LA ETERNA ESPERA.
13. La Hermana Tenten
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—Ya está decidido —dijo Fugaku Uchiha—. Partiremos pasado mañana. Hinata y tú viajaréis con nosotros hacia Inglaterra, luego nos separamos y vosotros os dirigís a Namikaze.
Naruto se movió con cierto fastidio pero no se opuso a lo que había dicho su suegro. En realidad no tenía ganas de viajar con lord Neji, el obispo, lady Ōtsutsuki, Fugaku, la hermana Tenten y los hombres del rey, además del pequeño ejército que Fugaku llevaba para viajar a Inglaterra, pero no se le ocurrió ninguna excusa para evitarlo.
Aunque eso quería. Dormir al descubierto con tanta compañía seguramente iba a echar a perder su vida amorosa.
Sonrió para sus adentros, divertido. Para su gran sorpresa, de momento le iba muy bien en su vida matrimonial, incluso estaba disfrutando. A pesar de las malas experiencias del principio, Hinata y él parecían llevarse muy bien.
Todavía le sorprendía que no hubiera tratado de escaparse del castillo cuando se anunció que la boda se realizaría de inmediato. Su preocupación por que su novia volviera a huir estaba justificada, dados los antecedentes de Hinata, pero no sucedió.
Recordó las palabras de lady Ōtsutsuki antes de la boda, cuando le había asegurado que todo saldría bien. No sabía qué le había dicho la dama a su prometida, pero fuera lo que fuese, había funcionado, y Hinata había permanecido silenciosa y complaciente para la ceremonia. Y la noche anterior…
Naruto había descubierto que, si bien Hinata podía ser dura y fría como el acero, tenía un lado sorprendentemente vulnerable. En realidad, estaba demostrando ser un fascinante manojo de contradicciones. Era la mujer menos inhibida en la cama que había conocido, lo que le daba la esperanza de que el matrimonio no fuera a ser tan malo como había temido.
De hecho, lo había disfrutado hasta el momento.
Desafortunadamente, por desinhibida que fuera su esposa, sospechaba que se mostraría reacia a hacer alguna cosa con su padre roncando a pocos centímetros de distancia.
—Y cuando Hinata y tú os separéis para seguir hacia Namikaze, los demás continuaremos hacia el sur, camino de la Corte —concluyó Fugaku, satisfecho.
—Hasta que sea necesario separarse del grupo para acompañar a la hermana Tenten hasta su casa —señaló el obispo, y Naruto no se sorprendió al ver el gesto de su suegro ante el recordatorio.
Estaba seguro de que éste no deseaba cumplir la promesa que Hinata le había hecho a la hermana Tenten de acompañarla a su casa pero que se había servido de esa excusa para permanecer cerca de lady Ōtsutsuki todo el tiempo posible. Para todos era evidente lo que sentía por ella.
—Sí —dijo Fugaku, contrariado—. En donde quiera que sea quiero que Mikoto, eh… lady Ōtsutsuki —se corrigió a sí mismo— se dé prisa en traer a la chica para que podamos saber exactamente dónde vive. Estoy pensando… De repente calló y sonrió al mirar por encima del hombro de Naruto—. Ah, aquí estáis. Gracias por traerla, lady Mikoto. Ahora, hermana Tenten, estamos planeando el viaje a Inglaterra y necesitamos saber dónde queda tu casa.
Naruto miró por encima del hombro y vio que lady Ōtsutsuki y Tenten iban acompañadas por Hinata y Shion. La mirada de Naruto se detuvo en su esposa, una leve sonrisa se dibujó en sus labios al verla con sus pantalones.
Llevaba un par distinto ese día. Estaban desteñidos y usados, era obvio que hacía varios años que los tenía; la tela se ceñía todavía más perfectamente a su cuerpo que la de los que estaba acostumbrado a ver.
Resaltaban y definían cada curva de la cintura hacia abajo y Naruto estuvo tentado de tomarla en sus brazos y llevarla nuevamente a la habitación…
Iba a ser un largo viaje hasta que llegaran a Inglaterra y se pudieran separar del resto del grupo.
—De hecho, señores —dijo lady Ōtsutsuki, captando la atención de Naruto—, lady Tenten es de Bethencourt y me temo que llevarla a casa sana y salva será más complicado de lo que habíamos pensado.
