LA ETERNA ESPERA.
15. La Espera.
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Hinata esperó a que Menma tendiera a Naruto en la cama e inmediatamente después se adelantó para tratar de quitarle la túnica y el jubón. Pero su amigo empezó a hacerlo antes, y Hinata se dijo a sí misma que él era más fuerte y podría hacerlo más deprisa. Luego esperó con impaciencia mientras lo desvestían y lo acomodaban sobre el lado que no estaba herido.
Cerró la boca con fuerza al ver la herida por primera vez. La espada le había atravesado el costado y la sangre fluía con abundancia. Parecía infectada.
—Aquí tiene, milady. —La doncella la que Natahi había enviado a buscar las medicinas entró rápidamente en la habitación, seguida de cerca por el sirviente a quien se le habían pedido los vendajes.
—Necesitaremos uisge beatha —dijo Hinata, y luego usó el nombre en inglés para evitar cualquier con fusión—: Whisky. Para limpiar la herida.
Natahi envió a buscar el whisky, después dudó unos instantes antes de entregarle las medicinas y los vendajes.
Al ser la esposa de Naruto, Hinata pensó que era a ella a quien le correspondía atenderlo, pero casi deseó que no fuera así: el estómago le daba vueltas y temía cometer un error. Pero, como pensó que ésa era una muestra de debilidad, se enderezó y se acercó para asumir la tarea.
Había curado cientos de heridas, desde pequeños cortes que podían limpiarse con un poco de whisky y una venda, hasta heridas más profundas como la de su esposo. Podía hacerlo.
—Habrá que traer también aguja e hilo para coserlo. —Chiyo salió veloz a buscarlos.
Estaba terminando de limpiar la herida, cuando Chiyo regresó con la aguja y el hilo. Para su gran frustración, Hinata se dio cuenta de que le temblaban las manos… ¿Y si cometía algún error? ¡No podía hacerlo!
—Natahi, quizá tú puedas coser a Naruto —sugirió Menma, quien aparentemente se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo—, a Hinata le tiemblan los brazos por el esfuerzo que ha hecho para sostener a Naruto en el caballo.
—¿Me permites? —preguntó Natahi.
Hinata le pasó la aguja y el hijo aliviada. Estaba muy cansada, sí, pero ésa no era la verdadera razón de su temblor. Estaba nerviosa y temía por Naruto. La herida era mortal y había perdido mucha sangre. Era posible que no sobreviviera.
Hinata echó más whisky sobre la herida, por delante y por detrás. Naruto ni siquiera se movió. Si hubiera estado despierto habría lanzado gritos de agonía, pues aunque el licor servía para limpiar completamente la herida, no en vano era llamado el fuego de la vida.
Hinata le devolvió el whisky a Chiyo y miró por encima de ella porque un sollozo contenido había llamado su atención. Había una sirvienta rubia y bien dotada de pie junto a la puerta llorando discretamente. Hinata la miró un momento, después se volvió hacia su anfitriona para preguntar:
—¿Quién es ella?
Natahi miró a la chica, luego hizo un gesto de desagrado y ordenó: —Chiyo, tú te quedas. El resto de la servidumbre debe esperar en el corredor por si necesitamos algo.
Cuando los otros sirvientes, incluyendo a la rubia llorosa, se retiraron, Natahi se dedicó a coser a Naruto. No le había respondido a Hinata, pero, de momento, dejaría que las cosas quedaran así.
Cuando Natahi terminó de coser la herida, tanto por delante como por detrás, lo vendó.
—Ya está —dijo al terminar, y las dos se levantaron.
—¿Vivirá? —preguntó Menma al acercarse a la cama junto con Pequeño Killer B y Shion.
Ansiosa por escuchar la respuesta, Hinata esperó a que la otra mujer hablara. Creía que había pocas probabilidades, pero la más mínima le daba esperanzas. Había perdido demasiada sangre y ella había temido que muriera antes de que pudieran detener la hemorragia y coserlo.
No había sido así, y aún vivía, aunque estaba muy grave. El que aún siguiera respirando le daba esperanzas, pero temía estarse engañando y quería oír la opinión de lady Natahi.
