LA ETERNA ESPERA.
14. Ataque.
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—Atención a los hombres de Greenweld —dijo Sasuke secamente.
Hinata y Shion intercambiaron miradas divertidas al montarse en sus caballos. Sasuke, como si fuera un viejo, se había dedicado a prevenirlos y a darles consejos toda la mañana.
—Lo haremos —lo tranquilizó Naruto al recibir las riendas que le pasó Pequeño Killer B para montar su caballo—. Tu padre nos recordó que lo hiciéramos antes de partir.
Sasuke frunció el ceño y miró contrariado a los cuatro. Si bien había dado su aprobación a la boda de Pequeño Killer B y Shion, e incluso había enviado a uno de sus hombres a traer un sacerdote para que los casara, todavía estaba enfadado con la pareja. Hinata tenía la sospecha de que estaba haciéndose el duro. Cada día se parecía más a su padre.
—Tal vez debería mandar algunos hombres con vosotros por si acaso —sugirió Sasuke, pero Naruto negó con la cabeza.
—Pequeño Killer B y yo podremos enfrentarnos a unos pocos hombres de Greenweld. Estaremos bien. Cuidaré a Hinata.
Hinata lo miró, sorprendida por el comentario. Dudaba mucho de que su hermano se preocupara por ella. Sabía cuidarse bien. Miró a su hermano y dijo:
—Y yo lo cuidaré a él.
Sasuke sonrió al oír sus palabras e hizo un gesto con los ojos al oírla.
—Está bien, simplemente mantened los ojos abiertos. Viajad tan rápido como os sea posible la primera parte. Enviad un mensaje cuando lleguéis. También enviad uno si estáis en dificultades. Y atención a los Kyōdai. La estatura de Shion es similar a la de Tenten y es posible que la confundan y os ataquen por equivocación. No parecen muy inteligentes. Y…
—Adiós, Sasuke —dijo Hinata divertida y dirigió su caballo hacia la puerta.
Dejándolo de pie en las escaleras del castillo, Hinata siguió a Naruto y juntos atravesaron el patio.
Cabalgaron lentamente sobre el foso, y atravesaron el claro también con mucha lentitud. Así, si los Kyōdai estaban cerca podría ver que Tenten no iba con ellos.
No obstante, cuando llegaron a los árboles, Naruto asumió el liderazgo y espoleó a su caballo para que galopara. Hinata lo siguió de inmediato. Una rápida mirada le indicó que Shion la seguía y que Pequeño Killer B, su esposo, cubría la retaguardia.
Hinata sonrió al pensarlo. Parecía muy extraño pensar en Shion casada con el enorme ayudante de Naruto. Era un gigante de tales dimensiones y Shion era tan pequeñita, que formaban una pareja extraña cuando caminaban juntos. Hinata no se atrevía a pensar en cómo serían en la cama. La mera idea le parecía ya demasiado.
El primer día del viaje pasó sin contratiempos. Todos estaban alerta, atentos al hecho de que, aunque los Kyōdai no confundieran a Shion con Tenten, podían intentar capturarlos para saber en dónde estaba la inglesa.
Incluso podían intentar secuestrar a alguno de ellos para canjearlo por la inglesa. Pero nada de eso sucedió, tampoco se vieron acosados por los hombres que Greenweld había enviado a perseguir a Naruto. Si alguno de los grupos estaba por ahí, había conservado prudente distancia.
De todos modos, cabalgaron muy deprisa para establecer la mayor distancia posible entre ellos y sus hipotéticos perseguidores.
Era ya de noche cuando se detuvieron para acampar. El lugar elegido por Naruto no tenía ninguna fuente de agua en los alrededores, pero a Hinata poco le importó.
También se dio cuenta de que viajar en compañía de otros no era un problema, como había pensado en un principio. Estaba tan cansada cuando terminaron de organizar el campamento, de comer y de visitar los matorrales para satisfacer las necesidades personales que no tuvo ni un minuto para considerar dedicarse al houghmagandie.
