LA ETERNA ESPERA.
4. Plan
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Hinata tuvo que interrumpir su retirada. Soltó relámpagos por los ojos al ver la mano que le había agarrado el brazo. Desde el momento en el que sintió el roce de los dedos, incluso antes de oír el tono aterciopelado de la voz con marcado acento inglés, supo quién la había detenido.
—Quitadme las manos de encima o yo misma las retiraré a mi manera —tronó.
Hizo un gesto de satisfacción al ver que la soltaba de inmediato, aunque luego, al mirarle a la cara, en su rostro sólo vio una sonrisa divertida y ningún temor. Para Hinata fue particularmente irritante el tono burlón con el que le habló el inglés.
—Disculpadme, milady. Es poco educado por mi parte tocaros sin, al menos, haberme presentado antes. Lord Naruto Namikaze, a vuestras órdenes. — Inmediatamente después de presentarse hizo una reverencia, también burlona.
Hinata se movió, su expresión se oscureció antes de dirigirle una sonrisa forzada.
—¿Se supone que he de conocer ese nombre, milord? —preguntó finalmente—.¿Ese nombre debería decirme algo?
Naruto parpadeó, sorprendido. Empezaba a perder algo de confianza en sí mismo.
—¿Cómo? ¿No reconocéis el nombre de vuestro prometido cuando lo escuchas? Hinata hizo un gesto de sorpresa.
—¿Estáis bromeando, señor? Mi prometido murió hace muchos años, al menos hace diez, según mis cuentas.
Ahora se le veía realmente consternado.
—¿Murió? ¿Quién demonios os ha dicho semejante estupidez?
—Nadie me lo ha dicho, milord. Lo deduje yo misma cuando él no vino a buscarme… Hace diez años, cuando tuve la edad pertinente.
El hombre no pudo dejar de ruborizarse al oír esas palabras, pero logró controlarse y sonreír rápidamente.
—Me temo que vuestras deducciones estaban equivocadas. Quizá me he retrasado, pero ciertamente no estoy muerto.
—No. Yo me temo que vos estáis equivocado y que mis deducciones fueron correctas —respondió Hinata—. Mi prometido está muerto. Al menos para mí — añadió con dureza.
Luego se dio la vuelta y salió fuera de la capilla.
Naruto se quedó mirándola, sorprendido. Ninguna mujer se había atrevido a hablarle así, ninguna le había dado nunca la espalda.
¡Dios Santo! Por lo general, las mujeres suspiraban y se derretían en su presencia, nunca le trataban con desdén. No sabía qué hacer. Sentía el impulso de ordenarle que regresara de inmediato.
Tenía todo el derecho, ella era su prometida y en muy poco tiempo sería su esposa y estaría bajo sus órdenes. Pero algo le decía, a la vez, que en realidad no quería casarse con ella. ¿Por qué no dejar que lo rechazara, se fuera y se escondiese en algún lugar de la abadía? Eso lo liberaría del engorroso compromiso.
Pero, por alguna razón, Naruto sintió de repente que no quería la libertad, al menos de esa manera. Se su ponía que él era quien no quería casarse, y sin embargo allí estaba.
No deseaba enfadar al rey ni a su padre, y tampoco quería romper el contrato y perder unas tierras muy ricas. Su prometida no parecía tener las mismas preocupaciones. Se diría que no le inquietaba perder las tierras de su dote.
Imposible. Él era el ángel, ella tendría que agradecerle que hubiese ido a buscarla, a pesar de su tardanza.
Estaba allí ¿no? ¿Quién diablos se creía ella para rechazarlo? Una maldita Uchiha.
—Veo que las cosas no marchan muy bien —murmuró lord Neji a sus espaldas, mientras lady Hinata cerraba de un golpe la puerta de la capilla.
—¿Las cosas no marchan bien? —Naruto se volvió indignado—. ¡Bueno! Ella es… es una salvaje. ¡Dios mío, lleva pantalones! Y ¿has visto cómo me tenía con su espada? —Lo miró frunciendo el ceño—. ¿Sabías que había sido entrenada para luchar?
