LA ETERNA ESPERA.
8. La Llegada.
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—No tenía espada —murmuró Shion mientras cogía la enagua y se la ponía.
Hinata hizo un gesto al tirar de su corta enagua y metérsela sobre la cabeza. Su prima siempre había sido justa y la estaba reprendiendo suavemente por haber avergonzado a su prometido con sus palabras de despedida.
—No tenía espada y cogió un palo para tratar de ayudarnos a luchar —insistió la mujer.
—Sí, lo sé —admitió Hinata a disgusto.
Casi le había gritado a Naruto que se apartara de su camino y dejara que ellas se enfrentaran solas a la situación. Se había distraído un poco al tratar de mirarlo para asegurarse de que no arremetía contra el grupo de hombres armado con su rama.
Afortunadamente, se había quedado tan estupefacto con la escena como sus atacantes. Aunque nunca lo admitiría, había sido demasiado embarazoso que las hubieran sorprendido desnudas y que se hubieran visto obligadas a luchar así.
Pero también había sido cómodo de alguna manera porque claramente les había dado ventaja. Hinata no era tan loca como para creer que gracias a su gran habilidad con la espada los habían embrujado a todos.
No, su desnudez era la responsable de que los hombres hubieran resultado vencidos. Muchas mujeres se habrían puesto al menos la saya antes de lanzarse a la pelea. Su falta de modestia, sin duda, había sobresaltado a todos los hombres así como los había hipnotizado su imagen. Pero cuando se trataba de luchar, ¿a quién diablos le importaba cómo ibas vestida? Definitivamente, no era el momento de pensar en la moda.
Hinata se dio cuenta de que Shion no le quitaba los ojos de encima mientras se ponía los pantalones y recogía su plaid. Trató de ignorar esos ojos clavados en la parte posterior de su cabeza mientras sacudía la tela y luego la tendía en el suelo para plegarla, pero no pudo.
Además, sabía que su prima tenía razón y que había sido injusta con Naruto.
—Está bien —accedió irritada—, me disculparé con él más tarde.
Shion hizo un movimiento con la boca al oír las palabras dichas a regañadientes, pero conocía demasiado bien a su prima, por lo que preguntó:
—¿Cuándo?
—Más tarde. A su debido tiempo. —Hinata enderezó los hombros con obstinación al responder. No iban a obligarla a fijar una hora exacta para disculparse. Lo haría cuando le diera la maldita gana.
Claro que Shion era su prima, llevaba la misma sangre y era igualmente obstinada. Por fortuna, no tuvo la oportunidad de forzar las cosas. Tenten había salido del agua y ahora se apresuraba a unirse a ellas, poniéndose su vestimenta mientras caminaba.
—Hinata, tenemos que irnos —soltó Tenten, poniéndose la saya mientras hablaba.
Hinata levantó los ojos y la miró sorprendida.
—¿Irnos? ¿Adónde?
—A cualquier parte. Lejos de aquí antes de que regresen esos hombres.
—No van a volver, Tenten —dijo Shion de modo tranquilizador—. Y si vienen, nos encargaremos de ellos una vez más.
Hinata estaba de acuerdo con su prima, pero el pánico que parecía sentir la mujer la hizo rectificar.
—¿Los has reconocido, Tenten?
—Sí. —La castaña se mordió el labio. Su mirada se movía alrededor de los árboles que las rodeaban como si esperar a verlos salir corriendo de un momento a otro—. Eran hombres de los Kyōdai.
Hinata soltó un resoplido, luego hizo un gesto de firmeza con la boca, se volvió hacia su plaid e hizo los pliegues más rápido. A pesar de que su mente corría desbocada, se dio cuenta de que Shion se había ido a recoger sus vestidos.
—Creí haber reconocido a uno de los hombres cuando pasamos junto a ellos esta mañana. —La ansiedad se percibía en la voz de Tenten—. Pero como íbamos tan rápido, no estaba segura.
—¿Esta mañana? —preguntó Shion cuando regresó con sus vestidos y empezó a plegarlos.
—Sí. ¿No recordáis al grupo que adelantamos esta mañana? Había seis, tres de pelo oscuro, dos rubios y uno pelirrojo, justamente como estos hombres. Se hicieron a un lado para dejarnos paso. Creí reconocer a uno de los hombres de Kyōdai, pero no pude mirarlos detenidamente. En cualquier caso, no estaba lo suficientemente cerca como para estar segura —admitió la inglesa—. Tienen que haber sido ellos. Seguro que me reconocieron y nos siguieron.
Hinata levantó la cabeza, y al ver los movimientos nerviosos con los que Tenten se ponía la vestimenta, se dio cuenta de su agitación. Hinata tenía un vago recuerdo de haber adelantado a un pequeño grupo de viajeros pero no les prestó atención porque la fricción del brazo de Naruto contra su seno la distraía mucho.
Él había hecho más presión aún sobre ella y sobre las riendas al ver por primera vez el grupo que se aproximaba, quizá para estar listo por si se presentaban problemas.
También había espoleado su caballo para que fuera más rápido. Hinata sólo vio de pasada al grupo, por tanto podrían ser los mismos. Había, si recordaba bien, tres de pelo oscuro, dos rubios y uno pelirrojo. ¿Una coincidencia? ¿O los habían seguido, esperado a que prepararan el campamento para luego acercarse las mujeres mientras ellas se bañaban?