—Ha perdido mucha sangre —comentó Natahi, sus cejas se juntaron indicando preocupación al contemplar el rostro pálido de Naruto—, pero si no le da fiebre es posible que sobreviva.
Hinata respiró tan profundamente que todos pudieron oírla. No había pensado en una posible infección. Tenía que vigilarlo toda la noche. Si no daba señales de fiebre a la mañana siguiente, posiblemente estaría fuera de peligro.
—Sabremos más mañana —dijo lady Natahi, que evidentemente pensaba lo mismo que Hinata.
Menma hizo un gesto con la cabeza, luego miró a Hinata, Shion y Pequeño Killer B: —¿Habéis comido algo?
Pequeño Killer B negó con la cabeza.
—Shion y yo regresábamos con un conejo para cocinarlo cuando encontramos a Hinata y a Naruto rodeados y peleando.
—¿Cuántos hombres? —preguntó Menma.
—Doce, creo.
—Sí —dijo Shion—. Eran doce, pero sólo quedaban nueve. Al parecer, Naruto había despachado a dos antes de que llegáramos, y Hinata mató al que hirió a Naruto mientras recogíamos los caballos.
—Sí —asintió Pequeño Killer B—. Quedaron nueve hombres vivos.
—¿Quiénes eran?
Pequeño Killer B abrió la boca para responder, y Hinata lo dejó encargarse del relato mientras ella se acercaba a la chimenea, cogía una de las sillas que estaban al lado y la llevaba junto a la cama.
—Quizá deberíamos ir a la planta baja; nos lo contaréis mientras coméis algo —
sugirió lady Natahi, interrumpiendo a Pequeño Killer B.
—Sí —asintió Menma—. Vamos, Pequeño Killer B, cuéntame todo lo que ha sucedido desde que Naruto y tú salisteis de Eberhardt con lord Neji.
Los dos hombres salieron de la habitación, pero Shion y Natahi dudaron.
—¿No vienes a comer algo?… Hinata, ¿te llamas así, no? —preguntó lady Natahi.
—Sí. Hinata.
La esposa de Menma sonrió.
—Y yo soy Natahi.
—Sí. Lo sé. Naruto me ha hablado de ti y de Menma. —Señaló a su prima—: Y ella es Shion, mi prima. Es la esposa de Pequeño Killer B.
Natahi abrió la boca sorprendida al contemplar a Shion: —¿Tú y Pequeño Killer B?
La reacción de la mujer hizo reír a Shion y sonreír levemente a Hinata, que así pudo liberar algunas de las tensiones y comentó divertida:
—Impresionante, ¿no es verdad? —Natahi cerró los labios y sonrió.
—No, no. Me alegro por Pequeño Killer B —se apresuró a decir—. Ha vivido muchas experiencias trágicas últimamente. —Dudó, luego carraspeó y preguntó—:¿Bajas a comer? Uno de los sirvientes puede cuidar a Naruto mientras tanto.
—No. No tengo hambre. —Hinata miró a su esposo. Hizo un gesto de preocupación al notar su palidez. Estaba casi gris por la falta de sangre. Si moría en su ausencia…
—Te enviaré algo de comer por si cambias de opinión —murmuró lady Natahi, luego se dirigió a Shion y preguntó—: ¿Bajas a comer con tu esposo?
Hinata miró a su prima y, al ver que dudaba, le dijo:
—Ve, Shion. Come con Pequeño Killer B. No hace falta que nos quedemos aquí las dos. Además, estoy completamente segura de que a lady Natahi le gustará saber noticias de su primo lord Neji.
—Sí. Me gustaría que me dijerais qué ha sido de él —aprobó Natahi.
—Bueno —aceptó Shion a regañadientes—. Pero, si me necesitas, vendré corriendo.
Hinata asintió y concentró la atención en su esposo mientras las otras dos salían de la habitación. Se quedó contemplando la cara inexpresiva de Naruto durante largo rato hasta que sus facciones estuvieron perfectamente grabadas en su memoria; quería asegurarse de que podría recordarlo toda la vida, si fuese necesario.
Esperaba que no. Era una recién casada… y demasiado joven para quedarse viuda.
Hinata se despertó en su silla, seguía sentada con la cabeza hacia adelante y la barbilla descansando en su pecho.