Naruto tardó en comprender esas palabras. Su mirada se deslizó hacia la monja y se confundió, pues sólo entonces, al mirarla por segunda vez, se dio cuenta de que estaba diferente. Ya no llevaba la cabeza cubierta.
En lugar de ello, había recogido su pelo largo y castaño en un moño similar al de Hinata.
—¿Lady Tenten? —preguntó lentamente lord Neji.
—Lady Tenten Kyōdai, Bethencourt de nacimiento —dijo lady Ōtsutsuki, luego se sentó en el banco al lado de Fugaku y les explicó a los hombres lo que las mujeres les habían estado ocultando.
Naruto disfrutó del placer que le producía sentir a Hinata a su lado en el banco y escuchó con interés lo que lady Ōtsutsuki les estaba revelando. Su mirada se detuvo en lord Neji mientras la mujer hablaba, y sonrió para sus adentros al ver las emociones que se traslucían en el rostro de su amigo.
No le molestaba que Tenten no fuera una monja, sino que le hubiera engañado haciéndole creer que lo era. Sentía ira por las intenciones de Kyōdai y había tomado la decisión de protegerla.
Naruto sospechaba que a lord Hyūga le gustaba mucho la mujer, hasta el punto de querer casarse con ella. Había notado el comportamiento protector durante el viaje y la manera como sus ojos siempre parecían seguir a la monjita.
Había sospechado que el hombre se sentía atraído por ella y le tenía lástima, pero ahora que las cosas habían cambiado no se sorprendió cuando lord Neji dijo:
—Entonces yo seré el que la lleve sana y salva a casa. El rey es amigo de Bethencourt, seguro que desearía que lo hiciera.
—Un momento, chico —interrumpió Fugaku en tono grave, porque obviamente no quería perder la excusa que tenía para permanecer cerca de lady Ōtsutsuki.
—Fue mi hija la que hizo la primera promesa de llevarla a salvo y a mí me corresponde asumir esa responsabilidad. Es mi obligación.
—Señores —interrumpió con tranquilidad lady Ōtsutsuki, haciendo que todos callaran—, me parece que todos estáis pensando en quién es Tenten, pero olvidáis lo más importante.
—¿Qué? —preguntó Fugaku con un gesto de molestia.
—Como me ha dicho Hinata, es a Kyōdai a quien debemos temer. Es muy poco probable que él quiera dejarla regresar a su casa para contarle toda la historia a su padre. Su cabeza estaría en peligro si ella lo lograra. Tiene que estar desesperado por detenerla. Seguro que los hombres que os atacaron en el bosque os han seguido hasta aquí, y es posible que un pequeño ejército de Kyōdai esté en camino, o incluso que ya hayan llegado. —Hizo una pausa para que todos pensaran en lo que había dicho—. Luego, está su padre. Si la doncella de Tenten logró llegar y él ya sabe lo que ha sucedido, él también está bajo amenaza.
—Es cierto —dijo Neji con preocupación—. Le enviaré un mensajero inmediatamente. Si la doncella no ha llegado, el mensajero le informará de todo. De cualquier manera, le diré que permanezca en Bethencourt hasta que nosotros lleguemos.
—¿Lleguemos? —dijo Fugaku en tono preocupado.
—Tenten y yo. Como están las cosas, un grupo grande sólo servirá para llamar la atención de Kyōdai. Lo mejor sería que Tenten y yo lográramos salir disimuladamente, quizá ella deba disfrazarse de chico. Así podremos dirigirnos hacia Bethencourt.
Fugaku puso cara de pocos amigos. Era evidente que su plan de utilizar a Tenten para permanecer cerca de lady Ōtsutsuki no funcionaría si Neji viajaba solo con ella. Por otra parte, llevar a la chica con el grupo grande pondría en peligro a lady Ōtsutsuki y al obispo.
Podían llevarse a la mayoría de sus hombres, como lo había hecho Sasuke al salir en busca de Hinata, pero, después del ataque y el sitio de Sharingan, no quería dejar su hogar vulnerable nuevamente.