Neji hizo un movimiento incómodo.
—Es una habilidad muy valiosa en las Highlands, en donde…
—¡Es una amazona! —Lo interrumpió Naruto—. ¡Dios santo! Es casi tan alta como yo.
—Sí, es bastante alta —empezó a decir Neji en tono conciliador, pero Naruto lo interrumpió de inmediato.
—¿Y qué hace llevando pantalones, como un hombre? Juro que pensé que era un hombre la primera vez que la vi. —Frunció el ceño, movió la cabeza de un lado a otro y dijo en voz alta lo que había pensado hacía unos pocos minutos—. Debería agradecerme que me haya tomado la molestia de venir hasta aquí, y lo que hace es insultarme e irse. ¿Quién demonios se cree que es?
Neji, suspirando, se limitó a responder con un movimiento de cabeza y regresó junto al obispo, para ver qué pensaba hacer con lady Nonō.
—Tenten, por favor, no te tomes las cosas así.
Hinata intentó hablar con suavidad, pero temía que se notase que estaba más molesta que cualquier otra cosa. Se sentía incómoda porque había afrontado emociones fuertes, y en realidad no le quedaba nada más que decir a Tenten.
La inglesa volvía a estar como cuando la encontró y, aunque había tratado de contenerlas, las lágrimas seguían rodando por sus mejillas, dando testimonio silencioso de su cansancio y su temor. Lo peor era que Hinata no podía culparla.
La chica no había hecho otra cosa que correr, esconderse y sufrir el temor a ser capturada durante días y, ahora, cuando pensaba haber encontrado un paraíso seguro, hasta que su padre viniera a buscarla, había visto lo equivocada que estaba.
—Kyōdai me encontrará aquí. Yo sabía que esto podía suceder. Incluso dejé rastros para que lo hiciera, pensando que iba a estar segura tras estas paredes. Pero no lo estaré. Lady Nonō lo dejará entrar y me obligará a partir con él. Si esto sucede, hallaré la muerte.
Hinata arqueó las cejas mientras se paseaba por la pequeña celda que había ocupado desde su llegada a la abadía. Todas estaban allí: Shion, lady Tenten y una muy apesadumbrada hermana Ayame. Hinata y Shion se habían encontrado con las otras dos mujeres fuera de la capilla y las habían llevado allí.
—¿No has oído al obispo? Ha dicho claramente que iba a enviar lejos a lady Nonō. Ya no estará en condiciones de dejar que nadie entre en la abadía.
—Sí, eso es lo que dice ahora. No obstante, lady Nonō es muy lista, me di cuenta de eso en nuestra entrevista, cuando llegué. Creo que le hará toda clase de promesas para evitar la vergüenza. ¿Qué pasa si le ofrece algo que él no puede rechazar? ¿Qué pasa si cambia de idea y la deja quedarse? Entonces, quizá se canse de verme y deje que los Kyōdai entren. Creo que la enfadé cuando nos encontró en el pasillo. Fui muy dura, y es posible que desee entregarme a los Kyōdai cuando lleguen.
Hinata frunció el ceño, pero negó con un movimiento de cabeza.
—La enviará lejos. El obispo es un hombre bueno y ella no tiene forma de convencerlo de que la deje quedarse. ¿Qué iba a ofrecerle?
—Te tiene a ti.
Como Hinata se puso tensa, Tenten dijo con tristeza:
—Están aquí para llevarte a Sharingan. Según la ley, no debería haber pasado el umbral, pero el daño ya está hecho. Es posible que decida mirar hacia otro lado mientras ellos te raptan, en compensación por dejarla quedarse.
Hinata miró a la hermana Ayame. La buena monja parecía preocupada. Sus dudas lograron que Hinata se alarmara seriamente.
