LA ETERNA ESPERA.

12. Esposa & Esposo.


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Naruto se obligó a permanecer totalmente quieto. Creía que había logrado romper su himen mientras Hinata estaba totalmente relajada después del placer que le había proporcionado, pero el fuerte grito que emitió su esposa le hizo preguntarse si se había equivocado.

Ahora que estaba dentro de su tibia y húmeda profundidad, y su cuerpo ansiaba moverse, no sabía qué hacer. La tarea no era fácil. Ella estaba tan apretada y caliente a su alrededor, sujetándolo, que él simplemente quería…

—¿Estás bien? —preguntó Naruto casi sin aliento. Hinata movió la cabeza hacia atrás para mirarlo, y él notó que ella era lo suficientemente audaz como para manifestar sorpresa ante la pregunta.

—Sí. ¿Por qué me lo preguntas?

—Has gritado —le respondió él en un tono tan seco como el polvo.

—Oh. —Ella encogió los hombros debajo de él—. Fue la sorpresa, y por lo que me había dicho lady Ōtsutsuki yo estaba esperando dolor.

Naruto se puso tenso.

—¿Quieres decir que no te ha dolido? De nuevo encogió los hombros.

—Sólo una pizca. Nada por lo que merezca la pena preocuparse. Naruto la miró fijamente, no estaba seguro de si debía creerla.

—¿Tienes algún dolor ahora?

Ella levantó las cejas, luego se movió un poco bajo su cuerpo y sacudió la cabeza, negando.

—No.

—Gracias a Dios. —Naruto respiró entrecortadamente y se retiró un poco, luego se dejó caer de nuevo e hizo que ella diera un grito ahogado. Logró detenerse y preguntó: —¿Ahora?

—¿Ahora qué? —murmuró Hinata moviendo las manos y abrazándolo mientras se contoneaba debajo de él, de nuevo.

—¿Sientes algún dolor, o puedo seguir? —Naruto no quería que se notara su fastidio, pero la situación se le estaba yendo de las manos. Ella era tan práctica, y él solo quería…

—No, ningún dolor. Sólo parece un poco extraño.

—¿Extraño? —preguntó Naruto—. ¿Qué quieres decir con extraño? Hinata volvió a alzarse de hombros.

—Extraño. Sencillamente extraño. Todo me resulta extraño —señaló, luego pareció darse cuenta de lo que él había dicho y preguntó—: ¿Seguir? ¿Hay más?

Naruto cerró los ojos e hizo acopio de paciencia.

—Sí, esposa, hay más.

—Lady Ōtsutsuki no mencionó nada más —dijo entre dientes, luego se encogió de hombros y movió la cadera, abriendo más las piernas—. Bien, parece que ella se dejó muchas cosas por decir.

—Hinata… —dijo él apretando los dientes.

—¿Sí?

—No puedo aguantar mucho más, por favor dime si puedo continuar.

—¿Aguantar qué? —preguntó ella, luego algo en la expresión de Naruto debió de prevenirle que no estaba de humor para conversaciones y dijo—: Adelante, entonces. Continúa.

Él respiró aliviado y se apretó contra ella.

Hinata se quedó quieta un rato. Los músculos de sus piernas y de todo su cuerpo, en realidad, estaban temblando por lo que le había hecho antes de quitarle la virginidad.

Y, de verdad, desde los primeros movimientos ella no tenía idea de qué significaba ese vaivén hacia afuera y hacia adentro.

Luego cuando Naruto cambió un poco su posición, así como el ritmo de sus movimientos, Hinata empezó a darse cuenta. Se excitaba cada vez más, su cuerpo empezaba a tensarse.

Entonces le puso las manos sobre la cabeza y la atrajo hacia sí, quería un beso. Él respondió a la silenciosa exigencia, apretó su boca contra la de ella y le metió la lengua a la vez que su cuerpo la invadía por completo.

Hinata lo besó también con la misma agresividad, metiendo también su lengua para que se enredara con la de él. Mantuvo la presión sobre su cabeza pero hundió los dedos de su otra mano en la carne bajo su hombro, atrayéndolo hacia sí. Eso fue diferente a todo lo que había experimentado.

