LA ETERNA ESPERA.

9. Culpa


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


—¿Cómo que el lord no está disponible? ¿Se encuentra bien?

Hinata cerró la puerta tras de sí y miró al obispo y a lord Neji. El prelado parecía cansado y Neji frustrado tras su conversación con Rai. Hinata sospechó que el chico no había sido muy comunicativo con él, lo cual era lógico porque lord Neji era inglés. A los niños escoceses se les enseñaba desde la cuna a odiar a los ingleses.

—Te he hecho una pregunta, chaval, y agradecería una respuesta. Hinata suspiró, cansada, y cruzó el pasillo.

—Padre ha sufrido una herida durante el sitio. Está descansando, dejadlo reposar.

—¿Herido?

Neji la miró con una combinación de alivio y alarma. Alivio porque finalmente había una respuesta a su pregunta. Alarma, por lo que estaba oyendo.

—¿Se encuentra bien?

—Sí. Le han herido en un hombro con una flecha. Sakura se ha ocupado de él. Se está recuperando.

—Oh —Neji se relajó un poco—. Bueno, ¿y qué pasa con Sasuke? Hinata arqueó una ceja en dirección a Rai.

—También está descansando —dijo el chico—, con lady Sakura.

—Descansando con… Oh… —Neji frunció el ceño, pero Hinata sonrió. Estaba encantada de que su hermano y su esposa estuvieran bien. También parecía que se llevaban bien, lo que la hacía feliz. Le agradaba Sakura.

—Bueno, entonces quizá podamos hablar con lady Ōtsutsuki, la madre de Sakura.

—Está descansando —dijo Rai.

El obispo pareció salir de su somnolencia al oír las noticias.

—No resultó herida también, ¿verdad?

—No, ella está descansando con el lord —explicó el chico con un gesto que hizo que Hinata se pusiera alerta. ¿Su padre y lady Ōtsutsuki? ¿Descansando? ¿Juntos? La simple idea la asombraba. ¿Qué había estado pasando mientras se encontraba fuera? Pero si ella se había sorprendido, lord Neji parecía totalmente aterrorizado.

—¿Qué? —exclamó—. Bueno, dígales que tenemos que hablar con ellos de inmediato. Nosotros…

—Dejadlos descansar —protestó Hinata, y siguió su camino hacia las escaleras—. Han sido tiempos difíciles para todos. Estoy segura de que a nosotros también nos sentará bien un descanso después de la agitación de los últimos días.

—Lady Hinata tiene razón —murmuró el obispo Sarutobi—. Ha sido una dura jornada. Seguramente mañana podremos saber qué ha pasado aquí y quién ha atacado el castillo.

Hinata se detuvo y dirigió su mirada hacia Rai. Parecía que los hombres no habían recibido mucha información si ni siquiera sabían quién había atacado. O habían hecho las preguntas equivocadas o el chico se estaba resistiendo obedeciendo sus principios. Sospechó que se trataba de lo último, pero no se podía enfadar con él.

Después de todo, eran ingleses.

—Greenweld envió un mensaje diciendo que yo había sido raptada por los Colquhouns —explicó Hinata—. Sasuke se llevó a la mayor parte de los hombres para ir a buscarme. En cuanto salió, Greenweld atacó el castillo y le puso sitio. Padre fue alcanzado por una flecha y no pudo dirigir a los que quedaban, así que Sakura tomó su lugar y se las arregló para defender el castillo hasta que Sasuke regresó. — Hinata le lanzó una mirada a Rai—. ¿Es correcto?

—Sí —asintió e hizo un gesto.

—¿Qué pasó con Greenweld? —preguntó lord Neji.

—Muerto —dijo el chico escuetamente y con evidente placer.

—¿Sus hombres? —preguntó el obispo.

—Algunos huyeron, otros están muertos y algunos están en los calabozos.

—Bueno. —Lord Neji y el obispo intercambiaron miradas, parecían desconcertados y sin saber qué hacer ni qué decir.

—Dormid, caballeros —dijo Hinata.

Se dirigió a las escaleras. Había escuchado lo suficiente. Greenweld, muerto. Obito, muerto. Su padre, herido, y Sasuke, golpeado pero no vencido. Cualquier otra noticia la sabría al día siguiente. A pesar de que había descansado durante el viaje, estaba tan fatigada que casi no podía ni subir las escaleras.

—Dile a alguna de las mujeres que les indique dónde dormir —dijo a Rai mientras subía las escaleras lentamente. Que se ocupara el chico de todo. En lo que a ella concernía, esos dos podían dormir en las alfombras del salón principal.

Hinata se detuvo en la parte alta de las escaleras y miró a su alrededor, sorprendida. Sasuke había iniciado los cambios en la parte alta antes de que ella se fuera.

Había decidido añadir habitaciones cuando su padre dijo que la familia estaba creciendo y que, si la madre de Sakura los visitaba, deberían asignarle una de las tres habitaciones que había en el piso superior.

