LA ETERNA ESPERA.
10. Consejo
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—Ordené que los hombres bloquearan el pasadizo secreto. —Fugaku Uchiha, de pie en la puerta de su habitación, miró a Hinata con irritación.
Después de quedarse muda al ver las enormes piedras que habían colocado contra la pared de su habitación, Hinata se dio la vuelta y, furiosa, se precipitó hacia la habitación de su padre para averiguar qué estaba sucediendo.
—Sí, ya lo sé. Tenten estaba durmiendo en mi habitación y si no fuera por eso lo habría sabido antes. Lo que quiero saber es por qué hiciste una cosa tan estúpida.
—Porque Obi… —se detuvo de repente y pareció cambiar lo que iba a decir—, porque alguien informó a Greenweld de la existencia de los pasadizos secretos, o al menos de uno de ellos. Entonces hice que los bloquearan todos para que no pudieran invadir el castillo.
—¡Maldición! —Hinata cerró los ojos por un momento, luego suspiró y dijo—: sabemos lo de Obito.
—¿Lo sabéis? —La arruga de la frente del viejo se hizo más profunda—. ¿Quién os lo ha dicho? ¿Sasuke?
—No. Koharu.
—¿Koharu? —Uchiha parecía muy sorprendido—. ¿Cómo diablos lo supo ella?—preguntó, luego respondió a su propia pregunta—: Debe de habérselo contado Sasuke. Solamente él, Sakura y yo sabíamos la verdad. Bueno, y lady Ōtsutsuki, pero ella no ha hablado con nadie. Ha estado conmigo desde…
—Nadie se lo contó a Koharu —interrumpió Hinata—. Ella sabía que la historia de la muerte de Obito en la batalla era falsa porque conocía las actividades de Obito y sabía que estaba conspirando con Greenweld. Ella fue quien lo indujo a hacerlo.
Fugaku pareció quedarse sin respiración.
—Lo mejor es que la vigiles —dijo Shion en voz baja—. Siempre os ha odiado, pero ahora, después de lo que ha pasado…
—Sí. —Fugaku se pasó la mano sobre su pelo, luego le dijo a Shion—: Ya sabes que ella tenía la esperanza de casarse conmigo. Cuando tu madre y mi hermano se unieron, Koharu tenía la esperanza de que ella y yo nos casaríamos también, pero yo me enamoré de la madre de Sasuke y Hinata. Koharu nunca me lo perdonó —sacudió la cabeza—. Siento mucho lo de Obito, niña.
Shion se encogió de hombros con tristeza.
—No es culpa tuya. Obito tomó sus propias decisiones, lo mismo que Koharu. Has sido muy amable tratando de preservar el honor de su memoria, al menos guardando el secreto de lo que intentaba hacer.
—No era un mal chico —dijo Fugaku secamente—. Debió de volverse loco. Sasuke me contó que no parecía totalmente convencido de lo que estaba haciendo. No dejó que Greenweld maltratara a Sakura y no fue capaz de matar a Sasuke cuando tuvo la oportunidad de hacerlo…
Hinata agradeció a su padre que se tomara la molestia de decir eso, fuera o no cierto. Shion necesitaba algo así para soportar la situación. Un trato amoroso era un bálsamo para su corazón y sintió una ráfaga de amor por el viejo, pero se disipó cuando éste la miró con los ojos entrecerrados y preguntó:
—Y ¿por qué estás tan molesta por el pasadizo secreto? ¿No estarás pensando en huir de nuevo?
—¿Te importaría si lo hiciera? —preguntó Hinata con un gesto de disgusto, luego añadió—: ¿Ha llegado ya el padre de Naruto? —no iban a celebrar la boda sin él.
—No. Namikaze no ha llegado todavía —dijo Fugaku. Dudó un poco antes de añadir—: El chaval necesitaba un buen aterrizaje después de perder tanto tiempo antes de venir a buscarte, y según le contaron los Akatsuki a Sasuke, ya le has dado una buena lección. —Sonrió de pronto—. Parece que el relato es muy divertido. Tendrás que contármelo en la comida. —Su sonrisa se desvaneció, y su expresión se hizo solemne—. Pero tendrás que casarte con él. Y hay una línea muy delgada entre mostrarle el error cometido y humillarlo hasta el punto de que sienta que tiene derecho a tomar revancha.
Hinata puso mala cara al oír esas palabras.
—Tiene el mismo carácter que su padre; es de buen natural y honorable, pero no conviene que te sobrepases con él.