Un golpe repentino de las puertas del salón principal al abrirse interrumpió el silencio y todos volvieron sus miradas para ver quién entraba. Neji se puso de pie al reconocer al mensajero que se dirigía resuelto hacia él, y recibió el pergamino que le entregó. Rompió el sello, lo desenrolló y leyó el mensaje con rostro preocupado.
—El mensajero que envié al rey antes de partir hacia Saint Simmian para informarle de la presencia aquí de lady Ōtsutsuki llegó bien. Me ordena que escolte a lady Ōtsutsuki hacia la Corte con presteza para discutir «asuntos de gran importancia».
—¿Qué asuntos de gran importancia? —preguntó Fugaku con recelo.
—¿Y por qué la prisa? —preguntó la madre de Sakura.
—Sin duda, ya sabéis que Greenweld ha muerto —dijo Neji entre dientes—. Las noticias viajan rápido.
—¿Y bien? —preguntó cautelosamente lady Ōtsutsuki.
—A la muerte de Greenweld, os habéis convertido en la viuda de los dos, de Ōtsutsuki y de su vecino Greenweld, milady —precisó el obispo Sarutobi.
—Sí. —Neji, irritado, se retiró el pelo que caía sobre su frente—. Y como Sakura es su única heredera, y ella se ha casado y se ha instalado en Sharingan, no hay duda de que el rey quiere que volváis a casaros, preferiblemente, con alguien con más de un heredero para que pueda asumir cada una de las propiedades.
Mikoto volvió a mirar a Fugaku, horrorizada. Él le devolvió la mirada, confundido durante un momento, luego se puso de pie bramando: —¡Al diablo con él! Yo me casaré con Mikoto. De hecho, lo haré de inmediato. Obispo, tome su Biblia.
—Un minuto —protestó lord Neji—. No podéis casaros con ella en contra de su voluntad.
—No es en contra de mi voluntad —dijo Mikoto calmadamente—. Yo quiero casarme con Fugaku.
—Pero yo no puedo dejar que os caséis con él. El rey…
—No ha enviado ninguna orden en contra —interrumpió Naruto divertido.
Pensaba que los dos formaban muy buena pareja. Naruto había percibido un cambio notorio en su suegro desde que regresó con Hinata, y sospechaba que tenía que ver con la influencia de lady Ōtsutsuki.
Era evidente que los dos estaban enamorados y que la mujer lo había suavizado. Uchiha incluso le había insinuado que estaba dispuesto a hacer las paces con su padre, el conde de Namikaze.
—Sí, pero… —empezó lord Neji, y Naruto lo interrumpió de nuevo.
—El rey sólo ha ordenado que lady Ōtsutsuki viaje a la Corte. Si tiene planes de matrimonio para ella debería haberlo dicho. No veo razón por la cual no puedan casarse. Además, como ya será su marido, le corresponderá a lord Uchiha acompañarla a la Corte, y así tú podrás acompañar a Tenten a Bethencourt —dijo Naruto con astucia—. Después, el padre de Tenten puede acompañaros a la Corte para contarle lo sucedido al rey.
Hizo una pequeña pausa, y enseguida añadió:
—La comitiva de Uchiha y lady Ōtsutsuki puede salir muy lentamente, así los Kyōdai verán que Tenten no forma parte de la expedición. Mientras la comitiva sale, Tenten y tú podéis huir por el pasadizo secreto que hay en la habitación de Hinata. Así, los Kyōdai pensarán que Tenten no ha salido de aquí…
—Eso puede funcionar —murmuró Sasuke, que habló por primera vez—. Lady Tenten puede salir disfrazada de chico como has sugerido y yo puedo hacer que haya caballos esperándoos al final del pasadizo. Podéis escabulliros sin que os vean.
Hinata observó a los hombres colocar los baúles de lady Ōtsutsuki en la parte trasera de la carreta y sacudió la cabeza maravillada.
No tenía idea de qué llevaban las mujeres en ellos, pero lady Ōtsutsuki había insistido en que eran cosas que necesitaría en la Corte. Lady Uchiha, se corrigió mentalmente. Su padre se había casado con ella la noche anterior. Ahora era su madrastra.
