LA ETERNA ESPERA.

7. Deformidad.


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Hinata durmió profundamente. Cuando el cansancio al fin la venció, se quedó tan dormida que no se despertó cuando las otras se movieron y se levantaron, ni siquiera cuando Naruto se separó de ella. Durante un momento, cuando por fin se despertó, casi pensó que el recuerdo de la llegada de Naruto había sido un sueño.

Pero luego vio la paja aplastada a su lado. Todo había sido real.

No estaba segura de si prefería que hubiera sido un sueño o no, pero se sentó y luego se puso de pie. Se oían muchas conversaciones y movimiento procedentes de un extremo del granero. Hinata imaginó que todos los hombres habían llegado.

No había pensado en ello cuando apareció su prometido, pero estaba casi segura de que había llegado solo. No había oído ruidos que anunciaran que iba acompañado por el grupo.

Como había esperado, el espacio entre la cabaña y el granero estaba lleno de hombres y caballos cuando salió a la luz del día. Si bien Hinata estaba segura de que no habían cabalgado con Naruto, parecía que todos habían llegado hacía un buen rato. Casi todos estaban de pie y listos pero, a pesar de que era tarde, algunos estaban despertándose.

En medio de todo el ruido y la conmoción, Hinata logró ver a Shion y a Tenten. Las dos mujeres estaban sentadas solas, y parecían bastante incómodas bajo las miradas acusadoras de los hombres. Hinata estuvo a punto de dirigirse hacia ellas para brindarles apoyo moral, pero tenía algunas necesidades personales que debía satisfacer. Se dio la vuelta y se dirigió al camino que conducía a la orilla del río.

Para su gran sorpresa, nadie le impidió moverse ni la siguió, pero entendió por qué al llegar a la orilla del río y ver que Naruto ya estaba allí parcialmente sumergido en el agua. Frunció el ceño al ver la cabeza del hombre, pero cuando éste se puso de pie, su ceño se distendió. Hinata se quedó boquiabierta y con los ojos como platos.

Había admirado el hermoso cuerpo de Naruto desde el momento en el que lo vio en la capilla de la abadía, pero entonces estaba vestido. Ahora no lo estaba.

Deslizó la mirada por sus hombros amplios y brazos fuertes, valorándolos. Notó que realmente tenía unos músculos maravillosos cuando éste levantó los brazos para retirarse de la cara el pelo húmedo y dorado. Todos los músculos de sus brazos, hombros y espalda se activaron con este sencillo movimiento.

Hinata sabía que realmente tendría que detener se ahí —estaba segura de que una verdadera dama lo haría—, pero no lo hizo. En lugar de ello, dejó que su mirada se deslizara sobre su maravillosa espalda hasta su igualmente maravilloso trasero e hizo una pausa para comérselo con los ojos sin ninguna vergüenza.

Se preguntó cómo había llegado hasta la avanza da edad de veinticuatro años sin saber lo bello que podía ser el cuerpo de los hombres. Siempre había pensado que los hombres eran imbéciles, sobre todo cuando estaban frente a una mujer hermosa, pues había observado que en esos casos actuaban siempre como unos tarados… Actuaban… Justo como ella estaba actuando ahora.

El hombre era perfecto. Hinata no podía recordar haber visto nunca un trasero más exquisito que el que Naruto mostraba en ese momento. Ninguno de los guerreros con los que había crecido la había impresionado de ese modo. Ninguno de los hombres que había conocido en toda su vida tenía un trasero como ése… Era… redondeado y… bueno… maravilloso fue la única palabra que se le ocurrió.

Su sola contemplación hacía que deseara acercarse y abrazarlo.

—¿Vas a quedarte ahí mirándome toda la mañana? —dijo él.

Hinata se puso rígida y alzó la mirada para encontrarse con que Naruto seguía dándole la espalda. Estaba segura de que no había mirado hacia atrás.

Algún movimiento de sus músculos la habría prevenido, por tanto parecía que era consciente de su presencia desde el momento en que llegó… y, sin duda, se había puesto de pie con el fin de impresionarla y hacerla correr de nuevo hacia el campamento como, sin duda, habría hecho una verdadera dama. Hinata, por el contrario, se había quedado ahí mirando embobada su desnudez como…

—¿Y bien?

Ella dejó que sus pensamientos se dispersaran de nuevo y se movió para poner las manos sobre las caderas con aire indignado.

—¿Y bien qué, inglés? ¿Cómo puedo quedarme aquí todo el día si pronto va a anochecer? Además, si estás montando un espectáculo, lo más correcto es disfrutarlo.

—Ah, entonces, ¿estás disfrutando? Bueno es saberlo. Así que, ¿no vas a alegar ninguna deformidad como excusa para cancelar esta boda?