—¿De buen natural y honorable? —Hinata miró boquiabierta a su padre—.Decías que Namikaze era un inglés bastardo y taimado, que…
—Sí, bueno, he estado enfadado con él… Tuvimos una pelea… —Fugaku hizo un gesto de desagrado, pero esa expresión desapareció de su rostro cuando una mujer encantadora hizo su aparición—: Mikoto. ¿Qué…?
—Voy a hablar con Choji. Tengo que decirle que habrá más comensales esta noche. Dudo que Sakura haya tenido tiempo de hacérselo saber. Quizá incluso pueda preparar algo especial para dar la bienvenida a Hinata y a Shion —mientras hablaba, saludó con una sonrisa a las tres mujeres, que le respondieron con otra.
Lady Ōtsutsuki. Tenía mucho mejor aspecto que cuando llegó a Sharingan. Hinata la había visto una sola vez, pero lo suficiente como para saber que alguien la había golpeado brutalmente: tenía el rostro hinchado, los ojos negros, la nariz rota.
El resto no estaba en mejores condiciones. Sin embargo, lady Ōtsutsuki se había curado completamente y ya no había en su rostro huellas de los golpes. Era tan hermosa como su hija.
—Oh, pero… —protestó Fugaku.
—Quizá deberías vestirte, milord. —Lady Mikoto lo interrumpió con una sonrisa amable—. No deberías estar así delante de la hermana Tenten. ¿No te parece?
La mirada de Hinata se dirigió hacia lady Ōtsutsuki al oír el tono con el que había dicho hermana. Entonces miró a su padre con atención. Sumida en su conversación con él, no había reparado en que iba a medio vestir; se había puesto unos pantalones para abrir la puerta, pero no se había molestado en ponerse la túnica, de modo que llevaba el pecho desnudo.
Murmurando algo entre dientes, el hombre se dio la vuelta y entró rápidamente en la habitación. Lady Ōtsutsuki sonrió al mirarlo, luego se volvió y le tendió la mano a Hinata.
—Hola, Hinata.
La joven dudó un momento, luego estrechó la mano de lady Ōtsutsuki y se encontró entre sus brazos cuando ésta salió al pasillo a unirse a ellas.
—¿Por qué no vienes conmigo, querida? Quizá entre las dos podamos convencer a Choji de que prepare tu comida favorita. ¿Cuál es?
—Yo… eeh… colcannon pan negro y haggis.
—Creo que no he probado todavía el colcannon, pero sí el pan negro. Delicioso —dijo.
—Sí —dijo Hinata mientras la llevaba por las escaleras. Al bajar, miró hacia el salón principal, donde vio a Naruto durmiendo en una silla junto al fuego, como Shion había dicho; y, tal como había dicho su prima, parecía despertar al menor ruido porque abrió los ojos cuando ellas llegaron a la parte baja de las escaleras y se enderezó repentinamente.
—Vamos a hablar con el cocinero, luego tendremos una pequeña conversación—le dijo lady Ōtsutsuki cuando lo vio ponerse de pie y hacer el gesto de acercarse a ellas. Luego afirmó—: El tipo de conversación a la que no están invitados los hombres.
Para gran sorpresa de Hinata, Naruto dudó, luego volvió a hundirse en su sillón y las dejó seguir su camino sin interferir. Miró a lady Ōtsutsuki con renovado respeto al ver cómo sabía tratar a los hombres.
La madre de Sakura ni siquiera había levantado la voz, no había necesitado de ninguna amenaza, y el hombre se había comportado tan dócilmente como si fuera un perrito bien educado. Hinata se quedó impresionada.
Una vez en la cocina, la mujer manejó a Choji con la misma facilidad, lo saludó cordialmente y lo aduló con gentileza hasta que él casi estuvo a punto de suplicar a la mujer que le ordenara cualquier cosa, que él obedecería sin dudar… Hinata se preguntó si podría emular alguna vez las habilidades de esta mujer; ciertamente, le parecía digna de admiración. Hasta que lady Ōtsutsuki dijo:
—Quizá deberíamos ver si lord Naruto tiene algún plato favorito. Hinata puso cara de pocos amigos y sugirió:
—Estofado de conejo.
—Hmmm. Creo que no.
Era evidente que conocía el relato del estofado envenenado. Hinata supuso que Shisui le había relatado lo sucedido a Sasuke y que el chisme había seguido su curso hasta llegar a su padre y luego a lady Ōtsutsuki.
Deseó que no hubiera sido así, de pronto estaba empezando a sentir un destello de vergüenza y culpa en su interior bajo la mirada solemne de lady Ōtsutsuki.
—Soy consciente de que estabas demasiado ofendida por su tardanza en venir a buscarte —dijo la madre de Sakura con dulzura—. Pero, aunque lo comprendo, creo que no deberías tomarte tan a pecho su actitud. Después de todo, él no te conocía, por tanto tú no eras la causa de su demora.