Las mujeres y Naruto, se recordó a sí misma. Habían llegado al claro pisándoles los talones. Por supuesto, quizá estaban preparando su ataque cuando apareció Naruto, pero atacaron al verlo desarmado y, por tanto, inofensivo.
—Sí. Eran los mismos —murmuró Shion mientras se arrodillaba para plegar su plaid—. Los pasamos esta mañana temprano. Yo pude verlos muy bien en ese momento y también ahora mientras peleábamos. Son los mismos hombres.
Hinata asintió lentamente. Si Shion decía que eran ellos, eran ellos. Tenía muy buena vista. Los hombres de Kinkaku se habían cruzado con ellos por casualidad esa mañana, habían reconocido a Tenten, a pesar de su hábito de monja, los habían seguido y atacado.
Tenten tenía razón, tenían que ponerse en marcha inmediatamente. Kinkaku estaría desesperado por ver muerta. Hinata era tan consciente de ello como él debía de serlo, si no la mataba antes de que el padre la acogiera perdería su oportunidad y cuando se supiera que había planeado matarla… Tenten era inglesa.
Su padre era acaudalado y el dinero por lo general significaba poder.
Su padre podía presionar al rey inglés, quien presionaría al rey escocés, y en ese caso la cabeza de Kinkaku estaría en peligro.
—¿Estaba Kinkaku con los hombres? —preguntó de repente.
—No, él no estaba con ellos. —La pregunta de Shion hizo que Tenten empezara a relajarse al darse cuenta de eso.
—No sería tan loco como para estar entre los atacantes si el plan fallaba, como sucedió. No querría que lo reconocieran. Además es posible que tenga varios grupos buscándote —le dijo a Tenten.
—Sí. —Hinata estuvo de acuerdo.
Cuando terminó de plegar su plaid, se lo puso sobre los pantalones y la saya y, de pie, esperó que Shion terminara de arreglar su atuendo. Luego le dio unas palmadas en el hombro a la aterrorizada Tenten, la tomó del brazo y se dirigieron al campamento.
—Vamos. Tenemos que partir de inmediato. Cabalgaremos hasta Sharingan y la seguridad que éste ofrece.
—¿Estás segura de que no atacarán de nuevo? —preguntó Tenten asustada—.Quedaron sólo cuatro y tenemos hombres del rey viajando con nosotros.
—No atacarán de inmediato —la tranquilizó—. Pero tres de ellos se quedarán en los alrededores para poder seguirnos mientras el cuarto va hasta donde Kinkaku y le dice dónde estás y con cuántos hombres contamos. Entonces traerá el doble o el triple de hombres para que lo apoyen en el ataque.
—¿Lo hará? —Tenten tenía los ojos desorbitados.
—Es lo que yo haría —respondió Hinata encogiéndose de hombros, luego las apresuró para que se internaran en los árboles—. Lo mejor es que lleguemos a Sharingan antes de que él regrese. Una vez a salvo allí, podemos enviarle un mensaje a tu padre. Aunque eso ya no será necesario. Cuando lleguemos a Sharingan, Kinkaku sabrá que ha perdido y, si tiene algún sentido común, desaparecerá.
—Pero… —Tenten saltó sobre la raíz de un árbol y logró mantenerse en pie gracias a que Hinata la llevaba tomada del brazo, luego dijo—: Los hombres no querrán partir ahora. Acaban de desaparejar los caballos para pasar la noche.
—Tendremos que contarles la verdad —decidió Hinata—, explicarles que no
eres una monja y…
—Y ¿qué pasa si no te creen? —Cuando Hinata se detuvo y miró a Tenten sin comprender, ésta continuó—: Hemos tratado de escapar cuantas veces ha sido posible, los hemos envenenado, lo único que no hemos hecho es mentir. Bueno, hemos mentido acerca de mí, pero ellos no lo saben. Si reconocemos que hemos mentido es posible que no nos crean nada de lo que les digamos. Pensarán que sencillamente se trata de otro intento de huida, que estamos tramando algo. ¿No podemos sencillamente escabullirnos y…?
Hinata la hizo callar poniéndole una mano en el hombro. La mujer estaba aterrorizada.
—Confía en mí —dijo en tono solemne.
Tenten dudó y luego asintió lentamente. Hinata, satisfecha, se dio la vuelta y siguió hacia el campamento. Su mirada iba de lord Neji a Naruto, pero por fin se decidió por Neji.
Era posible que él estuviera más dispuesto a escucharla. Estaba ansioso porque ese matrimonio se realizara y poder dedicarse a lo suyo, por tanto era casi imposible que le importara apretar el paso para llegar a Sharingan. Todo lo que necesitaba era una buena excusa para hacerlo.
—¿Milord?
Lord Neji y el obispo se pusieron de pie cuando ellas se les unieron cerca del fuego.
—¿Sí, lady Hinata? —preguntó Neji con cortesía, pero ella se dio cuenta de que su mirada se dirigía hacia lady Tenten, o la hermana Tenten, como él la conocía. Interesante, pensó Hinata, y almacenó este conocimiento para una posible consideración en el futuro.
—Creo que lo mejor sería salir ahora y cabalgar noche y día hasta que lleguemos a Sharingan—dijo sin rodeos.