Ni siquiera tenía energía suficiente para molestarse en bañarse si hubieran acampado cerca del agua. Apenas tuvo aliento para enroscarse junto a su marido y quedarse dormida.
El segundo día fue mucho más fácil. Ahora que estaban a bastante distancia de Sharingan, Naruto decidió bajar un poco el ritmo y antes de que empezara a caer la noche decidió detenerse. Hinata sospechó que había tomado esa decisión debido a la belleza del lugar al que llegaron. Se trataba de otro claro a la orilla de un río, pero éste tenía una hermosa cascada que ofrecía una diversión estupenda.
Hinata y Naruto organizaron el campamento, mientras Pequeño Killer B y Shion se bañaban en el río. Ya habían terminado y estaban esperando cuando llegó la otra pareja. Entonces Naruto les dijo que no tardarían demasiado, y tomó a Hinata de la mano, la ayudó a ponerse de pie y la llevó hacia el bosque.
Ansiosa por quitarse de encima el polvo de dos días de viaje, Hinata empezó a desvestirse mientras corría en dirección al río. Terminó de quitarse los pantalones en el momento en el que puso los pies en el claro, a la orilla del río. Los dejó caer y se agachó para poner todo en un montón cerca de una piedra grande que utilizó de apoyo para quitarse las botas.
Una vez hecho esto, dejó a Naruto desvistiéndose y lanzó al agua. Estaba helada al principio, pero Hinata nadó muy deprisa y buceó para que su cuerpo se acomodara al frío.
Salió cerca de la cascada y se puso de pie para caminar por debajo; entonces se dio cuenta de que el agua sólo le llegaba hasta la cintura. En realidad no le importaba mucho con toda el agua que caía sobre su cabeza.
Sonriendo, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás bajo la cascada, luego la echó hacia adelante y durante unos cuantos minutos disfrutó del golpeteo del agua contra los músculos tensos de sus hombros y su espalda.
Algo que rozó su muslo la sobresaltó; abrió los ojos y se relajó al ver que Naruto le rozaba la espalda al unirse a ella en la cascada. Él no dijo ni una palabra, simplemente la atrajo con firmeza hacia sí con una mano y con la otra le cogió la cabeza y la acercó a su boca para darle un beso.
Aunque sólo hacía dos días que no la tocaba, parecía una eternidad, y ella se entregó a su abrazo satisfecha.
Al principio se limitó a besarla, explorando su boca como si fuera la primera vez; luego sus manos empezaron a moverse, sobre su cuerpo siguiendo el rastro del agua sobre sus hombros y sobre su pecho hasta capturar un seno.
Hinata se aferró al cuello de Naruto cuando su pezón estuvo en los labios de él. Suspiró y se arqueó sobre su erección, frotándose contra él con entusiasmo a medida que le chupaba el pecho.
Cuando quiso penetrarla, ella no estaba preparada, trastabilló y estuvo a punto de caerse, pero Naruto la sujetó y continuó el movimiento rítmico hasta que salieron de la cascada y la apoyó contra la roca que estaba bajo ella. Fue como estar arrebujados bajo una tormenta, el agua bramando a su alrededor y dejando una suave bruma que hacía que todo fuera vaporoso, casi etéreo.
Hinata tendió los brazos sobre el pecho de su esposo disfrutando de su fuerza y su dureza, luego dejó que una de sus manos bajara para coger su erección mientras él se inclinaba para volverla a besar.
Las manos de él no dormían, se movían sobre el cuerpo de ella, la acariciaban y jugueteaban antes de buscar el calor en su parte central. Hinata gemía dentro de su boca y abrió las piernas para animarlo a seguir acariciándola.
Cuando Naruto le apartó las piernas, Hinata estaba más que lista y las levantó para cerrarlas alrededor de él. Se estremeció e hizo presión contra la roca cuando él la penetró, cerró los ojos y un gran gemido salió de sus labios.