—¿No lo era?
—No.
—Entonces, ¿a quién tardó tanto en ir a buscar?
—Estás adoptando una actitud deliberadamente obtusa —dijo Mikoto con cierta exasperación—. Estoy segura de que comprendes lo que quiero decir. Si te hubiera conocido antes, entonces tendrías todo el derecho a sentirte ofendida por su tardanza. Pero como ni siquiera te conocía, no eras tú personalmente lo que rechazaba, sino tú nombre. Rechazaba a la hija de tu padre. Ahora que te conoce, es evidente que le gustaría casarse contigo.
—¿Le gustaría?
—Sí. Bueno, él no necesitaba perseguirte por toda Escocia, querida. Habría podido presentarse ante el rey en cualquier momento después de la pelea en Saint Simmian y decirle que había cumplido con su parte, que tú no estabas colaborando y que quería liberarse del contrato. De hecho, la manera en la que lo atacaste en la abadía lo habría favorecido para lograr su libertad, si hubiera querido.
—Entonces, ¿vos pensáis que él quiere casarse conmigo? —preguntó Hinata con interés.
—Sí, lo creo.
—¿Por qué?
—¿Por qué? —replicó la otra con cierta confusión.
—¿Por qué querría casarse conmigo? Yo no sé cómo comportarme como una verdadera dama y esposa. No sé coser, no sé dirigir a los sirvientes, yo… —vio a Choji tratando de escuchar la conversación, por tanto lo miró con disgusto y le gritó—: Dedícate a preparar el colcannon, si no lo haces no lo tendremos para la cena.
El hombre regresó a su tarea sin decir palabra.
—Y, bien… —Lady Ōtsutsuki se aclaró la garganta—. Tal vez podrías aprender a ser un poco más suave con los sirvientes, pero sabes darles órdenes. Y en lo referente a la costura y esas cosas, lord Naruto tendrá sirvientes que se encarguen de ello.
Hinata reflexionó un poco al oír esas palabras y suspiró.
—Yo ni siquiera sé lo que una dama debería saber. Todo lo que sé es que no sé nada.
Lady Ōtsutsuki reflexionó un poco y luego dijo: —Sí, pero tú sabes otras cosas que la mayoría de las damas desconocen. Por ejemplo, Shion y tú sabéis luchar contra los hombres.
—Sí. —Hinata sonrió con cierta sorna—. Y hubo ocasiones en las que tuvimos que coserlos después.
—¿Sí? —preguntó Mikoto con cierta excitación.
—Sí. Los hombres son tan infantiles para algunas cosas… La mayoría se quejan y lloriquean ante la simple idea de coser una herida o de tener que echar whisky sobre ella, por tanto Koharu nos enseñó cómo curarlos.
—¡Pero eso es fantástico! —dijo lady Ōtsutsuki con entusiasmo.
—¿Lo es? —preguntó Hinata—. ¿Por qué?
—¿Por qué? —repitió lady Ōtsutsuki sorprendida, luego sacudió la cabeza—. Porque, mi querida niña, saber atender a los enfermos y a los heridos es una de las destrezas más valiosas que puede tener una dama, y tú la tienes.
—Oh. —Ese pensamiento la alivió. Al menos tenía una destreza. Era mejor que nada.
—Y tú tienes muchas habilidades que no tienen otras damas. También eres muy guapa, cariño. Y, obviamente, inteligente. Ésas son buenas razones para que lord Naruto quiera casarse contigo. —La madre de Sakura inclinó un poco la cabeza hacia un lado—. La pregunta es: ¿crees que serás feliz si te casas con él? Porque yo estoy segura de que tu padre preferiría perder la dote y cancelar el matrimonio antes que verte desgraciada.
Hinata lo pensó seriamente. Siempre había sabido que iba a casarse con Naruto Namikaze y nunca había imaginado otro futuro que no fuera el de ser su esposa.
De hecho, jamás se había planteado que podía negarse a casarse con él. Y todo lo que había oído contar sobre Naruto, aparte de las peroratas de su padre, que el viejo parecía estar corrigiendo ahora, era bueno.
Todos lo describían como un hombre admirable, muy trabajador, ambicioso, fuerte en la batalla y a la vez justo.
También estaba lo que ella había visto desde la pelea en Saint Simmian. Naruto no parecía un hombre cruel. Otro la habría golpeado al atraparla después del incidente del estofado. Habría tenido derecho a hacerlo.
De hecho, habría tenido derecho de hacer mucho más que golpearla. Envenenar a los demás va contra la ley. Pero no la había golpeado, ni siquiera había sido mezquino con ella.
