LA ETERNA ESPERA.

11. La Orden del Rey.


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


—Estás preciosa, cariño.

Hinata se miró fijamente y se turbó. Era su noche de bodas. Ese pensamiento le daba vueltas y vueltas en la cabeza. Su noche de bodas. Después de todas sus escapadas y sus luchas para evitar el matrimonio, terminaba entregándose sin decir ni una palabra de protesta. Eso le resultaba bastante sorprendente. Pero, en realidad, no había tenido posibilidad de protestar.

«Han llegado noticias de Namikaze. Está enfermo y no puede venir. La boda es dentro de una hora», había dicho su padre.

Luego se había puesto en pie delante de ella y había dicho: «Reconozco que este matrimonio no me producía ningún entusiasmo, porque estaba enfadado con el padre de Naruto. Pero es un buen hombre, como su hijo. Naruto será un buen esposo, y hago esto por tu propio bien».

¿Hacer qué? —preguntó Hinata.

Su respuesta fue echar una mirada por encima del hombro y decir:

Shisui, toma cuatro hombres y escolta a las mujeres hasta la habitación de Hinata.

Y eso había sido todo. Shisui era uno de los mejores hombres de su padre y Hinata lo sabía. No había forma de escaparse de él. Los hombres las escoltaron hasta su habitación y las dejaron al cuidado de lady Ōtsutsuki, que se ocupó de que las bañaran y las vistieran adecuadamente.

Cuando todo estuvo dispuesto, escoltaron a Hinata hasta la planta baja, donde tuvo lugar la boda. Todos estuvieron muy contenidos. Shion y Tenten intercambiaban miradas, nerviosas, como si quisieran decir algo, pero guardaron silencio, lo mismo que Hinata, y dejaron que lady Ōtsutsuki y Sakura llenaran el vacío con charla insustancial y palabras tranquilizadoras.

Después, Hinata se vio de pie delante del obispo, con Naruto a su lado y su padre y todos los demás alrededor como testigos. No recordaba muchos detalles de la ceremonia, tenía sólo un vago recuerdo, pero seguramente había dicho lo que tenía que decir.

Luego, recordaba el banquete, muchos platos, exquisiteces a propósito para la ocasión… hasta que lady Ōtsutsuki la tocó en el hombro y la escoltó hasta la planta alta, con Sakura, Shion y Tenten siguiéndoles los pasos. La bañaron de nuevo, la perfumaron y la vistieron con ese camisón de encajes y lino casi transparente.

—¿Estás bien? —preguntó lady Ōtsutsuki de repente, mirándola con preocupación.

Hinata saltó de un pie al otro y sacudió la cabeza.

—Oh. —La mujer se mostró desconcertada unos pocos minutos, luego suspiró y dijo—: Sé que estás asustada, cariño. Pero no te dolerá mucho, ya te lo dije… y…

—No es eso —dijo Hinata rápidamente, porque no quería que Tenten y Shion pensaran que le daba miedo sentir un poco de dolor. Había luchado mucho, un pequeño dolor no era tan aterrador. Al menos, eso se decía a sí misma.

Pero, la verdad, las cosas eran extrañas. Ella no era cobarde. Hinata había peleado muchas batallas sin el más mínimo temor. Por otra parte, cuando lo hacía no iba pensando que la podían herir, incluso matar. Pero esta noche sabía que la iban a lastimar. No tenía opción.

Lady Ōtsutsuki le había dicho que a algunas les dolía un poco, a otras mucho y que era imposible predecir cómo le iría a ella. Pero, por lo que sabía, ninguna mujer había tenido una primera vez indolora. O, añadió con cierta ironía, al menos ninguna mujer de las que ella conocía.

Por tanto, Hinata sabía que le iba a doler. Y eso no era algo que buscara complacida. Pero que se fueran al diablo si creían que iba a admitir que estaba nerviosa por eso. Además, su camisón… eso ya era otra cosa totalmente diferente.

Hizo un gesto de desagrado al ver el lino casi transparente con el que la habían cubierto. Se trataba de un camisón de su madre que habían encontrado en un baúl viejo.

Afortunadamente, su madre había sido alta como ella y prácticamente de la misma talla porque el camisón le quedaba a la perfección. Hinata se miró en el espejo, entre asustada y complacida. Nunca había usado nada tan hermoso o delicado, pero no se sentía del todo cómoda así vestida.

Se sentía tremendamente vulnerable.

—¿Qué te pasa, cariño? —preguntó lady Ōtsutsuki.

Hinata la miró, luego miró a Shion, a Tenten y a Sakura, para después cruzarse de brazos con impotencia y admitir:

—Me siento desnuda.

—¡Oh! —Ante la leve y dulce sonrisa de lady Ōtsutsuki, Hinata paseó la mirada por la habitación.

—¿En dónde está mi…? —calló y se adelantó a coger su espada.

—¡Oh! —Lady Ōtsutsuki, que estaba a su lado, se la quitó en un abrir y cerrar de ojos—. No, no, querida. No la vas a necesitar.