—Me alegro de no ir, de que no viajemos con ellos —murmuró Shion de repente y Hinata asintió. Generalmente, no le importaba hacer viajes largos, pero estaba acostumbrada a viajar con un pequeño grupo de hombres y sin una carreta llena de baúles que los obligaran a moverse despacio.
La carreta de objetos de lady Mikoto los obligaría a marchar a paso de tortuga. No era que Hinata creyera que su padre estaba ansioso por llegar a la Corte inglesa. Todos estaban seguros de que el rey iba a enfadarse mucho por su matrimonio, y el pobre hombre no tenía ninguna prisa por llegar.
—Hinata.
Miró hacia atrás y vio que su padre se aproximaba, sonriendo.
—Lady Mikoto y yo nos detendremos en Namikaze cuando regresemos de la Corte para ver cómo estás y para contarte cómo nos fue con el rey inglés —dijo y dirigió su mirada hacia los hombres que estaban preparando la carreta y los caballos para su viaje. Luego la miró nuevamente—. Todavía pienso que sería mejor que viajarais con nosotros, al menos hasta llegar a Inglaterra, pero el terco de tu marido se niega, así que… —Se encogió de hombros y se dio la vuelta para gritar a uno de los hombres que se asegurara de que todo iba bien sujeto.
Hinata rió para sus adentros mientras su padre le daba la espalda. Naruto y ella no viajaban solos: Shion y Pequeño Killer B los acompañarían.
Además, Hinata entendía que Naruto no quisiera ver a su padre durante unos días, pues estaba bastante molesto con él después de lo que había sucedido la noche anterior, durante la boda.
Sakura y Sasuke estaban al lado de Hinata y Naruto, y su cuñada había comentado que su suegro, pronto su padrastro, estaba muy guapo con su recién lavado y remendado jubón dorado. La joven comentó que había tenido que remendar el jubón, pues tenía un roto enorme, causado por la flecha que había herido a lord Uchiha durante el sitio al castillo.
Al oír el comentario de la chica, Naruto hizo un gesto de disgusto y dijo entre dientes que era lógico que el jubón le sentara bien, pues era de la mejor calidad y le había costado una pequeña fortuna.
Luego le contó a Sakura lo que Hinata ya sabía, que había cambiado con su padre el traje por su plaid para llevar los colores de Uchiha y así evitarse problemas mientras corría tras ella por toda Escocia.
Sakura se mostró extrañada al oír semejante historia y Sasuke soltó una carcajada; Hinata se mordió el labio y, titubeando un poco, no muy segura de estar haciendo bien, le contó a su esposo que le habían dicho algo que no era cierto: los escoceses no tenían colores especiales por clan.
Cuando él le dijo que en Inglaterra todo el mundo sabía que los escoceses sí los tenían, ella tomó aire y le explicó que los ingleses estaban equivocados.
Naruto, entonces, se puso furioso al saber que había sido tan tonto como para entregar su jubón nuevo y sus pantalones al padre de ella debido a una información errónea.
Hinata no podía culparlo, el plaid de su padre realmente olía mal y ella siempre se sentía aliviada cuando él se lo quitaba. Naruto estaba realmente irritado y sólo se calmó un poco cuando Sakura le prometió que le confeccionaría un jubón nuevo para su viaje de regreso, lo cual su ponía un problema, pues, por muy deprisa que trabajara Sakura, necesitaba al menos dos días para hacer el jubón, de modo que
Naruto y ella decidieron aplazar su viaje.
En realidad, Hinata lo sabía, Naruto sólo se había buscado una excusa para no viajar con su suegro, y eso era algo que no la sorprendía. Los dos hombres se llevaban mucho mejor ahora que el matrimonio se había llevado a cabo.
Incluso parecía que a su padre le agradaba su esposo, pero dudaba mucho que Naruto quisiera verse rodeado noche y día por tantas personas. Y a ella le pasaba lo mismo.
Quería hacer el amor con Naruto todas las noches, y para eso tenían que estar solos. No podía soportar la idea de acostarse junto a él noche tras noche y no poder tocarlo por temor a despertar a todo el mundo con los gemidos y los suspiros que parecía incapaz de controlar.