Ella hizo un gesto de desagrado al oír el tono irónico en su voz.

—Lo mejor es estar completamente seguro. —Al decir esto, Naruto se volvió súbitamente para mirarla, y Hinata se encontró ante su imagen total de frente, desde la cabeza hasta las rodillas. La parte inferior de sus piernas estaba sumergida en el agua.

—Dios Santo —murmuró ella al verlo. ¿Había hablado de deformidades? Ahora sabía por qué. ¡El hombre era deforme!

Era inmenso. Sus muslos se apretaron instintivamente al pensar en él acercándose a ella con el monstruo que pendía entre sus piernas. No había ni la más mínima posibilidad sobre esta tierra de Dios de que él pudiera meter esa espada en su vaina.

¡Pardiez! El apareamiento le había parecido brusco, indigno e incómodo las pocas veces que había visto parejas haciéndolo. Hinata siempre se había preguntado por qué tantos gemidos. Ahora lo sabía. Eran de dolor. Al menos estaba segura de que iba a gemir de dolor si él trataba de…

—No parece gustarte.

El comentario seco le hizo levantar la cara para mirarlo. Él estaba haciendo un gesto de desagrado.

—De hecho, pareces un poco… desconcertada.

Hinata sostuvo su mirada durante un momento, pero fue todo lo que pudo hacer. Luego se limitó a sacudir la cabeza y se dio la vuelta para regresar al campamento. Su horror ante la vista del miembro había logrado lo que su falta de modestia femenina no había hecho.

Se le habían quitado las ganas de meter la cabeza bajo el agua, algo que siempre la había ayudado a aclarar sus ideas. Hinata había pensado que eso la ayudaría a concebir otra manera de escapar de su prometido, pero parecía que tendría que conformarse con una mente confusa por el momento.

Todavía más confusa de lo que estaba cuando se despertó, tuvo que admitirlo. Él la había distraído de verdad con su pequeña demostración.

Ahora estaba más desesperada por evitar casarse y acostarse con él, y la desesperación siempre ha sido mala consejera cuando uno está tratando de planear una estrategia.

—¿Piensas quedarte ahí todo el día?

Naruto parpadeó al oír la pregunta, era como el eco de lo que él mismo le había dicho a Hinata. Miró hacia el lugar de donde provenía la voz y se encontró con lord Neji de pie a la orilla del río; se encogió de hombros buscando una respuesta antes de volver a mirar el agua, inmerso nuevamente en sus pensamientos.

Se había quedado de pie, perdido en sus cavilaciones, desde que Hinata saliera corriendo hacia el campamento. Esa mujer era un enigma para él. Estaba seguro de que su carrera no había obedecido a la modestia femenina… lo había mirado con atrevimiento hasta que él se dio la vuelta y le dejó ver su parte delantera.

Naruto no se había sorprendido. Había hablado con Shisui al cabalgar juntos en busca de las tres mujeres y se había informado un poco sobre su nada común educación.

Shisui demostró saber mucho acerca de la hija de su lord y, en general, todo merecía elogio. Su madre había muerto poco después de firmado el contrato matrimonial entre Naruto y Hinata, y si bien ella debería haber sido educada por una de las mujeres después de esto, Hinata nunca quiso.

Parecía estar cada vez más apegada a su padre y a su hermano después de la pérdida de su madre, como si temiera que ellos también pudieran dejarla e irse «con los ángeles» fuera de su vista.

Fugaku Uchiha no podía soportar los sollozos de su hijita y se llevaba a los niños con él siempre que podía. Shisui había dicho que los dos eran como sus sombras, que, tomados de la mano, lo seguían por todas partes mientras él vigilaba a los guerreros en su entrenamiento y se ocupaba de los otros asuntos del clan.

Tras el asesinato del hermano de Fugaku Uchiha, sus hijos, Shion y Obito llegaron a Sharingan y se unieron al grupo que seguían a lord Uchiha a todas partes.

Cuando Sasuke y Obto llegaron a la edad de empezar los entrenamientos, nadie se sorprendió de que Hinata y Shion se les unieran. Las dos mujeres de mostraron tener una habilidad y un talento especial para la batalla, supliendo con destreza y agilidad su evidente falta de fuerza.

Como habían estado en el campo de entrenamiento toda su vida, armando jaleo con sus hermanos durante años, ninguna de las dos se acobardaba con la posibilidad de que la hirieran.

Ellas se hicieron cargo de las espadas con la misma naturalidad que la mayoría de las mujeres se hacen cargo de las agujas.

Naruto había escuchado historia con fascinación. He ahí una mujer diferente a todas las que conocía. El único entrenamiento de modales femeninos había estado en algunos intentos fallidos de su cuñada, la imponderable lady Sakura.

