando vio a los hombres sentados frente a la mesa en la espaciosa habitación. Engullían comida y reían de manera procaz.
Si se había imaginado que el centenar de soldados y sirvientes que estaba en la muralla y en el patio del castillo eran todos los hombres de lord Uchiha, estaba muy equivocado.
Había casi el mismo número de hombres disfrutando del descanso y de la comida allí dentro. Eran demasiados para un castillo tan pequeño. Naruto examinó rápidamente a los presentes, buscando a la mujer con la que iba a casarse y, teóricamente, a pasar el resto de su vida, pero no parecía que hubiera ninguna.
Aparte de una o dos sirvientas, la enorme habitación estaba ocupada exclusivamente por hombres. Le importaba poco, se dijo a sí mismo, para tranquilizarse. Pronto la conocería.
Luego se dirigió hacia la mesa principal, con lo que poco a poco fue atrayendo sobre sí la atención de todos los presentes, que ahora se miraban unos a otros y luego lo miraban a él.
Ignorando ese comportamiento grosero, caminó hacia el centro de la estancia, hasta detenerse ante el hombre mayor y entrecano que sospechaba era lord Fugaku Uchiha. Un silencio profundo se hizo en la sala.
Cientos de ojos fijos en él le traspasaban con la mirada desde todos los ángulos, y el hombre al que se dirigía no levantaba la mirada. Naruto empezaba a incomodarse cuando Neji se movió a su lado y se aclaró la garganta:
—Salud de nuevo, lord Uchiha.
Fugaku Uchiha parecía un hombre viejo, con los hombros encorvados por años de luchas y preocupaciones. Su pelo era gris y áspero y parecía dirigirse hacia todas las direcciones.
Se tomó su tiempo para terminar la pata de pollo que estaba comiendo, luego tiró el hueso por encima de su hombro y levantó la cabeza para mirar, no al hombre que le había hablado, sino a Naruto.
Este tuvo que corregir inmediatamente su primera opinión. ¿Había pensado que aquel hombre era viejo? ¿Abrumado por las preocupaciones? No. Podía tener el pelo gris, pero sus ojos revelaban vitalidad e inteligencia al atravesar a Naruto de parte a parte.
Una leve sorpresa cruzó por el rostro del viejo lord, luego su boca se cerró con expresión adusta y se recostó hacia atrás.
—Bueno —dijo hablando lentamente—, después de siglos, finalmente haces acto de presencia. Realmente pareces el cachorro de tu padre.
A Naruto le llevó cierto tiempo comprenderlo. El acento del hombre era muy marcado. Cuando estuvo seguro de haber entendido, movió la cabeza con desconcierto.
—En fin, el caso es que es demasiado tarde. —El placer de lord Fugaku al decir esto era obvio—. Las horas vienen y van, y los nidos se quedan vacíos, por tanto sé que tendrás que pensar en otras cosas.
—¿Nido? ¿Pensar en otras cosas? —Naruto, volvió la mirada sorprendida y desconcertada hacia un Neji preocupado.
—Ha dicho que el tiempo ha pasado y que la chica ha volado del nido; por tanto, él supone que tendrás que seguir viajando —explicó Neji, y volvió luego la mirada hacia el lord. La tensión empezaba a hacerse evidente.
—¿Cómo es que la chica ha volado del nido? ¿Adónde ha ido? —Uchiha encogió los hombros con desprecio.
—No nos lo ha dicho.
—¿No se lo habéis preguntado? —Fugaku sacudió la cabeza.
—Fue de noche, hace dos semanas, el día después de la llegada de lady Ōtsutsuki.
—¿Está aquí lady Ōtsutsuki? —La sorpresa de Neji fue evidente—. Ella debería habernos esperado para que la lleváramos a la Corte.
—Sí, claro, y seguramente te habrías tomado tu buen tiempo para hacerlo, ¿no es así? Te esperábamos hace más de una semana.
Neji lanzó una mirada llena de irritación a Naruto, y dijo entre dientes:
—Hemos tenido un retraso inevitable.
—Bueenoo… mientras vosotros estabais inevitablemente retrasados, lady Ōtsutsuki se vio obligada a salir de su casa para salvar su vida.