—No la iba a usar —dijo Hinata tranquilizándola— sólo quiero tenerla a mi alcance. Yo…

—No —dijo lady Ōtsutsuki con firmeza y la empujó suavemente hacia la cama—; tú súbete ahí y espera. Todo va a salir bien. De verdad.

Hinata se dirigió hacia la cama, pero cuando vio por el rabillo del ojo que lady Ōtsutsuki, en ese momento le decía algo a Sakura, no la estaba mirando, se dio la vuelta con rapidez para coger su sgian dubh, que estaba sobre el arcón en el que lo había puesto, y luego se dirigió apresuradamente hacia la cama.

Desafortunadamente, lady Ōtsutsuki se dio la vuelta justo en el momento en que estaba ocultando el arma bajo las almohadas.

—¡Hinata! —Corrió a su lado y se agachó para coger rápidamente el arma—. ¡No!

—Pero si todo lo que quiero es tenerla cerca… Así me siento menos indefensa—protestó Hinata.

La madre de Sakura respiró profundamente y se sentó en un lado de la cama.

—Mi querida niña, sé que todo esto es nuevo y aterrador, pero no necesitas esas defensas. —Acarició con suavidad la mano de Hinata—. Confía en mí. Todo va salir bien. Naruto será suave y amable contigo, estoy segura.

—No lo sé, lady Ōtsutsuki —dijo Shion dudosa—. Namikaze no parecía muy complacido durante la cena, cuando Sasuke estaba relatando todo lo que Shisui le había contado acerca de lo que pasó desde que nos encontraron en Saint Simmian. — Hizo un ligero gesto—. No le gustó que todos se rieran de él. Quizá deba permitirle a Hinata que tenga cerca el sgian dubh.

—Shion, no estás siendo de mucha ayuda. —Lady Ōtsutsuki se pasó la mano por la frente, y la tristeza se dibujó en su rostro—. Sakura, cariño, será mejor que te lleves a las chicas y vayas a ver por qué se están retrasando los hombres.

—Sí, madre.

—Gracias. —Lady Ōtsutsuki esperó a que su hija y las chicas salieran del cuarto, y con una sonrisa forzada, le dijo a Hinata—: Si bien es cierto que Naruto sin duda estaba molesto por ser el blanco de las burlas de todo el mundo, ante todo es un hombre justo y no se vengará contigo. En realidad no es culpa tuya que a Sasuke se le ocurriera burlarse de él…

—Pero si yo no hubiera hecho todas esas cosas, Sasuke no se habría burlado de él.

—Sí, pero… —calló cuando la puerta se abrió y Sakura entró anunciando: —Vienen los hombres.

Lady Ōtsutsuki se puso en pie inmediatamente. Hizo una pausa para darle una palmadita a Hinata y susurrarle en tono tranquilizador:

—Todo va a salir bien. —Luego salió rápidamente de la habitación, llevando consigo el sgian dubh.

Naruto vio a las mujeres en la puerta de la habitación de Hinata e intentó ignorar la forma en que lo miraban. La hermana Tenten y Sakura parecían un poco nerviosas, una sonrisa tensa se dibujaba en sus labios, y Shion tenía un aspecto feroz, lo miraba de una manera que sólo se podía interpretar como advertencia.

Pensó que la pequeña escocesa estaba tratando de comunicarle con sus ojos que no fuera a maltratar a Hinata. El mensaje le llegó con toda claridad.

Estaba a punto de cruzarse con las mujeres que hacían guardia en la puerta del cuarto, cuando de repente se abrió la puerta y salió lady Ōtsutsuki.

—¡Oh! —Con una risa forzada, la mujer sacudió la mano a manera de saludo y dijo—: ¡Aquí está! ¡Oh! —Las últimas palabras fueron murmuradas en medio de un jadeo cuando se dio cuenta de que llevaba el cuchillo en la mano que había enseñado con el gesto de saludo, y rápidamente lo escondió tras su espalda—. Está lista para vos.

Naruto paseó la vista desde el arma que ella acababa de esconder hacia la espada que llevaba Sakura y frunció un poco el ceño. La espada se parecía a…

—¡Aquí estás! —Fugaku Uchiha le dio una palmada en la espalda y rió entre dientes—. Han desarmado a la chica, así podrás consumar los hechos sin ningún peligro.

Los ojos de Naruto se abrieron con incredulidad. ¿Habían tenido que desarmarla? Dios Santo. Eso era ridículo. Las mujeres hacían todo lo que podían para seducirlo, atraerlo o engañarlo para llevarlo a la cama, pero a su novia… ¡habían tenido que quitarle las armas para que se acostara con él!

—Adelante, entonces. —Fugaku lo empujó suavemente hacia la puerta—. Quizá cueste al principio. Si tienes problemas, llama.