Hinata no sabía había algo tan maravilloso como eso en la vida. Ahora comprendía por qué tanto quejido, y no todos eran de dolor. Dios Santo, eso era mejor que montar a caballo a toda velocidad en el bosque. Era mejor que nadar desnuda en un lago frío un día de caluroso verano. Era… bueno, era mejor que una batalla.

Ése fue el último pensamiento coherente que tuvo Hinata, luego su cuerpo fue el protagonista, la maravilló con una ola tras otra de placer hasta arrancarle un grito, sus músculos se aferraban a los de él y lo mantenían contra ella.

Casi no percibió el grito de Naruto cuando los dos se encontraron y luego cayó sobre ella y ambos quedaron temblando y tratando de recuperar el aliento. Después de un momento, Naruto hizo un ruido bajo que salió de su garganta, después rodó con ella hasta quedar de espaldas a su lado.

Deslizó el brazo por su espalda y la atrajo hacia él para que quedara casi totalmente contra su pecho, con la cabeza descansando en su brazo. Hinata no protestó, encontró que la maestría que él tenía era muy atractiva.

Estuvieron así durante unos cuantos minutos, luego levantó la cabeza, lo miró a la cara y le preguntó: —¿Podemos hacerlo de nuevo?

Naruto abrió desmesuradamente los ojos y volvió la cara para mirarla con una expresión bastante impresionada. Luego se le escapó una carcajada y atrajo hacia sí la cabeza de ella.

—Dentro de un minuto. Deja que me recupere.


Hinata se despertó al salir el sol. Era su costumbre, pero apenas pudo abrir los ojos y mirar hacia la ventana, hizo un gesto de disgusto al encontrarse con los rayos del sol.

Estaba exhausta y no tenía idea de por qué hasta que oyó un ronquido y miró hacia el otro lado.

Había un hombre en su cama. No era cualquier hombre. Era Naruto Namikaze. Su esposo. Estaba echado boca abajo, a su lado, con la cabeza hacia ella. Se quedó mirando su cabellera dorada y su rostro dulce descansando y sintió una punzada en el pecho.

Quería pasar los dedos por sus rizos dorados. También quería suavizar con sus dedos su frente, que tenía unas pocas arrugas que parecían anunciar que sus sueños lo estaban perturbando. También quería seguir la línea de su nariz para llegar hasta los labios que le habían dado tanto placer.

Pero, en realidad, lo que más deseaba era apretarle el trasero.

Hinata hizo un gesto ante esa idea. El trasero de Naruto la había fascinado desde la primera vez que lo vio. Era tan redondo y tan bello… Se moría de curiosidad por saber si era suave o duro.

Las otras partes de su cuerpo eran sólidas como las rocas. Exceptuando sus labios, pensó, que podían ser muy suaves cuando la besaban. Pero quería saber si su trasero era tan duro como el resto de su cuerpo o si sólo era un cojín para sentarse.

Se habría avergonzado si alguien se hubiera enterado de su repentina fascinación por el hombre que estaba a su lado. Pero como nadie lo sabía y él ahora era su esposo, tendido sobre su pecho con el culo al aire, pidiendo ser tocado…

Hinata se sentó y retiró con suavidad la sábana que cubría la parte baja del cuerpo de Naruto hasta que dos globos redondos quedaron a la vista. Luego miró rápidamente para verificar si lo había despertado.

Satisfecha al ver que todavía dormía, se acercó al área que ahora estaba expuesta al aire e intentó poner con suavidad un dedo sobre la nalga más cercana. La piel se hundió un poco al tocarla. No era tan dura como lo demás. Sonriendo, dejó que toda su mano tomara posesión de la superficie redonda y luego la apretó con suavidad.

Naruto murmuró inmediatamente algo en sueños y se dio la vuelta para quedar sobre su espalda. Ahora Hinata estaba ante la parte frontal de su esposo, desnudo. Para su gran sorpresa, si bien él dormía, su asunto no.