—Dónde está tu es… Oh, aquí estás —dijo su padre, y Hinata miró por encima del hombro para ver a Naruto aproximarse. Se detuvo muy cerca de ella, casi rozándola, y Hinata tuvo la tentación de echarse sobre él, pero se controló.
Todavía no se había acostumbrado al nuevo rumbo que había tomado su relación. Había pasado de pelearse y huir a entregarse a él con todo su ser. Todavía no sabía cómo comportarse en presencia de su esposo cuando no estaban en la cama.
—Tened cuidado en el camino.
Las palabras solemnes de su padre hicieron que Hinata prestara atención a los dos hombres mientras su padre prevenía a Naruto.
—Recuerda —continuó—: los hombres de Greenweld están por ahí.
—¿Todavía me andarán buscando? —dijo Naruto sorprendido—. Greenweld está muerto.
—Sí —asintió Fugaku—. Pero quizá ellos aún no lo sepan. Naruto lo miró sin comprender, y el hombre movió la cabeza.
—Piénsalo —le dijo a su yerno—. La misión de esos hombres era matarte, pero fracasaron; lo más seguro es que quieran intentarlo de nuevo. Ninguno se atrevería a presentarse ante su jefe para contarle su fracaso, y si no han ido a ver a Greenweld es difícil que se hayan enterado de su muerte.
—Sí, pero si nos siguieron hasta Sharingan, seguramente habrán visto que Greenweld no está aquí y se darán cuenta…
—Dudo que hayan logrado llegar hasta aquí. Si Hinata no te hubiera obligado a perseguirla por toda Escocia, habríais regresado al castillo directamente desde la abadía y lo más probable es que os hubierais encontrado con ellos en el camino. Pero, con todo lo que habéis corrido de un lado para otro, es posible que estén siguiendo las huellas que dejasteis en vuestros viajes y todavía tarden unos días en llegar al castillo.
Naruto se quedó en silencio, reflexionando. Hinata sospechó que estaba reconsiderando la idea de viajar con su padre y los otros, que era una opción más segura que viajar solos. No obstante, ya era demasiado tarde.
—Entonces, tened cuidado cuando viajéis y mantened los ojos abiertos — concluyó Fugaku.
Naruto asintió con mucha seriedad.
Satisfecho, Fugaku miró a Hinata y le dio una palmadita en la barbilla.
—Cuídalo. Su padre me mataría si le ocurriera algo.
A Hinata le costó mucho no soltar una carcajada, pero, consciente de la irritación que las palabras de su padre le causaban a Naruto, prefirió no hurgar en la herida.
—Sí, padre.
—Bien. Ahora ve a buscar a lady Tenten y llévala a tu habitación, estamos listos para partir. Cuando ellos hayan salido, ven a informarnos y partiremos. Espero que los Kyōdai estén pendientes de nosotros y así ellos puedan salir sin ser vistos.
Hinata asintió y entró en el castillo, consciente de que Shion y Naruto la seguían. Encontraron a Tenten en el salón principal, dándole las gracias a Sakura por su hospitalidad, y Hinata se rió para sus adentros al ver a la antigua monja convertida en un chico inglés de pelo negro.
Le habían vendado los senos, la habían vestido con un traje de lord Neji que las mujeres habían ajustado a su medida, le habían atado el pelo en la parte trasera de la cabeza y se lo habían oscurecido con hollín de la chimenea. La transformación era notable.
Tenten estaba terminando de dar las gracias cuando Hinata, Naruto y Shion llegaron. Los miró y les preguntó:
—¿Ya es hora?
—Sí.
Tenten y Hinata se tropezaron al dirigirse hacia las escaleras para ir al piso superior.
Lord Neji, Sasuke y Pequeño Killer B estaban en la habitación de Hinata, trabajando afanosamente en la demolición del muro de ladrillos con el que habían sellado el pasadizo.
—¿Vamos a volver a sellarlo? —preguntó Hinata mientras Naruto se adelantaba para ayudar a sus amigos.
—No. Todavía no he decidido si volveré a cerrarlo —explicó Sasuke—. Quizá encuentre la forma de ocultarlo de algún modo, pero sin cerrarlo. Lo importante es que nadie más que nosotros sepa de su existencia. —Hizo una pausa para mirar a todos los que estaban en la habitación—. ¿Puedo confiar en que mantendréis la boca cerrada?