Como ni él ni Hinata estaban dispuestos a renunciar a las suyas, lo mejor era que Sasuke se preparara para dejar el cuarto que compartía con su joven esposa. La idea de dormir en el salón principal con su dulce esposa era más de lo que Sasuke podía soportar, así que se apresuró a construir habitaciones extra en el piso superior.

Parecía que el trabajo estaba terminado. Era evidente que ahora había el doble de habitaciones. Hinata dudó, luego se encaminó hacia su habitación o, al menos… la habitación en la que solía dormir, y donde era presumible que siguiera haciéndolo.

No obstante, cuando abrió la puerta, se dio cuenta de que estaba ocupada. Hinata se detuvo de inmediato. Tardó un segundo reconocer a Tenten, que dormía profundamente en su cama. Como no quería molestarla y tener que responder sus preguntas, Hinata salió de la habitación.

—Lo siento, milady. Pero pensé que lo mejor era darle a la hermana vuestra habitación —le explicó Samui, la sirvienta—, las nuevas no están totalmente amuebladas.

Hinata le indicó que se retirara.

—Está bien. Usaré una de las otras. Lord Neji y Namikaze pueden compartir una habitación o pelearse por quién duerme en la planta baja. Estoy demasiado cansada para ser amable y no quiero molestar a He… eh…, a la hermana Tenten —se corrigió a sí misma rápidamente—. Quizá puedas ir abajo y organizar a los hombres e indicarles dónde dormir.

—Sí, milady.

Hinata miró hacia las escaleras por donde debía bajar su sirvienta; entonces vio a Naruto, que se dirigía hacia ella. Hinata se dio la vuelta y se apresuró hacia la puerta de la primera de las habitaciones nuevas.

—¡Hinata! —gritó Naruto con tono sombrío.

Como no tenía ganas de hablar, Hinata logró deslizarse dentro y cerrar la puerta antes de que él llegara. Ya había echado el cerrojo cuando el puño de Naruto golpeó al otro lado.

—¡Hinata!

—Vete. —Le gritó a través de la puerta, y luego echó un vistazo a la habitación que había elegido. Su rostro se descompuso en un gesto de disgusto. Había una cama, pero eso era todo. No había muebles, ni tapices en las paredes. Hinata se encogió de hombros. Había dormido en peores condiciones. Al menos tenía una cama.

—¡Hinata abre la puerta! —Naruto golpeó en la madera, pero ella lo ignoró. Se quitó el plaid y se cubrió con él como si fuera una manta mientras atravesaba la habitación para luego dejarse caer en la cama para buscar el olvido en el sueño.

Naruto miró la puerta con frustración y golpeó de nuevo.

—¡Hinata! ¡Sal de ahí!

—¡Pero bueno! ¿Qué es todo este jaleo? ¿Cómo se supone que uno puede descansar y recuperar su salud si no dejáis de hacer ruido?

Naruto se volvió lentamente para encontrarse con su futuro suegro en la puerta de la habitación que había frente a la que él estaba golpeando. Pero fue ver sus elegantes pantalones lo que hizo que en su rostro se dibujara un gesto de desagrado.

No llevaba el jubón, pero el vendaje alrededor de la parte superior del pecho le hizo recordar a Naruto que el hombre había sido alcanzado por una flecha… y sin duda llevaría su dorado jubón en aquel momento. La condenada prenda seguramente se habría echado a perder.

—Bueno, ¿a qué viene tanto ruido? —preguntó Sasuke, llamando la atención de Naruto hacia la puerta de al lado, que se había abierto para dar paso al joven Uchiha, cubierto solamente con una tela que llevaba enrollada alrededor de la cintura, un lino húmedo: era evidente que el hombre acababa de salir del baño.

—Mis disculpas, caballeros —dijo Naruto secamente—, sólo estaba tratando de hablar unas pocas palabras con Hinata.

—Bueno, hazlo en otro momento. Es evidente que ella no está interesada en hablar contigo. —La mirada de Fugaku se deslizó de Naruto hasta la puerta y de vuelta a él, y una sonrisa poco amistosa se dibujó en sus labios—. Veo que has logrado sacarla de la abadía. Me sorprende. Seguro que le gustas más de lo que creí, de otra manera no hubiera venido.

Naruto resopló con impaciencia.

—Ha venido porque la abadesa había desatrancado la puerta para dejarnos entrar. Ella pensó que estaba más segura fuera. Sólo tuvimos la suerte de atraparla. Luego tuvimos que volver a atraparla una y otra vez.

Sasuke soltó una carcajada y se acercó un poco más, tirando del lino que colgaba tras él al caminar.

—Te está obligando a perseguirla, ¿verdad?

—Sí. La única razón por la que logramos llegar aquí es porque nos atacaron los Kyōdai, si no fuera por eso se las habría arreglado para escapar de nuevo — admitió Naruto con desagrado.

—¿Los Kyōdai? —Fugaku arqueó las cejas en un gesto de sorpresa; luego lanzó una mirada a Sasuke antes de preguntar—: Bueno, ¿qué hiciste para irritarlos, muchacho?