Lord Neji se quedó boquiabierto al oír esta su gerencia, y ella pensó que no podía culparlo. Hasta ahora había hecho todo lo posible para evitar regresar a Sharingan y ocuparse del matrimonio, y ahora sugería que se apresuraran para llegar allí.
—¿Hay alguna razón para esta sugerencia repentina? —preguntó el obispo Sarutobi, que seguía mirándola como pez fuera del agua.
Hinata se volvió hacia el santo hombre y asintió con tristeza.
—Me temo que nos acecha una nueva agresión. Esta mañana pasamos junto a los hombres que nos atacaron. Es evidente que nos han seguido. Temo que vuelvan a intentarlo.
—Pero vuestra prima y vos los habéis derrotado —señaló el obispo—. Ahora son dos hombres menos de los que iniciaron el ataque, seguramente no serán tan locos como para intentarlo de nuevo.
—Ellos solos, no —estuvo de acuerdo Hinata. Su comentario pareció ayudar a que la mente de Neji empezara a funcionar de nuevo.
—¿Pensáis que van a buscar más hombres para regresar y atacarnos de nuevo?
—preguntó y Hinata asintió.
Neji reflexionó unos instantes, luego inclinó un poco la cabeza para preguntar:
—¿Sabéis quiénes pueden ser?
Hinata dudó. Después de lo que Tenten había dicho, era mejor que no dijera la verdad, pero sí una parte. Escogió cuidadosamente las palabras y por último dijo:
—Nuestro clan tiene muchos enemigos. El castillo de los Kyōdai no está lejos de aquí.
—¿Los Kyōdai? —Neji pareció sorprenderse.
—Sí. Unos roñosos nauseabundos como no hay otros. Siempre ha habido diferencias entre ellos y nosotros. Eran ellos… —Hinata se encogió de hombros y dejó que la frase se apagara.
—Podemos enfrentarnos a unos cuantos Kyōdai —anunció Naruto, poniendo en evidencia su presencia. Aparentemente, lo había atraído el pequeño corrillo que se había formado y había decidido unirse a él.
Hinata lo miró y se encontró contemplando su pecho. En realidad tenía que levantar un poco la cabeza para ver que él le sonreía, tratando de calmarla. Tener que mirar hacia arriba para ver los ojos de alguien era una experiencia nueva para ella, pero resultó ser placentera. Para variar, era agradable no ser la más alta.
—Lady Hinata acaba de decir que ella cree que los hombres que nos han atacado irán a buscar refuerzos y regresarán —le explicó Neji a Naruto.
—No —dijo Hinata—. No creo que vayan a hacerlo: sé que lo harán. Irán a buscar a los demás miembros del clan y luego el club de los Kyōdai se echará sobre nosotros. Nos harán pedazos, al menos a los hombres. Las mujeres desearán estar muertas.
—Dios mío —murmuró el obispo Sarutobi—. Quizá lo mejor es que ensillemos y nos dirijamos a Sharingan.
—Sí. —Neji estuvo de acuerdo, su expresión era grave—. Si salimos ahora, podríamos llegar allí mañana al anochecer o pasado mañana al alba. De cualquier manera, si nos vamos ahora, les llevaremos una considerable ventaja a los Kyōdai.
Hinata se relajó al ver que el inglés se daba la vuelta y empezaba a dar órdenes, pero cuando quiso mirar a Tenten y a Shion al que se encontró fue a Naruto.
La miró con ojos escudriñadores, en los que se veía un brillo de sospecha, y comentó que se temía que estuviera tramando algo. A Hinata no le importó. Si lograban que Tenten llegara a salvo a Sharingan, en realidad no le importaba lo que pensara Namikaze.
Cabalgaron toda la noche y la mayor parte del día siguiente, obligados a ir a un paso menos rápido de lo que le hubiera gustado a Hinata debido a los tres caballos que llevaban dos personas cada uno.
Eso le resultaba especialmente frustrante, pero Naruto no se dejó convencer de que les devolvieran los caballos a las mujeres, y lord Neji, después de dudarlo un poco, había estado de acuerdo con él. Parecía que el hombre del rey creía lo que Hinata le había contado lo suficiente como para querer partir, pero no tanto como para arriesgarse a que se escaparan de nuevo.
Hinata se obligó a aceptar la situación. No podía hacer mucho más. Pero había sido una cabalgata larga y tensa, ella sentada todo el día tan rígida y tan erguida como un soldado, esforzándose al máximo para evitar que cualquier parte de su cuerpo tocara el de su prometido.
A primera hora de la tarde, cuando Naruto decidió detenerse para dejar descansar a los caballos, se sintió muy aliviada. Tenten, obviamente, no. En el momento en el que Neji la bajó de su silla, salió corriendo al lado de Hinata.
—¿Debemos detenernos? —preguntó alzándose las faldas para seguir el paso a Hinata, que bajaba por la colina y se dirigía hacia los árboles.
Naruto había decidido detenerse en la parte alta de una colina porque esto les daba la posibilidad de vigilar el terreno que los circundaba. Pondrían un vigía mientras los demás descansaban.
Nadie podría acercarse sin ser visto, al menos de día. Sospechaba que en el momento en que cayera la noche, Naruto les ordenaría montar y cabalgar de nuevo.