Hinata no había recibido lo que se llama «la educación de una dama». Había crecido corriendo, peleando y cazando con los hombres, le habían enseñado a pelear con la espada hecha a su medida que llevaba consigo, a disparar las flechas Igual que su hermano y algunas otras habilidades guerreras.

Hinata Uchiha estaba tan lejos de las delicadas flores de feminidad que poblaban la Corte como Menma, su mejor amigo y muy valorado guerrero. El buen obispo no se había equivocado mucho al compararlos, y si bien a Naruto le había aterrorizado en un principio la idea, ahora que conocía a la mocosa, la encontraba bastante enigmática.

Ciertamente, era más interesante que las flores de la Corte con las que se había entretenido con frecuencia. Bajo sus pétalos suaves y aromas dulces, Naruto sabía muy bien que esas flores exóticas escondían espinas con las que estaban dispuestas a hacer pedazos a un hombre si tenían la oportunidad.

Ésa era parte de su diversión, disfrutar de los placeres que ofrecían evitando las espinas, una tarea que le había resultado demasiado fácil de realizar.

Con Hinata, las cosas aparentemente eran distintas. Ella no escondía sus espinas y tenía una armadura de primera calidad, y muy dura, para rechazar cualquier acercamiento indeseado. Tampoco parecía demasiado impresionada por su buena figura, algo que siempre había facilitado sus conquistas en el pasado. Hinata Uchiha realmente constituía un auténtico desafío.

Un suspiro de desesperación sacó a Naruto de sus cavilaciones.

—Namikaze…

—Voy. —Naruto interrumpió lo que sin duda habría sido una queja o una orden y empezó a salir del agua—. ¿Están listos los otros hombres?

—Sí. Y las mujeres.

—Bien. Entonces saldremos inmediatamente y viajaremos al menos un par de horas antes de instalar el campamento para pasar la noche.

Neji no pareció satisfecho.

—Yo preferiría viajar durante la noche, porque ahora estamos a unos tres o quizá cuatro días de Sharingan, gracias a todos estos disparates. Pero supongo que ninguno de nosotros está realmente preparado para una cabalgata muy fuerte hoy.

Naruto puso cara de pocos amigos ante el recuerdo de su envenenamiento. Cabalgar con Shisui mientras perseguían a las mujeres había sido la peor de las torturas. Se habían visto obligados a detenerse varias veces para que él pudiera ponerse de pie junto a su caballo debido a unas arcadas secas.

Su cuerpo ya no tenía nada que expulsar. Naruto estaba temblando, febril y agotado, cuando por fin encontraron a las mujeres en el granero donde dormían. Si Hinata hubiera decidido pelear con él, habría tenido dificultades para detenerla.

Afortunadamente, ella no había opuesto ninguna resistencia, sino que le había hecho caso y se había quedado quieta. Naruto casi había tenido el impulso de agradecérselo, pero en lugar de eso se echó a su lado para recuperar un poco sus fuerzas.

No se sentía mucho mejor. No estaba tan débil como el día anterior, pero tenía doloridos los músculos del estómago debido al esfuerzo poco común de la noche anterior y todavía se sentía un poco tembloroso. La simple idea de la comida hacía que su estómago se revolviera amenazadoramente, y en realidad no se sentía como para viajar durante ese día.

Dudaba que los otros hombres quisieran hacerlo, pero una cabalgata lenta y fácil durante un par de horas esa tarde los acercaría un poco a Sharingan, y parecía mejor idea que quedarse sentados ahí toda la noche, esperando a que Hinata ideara su próxima estrategia para escapar.

Cogió su túnica de la rama en la que se había estado secando y se la puso haciendo un gesto. La túnica de Fugaku Uchiha ya no hedía porque la había lavado, pero no se había secado completamente en el corto tiempo que había transcurrido mientras se bañaba en el río.

Todavía estaba húmeda y se pegaba a su cuerpo de forma desagradable, pero eso era mejor que el hedor de antes, pensó mientras cogía el plaid. Como sabía que era imposible que se secara mientras se bañaba, Naruto no había lavado el vestido de lana.

Sin embargo, lo había colgado en una rama con la esperanza de que el viento se lleva algo de su desagradable olor. Desafortunadamente, el aire le había hecho poco bien, de modo que arrugó la nariz con disgusto al percibir la ráfaga de olor.

Murmurando entre dientes contra las costumbres de su futuro suegro, Naruto estiró el plaid en el suelo y lo miró con disgusto.

Era la primera vez que se lo quitaba desde el cambio con Fugaku Uchiha. Y no tenía ni idea de cómo plegar el maldito traje. Sabía que tenía que hacer los pliegues y tenderse encima pero no recordaba qué había hecho Fugaku para ponérselo y asegurárselo en Sharingan. Lo había observado con atención, pero no estaba seguro de poder repetir los movimientos del hombre.