—¿Yo? —dijo Naruto sorprendido—. No me estaban buscando a mí. Hinata, Shion y la hermana Tenten se estaban bañando cuando los hombres las atacaron. Hinata dijo que ellos eran enemigos de los Uchiha y que lo mejor era que viniéramos antes de que ellos fueran a buscar ayuda y regresaran con un grupo más grande.

Padre e hijo volvieron a intercambiar miradas.

—¿Por qué mentiría? —le preguntó Sasuke a su padre, pero el viejo se limitó a mover la cabeza, claramente sorprendido.

—¿Estáis insinuando que los Kyōdai no son enemigos de los Uchiha? — preguntó Naruto todavía más sorprendido.

—Sí. Nosotros no tenemos ninguna pelea con los Kyōdai —le dijo Sasuke.

—Pero ella me dijo que la tenían.

—Mintió —dijo Fugaku rápidamente, sin que en realidad le molestara que lo hubiera hecho.

—Pero nos ha hecho cabalgar día y noche para llegar aquí por temor a que atacaran de nuevo.

—¿Te ha obligado a apresurarte hacia aquí? —preguntó Sasuke sorprendido.

—Hmmm. —Fugaku apretó los labios y se rascó pensativo la barba gris que empezaba a aparecer en sus mejillas—. Eso me resulta extraño… Por cierto… ¿Has hablado de una tal hermana Tenten? ¿Trajisteis una monja de Saint Simmian con vosotros?

Naruto asintió.

—Sí. Hinata le había prometido acompañarla a Inglaterra a visitar a su familia.

—¿Que Hinata le prometió a una monja que la acompañaría a Inglaterra? —Fugaku se mostró aun más pensativo al escuchar esas palabras.

—Sí —murmuró Naruto, luego dirigió su mirada hacia una belleza de pelo rosa que salió a la puerta y se detuvo detrás de Sasuke. Naruto no conocía a Sakura de Ōtsutsuki, pero, si era ella, Sasuke era un tipo con suerte.

—¿Esposo? ¿Pasa algo? —dijo con suavidad la mujer.

Sasuke se dio la vuelta para mirar hacia el lugar de donde provenía la voz y se acercó a ella sacudiendo la cabeza.

—No. Todo está bien. Lo único que pasa es que el loco de tu paisano está montando un gran alboroto porque quiere hablar con Hinata. Él… —Naruto no pudo escuchar lo que dijo después porque el hombre entró con su mujer en la habitación y cerró la puerta sin decir ni esta boca es mía a su padre o a Naruto.

Fugaku sonreía complacido cuando Naruto se volvió hacia él. Sin duda, la descripción que había hecho su hijo del «loco de tu paisano» lo había divertido.

—¿Por qué mentiría Hinata acerca de los Kyōdai…? —preguntó un poco intrigado, pero el viejo lo interrumpió.

—Lo sabremos cuando salga. —Lord Fugaku desechó el asunto como algo sin importancia, luego se dio un golpe en la cabeza y preguntó—: ¿Te gustaría que te diera un consejillo para cortejar a mi hija?

Naruto se puso tenso al oír la sugerencia. Nunca en su vida había necesitado ningún consejo para cortejar a una mujer. Había nacido dotado para cortejar a las mujeres.

—No, no necesito ningún consejo para cortejar a Hinata —contestó secamente—. Especialmente de vos.

—Como quieras —replicó el viejo encogiéndose de hombros—. Pero quizá quieras saber que estoy pretendiendo a lady Ōtsutsuki y lo estoy haciendo muy bien—añadió con una sonrisa—. En cambio, parece que tú lo estás haciendo fatal con mi hija. —El viejo dejó que Naruto mascullara algo entre dientes y luego añadió—: Hinata no es una de esas pusilánimes tontas que sueles encontrar en la Corte. Las palabras bonitas y los vestidos lujosos no la impresionan. Se necesita un hombre fuerte para conquistar a mi hija.

Antes de que Naruto pudiera responder, el sonido de telas en movimiento llegó a ellos procedente de la habitación de Uchiha. Fugaku miró al interior del cuarto y, súbitamente, decidió dar por terminada la conversación.

—Bueno, si eso es todo, me vuelvo a mi cama. Me hirieron gravemente durante el sitio, ¿sabes? —levantó una mano para señalar su hombro vendado y miró a Naruto con cierta tristeza antes de entrar en su habitación—. Necesito descansar. Trata de no hacer ruido —dijo estas últimas palabras con tono amenazador; luego entró en su cuarto y cerró la puerta de un golpe.

Con cara de pocos amigos, Naruto miró primero la puerta que lord Uchiha acababa de golpear y luego hacia la de Hinata, preguntándose si debía empezar a golpear y a llamarla de nuevo. Cuando decidió no desperdiciar más energías, vio aparecer a la sirvienta que había visto antes en las escaleras. Detrás de ella iban lord Neji y el obispo.

—Ah, Naruto —dijo Neji al verlo—. Parece que sólo quedan dos habitaciones.