—¿No os estaréis refiriendo a lady Mikoto Ōtsutsuki? —interrumpió Naruto y se sorprendió cuando el escocés asintió. Había visto muchas veces a lord Ōtsutsuki y a su esposa en la Corte. Lady Mikoto iba con frecuencia cuando la reina todavía estaba viva. Por lo que él había visto y escuchado, la pareja estaba felizmente casada desde hacía cerca de veinte años.
Lord Ōtsutsuki nunca habría lastimado a su esposa cuando estaba vivo y ciertamente no habría podido hacerlo ahora que estaba muerto.
Naruto sabía que el viejo había muerto en Irlanda unos pocos meses antes—. Lord Ōtsutsuki está muerto —pensó en voz alta—. ¿Quién atacaría a lady Ōtsutsuki?
Neji frunció el ceño, parecía no saber qué decir, luego respiró profundamente y dijo: —¿Conoces a Greenweld?
Naruto asintió al oír mencionar al vecino de los Ōtsutsuki. Era un bastardo avaro e inmoral que no gozaba del aprecio de nadie.
—Obligó a lady Ōtsutsuki a casarse con él —dijo Neji—. La separó de lady Sakura, su hija, y amenazó a la chica para evitar que lady Ōtsutsuki lo denunciara y para mantenerla dominada.
La noticia fue una absoluta sorpresa para Naruto.
—¿No esperaría salirse con la suya?
—Pues lo hizo —respondió Neji—. Hasta que lady Ōtsutsuki logró que uno de sus fieles servidores le llevara una carta al rey. El mensaje era un relato de sus aflicciones. El rey arregló inmediatamente la boda de Sakura con Sasuke, el hijo de lord Fugaku —explicó Neji inclinando la cabeza hacia el lord, que permanecía sentado—. Con ello logró ponerla fuera del alcance de Greenweld. El rey está tratando incluso de anular el matrimonio que forzó Greenweld.
—Lo que posiblemente fue la causa de la paliza que ella recibió —comentó Fugaku secamente—. Él preferiría verla muerta antes de renunciar a las tierras.
—Sí —asintió Neji—.Quizá ésa fue la razón, si se enteró de ello. —Pensó un momento antes de dirigirse a Fugaku—. Vino en busca de protección, ¿no es así? ¿Por qué no fue a la Corte? El rey la habría protegido.
Fugaku se encogió de hombros.
—No lo sé todavía. Se escapó con su doncella y con el hijo de ésta, pero por el camino la atacó una fiebre. Ha estado descansando desde que llegó, y todavía no he hablado con ella.
—Ya veo —murmuró Neji, y su expresión denotaba disgusto—. ¿Está bien ahora?
Fugaku apretó los labios.
—Está viva, lo cual es bastante. Casi la mata. Ésta es la razón por la cual se anticipó a vuestro rescate y vino hacia aquí buscando la seguridad que podíamos ofrecerle en calidad de parientes.
Neji y el obispo intercambiaron miradas, luego el joven preguntó: —¿Habéis enviado un mensaje al rey informando de su presencia aquí?
—No. Pensé en esperaros. Lo mejor sería darle todas las noticias al mismo tiempo. Es posible que él prefiera que vosotros la escoltéis en su camino a la Corte, una vez recuperada.
Neji asintió. —Sois un hombre sabio, Fugaku Uchiha.
Lord Fugaku hizo un leve movimiento de labios.
—Y vos un buen diplomático, chico. Ésta es la razón por la cual tu rey te encarga siempre tareas tan absurdas.
—Las cumplo con honor. —El disgusto que le causaba a Neji que le endilgaran esas tareas se hizo evidente en la mirada que le dirigió a Naruto—. Y lo mejor es que nos encarguemos de ésta ahora. —Fugaku hizo un gesto.
—Bueno —volvió a decir arrastrando las palabras—, ahora… podría ser un problema. Como os estaba diciendo, Hinata se aprovechó de la barahúnda que causó la llegada de lady Ōtsutsuki. Al día siguiente de la llegada de ésta, los hombres y yo bebimos un poco, la mocosa esperó hasta que estuvimos borrachos y al anochecer voló del nido.