El grupo empezó a dispersarse. Todos, exceptuando a lady Ōtsutsuki quien, después de un momento de duda, se acercó y le susurró unas palabras al oído, para que los otros no pudieran oírla:

—¿Puedo confiar en que serás gentil con ella? No tiene la culpa de que todos se hayan reído a tu costa esta noche. Y aunque parece fuerte y valiente, está tan asustada como cualquier virgen en su noche de bodas.

Cuando Naruto la miró, demasiado confundido para poder responder, la mujer le tocó el codo con algo que él pensó era el cuchillo de Hinata y dijo entre dientes:

—Prométeme que la tratarás bien.

—Lo prometo —dijo Naruto rápidamente.

—Muy bien. —Lady Ōtsutsuki se relajó un poco y sonrió pasándose la mano sobre el pelo—. Buenas noches, milord.

Naruto la miró sorprendido cuando se alejó caminando con serenidad por el corredor delante de los otros. Si alguna vez se había preguntado qué había visto lord Ōtsutsuki en esa mujer, además de su belleza, ya no tenía ninguna duda.

Apenas conocía a Hinata y, sin embargo, había actuado como una loba protegiendo a su cría. Evidentemente, era una mujer especial. Aunque, de alguna manera, se preguntaba si eso no debía de reflejarse en Hinata también.

La mujer tenía que haber visto en su novia algo que la hacía merecedora de una reacción así. No se sorprendió. Naruto había llegado a la conclusión de que su novia también era una mujer especial.

Esperó hasta que el corredor estuvo vacío de nuevo y luego entró en la habitación.

Hinata tenía la mirada fija en la puerta. Había escuchado la risa de su padre y el murmullo de voces, pero el silencio se había apoderado del corredor durante varios minutos y, no obstante, la puerta seguía cerrada.

¿Había decidido no molestarse en consumar el matrimonio? Quizá estaba pensado anularlo, después de todo. Hinata no estaba segura de sí una decisión tal la aliviaría o no.

Podía resultar embarazoso, pero en realidad no esperaba con mucha alegría los próximos minutos. No estaba demasiado versada en esos asuntos, pero entre lo que había percibido en las parejas entregadas a la labor y lo que le había dicho lady Ōtsutsuki, tenía la idea de que el asunto no iba a durar más que unos pocos minutos.

Eso era un punto positivo, se dijo. No iba a ser muy largo. Sería algo así como cuando le sacaron aquella muela; desde luego, no podía ser peor eso. Aunque, pensándolo bien, aquello había sido horroroso, le había dolido muchísimo, a pesar de que el sacamuelas la había obligado a beber un buen trago de uisge beatha.

El agua de la vida, o whisky como lo llamaban los ingleses, podía utilizarse para adormecer el dolor pero no pareció servir de mucho esa vez.

Esa noche Hinata no había bebido ni una gota de licor en la cena. Debería haber bebido. ¿En qué estaba pensando?

—Maldita sea —dijo entre dientes, moviéndose sobre la cama. Bueno, ya no tenía esperanzas. Era demasiado tarde para beber o para cualquier otra cosa. Su lema siempre había sido que el mal paso había que darlo rápido. Los malos tragos, cuanto antes mejor… Si su esposo se molestaba en entrar en el cuarto en algún momento, claro.

Hinata parpadeó ante sus propios pensamientos. ¿Esposo? Dios Santo, ahora estaba casada. Tenía un esposo. Ella era una esposa. Pero seguía siendo la misma, no había cambiado. Desde luego, no se sentía casada… aunque tampoco sabía cómo debía de sentirse una mujer casada…

Sus divagaciones se detuvieron de repente cuando, finalmente, la puerta se abrió y su esposo entró en la habitación.

Su novia estaba sentada en la cama. Naruto la vio nada más entrar. Al verla, hizo una pausa en la puerta. Esa mujer era como una caja de sorpresas para él. El recuerdo de la primera vez que la viera le hizo dar un paso atrás: Hinata con pantalones y túnica.

Nunca había visto a una mujer en pantalones. Empezaba a gustarle. Los trajes largos les quedaban muy bien a las mujeres, pero escondían su figura, y aunque los pantalones le cubrían a su novia hasta la más mínima parte de su cuerpo, también revelaban cada una de sus curvas. Le gustaba verla moverse con los pantalones.

Había disfrutado todavía más cuando la vio batirse desnuda. Pero esa tarde había llegado —la habían llevado a rastras era una descripción más apropiada— a su boda con un precioso vestido. Su pelo, por lo general cogido con descuido hacia atrás, estaba suelto y enmarcaba su rostro y caía sobre su espalda. Verla vestida así lo había sorprendido y le había quitado el aliento.

Y ahora, era otra sorpresa de nuevo. El pelo suelto, cepillado y brillante, caía sobre su rostro y sobre sus hombros. Llevaba el más fino de los camisones blancos que dejaba traslucir la sombra de sus pezones. Estaba adorable.

Más que eso, estaba cautivadora y deseable, lo cual no le sorprendió, pues él ya sabía que Hinata era cautivadora. Lo que le sorprendió fue que su flamante esposa, su amazona guerrera, su hermosa, fiera, valerosa y luchadora novia parecía… aterrorizada.