Y eso que ella lo había estado provocando con sus constantes escapadas, incluyendo cuando le dio una patada en la entrepierna. El hombre tenía la paciencia de un santo, en su opinión. Otro habría llegado incluso a violarla después de semejante proeza.
—¿Hinata? —dijo lady Ōtsutsuki—. Dime, ¿qué opinión tienes tú de él?
—Hmm. —Suspiró, luego hizo una lista de sus cualidades—: Es inteligente, tiene fama de ser hábil en la batalla, ambicioso, paciente y me gusta su físico.
—¿Te gusta su físico? —preguntó Mikoto con una ligera sonrisa. Hinata se encogió de hombros.
—Es bonito.
La madre de Sakura se mordió el labio, pero asintió.
—Sí. Él es muy… eh… guapo.
—También está bien formado —le dijo Hinata—. Tiene unos músculos hermosos en los hombros y la espalda, y unas piernas magníficas; y me gusta mucho su trasero.
Lady Ōtsutsuki parpadeó.
—¿Cómo dices?
—Su trasero —repitió Hinata—. No he visto demasiados, pero los que he visto me parecían planos y caídos, sin embargo el suyo es bello y redondeado y… — Hinata hizo una pausa para dar una palmada en la espalda de lady Ōtsutsuki cuando la mujer pareció atragantarse y empezó a toser de repente.
Cuando el acceso de tos terminó y la mujer hizo un gesto con la mano para indicar que ya no era necesario que la palmearan en la espalda, le preguntó con preocupación—: ¿Estáis bien?
—Sí —asintió, pero se ruborizó mucho. Sin embargo siguió adelante—: Entonces, te gusta, te parece guapo y sus… partes son hermosas —dijo con delicadeza y luego añadió—: Sin embargo, estoy segura de haber oído un pero en algún momento.
—Sí —suspiró Hinata y luego confesó cuál era el defecto de Naruto—. Tiene una polla enorme.
Lady Ōtsutsuki pareció ahogarse de nuevo y volvió a toser mucho. Hinata se dio cuenta de que a Choji le había pasado lo mismo. Decidió que tenía que haber algo en el aire de la cocina, y volvió a darle palmadas en la espalda a lady Ōtsutsuki.
—Estoy bien. No hay necesidad de que hagas eso. —Lady Ōtsutsuki no parecía estar bien. Su voz era prácticamente un susurro cuando dijo—: Pero no entiendo cómo eso puede ser un problema, querida.
—Quizá no me haya explicado bien —afirmó Hinata frunciendo el ceño—. El miembro es gigantesco, me pareció anormal.
—¿Lo has visto?
—Sí. Cuando se bañaba en el río.
—Y ¿has visto otros para compararlo? —preguntó con delicadeza.
—Un par, alguna vez que he ido de viaje con los hombres. Ellos no suelen ser muy recatados —dijo Hinata haciendo un movimiento de hombros.
—Ah. —Lady Ōtsutsuki asentía, pero todavía estaba colorada—. Y ¿te preocupa que el de Naruto sea tan grande?
—Bueno… —Hinata arqueó las cejas—. Me parece que si es tan grande… bueno… si un hombre normal te hace daño la primera vez, según dicen, entonces Naruto no podrá entrar. De veras, milady, es casi tan grande como el rodillo que está usando Choji ahora.
Lady Ōtsutsuki echó un vistazo al objeto en cuestión; Choji hizo lo mismo. Sus ojos se habían abierto como platos y de repente tenía el rodillo un poco lejos de él. Los ojos de lady Ōtsutsuki también se abrieron al máximo.
—Bueno… entonces… —La mujer hizo una pausa y sacudió la cabeza murmurando—: ¡Y yo que estaba preocupada por no haber tenido esta conversación con Sakura la noche de su boda!
Conteniendo el aliento, lady Ōtsutsuki cogió a Hinata por el brazo y la llevó hacia la puerta que conducía a los jardines.
—Hinata, eres directa para expresarte, por tanto yo voy a serlo también —dijo en tono solemne cuando empezaron a hablar a lo largo de los setos de hierba y vegetales—. No debe preocuparte el… eh… tamaño del… de Naruto, eso no es un problema. Sabes que los bebés salen por el mismo lugar en el que él estará… —hizo una pausa, parecía no saber qué hacer, pero lo pensó un poco y siguió adelante—. El problema y la incomodidad de la primera vez no son causados por el tamaño.
—¿Nooo? —preguntó Hinata muy interesada.