—Sí —respondieron todos.
—Greenweld está muerto —dijo Neji mientras cogía otra piedra—.
Seguramente, el secreto murió con él y con Obito. Bueno, y los que estamos aquí.
—Koharu lo conoce —señaló Shion, y la habitación se quedó nuevamente en silencio; nadie se atrevió a hacer ningún comentario.
—Ya está —dijo Sasuke con satisfacción, deteniéndose a limpiarse la frente cuando quitaron la última piedra.
Hinata se acercó y empujó la puerta que el muro de ladrillos había mantenido oculta. Sólo se veía oscuridad.
—Necesitaréis una antorcha —murmuró Shion, y salió de la habitación para volver al cabo de un rato con una de las antorchas encendidas que había en el corredor. Se la entregó a lord Neji, luego dio un paso atrás y se puso de pie junto a
Hinata al ver que Tenten se les acercaba.
La mujer se detuvo delante de ellas, y Hinata sintió que el temor la invadía. Pensó que no podría resistir si la inglesa revelaba sus emociones. Estaba sintiendo ya temblores de ansiedad, temor y tristeza ante la evidencia de la despedida.
—Gracias —susurró Tenten, luego abrazó con fuerza a Hinata, se volvió hacia Shion e hizo lo mismo. Después se dio la vuelta y siguió a lord Neji dentro del pasadizo.
—Recordadlo, simplemente seguid por el pasadizo. Sale hacia un claro. James os estará esperando con los caballos. ¡Buena suerte! —les dijo Sasuke, luego cerró de nuevo la puerta e inmediatamente empezó a poner las piedras en la posición anterior.
—¿Qué pasa si regresan por alguna razón? —dijo Hinata frunciendo el ceño, porque pensó que estaban reponiendo las piedras con demasiada rapidez.
—No van a regresar —dijo Sasuke sencillamente, mientras Naruto y Pequeño Killer B se le unían en la tarea.
Después de dudarlo unos minutos, Hinata empezó a ayudarlos pero mantuvo el oído atento por si se producía algún sonido del otro lado de la pared que indicara que sus amigos habían regresado. Terminaron la labor rápidamente porque todos trabajaron. Sasuke puso la última piedra en su lugar y se enderezó.
—Voy a decir a Padre que ya se han ido —dijo, dirigiéndose a la puerta. Hinata casi no podía prestarle atención. Tenía la oreja pegada al muro, esforzándose por escuchar algún ruido que indicara que Neji y Tenten habían regresado.
—Todo va a salir bien —le dijo Naruto pasándole con cariño la mano sobre la espalda, luego sugirió—: ¿Por qué no vamos al patio a practicar un poco de esgrima?
Hinata dudó, luego se obligó a alejarse del pasadizo y dijo: —Sí.
Si no servía para otra cosa, el ejercicio al menos la distraería, pensó al seguir a su esposo fuera de su habitación. Shion y Pequeño Killer B los siguieron hacia el campo de prácticas y empezaron a entrenar juntos, como Hinata y Naruto.
Practicaron en silencio; Hinata intentaba ser más agresiva y no dejar que Naruto la dominara, pero pronto se dio cuenta de que él no estaba respondiéndole con la misma agresividad.
Era evidente que había sugerido el ejercicio sólo para distraerla de sus preocupaciones acerca de Tenten, y si bien lo consideró un gesto muy amable, eso la hizo pensar más en ellos. Se alegró cuando Naruto propuso que descansaran y se fueron al salón principal a beber una copa de vino.
Los cuatro se sentaron a la mesa. Naruto y Pequeño Killer B hablaron tranquilamente acerca de varias cosas, y Hinata les oía sin prestar ninguna atención a sus palabras. A juzgar por el silencio de Shion, su prima estaba tan distraída y preocupada como ella.
De repente, Naruto puso su vaso sobre la mesa y le cogió la mano. Hinata lo miró sorprendida.
—Vamos. —Fue todo lo que dijo; luego se la llevó tras él y se dirigió a su habitación.
Cuando cerró la puerta tras ellos, Hinata pensó que la había conducido allí para hacer el amor nuevamente. Sin embargo, si bien Naruto la llevó a la cama, sencillamente se tumbó junto a ella y le dijo:
—Descansa.