Estaba tan duro como la bandera del rey. Todavía le parecía monstruosamente grande, pero ya no le tenía miedo a su tamaño. Para su gran placer, Naruto había comprobado una y otra vez esa noche que ella podía acogerlo.

Él no había necesitado demasiado tiempo para recuperarse del primer encuentro antes de demostrar que estaba listo para el segundo, y éste había sido igualmente placentero. Después, se había quedado dormida con una sonrisa en los labios para ser despertada algo más tarde por las caricias perezosas y los besos apasionados de Naruto.

Hinata le miró el rostro y se preguntó si estaría dispuesto a complacerla si se despertaba. La erección que estaba luciendo parecía indicar que había buenas perspectivas. Quizá si se acostaba y se hacía la dormida y luego hacía algún ruido para despertarlo…

Naruto resopló en sueños y Hinata tuvo que contener una carcajada; luego su mirada se fijó de nuevo en su virilidad. Se habían bañado en el agua tibia después de la primera vez que la despertara, y ella se había despertado después en la agonía de un sueño apasionado en el que él estaba entre sus piernas complaciéndola con la boca como lo había hecho antes de quitarle la virginidad, y cuando abrió los ojos pudo comprobar que no era un sueño… Él estaba de rodillas entre sus piernas haciendo precisamente eso.

Hinata no era totalmente ignorante, pero no sabía que un hombre podía hacerle eso a una mujer. Una vez había visto a una de las sirvientas de rodillas haciendo algo parecido con un hombre.

Es imposible no ser testigo de ese tipo de cosas cuando vives en un castillo y los sirvientes duermen en el salón central. Hinata recordaba claramente el desconcierto que había experimentado.

Entonces no estaba totalmente segura de qué hacía la pareja, pero ahora sí lo sabía y comprendía por qué el hombre se estaba quejando como una vaca a punto de parir. De repente, se le ocurrió que sería interesante despertar a Naruto así.

Ciertamente había disfrutado la experiencia, y quizá después él no estaría molesto con ella por haberle perturbado el sueño, lo que quizá lo llevaría a complacerla de nuevo.

El único problema era que ella no estaba realmente segura de cómo hacerlo.

Tenía una cierta idea, pero…

Hinata nunca había dejado que la ignorancia la detuviera para hacer algo, y no tenía la intención de cambiar, al menos por el momento.

Así que se acercó a él y reflexionó durante unos segundos, tratando de decidir por dónde empezar; luego se decidió y pasó un dedo sobre la base de su pene hacia la punta, deslizando la mirada hacia arriba y hacia abajo, de su virilidad a su rostro, y percibió la expresión de Naruto ante su contacto.

No cambió demasiado. Él masculló algo entre sueños y movió la cabeza, pero nada más. Hinata frunció los labios, lo cubrió totalmente con la mano y recorrió lentamente toda su extensión. En esa ocasión, él profirió un pequeño gemido y movió la cabeza hacia el otro lado.

Encogiéndose de hombros, Hinata se inclinó hacia adelante, dudó, y luego empezó a darle besos suaves a la cosa. Oyó a Naruto quejarse y lo sintió moverse un poco pero no creyó que estuviera despierto todavía.

Pensó que era mejor que siguiera dormido, pues no creía estar haciéndolo bien. Mary, la sirvienta que ella había sorprendido de rodillas prestándole el servicio a uno de los visitantes, tenía toda la cosa en la boca y movía la cabeza de abajo arriba y de arriba abajo, como si la estuviera engrasando.

Entonces lo ensayó: se lo metió en la boca y se deslizó suavemente de arriba abajo sobre su asta llegando hasta donde pudo. Le pareció que Naruto reaccionaba favorablemente, pues soltó un fuerte quejido y movió la mano para cogerle la cabeza; luego se puso rígido, y Hinata lo miró por el rabillo del ojo; no, parecía que aún seguía durmiendo, podía, pues, volver a su tarea, pero su esposo tenía el miembro tan largo, que ella no podía metérselo todo en la boca.

Frustrada, cerró la mano en la base del miembro y luego empezó a moverlo dentro de la boca con la esperanza de reemplazar el hecho de no poder abarcarlo en su totalidad.