—No. Las mujeres nacemos con una membrana en nuestra vagina y ésta se…
—¿Membrana en la vagina? —repitió Hinata, luego se llevó las manos a la cabeza y dijo—: ¿Qué es eso? Creo que yo no la tengo.
—Sí. La tienes —dijo lady Ōtsutsuki con firmeza.
—¿Dónde está mi hija?
Naruto se sentó derecho en la silla en la que estaba reposando y, con un gesto de desagrado, dijo cuando Fugaku se detuvo ante él:
—Está en la cocina con lady Ōtsutsuki.
—Hmm. —Fugaku echó una mirada a Tenten y Shion que estaban sentadas a la mesa. Mostraba una expresión pensativa al mirar hacia atrás—. He estado pensando en lo que dijiste acerca del ataque.
—¿Sí? —preguntó Naruto levantando una ceja.
—¿Estás seguro de que iban tras las mujeres?
—Sí. ¿Por qué lo preguntáis?
—Porque tiene que haber una razón por la cual Hinata mintió y dijo que eran los Kyōdai. Obito dijo que Greenweld había enviado hombres para perseguirte, y yo me estaba preguntando si no fueron ellos y tú eras el verdadero objetivo.
—¿Yo? —Naruto se enderezó un poco más—. ¿Por qué iba Greenweld a enviar hombres tras de mí?
—Por Obito. Para matarte y así poder casarse con Hinata —explicó Fugaku, luego sacudió la cabeza—. Pero ni dijiste que atacaron a las mujeres mientras se estaban bañando. Entonces no podían ir tras de ti…
Naruto recordó el ataque lentamente:
—Yo había ido hacia el lago para asegurarme de que las mujeres no se escaparan de nuevo. Apenas había puesto un pie en el claro cuando los hombres atacaron.
—Entonces también estabas ahí y podrían haber sido los hombres de Greenweld persiguiéndote.
Naruto movió la cabeza de un lado a otro.
—Pero Greenweld es inglés y esos hombres llevaban plaids. Fugaku hizo un gesto de desdén.
—Es fácil encontrar plaids, y un inglés inteligente ordenaría a sus hombres que los llevaran, sobre todo si se trata de un grupo pequeño que quiere recorrer la zona sin correr peligro.
—Hummm…
Naruto estudió la situación. Los hombres habían atacado después de que ellos llegaran al claro. Era posible que fueran tras él, no tras las mujeres. En realidad, si eran los hombres de Greenweld, habrían pensado que las mujeres representaban poco peligro para ellos.
—¿Estáis seguro de que no podían ser los Kyōdai? —preguntó entonces—. No entiendo por qué mintió Hinata. Lo entendería si la mentira hubiera retrasado la llegada aquí o si fuera un ardid para escapar, pero ¿mentir para llegar antes cuando había estado evitando la boda como lo había hecho? —sacudió la cabeza tratando de entender.
Mientras pensaba, Fugaku volvió a mirar a las mujeres sentadas a la mesa. Naruto siguió su mirada. Shion y Tenten estaban muy juntas y parecían mantener una conversación muy seria.
—¿Quién es ella?
Naruto miró sorprendido a lord Uchiha.
—¿Quién? ¿La hermana Tenten?
—Sí. ¿Quién es y cómo llegó a convertirse en una más de vuestra comitiva? Naruto miró a las mujeres y, haciendo un gesto de extrañeza, dijo:
—Ella es… la hermana Tenten —hizo un gesto de impotencia—. Hinata dijo que le había prometido a la hermana acompañarla a Inglaterra.
—¿A qué lugar de Inglaterra?
Naruto lo miró sorprendido, pero tuvo que admitir:
—No lo sé. Todo lo que sé es que ella es la hermana Tenten y salió de la abadía con Hinata y Shion.
—Hummm —murmuró Dunbar de nuevo, se dio la vuelta y se dirigió a la mesa.
Naruto lo miró un momento, luego la curiosidad fue más fuerte y se puso en pie para seguirlo.
La cabeza le daba vueltas a Hinata con toda la información que le había dado lady Ōtsutsuki mientras regresaban al castillo y entraban en las cocinas. Si antes había estado confusa acerca de Naruto y sus sentimientos relacionados con el matrimonio, ahora lo estaba aún más.
Lady Ōtsutsuki le había asegurado que, si bien la primera vez podía ser dolorosa, no sería debido al tamaño, y que de hecho tal vez llegaría a apreciar su tamaño después. También le había asegurado que, a juzgar por los comentarios que había oído en la Corte, lo más probable era que Naruto lograra que la relación sexual fuera una parte muy placentera del matrimonio.