Tú y yo podemos compartir una si quieres, y el obispo puede ocupar la otra, o…

—Dormiré en el salón principal —anunció Naruto y dejó de lado al trío al dirigirse hacia las escaleras. De esa manera podía estar ojo avizor en caso de que Hinata decidiera escapar de nuevo.


Hinata no durmió mucho. Las mujeres habían dormido en la última parte del viaje hacia Sharingan para poder estar descansadas al llegar y así poder escabullirse de nuevo mientras los hombres se recuperaban.

De modo que durmió sólo un poco, debido al cansancio producido por las fuertes emociones.

Saltó de la cama, plegó rápidamente el plaid y se acercó a la ventana para contemplar el patio y pensar en qué iban a hacer. Su plan de escapar inmediatamente después de llegar a casa ya no parecía posible. Tenten estaba dormida, y Hinata no tenía ni idea de dónde estaba Shion.

En realidad ya no tenía ganas de seguir huyendo. Pensó que si no se hubiera escapado la primera vez nada de lo que pasó en Sharingan hubiera ocurrido. Obito nunca habría consumado su tradición si ella se hubiera casado con Naruto y, al no contar con un cómplice en el interior del castillo, Greenweld no habría podido llevar a cabo su plan.

Sasuke y los otros hombres no habrían salido convencidos de que ella había sido secuestrada por los Colquhouns. El castillo no habría sido atacado, a su padre no lo habría herido una flecha, los establos y muchas de las cabañas no habrían sido incendiados y, sobre todo, Obito estaría vivo porque Sasuke no se habría visto obligado a matarlo.

Hinata no tenía ninguna duda de que matar a Obito tenía que haber sido una de las peores cosas que le habían ocurrido a su hermano. Los cuatro habían sido inseparables de niños; juntos jugaban, reían y corrían por las colinas.

Sasuke se había separado un poco de los otros tres en los últimos años, debido a que tenía que dedicar mucho tiempo a sus obligaciones de heredero y futuro lord. Sin embargo, había tenido que ser muy difícil para él. Debía de haber sufrido mucho, y aún debía de sufrir al pensar en el pobre Obito…

Suspirando, volvió a pensar en el problema de Tenten, y llevaba ya unos minutos pensando en ello cuando oyó que golpeaban suavemente a su puerta. Dos golpes, una pausa y luego tres más. Reconoció el toque de Shion, se dirigió hacia la puerta y se encontró con que su prima y Tenten estaban en el pasillo. Haciéndose a un lado, les indicó que entraran y luego cerró la puerta tras ellas.

Las tres mujeres dieron vueltas por la habitación y guardaron un silencio incómodo durante un rato hasta que Tenten dijo:

—Me dormí esperando que volvierais. La sirvienta que me condujo a la habitación me contó lo que sucedió. Siento lo de Obito.

Su mirada se deslizó hacia las dos mujeres mientras decía estas palabras, era evidente que aunque Shion se había encontrado con Tenten en la habitación de Hinata, no habían hablado entre ellas sino que habían ido inmediatamente a buscarla.

—Yo también. Es decir también siento lo de Obito —dijo Hinata en voz baja dirigiéndose a Shion. Estaba demasiado avergonzada por la parte que le correspondía en esos sucesos, por tanto evitó encontrar la mirada de la otra.

—Yo también —musitó Shion.

Volvieron a caer en un silencio incómodo hasta que Tenten dijo:

—Bueno, ¿vamos a escabullirnos mientras los hombres duermen?

—Tendremos que usar el pasadizo secreto —anunció Shion—. Naruto está en el salón principal. Está durmiendo en una silla junto al fuego, pero se despierta al menor ruido. Se despertó cuando entré.

—¿Pasadizo secreto? —preguntó Tenten con interés.

—Sí. Sale cerca del pueblo. Podemos…

—No vamos a ninguna parte —interrumpió Hinata, y las otras dos la miraron sorprendidas.

—¿Qué? —preguntó Tenten desilusionada—. ¿No vais a llevarme a Inglaterra?

Hinata ignoró el sentimiento de culpa que la abrumaba y dijo:

—Estaba pensando en el asunto cuando llegasteis, y se me ocurrió que, si Kyōdai ha reconocido tu disfraz y nos ha seguido hasta aquí, puede estar lo suficientemente desesperado como para estar aguardando al otro lado de la muralla. Si es así, nos arriesgamos mucho al salir del castillo, tal vez te llevemos directamente a sus brazos.

—Oh —exclamó Tenten con expresión preocupada—, no había pensado en eso.

Hinata se encogió de hombros.

—Estás a salvo aquí hasta que tu padre pueda venir a buscarte. Le enviaremos un mensaje informándole de dónde estás.

Tenten asintió y luego miró a Shion cuando dijo:

—¿Entonces te quedarás aquí y te casarás con Namikaze?

Sus miradas se encontraron, pero Hinata apartó la vista rápidamente al percibir cómo la miraba Shion. El sentimiento de culpa se transformó enseguida en una especie de manta que la sofocaba.