Sentada en la cama, con los ojos muy abiertos, el rostro pálido y los puños cerrados contra sus piernas, parecía tan asustada como una niña. Naruto cerró con cuidado la puerta y, de pronto, se encontró levantando las manos como lo hubiera hecho para acercarse a un caballo salvaje al que quisiera domar.

Pero no se acercó. Tampoco habló. No tenía idea de qué decir. ¿Qué iba a decir? No temas, todo saldrá bien. ¿Sólo pienso acercarme y enseñarte cómo son las cosas entre un hombre y una mujer?

Naruto no se esperaba eso. No sabía qué esperar. Hinata era una luchadora, y casi se había esperado una buena batalla. De hecho, todavía sospechaba que se podía dar.

Los animales asustados con frecuencia atacan cuando se ven acorralados. De repente agradeció que le hubieran quitado las armas. Aunque había disfrutado las peleas que habían tenido hasta el momento… bueno, quizá no, se dijo al recordar la ocasión en que ella le dio una patada en la entrepierna.

Esperaba que esa noche no se comportara así… No es agradable que a uno le corten su virilidad la noche de bodas.

—Bueno, ¿qué esperas? Ven aquí y hazlo de una vez para que podamos dormir.

Naruto parpadeó sorprendido al oír la brusca exigencia. Hinata había cambiado en un abrir y cerrar de ojos. Ya había desparecido la mirada de terror.

La mujer que lo miraba ahora era toda determinación. Aún estaba pálida y parecía tensa, de modo que quizá sólo es tuviera haciéndose la valiente.

Se obligó a relajarse, no iba a ayudarla si él seguía tenso, de modo que se acercó paseando la mirada por la habitación mientras decidía cómo proceder. No tenía la intención de acercarse y «hacerlo» como, de modo tan encantador, había dicho ella.

No quería lastimarla, aunque pensó que sería posible la primera vez. Pero Naruto estaba acostumbrado a seducir a las mujeres, no…

—La cama está en esta dirección.

Movió rápidamente la cabeza al escuchar el sarcasmo en las palabras de Hinata y la miró con el ceño un poco fruncido.

—Vamos, vamos, hagámoslo —insistió ella, retirando las sábanas para dejar al descubierto el resto del camisón que llevaba.

—Hinata —dijo él con calma—. No tengo ninguna intención de sólo… ¿Quieres beber algo? —preguntó, interrumpiéndose al ver que ella empezaba a ponerse más tensa.

Su novia soltó un enorme respiro de alivio.

—Sí. Claro que sí; no he bebido nada en el banquete y creo que lo necesito, me vendría bien, sí.

Salió de la cama mientras decía esto y se lanzó a la puerta pasando delante de él.

Naruto percibió su perfume. No sólo la habían bañado, le habían puesto polvos y la dulce esencia de las flores flotaba a su alrededor a su paso. Extrañamente, se sintió un poco decepcionado.

Todas las mujeres que había seducido tenían una aroma similar. Empolvadas, perfumadas y dulces. Hinata no era nada de eso. Por lo general, olía al aire fresco de los bosques junto con cierto almizcle que era su fragancia personal.

Prefería eso, pero pensó que no podía decírselo; luego sonrió divertido cuando Hinata abrió la puerta que él acababa de cerrar y bramó en el corredor.

Hinata golpeó la puerta, respiró profundo y luego se volvió a mirar a Naruto, que la observaba con una sonrisa extraña en el rostro. Esto la hizo mirarse el camisón y hacer un gesto al verlo. Nunca en su vida había usado nada tan delicado y femenino; y se sentía muy extraña.

—Lady Ōtsutsuki lo encontró e insistió en que lo usara —explicó, controlando el impulso de cruzar los brazos sobre su pecho para cubrirse. No sabía por qué quería hacerlo, él la había visto desnuda cuando se estaba bañando en el lago el día en el que los atacaron.

Pero esto parecía diferente. Se sentía distinta. Por lo general era segura y confiaba en sí misma y en lo que hacía, pero sabía qué hacía. En ese momento se sentía casi sin aliento. Y eso no le gustaba.

Hizo una mueca de disgusto, se estrelló contra las sillas que estaban junto a la chimenea y se echó sobre una, luego lo miró para ver qué haría después. Durante un momento, él no hizo nada, luego su mirada se detuvo en la bañera que seguía en medio de la habitación y se acercó a ella para meter una mano y verificar si el agua todavía estaba caliente.

Hinata sabía que sí lo estaría. Estaba hirviendo cuando se bañó, y de eso sólo hacía unos minutos, que, desde luego, le habían parecido eternos. Como la temperatura del agua era agradable, Naruto empezó a desvestirse; Hinata cruzó las piernas delante de ella, en la silla, y se instaló a observar.

No le avergonzaba nada hacerlo. Bueno, se habría molestado si él hubiera hecho algún alarde, pero Naruto prefirió ignorarla y dedicarse a lo que estaba haciendo.