Luego estaba su tardanza en ir a buscarla, fuente de toda su ira contra el hombre. Por desgracia, no encontró cómo rebatir los argumentos de lady Ōtsutsuki, quien le había sugerido que debía ya dejar de lado su ira. La mujer había insistido en que no se trataba de un desaire personal, puesto que nunca se habían visto.
Ahora Hinata no sabía qué sentía ni qué pensar. Todo lo que sabía era que le había hecho una promesa a Tenten y que debía cumplirla. Sin duda las otras dos estarían esperándola para decidir cuál sería el próximo paso, ahora que ya no era posible utilizar el pasadizo secreto.
Hinata no estaba segura. No debió ir a preguntarle a su padre por qué habían cerrado el pasadizo. Ahora todos sospecharían de sus intenciones y estarían pendientes del más mínimo de sus movimientos.
Tuvo que admitir que Naruto siempre había pensado que intentarían escapar de nuevo.
—Hinata, cariño.
—¿Sí? —Miró con curiosidad a lady Ōtsutsuki mientras la seguía al salir de la cocina y dirigirse al salón principal.
—¿De dónde es la hermana Tenten? Tiene un rostro que me es muy familiar.
Quizá yo conozca a su familia.
Hinata se quedó de una pieza, abrió la boca y la volvió a cerrar, no sabía qué decir. De pronto se dio cuenta de que no sabía de dónde era Tenten. De todos modos, tampoco se lo habría dicho a Mikoto, de haberlo sabido.
Lo primero que Hinata oyó cuando entraron en el salón fue la voz de su padre:—¿De qué lugar de Inglaterra sois exactamente, hermana?
La joven miró inmediatamente hacia la mesa a la que estaban sentados Tenten, Shion, Naruto y su padre. Tenten tenía una expresión de pánico. Tras disculparse apresuradamente, Hinata apresuró el paso y dejó a lady Ōtsutsuki atrás para tratar de evitar que su padre hiciera más preguntas.
Hasta que no estuviera segura de si iba a llevar a Tenten a su casa no convenía darles mucha información. Aunque, después de la conversación con lady Ōtsutsuki, empezaba a pensar que debían decirles la verdad sobre Tenten a los hombres y pedirles su ayuda. Pero nunca lo haría sin hablar con ella primero.
—Es de Saint Simmian —dijo Hinata al detenerse junto a la mesa para tomar a Tenten del brazo y hacer que se pusiera de pie. Shion también se levantó de inmediato.
—Sí. Pero ¿dónde nació? —preguntó Fugaku—. ¿Dónde vive esa familia que ella quiere visitar?
—En Inglaterra —respondió Hinata secamente y salió a toda prisa con las mujeres antes de que su padre pudiera hacerles más preguntas.
—¿Adónde vamos? —preguntó Shion mientras caminaban a través del patio.
—No estoy segura. Necesitamos ir a algún lugar en el que podamos hablar.
—Eso puede ser difícil. Tenemos compañía.
—Sí, ya lo sé —admitió Hinata al darse cuenta de que Naruto las había seguido.
Un momento más tarde miró hacia atrás y vio que Pequeño Killer B se había unido a Namikaze. A este paso, pronto sería un desfile. No habría posibilidad de hablar.
Al ver a Pequeño Killer B, Hinata se acordó del momento en que Shion había salido corriendo de la cabaña, tras oír el relato de Koharu. El gigantón había ido tras ella.
—¿Te molestó Estúpido Killer B esta mañana? Lo vi correr detrás de ti.
—Pequeño Killer B —corrigió Shion, luego se sonrojó.
Hinata la miró fijamente. Shion había sugerido el apodo Estúpido Killer B hacía unos cuantos días. Parecía que ya no creía que le iba bien. Interesante.
—No me molestó —añadió su prima, todavía muy sonrojada—. Él… nosotros… hablamos. Fue muy… eh… amable.
Hinata arqueó las cejas. A juzgar por la manera como su prima se estaba sonrojando, la amabilidad del gigante quizá no había sido muy diferente a la de Naruto. Se dio cuenta de que sus mejillas también se sonrojaban al recordar el beso.
—Es el hombre más fuerte y a la vez más amable que he conocido —dijo Shion de repente, y Hinata la miró horrorizada. Nunca la había oído hablar así de ningún hombre. Incluso parecía un poco trastornada.
Shion se dio cuenta y se sonrojó aun más, pero dijo con actitud desafiante:—Es muy agradable.
—Sí. —Hinata estuvo de acuerdo pronto para que su prima se calmara, pero, alarmada, pensó que su minúscula Shion estaba enamorándose del gran bruto. Era evidente que ella también estaba enamorándose de Naruto.