—El obispo Sarutobi es un buen hombre, honesto y amable y… bondadoso. — Terminó en tono poco convincente y luego sacudió la cabeza—. No se rebajaría a… dejar que me sacaran de aquí.
—Está bajo las órdenes del rey, y su obligación es ayudar a que el matrimonio se realice —le recordó Shion—. Y tu padre firmó el contrato de matrimonio. De modo que no te estarían raptando para matarte. Su conciencia puede tranquilizarse con eso.
Hinata miró hacia otro lado y maldijo. Paseó la mirada por el paisaje, a través de las ventanas de su celda, tratando de pensar. Las otras mujeres estaban silenciosas y a la espera. Cuando repentinamente se dio la vuelta, la única que no se sorprendió fue Shion.
—Tenten, ve a tu habitación y recoge tus pertenencias.
—¿Por qué? —preguntó, esperanzada, la castaña.
—Nos vamos de aquí inmediatamente.
—Pero tu prometido y los otros…
—Estarán ocupados un rato en las negociaciones con lady Nonō, creo. Al menos el tiempo suficiente para que podamos huir. Shion y yo te llevaremos a tu casa y luego buscaremos refugio en alguna otra parte. —Hizo una pausa y su mirada pasó sobre el traje de monja—. Debes llevarlo, por si nos encontramos con los Kyōdai. Esperemos poder engañarlos. —Su mirada se dirigió a la hermana Ayame—. Podéis venir con nosotras si así lo deseáis. Si lady Nonō los convence para que la dejen quedarse, os complicará mucho la vida.
La hermana Ayame dudó, luego movió la cabeza.
—No. Me quedaré, pero voy a ayudaros a escapar. Conseguiré provisiones en la cocina.
—Estaremos en el establo —le dijo Hinata mientras la hermana salía de la habitación. Una mirada hacia atrás y una señal de asentimiento fueron suficientes para decirle a la escocesa que había oído.
Hinata se volvió hacia las otras dos mujeres.
—Rápido, Shion, ve a ayudar a Tenten a recoger sus cosas. Yo iré al establo a ensillar las bestias. —Se dirigió hacia la puerta mientras hablaba, pero la detuvo la voz de Tenten, que dijo:
—No tengo nada.
Cuando Hinata se volvió a mirarla, sorprendida, ella se encogió de hombros.
—Lo envié todo con mi doncella, para poder viajar más rápido.
Hinata alzó las cejas, luego la miró, incrédula. Todavía no había conocido a ninguna mujer diferente a Shion y a ella que no llevara al menos dos o tres baúles consigo.
—¿No trajiste absolutamente nada?
Tenten hizo un movimiento con los hombros.
—Solamente un saco, pero lo dejé en el establo anoche. No traigo vestidos ni nada.
—Increíble —se maravilló Hinata—. Bueno, somos afortunadas, por dar con una mujer con algo de inteligencia. Viajaremos como el viento. Vamos.
—¿Tampoco vosotras trajisteis nada? —preguntó Tenten en voz baja cuando salían cautelosamente hacia el corredor.
—Sólo lo que siempre llevamos —respondió Shion desde atrás—. Nuestro traje y nuestro acero, es todo lo que necesitamos para viajar.
—Ya veo —dijo lady Tenten, con aire dubitativo, mientras caminaban sigilosamente por el corredor.
—¿No ha terminado todavía?
Neji levantó la mirada al oír la pregunta de Naruto, movió la cabeza de un lado a otro y suspiró.
—Cree que debe entrevistar a todas las monjas antes de decidir qué hacer con la abadesa.
—¿Todas las monjas? —preguntó Naruto, consternado—. ¿Quieres decir que piensa entrevistar a todas y cada una de las monjas de este sagrado lugar antes de tomar una decisión?
—No puede desterrarla sin un juicio justo.
Naruto hizo un gesto de desesperación y empezó a pasearse de nuevo por la habitación. Su mente iba, como él, de un lado para otro. Quería irse de ese lugar, nunca había estado en una abadía y, para su sorpresa, no estaba disfrutando con la experiencia.