El plaid cayó primero, y ella escondió una pequeña sonrisa al ver el gesto que él hizo con la nariz al quitarse la prenda.

Sasuke le había contado muy divertido que Naruto había oído, y obviamente lo había creído, la historia de que los escoceses tenían colores que distinguían los clanes. Que había cambiado con su padre un jubón dorado y unos pantalones por su plaid.

Todos se habían reído mucho porque sabían que eso no era cierto. Cada clan tenía sus amigos y sus enemigos. Sólo un loco habría recorrido Escocia llevando un traje que proclamara sus lealtades, una acción que podría haberle acarreado la muerte.

Quizá algún día habría paz y podrían hacerlo, pero en estos momentos no lo hacían. Si un clan llevaba los mismos colores en algún momento, se debía a que ésos eran los colores que Dotō Akimichi tenía para diseñar el tejido.

Por lo general tenía en existencia mucha tela, hasta que se agotaban los colores, entonces sacaba un nuevo diseño para una buena cantidad de tela. Pero eso no lo convertía en el diseño del clan.

Hinata pensó que tendría que decírselo algún día. No quería que su marido ignorara esas cosas para que se rieran de él.

Se le olvidaron todas sus preocupaciones cuando Naruto se quitó la túnica. Hinata se quedó perpleja al verlo. Tenía un cuerpo perfecto, y era un verdadero placer mirarlo… exceptuando esa cosa entre sus piernas.

Trató de no mirar esa monstruosidad. Sólo la hacía pensar en que la esperaba, y en el dolor y la sangre que le había mencionado lady Ōtsutsuki. No quería pensar en eso ahora, por tanto trató de no mirar de la cintura hacia abajo y centró la atención en su pecho y en sus brazos. Tenía un torso adorable, pensó, y sintió un deseo muy extraño de tocarlo, de pasar la mano suavemente sobre su piel y…

Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Hinata se levantó de la silla y se acercó a la puerta para abrirla. Era una sirvienta con el whisky que había pedido. Pero no era whisky. Hinata vio con irritación que era vino.

— Samui, yo he pedido uisge beatha. Qué…

—No nos queda —dijo Samui disculpándose—. Lady Sakura lo usó todo para detener el ataque de Greenweld. Ordenó tirar los barriles sobre la muralla hacia la explanada y luego les ordenó a los hombres que dispararan flechas encendidas contra ellos para provocar un incendio.

—Oh. —Hinata arqueó las cejas—. ¡Qué inteligente!

—Sí. Todos nos sentimos orgullosos de ella. — Samui hizo un gesto de agrado y luego preguntó—: ¿Deseáis alguna otra cosa?

—No. Gracias. —Hinata le sonrió, luego cerró la puerta y se volvió a tiempo de ver a Naruto entrando en la bañera. Miró su trasero con fascinación al verlo moverse y volvió a pensar que era el más bello que había visto. Quizá llegaría a tocarlo después. Tenía curiosidad por saber si era tan duro al tacto como a la vista.

—¿Me das un vaso?

La voz de Naruto la sacó de su ensimismamiento y empezó a moverse de nuevo. Puso sobre un arcón la bandeja que Samui había llevado con los vasos y el vino, le sirvió un poco a él y luego se sirvió a sí misma; después, se dirigió con los dos vasos hacia la bañera para ofrecerle el suyo a Naruto.

Eso le dio la ocasión de echar una mirada más de cerca al pecho de su esposo y tuvo que morderse la lengua para no soltar un silbido de admiración. Al menos, tenía un marido muy guapo, un marido al que resultaba un placer mirar.

—Gracias —murmuró Naruto al coger el vino que le ofreció—. ¿Podrías frotarme la espalda?

Hinata dudó. Su primer impulso fue decirle que se frotara él mismo su maldita espalda. No era una sirvienta. Pero se dio cuenta de que tendría la oportunidad de tocar todos esos músculos y se acercó para arrodillarse en el suelo detrás de la bañera.

Puso su vaso en el suelo, tomó en sus manos el trozo de tela que le habían llevado para bañarse y lo restregó en el jabón, luego se detuvo divertida. Era el jabón de flores de lady Ōtsutsuki. Ahora él olería como un jardín en verano. Se encogió de hombros y siguió enjabonando la tela. No había otro jabón. Además, olería mejor que el plaid de su padre.

Puso el jabón en el suelo, contempló la espalda de Naruto, luego cogió el vaso de vino y se lo bebió de un trago antes de entregarse a la tarea. Su espalda era fuerte y a la vez suave. Hinata pasó la tela sobre su piel una y otra vez, luego la soltó y usó sus manos, haciendo espuma con el jabón que ya le había aplicado, masajeando la piel con fascinación.

—Mmmm, qué agradable.

Su murmullo la sobresaltó. Casi se le había olvidado que él estaba allí. Bueno,

olvidar… no exactamente, pero…

—¿Podrías frotarme también el pecho?