Si se hubiera quedado la primera vez y se hubiera casado con Naruto…

—No tienes por qué hacerlo —dijo Tenten con firmeza—. No tienes que quedarte conmigo… Si a tu padre no le importa que yo me quede. Estaré bien. Vosotras dos debéis partir de acuerdo con nuestros planes.

Hinata hizo un gesto de incomodidad y caminó hacia la ventana.

—No. Nos quedamos.

—¿Por qué? —preguntó Tenten asombrada—. Creí que no querías casarte con Naruto.

Hinata se encogió de hombros pero permaneció silenciosa, estaba observando la actividad que tenía lugar en el patio de abajo.

—¿Quieres casarte con Naruto? —preguntó Tenten. Hinata puso cara de pocos amigos ante su insistencia.

—Digamos que estoy resignada. He sabido que debía casarme con él desde que aprendí a hablar.

Era cierto. Conocía su destino desde su infancia, pero no lo entendía. Ahora, una parte de ella seguía resistiéndose a la idea de casarse con él, pero otra parte…

Fugaku Uchiha había pasado años maldiciendo a Namikaze padre, pero no había dicho nada en contra de Naruto, a quien llamaba «el cachorro del bastardo de Namikaze».

Cualquier información real acerca del hombre a quien estaba prometida le había llegado de otras fuentes. Algún visitante ocasional que al pasar por Sharingan supo que ella era la prometida de Naruto había hablado de él.

Sin duda alguna, Naruto había sido muy guapo desde pequeño, encantador. Su encanto y su buena figura aparentemente habían crecido con él, y las mujeres que los visitaban siempre la envidiaban por ser tan afortunada.

Luego se había convertido en adulto, se había ganado su fama y a ella habían empezado a llegarle otros informes. Que no se limitaba a esperar la muerte de su padre para heredar su fortuna como otros, sino que era ambicioso.

Que se había unido a un amigo, Menma de Aneford, y habían reunido un grupo de soldados que podían ser contratados por cualquier persona que necesitara un batallón de expertos en el uso de las espadas…

Eran soldados mercenarios, dirigían a cientos de hombres… y habían amasado una inmensa fortuna vendiendo sus servicios al mejor postor.

Después estaban los cuentos de sus habilidades con las mujeres. Era guapo, y bueno en el manejo de la espada, se valía de estas destrezas para lograr que innumerables mujeres se fueran con él a la cama.

La esposa de uno de los visitantes se las había ingeniado para acostarse con él y poder alardear de cómo había sido una experiencia que no olvidaría en toda su vida.

Como Hinata no ignoraba las argucias de los hombres o de las mujeres, había recibido con calma esos comentarios maliciosos, limitándose a decir:

Es un hombre y, como todos los hombres se va a la cama con todas las putas que puede, pero se va a casar conmigo —con lo que dejaba a las mujeres sin palabras y se alejaba. Y ésa había sido su actitud, al menos al principio…

Se esperaba que los hombres jóvenes hicieran de las suyas antes de asentarse y casarse. Muchos seguían haciéndolo después de casados. Pero, cualquiera que fuera el caso, Hinata no podía interpretar las actividades de su prometido con otras mujeres como una afrenta personal.

Se tomaba las cosas con calma y esperaba pacientemente el momento en que llegara a casarse con ella para formar una familia juntos. Después de llegar a la pubertad y convertirse en mujer, incluso había soñado despierta con su futuro con un Adonis rubio y guapo que llegaba cabalgando a Sharingan.

Naturalmente, montaba un caballo blanco. Tenía un porte de dios griego, echaba un vistazo a todos los habitantes de Sharingan y —claro está— su corazón la reconocía de inmediato.

En esos sueños, Hinata siempre estaba practicando con su espada con alguno de los hombres cuando su prometido llegaba. El Naruto de sus sueños se quedaba admirado ante su habilidad y su talento.

Saltaba de su caballo, tomaba el lugar del vencido y empezaba a luchar con ella sin tenerle piedad alguna porque la respetaba demasiado como para hacerlo. La batalla siempre terminaba en un empate, ninguno de los dos vencía.

Y Naruto se inclinaba ante ella, demostrándole su imperecedera admiración por su habilidad y el orgullo de tenerla por esposa; a veces, incluso, llegaba a besarla.

Otras veces, si se encontraba sola en su habitación y Shion no estaba a su lado, sus sueños iban más allá de un beso.

Él hasta se atrevía a tocar sus senos a través de su traje, y luego empezaban a forcejear en el suelo. Hinata solía quedarse dormida en este punto, soltando un suspiro de satisfacción.

Solía tener estas fantasías con una regularidad increíble desde poco antes de cumplir dieciséis años, cuando todo el mundo había empezado a comentar que Namikaze, sin duda, pronto iría a buscarla.

Continuó teniendo los mismos sueños después de cumplir los dieciséis y los diecisiete. Pero después de cumplir los dieciocho años los sueños comenzaron a transformarse un poquito, aunque él todavía seguía siendo su príncipe azul, y aún seguía siéndolo cuando cumplió los diecinueve.