Le encantaba que estuviera dentro de ella. Sus besos y sus caricias eran excitantes, y cuando ponía su boca sobre su feminidad podía llevarla a la luna, pero le gustaba más cuando estaba dentro de ella, con sus cuerpos fundidos en uno solo y frotándose uno a otro con cada caricia.
Hinata apretó los músculos de sus hombros y le mordisqueó la oreja mientras le hacía el amor. Naruto movió la cabeza inmediatamente para besarla y siguió besándola hasta el final, los dos lanzaron un grito cuando encontraron alivio.
—Pequeño Killer B dice que ya estamos en Inglaterra.
—Sí. Naruto dijo que habíamos cruzado la frontera poco después de mediodía.
Era la tercera tarde de su viaje y de nuevo habían viajado a un ritmo más relajado. Naruto no parecía tener prisa por llegar a Rasengan, y a Hinata no le importaba lo más mínimo. Estaba disfrutando mucho.
Ahora se habían detenido para pasar la noche en la ribera de un río y los hombres se habían ofrecido a preparar el campamento mientras las mujeres iban a asearse un poco. A Hinata la había decepcionado el arreglo, le hubiera gustado más tener la oportunidad de estar sola con Naruto de nuevo como la noche anterior.
Las dos mujeres se lavaron rápidamente pues querían volver pronto con los hombres. Cuando llegaron al claro, Naruto y Pequeño Killer B ya habían atendido a los caballos y estaban encendiendo un fuego.
—Estaba pensando que podíamos cazar un conejo para cenar —anunció Pequeño Killer B cuando llegaron Hinata y Shion.
—Suena bien —dijo Naruto mientras ponía las botas junto a un trozo de madera que estaba sobre el suelo para luego agacharse a atizar el fuego.
Pequeño Killer B gruñó un poco y luego miró a Shion: —¿Vamos a cazar uno?
Sonriendo, Shion lo tomó de la mano y se internó en el bosque con su esposo. Hinata los vio partir y de nuevo se quedó maravillada ante la extraña pareja que hacían, luego se acomodó en el tronco en el que Naruto había puesto sus botas.
Deslizó la mirada de las botas a su esposo y sonrió un poco. Era evidente que no se las había puesto después de meterse en el río. Su mirada se detuvo en sus pies descalzos y una sonrisa maligna se dibujó en sus labios. Le encantaba hacerle cosquillas.
La maravillaba que ese hombre tan fuerte pudiera volverse tan débil e indefenso cuando le hacía cosquillas. Si sus enemigos hubieran conocido esa debilidad, el pobre habría muerto hacía años.
—Ya está. —Naruto terminó de trajinar con el fuego, se sacudió las manos y se acercó a sentarse junto a Hinata.
Se sentaron en un silencio cordial durante un rato, luego Naruto le mencionó que no estaban lejos de Eberhart, la casa de su amigo Menma. Durante la semana siguiente a su matrimonio, Naruto le había hablado con frecuencia de él. Era evidente que se trataba de un buen amigo y que su esposo lo quería como a un hermano.
De los muchos relatos divertidos que Naruto le había contado de Menma, su favorito era el de la orden que el rey le había dado de casarse con Natahi. Menma pensaba que ella era una arpía horrorosa cuyo marido había decidido matarse antes que ir a la cama con ella.
Por tanto, Menma no se había mostrado muy contento con esa unión y había llegado arrastrando los pies para encontrarse con una hermosa e inteligente pelinegra que podía disparar una flecha con más destreza que la mayoría de los soldados que luchaban bajo su mando.
Naruto hablaba con admiración y afecto de su amigo y de su esposa, y Hinata siempre disfrutaba de las historias que le relataba. Se había dado cuenta de que si escuchaba con atención podía lograr tanta información sobre su esposo como sobre las personas de las que le hablaba, por tanto lo animaba a esas charlas.
Como lo estaba haciendo ahora.