—¿Necesitas que te eche una mano con eso? —le preguntó Neji, y Naruto no se sorprendió al ver que el labio del otro se movía.

Neji no había estado presente cuando Fugaku Uchiha le había ayudado a plegar la prenda, lo que significaba que Pequeño Killer B tendría que haberle mencionado algo de lo que había pasado en el castillo cuando él y el obispo habían salido.

Pero Pequeño Killer B no era ningún chismoso, lo que dejaba sólo la posibilidad de que Shisui o alguno de sus hombres le hubieran contado la historia a Neji. ¡Malditos escoceses! Chismorreando como viejas, pensó molesto.

—No, yo puedo hacerlo. —Respondió a la pregunta con un ligero tono de resentimiento. Y realmente lo iba a lograr… de una manera u otra.

Sin embargo, no parecía ser más hábil con sus manos que lo que había sido en Sharingan. Tampoco fue de mucha ayuda que Neji se quedara allí, mirándolo mientras intentaba darle forma a la tela. Casi sintió alivio al verse obligado a interrumpir sus torpes esfuerzos cuando Pequeño Killer B salió corriendo de entre los árboles.

—¿Qué pasa? —preguntó Naruto al notar la irritación en el rostro del hombre.

Alguna cosa le había molestado mucho.

—Una banda de hombres ha llegado. Los Akatsuki. —Pronunció el nombre con disgusto, como si conociera a los hombres, aunque hasta donde Naruto sabía, Pequeño Killer B no conocía a nadie en Escocia.

—¿Y qué? —preguntó Naruto—. Posiblemente también son amigos de Jūgo y están buscando un lugar para descansar en su viaje.

—Sí —asintió Pequeño Killer B—. Pero se han unido a Shisui y a los hombres alrededor del fuego y Shisui está entreteniéndolos con los relatos de nuestras dificultades para controlar a las mujeres. Los Akatsuki encuentran sumamente divertidas sus historias… y están coqueteando abiertamente con Hinata y con la pequeña Shion.

La última parte parecía molestar a Pequeño Killer B más que todo lo demás y Naruto se preguntó si el hombre se sentía atraído por la prima de Hinata.

De cualquier manera, si Shisui había estado divirtiendo a los Akatsuki con los relatos de sus dificultades para mantener bajo control a las mujeres, él sería el blanco de las risas de toda Escocia. Naruto hizo un gesto de desagrado.

—Podría hacerlo con una pequeña ayuda —anunció, señalando el plaid, que no tomaba la forma deseada—, enviadme a Shisui para que me ayude.

Sólo cuando Neji hubo asentido y se hubo dado la vuelta para caminar hacia el campamento con Pequeño Killer B, Naruto se dio cuenta de que tal vez su decisión no había sido la mejor. Ahora habría un nuevo hecho para añadir al anecdotario. Pero al menos alejaría a Shisui de los otros hombres y lo callaría.

—Demonios —masculló entre dientes y se dedicó a trabajar con el plaid. No había dado muy buena impresión hasta la fecha. Cada vez que Hinata lograba escapar, Naruto sentía que día a día él valía menos para ella. No estaba acostumbrado a parecer incompetente.

Era un guerrero, maldita sea. Los Señores de toda Inglaterra pagaban sumas exorbitantes para que él y Menma fueran con sus guerreros a luchar en su apoyo. Y ahora era objeto de relatos divertidos y ni siquiera podía vestirse sin ayuda.


—Es bastante extraño, en realidad.

—¿Qué es lo extraño, Tenten? —preguntó Hinata con desgana.

Estaba disfrutando del baño, el agua acariciaba su cuerpo y no tenía el más mínimo interés en lo que estaba diciendo la otra. Era la primera ocasión en la que podía relajarse después de haber salido de la abadía.

Tras el infortunado incidente con el estofado envenenado, había decidido que sería muy poco probable que los hombres se descuidaran de nuevo, al menos hasta que llegaran a Sharingan. Hinata había llegado a la conclusión de que lo mejor sería dejarlos que las escoltaran hasta llegar a casa y volver a intentarlo una vez allí.

Afortunadamente, Naruto les había permitido a Hinata y Shion volver a llevar las espadas. Desafortunadamente, seguía insistiendo en que las mujeres cabalgaran con los hombres.

Aparte de alargar el viaje porque se veían obligados a ir más despacio para evitar sobrecargar a los caballos, también era la causa de que el viaje se hubiera vuelto demasiado tenso.

Al menos para Hinata, porque le parecía muy incómodo cabalgar con Naruto. Era demasiado consciente de que su espalda estaba justo delante del pecho de Naruto, las piernas de los dos en roce permanente y los brazos de él alrededor de su cuerpo.