Hinata se puso tensa. Cerró los ojos. ¿Su pecho? Pensó en el juego de sus dedos sobre su piel y sintió que el deseo de hacerlo casi le producía escozor en las manos. Necesitaba un estimulante y tomó el vaso de vino, pero estaba vacío, de modo que estiró el brazo sobre el hombro de él para quitarle el suyo.

—¡Eh! —Naruto volvió la mirada pero le dio la risa al ver lo que Hinata estaba haciendo—. ¿Tienes sed? —bromeó, y ella hizo un gesto de pocos amigos ante su mirada.

—Una vez me sacaron una muela —dijo entre dientes, poniendo el vaso vacío a un lado y moviéndose hacia adelante para poder llegarle al pecho.

—¿Sí? —preguntó Naruto con evidente confusión—. No te sigo. Hinata volvió a coger la tela y empezó a frotar la contra el jabón.

—Fue de lo más desagradable y doloroso, pero no tan desagradable y doloroso como hubiera sido si no me hubiera bebido una botella de whisky antes.

—¿Y piensas que esto va a ser igual? ¿Que será como cuando te sacaron una muela? —Parecía ofendido.

—Lady Ōtsutsuki me explicó lo que iba a pasar.

Naruto permaneció en silencio. Ella puso el jabón a un lado y empezó a pasarle la tela jabonosa sobre el pecho. Podía sentir que la miraba, y se dio cuenta de que quería decir algo, por tanto no se sorprendió cuando finalmente le oyó decir:

—Mira, no tiene que ser totalmente… ¿huelo a flores?

Hinata estuvo a punto de soltar una carcajada cuando él le cogió la mano y se llevó la tela a la nariz.

—Dios Santo, este jabón es de flores, voy a oler como una mujer… —Parecía aterrorizado ante la idea.

Hinata se rió.

—No vas a oler… ya hueles así. —Se burló de él y liberó la mano para seguir bañándolo, pero él la volvió a coger para tratar de detenerla.

—No, olvídate del jabón entonces.

—Ni hablar. Hueles deliciosamente —bromeó. Cogió la tela con la mano que tenía libre y empezó a pasarla sobre él de nuevo.

—Bruja —dijo Naruto entre dientes y le cogió la otra mano.

—¿Soy una bruja? —preguntó Hinata, riendo al ver la expresión malhumorada de Naruto. Volvió a coger la tela con la mano que tenía libre. Naruto trató de agarrarle esa mano inmediatamente, pero Hinata la puso fuera de su alcance riendo.

—Dame la tela, Hinata. —Le había soltado el brazo de nuevo y se había echado hacia adelante en la bañera para rodearla con ambas manos y tratar de coger la tela. Craso error, pensó Hinata divertida mientras cogía el jabón, que estaba en el suelo.

Minutos después estaba pasándoselo sobre el pecho mientras él luchaba por quitarle la tela.

Naruto rezongó con ira y dejó de lado la tela para coger el jabón. Enseguida, Hinata empezó a pasarle la tela jabonosa y con olor a flores sobre los brazos, el pecho y cualquier lugar al que pudiera llegar.

Estaba pasándoselo muy bien, hasta que él le agarró la muñeca. Entonces empezaron una lucha abierta. La tenía cogida de las dos muñecas, y ella tenía los brazos en alto para evitar que él le quitara la tela.

El forcejeo la obligó a echarse hacia adelante, apoyada en las rodillas. Su estómago hizo presión contra un lado de la bañera, pero su pecho de repente quedó haciendo presión sobre el de él mientras luchaban.

Naruto estaba tratando de juntarle las manos sobre sus cabezas, aprisionándolas con una mano mientras trataba de quitarle las armas con la otra; ella se defendía con valor. Pero él era más fuerte, y cuando Hinata se dio cuenta de que estaba a punto de perder la batalla, se alejó un poco y dejó caer la tela para que él pudiera cogerla y la soltara a ella por un momento.

De esta manera, esperaba ingeniárselas para conservar el jabón. Al menos lo lograría si él caía en la trampa y la soltaba para tratar de coger la tela. Pero cuando los dos trataron de descubrir dónde había caído, se quedaron casi paralizados al ver que asomaba sobre el agua en forma de tienda de campaña.

Había aterrizado sobre algo. Algo que empezaba a sobresalir fuera del agua desde su entrepierna.

Hinata arqueó las cejas. Parecía que no era la única que se estaba divirtiendo, pero no tenía ni la menor idea de por qué su juego lo estaba excitando. ¿O sí la tenía?, se preguntó al ver que la mirada de Naruto se dirigía a la parte delantera de su camisón.

Siguió esa mirada. El camisón se había empapado en la breve refriega, ahora era totalmente transparente y se pegaba de modo adorable a su pecho. Se veía claramente que sus pezones estaban tan erguidos como el miembro de Naruto.

Hummm, pensó. Eso era muy interesante. Nunca lo habría esperado. La pelea, en serio o en broma, nunca había producido ese efecto en ella.