Pero por muy fascinante que encontrara su relato, de nuevo se encontró mirando los pies descalzos de Naruto, y de pronto se dio cuenta de que estaba estudiando cuál sería la mejor estrategia para llegar a ellos sin dejar de prestarle atención.
No podía hacerlo desde donde estaba sentada, pero si se movía su esposo sería lo suficientemente inteligente para sospechar cuáles eran sus intenciones y quitar los pies del camino.
Le había perseguido los pies todas las noches en Sharingan después de descubrir su debilidad. De hecho, se había convertido en un juego permanente. Hinata le perseguía los pies y las cosquillas se trocaban en una lucha que concluía haciendo el amor.
Era un juego que disfrutaba mucho, y estaba segura de que Naruto también, porque de lo contrario no dejaría a su alcance sus pies descalzos con tanta facilidad.
Bueno, se dijo, ya que no podía engañarlo, al menos podía sorprenderlo, se dijo y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre él. Naruto trató de poner los pies lejos de su alcance, pero ella era veloz y se lanzó por entre sus piernas, inmovilizándolo contra el suelo hasta poderlos coger.
En unos segundos tuvo a Naruto riendo y arrastrándose por el suelo, pero, como era costumbre, eso era todo lo que él le permitía antes de tomarla por la cintura y rodar con ella, teniendo siempre presente que debían evitar el fuego. Hinata se resistió, pero Naruto era más fuerte y pronto la tuvo aprisionada contra el suelo, riendo y sin aliento los dos.
—Tú, mi querida esposa, eres una bruja mala.
Hinata aparentó sentirse ofendida al escuchar el insulto, pero le pareció bastante divertido. Siempre le ponía motes horribles después de una sesión de cosquillas y ella lo tomaba como algo merecido.
—Creo que tú también necesitas una buena sesión…
Hinata sintió que una sonrisa se dibujaba en sus labios. A ella le encantaban sus jugueteos. De pronto, oyó unos ruidos y la sonrisa se le heló en los labios. Varios hombres salían del bosque y se dirigían hacia ellos.
Al darse cuenta de la repentina tensión en el cuerpo de Hinata, Naruto siguió su mirada.
Al segundo siguiente los dos estaban en movimiento, de pie con las espadas en la mano, y en un abrir y cerrar de ojos, instintivamente, se habían puesto espalda contra espalda para enfrentarse a los hombres que los rodeaban.
Ingleses, una docena en total, vio Hinata, y sospechó que se trataba de los hombres de Greenweld. Si ese era el caso, bastaría con que les dijeran que Greenweld estaba muerto, así los dejarían en paz.
Por desgracia, Hinata no tuvo la posibilidad de probar su teoría. Justo cuando lo estaba pensando, dos de los hombres se le acercaron blandiendo sus espadas. El sonido del metal a sus espaldas le dijo que Naruto también estaba luchando, y de ahí en adelante estuvo demasiado ocupada rechazando los atacantes como para poder pensar en nada más.
Hinata trató de recordar el consejo de Naruto y no limitarse a defenderse de los ataques, pero era difícil ser más agresiva con tantos hombres atacándola. Nunca había tenido que defenderse de tantos atacantes a la vez.
Nunca había estado en una batalla en la que es tuviera en tanta inferioridad, y sabía que no tenía la habilidad ni la fuerza para evitar que la mataran si ésas eran sus intenciones.
Pero después de un rato se dio cuenta de que no lo eran. Los tres hombres que la atacaban parecían más interesados en mantenerla ocupada, lo que la convenció de que se trataba de los hombres de Greenweld.
Les habían dado la orden de matar a Naruto pero sin hacerle daño a ella. Obito quería casarse con ella, después de todo.
Era consciente de que los hombres contra los que luchaba Naruto no estaban peleando con tanta delicadeza. Era a él a quien querían matar.