—Hinata —gruñó Naruto unos cuantos momentos después, y la mano que estaba sobre su pelo empezó a tirar de él suavemente obligándola a levantar la cabeza y detenerse.

Entonces hizo una pausa, levantó la cabeza y lo miró.

—¿Estoy haciéndolo mal?

—No, estabas haciéndolo muy bien —dijo apretando los dientes.

—Bien. —Hinata bajó la cabeza de nuevo, y Naruto gimió cuando ella continuó lo que había interrumpido. Después de unos cuantos minutos, él volvió a tirar de su pelo, y ella suspiró y levantó la cabeza para mirarlo con curiosidad.

—¿Qué? ¿Debería estar haciendo algo más?

—No, pero…

—Bueno, entonces no interrumpas más y déjame continuar —le ordenó y volvió a bajar la cabeza.

Estaba concentrada en lo que estaba haciendo, experimentaba cambiando la velocidad y la presión que ejercía para ver qué funcionaba mejor, pero el hombre seguía silencioso como una piedra ahora que estaba despierto y ella no sabía si eso le estaba gustando.

Excepto porque parecía estarse poniendo más duro y parecía un poco más largo también, si eso era posible; y una mirada hacia abajo le indicó que los dedos de sus pies se movían nerviosamente. Pensó que era una buena señal. Luego Naruto empezó a tocarla.

Hinata se puso tensa, el ritmo se vio interrumpido por la sorpresa que le produjo sentir que él había deslizado una mano a lo largo de su cadera y luego entre sus piernas. Trató de recuperar el ritmo, pero el hombre estaba distrayéndola mucho, hasta el punto de que Hinata maldijo con el miembro entre su boca. Se enderezó y se volvió a mirarlo.

—Detente. Te estoy complaciendo —gruñó.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Naruto al ver cómo Hinata lo fulminaba con la mirada, luego trató de sentarse para cogerla por los brazos y llevarla hasta su pecho mientras él se tendía.

—¡Oye! —protestó Hinata, empujándole el pecho y tratando de levantarse—.Estoy…

Naruto la calló con un beso, reclamó sus labios y luego le metió la lengua en la boca para impedirle hablar. Hinata dejó de presionar. Le dejaría que la besara un momento, luego volvería a lo suyo, se dijo y permitió que sus manos se deslizaran por el pecho de él hasta llegar a su cabellera.

Era estupendo besando. Al menos, a ella le parecía que lo era, aunque no tenía con quién comparar su habilidad para besar. Pero, con comparaciones o sin ellas, sospechaba que era un maestro en todo lo que tenía que ver con los placeres carnales Según lo que había oído, tenía mucha práctica. Y lo único que pensó era que debía agradecerlo, porque le parecía que ahora ella estaba cosechando los beneficios.

Soltó un gemido de protesta cuando Naruto interrumpió el beso, luego suspiró cuando él deslizó los labios por su rostro. Lo sintió y reaccionó como un gato a las caricias de su dueño, ladeando la cara e introduciéndola en la mano de él, hasta que él la tomó con firmeza por el pelo y le dio la vuelta a su cabeza para poder explorarle la oreja con su lengua.

Hinata dio un grito ahogado y se estremeció. Él no tenía quietas las manos; mientras la besaba le acariciaba la espalda… arriba y abajo… hasta llegar al trasero, donde se detuvo para forzarla a apretarse contra su erección.

Hinata volvió la cabeza y llegó a sus labios, de nuevo en respuesta a la caricia íntima. Abrió las piernas para buscar una mayor intimidad mientras él se frotaba contra ella. Al cabo de un rato, cuando esto ya no pareció seguir satisfaciéndola, se levantó para sentarse sobre él, y sólo logró hacerlo porque lo tomó por sorpresa.

Cuando estuvo sentada a horcajadas sobre él, Hinata deslizó su cuerpo hacia adelante y hacia atrás, pero aun cuando esto alivió su frustración inicialmente, no llegó a ser enteramente satisfactorio.