Naruto amaba a las mujeres, a todas las mujeres, de todas las figuras y tamaños. Bueno, a casi todas, pensó, cuando la imagen desconcertante de Hinata Uchiha vino a su mente.
Un recinto habitado por, al menos, cien mujeres era como un sueño para él, o al menos eso había pensado hasta entonces. Sin embargo, parecía que estaba equivocado. Nunca se había sentido tan incómodo en ningún lugar.
Aquellas mujeres eran tan piadosas y tan puras que él se sentía como un lobo suelto en medio de un rebaño de ovejas. Un lobo con conciencia, ciertamente.
Pensó que era sorprendente y respiró hondo. Hasta ahora había percibido muy poco esa conciencia, cuando se trataba de asuntos de mujeres. Si ellas querían, casi nunca veía razones para negarles el placer de su atención.
Después de todo, si no era él, sería otro quien estaría disfrutando de sus atenciones, encantos y esmeros. No obstante, en ese momento casi le daba miedo mirar a las mujeres que se movían a su alrededor.
Después de todo, eran las esposas de Dios. Una cosa era ponerle los cuernos a un hombre y otra, muy diferente, hacer algo parecido con el Señor.
Hinata logró conducir a las dos mujeres hasta el establo sin que nadie lo notara. Las tres trabajaron a toda velocidad para ensillar y preparar los caballos y terminaron su tarea justo en el momento en el que la hermana Ayame llegaba con un saco de provisiones.
—He sacado todo lo que pude, que es más de lo que esperaba, porque no había nadie en la cocina.
Hinata arqueó el entrecejo y recibió la comida.
—La cocina nunca está vacía.
—Casi nunca —asintió la hermana Ayame—. Sin embargo, el obispo está interrogando a todas las hermanas, a las sirvientas y a las que no han hecho sus votos. O sea, absolutamente a todas. Está evaluando el comportamiento de la abadesa. Creo que sí la va a destituir.
Hinata y Shion intercambiaron miradas, luego la primera suspiró.
—No podemos arriesgarnos.
—No —corroboró Shion mientras sacaba del establo su caballo y el de Tenten y Hinata aseguraba el saco de provisiones en su montura.
La hermana Ayame las siguió fuera del establo, y con expresión preocupada
dijo:—Tenéis que ser extremadamente cuidadosas. No debéis olvidaros de que Kyōdai está por ahí, en algún lugar.
—Estaremos bien —la tranquilizó Hinata con una sonrisa, luego se montó en su caballo mientras Tenten corría a abrazar a Ayame.
—Gracias, hermana, por todo.
Asintiendo tristemente, la hermana Ayame abrazó a Tenten y luego se quitó del medio para que la joven montara en su yegua.
—Trataré de ocultar que habéis partido.
—Gracias, hermana, pero no hagáis nada que os ponga en apuros. Os haremos saber que Tenten ha llegado a salvo, en cuanto tal cosa ocurra.
La hermana Ayame las vio espolear sus caballos a través de la puerta y correr en dirección a los árboles. Tenía un aspecto muy triste, con las vestimentas de Tenten y con el pañuelo blanco sobre su cabeza rapada. Esperó hasta que desaparecieron en el bosque, y luego se dio la vuelta y se encaminó pesarosamente hacia la puerta de la abadía, para afrontar su destino.
Una de las dos, ella o lady Nonō, sería desterrada hacia el final del día, y ninguna de las dos posibilidades la alegraba. A pesar de la actitud de lady Nonō y del trato que daba a las religiosas, la entristecía verla en vergüenza.
Quizá sería mejor, en esas circunstancias, que fuera ella, y no la abadesa, la que regresara a casa. Como su familia la amaba, seguramente se mostraría comprensiva, pero no estaba segura de que lady Nonō pudiera decir lo mismo. Tenía que haber alguna razón para que fuera tan insensible.