Al menos, esperaba que lo hiciera. Ya no faltaba demasiado para llegar a Sharingan. Podían llegar a media mañana del día siguiente si partían con el crepúsculo.
—Los caballos necesitan descansar —dijo Hinata en respuesta a la pregunta de Tenten mientras Shion se les acercaba.
—No llegaremos lejos si los caballos mueren bajo nuestro peso.
—Oh, sí. —Tenten no parecía complacida, pero tampoco pudo refutar el argumento.
—Ya estaríamos en Sharingan si los hombres no hubieran insistido en que cabalgáramos con ellos —rezongó Shion al acercarse a los árboles.
—Sí —estuvo de acuerdo Hinata.
—Es condenadamente incómodo cabalgar con el gigantón del Estúpido Killer B.
—Pequeño Killer B —corrigió Tenten.
La pequeña escocesa dijo con desprecio: —Será Estúpido Killer B si me preguntas a mí.
Sus palabras arrancaron una carcajada de Hinata, que miró a su prima y dijo: —Te está dando problemas, ¿no es así?
—Sí. Cabalgar con él es casi tan cómodo como cabalgar sobre una piedra que rebota.
Hinata se limitó a mover la cabeza. Se había dado cuenta de que su prima montaba con Pequeño Killer B casi como ella con Naruto, rígida y erguida como una flecha. Esto la llevó a preguntarse si su prima se sentía atraída por el gigantón como ella por Naruto.
Pero la imagen de esos dos juntos le parecía tan singular que sacudió la cabeza. Era como si un perro lobo irlandés anduviera junto con un terrier escocés.
—Para mí es muy cómodo cabalgar con lord Neji —dijo Tenten, lo que llamó la atención de Hinata y Shion—. Es seguro y cálido, y me doy cuenta de que la mayor parte del tiempo estoy adormilada o dormida.
—Entonces, quizá deberías hacer tú la guardia —bromeó Shion—. Debes de ser la única de todo el grupo que ha podido dormir los dos últimos días.
—Tal vez sea cierto —dijo Tenten con seriedad—. Quizá se lo debería sugerir a lord Neji.
Hinata se rió de la sugerencia cuando ya empezaban a separarse para encontrar sus respectivos lugares privados en los que satisfacer sus necesidades personales, pero siguió rumiando la idea mientras atendía lo suyo.
Había visto a Tenten durmiendo muchas veces durante el día, y no le quedaba ninguna duda de que la mujer había descansado en una buena parte del camino la noche anterior.
La pequeña castaña se había acurrucado contra lord Neji como un gatito de peluche, durmiendo profundamente, sostenida en su lugar por los brazos que la rodeaban. Quizá era la única en condiciones de montar la guardia, o de hacer cualquier cosa…
Y si Shion y ella hacían lo mismo en su cabalgata, al día siguiente, al llegar a Sharingan serían las únicas en condiciones de mantenerse despiertas… y de salir inmediatamente, mientras los hombres descansaban y se recuperaban de la jornada. La simple idea la hizo sonreír.
—¿Hay algo que te divierte? —preguntó Shion con curiosidad cuando se encontraron de nuevo en el lugar en el que se habían separado—. Me pareció oír tu risa maligna hace unos pocos minutos.
—¿Mi risa maligna? —preguntó Hinata divertida y luego les contó la idea que la había divertido tanto.
—Las mujeres parecen demasiado alegres —dijo Naruto con cierta sospecha mientras las veía subir por la colina—. ¿Qué crees que están planeando ahora?
—Probablemente nada —dijo Neji contemplándolas, también—. Sin duda, su buen humor significa que son las únicas que han podido dormir algo.
Naruto lo miró, sorprendido.
—¿La hermana Tenten ha dormido durante el viaje?
—Como un bebé en brazos de su madre. ¿Hinata no ha dormido?
—No —admitió Naruto, volviendo a mirar a las mujeres que se acercaban. Hinata no había dormido, ni si quiera se había relajado; había estado tan tiesa como una tabla en sus brazos todo el tiempo.
Lo que también le había hecho imposible a él relajarse. Había sido una cabalgata condenadamente incómoda.
Se dio la vuelta y se fue a buscar un lugar en el que echarse a descansar. No iban a detenerse mucho tiempo. Cuatro horas como mucho, luego tendrían que seguir camino una vez más.
Hinata abrió los ojos y observó adormilada el rostro hermoso que se inclinaba sobre el suyo. Una sonrisa de acogida empezó a dibujarse en sus labios cuando su cerebro despertó al darse cuenta de a quién le estaba sonriendo.
En forma abrupta frunció el ceño y luchó por sentarse cuando recordó dónde estaba: a lomos de un caballo o, más exactamente, en las piernas del Namikaze.
—¿Has dormido bien?
Hinata ignoró la pregunta y se obligó a sentarse erguida en la silla delante del hombre. Sabía que él se había sorprendido cuando, al regresar al caballo, se había esforzado por relajarse y recostarse sobre su cuerpo.
Aunque era lo que había pensado hacer, todavía se sorprendía de haber sido capaz de dormir en sus brazos. Pero cuando había obligado a su mente y a su cuerpo a relajarse, el ritmo arrullador del caballo la había hecho dormir.
—Parece que has dormido muy bien. Roncabas —dijo Naruto, y añadió amablemente—: y babeabas.