Cuando empezó a levantar la cabeza, sintió dolor en el cuello. Tal vez había dormido más que unos pocos minutos.
Haciendo un gesto, se pasó la mano por la nuca y se enderezó lentamente, apenas pudo contener un gruñido. Una mirada hacia la ventana le mostró que el sol empezaba a salir en el horizonte.
Durante las altas horas de la madrugada había corrido las pesadas cortinas para darse cuenta de que ocultaban unos vidrios, y eso la había impresionado mucho. Luego había abierto las ventanas, con la esperanza de que el aire fresco le ayudara a mantenerse despierta para cuidar a Naruto.
Por absurdo que pareciera, temía que, si dejaba de vigilarlo, le subiría la fiebre. Y había estado despierta casi toda la noche, hasta que el cansancio la venció.
Tenía la impresión de haber dormido una hora o dos. Era muy temprano.
Se agachó junto al lecho y puso la mano sobre la frente de Naruto con suavidad.
—Gracias a Dios —murmuró, feliz de comprobar que no tenía fiebre y que no había muerto. Estaba tan pálido que no se habría sorprendido de que hubiera muerto mientras ella dormía.
Hinata volvió a sentarse en la silla, luego se movió incómoda. Seguía cansada, y ahora que la mañana había llegado con Naruto aún vivo y sin ninguna señal de fiebre, quizá podría dormir.
Se puso de pie y estiró los músculos, que le dolían por la posición en la que había pasado tanto tiempo; luego caminó alrededor de la cama y con mucho cuidado se acostó junto a Naruto. Se acomodó en el borde, tan lejos de él como le fue posible para evitar tocarlo si se movía dormida. Cerró los ojos y el sueño volvió a apoderarse de ella.
—Llevas dos días encerrada en esta habitación. —Con las manos sobre las caderas y aire decidido, Shion miró a Hinata desde el otro lado de la cama—. Y él ni siquiera está despierto para darse cuenta de que estás cuidándolo. Tienes que salir de esta habitación un rato. —Dejó de lado la posición amenazadora y adoptó un aire más complaciente—. Ven, desayuna algo, al menos.
—Ya he desayunado —Hinata miró con atención a Naruto por enésima vez desde que se había despertado dos horas antes. Empezaba a tener algo de color, pero seguía muy pálido y no se había despertado. Eso era preocupante.
—Entonces ven conmigo al patio a practicar un rato —insistió Shion pacientemente—. Sólo un ratito. No tardaremos, y una de las sirvientas puede quedarse con él mientras tanto. ¿Podría ser? —preguntó dirigiéndose a lady Natahi en busca de apoyo. La pelinegra, que tenía casi la misma estatura de Shion pero que era mucho más escultural, asintió de inmediato.
—Sí. Chiyo o alguna de las otras mujeres tomaría tu lugar con mucho gusto.
Hinata pensó en la sugerencia de su prima y se sintió tentada. Llevaba dos días encerrada en la habitación, dos días demasiado largos y extenuantes, contemplando el rostro de su esposo con la esperanza de que despertara. Cuanto más dormía, mayor era la preocupación.
No se había despertado ni un solo minuto, y si no despertaba pronto y comía, temía mucho que se fuera apagando y muriera.
—Cuando se recupere nos pondremos en camino hacia Rasengan. ¿Qué pasa si nos atacan de nuevo? Necesitarás estar en plena forma para cuidarlo —dijo Shion con cierta malicia, y Hinata la miró atentamente.
—¿Menma no ha encontrado todavía a los hombres? —preguntó preocupada. La mañana siguiente a su llegada, lady Natahi le había dicho que su esposo había enviado unos guerreros a buscar la banda de hombres que los habían atacado.
No habían vuelto a hablar del tema desde entonces, y Hinata no había pensado en ellos. Toda su atención estaba centrada en Naruto.
—No —respondió lady Natahi—. Menma piensa que se replegaron como un zorro que busca su madriguera. Pero está seguro de que todavía están por los alrededores.
Hinata frunció el ceño al oír esto, luego se puso rápidamente de pie.
—Sí. Voy a practicar contigo —decidió.