Los pensamientos de Ayame se vieron interrumpidos súbitamente cuando se topó con un cuerpo de hombre muy alto. Lo miró sorprendida, boquiabierta por el aspecto guerrero que tenía delante. Luego dio un paso rápido y nervioso hacia atrás.
—Milord.
—Debéis de ser lady Tenten. —Lord Hyūga sonrió ligeramente ante la sorpresa de la hermana Ayame, que luego lo miró espantada. Todavía llevaba el traje de lady Tenten y esto explicaba la confusión.
Se oyó un carraspeo del obispo, lo que la hizo darse cuenta de que lord Hyūga no estaba solo.
—Estábamos buscando a la hermana Ayame. ¿No sabéis dónde podemos encontrarla?
La hermana Ayame echó una rápida mirada hacia el grupo de hombres que tenía por delante. El obispo, lord Hyūga, lord Namikaze, el hombre grande al que había oído llamar Pequeño Killer B y, al menos, una docena de otros hombres estaban allí, esperando ansiosamente.
Como había pasado la mayor parte de su vida en un convento, Ayame no estaba acostumbrada a ser el centro de atención de tantos hombres. Tragando saliva nerviosamente y sonrojándose, movió la cabeza, impotente, y dio otro paso hacia atrás.
Lord Hyūga entrecerró los ojos un poco.
—¿De dónde venís?
La angustia la delataba. Neji frunció el ceño y miró primero hacia la puerta y luego a la entrada del establo, que no estaba muy distante. Sin decir una sola palabra, pasó por su lado y se dirigió al establo.
Al verlo entrar en las cuadras, la hermana Ayame se mordió el labio con cierta inquietud. Naruto también miró hacía allí con curiosidad, luego se volvió hacia el obispo, quien dijo: —Es, en verdad, necesario que encontremos a la hermana Ayame. Después de hablar con lady Nonō y con las otras, se ha decidido que lo mejor será que lady Nonō renuncie a su posición. Ella está preparando su partida. Me gustaría que la hermana Ayame la reemplazara mientras podemos encontrar otra abadesa. Sí, es necesario buscarla. Las otras religiosas parecen pensar que la hermana Ayame ocuparía ese puesto de manera muy satisfactoria.
Ayame se olvidó de Hyūga, llena de inquietud.
—¿De veras? —preguntó sin aliento.
—Sí.
El obispo frunció el ceño ligeramente y lanzó una rápida mirada hacia el jardín.
—Me gustaría comunicarle mi decisión y hablar con ella.
—Oh, por supuesto, yo… —Sus palabras fueron interrumpidas por un repentino grito que venía desde atrás. Al recordar la incursión de lord Hyūga al establo, se dio la vuelta para mirar al hombre que se dirigía apresuradamente hacia ellos.
—Creo que se han escapado —anunció con tristeza, al detenerse junto a la hermana Ayame y observar a los otros hombres.
—¿Quién? —preguntó el obispo, consternado.
—Lady Hinata y Shion. Faltan al menos dos caballos en el establo. Quizá tres.
Todas las miradas se volvieron hacia la hermana Ayame, quien sintió que el cargo de abadesa se escapaba de sus manos. Por un momento luchó consigo misma, la ambición y la ética se enfrentaban en su interior.
Luego enderezó los hombros, los miró con tristeza e hizo lo que le dictaba su conciencia: mintió para salvar a las mujeres que habían buscado refugio y que habían sido traicionadas.
—Los caballos eran míos. Los vendí a uno de los señores de la propiedad vecina. Acaba de irse después de llevárselos.
—No sabéis mentir, lady Tenten —le dijo lord Hyūga con gentileza—, pero el hecho de que os hayáis molestado en hacerlo nos dice cuál es la verdad. —Se volvió hacia Naruto y sonrió ampliamente—. Parece que no tendremos que convencer a tu prometida de que deje la abadía. De nuevo ha volado del nido.