Naruto no ocultó su irritación y se dirigió al viejo, que lo miraba con una satisfacción evidente. Naruto solía preciarse de ser un maestro de la palabra. Las usaba con tanta frecuencia y con tanta habilidad para lograr lo que se proponía, que ahora le resultaba demasiado irritante tener que esforzarse por descifrar el fuerte acento escocés de lord Fugaku, y tenía la impresión de que Uchiha lo sabía y se divertía mucho exagerando un poco su acento.
—¿Debo suponer, entonces, que estáis rompiendo el contrato y que estáis dispuesto a perder la dote? —preguntó.
Uchiha dio un gran salto en la silla y se enderezó.
—¡Cuándo al diablo le salgan flores en lugar de cuernos! —vociferó, y después recuperó la calma repentinamente y sonrió—. En mi opinión, eres tú quien debe renunciar a la dote, debido a tu negligencia y retraso a la hora de buscar a tu prometida.
—Pero aquí estoy, dispuesto a llevarla conmigo. —Una sonrisa helada le cruzó el rostro.
—La chica ya tiene veinticuatro años —gruñó Uchiha—. Hace unos diez que tendrías que haber venido.
Naruto abrió la boca para responder, pero Neji le tocó el brazo para detenerlo y murmuró con suavidad; —Ya hemos hablado de todo esto, lord Fugaku. Una y otra vez. Habéis aceptado que la boda tenga lugar aquí, y lord Naruto ha venido, como se le solicitó, a cumplir su parte en el compromiso —frunció el ceño—. No comprendo por qué os resistís. Habíais aceptado la boda cuando yo partí. Sasuke también. La única que no estaba de acuerdo la última vez que vine era Hinata, pero ahora parece que vos también estáis en contra.
Fugaku encogió los hombros, una chispa de alegría brilló en su rostro arrugado.
—Sí, yo estuve de acuerdo. Sin embargo, no dije que le fuera a facilitar las cosas al muchacho. Él se tomó demasiado tiempo para mi gusto, y esto es un insulto para todos los Uchiha.
Hubo murmullos y asentimientos en todo el salón. Neji suspiró. Parecía que el lord sí quería que se consumara la boda, pero no estaba dispuesto a ayudar, lo que en su opinión no era muy bueno.
—Comprendo vuestros sentimientos, milord, pero me temo que lord Naruto tiene razón. Al ayudar a vuestra hija a escapar de su boda estáis rompiendo el contrato, y se considera entonces que perdéis el derecho a la dote y…
Lord Fugaku lo hizo callar con un gesto de disgusto.
—¡Oh! Ahorraos las amenazas. A mí me hubiera gustado ver a la chica casada, tal como a vos, pero ha pasado demasiado tiempo. —Miró a Naruto—. Además yo quiero tener nietos de ella aunque sean medio ingleses. —Hizo una pausa para beber un trago largo de cerveza, y luego dejó la jarra bruscamente sobre la mesa— Ella huyó a Saint Simmian.
—¿Saint Simmian?
—Una abadía que está a dos días a caballo de aquí —dijo, divertido—. Ha pedido refugio allí y se lo han concedido.
—Maldición —dijo Neji, cortante, mirando fijamente al escocés—. Creí que no sabíais dónde estaba.
—He dicho que ella no me había contado adónde iba —corrigió con calma—. Pero encargué a uno de mis muchachos que la siguiera cuando me di cuenta de que se había ido. Él siguió sus huellas hasta Saint Simmian, pero no tuvo éxito cuando quiso traerla de vuelta. No se permite la entrada a los hombres, como sabéis.
—Sí, lo sé —rezongó Neji, irritado.
Fugaku Uchiha volvió la mirada de nuevo hacia Naruto, entrecerrando los ojos al ver ligeras señales de alivio en su rostro y en su porte.
—¿Y bien? Muchacho, ahora sabes dónde está, ¿a qué esperas? Sal a buscarla, quizá ya esté aburrida y hasta salga a recibirte.
Naruto miró a Neji. Por un momento pensó que tal vez se había librado de la soga que habían puesto en su cuello, pero la expresión de su acompañante y las palabras de su futuro suegro le hicieron saber que se había equivocado.
Ellos esperaban que fuera a sacarla de la abadía para casarse con ella. Era como si le estuvieran pidiendo que cavara su propia tumba, pero parecía que no le quedaba otra solución.