A los veinte, sin embargo, los sueños de Hinata se transformaron un poco. Él todavía llegaba cabalgando, todavía la reconocía, pero la batalla terminaba con ella victoriosa.

Después de esto, él se postraba a sus pies para rogarle que lo perdonara por haber tardado tanto y ella finalmente transigía y se dignaba a casarse con él.

Cuando cumplió los veintidós años, ya nadie afirmaba que él pronto iría a buscarla y la gente solía evitar su mirada cuando se pronunciaba el nombre de Naruto. Todos se sentían incómodos porque ya era evidente que no acudiría.

Más o menos por esa misma época los sueños de Hinata habían tomado un rumbo diferente. En uno de ellos, todavía la reconocía y había una batalla, pero ella lo derrotaba y lo hacía pedazos, luego escupía en su rostro y le decía que no se casaría con él aunque fuera el último hombre del mundo. No había ruego posible que la hiciera cambiar de opinión.

Cuando le dijeron que Sasuke había aceptado casarse con Sakura si Namikaze era obligado a cumplir el contrato matrimonial que habían firmado sus familias tantos años atrás, Hinata sufrió la más profunda humillación.

Lo estaban obligando a casarse, como si ella fuera una puñetera puta de mierda de la que ningún hombre querría saber nada, una mujer con la que un hombre sólo se casaría si el mismísimo rey se lo ordenaba. Por eso se había escapado. Con resultados desastrosos.

—Creo que deberías hacerle sufrir un poco más —dijo Shion seriamente.

—Tal vez se merezca sufrir, pero no quiero que nadie más sufra con él, ya ha habido suficiente sufrimiento.

—¡Lo sabía! —Shion se precipitó junto a ella, la cogió del brazo y la obligó a mirarla.

—¿Qué es lo que sabías? —preguntó Tenten confusa—. ¿De qué habláis vosotras dos? ¿Quién más ha sufrido?

Shion ignoró la pregunta y miró a Hinata.

—Te estás culpando por la muerte de Obito.

—¿Por qué iba a culparse Hinata por la muerte de Obito? —preguntó Tenten asombrada.

—Claro que soy culpable —irrumpió Hinata, ignorando también a Tenten—.¿Quién puede ser más culpable que yo?

—Yo —dijo Shion con firmeza.

—¿Tú? —Hinata miró boquiabierta a la pequeña rubia.

—Era mi hermano.

—Claro, y tú eres tan culpable de su comportamiento como yo lo soy del de Sasuke.

—Hinata tiene razón —asintió Tenten con rapidez—. Ninguna de vosotras dos es responsable del comportamiento de Obito. —Después de dudar un poco, dijo—: Me temo que Samui no me explicó lo que le pasó, sólo me dijo que había muerto.

¿Qué hizo?

—Traicionó a nuestra gente, ayudó a Greenweld, planeó la muerte de mi padre y de mi hermano para casarse después conmigo y proclamarse lord— respondió Hinata secamente, se retiró de la ventana y fue a sentarse en la cama.

—Dios mío —murmuró Tenten, que la siguió y se sentó en el colchón desnudo—

. Bueno… —sacudió la cabeza—. Es terrible, pero él es el único culpable. Ninguna de vosotras es responsable.

—Era mi hermano —dijo Shion y se dejó caer en la cama entre las otras dos.

—Si me hubiera quedado aquí y me hubiera casado con Naruto cuando llegó, en lugar de salir corriendo hacia Saint Simmian, nada de esto habría sucedido —dijo Hinata inmediatamente.

—Pero esto es… Vosotras dos sois… Oh, nada de esto tiene sentido —dijo Tenten con exasperación.

—Sí, es cierto —añadió Shion y frunció el ceño mirando a Hinata—, no es culpa tuya.

—Yo sabía que su cariño hacia mí no era simplemente de primo, y eso me halagaba. La negligencia de Naruto hería tanto mi orgullo que hasta llegué a estimular a Obito.

Shion gruñó.

—No, no lo hiciste. Si le hubieras dado demasiado estímulo te habrías acostado con él y habrías tenido un hijo suyo. Obito estaba así de loco por ti.

—Eh… eh… eh… —balbució Hinata.

—Sí. —Shion hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.

Hinata suspiró, luego se estiró sobre la cama. Mirando hacia el cielo raso, dijo:

—Aun así, si me hubiera quedado y me hubiera casado con Naruto en lugar de dejar que mi orgullo herido me hiciera huir hacia Saint Simmian…

—Quizá Naruto y todos los demás estarían muertos —la interrumpió Shion con tristeza—. Hinata, si te hubieras quedado para cumplir tu promesa de casarte con Naruto, Obito lo habría matado antes de la noche de bodas. No habría consentido que el matrimonio se consumara. Y quién sabe qué habría pasado después. Todavía tenía que quitar del camino al tío Fugaku y a Sasuke para lograr el título de lord, y cualquier cosa que hubiera planeado habría tenido éxito —meneó la cabeza—. No. Tú no puedes culparte. Pero yo sí.