Quería sentirlo dentro de ella una vez más, llenándola completamente con ese movimiento rítmico hacia afuera y hacia adentro como lo había hecho antes. Entonces cambió de posición, se deslizó hacia abajo y lo encontró con su mano, luego lo condujo al lugar donde ella lo quería y se relajó.

Un ligero suspiro salió de sus labios al sentir que él la llenaba, y lo miró con ojos entrecerrados mientras se meneaba con placer.

Naruto la observó, con una ligera sonrisa en sus labios, y luego, de repente, se sentó, la cogió por el trasero, la levantó un poco y la acomodó mejor.

—¡Oh! —susurró Hinata; sus piernas se movían con libertad mientras sus cuerpos se frotaban mutuamente del modo más satisfactorio. Luego, Naruto cambió de posición y la tumbó sobre la cama.

Se montó sobre su cuerpo y entró en ella nuevamente. Hinata lo rodeó con los brazos, le clavó los dedos en los hombros y se aferró a su espalda. Luego le cubrió el trasero con las manos y la atrajo hacía sí para alcanzar la liberación que anhelaba.

Pensó que si hubiera sabido durante todos esos años lo que se estaba perdiendo debido a la tardanza de Naruto, lo habría buscado hasta encontrarlo y lo habría obligado a casarse con ella.

De hecho, decidió que tendría una buena charla con él para hablar de todo el tiempo desperdiciado. Por otra parte, reflexionó, quizá se estaba beneficiando de las destrezas que él había adquirido en esos años y reconoció que lo más probable era que las cosas hubieran resultado muy distintas si lo hubiera perseguido.

Cada cosa tiene su momento. Estaba decidida a disfrutar, y muy satisfecha porque tenía un esposo que la satisfacía completamente.

Sospechó que tal vez el sexo no habría sido tan placentero con un hombre menos diestro, y se dijo que su padre le había hecho un gran favor al comprometerla con el temido Namikaze. Pero esas reflexiones se las guardaría para ella.

Naruto la besó y Hinata sospechó que se había dado cuenta de que estaba divagando. La atrajo hacia sí y hacia lo que estaba haciendo al meterle la lengua en la boca al mismo tiempo que se introducía en ella… y la joven esposa olvidó todas sus reflexiones cuando los dos se unieron totalmente y encontraron la satisfacción completa.


Un golpe en la puerta obligó a Hinata a abrir los ojos. Su mirada se dirigió al espacio libre a su lado en la cama, luego se enderezó un poco apoyándose sobre un brazo y echó un vistazo a su alrededor, para darse cuenta de que la habitación estaba vacía.

Aparentemente, se había quedado dormida. Naruto no. O, si se había dormido, se había despertado y ya no estaba en la habitación.

Un segundo golpe la hizo refunfuñar:

—¿Sí?

La puerta se abrió inmediatamente y entró Samui con una gran sonrisa en los labios.

—Buenos días, milady.

—Buenos días —dijo Hinata casi automáticamente, luego abrió la boca para preguntar a la mujer qué quería y volvió a cerrarla de inmediato al ver que varios sirvientes entraban tras ella. La mitad llevaban baldes vacíos, que utilizaron para vaciar la bañera, sacar el agua fría y tirarla por la ventana. Los otros sirvientes llevaban cubos de agua fresca.

—No he ordenado que preparéis la bañera —dijo.

—Lo ha hecho lord Naruto, milady —le informó Samui. Luego, cuando la última mujer entró con sábanas limpias, añadió: —También ha ordenado que volviéramos a tender la cama.

Hinata miró a su alrededor. Estaba tan desnuda como el día en el que nació, sólo la cubría la sábana, que estaba enrollada sobre su cuerpo como si Naruto hubiera querido dejarla decentemente protegida.

Las otras sábanas y pieles de la cama, lo mismo que los cojines, estaban tirados por todos lados en el suelo. Incluso la sábana que cubría el colchón había desaparecido.

Hinata se puso de pie, se enrolló la sábana alrededor del cuerpo como si fuera una túnica romana y empezó a recoger las pieles y los cojines para ponerlos en cima de la cama mientras buscaba la sábana que cubría el colchón.