Había permanecido sentada y tiesa durante las pocas horas que habían cabalgado el día anterior después de dejar la cabaña de Jūgo y durante todo ese día.

Cuando llegaron a ese pequeño lago a altas horas de la tarde, Naruto decidió detenerse pronto e instalar el campamento para pasar la noche. Lord Neji parecía molesto, pero Hinata se sentía aliviada.

Quizá tardarían unas pocas horas más en llegar a casa, pero le dolían los músculos como consecuencia del esfuerzo que significaba permanecer recta y tan tensa en la cabalgadura de Namikaze, y lo que más deseaba era nadar en el agua fría.

La idea le atraía tanto que no le importó que Naruto y lord Neji insistieran en que no necesitaban la ayuda de las mujeres para instalar el campamento y que lo mejor era que fueran a disfrutar del atardecer en el agua.

No esperaba que les volvieran a permitir cocinar, pero sí podían haber ayudado con los caballos y recogiendo leña para el fuego. Si estuvieran viajando con su padre y sus hombres, se habría esperado que lo hicieran.

Su prima y ella habían crecido luchando para demostrar que eran tan fuertes, tan inteligentes y tan dotadas como los hombres. En su castillo, no estaba permitido que las trataran como damas débiles.

—Se dice que lord Naruto —continuó Tenten— puede convencer a los pájaros de que dejen los árboles, pero hasta el momento no he visto la evidencia de esa habilidad. No ha dicho ni una sola frase de adulación. Puedo comprender que no trate de coquetear o de complacerme porque llevo la vestimenta de una monja, pero ¿por qué no ha echado mano de su lengua de oro para convencernos de que nos olvidemos de escapar? Digo que me resulta extraño.

Se oyó un resoplido detrás de Hinata, pero ella no abrió los ojos ni se dio la vuelta en el agua para mirar hacia donde sabía que estaba nadando su prima. Hinata estaba ocupada tratando de controlarse para ocultar sus propios pensamientos relacionados con el asunto.

De hecho, ya se le había ocurrido que la dulce lengua de Naruto parecía no existir en presencia de ellas. Ese hombre no se había esforzado lo más mínimo para tratar de adularla y, aunque nunca lo admitiría, ese hecho le resultaba un poco decepcionante a Hinata.

¿No había en ella nada que mereciera un elogio? ¿O le desagradaba tanto que no valía la pena molestarse? Cualquiera de las dos opciones era dolorosa. Si bien estaba haciendo todo lo posible por evitarlo, sabía que iba a casarse con él un día u otro. ¿Quién querría casarse con un hombre que la valoraba tan poco?

—Tal vez se da cuenta de que sería una pérdida de tiempo —dijo finalmente Hinata aparentando indiferencia.

—Es posible —reconoció Tenten—. Tú no eres como las otras mujeres, después de todo. Quizá se ha dado cuenta de que las palabras dulces no son adecuadas para convencerte a ti.

Hinata abrió los ojos y frunció el ceño mirando el cielo que empezaba a oscurecerse. Era posible que sí le gustaran las palabras dulces, aunque eso sorprendería a cualquier persona que la conociera.

Había luchado durante toda su vida para lograr tener un lugar propio en el clan. Desde niña sabía que estaba prometida a Namikaze y había escuchado a su padre maldecir ese nombre todo tiempo. Como su padre odiaba tanto a los Namikaze, siempre había pensado que estar prometida a uno de ellos era algo malo, una jugada en su contra.

Había luchado para agradar a su padre, quería que estuviera orgulloso de ella, y creía que la única manera de lograrlo era ser el mejor soldado posible, lo cual no significaba que no tuviera un alma femenina, que no le gustara que le susurraran palabras dulces alguna que otra vez.

Y el hecho de que Naruto no se hubiera molestado en hacerlo, la dolía profundamente. ¿Qué tenía ella de malo? ¿No merecía ningún elogio?

Con el orgullo herido, el temor y la ira bullendo en su mente, Hinata se puso de pie en el agua y caminó hacia la ribera del lago. Ya había tenido descanso suficiente ese día.


—Parece que las mujeres se han tomado su tiempo en sus abluciones —comentó Neji.

—Siempre lo hacen —dijo Naruto mientras ponía leña en el fuego.

—¿No crees que se las han ingeniado para escapar de nuevo?

—No van a intentar huir sin caballos y tengo a cuatro hombres cuidando los animales —lo tranquilizó Naruto.

—Sí, lo sé. —Cuando sus palabras atrajeron la mirada interrogativa de Naruto, Neji se encogió de hombros—. Son los hombres del rey y están a mi cargo para acompañar estas bodas. Ellos siempre me consultan cualquier orden que das.