Hinata se enderezó, la mortificaba saber que él estaba diciendo la verdad, su mejilla estaba húmeda. Se limpió las babas con irritación y se sentó un poco más tiesa mientras miraba hacia la zona en la que cabalgaban. Estaban subiendo una colina, una colina que le era muy familiar.
—Estamos en casa —murmuró sorprendida cuando llegaron a la cima de la colina y el castillo de Sharingan surgió ante sus ojos.
Hinata se alegró profundamente al ver el castillo en el que había crecido. Sin importar por qué había salido, o por cuánto tiempo, siempre había tenido la misma sensación al regresar.
Ahí estaban su padre y su hermano, Koharu, y Obito, el hermano de Shion, y ahora también su cuñada Sakura: su familia.
La sonrisa de complacencia permaneció en su rostro hasta que se acercaron al puente sobre el foso y vio los cuerpos carbonizados y los escombros en el prado delante de la muralla. Hinata se estiró, desesperada por saber qué había sucedido.
Se relajó un poco cuando reconoció a los hombres que montaban guardia en la muralla y sólo entonces pudo dirigir la mirada para hacer una inspección de las huellas de la batalla.
Sharingan había sido atacado. Lord Neji, el obispo y Pequeño Killer B espolearon sus caballos para acercarse a Naruto.
—¿Qué piensas? —preguntó lord Neji.
—¿Greenweld? —sugirió Naruto mientras pasaban sobre el puente y entraban en el patio interior—. Parece que ha habido un sitio.
Hinata no estaba escuchando a los hombres, podía ver con sus propios ojos lo que había sucedido. Un sitio, sí. Alguien había atacado el castillo, había lanzado proyectiles ardiendo contra la muralla.
Muchos de los edificios del interior habían sufrido daños. No había cuerpos de heridos o muertos dentro de las murallas, pero era lógico. Los habrían recogido inmediatamente.
Tampoco había cuerpos fuera de la muralla, lo que significaba que el enemigo había pedido permiso para retirar a sus muertos y heridos, y el permiso les había sido concedido.
Hinata se controló todo lo que pudo, pero Naruto había disminuido su paso todavía más después de entrar en el patio, y ella no pudo resistir más y alzó una pierna por encima de la bestia para lanzarse al suelo.
Naruto dejó escapar un sonido de sorpresa e hizo que el caballo se detuviera para evitar pasar sobre ella, pero no trató de detenerla.
Después de caer sobre la tierra del patio, Hinata salió a la carrera hacia el castillo. La puerta se abrió cuando empezó a subir las escaleras y al alzar la vista se encontró con Rai, el hijo del encargado del establo. Una sonrisa se dibujó en los labios del chico al verla.
—¡Hinata! —La joven se detuvo sorprendida al ver las vendas en el brazo del chico.
—¿Rai? —Hizo una pausa y le cogió el brazo sano, con los ojos fijos en los vendajes del otro brazo—. ¿Estás bien, muchacho?
—Sí. —La sonrisa de Rai se ensanchó—. Sólo tengo una pequeña quemadura —la tranquilizó—. Lady Sakura me curó.
—¿Están todos…? ¿Alguno…? —Hinata no encontraba las palabras y no se atrevía a preguntar lo que quería saber—. ¿Mi padre? —dijo por fin.
—Una flecha le dio en el hombro —le informó el chico. Su pequeño y pecoso rostro adquirió un aspecto solemne.
—¿Una flecha? —repitió Hinata, horrorizada.
—Sí, pero lady Sakura lo atendió con rapidez y dice que se pondrá bien.
—Oh, bueno. —Respiró y luego preguntó—: Y… y… ¿Sasuke?
—Está bien. Había salido a rescataros de los Colquhouns.
—¿Colquhouns? —Hinata lo miró confundida.
—Sí. Nos llegaron noticias de que os habían secuestrado los Colquhouns. Sasuke se llevó a la mayoría de los hombres y salió a buscaros. Pero era un engaño de Greenweld para que los hombres se fueran y así sitiar el castillo con facilidad. Pensaba tomarlo antes de que los hombres regresaran. Pero lady Sakura, que es muy valiente, pudo rechazarlos. Les dio mucho que hacer.
—¿Sakura? ¿Y mi padre?
—Bueno, a él le cayó la flecha —le recordó Rai—. Ahora está bien, pero durante un tiempo estuvo inconsciente y… —El chico se encogió de hombros—. Lady Sakura tuvo que hacerse cargo. Lo hizo con maestría. Estamos muy orgullosos.
Hinata asintió, pero le sorprendió un poco que su cuñada hubiera sido capaz de enfrentarse a Greenweld. Sakura era una cosita pequeña, lo que no quería decir mucho, pensó, porque Shion también era pequeña pero muy diestra en la batalla.
Sin embargo, Sakura no lo era. Era pequeña, hermosa y muy femenina, sabía todo lo que se necesitaba para ser una esposa, pero saber que tenía la destreza para resistir a un ejército la hizo pensar.
Tenía la idea de que eran polos opuestos; lady Sakura conocía los asuntos femeninos, pero Hinata presumía de poseer las destrezas de la guerra. Sin embargo, parecía que Sakura tenía mucha más preparación, pues dominaba los dos aspectos. Resultaba deprimente saberlo.