Al menos, no podía olvidar su beso. Mientras lady Ōtsutsuki le explicaba lo que pasaría cuando se acostase con él después de la ceremonia, Hinata se puso a pensar en Naruto, lo recordaba desnudo, recordaba cuando se durmió recostada contra su pecho… él la abrazaba y su mano rozaba su seno; recordaba su beso y la manera en que su cuerpo había reaccionado, la excitación, la pasión, el…
—¡Hinata!
Redujo la velocidad y se volvió a mirar hacia atrás, su rostro se iluminó con placer al ver al joven moreno que iba a su encuentro desde el campo de prácticas.
Kiba McInuzuka, el hijo de su vecino más cercano, tenía más o menos la misma edad de Sasuke. También era su amigo, de modo que ella sonrió feliz al verlo.
—Kiba. —Hinata lo acogió con una sonrisa mientras él la levantaba con estrecho abrazo y la balanceaba por el aire antes de volverla a dejar en el suelo. Luego hizo lo mismo con Shion—. ¿Qué haces aquí?
—Vine con mis hombres para combatir contra Greenweld —dijo y luego sonrió—. Tú sabes que no puedo dejar pasar la oportunidad de una buena pelea. Esta no ha sido nada del otro mundo. —Se encogió de hombros—. He mandado volver a casi todos mis hombres, pero yo me quedo hasta mañana por la mañana. Mi madre se pondrá furiosa si no regreso con la historia completa, y todavía me falta oír mucho. Sasuke y tu padre no han salido desde que todo terminó.
—Ah. —Hinata sonrió; luego se dio cuenta de que el joven estaba mirando a Tenten y los presentó—. La hermana Tenten, Kiba McInuzuka, nuestro vecino y amigo.
Los dos se saludaron, después Kiba miró a Hinata y a Shion con expectación.
—¿Veníais a practicar? Me encantaría una buena sesión.
Hinata dudó, pero cuando miró hacia atrás y vio a Naruto y a Pequeño Killer B que se apresuraban a dirigirse hacia ellas, asintió con firmeza. De todos modos no iban a poder hablar.
Deberían haberse dirigido a su habitación para planear su próximo movimiento; y lo harían, pero después de una buena pelea. Descontando la escaramuza en la abadía y la otra en el claro, no habían tenido una verdadera oportunidad de practicar desde que salieron para Saint Simmian.
—¿Es ése el inglés con el que se supone que vas a casarte?
—Sí.
Hinata no se molestó en mirarlos. Ella sabía que Naruto y Pequeño Killer B las iban siguiendo y se acercaban cada vez más.
—Parece cansado, pero también me han dicho que lo has estado forzando a una buena cacería.
—Todo el mundo se ha enterado —dijo Hinata, disgustada.
—Shisui le contó a Sasuke, Sasuke me lo contó a mí —dijo Kiba divertido. Le dio una palmada en la espalda y añadió—: Vamos, Hinata. Demostrémosle la calidad de la chica con la que va a casarse.
Se plantó delante de ella, sacó la espada y la atacó. Hinata estaba lista. Conocía a Kiba McInuzuka desde niña y estaba acostumbrada a sus ataques por sorpresa. De hecho, conocía todos sus trucos, por lo que le resultaba muy fácil enfrentarse a él.
—Es buena.
Naruto frunció el ceño al oír el comentario de Pequeño Killer B mientras observaban a su prometida rechazar los ataques del escocés moreno. Le pareció que se llamaba Kiba, al menos así creyó que ella lo llamaba.
También parecía muy contenta de verlo. Y no le gustó nada la manera en que la abrazó y la levantó del suelo; pero lo que menos le gustó fue ver la mano del hombre acercándose peligrosamente a su trasero cuando le dio esa palmada.
Sí, era buena, concedió. Él ya lo había notado en el claro al verla defenderse de los hombres que la atacaron y que después dijo que eran los Kyōdai. Desafortunadamente, le había preocupado demasiado su desnudez como para prestar mucha atención a su habilidad con la espada.
Pero era algo más que buena, se daba cuenta ahora. Fugaku Uchiha no había desperdiciado su dinero al mandar hacer la espada especial para ella. La blandía con pericia y utilizaba su ingenio para contrarrestar la fuerza de su oponente.
Un suave gruñido de Pequeño Killer B hizo que Naruto mirara a las otras dos mujeres. Shion y la hermana Tenten permanecían a un lado, contemplando a la pareja que se batía; pero ahora no estaban solas. Un fornido escocés pelirrojo se les había acercado y, tras charlar demasiado animadamente con Shion, se había cuadrado ante ella. Luego, como si tal cosa, los dos sacaron sus espadas y comenzaron a batirse.