Naruto se molestó al oír esas palabras. Prácticamente se le había olvidado que los hombres no marchaban bajo sus órdenes. Estaba acostumbrado a tener un ejército a su servicio.

Pero había dispersado a casi todos sus hombres al darles permiso para que fueran a visitar a sus familias mientras él cumplía con su deber. Los caballeros que viajaban con ellos estaban bajo las órdenes de Neji. Tenía que tratar de tener eso en cuenta.

—¿Qué pasa si los Uchiha tienen cerca amigos que nosotros desconocemos? Las mujeres pudieron haberse escabullido y ellos pueden haberles proporcionado caballos y… —Neji se interrumpió de repente cuando Naruto se enderezó y lo miró con atención.

—¿Sabes algo que yo ignoro?

—No. —Neji cambió de expresión súbitamente al mirar entre los árboles—.Tengo la impresión de que algo no anda bien.

Naruto se puso en pie y echó un vistazo hacia los árboles que los rodaban. Habría ignorado la preocupación de Neji si no se hubiera sentido también un poco intranquilo desde que se detuvieron para pasar la noche. No era nada concreto, era una sensación de que había algo que no marchaba. Quizá la sensación de que alguien los miraba, de que no estaban solos.

—Voy a ver qué pasa —dijo por último.

Neji se limitó a asentir, pero era evidente que se sentía aliviado. Naruto pensó que el hombre estaba más que cansado con tanto problema.

Un simple gesto bastó para que Pequeño Killer B tomara su puesto al lado del fuego, y Naruto se internó en los árboles. Había un camino estrecho que llevaba del pequeño claro en el bosque hasta la orilla del lago. Era evidente que ellos no eran los primeros que acampaban en ese lugar, lo cual no era de extrañar puesto que era un sitio ideal, muy apropiado para montar un campamento.

El claro estaba a unos seis metros de distancia del lago, lo que daba intimidad a quien quisiera bañarse o satisfacer otras necesidades personales. Caminó rápidamente al principio, pero disminuyó la velocidad cuando se dio cuenta de que estaba acercándose al final de los árboles y pronto estaría casi a la orilla del lago.

Aguzó el oído tratando de escuchar sonidos que le indicaran dónde estaban las mujeres. No quería mortificar a la hermana Tenten encontrándola en estado de desnudez. Realmente no creía que algo así molestaría a Shion o a Hinata.

Podía equivocarse, pero la falta de modestia femenina de su prometida al verlo desnudo le sugería que ella había visto a los hombres de su padre, incluso a su hermano y a su primo, en estado similar una o dos veces en el pasado, y quizá había sido sorprendida también, algo que le parecía bastante posible teniendo en cuenta su vida cabalgando con los soldados.

Le resultó un poco incómodo pensar en que otros hombres la habían visto desnuda, pero desechó rápidamente el pensamiento y se concentró un poco más para tratar de identificar voces o el sonido del agua salpicando, pero no le llegaba ningún ruido.

Trató de evitar que esto y las palabras de Neji le molestaran, pero caminó un poco más rápido. Si las mujeres se habían escapado otra vez y…

Sintió un tremendo alivio cuando, al salir de entre los árboles, vio a las mujeres en cuestión. Tenten y Shion todavía estaban en el agua. La pequeña escocesa flotaba en la superficie con los ojos cerrados, y Tenten estaba de pie en el agua y miraba a Hinata que ya había salido y caminaba hacia su ropa que estaba en el suelo. Naruto no podía quitarle los ojos de encima.

Según su experiencia, las mujeres eran delicadas. Tenían cuerpos finos, caderas curvas, muslos rellenos, senos y vientres delicadamente redondeados… Y, sobre todo, eran acogedoras, con sus cuerpos cálidos y suaves en los que uno podía sumergirse y descansar… Hinata era la excepción.

Nada parecía suave en ella. Su cuerpo era todo músculo, sus ágiles miembros se tensaban mientras se movía. Estaba seguro de que si la tocaba sería tan dura como cualquiera de sus soldados. Y, sin embargo, era hermosa; las líneas de su cuerpo eran tan elegantes como las de un gato, sus movimientos estaban llenos de gracia felina.

Quizá no fuera un suave descanso para su cabeza y su cuerpo, pero era un festín mayor para sus ojos que cualquier mujer que hubiera visto. No pudo apartar los ojos de su delgada figura. La boca se le había secado al verla. Cuando la mujer cogió su plaid y miró de repente hacia atrás, Naruto se quedó inerme, sin poder hacer otra cosa que volver la mirada cuando los ojos de ella se abrieron sorprendidos.