Hinata se volvió a mirarla con cara de pocos amigos.

—Sólo porque era tu hermano…

—No. No sólo porque era mi hermano —suspiró—. Yo sabía que era débil, Hinata. Yo sabía que Koharu estaba resentida y sabía cómo os odiaba. Sabía que estaba amargada, como una fruta que se deja pudrir en la rama, y sencillamente la ignoré. Pero Obito no tenía carácter para hacer eso. Tú sabes que él no tenía opinión propia. Si manifestaba alguna opinión y otra persona decía una diferente, él cambiaba fácilmente de parecer. Era fácil de convencer y yo lo sabía. Debería haberme dado cuenta de que las constantes insinuaciones de Koharu iban a afectarlo. Debería haber imaginado lo que iba a pasar… Y debería haber hecho algo para evitarlo.

—No. —Hinata sacudió la cabeza—. Como tú dices, yo también sabía que él era débil y fácil de convencer, pero no imaginé que estaba planeando algo así. Tampoco podías esperártelo tú… ¿Quién podía imaginar semejante atrocidad? —Le dio una patada a la alfombra y luego preguntó—: ¿Nunca te molestó que padre no os diera una habitación en el castillo? De verdad, a mí nunca se me ocurrió, Shion, si no yo habría sugerido…

Su prima la interrumpió con otro bufido.

—Hinata, yo prácticamente vivo en el castillo. Tú y yo hemos sido inseparables desde que Obito y yo llegamos. Estoy en el castillo desde el momento en que me despierto hasta el momento en que me voy a la cama, a menos que estemos en la abadía o cazando con los hombres, o practicando en el patio —añadió secamente—. Dios Santo, si nos llamaban «las mellizas», y no precisamente por lo parecidas que somos.

Hinata se rió un poco al oír el viejo sobrenombre y su prima continuó.

—Y tío Fugaku nos trató como si fuéramos sus hijos. Nos alimentó, nos vistió; incluso nos proporcionó caballos y armas… gastó en nosotros lo mismo que en sus hijos, nos dio a nosotros lo mismo que a Sasuke y a ti. Tú no eres la única que tiene una espada hecha especialmente a tu medida y peso. ¿O sí? No. No tengo ningún sentimiento de amargura contra ninguno de vosotros. Todo lo que tengo es gratitud y cariño.

Hinata frunció el ceño. Sintió un sabor amargo y luchó por evitar que las lágrimas asomaran a sus ojos.

—Acepto el cariño, pero te regalo la gratitud —masculló, luego añadió—: Y también nosotros te queremos.

—Lo sé —dijo Shion con una sonrisa, y las dos mujeres se abrazaron fuertemente; luego se separaron, tratando de aclarar sus gargantas y sintiéndose un poco avergonzadas de su arrebato sentimental.

—Bueno —dijo Tenten, respirando aliviada— ahora que las dos habéis arreglado cuentas, tendrías que salir corriendo para obligar a Naruto a seguirte. Dejarte olvidada hasta los veinticuatro años es vergonzoso, y merece sufrir por haberlo hecho.

Hinata miró a Tenten, sorprendida.

—No hablas como si fueras una monja —bromeó. Tenten sonrió.

—Realmente no me siento como si lo fuera. Quisiera ir con vosotras.

Hinata se miró los pies; se sentía confundida, no sabía qué hacer. Su ira contra Naruto no había desaparecido totalmente, pero el recuerdo de ese beso trabajaba con fuerza en su mente y la obligaba a reflexionar un poco.

—Tenemos que irnos, Hinata —dijo Shion de repente—. Y no sólo para molestar a Naruto.

Ella miró a su prima con interés.

—¿Oh…?

—¿No has pensado que Kinkaku Kyōdai está en una situación muy difícil?

—Sí. Está a punto de perder su casa y su vida si no desaparece antes de que el padre de Tenten llegue aquí y sepa lo que está pasando.

—Sí. —Shion estuvo de acuerdo—. Si el padre de Tenten llega aquí. Hinata frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir con si llega aquí?

—Bueno, da la impresión de que todos los problemas de Kinkaku terminarían si logra deshacerse de Tenten y su padre.

—Maldición —murmuró Hinata—. Los hombres desesperados toman medidas desesperadas. Y si estaba dispuesto a asesinar a una, ¿por qué no a dos?

—No comprendo —dijo Tenten con ansiedad—. ¿Creéis que Kinkaku asesinaría a mi padre?

Hinata se puso de pie y empezó a caminar de un lado a otro mientras analizaba el problema.

—Tu doncella fue a buscar a tu padre. Si llegara a tu castillo, ¿qué le diría?

—¿Si llegara? —Tenten repitió las palabras de Hinata, sin entender.