A Naruto no le sorprendió que Shion, aunque más pequeña, fuera tan diestra como su prima. También le resultó interesante comprobar, por la cara que ponía Pequeño Killer B, que su amigo no parecía muy complacido, y se preguntó si no estaría surgiendo un idilio entre ese par.
Sin duda harían una pareja bien extraña, él tan grande y ella tan diminuta. Pero el amor se presenta en distintas medidas y formas.
Su mirada se deslizó hacia Hinata y vio cómo sonreía y reía; el color animaba sus mejillas mientras rechazaba los ataques del escocés moreno.
Era evidente que se estaba divirtiendo, lo mismo que su oponente, y de repente el encuentro parecía asemejarse a una danza romántica. Nunca había pensado en algo similar cuando luchaba, pero el ritual estaba ahí, en la manera en que se movían el uno hacia la otra, el encuentro de las espadas y el sonido de metal contra metal, la forma en que Hinata se daba la vuelta y se alejaba y luego volvía a encontrarse con la espada de él de nuevo.
Por supuesto, Naruto no podía apartar de su mente el recuerdo de la joven peleando desnuda, lo cual no era de mucha ayuda para él. Podía imaginar sus senos desnudos bajo la luz del sol de la tarde.
¡Demonios! ¿Habría algo en esa mujer que no lo excitara y no le hiciera pensar en llevarla a la cama? La pelea en el bosque había tenido el mismo efecto, como lo había tenido despertar abrazado a ella en el granero.
Llevarla con él en su caballo había sido tremendo, especialmente cuando Hinata se relajó lo suficiente como para quedarse dormida el último tramo del camino, acurrucada contra su cuerpo como un gatito dormido. Ahora, verla practicar con la espada le hacía desear tirarla al suelo ahí mismo y…
¡Demonios!, murmuró disgustado. Tenía que casarse y acostarse con ella pronto. Mientras tanto, tenía un exceso de energía que quería utilizar. Sacó la espada y se dirigió al campo.
Hinata levantó la espada para desviar el siguiente golpe de Kiba y se encontró con otra espada más alta que la suya. Dirigió la mirada hacia el lado, irritada, y clavó la vista en Naruto con sorpresa.
—¿Puedo? —preguntó él educadamente.
Kiba se retiró discretamente. Se retiró hacia donde estaba Tenten y se puso a observar junto a ella.
Hinata miró a Naruto y levantó abruptamente la espada para desviar el primer golpe de su prometido. Después de eso, se concentró en lo que estaba haciendo y se dio cuenta de que le faltaba aliento frente a la ferocidad del ataque.
Conocía a Kiba, sabía qué esperar, y desviar sus ataques era un pasatiempo relajante. A Naruto, sin embargo, no lo conocía, no sabía cómo se movía en la batalla; desde luego, era duro; arremetía contra ella sin ningún miramiento, y la joven se dijo que no podría resistir su ataque por mucho tiempo.
Entonces pensó en las muchas veces que había soñado despierta con esa situación, y en cómo solía acabar siempre su sueño… Así que, cuando Hinata se encontró con que Naruto le había quitado la espada y estaba indefensa frente a su próximo ataque lo único que pudo hacer fue mirarlo perpleja.
En sus sueños eran iguales en la pelea, o ella lo derrotaba, pero nunca la había derrotado él. En la realidad, sin embargo…
Maldita sea, la había derrotado, pensó con consternación. Decidió que prefería soñar despierta.
—Hinata, eres muy buena espadachina —Naruto se agachó para devolverle la espada que le había quitado de la mano—, pero no eres lo suficientemente agresiva. Le permites a tu oponente coger ventaja y te limitas a esquivarlo, esperando que se abra y dé el golpe de suerte. Tendrías que abrirte, porque si no estás en peligro de que tu oponente te canse y te gane.
—Yo le he dicho lo mismo muchas veces durante muchos años. Esta chica, simplemente, no escucha —afirmó Fugaku Uchiha llamando la atención sobre el hecho de que, junto con muchos otros, había ido a mirar la pelea. Tenía un público considerable, observó con irritación.
Con un gesto de disgusto, Hinata recibió su espada de las manos de Naruto y se acercó a donde estaban Shion y Tenten.
—Lo mejor es que te dirijas hacia el castillo, Hinata. —Se oyó la voz de su padre detrás de ella.
—Para allá iba —refunfuñó Hinata.
—Lady Ōtsutsuki te espera en tu habitación. Ve allí directamente.
—¿Por qué? —preguntó Hinata con cautela.
—Han llegado noticias de Namikaze. Está enfermo y no puede venir. La boda es dentro de una hora.