Mientras buscaba algo que decir, quizá una excusa, la sorpresa de ella pasó a ser un destello de algo que podía ser alarma. Inmediatamente, la expresión de su rostro se convirtió en una máscara de determinación helada.

Entonces, Hinata se agachó, cogió con seguridad su espada y dio unos pasos adelante.

Naruto, sorprendido con esa reacción tan agresiva, simplemente se quedó allí, helado. Quizá si ella hubiera levantado su espada o dicho algo, él habría salido de su sorpresa y reaccionado, en lugar de quedarse ahí parado como un idiota, o como un niño al que pillan espiando.

Luego, un movimiento en el agua atrajo su mirada hacia Shion y la vio salir rápidamente. Como Hinata, la pequeña rubia no se molestó en buscar su vestido sino que agarró su espada de inmediato. Fue en ese momento cuando la hermana Tenten se dio la vuelta y lo vio allí.

El aullido que lanzó fue lo que Naruto necesitaba para salir de su profunda conmoción.

—No se trata de… —empezó en tono de disculpa, pero Hinata, que se dirigía corriendo hacia él, le dio un empujón. Cogido por sorpresa, Naruto se tambaleó hacia un lado, se recuperó y empezó a caminar hacia atrás cuando el sonido de metales resonó en sus oídos.

Totalmente alerta ahora, se volvió para ver que Hinata estaba peleando con un hombre que, aparentemente, había pasado por detrás de él. La reacción de ella no iba contra él, quizá el primer gesto de sorpresa sí fue al verlo, pero el movimiento de coger la espada y la fiera determinación habían sido motivados por la llegada de ese hombre.

Esos hombres, se corrigió a sí mismo, al ver a un tercer y un cuarto hombre acercándose a la pareja que luchaba. Automáticamente, echó mano a su espada sólo para darse cuenta de que la había dejado en el campamento.

Si la memoria no lo traicionaba, junto a un tronco cerca de donde estaba alimentando el fuego. No se le había ocurrido cogerla al dirigirse al lago. ¿Para qué? Sencillamente, no pensó que la necesitaría para ir a vigilar a las mujeres.

¡Maldición!, pensó Naruto disgustado mientras sus ojos echaban un vistazo alrededor. Vio cerca una rama de buen tamaño y la agarró. De poco iba a servir contra una espada, pero era mejor que nada.

Había levantado la rama y se preparaba para atacar cuando Shion, desnuda y todavía húmeda, corrió a su lado lanzando un grito de guerra. La mujer podía ser pequeña, pero su alarido casi le arranca las orejas.

¡Maldición!, pensó de nuevo al ver que la pequeña escocesa había detenido a los dos hombres al empezar a luchar con el primero.

Naruto se quedó ahí un minuto, boquiabierto al ver a las dos hermosas mujeres desnudas blandiendo sus espadas con tanta habilidad. Afortunadamente para él, el tercer hombre se quedó quieto, momentáneamente maravillado.

Lo mismo que los otros hombres que vio detrás de él. Eran seis en total, al parecer. Y fuera de los dos que estaban recibiendo una clase de esgrima, los otros estaban como clavados en el suelo al ver dos mujeres luchando contra sus compatriotas, la una con el pelo negro azabache y alta, y la otra rubia y pequeña; las dos parecían haber olvidado totalmente que estaban desnudas.

Los hombres, definitivamente, no. Tenían los ojos abiertos y ávidos al contemplar a las mujeres blandiendo sus espadas. Los movimientos parecían estirar sus torsos y hundir más sus torsos, de por sí, planos estómagos y levantar sus senos firmes.

Era un panorama hipnotizante, incluso para los hombres que luchaban contra ellas, porque o los dos eran guerreros sin ninguna preparación o estaban demasiado distraídos por las mujeres para luchar con pericia.

Hinata y Shion no tenían ningún escrúpulo para aprovecharse de su distracción. Hinata despachó al primer hombre con el que luchó en tres golpes, y Shion tampoco tardó mucho más. Luego las dos se volvieron hacia los otros cuatro hombres.

Ellos parecían tan extasiados con las dos mujeres desnudas que Naruto casi esperaba verlos tirar sus espadas para jurarles fidelidad. Uno incluso tenía un gesto estúpido en el rostro, como si estuviera caminando en medio de un grupo de bellezas ofreciéndole acostarse con él en lugar de tratar de cortarle la cabeza.

Pero nunca se sabrá lo que habrían hecho porque el silencio del claro se vio súbitamente interrumpido por los golpes de las ramas y el estruendo de los pasos de un rebaño de bestias que se internó en el bosque en dirección a los hombres.

Hinata y Shion inmediatamente se alejaron de los cuatro intrusos y obligaron a Naruto a retirarse con ellas. Retrocedieron poco a poco, sin dejar de mirar a los cuatro asaltantes, para no perderlos de vista por si los atacaban, pero intentando, al mismo tiempo, identificar de dónde procedía el estruendo. Si eran más atacantes, estaban perdidos.