Necesitaba estar en forma cuando partieran. No iba a dejar que hirieran a Naruto de nuevo cuando estuviera recuperado. Si se recuperaba. Si no… Iría tras esos bastardos, ella misma y los enviaría a encontrarse con Greenweld.
—¡Chiyo! —gritó con fuerza lady Natahi, y las tres mujeres miraron esperanzadas el rostro de Naruto, pero ni ese bramido logró que se moviera.
Hinata se sintió muy deprimida. El que no hubiera reaccionado ante semejante grito era una prueba más de que su sueño no era normal.
Ya lo sabía. Había tratado de despertarlo varias veces para hacerle tomar un poco de caldo, sin ningún éxito.
Evidentemente, Chiyo esperaba en el corredor, pues la puerta se abrió casi de inmediato para darle paso.
—Por favor, atiende a lord Naruto mientras lady Hinata toma un poco de aire fresco —dijo lady Natahi.
La sirvienta asintió y pasó a su lado. Hinata dudó, luego se puso de pie lentamente. Había estado sentada demasiado tiempo y sentía tensión en todo el cuerpo. Dejó que la sirvienta tomara asiento y dijo:
—Llámame si se despierta.
—Sí, milady —murmuró ella al sentarse en la silla.
—Llámame si hay cualquier cambio por pequeño que sea —añadió Hinata.
—Sí, milady.
Hinata volvió a abrir la boca, pero Shion la tomó del brazo y tiró de ella hacia la puerta.
—Sólo vas a estar fuera un ratito. Él estará bien.
—Sí. —Lady Natahi las siguió fuera de la habitación y cerró la puerta tras de sí—. Un corto paseo por el patio, algo de práctica con Shion, quizá un pequeño almuerzo y después puedes regresar.
Hinata miró a su alrededor con curiosidad mientras la conducían por las escaleras hacia el salón principal. En realidad no había visto nada al entrar, toda su atención y su preocupación estaban centradas en su esposo.
Ahora se interesó por el castillo bien mantenido y con su pequeño ejército de servidores.
—¿Por qué van vestidos de negro todos los sirvientes?
—Oh. —Natahi se sonrojó un poco—. Estábamos de luto. Bueno, en realidad todavía lo estamos, o deberíamos estarlo, pero… —hizo una pausa y sacudió la cabeza—. Mi esposo murió hace poco tiempo.
Hinata levantó las cejas.
—Creí que Menma era tu esposo.
—Sí, pero antes estaba casada, mi esposo murió y el rey arregló mi boda con Menma para protegerme de… —hizo una pausa con un gesto, luego dijo—: Es una larga historia.
—Sí. —Hinata sonrió al recordar que Naruto le había contado todo—. Naruto me la ha contado, pero con tantas emociones se me había olvidado…
—Oh. —Natahi sonrió, luego se excusó—: No es una historia muy interesante.
Hinata respiró profundo.
—Me pareció muy interesante cuando Naruto me la contó.
A la historia no le faltaba de nada: había un asesinato, una carrera para llevarla a la cama, un secuestro y una dramática huida. El relato había sido muy entretenido.
Natahi se sonrojó, pero luego bajó la mirada hacia las mesas y un pequeño suspiro se escapó de sus labios.
—Ay, Dios. Lady Koyuki está aquí.
Hinata la miró con curiosidad. No parecía complacida al ver a la mujer en cuestión.
—Es una verdadera bruja —masculló Shion entre dientes para que la oyera sólo su prima, que la miró extrañada. Shion asintió ligeramente.
Hinata decidió que más tarde le pediría a su prima que le explicara por qué había dicho eso y qué había hecho la mujer para suscitar tanta indignación. Por el momento, no haría preguntas. Lo único que quería era tomar el aire y despejarse un poco.
El aire fresco y el ejercicio le sentaron muy bien después de tan largo encierro en una habitación con un hombre inconsciente.
Incluso se quedó más tiempo del que había pensado, y cuando volvió a entrar en el castillo y lady Natahi la detuvo y la convenció de que se quedara a comer algo, aceptó, pensando que serían unos pocos minutos y además haría trabajar menos a la servidumbre.