La preocupación por su esposo la distrajo, y se dio cuenta de que estaba prestando más atención a la batalla que tenía lugar a sus espaldas que a la suya. Escuchaba los sonidos y trataba de mirar por encima del hombro para ver cómo estaba Naruto cuando se tropezó contra algo, una piedra muy grande o la raíz de un árbol.
Fuera lo que fuese, Hinata tropezó y perdió el equilibrio; al caer tropezó con Naruto… y fue entonces cuando sucedió lo que ella tanto había temido desde que empezara la pelea.
Oyó un gemido de Naruto. Se volvió a mirarlo y vio con horror la espada cerca de su cadera. Se la habían clavado a Naruto, o había caído sobre ella al tropezar, en todo caso salía de su espalda y estaba manchada con su sangre.
Hinata lanzó un chillido de batalla producto de la ira e, ignorando a los hombres que estaban frente a ella, se volvió y arremetió contra el hombre que estaba atacando a Naruto justo en el momento en que éste sacaba la espada que le había enterrado a su marido.
Otro grito de batalla hizo eco en el silencio que descendió de pronto en el claro y Hinata se volvió justo para ver a Pequeño Kille Shion sobre sus caballos dirigiéndose hacia los hombres quienes, al ver lo que se les venía encima, se dieron la vuelta y se alejaron a todo correr. Hinata habría podido besarlos a los dos.
En lugar de hacerlo cogió a Naruto bajo los brazos para ayudarlo a ponerse de pie y al ver que se tambaleaba lo acercó a los animales.
Shion soltó las riendas de las monturas al ver que Hinata trataba de cogerlas, y luego se unió a Pequeño Killer B, que había perseguía a los hombres de Greenweld.
La repentina aparición de la pareja y la distracción que les proporcionó le dieron a Hinata la oportunidad que necesitaba para ayudar a Naruto a montar en el caballo y luego montarse tras él.
Lo rodeó con sus brazos, cogió las riendas de los caballos de los dos y les gritó a Shion y a Pequeño Killer B para avisarle de su marcha, antes de espolear su montura y salir del claro.
Hinata puso el caballo a correr a toda velocidad durante varios minutos antes de darse cuenta de que Naruto se reclinaba sobre ella más y más cada minuto que pasaba.
Tenía un brazo alrededor de él para poder coger a su semental y a la vez sostener, con la otra mano, las riendas de su propio caballo, que marchaba detrás de ellos. Hinata sospechó que muy pronto iba a necesitar las dos manos para sostener a Naruto y controlar el caballo sobre el que iban.
Una mirada hacia atrás le permitió ver que Shion y Pequeño Killer B la seguían y prácticamente la habían alcanzado. Los miró rápidamente y pudo ver que ninguno de los dos parecía herido. Aliviada, primero lo llamó a él, que de inmediato se puso a su lado. Hinata le pasó las riendas de su caballo.
—Naruto está herido —gritó al ver que ya tenía firmemente agarradas las riendas.
—Sí, lo sé —gritó en respuesta, había mucha preocupación en el rostro del gigante al mirar a su señor.
—¿Está sangrando mucho? —preguntó Hinata, incapaz de comprobarlo ella misma.
La triste expresión de Pequeño Killer B fue respuesta suficiente y Hinata intentó disminuir el paso. Como si le estuviera leyendo el pensamiento, Pequeño Killer B gritó: —¡Nos siguen! ¡Y no vienen lejos!
Hinata maldijo. Eran malas noticias.
—¡Tenemos que llevarlo a un lugar seguro! ¡Necesita atención inmediata!
—Estamos cerca de Eberhardt. —Fue Naruto quien pronunció esas palabras.
—¿Qué ha dicho? —gritó Pequeño Killer B para hacerse oír entre el ruido de los cascos de los caballos.
A Hinata no le sorprendió que no hubiera oído. Naruto estaba muy débil y su voz era un suave murmullo.
—Ha dicho que estamos cerca de Eberhardt —respondió—. ¿Vamos en la dirección correcta? ¿A qué distancia está?