Entonces pensó en el día del matrimonio de Sakura y su hermano, y recordó que una comitiva presidida por su padre había entrado en la habitación de los desposados por la mañana para ver la sábana manchada de sangre, demostración de que la novia era virgen.

Sabía que no tardarían en llegar y se puso a buscar la sábana. Pero no pudo encontrarla por ningún lado.

—Falta una sábana —dijo preocupada.

—Sí, milady. Lord Naruto la bajó más temprano para evitar que su padre y los otros la molestaran.

Hinata hizo un gesto. La estúpida prenda estaría colgada sobre el barandal que daba al salón principal para que todos fueran testigos de su inocencia. Al menos eso era lo que habían hecho con la sábana de la noche de bodas de Sakura y Sasuke. La idea hizo que los pelos se le pusieran de punta, pero se limitó a gruñir y a caminar hacia la bañera cuando echaron el último cubo de agua.

No era que le atrajera mucho la idea de otro baño cuando se dio cuenta de que se lo estaban preparando. Como prefería no oler como un animal de granja, Hinata nunca había rechazado el baño, como hacía su hermano antes de que Sakura le enseñara los beneficios que producía.

Pero cuatro baños en dos días le parecían un exceso. Entonces notó la humedad pegajosa entre sus piernas y la idea de un baño le resultó atractiva de repente. Vio muchos, muchos baños en el futuro si Naruto conservaba el entusiasmo de la noche anterior.

Qué atento había sido su esposo al pensar en ello. Se rió para sus adentros. Realmente él se había mostrado muy considerado la noche anterior. Lady Ōtsutsuki le había dicho que algunas mujeres disfrutaban la parte de la cama en su matrimonio y otras no. Algunas la odiaban, pero ella se había podido dar cuenta, con el paso de los años, de que quienes no la disfrutaban, por lo general, tenían esposos egoístas que no se molestaban por asegurarse de que sus mujeres tuvieran placer.

También le había dicho que por lo que sabía de Naruto Namikaze, Hinata no tendría ningún problema en ese sentido. Y tenía razón. El hombre había sido muy delicado. De hecho, estaba segura de que ella había experimentado más placer que él la noche anterior. Y esa mañana.

—¿Debo quedarme para ayudaros con el baño, milady?

La pregunta de Samui la hizo mirar a su alrededor y darse cuenta de que los sirvientes habían terminado de llenar la bañera y de arreglar la cama y ahora salían de la habitación.

—No. Yo… —empezó a decir Hinata.

—Nosotras ayudaremos. —Shion irrumpió en la habitación, con Tenten pisándole los talones.

—Ellas me ayudarán. —Hinata se quitó la sábana y entró en el agua caliente—.Gracias, Samui.

—Bueno, milady.

Samui salió y cerró la puerta tras de sí mientras Shion y Tenten se acercaban a la bañera. Las dos mujeres miraron en silencio a Hinata mientras ésta empezó a frotar su cuerpo con el jabón con perfume de flores.

—¿Y bien? —preguntó Shion después de dejar pasar unos cuantos minutos en silencio.

Hinata levantó su cabeza y la miró con expresión interrogativa.

—¿Y bien qué?

Shion preguntó, irritada:

—¿Cómo fue? ¿Cómo te sentiste?

Hinata sonrió al oír la pregunta. «¿Cómo fue? Cielo Santo». Shion vio la expresión de su rostro y empezó a sonreír a su vez.

—¿Así de bueno? Hinata rió.

—No puedes creerlo.

—A juzgar por lo revuelto que tienes el pelo, quizá sí puedo —dijo su prima, divertida.

Hinata se pasó la mano por la cabeza y frunció el ceño al darse cuenta de que su pelo parecía un nido de ratas. Por un momento pareció confundida, luego recordó cómo había movido la cabeza de un lado a otro y de arriba abajo sobre la cama y comprendió.

—Necesitas ayuda con eso —murmuró Tenten arrodillándose junto a la bañera—. Vamos, yo te lo lavo. Échate hacia atrás.