Suspirando, se dio la vuelta para conducir al obispo y a lord Hyūga fuera de la gran sala, pero se detuvo en la puerta y les hizo una señal con la mano al volverse a mirar a Uchiha.
—¿Habéis dicho que la abadía está a dos días a caballo?
—Sí, dos días.
—En tierras amigas de vos, ¿no?
Las cejas de Fugaku Uchiha se arquearon en señal de sorpresa.
—Amigas mías, aunque no siempre amigas del rey de Inglaterra —dijo, divertido—. Por tanto, yo no enarbolaría muy alto vuestro estandarte.
Naruto asintió. Había sospechado algo así. Seguramente a lord Uchiha y a su hija les complacería que él muriera en la misión.
—Tengo que llevar vuestra falda escocesa, vuestro plaid, señor —dijo con una sonrisa hiriente, muy característica en él.
Fugaku Uchiha parpadeó sorprendido y luego frunció el ceño.
—¿Por qué razón quieres mi plaid?
—Si las tierras que vamos a atravesar son amigas vuestras, yo llevaré vuestros colores para demostrar que viajamos bajo vuestra protección.
Hubo un silencio mortal en la habitación, e incluso una cierta confusión; luego los hombres que estaban en las mesas empezaron a murmurar, susurrando algo entre ellos hasta que empezó a relajarse el rostro del desconcertado lord.
Su desconcierto pareció disiparse tan pronto como uno de los hombres se acercó a decir le algo al oído. Al parecer, era algo que resultaba divertido para Fugaku Uchiha. Echando la cabeza hacia atrás, rió a carcajadas, al igual que casi todos los hombres que había en la habitación.
Todavía riendo, el viejo entrecano se puso de pie y con apenas dos movimientos rápidos de la mano se quitó el atuendo. Como se había quedado con una camisa que apenas le llegaba hasta las rodillas, tiró del mantel de colores que cubría la mesa.
Su risa empezó a decaer y terminó cuando Naruto tomó el plaid, hizo un gesto de asco debido al hedor que se desprendía de éste y se dio la vuelta para salir de nuevo.
—¡Un momento!
Naruto hizo una pausa y se dio la vuelta.
—¿Sí?
—¿Vas a dejarme aquí, vestido solamente con una camisa? —preguntó lord Fugaku levantando las cejas.
Naruto lo miró fijamente. —¿Qué queréis que os dé?
—El jubón y los pantalones.
Naruto miró, con consternación, su dorado jubón y sus pantalones. Los dos eran nuevos. Había pensado que iba a impresionar a su futura esposa con tan finas prendas.
—Es un jubón nuevo —protestó—, no tiene si no un par de semanas. Fugaku Uchiha se encogió de hombros.
—Es un cambio justo por mis colores. —Tanto él como los otros hombres rieron de nuevo.
Naruto, suspirando y con desgana, pasó el plaid del escocés a Pequeño Killer B, que lo había seguido hasta llegar a la mesa, y empezó a quitarse la ropa.
—Es más grande de lo que parece. —Comentó uno de los hombres mientras Naruto se quitaba el jubón y la túnica hasta quedar con el pecho al aire delante de ellos.
Al mirarlo, Naruto reconoció al viejo de la muralla, el que había dicho que era muy parecido a su padre. Parecía que algunos de los hombres que estaban en la muralla los habían seguido al interior, sin que él se diera cuenta.
—Hmmm. —Fue todo lo que dijo Uchiha. Tomó la vestimenta de Naruto, se la pasó a uno de los hombres para que la sostuviera, y rápidamente se quitó la camisa. Le dio la prenda vieja y usada a su futuro yerno, volvió a coger la túnica y se la puso. Naruto cogió la camisa y casi gritó al percibir el hedor que se desprendía de ella.
Parecía que no la habían lavado nunca. Tras pensarlo un momento, metió los brazos en las mangas y se puso la camisa antes de prestar atención a los pantalones y los calcetines que todavía llevaba puestos.
—Un tanto estrecho, pero me queda bien —dijo el lord.
Miró a Fugaku Uchiha mientras éste terminaba de ponerse el jubón sobre la túnica. Se quedó perplejo al comprobar lo acertado de la afirmación. Parecía que su futuro suegro tenía exactamente la misma talla que él.