Tenía la idea de no haber sido un huésped muy considerado al exigirles a los sirvientes de Eberhardt que subieran y bajaran las escaleras llevándole comida y bebidas, teniendo en cuenta que ella no era la enferma.
Todavía no era hora de almorzar, por tanto el salón estaba vacío, pero Shion la acompañó a la mesa y lady Natahi se les unió. Estaban terminando de comer cuando se acercó lady Koyuki.
Sólo entonces Hinata se acordó de que había pensado preguntarle a Shion por qué no le gustaba la dama. Y no le tomó mucho tiempo descubrirlo. Mientras se sentaba, le echó un vistazo y observó sus facciones finas, sus curvas voluptuosas, el traje costoso, el tocado en la cabeza y el peinado artístico de su negra cabellera. Era una mujer encantadora. Hasta que abrió la boca.
—Os he visto practicando con la espada —dijo sin ningún preámbulo.
—¿Sí?—preguntó Hinata con suavidad.
—Debe de ser interesante para un hombre tan refinado como Naruto tener una amazona por esposa. —Su voz estaba llena de desdén, y su rostro hermoso se descompuso por la sorna que se dibujó en sus labios mientras miraba con desprecio los pantalones y la túnica de Hinata—. Decidme, ¿él cambia la estimulación erótica por la práctica con las espadas para acoplarse a vuestros gustos poco femeninos?
Hinata se quedó de una pieza, consciente de que lady Natahi había dado un leve respingo a su lado mientras Shion cogía instintivamente su sgian dubh. Entonces puso la mano sobre el brazo de su prima para contenerla y evitar que usara el arma.
Al mismo tiempo, y con la otra mano, le dio una leve palmada en el hombro a lady Natahi para distraerla porque ésta había abierto la boca, sin duda para reprender a la mujer por su rudeza.
—Naruto consiente en practicar con la espada a veces —dijo Hinata con calma—
. Sin embargo, si bien es un amante muy complaciente, la única espada que lleva a nuestra cama es una que no me importa enfundar… una y otra vez.
La ira mezclada con envidia que se dibujó en el rostro de la otra le dijo a Hinata que había dado en el clavo. Pero no pudo evitar clavarle el cuchillo.
Mientras practicaban, Shion le había enseñado el esposo de lady Koyuki. El hombre era un viejo pequeño y gordo con cara de ardilla malévola. Lo primero que pensó al verlo era que se trataba de uno de esos que, sin duda, golpeaban a la mujer y se follaban a las sirvientas.
Podía apostar a que no se trataba de un amante considerado como su esposo.
—Espero que vos seáis tan afortunada en vuestro matrimonio como yo — continuó Hinata, complaciente—. Me doy cuenta de cuán afortunada soy y agradezco que mi padre no me casara con uno de esos hombres con rostro amargado que golpean a sus mujeres. Ese tipo de hombres suelen hacer que las mujeres más adorables envejezcan más rápido porque la amargura las consume.
Lady Koyuki echó la cabeza hacia atrás como si le hubieran dado una palmada en la cara, luego vociferó:
—¡Zorra! —Se puso de pie y desapareció.
Hinata la vio desaparecer y luchó consigo misma para vencer el sentimiento de culpa que empezaba a apoderarse de ella. Había dado en el clavo. No se había confundido, pues había visto el dolor y la angustia reflejados en el rostro de la mujer antes de que ésta lograra controlarse para maldecirla.
Era difícil culparla por estar amargada. Hinata había notado las marcas de cardenales desteñidos que se vislumbraban bajo las mangas de su vestido, y no tenía duda de que su vida no había sido placentera.
—Lo siento mucho, Hinata. Lady Koyuki es una persona muy desagradable. Yo culpo a su esposo. Yo creo que…
—Yo pienso lo mismo —la interrumpió Hinata—. Y tú no tienes que disculparte de nada. He debido ser más amable.
—No. Has sido más amable de lo que se merece —la tranquilizó Natahi—. Es posible que tus comentarios la obliguen a controlar su comportamiento en el futuro. Ella y su esposo estaban en la Corte cuando estuvimos nosotros, y créeme, he visto cómo hacía llorar a muchas mujeres con su crueldad.