Hinata hizo lo que se le pidió y echó la cabeza hacia atrás. Tenten tomó un balde, sacó agua de la bañera y se la echó sobre el pelo, tratando de evitar que le cayera agua en la cara. Cuando el pelo estuvo totalmente empapado, la mujer empezó a lavarlo con lo que quedaba del vinagre de hierbas de la noche anterior, masajeando las raíces con los dedos.

—Se te está mojando el velo —le dijo Shion a Tenten, y Hinata sonrió ligeramente al ver que la otra se movía con irritación. Al terminar, Hinata abrió los ojos y volvió la cabeza para ver que Tenten se estaba quitando la toca y dejaba ver su pelo rojo recogido en un moño en la parte de atrás.

—Es bastante molesto, de todos modos —murmuró Tenten poniendo el velo a un lado—. Me lo pondré cuando salga de la habitación.

Hinata no dijo nada. Apenas sonrió, cerró los ojos y echó de nuevo la cabeza hacia atrás para dejar que siguiera lavándole el pelo. Las tres guardaron silencio por un momento, luego Shion dijo:

—Bueno, parece que no vas a ser más específica sobre anoche.

Hubo una pausa, y Hinata pensó que Shion le estaba dando la oportunidad de hablar si quería, pero se contuvo la lengua. No había cómo describir lo que había sucedido la noche anterior.

Podía decir qué había hecho, pero ninguna mujer podría comprender lo que él había hecho sin experimentarlo.

Respirando con cierta irritación, Shion continuó:

—Entonces supongo que ahora nos toca pensar en qué vamos a hacer después.

Hinata sonrió débilmente, porque de inmediato pensó en Naruto. Se preguntó en dónde estaría y cuándo iban a…

—El problema de Tenten —dijo Shion secamente, porque pareció adivinar lo que Hinata estaba pensando.

Se sintió avergonzada. Se había olvidado totalmente del problema de Tenten.

¡Dios Santo! ¿Cómo podía olvidar la amenaza que pendía sobre Tenten y la posible amenaza contra su padre?

—¿Hinata? —dijo Shion al ver que permanecía silenciosa.

—Sí —murmuró y abrió los ojos para que vieran que no se había dormido—, estaba pensando.

—¿A qué conclusión has llegado? —preguntó Tenten con ansiedad.

Hinata empezó a sacudir ligeramente la cabeza, pero se detuvo de inmediato porque Tenten empezó a echarle más vinagre y mezcla de hierbas.

—No estoy segura. Creo que lo mejor es contarle el problema a mi padre.

—¿A tu padre? —Tenten no parecía muy segura.

—Sí. —Hinata abrió los ojos para mirarla—. Él puede organizar una escolta apropiada, o enviar un mensajero a tu padre y otro al rey. Shion y yo quizá habríamos podido escoltarte hasta llegar donde tu padre si hubiéramos podido usar el pasadizo secreto, pero sin él… —se encogió de hombros, impotente—. Tienes más posibilidades si mi padre te proporciona una escolta.

—Sí —admitió Tenten a regañadientes—. ¿Pero qué pasa si atacan a la escolta de tu padre?

Hinata apretó los labios.

—Es posible que él piense que es mejor enviar mensajeros y hacer que te quedes a salvo en Sharingan.

—Oh, Hinata —suspiró Tenten—. Eso es lo que hizo con lady Ōtsutsuki y eso fue lo que provocó el ataque de Greenweld. Yo no quiero ser la causa de que algo así vuelva a ocurrir.

—Bueno. Es posible que se le ocurra una idea mejor —dijo Hinata con tranquilidad—. Padre ha vivido mucho y ha visto muchas cosas. Creo que debemos contarle la verdad y escuchar sus sugerencias. Si no se le ocurre algo que nos convenza, siempre podemos tratar de escapar de nuevo y hacerlo por nuestra cuenta.

—Oh, no creo que ésa sea una buena idea en absoluto.

Las tres mujeres movieron la cabeza hacia la puerta que acababa de abrirse. Lady Ōtsutsuki estaba en el umbral, con la mirada fija en Tenten, a quien pareció reconocer.