Levantó la mirada hacia el rostro de Naruto casi sin quererlo, y él se aprovechó de su movimiento, se adelantó rápidamente y presionó sus labios contra los de ella. Hinata intentó echarse hacia atrás, en una reacción automática, pero él le soltó las muñecas y deslizó una mano por su espalda y la otra por la parte trasera de su cabeza para sostenerla tal como estaba.

Hinata no estaba en absoluto acostumbrada a que dirigieran de esa forma sus movimientos. Por lo general era ella la que ejercía el control. Se quedó quieta, pero su boca se abrió para emitir un grito ahogado y luego otro, después respiró profundamente ante la impresión que le produjo sentir que la lengua de Naruto se deslizaba en su boca.

Nadie la había besado antes. Un chico lo había intentado cuando era muy joven, pero ella lo había rechazado y le había dado una paliza de la que se acordaría toda la vida. Y sólo se había tratado de un beso en la mejilla.

Había visto a otros besarse, pero por lo general miraba hacia otro lado porque eso sucedía sólo en raras ocasiones, como cuando doblaba una esquina y se encontraba de repente con una pareja. Hinata no tenía ni idea de que las lenguas tenían algo que ver en el asunto.

No se resistió, pero se quedó quieta ante la arremetida, la curiosidad no le permitía moverse. Ese asunto de los besos era interesante. La lengua de él se movía sobre la de ella y hacía un recorrido en su boca como si estuviera buscando un diente dañado, lo que, en su humilde opinión, debería ser desagradable.

Pero había algo en el gusto y el contacto con él, algo en su forma de besarla… que empezaba a resultarle bastante agradable. Su boca se movía sobre la de ella, su lengua en su boca, y su mano presionaba suavemente contra su pecho. Hinata empezó a sentir un extraño deseo… Lo que quería dejarse llevar y responder con su cuerpo.

Cuando la mano de Naruto se deslizó entre los dos y se cerró sobre uno de sus pechos, ella se sorprendió a sí misma al dejar salir una especie de quejido; finalmente se relajó y dejó que su cuerpo respondiera a las caricias.

De inmediato Naruto tiró un poco del pelo de ella para que su cabeza se echara hacia atrás, y deslizó sus labios suavemente hacia su garganta. Hinata de nuevo emitió un quejido, luego hizo presión con su mano sobre la mano de él, como estimulándolo. Le gustaba lo que él hacía, y quería más.

Naruto soltó una sonrisa ronca al sentir esa exigencia y, en lugar de responder a ella, le soltó el pecho.

Hinata empezó a hacer un ligero gesto de desagrado cuando él la cogió por el talle, la levantó del borde de la bañera, donde ella estaba sentada, y la llevó hacia su regazo dentro del agua.

Ella no chilló como una chiquilla, ni se alejó. En lugar de ello, llevó su mano hacia la cabeza de Naruto y atrajo su cara hacia la suya. Él respondió de inmediato, besándola de nuevo y volviendo a situar su mano sobre el pecho de su esposa; después de unas suaves caricias, centró su atención en el pezón erecto, pellizcándolo a través de la tela y jugando con él con el dedo gordo y el índice.

Hinata exhaló un suspiro de satisfacción en la boca de él, estaba muy feliz con el desarrollo que iban teniendo las cosas.

No se molestó lo más mínimo cuando él interrumpió el beso e hizo correr sus labios sobre su mejilla y los dirigió hacia la oreja. Hinata se encontró moviéndose, arqueándose y retorciéndose ligeramente en su regazo mientras él le exploraba la oreja, el cuello y luego se dirigía hacia la clavícula y el hueco que hacía allí.

Cuando, de repente, la lengua de Naruto se detuvo al llegar al pezón que había estado acariciando, Hinata estuvo a punto de desmayarse, pero luego volvió a emitir un quejido mientras toda clase de interesantes reacciones corrían por su cuerpo.

Dios Santo, esto era bueno. ¿Por qué nadie se lo había contado? Sospechaba que tal vez sería mejor sin que la tela húmeda se interpusiera entre ellos, pero como era novata en el asunto, mantuvo la boca cerrada y evitó hacer sugerencias.

Además, Naruto la distraía, tanto con su boca como con sus, ahora, viajeras manos. Una de ellas estaba en su espalda, sosteniéndola, mientras la otra, la que había estado acariciando su seno antes, había pasado al estómago, le había acariciado la cadera y la parte exterior de la pierna y ahora viajaba hacia la parte interior de su muslo.

Hinata no tenía ni idea de que esa parte de su cuerpo pudiera ser tan sensible. La piel que se había limitado a cubrir sus huesos perezosamente, de repente estaba viva y casi invadiendo su cuerpo al contacto de los dedos callosos que pasaban sobre ella.

Sin darse cuenta, sus piernas se abrieron para darle más espacio a él, luego volvió la cabeza y apretó los dientes sobre su hombro al sentir que sus dedos se dirigían hacia su parte más central.