La joven se quedó mirándolo. Empezaba a acostumbrarse a la naturaleza autoritaria de Naruto y a su forma de controlar las situaciones, pero todavía la desconcertaba un poco.
Le gustaba su forma de ser, pero no estaba acostumbrada a recibir órdenes, y había ocasiones en las que pensaba que la manía que tenía su esposo de controlarlo todo le resultaba un poco alarmante.
Y ésa era una de las ocasiones en las que Naruto la desconcertaba. Estaba muy cansada. A la falta de sueño… sonrió al pensar que no había dormido mucho desde su boda… se unía el agotamiento que produce la preocupación.
Sí, necesitaba descanso, pero le molestaba que Naruto se comportara como si tuviera que obligarla a descansar.
Deslizó la mirada hacia él y al ver que no se había quitado las botas para acostarse, le dijo: —¿No vas a quitarte las botas?
—Estoy demasiado cansado. —La miró con una pícara sonrisa y dijo—: Estás acabando conmigo, esposa.
—¿Acabando contigo?
—Sí. Acabando conmigo.
Hinata se incorporó y se sentó durante unos minutos, después se puso de pie y se pasó al lado de él. Hizo una pausa y luego empezó a quitarle las botas.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Naruto medio sorprendido.
—Como estás tan cansado —dijo secamente—, te estoy ayudando a quitarte las botas. Sakura se pondría furiosa si estropearas sus sábanas.
Naruto dudó, luego se volvió a echar en la cama y la dejó hacer lo que estaba haciendo. Hinata tiró primero de una bota y, sin quererlo, pasó la mano sobre la planta de su pie, lo que le hizo saltar y enderezarse en la cama, tratando de protegerse el pie.
Cuando Hinata lo miró sorprendida, él se volvió a relajar en la cama, pero ella se dio cuenta de que mantenía la rodilla doblada, con la planta del pie descansando sobre la cama a buena distancia de sus manos.
Tomó nota mentalmente, y se dedicó a quitarle la otra bota. Esta vez pasó la mano con toda intención sobre la planta del otro pie y Naruto se removió, tratando de apartarse de sus traviesas manos.
—Tienes muchas cosquillas —dijo Hinata, incrédula.
—No. —El pánico que se reflejaba en su mirada era la prueba de que estaba mintiendo.
—¿No? —Una sonrisa malévola se dibujó en los labios de Hinata.
—Hinata —gruñó amenazador, pero ella ya se había subido a la cama para alcanzar sus pies. Él trató de moverlos, pero Hinata era más rápida y logró alcanzar uno.
Empezó inmediatamente a hacerle cosquillas en la planta del pie y se quedó asombrada al ver que Naruto se retorcía, riéndose. Hinata siguió haciéndole cosquillas con una mano, mientras con la otra le sujetaba el tobillo como si fuera la garra de una langosta, con el brazo sobre la pierna y sosteniendo el tobillo, atormentándolo.
Era como tratar de domar un caballo salvaje, él corcoveaba, luchaba y se defendía como una fiera. Se convirtió en una especie de lucha libre que los llevó a rodar por la cama y a reírse sin parar hasta que Naruto logró ponerla de espaldas entre la cama y él, con las manos sobre la cabeza.
Sin aliento y jadeando, sonrieron al mirarse; luego Naruto bajó su boca buscando la de ella y entonces empezaron una lucha de naturaleza diferente.
—¡Namikaze!
Hinata abrió los ojos de repente y se sentó en la cama cuando la puerta de la habitación se abrió de par en par. Miró a su hermano, confusa. Era de día, posiblemente cerca del medio día.
Se habían quedado dormidos después de hacer el amor y habían dormido toda la mañana. Era evidente que algo había sucedido mientras dormían, algo que había llevado a su hermano a entrar en su cuarto enfurecido, arrastrando tras de sí a Pequeño Killer B como si fuera una mascota.
—¡Sasuke! —Shion entró corriendo en la habitación detrás de ellos. La rubita estaba roja y desencajada, más enojada que nunca—. ¡Suelta a Killer B! ¡No tienes derecho!