Lejos de verse complacido, lord Naruto hizo un gesto de disgusto ante la noticia, y maldiciendo entre dientes se dirigió hacia la puerta. Pequeño Killer B y los otros hombres lo siguieron.
La hermana Ayame estaba tratando desesperadamente de discurrir alguna manera de detenerlos cuando el obispo hizo una pausa repentina en la puerta y se volvió hacia ella con expresión afligida.
—Por favor, buscad a la hermana Ayame y explicadle lo que he dicho, lady Tenten. Si ella cree que le es posible dirigir la abadía hasta que encontremos una alternativa, se lo agradecería mucho. Regresaré en cuanto compruebe que todo está en orden.
El hombre se dio la vuelta y siguió a los otros.
Sus palabras fueron entrando, despacio, en la mente confusa de Ayame. Sólo al oír el chirrido de la puerta recordó que los hombres salían en busca de las tres mujeres. Con un grito ahogado de consternación, corrió hacia la puerta y la abrió.
Era demasiado tarde. Los hombres ya habían montado en sus caballos y estaban en camino. Lo único que la disuadió de llamarlos a gritos fue la dirección que tomaron.
Habían elegido el camino equivocado. La ansiedad de la hermana Ayame dio paso inmediatamente a una sonrisa suave, de alivio. Entró de nuevo y cerró la puerta tras ella.
—Gracias, Dios mío —murmuró mientras atrancaba la puerta—. Eres realmente maravilloso y misericordioso.
—¿Hacia dónde nos dirigimos?
Tenten llevaba al menos dos horas queriendo hacer la pregunta, pero se había convencido a sí misma de que lady Hinata y su prima sabían lo que hacían. Sin embargo, ya no pudo ignorar por más tiempo lo que su instinto le decía.
Todo parecía indicar que se dirigían hacia el este y no hacia el sur, que era donde estaba su casa. La respuesta de Hinata la hizo sumirse en la tristeza.
—Por el momento, hacia el este.
—¿Al este? Pero mi casa está en Inglaterra. En el sur.
—Sí, pero Kyōdai espera que te dirijas precisamente al sur —razonó con calma Hinata.
—Pero ¿qué hay en el este? —preguntó Tenten.
—Dundee.
—¿Y qué hay en Dundee? —dijo Tenten con tono ansioso.
—Nada.
—¿Nada? —La miró boquiabierta—. Bueno, y si no hay nada, ¿por qué…?
Suspirando, Hinata detuvo su caballo y se volvió a mirar a la mujer.
—Nos están persiguiendo dos grupos de hombres, ¿no?
—Bueno, en realidad, ¿quién lo sabe? —murmuró Tenten—. En cuanto a Kyōdai, puede que nos esté siguiendo la pista y puede que no, y es posible que lord Naruto todavía esté en la abadía.
—Dudo mucho que Namikaze todavía esté en la abadía. Aunque la hermana Ayame logre que nuestra ausencia permanezca en secreto, una simple mirada al establo les dirá que hemos huido.
Cuando Tenten dio señales de haberlo comprendido, Hinata continuó:
—En cuanto a Kyōdai, es posible que todavía no nos esté siguiendo, pero ciertamente está buscándote. Ahora —Hinata tomó la actitud de quien está dando una lección—, si Kyōdai te siguió hasta la abadía y descubre que te has escapado, esperará que huyas hacia el sur, camino de Inglaterra y, sin duda, tomando la ruta más directa, como un zorro que busca su cueva.
Si la hermana Ayame informó a Naruto de tu problema y de que vamos a tratar de llevarte a casa, también pensará que tomamos la misma ruta. Pero si Naruto no se entera de tu problema, es posible que piense que vamos rumbo al oeste, hacia el castillo de mi padre, o posiblemente al norte, donde tengo algunos parientes que pueden ayudarnos, y donde hay otra abadía, ésta sin lady Nonō para abrir puertas. Ninguno de ellos tiene razón alguna para pensar que vamos rumbo al este, por tanto iremos en esta dirección hacia el mar, y luego seguiremos la costa en dirección sur hasta llegar a Inglaterra.