—Sí. Supongo que Kyōdai lleva muchos hombres viajando con él —afirmó Hinata al ver que Tenten asentía—. Bueno, es posible que haya enviado a algunos tras ella y haya conservado los demás para seguirte a ti. Por eso es posible que tu doncella no logre llegar, pero si lo consiguiera… —aceleró un poco cuando vio que Tenten empezaba a inquietarse—, ¿qué le diría a tu padre?

Tenten dudó, estaba evidentemente preocupada con la posibilidad de que la doncella no hubiera llegado a su destino, algo que no había pensado. Pero entonces pareció tratar de desechar el pensamiento y se irguió.

—Le contaría la conversación que oímos, le diría que Kinkaku estaba conspirando para matarme. Que escapamos y huimos; que nos separamos y yo fui a Saint Simmian, mientras ella iba a casa.

—¿Y qué haría tu padre si oyera semejantes noticias?

—Se pondría muy triste, furiosísimo. Montaría en su caballo de inmediato y saldría hacia Saint Simmian para escuchar el relato de mis propios labios.

—¿Solo?

—No. Llevaría consigo la mayoría de sus hombres. Estaría muy enfadado y llevaría hombres suficientes para sitiar el castillo de Kyōdai, si fuera necesario.

Hinata asintió.

—¿Se tomaría el tiempo de escribir antes al rey?

Tenten se mordió los labios mientras pensaba, luego sacudió la cabeza.

—No.

Hinata suspiró.

—¿Lo ves? Si Kinkaku os mata a ti y a tu padre, está a salvo.

—Pero mi padre llevaría un ejército. Estaría a salvo con todos sus hombres a su alrededor.

Hinata se encogió de hombros.

—Te estarían buscando a ti, no a un asesino.

—¿Asesino? —Tenten dio un grito ahogado.

—Bueno, Kyōdai no necesita matar a todo el ejército de tu padre, sólo a ti y a tu padre y hacer que las dos muertes parezcan accidentales o ataques de otra persona. Luego, todo lo que tendría que decir es que tú te equivocaste y que todo había sido un error. Es posible que logre hacerse creer, porque tu padre ya no estará para seguirle la pista. A menos que tengas otros parientes poderosos, ¿un tío o un hermano, o alguien así? —Hinata terminó su comentario en tono de pregunta, pero Tenten negó con la cabeza.

—Soy hija única, y mis padres son los únicos sobrevivientes en sus familias. Ésa es la razón por la cual mi padre eligió a Kinkaku Kyōdai, su hermano mayor es el lord de los Kyōdai. Mi padre esperaba que él quisiera vivir en Inglaterra y hacerse cargo de nuestras posesiones.

Hinata hizo un movimiento de cabeza mientras seguía paseándose y pensando. Tenten y Shion esperaban pacientemente, pero se mostraron ansiosas cuando se detuvo y las miró.

—Shion y yo iremos a buscar a tu padre y le explicaremos todo. De esta manera, al menos estará enterado de lo que pasa y estará atento a la llegada de Kinkaku. Nosotras podemos regresar con él y…

—Voy con vosotras.

—No. Tú estás más segura aquí, Tenten.

—No permitiré que os arriesguéis por mí solas. Voy con vosotras —dijo Tenten con firmeza.

—No. Tú…

—¿Acaso me dejaríais iniciar un viaje peligroso como éste mientras vosotras os quedáis aquí tranquilas?

Hinata puso cara de pocos amigos, incapaz de rebatir ese argumento.

—Además, si vamos por el pasadizo secreto que Shion ha mencionado, seguramente podremos escapar sin que Kyōdai nos vea. Si nos ha seguido, nos habrá visto entrar en el castillo y estará esperando en la puerta para vernos salir.

—Tiene razón —dijo Shion con calma—. Además le prometimos acompañarla a casa.

—Sí. —Hinata suspiró—. Está bien, nos vamos las tres. Guardaron silencio por un momento, luego Tenten dijo:

—¿Qué pasa con lord Naruto?

Hinata sonrió con sorna y se encogió de hombros.

—Tardó diez años en venir a buscarme, para variar que me espere ahora. Tenten asintió y luego preguntó:

—¿Cuándo partimos?

Hinata intercambió una mirada con Shion y se puso de pie.

—Ahora. Los hombres dormirán al menos cuatro horas más. Esto nos da una buena ventaja. Vamos.

Dirigió sus pasos hacia la puerta de la habitación, la abrió y salió al pasillo que, por suerte para ellas, estaba vacío. Les indicó a las otras que se dieran prisa y, prácticamente de puntillas, las dirigió hacia su propia habitación y abrió la puerta.

—¿Es aquí? —preguntó Tenten en voz muy baja. El temblor en la voz de la mujer hizo que Hinata mirara con curiosidad por encima de su hombro al entrar en el cuarto.

—Sí. ¿Por qué lo preguntas?

—¡Oh, no! —exclamó Shion entre dientes al entrar en la habitación.

Los ojos de Hinata se dirigieron a su prima, luego se dio la vuelta, vio la pared que Shion estaba mirando y se quedó boquiabierta. La entrada al pasadizo secreto había sido bloqueada.