—Deja de mirarme y pásame los pantalones, muchacho. Se me está helando el culo.
Al darse cuenta de que estaba mirando al viejo, Naruto se dio la vuelta y empezó a quitarse el resto de la vestimenta. Después de pasarle sus prendas a lord Fugaku, cogió el plaid que sostenía Pequeño Killer B y empezó a ponérselo.
—¿Qué demonios haces?
Naruto levantó la mirada y se encontró con la de Fugaku Uchiha, entre consternada y enfadada.
—¡Un plaid no se lleva así, grandísimo tonto! Estás insultando a mi linaje al tratar de ponértelo de ese modo. —Terminó de ponerse los pantalones, estiró la mano y cogió un extremo de la tela. Tiró de ella y se la quitó a Naruto, luego la extendió en el suelo y se arrodilló sobre ella para doblarla en varios pliegues.
Naruto lo miró detenidamente, asombrado por la habilidad con la que el hombre realizaba la operación y preguntándose si sería capaz de hacer lo mismo. Lo dudaba, pero sabía que, de hacerlo, ciertamente no sería a la misma velocidad.
—¡Ya lo tienes! —Uchiha se sentó y lo miró—. Túmbate encima.
—¿Acostarme encima? —preguntó Naruto un poco confuso.
—Sí, encima.
Naruto lo miró boquiabierto.
—¿No estaréis bromeando?
—¡Acuéstate sobre la maldita prenda! —gritó con impaciencia el viejo.
Naruto masculló entre dientes y se tiró al suelo para tumbarse sobre el plaid. Tan pronto lo hubo hecho, el lord se puso de rodillas y empezó a tirar del mismo. Uno o dos segundos después, se puso de pie y le indicó a Naruto que hiciera lo mismo. Luego terminó de colocarle la prenda sobre su cuerpo.
—Ya está. —Después de inspeccionar su trabajo, lord Fugaku sacudió la cabeza—.Me temo que no te luce tanto como a mí —anunció, y hubo murmullos de aprobación en los alrededores—. Pareces un inglés tratando de hacerse pasar por un escocés. Y bien… —En cogiendo los hombros, echó una mirada a su nuevo atuendo—. Me atrevo a decir que tu traje me queda mejor a mí. ¿Qué pensáis, chicos?
Levantó los brazos y dio una vuelta para exhibir el traje de Naruto.
— ¿No os parece que voy a causarle buena impresión a lady Ōtsutsuki, la madre de lady Sakura?
Hubo otro murmullo de aprobación, luego Fugaku Uchiha se volvió y se encontró con la expresión apesadumbrada de Naruto.
—No te busques problemas, inglés. Ya tienes suficientes. Ahora ve a buscar a tu novia. —Sonrió, y mientras la sonrisa se desvanecía en su rostro, dijo—: Si puedes.
Naruto se puso rígido y enrojeció al escuchar los murmullos que estas dos últimas palabras habían provocado. No estaba acostumbrado a ser el blanco de las burlas de otros, y en realidad eso no le gustaba nada, pero era poco lo que podía hacer en ese momento, así que giró sobre los talones y se dirigió hacia la puerta. Pequeño Killer B lo seguía.
Fugaku Uchiha frunció el ceño y observó cómo Naruto se retiraba. Esperó a que los visitantes salieran del castillo, regresó a su silla y bebió un largo trago de cerveza mirando a sus hombres. Su mirada se detuvo finalmente en Shisui, uno de sus mejores soldados, y hombre de la mayor confianza. Lo llamó a su lado.
—¿Sí, milord?
—Muchacho, toma dos hombres y síguelos —le dijo—. El joven Namikaze es lo suficientemente atontado como para hacerse matar, y si eso ocurriera el loco de su padre y el rey inglés nos culparían a nosotros. Asegúrate de que llegue a su destino sin perderse.
Nota:
Plaid: Se trata de la indumentaria típica de los escoceses en la época. Se tenía la idea de que los colores representaban el clan al que pertenecían. Consistía en una especie de manta que hombres y mujeres usaban alrededor del cuerpo, con la parte inferior formaban el kilt y con la superior la capa. La colocación del plaid se consideraba un arte, porque los pliegues quedaban perfectamente organizados.
Continuará...