Naruto suspiró aliviado, pensando que el grito de Tenten, afortunadamente, había sido escuchado, cuando Pequeño Killer B se precipitó fuera del bosque con Neji y un grupo de hombres. Entonces se relajó y volvió su mirada hacia los atacantes, lo mismo que las mujeres, sólo para darse cuenta de que el lugar en el que se encontraban ahora estaba vacío.

Se habían escapado durante la distracción, e incluso se habían llevado con ellos a sus heridos.

—Dios mío.

El suave murmullo de consternación atrajo la mirada de Naruto hacia sus posibles salvadores, que ahora estaban todos quietos de pie, mirando a las mujeres desnudas, como lo habían hecho sus atacantes.

Quien habló fue el obispo Sarutobi, e incluso él parecía incapaz de retirar la mirada del espectáculo. Naruto hizo un gesto y se dirigió hacia el grupo de hombres, pero no pudo resistirse y volvió a echar una mirada por encima de su hombro mientras se movía.

Lo que vio le hizo simpatizar con los otros. Las mujeres seguían congeladas en posición de lucha, con las piernas ligeramente separadas, las espadas en alto, la piel pálida y estirada sobre los músculos tensos. Podrían haber sido estatuas romanas. Realmente, era un hermoso panorama que contemplar.

Y todos lo estaban contemplando.

—Nos han atacado —anunció en tono grave, con un tono de voz lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de todos—. Se escaparon cuando entrasteis en el claro.

El silencio acogió su anuncio, pero Naruto no pudo dejar de notar que los ojos de todos los hombres seguían deslizándose tras él, luego hacia atrás y de nuevo hacia las mujeres.

—¿Qué esperáis? —dijo con irritación, agarrando su espada de las manos de Pequeño Killer B. Obviamente, éste la había visto junto al fuego y había tenido la precaución de llevársela al oír el grito—. Buscad en el bosque. No pueden ir muy lejos porque llevan dos hombres heridos con ellos.

—Dos hombres muertos —corrigió Hinata, y Naruto la miró mientras ella se relajaba y se movía sin prisa hacia su ropa—. Al menos, el mío estaba muerto.

—El mío también —anunció Shion, siguiéndola con el mismo paso relajado. Hinata asintió como si se lo hubiera esperado, luego dijo: —Ahora, si habéis visto lo suficiente, ¿no podríais retiraros y dejar que nos vistamos?

Naruto se obligó a quitarle los ojos de encima mientras ella caminaba, se aclaró la garganta y se volvió hacia los hombres.

—Vamos, volved al bosque y dadles intimidad.

—¿Crees que debemos? —preguntó Neji—. ¿Qué pasa si los atacantes no se han ido lejos? Podrían regresar.

El temor estaba fundado, pero Naruto no pudo dejar de advertir que la mirada de Neji se seguía deslizando hacia el lago donde continuaba agazapada la hermana Tenten. Se había acercado a la orilla, pero aparentemente estaba de rodillas porque el agua la cubría hasta el cuello.

Quizá pensaba que estaba cuidando de su modestia, pero el agua era muy clara y se podía ver una buena parte de su torso. Naruto nunca había imaginado a una esposa de Cristo desnuda, pero tampoco volvería a ver a ninguna.

Dios Santo, hacerse monja no había convertido a la mujer en un cascarón seco, como él siempre había imaginado. La figura de la hermana Tenten era tan exuberante como la de cualquiera de las mujeres que él había visto en la Corte. Era hermosa, a su manera, como Hinata.

—Estaremos lo suficientemente cerca para oír si llamáis —dijo a las mujeres, obligándose a mirar hacia otro lado e indicando a Neji y a Pequeño Killer B que se internaran de nuevo en el bosque.

El obispo ya se había alejado y los otros hombres habían obedecido sus órdenes y estaban explorando los alrededores por si encontraban a algún intruso escondido entre los árboles. Claro que no se sorprendería si realizaban su búsqueda lo suficientemente cerca como para poder echar un vistazo hacia las mujeres al mismo tiempo.

—Oh, bien. Gracias —dijo Hinata secamente en respuesta a sus palabras—. Has sido tan útil cuando nos han atacado, que siento una gran tranquilidad al saber que estás lo suficientemente cerca como para volver a ayudarnos si regresan.

Naruto hizo un gesto de incomodidad, pero se limitó a suspirar y a presionar a Pequeño Kille Neji para que caminaran delante de él.


En el próximo capítulo la historia se junta con la adaptación "La Llave". Solo para recordares que Sasori es representado por Obito en esta historia.