—Cierra la boca, Shion —gritó Sasuke sacudiendo la mano que tenía sobre el brazo del otro—. Tengo todo el derecho. Eres mi prima y mi responsabilidad, doblemente, ahora que Obito se ha ido. —Miró hacia la cama y aulló—: ¡Maldita sea, Namikaze, despierta!
—Estoy despierto —respondió Naruto y se sentó en la cama mirando a Sasuke con gesto de desagrado—. ¿Qué pasa?
—Te diré lo que pasa. He atrapado a tu hombre encima de mi prima —dijo Sasuke muy serio y soltó al hombre tras empujarlo hacia la cama.
Naruto pareció desconcertado al oír esto, luego miró a Shion, a Pequeño Kille Hinata. Shion se sonrojó y evitó su mirada, y Pequeño Killer B miró al suelo con expresión avergonzada. Hinata fue la única que logró cruzar una mirada con Naruto, pero lo hizo con una expresión tan confundida como la de él.
—Sasuke… —Hinata trató de iniciar una frase, con lo que logró que la ira de su hermano se desatara contra ella.
—Ni una palabra, Hinata. Es un asunto de hombres. —Su mirada se dirigió a Naruto—. Vístete y baja. Tenemos cosas que discutir.
Sasuke se dio la vuelta inmediatamente y salió como un rayo de la habitación golpeando la puerta con fuerza.
Las dos parejas permanecieron en silencio unos minutos, luego Naruto se quitó de encima las mantas y cogió su túnica diciendo: —Creo que es necesario que me digáis qué ha pasado.
—Sasuke nos sorprendió disfrutando de un houghmagandie —dijo Shion desafiante—. Y ahora está envalentonado.
—Hougma… —Naruto se había arrodillado para plegar su plaid, pero se detuvo al oír las palabras de la rubia y miró a Hinata, que estaba mirando a su prima—: ¿Hinata?
Ella cerró la boca, miró a su esposo, luego se aclaró la garganta y dijo:
—Quiere decir que estaban… eh… haciendo lo mismo que nosotros —concluyó, impotente.
—¿Durmiendo? —preguntó él secamente.
—No, la parte anterior al sueño —dijo Hinata.
—Ah. —Naruto volvió a dedicarse a plegar su plaid.
—Voy a casarme con ella —dijo Pequeño Killer B tímidamente, mientras Naruto terminaba de plegar el plaid y se lo ponía.
—¿Es eso lo que quieres? —preguntó mientras se ponía de pie, ya totalmente vestido.
Pequeño Killer B asintió rápidamente.
—Bueno, lo mejor es que se lo digamos a Sasuke y arreglemos la situación — dijo Naruto y salió de la habitación, seguido por Pequeño Killer B.
Hinata los miró sorprendida. Ninguno de los hombres se había molestado en preguntar a Shion si ella estaba de acuerdo con el matrimonio. Parecía que no se les había ocurrido incluir a la mujer en la discusión, a pesar de que su decisión la afectaba directamente.
Mascullando entre dientes con desesperación, tiró las sábanas a un lado y salió de la cama para empezar a vestirse.
—¿Y bien?
Shion la miró y dio un respingo.
—¿Y bien? ¿Qué?
—¿Cómo fue?
Un gesto de diversión se dibujó en los labios de Hinata. Era la pregunta apropiada, la tensión de Shion se disolvió en una sonrisa.
—Fue maravilloso —dijo su prima con entusiasmo, luego añadió, con menos entusiasmo—: hasta que Sasuke nos descubrió.
Hinata hizo un movimiento de cabeza.
—Y ¿quieres casarte con Pequeño Killer B? Shion sonrió.
—Él ya me lo había pedido antes de que… —Hizo una pausa y se encogió de hombros—. Y yo ya le había dicho que sí.
—Bueno —dijo Hinata respirando aliviada. Al menos no iba a tener que luchar para defender a su prima de un matrimonio no deseado. Terminó de ponerse la túnica y los pantalones, se recogió el pelo hacia atrás y luego se dirigió a la puerta.
—Entonces, bajemos para asegurarnos de que Sasuke no estropee las cosas.
Con una sonrisa dibujándose en sus labios, Shion la siguió fuera de la habitación.