Lady Tenten sonrió de repente.
—Eso es muy sensato.
Hinata sonrió ligeramente al escuchar el elogio, luego espoleó su caballo para que volviera a trotar.
—¿Ves algo?
Pequeño Killer B inspeccionó desde arriba el área que estaba vigilando y luego movió la cabeza de un lado a otro al encontrarse con la mirada de Naruto.
—Maldición. —Naruto se hundió en su montura haciendo un gesto de desagrado—. No lo entiendo. Hemos cabalgado muy deprisa varios kilómetros. Ya deberíamos haberlas alcanzado, o al menos tener alguna señal de ellas.
—Quizá no salieron en esta dirección —sugirió Neji con el ceño fruncido.
—¿En qué otra dirección podrían ir? —rezongó Naruto.
—Hay otra abadía, que no queda demasiado lejos, hacia el norte —dijo el obispo ante el silencio de todos los demás.
Cuando Naruto lo miró esperanzado, Neji puso cara de pocos amigos.
—¿Crees que ha salido de una abadía para meterse en otra?
—No. Lo normal es que quiera regresar a casa.
—¡Se ha ido hacia el este!
Todos se dieron la vuelta al escuchar ese grito y se encontraron con que el que hablaba era un escocés que venía siguiéndolos. Alarmados por no haberlo oído aproximarse, los soldados se volvieron enfurecidos, y desenvainaron sus espadas para enfrentarse al hombre.
Un grito de Neji los hizo quedarse quietos donde estaban, pero todos mantuvieron las manos en las empuñaduras de las espadas mientras Neji cabalgaba a través de ellos para recibir al escocés de pelo color arena.
El hombre no reaccionó ante la amenaza que significaban todas aquellas espadas, sino que cabalgó hacia ellos con un cierto aire de diversión en el rostro. Acogió a Neji con calma.
—¿Quién diablos sois vos?
— Shisui. Uchiha me ordenó que os siguiera para procurar que Namikaze no muera en el intento de encontrar a Hinata. —Esperó el tiempo suficiente para que la ironía que sus palabras escondían fuera bien entendida, y luego dijo con una sonrisa amplia—: Vais en la dirección equivocada. La chica y las otras dos se dirigieron hacia el este cuando salieron de la abadía.
Neji presintió, más que oír, la impaciencia con la que Naruto se movía en su cabalgadura, y lo comprendió. Él mismo estaba un tanto molesto con el irónico, por no decir insultante comentario, pero logró controlarse al preguntar:
—¿También las otras dos? El escocés asintió.
—Shion y una monja iban con ella. Se dirigieron al este. Empecé a seguirlas, pero me acordé de que mi obligación era proteger a Namikaze y regresé a la abadía para asegurarme de que vosotros las seguíais. Pregunté allí y me dijeron que habíais salido rumbo al sur. Partí en esa dirección y revisé el camino. Pronto me di cuenta de que no habíais tomado esa dirección, entonces di marcha atrás y no tardé en darme cuenta de que viajabais rumbo a Sharingan. Entonces me apresuré a alcanzaros. Repito que marcháis en la dirección equivocada.
—¿Quién os dijo que íbamos rumbo al sur? —preguntó Naruto, acercándose a Neji.
El escocés se encogió de hombros.
—Una dama que no conozco, pero que no vestía como una monja.
—Lady Tenten. Lo más probable es que mintiera para proteger a las mujeres — murmuró Neji, luego respiró hondo y analizó las palabras del hombre—. ¿Por qué iba lady Hinata a dirigirse hacia el este?
El escocés se encogió una vez más de hombros.
—Probablemente quiera viajar precisamente en la dirección que vosotros nunca pensaríais que tomaría. Es una chica inteligente.
Los hombres se miraron.
—¿Le crees? —preguntó Naruto.
—No creo que tenga ninguna razón para mentirnos —dijo Neji haciendo un gesto de indiferencia.