—¿Qué pasa con Obito y Koharu y todos los demás? —preguntó Shion, y Hinata volvió la mirada, sorprendida porque no se había dado cuenta de que la otra mujer estaba allí.
De pronto, Hinata fue consciente de que Rai no había respondido a la pregunta y volvió a mirar al chico. La expresión de su rostro y la manera en la que estaba mirando al suelo eran más elocuentes de lo que lo habrían sido las palabras.
Lo único que podía pensar era que se trataba de malas noticias y sospechó inmediatamente que se trataba de Koharu, la tía de Shion y Obito. Sus primos habían ido a vivir con la hermana de su madre cuando sus padres murieron.
Koharu era como una madre para ellos. Tenía que tratarse de ella. Seguro que Obito estaba con Sasuke y con los otros hombres.
—¿Se trata de Koharu? —preguntó Shion, quizá su razonamiento era parecido al de Hinata.
Rai movió la cabeza de un lado a otro pero no levantó la mirada.
—¿No salió Obito con Sasuke? —preguntó Hinata, y el hueco de su estómago se hizo más profundo al ver que el chico de nuevo movía la cabeza.
Si Obito hubiera estado allí y estuviera bien, habría sido él quien hubiera tomado el mando cuando hirieron a Fugaku. Pero lo había hecho Sakura.
—¿Obito…? —La voz de Shion se quebró cuando Rai levantó la mirada hacia ella. Tras darse la vuelta de repente, la pequeña rubia bajó las escaleras y salió corriendo a través del patio. Hinata la siguió.
Como era más alta y sus pasos eran más largos, fácilmente habría podido alcanzar y pasar a su prima, pero se quedó atrás porque sabía que se dirigía a la cabaña de Koharu para averiguar qué había sucedido. Obito era el hermano de Shion, ella tenía derecho a saber las cosas primero.
Hinata estaba a punto de llegar a la cabaña cuando una mano la cogió del brazo y la detuvo. Giró para enfrentarse a su captor e hizo un gesto de desagrado al darse cuenta de que Naruto había corrido tras ella y la había alcanzado.
—Suéltame —dijo entre dientes, echó un vistazo sobre su hombro y vio que Shion desaparecía dentro de la cabaña más cercana.
—No, milady. No más huidas.
—No me estoy escapando —dijo Hinata con impaciencia—. Suéltame.
—¿No piensas escaparte? —preguntó lentamente Naruto.
—No. Algo le ha sucedido a Obito, el hermano de Shion. Creo que está muerto. —Su voz se quebró al decirlo. Al recuperarse, sacudió el brazo para tratar de liberarlo—. Ahora deja que me vaya. Shion me necesita.
Naruto la soltó de inmediato y la vio desaparecer corriendo tras Shion. Hinata casi esperaba que él la siguiera hacia la cabaña, pero una mirada sobre su hombro antes de entrar le hizo ver que seguía ahí donde lo había dejado, simplemente observando. Pequeño Killer B se aproximaba desde el castillo al galope. Este era grande y fuerte, pero no demasiado rápido.
Al momento siguiente, Hinata olvidó completamente a los dos hombres porque el grito de dolor de Shion captó su atención.
—¿Qué? Pero Obito…
—Tendría que haber sido lord —dijo Koharu entre dientes, interrumpiendo a la rubia—. Como habría tenido que ser vuestro padre antes de él. Fugaku y él eran mellizos. Tenía el mismo derecho a gobernar y debería haber gobernado. Y Obito debería haber gobernado después de él.
—Pero padre no quería gobernar. Él fue feliz al dejar que tío Fugaku…
—Ellos dicen que los Greenweld mataron a Obito —continuó con amargura la anciana mujer, como si Shion no hubiera dicho ni una palabra—. Pero no es cierto. Greenweld no lo habría matado. Estaban trabajando juntos.
—¿Qué? —Shion gritó sin aliento y horrorizada—. ¿Obito estaba con Greenweld? ¿Por qué?
—Para recuperar lo que por derecho era suyo —dijo Koharu en tono grave—.Greenweld iba a ayudarle a recobrar Sharingan.
—Pero ¿qué habría sido de tío Fugaku y de Sasuke? Koharu se encogió de hombros.
—Con ellos fuera del camino, Obito sería lord.
—¿Y Hinata? —preguntó Shion con tristeza.
—Tu hermano quería casarse con ella. Dijo que eso fortalecería su reclamación.
—¿Entonces Obito conspiró con el malvado de Greenweld y los traicionó a todos?
Koharu asintió satisfecha.
—Fue idea mía. Él no quería al principio, pero yo lo convencí. La necesidad forja extrañas alianzas y yo sabía que Greenweld podía ayudar a Obito a tomar posesión del castillo y de la silla del jefe del clan. Él lo merecía. Pero no estuvo de acuerdo hasta que yo le señalé que podía salvar a Hinata de esa manera, que Greenweld podía enviar hombres a matar al inglés y así ella quedaría libre para casarse con él; que, en su dolor por la muerte de su padre y su hermano, ella se dejaría convencer y se casaría si él estaba ahí para brindarle su apoyo. También habría funcionado —dijo con ira—, pero Sasuke volvió antes de lo que se esperaba y mató a mi bebé.