Hinata se movía bajo él, chupaba la piel de su hombro y lo mordisqueaba excitada al sentir sus caricias. Estaba casi trastornada y no sabía qué hacer, quería pedirle que se detuviera porque una sensación de frustración se iba apoderando de ella, pero al mismo tiempo no quería que se detuviera porque se sentía muy bien.

De hecho, no tenía idea de qué demonios quería.

Naruto parecía saberlo, no obstante, y por primera vez en su vida Hinata se vio obligada a perder el control de lo que pasaba y permitirle hacer lo que consideraba correcto. Hasta que, de repente, dejó de tocarla y apartó la boca de su seno.

Hinata soltó el hombro que inconscientemente estaba mordiendo y parpadeó antes de abrir los ojos para mirarlo.

—¿Qué?

Naruto se limitó a reír entre dientes al oír su protesta. Estaba levantándola en sus brazos y poniéndola de pie en la bañera. Hinata tendió los brazos alrededor de su cuello y contuvo el aliento. Era una mujer grande, alta y fuerte.

La mayoría de los hombres no habría podido levantarla tan fácilmente. Para Naruto no pareció ser un problema, pero ella siguió aferrándose a él mientras la sacaba de la bañera y la llevaba hacia la cama.

La puso allí y le quitó el camisón con rapidez, luego le dio un suave empujón dejándola caer de espaldas sobre el lecho.

Hinata se sentó y empezó a moverse para hacer le sitio, pero no llegó a moverse mucho antes de que él le cogiera el tobillo para que se quedara donde estaba mientras entraba en la cama a su lado.

—Quieta —le ordenó, y Hinata hizo un gesto de desagrado. Había sonado como una orden que se le da a un perro, y ella no era ningún perro.

—No pienses que vas a poder mandarme sólo porque eres mi esposo —le dijo con firmeza—. No soy muy buena para escuchar a un inglés mandón y arrogante…¡ayayayayyy! —Hinata casi se desmaya cuando él, de repente, tiró de su tobillo, lo separó del otro y se inclinó para poner su boca en el lugar donde, momentos atrás habían estado sus manos.

Estaba apenas medio sentada porque Naruto, sin siquiera mirarla, le puso una mano sobre el pecho y la empujó hacia la cama.

Hinata se sintió tan confundida que se habría sentado de nuevo, pero su cuerpo estaba teniendo problemas con sus reacciones contradictorias y sus caderas, de repente, estaban moviéndose en respuesta a las caricias de su esposo.

Es difícil quedarte sentada cuando tus caderas se mueven de esa manera. Además, ahora casi no sentía deseo alguno de permanecer sentada. Ahora quería coger algo y apretarlo.

El trasero de él le vino a la mente, pero no estaba a su alcance como casi todo, por lo que tuvo que contentarse con coger el cojín que estaba a un lado y meter sus dedos entre los pliegues de la suave tela mientras él le hacía cosas que le daban tanto gusto que casi creyó que podía morir sólo del placer que le proporcionaba.

Hinata no fue capaz de pensar mucho durante unos pocos minutos, pues lo que él le estaba haciendo la dejaba sin posibilidad de pensar. Era consciente de que estaba gimiendo y jadeando, y haciendo toda clase de ruidos nada delicados, pero no habría podido evitarlos aunque lo hubiera querido.

Toda su energía y atención estaban centradas en la excitación y la tensión que él estaba provocando en su interior. Su cuerpo se estremecía de placer mientras él hacía milagros con la boca y con la lengua.

Hubo un momento en el que ya era demasiado, entonces trató de cerrar las piernas y obligarlo a detenerse, pero Naruto se limitó a poner los brazos sobre sus caderas y abrirlas para luego redoblar sus esfuerzos hasta hacerla sollozar con desesperación.

Ella no sabía qué era en realidad lo que él estaba haciendo, no sabía por qué, no sabía qué debía hacer. Nunca se había sentido tan fuera de control o tan indefensa, nunca había experimentado el placer-dolor intenso que él le estaba proporcionando.

Sus caderas se retorcían. Su cabeza iba y venía sobre la cama y podía escuchar sus quejidos. Fue entonces cuando sintió que algo entraba en ella. No sabía qué, porque Naruto no estaba en una posición como para hacer lo que lady Ōtsutsuki le había dicho que él haría, pero no le importaba de qué se trataba, ahora todo se centraba en el repentino aumento de tensión que eso le produjo.

Hinata se rindió ante las caricias y por último sintió que la tensión había explotado en su interior. Todo su cuerpo pareció vibrar y estremecerse, entonces, gritó con fuerza y clavó las uñas en las sábanas con tanta desesperación que pensó que las rompería.

Vagamente, como en sueños, se dio cuenta de que Naruto empezaba a levantarse. Cuando él se acercó para cubrirla, sus manos lo abrazaron por su propia cuenta mientras su boca se abría ante el beso agotador que él exigió de sus labios.

Luego, se deslizó dentro de ella, y Hinata se puso tensa, arqueándose como una flecha bajo su cuerpo. Un grito de sobresalto se escapó de sus labios.