Hinata recibió estos comentarios con un gesto de su cabeza, de alguna manera se sentía un poco menos culpable. Luego se puso de pie.
—Debo volver al cuarto de Naruto.
Para su gran alivio, Shion la dejó salir sin protestar.
Naruto seguía dormido cuando Hinata llegó a su habitación. En realidad ella no había pensado que fuera a despertarse mientras estaba fuera, pero guardaba alguna esperanza en su interior. Dio las gracias a Chiyo y retomó su silla cuando la mujer salió a atender sus quehaceres.
Luego se sentó a contemplar el apuesto rostro de su esposo.
Lady Koyuki lo había llamado refinado, y la descripción era acertada. Era inteligente y apuesto y… refinado. Podía imaginarlo pavoneándose en la Corte. Tenía modales, gracia… incluso era posible que supiera bailar. No se parecía en nada a ella.
Hinata lanzó un leve suspiro. Sería un desastre en la Corte, tal como lo había sido en la abadía. Grande y torpe, se tropezaría con las cosas y las rompería, y avergonzaría a Naruto. A diferencia de lady Koyuki, quien sin duda alguna no daría un paso en falso en la Corte. O Natahi.
Y la pulla de la otra acerca de la sustitución del juego erótico por el juego de espadas había estado muy cerca de dar en el clavo. Aunque era con cosquillas y luchando como solía estimularlo, y Naruto definitivamente no dejaba fuera otras formas de juego sexual.
Pero su ponía que las otras mujeres no eran tan poco femeninas como para rodar por el campo con sus esposos, riendo y chillando como niños. No se imaginaba a lady Koyuki haciéndolo, y no dudó ni un minuto que la mujer cruel era una de las mujeres con las que Naruto se había acostado.
La mujer le había hablado con demasiada confianza. También sospechaba que él se había acostado con la sirvienta rubia y bien dotada que sollozaba al verlo herido la noche de su llegada. Luego estaba Natahi.
Hinata no pensaba que se hubiera acostado con ella, estaba segura de que no, pero cuando Naruto hablaba de ella se notaba la gran admiración y el aprecio que le profesaba.
Todas eran hermosas, voluptuosas y claramente femeninas en su físico y en su comportamiento; totalmente opuestas a ella.
Deslizó la mirada hacia su esposo una vez más, y un gesto de tristeza se dibujó en su rostro. Había reflexionado mucho los últimos dos días que había pasado sentada a su lado.
La idea de su posible muerte la había afectado mucho. Pensar que podía volver a quedarse sola… era una idea realmente absurda. Uno nunca estaba solo en un castillo, y Hinata siempre había tenido a Shion, a Sasuke, a su padre e incluso a Obito antes de que éste los traicionara.
Pero con Naruto las cosas eran diferentes. Cuando hacían el amor, cuando yacían juntos por la noche hablando, e incluso cuando viajaban juntos y trabajaban juntos para preparar el campamento, parecía que los dos formaban una sola unidad. Una. Durante el ataque habían llegado a moverse como si fueran uno solo, espalda contra espalda para enfrentarse a los enemigos.
Hinata pensó que, muy en sus adentros, había tenido la esperanza de que esa compenetración los uniría. Incluso había llegado a admitir que estaba enamorándose de su esposo, con su actitud honorable, su buen humor, su fuerza, su amabilidad.
Quería que él la amara también. Pero ¿cómo podía amar a una amazona torpe que no sabía comportarse como una dama, ni como una esposa adecuada?
¡Dios bendito!, murmuró para sus adentros. Parecía una de esas mujeres débiles y quejumbrosas que tanto odiaba.
Si quería que su esposo la amara, debía hacer todo lo necesario por conseguirlo. No podía hacer nada con su estatura, ni con el hecho de no ser una rubia bien dotada como él parecía preferirlas, pero podía vestirse como las otras mujeres y aprender algunas de las habilidades que ellas lucían con tanta naturalidad. En cuanto esta idea se apoderó de ella, decidió llevarla a la práctica.
Animada por esos pensamientos, Hinata pensó en cómo empezar a dar los pasos necesarios. El problema de la vestimenta parecía ser el más fácil de solucionar. Le pediría a lady Natahi que la ayudara en ese aspecto.