—¿Tú lo convenciste de que hiciera eso? ¿De qué traicionara a su propia gente?
Los ojos de Hinata estaban como congelados por el horror que le producía observar el rostro amargo de la anciana, pero el sonido de la voz de Shion atrajo su mirada hacia ella.
Shion estaba de rodillas a los pies de Koharu, dando la espalda a la puerta, cuando Hinata entró. Seguía en esa posición, pero ahora estaba rígida como si le hubieran metido un palo por la espalda.
Tenía la cabeza ligeramente levantada y el tono de voz muerto, pero con un trasfondo de ira contenida que le produjo una enorme tristeza a Hinata. Obito había muerto cuando estaba intentando traicionarlos a todos, pero era Koharu quien lo había convencido de hacerlo.
Shion había perdido a los dos miembros más cercanos de su familia en pocos minutos porque, si bien la anciana vivía todavía, en el corazón de Shion estaría muerta para siempre.
—¿Traicionar a quién? ¿Al viejo y arrogante bastardo de Fugaku que estaba en su castillo mientras tú, Obito y yo vivíamos en esta pequeña cabaña como campesinos? —preguntó con amargura—. ¡Nosotros tendríamos que haber vivido en el castillo! Nosotros tendríamos que…
Hinata no supo quién había quedado más sorprendida, cuando de repente Shion se puso de pie y le dio una bofetada a Koharu.
Shion no dijo ni una palabra. Lentamente se irguió, le dio la espalda a la mujer que la había criado y salió de la cabaña sin disminuir un poco la velocidad de la marcha al pasar junto a Hinata, sin mirar siquiera en su dirección.
Hinata empezó a seguirla, luego hizo una pausa y miró hacia atrás para preguntar:
—¿Desde cuándo nos odias?
Koharu hizo un gesto de amargura.
—Llevo toda la vida odiándoos.
Hinata se limitó a hacer un gesto con la cabeza y salió triste de la cabaña. Miró a su alrededor buscando a Shion, pero seguramente habría echado a correr desde el momento en que se vio en la puerta. No había señales de su prima. Hinata advirtió que Pequeño Killer B tampoco estaba allí.
No obstante, Naruto continuaba en el mismo sitio en que lo había dejado, y Hinata pensó en la posibilidad de evitarlo; pero no parecía posible. Él tenía ese gesto terco que empezaba a reconocer.
Ese pensamiento la hizo reflexionar. Era sorprendente, empezaba a reconocer algo que tuviera que ver con él.
—¿Tu primo ha muerto? —Naruto hizo la pregunta en tono amistoso justo cuando ella pasaba a su lado.
Hinata asintió. Era todo lo que pensaba hacer, pero de repente se encontró soltando todo lo que había oído: la perfidia de Obito; el odio de Koharu y los planes que tenían para con ella, con su familia, incluso con él. Terminó diciendo:
—Shion está terriblemente triste.
—Sí —asintió Naruto, luego añadió con suavidad—: al igual que tú.
Para su gran vergüenza, Hinata sintió que las lágrimas se le salían de los ojos al oír esas palabras. Luchó por contenerlas, pero no pudo.
—Maldita sea —dijo con voz ahogada y trató de darle la espalda, pero él la tomó por los brazos y la sostuvo.
—No hay nada de que avergonzarse cuando uno llora por la muerte de los seres amados —dijo Naruto con suavidad y la apretó contra su pecho, pero Hinata se resistió.
—Habría matado a mi padre y a mi hermano, incluso a ti —gritó, y sus palabras revelaban su confusión. Una parte de sí lamentaba la muerte de Obito, la otra parte agradecía que hubiera muerto sin realizar sus planes.
Todavía agradecía más que hubiera muerto pues así no tendría que odiarlo, un hombre que había sido como su hermano durante años.
—Supongo que sientes que no tuviera éxito en matarme a mí, al menos, pero dudo que el hecho de librarte de mí te hubiera compensado de la muerte de tu padre y de tu hermano…
La resistencia de Hinata se iba haciendo cada vez menor y poco a poco le había dejado que la apretara contra su pecho, pero ahora se retiró y, con la voz entrecortada, dijo: —Yoo… nunca…
Calló al ver un cierto brillo malicioso en la mirada del inglés. Estaba bromeando.
—¿Nunca, Hinata Uchiha? —preguntó él con cierta curiosidad—. ¿No quieres verme muerto?
Hinata hizo un movimiento con la cabeza porque sabía que era cierto. Ella no quería ver muerto a ese hombre. Ni siquiera quería que enfermara. No estaba segura de no querer casarse con él. Había estado huyendo de él por muchas razones: temor, orgullo, ira… pero principalmente por orgullo.
El orgullo puede ser un mal consejero, y ella tenía una buena cantidad. Estar prometida al hijo de un hombre que su padre odiaba ya había sido algo muy difícil de soportar, pero su tardanza en ir a buscarla era una vergüenza a la que también había tenido que enfrentarse.
Esos diez años habían sido muy difíciles para ella. Y su vida no parecía mejorar, pensó; de pronto vio que él bajaba su rostro hacia el de ella.
—Hinata —Naruto susurró su nombre y ella sintió su aliento sobre sus labios.
Cerró los ojos, los volvió a abrir y luego se concentró en su boca.
—¿Sí?
—Voy a besarte —anunció.