—Me parece que estamos a menos de una hora —dijo el esposo de Shion y añadió—: Y sí, vamos en la dirección correcta.
Hinata dudó y luego le preguntó a Naruto:
—¿Crees que lograrás llegar hasta allí?
Él hizo un leve gesto de asentimiento con la cabeza en lugar de tratar de volverse de nuevo. Hinata frunció el ceño, pensando que debería examinar su herida, pues no sabía si creerle o achacar su respuesta al orgullo y la terquedad masculinos. Los hombres podían ser tan absurdos…
—¡Toma!
Hinata miró a su lado y vio que Shion estaba ahí y le estaba pasando un trozo de tela que había rasgado de su plaid.
—Está sangrando mucho —dijo su prima cuando Hinata soltó un poco a Naruto para coger la tela—, véndalo o no aguantará.
Hinata asintió, luego dudó. Difícilmente podría sostener las riendas, sostener a Naruto y envolver la tela alrededor de su talle a la vez.
Pequeño Killer B solucionó el problema cogiendo las riendas de sus monturas y las del caballo sin jinete y guiando a la vez a los dos animales mientras ella, rápida y torpemente, se las arreglaba para envolver la tela alrededor de su esposo.
Ató la tela tan apretada como pudo, estremeciéndose pero sin dejarse vencer por el gemido de dolor de Naruto. Sabía que le estaba haciendo daño, pero tenían que cortar la hemorragia si querían que sobreviviera.
Hinata había podido echar un vistazo a la parte posterior de su jubón mientras lo vendaba y había visto la cantidad de sangre que estaba perdiendo por la espalda. Una punzada de temor se había clavado en su pecho al ver que estaba perdiendo la misma cantidad de sangre por delante.
—Tenemos que avanzar más rápido —gritó al recibir las riendas que Pequeño Killer B llevaba y espoleó el caballo para que cabalgara tan rápido como le fuera posible.
Era peligroso hacerlo. Cabalgar de noche ya era arriesgado, pues ni ellos ni los caballos veían nada y podían tropezar con cualquier cosa, pero era un riesgo que tenían que correr. Después de haber esperado tanto tiempo a que fuera a buscarla, no iba a quedarse viuda porque su esposo se había desangrado en sus brazos.
Hinata obligó a las bestias a llevar un paso agotador, tanto que hubieran podido dejar muy atrás a sus perseguidores si el semental de Naruto hubiera logrado mantener el paso.
Pero, obligado a llevar doble carga, el caballo empezó a disminuir la marcha. Pequeño Killer B y Shion también disminuyeron su paso para ir a su ritmo, pero Hinata pronto deseó que no lo hubieran hecho. Naruto estaba semiinconsciente, y era ella quien lo sostenía, si no se daban prisa, su esposo no podría resistir.
Además, para empeorar las cosas, la frecuencia con que Shion miraba hacia atrás le indicó a Hinata que sus perseguidores estaban alcanzándolos poco a poco y empezó a pensar que no iban a lograrlo.
De repente, la negrura de la noche en los bosques dio paso a la luna. Habían salido de la espesura y estaban frente a la extensión de tierra que rodeaba el castillo al que se aproximaban.
Hinata estuvo a punto de echarse a llorar de alivio al ver el castillo. Pero no era ése el momento de llorar, se dijo, mientras espoleaba con fuerza al semental, obligándolo a realizar un último esfuerzo. Se sintió agradecida al ver que el caballo respondía.
Estaban a mitad de camino entre los bosques y el castillo cuando Hinata pensó que a juzgar por el ruido cada vez más débil de los cascos que los seguían, sus perseguidores habían desistido.
Pero su preocupación por Naruto no le permitió reducir el paso. Logró que el caballo siguiera galopando a toda velocidad hasta que tuvo que detenerse debido a que Eberhardt estaba totalmente cerrado; su puente estaba levantado y las puertas ajustadas.