Naruto le había contado que la dama había contratado una modista y había comprado toneladas de tela después de casarse con Menma. Quizá tuviera algunos restos que pudiera utilizar para confeccionarle un traje. Además, tal vez sería lo suficientemente buena como para enseñarle algunas de las cosas que necesitaba aprender. Sí. Natahi parecía ser su mejor aliada.
Una mirada hacia Naruto le demostró que seguía durmiendo el sueño profundo que tanto la había preocupado, entonces se puso de pie y se dirigió a la puerta. Sólo tardaría un minuto en hablar con Natahi.
Estaba llegando a la puerta cuando ésta se abrió por su cuenta, por lo que tuvo que dar un paso atrás para evitar que la golpeara.
—Oh, Hinata —dijo Shion, sorprendida al verla tan cerca de la puerta. Luego abrió los ojos de par en par al mirar hacia la cama—: ¿Está…?
—No. Está igual —dijo Hinata rápidamente—. Estaba sa… —Dudó porque no quería revelar sus planes a Shion. A lo mejor su prima pensaba que se había vuelto loca. Así que le dijo—: ¿Necesitas algo?
—Oh. —Shion dudó, luego soltó—: Lord Menma piensa que como Naruto va a recuperarse, porque todos estamos seguros de que se va a recuperar… —se interrumpió, y Hinata pensó que su prima estaba tratando de animarla—. Bueno, él dice que Naruto es demasiado terco como para no recuperarse, pero como sin duda pasará algún tiempo mientras… eh… em… eso sucede…
—¿Sí? —intervino Hinata ante la vacilación de Shion.
—Bueno, él tiene la idea de que Pequeño Killer B y yo deberíamos ir a visitar a su familia mientras tanto para que me conozcan —dijo Shion rápidamente—. Cree que Naruto seguramente querrá irse a casa en cuanto esté mejor, y es posible que nosotros no volvamos a estar por esta zona durante algún tiempo, y…
—Lo entiendo. Ve —interrumpió Hinata, y Shion la miró insegura.
—¿Debo ir?
Hinata asintió con firmeza, pensando que era perfecto. Por alguna razón, se sentía mejor pensando que su prima no estaría presente cuando pusiera en práctica su plan.
Además, Natahi había dicho que Pequeño Killer B había vivido últimamente una gran tragedia, y Hinata sabía por la conversación que habían tenido esa noche que la tragedia había sido el asesinato de su esposa.
Y no era el único que había padecido una desgracia en los últimos tiempos. Shion había perdido a su hermano y a su madre sustituta de un solo golpe. Ahora tenía la oportunidad de ser acogida por la familia de Pequeño Killer B. Hinata se alegró por ella.
—¿No te molesta? —preguntó Shion—. Porque, en tal caso, podemos quedarnos y…
—No. Ve y disfruta de la visita. No tiene sentido que te quedes aquí esperando.
Os enviaré un mensajero en cuanto Naruto despierte.
—Gracias.
Shion le dio un abrazo, y Hinata frunció el ceño.
—¿Por qué me das las gracias? No necesitas mi permiso, Shion.
—Sí —respondió su prima—. Lo necesitábamos.
Cuando Hinata empezó a mover la cabeza al oír esta afirmación sin sentido, Shion le dijo suavemente:
—Pequeño Killer B es el primer ayudante de Naruto. Está a su servicio. Como Naruto no está en condiciones de dar su autorización, necesitábamos la tuya.
Hinata se quedó mirándola fijamente al darse cuenta de que era cierto. No le gustaba nada la idea, pero era cierto. Con un gesto de disgusto, preguntó:
—¿Cuándo partís?
—Inmediatamente.
—Bueno, entonces vete —le dio un suave empujón—. Que te diviertas.
—Sí —dijo Shion mientras salía—. Envía un mensajero si me necesitas.
—Sí. ¡Oh! —exclamó Hinata. Su prima detuvo y se dio la vuelta.
—¿Sí?
—¿Puedes pedirle a lady Natahi que venga cuando tenga un momento?
—Sí.
Shion sonrió, luego cerró la puerta. Hinata dio la vuelta y caminó hacia la cama pensando en todo lo que tenía por hacer y aprender.