—Oh. —Hinata suspiró e inmediatamente se vio inmersa en una gran confusión. Iba a besarla. Tendría que luchar, pensó, pero no tuvo energías para hacerlo. Ni siquiera supo si quería.
Se había sentido tan cansada y tan perdida al salir de la cabaña de Koharu, que las sensaciones que experimentaba en ese momento en cierta forma la calmaban, y estaba casi segura de que el alivio sería mucho mayor si él la besaba.
Quizá incluso podría olvidar por un ratito. Tenía una urgente necesidad de olvidar. Hinata no era fuerte para enfrentarse a las pérdidas, y la pérdida de Obito era doble, debido a los planes que lo habían conducido a la muerte.
Cuando la boca de Naruto cubrió la suya, ya no pensó más. Era increíblemente suave. Parecía un hombre duro, pero lo que sintió en ese momento era suave; el movimiento de sus labios sobre los de ella era dulce, incluso percibió un delicado sabor a vino de ciruelas.
Su esperanza de que él pudiera distraerla de sus pensamientos se vio satisfecha enseguida. De lo único que tenía conciencia era de la presión que ejercía la boca de él sobre la suya, y de la manera en la que sus brazos subían hacía arriba y hacia abajo sobre los de ella y luego se deslizaban alrededor de su espalda.
La lengua de Naruto se introdujo entre sus labios, y Hinata dejó salir un pequeño gemido de placer al sentir que él la invadía, que le llenaba la boca con su sabor. Se estremeció. Su olor al que se había acostumbrado después de cabalgar con él, le llenó la nariz; sentía su sabor; lo percibió en todos los lugares en los que sus cuerpos se unieron.
Por primera vez en la vida, Hinata se sintió total y profundamente femenina, y no le importó. Siempre había pensado que las mujeres eran blandas y débiles, pero en los brazos de Naruto, aunque se sentía femenina, también se sentía excitada y poderosa.
Habría podido quedarse sujeta a ese abrazo para toda la vida, y no pudo reprimir un gemido de desilusión cuando él terminó de besarla y la soltó para mirarla.
—Siento lo de tu primo, pero la muerte de Obito no es culpa tuya.
Hinata lo miró sin comprender, aún no se había recuperado del golpe recibido. Obito, muerto. Los planes de matar a su padre y a su hermano, casarse con ella y llegar a ser lord. Su traición. Su muerte.
¿Culpa de ella? ¿Se había sentido culpable? Sí, lo había sentido. No tenía ni idea de que los sentimientos de Obito fueran más allá del cariño de primos. Era cierto que le había hecho bromas y la había elogiado a veces, y Hinata había tenido la sensación de que había algo.
Pero…
Pero se dio cuenta de que se estaba mintiendo a sí misma. Sí, lo sabía. Sabía que sus sentimientos hacia ella eran más profundos que el cariño de un primo, pero la atención que le prestaba la halagaba y había suavizado de alguna manera el dolor que le causaba la negligencia de Naruto.
Lo sabía y ahora tenía que admitir que, en cierta forma, lo había alentado. A Hinata le encantaban las atenciones de su primo, le servían de bálsamo para suavizar su orgullo herido.
Se decía a sí misma que quizá Naruto no considerara que ella valía lo suficiente como para molestarse en ir a buscarla, pero Obito pensaba que era valiente, inteligente y hermosa.
Ella no correspondía a sus sentimientos, pero los había estimulado y, sin saberlo, también había alentado sus intenciones traidoras, lo había ayudado a caer y había estado cerca de provocar la muerte de su padre y su hermano. Se avergonzaba de sí misma y estaba realmente enfadada.
No sólo consigo misma, Naruto también tenía algo de culpa. Si hubiera ido a buscarla antes, cuando ella tenía dieciséis años, como la mayoría de los hombres…
—¿Hinata? —Naruto la estaba observando muy de cerca y la preocupación se dibujó en su rostro—: ¿Qué estás pensando?
Hinata cerró la boca con fuerza para evitar decir algo de lo que bullía en su mente, sacudió la cabeza y se retiró. Naruto trató de volver a cogerla, pero ella no estaba de humor para enfrentarse a él.
Temía no poder controlarse y empezar a gritarle por la parte de culpa que creía que tenía en todo ese embrollo. Y preferiría cortarse la lengua y tragársela antes que dejar que ese hombre supiera cuánto la había herido al no ir a buscarla, al hacerla esperar durante tantos años.
Evitando sus manos, se separó y empezó a correr hacia el castillo. Corrió tan rápido como pudo, exigiendo a sus músculos y apretando y aflojando sus manos para liberar parte de su ira.
Algo logró, aunque la distancia entre la cabaña y el castillo no era muy grande, por tanto es posible que el cansancio que experimentó al subir las escaleras tuviera algo que ver con la cantidad de emociones que había vivido en tan poco tiempo: tensión nerviosa, temor, dolor, ira y traición, incluso pasión.
Después de las agotadoras idas y vueltas de los últimos días, aquello era demasiado. Hinata se sentía como si tuviera cien años mientras se arrastraba por los escalones del castillo.
Mientras subía, oyó la voz de lord Neji: gritaba y parecía muy agitado. Pero Hinata no le dio importancia. No quería enfrentarse a nuevas dificultades… estaba demasiado cansada.