Tras detenerse a la orilla del foso, Hinata miró hacia atrás justo a tiempo de ver que el último de sus perseguidores desaparecía y oyó a Pequeño Killer B gritar contra la muralla para identificarse e informar que Namikaze estaba herido.
Afortunadamente, quienquiera que estuviera de guardia esa noche reconoció el nombre y dejó caer el puente levadizo de inmediato. De todas maneras parecía que tardaba una eternidad.
Una vez que el camino estuvo despejado, Hinata espoleó el caballo de Naruto y entró trotando sobre el puente hasta llegar al patio y dirigirse de inmediato hacia las escaleras del castillo antes de detenerse.
En ese momento, Naruto empezó a desplomarse hacia un lado en sus brazos. Hinata estaba luchando para evitar que se cayera cuando las puertas del castillo se abrieron y un hombre de pelo negro, casi tan grande como Pequeño Killer B, se dirigió hacia ellos. Iba vestido únicamente con un par de pantalones, era evidente que acababa de levantarse de la cama.
De todos modos parecía totalmente despierto, y corrió inmediatamente hacia donde ella estaba sosteniendo a Naruto. Valoró la situación de inmediato, levantó la mano para abrazar a Naruto y luego ordenó:
—¡Suéltalo!
Hinata obedeció la orden sin dudarlo. En cuanto lo soltó, Naruto cayó hacia un lado de la montura, pero el recién llegado estaba allí para recibirlo y ponerlo en el suelo.
Rápidamente, Hinata se bajó del caballo y se arrodilló al lado de su esposo justo cuando sus ojos se abrieron lentamente. Su mirada se deslizó de ella hacia el hombre que estaba a su otro lado y logró sonreír ligeramente.
—Menma —su voz parecía apenas un susurro, y los dos tuvieron que acercarse para oírlo—, vamos camino a casa y se nos ocurrió hacerte una visita. Te presento a mi esposa —añadió, y Hinata arqueó las cejas al oír su voz—. Esposa, Menma. Menma, esposa.
Se miraron el uno a la otra, y Hinata no se sorprendió al ver la preocupación en el rostro del otro hombre. Ella lo sabía, su propia expresión era como un espejo de la de él.
—¡Naruto!
Hinata miró sobre el hombro de Menma y vio a una pelinegra, pequeña y escultural, que corría escaleras abajo y se dirigía hacia ellos.
—¿Qué ha sucedido? —gritó alarmada al ver a Naruto, que estaba cubierto de sangre. Luego, antes de que nadie pudiera responder, se volvió hacia los sirvientes y bramó: —¡Chiyo!
—¿Sí, milady? —Una sirvienta de rostro amable bajó por las escaleras de inmediato.
—¡Necesito mis medicinas!
—Sí, milady. —La sirvienta dio media vuelta y casi voló escaleras arriba y entró en el castillo.
La mirada de Hinata se dirigió hacia el hombre que estaba de rodillas frente a ella y sonreía levemente.
—Mi esposa, Natahi —explicó.
—Ah. Eh… eh… tiene un buen par de pulmones para ser tan pequeña. —Lady Natahi demostró, pegando otro grito, que era cierto lo que Hinata había dicho sobre sus pulmones.
—¡Ebisu!
—Sí, ¿milady?
Un sirviente bajó por las escaleras, sólo para darse la vuelta y volver a subir cuando lady Natahi dijo:
—¡Vendajes!
—Decidles que lleven todo a la habitación que Naruto ocupó en su última visita —ordenó Menma, metiendo sus brazos bajo Naruto y poniéndose de pie para levantarlo.
Hinata se puso de pie y corrió al lado del hombre que llevaba a su esposo hacia adentro.
¡Hola! Gracias por leer, nos faltan cuatro capítulos para el final de esta historia.
NOTA: Menma & Natahi son los personajes de la primera historia La Inocencia de la Dama.
Hasta Mañana...
Por cierto ya estoy trabajando en la adaptación que publique en Wattpad La Rosa del Vikingo (Eliminada), para traerlo a esta plataforma.