—Disculpadme por entrar sin llamar —murmuró y cerró la puerta—. Iba a hacerlo cuando oí lo que estabais hablando.

Atravesó la habitación con la mirada fija en la pelirroja, que seguía de rodillas junto a la bañera.

—Lady Tenten de Bethencourt. Tu rostro me resultaba muy familiar, pero tu hábito me confundió —admitió.

Hinata miró a Tenten, quien hizo una pausa antes de hablar.

—Lady Ōtsutsuki, yo también la reconocí. Vos fuisteis amiga de mi madre.

—Sí. —La madre de Sakura sonrió ligeramente, luego miró a Hinata y a Shion y les explicó—: La madre de Tenten y yo fuimos amigas de la Reina Mito. Con frecuencia nos reunimos en la Corte.

—Ah —murmuró Hinata, luego sonrió mirando a Tenten, divertida—. Nunca dijiste que tenías amistades en los altos círculos.

—Yo no —dijo Tenten sonrojándose—. Mi madre era amiga de la reina, pero las dos ya se han ido.

—De todos modos, tienes amigos influyentes, querida —dijo lady Ōtsutsuki suavemente—. El rey te quiere tanto como te quería la reina. —Respiró profundamente y deslizó la mirada hacia Hinata—. Tienes muy buen aspecto, cariño. Me alegro de que hayas sobrevivido a la noche.

—Gracias —murmuró Hinata.

—Ahora… —Mikoto se sentó en una de las sillas que estaban junto a la chimenea y las miró a las tres con curiosidad—. ¿Por qué no me contáis cómo es que Tenten viaja con vosotras disfrazada de monja? Después podemos decidir cuál será la mejor manera de presentar la situación a los hombres.

Hinata miró con picardía a la mujer. A pesar del tono dulce de su voz, se trataba de una orden, no de una pregunta. Lady Ōtsutsuki era una mujer acostumbrada a hacer las cosas como le parecía, y ésa no era una excepción.

La madre de Sakura se sentó pacientemente y escuchó a las tres mujeres que por turnos le contaron lo que había sucedido desde el primer encuentro en la capilla de Saint Simmian.

No dejaron nada fuera, le revelaron todos los pasos dados durante el viaje. Cuando terminaron su relato, Hinata había terminado su baño y se había puesto la ropa. Las tres mujeres se quedaron esperando a que lady Ōtsutsuki reaccionara.

Estuvo un largo rato sin decir nada, sentada con expresión pensativa. Era evidente que estaba pensando con detenimiento sobre todo lo que le habían dicho. Luego asintió para sí misma y se puso de pie.

—Vamos, pues.

—¿Qué pensáis hacer? —preguntó Hinata siguiéndola hacia la puerta.

—Me ocuparé de todo —dijo abriendo la puerta, luego hizo una pausa para sonreírle a Hinata y retirarle del rostro un mechón de su negra cabellera con un gesto lleno de afecto—. Vosotras dos lo habéis pasado mal, ¿verdad? Por crecer sin madre…

Su mirada también se dirigió a Shion, quien abrió la boca como para protestar, pero la cerró de nuevo. Hinata supuso que Koharu no había sido muy buen reemplazo materno debido a su amargura y a su resentimiento.

Claro que no supo por qué no había protestado ella misma. Estaba satisfecha de cómo habían funcionado las cosas, ¿no? No le había hecho falta nada. De hecho, Hinata tenía más libertad de la que le concedían a cualquier mujer.

Y sí, había visto a otras chicas recibir los abrazos y el afecto de sus madres, también había visto cómo las mimaban y les prestaban atención, y sintió una leve punzada, que seguramente no era de envidia.

—Yo me encargaré de esto —dijo lady Ōtsutsuki—. Confiad en mí.

Se dio la vuelta y salió del cuarto. Hinata la miró durante unos minutos antes de volverse hacia Shion y Tenten. Las tres mujeres se miraron indecisas por un momento, luego se movieron como si fueran una sola para seguir a la madre de Sakura.