—No.
—Además, ya habíamos llegado a la conclusión de que ella no viajaba en esta dirección.
—Sí.
—Supongo que tendremos que dirigirnos al este y ver qué pasa.
—Así es.
Naruto suspiró y se preguntó por qué no se daba la vuelta y regresaba sencillamente a casa. Tenía todo el derecho a hacerlo, ¿no? Por lo general, nadie esperaba que un novio fuera a la caza de su prometida por todo el país, solamente para casarse con ella.
Por otra parte, no quería dar explicaciones al rey. Tendría que continuar. Se dirigiría al este. Espoleó su caballo para seguir a Neji y al obispo, que ya cabalgaban hacia el escocés, que los esperaba.
—¿Es Kyōdai?
Hinata miró a Shion al hacer la pregunta y sospechó que su prima también se había dado cuenta de que las seguían. Hinata había tenido la impresión de que alguien las acompañaba desde que salieron de la abadía.
Pensó que debía de ser Kyōdai, y tuvo la esperanza de que, después de seguirlas un tiempo, el hecho de que se dirigieran hacia el este y no hacia el sur, unido al disfraz de Tenten, lo hubiera engañado y decidiera dar la vuelta y regresar a los alrededores de la abadía.
Al parecer, no había sido así y las había seguido todo el día. Y también ahora, por la noche.
—No sé —dijo con un suspiro—. Si es así, entonces, no lo hemos engañado con el disfraz de Tenten.
Shion gruñó en señal de asentimiento, mientras Tenten, ajena al peligro, apenas lograba seguir su paso.
—¿Nos detendremos pronto para pasar la noche? —preguntó la inglesa, esperanzada—. Estoy agotada de tanto cabalgar.
Hinata guardó silencio durante un momento, pensando qué opciones tenían. No podían seguir cabalgando indefinidamente; las bestias empezaban a dar señales de cansancio y no le gustaba exigirles demasiado.
Por otra parte, si era Kyōdai el que las seguía, se daría a conocer cuando se detuvieran. Al menos no las pillaría por sorpresa. De hecho, Shion y ella podrían ser las que lo sorprendieran a él. Sin duda no esperaría que tres mujeres solas presentaran resistencia.
—Sí. Hay un claro allí adelante. Nos detendremos allí —decidió en voz alta, y luego miró a Shion y le dijo en voz baja—: Prepárate.
—Es hermoso —murmuró Tenten al bajar de los caballos y mirar alrededor del claro.
—Maravilloso. —Hinata contempló el panorama con satisfacción. A un lado había un pequeño acantilado rocoso, al otro estaba el río que corría a lo largo del claro.
Esto dejaba solamente dos flancos disponibles para los atacantes. Sería más fácil defenderse, particularmente si bloqueaban uno de los costados con los caballos.
No le gustaba hacerlo, puesto que ponía en peligro los animales. Pero no tenía idea de cuánta gente acompañaría a Kyōdai ni de cuál era el riesgo que corrían.
—Pasaremos la noche aquí —anunció, desatando el saco de comida de su caballo y pasándoselo a Tenten.
La otra mujer asintió, se dirigió inmediatamente al sitio indicado y empezó a revisar el contenido de la bolsa.
Hinata y Shion se encargaron de los caballos, los dejaron ensillados, por si hubiera necesidad de escapar con urgencia, y los situaron para formar con ellos una tercera barrera contra sus posibles atacantes.
Se lavaron las manos en el río y se sentaron a comer, con los ojos y los oídos atentos a cualquier señal que pudiera prevenirlas de un ataque.
Cuando terminaron de comer, se echaron a descansar. O, mejor dicho, Tenten se echó a descansar. Hinata y Shion se sentaron con la espalda recostada contra las rocas.
Pero no tenían ninguna intención de dormir. Esperaban el ataque que estaban seguras iba a producirse ahora que parecían ser más vulnerables por estar descansando.
