16 años después

El sonido de los cascos del caballo en la entrada del castillo anunciaba que él había llegado. Bajo de su caballo de un solo salto y al quitarse la capa que lo cubría se revelaba a un hombre de cabello oscuro, con los ojos de color azul profundo, una mirada que podía derretir a cualquier doncella, sus labios eran una invitación al pecado y esa sonrisa de lado que arrancaba más de un suspiro, su vestimenta no podía ocultar el buen cuerpo trabajado que poseía. Era un hombre sumamente atractivo a los ojos de cualquier dama, parecía perfecto sin embargo tenía un gran defecto.

- ¡Abran la maldita puerta!

- Si, perdone mi señor.

- Lleva a mi caballo y dale de comer. Dijo entregándole el animal.

- Padre, es bueno encontrarte.

- Lo mismo digo, Terry. Dijo el Duque quién ahora tenía una cabellera blanca.

- Oh, vamos Padre. Usted sabe que estar encerrado en el castillo es muy aburrido para mí.

- Tú deber es quedarte y aprender el manejo de las tierras que tenemos. Algún día todo eso será tuyo pero pareciera que no te importa. En lugar de eso estas detrás de las faldas de las mujeres del pueblo.

- Padre, usted sabe que las mujeres no se pueden resistir a mis encantos. Dijo sonriendo de lado.

- Yo tengo la culpa, no debí malcriarte desde niño.

- Padre no se preocupe, yo sabré manejar todo esto. Solo no me pidas que viva encerrado y mucho menos que me prive de la compañía de las mujeres.

- Hijo, ¿Por qué no sientas cabeza?

- ¿Sentar cabeza?

- Si, una buena mujer hará que cambies y tal vez eso te haga un hombre maduro.

- Olvídalo, padre. ¿Yo casado? Eso jamás.

- Solo piénsalo hijo, el pueblo habla mucho y la juventud no es eterna mírame a mí.

- ¿Cómo podría amar a una mujer?

- No es necesario amar para casarse.

- Claro y que termine de la misma forma que mi madre.

- Hijo, no quise referirme a eso. Dijo el Duque con una leve tristeza

- No pienso casarme y mucho menos enamorarme de una mujer, veo en ti las consecuencias de ello. A pesar de que la amaste ella prefirió la muerte.

- Hijo…

- Necesito salir. Dijo saliendo del castillo montado en su hermoso caballo. Un semental de color negro.

Cabalgo sin dirección alguna solo dejaba llevar por el viento y cuando el caballo al fin se detuvo, se bajo y con la mirada confundida inspecciono el lugar.

No había absolutamente nada de pronto varios animales comenzaron a correr en contra de su dirección, era como si intentaran escapar de algo inclusive su semental relinchaba asustado.

Siguió caminando y al apartar unas hojas y ramas vio a una bella mujer de cabello rojizo, ojos café, su piel era tan blanca como la leche fresca. Era muy guapa pero algo lo inquietaba y sin pensar más pregunto.

- ¿Quién eres?

- Oh, estoy perdida Por favor me ayudarías. Dijo la mujer con fingida inocencia.

- Te hice una pregunta, dime quien eres y tal vez te ayude.

- Oh vaya, eres un hombre rudo eh. La mujer cambio completamente su tono de voz a uno seductor.

- ¿Qué es lo que buscas, mujer?

- Bueno, me creerías si te digo que a ti. Dijo acercándose a su pecho.

- Eso es absurdo, yo no te conozco.

- Bueno tal vez tu a mi no pero yo a ti, si.

- ¿De que hablas?

- Eh escuchado de ti. Terry Grandchester. Sé que tienes una gran fama con las mujeres y… quería comprobar si lo que hablaban de ti es cierto.

- Así que lo único que buscas es un buen revolcón. Dijo tomando a la mujer de la cintura.

- ¡Oye! No lo digas de esa forma.

- Te haces la sumisa pero se nota que te gusta que te hable de esa forma.

- ¿Qué rápido me conoces?

Y sin decir más ambos juntaron sus bocas comenzando una danza que solo expresaba la lujuria en su más puro estado.

- Listo con esto te sentirás mejor.

- Gracias señorita. Dijo un niño saliendo corriendo de alegría.

- La dama sonrió, guardando sus cosas en su pequeño bolso de tela. Y tomo el camino de regreso a su hogar.

La joven era una dama de cabello rubio y lacio, de ojos verdes cual piedras preciosas llamadas esmeraldas, sus labios eran como dos pétalos de rosas. Era una mujer hermosa, algunos decían que era tan hermosa que dudaban que fuera humana, además tenía la habilidad de curar y esto aumentaban sus dudas.

- Mi niña ¿Dónde has estado? Decía una mujer algo mayor.

- Madre lo siento, algo me distrajo.

- ¿Algo? O alguien. Dijo la señora conociendo muy bien a su hija.

- Bueno…

- Hija, se que tu intención es buena pero no puedes ir por las calles curando a las personas.

- Pero no le veo lo malo, madre.

- Lucia, entiende. Podrían confundirte con una de esas hechiceras.

- Mamá… esas son tonterías.

- No lo son, esas criaturas son malignas y la gente del pueblo anda contando que una de ellas anda por los bosques buscando atrapar a las personas para matarlas solo por diversión. Por favor prométeme que ya no lo volverás a hacer.

- Madre pero…

- No, Lucia. Promételo.

- Los ojos suplicantes de su madre hicieron que Lucia se rindiera.- Esta bien, madre.

- Oh, me das mayor tranquilidad.

- ¡TERRY! ¡Pero mira la hora que llegas! Ya está muy oscuro. ¿Se puede saber dónde te has metido?

- Padre, ahora estoy muy cansado. Hablaremos mañana. Y sin decir más se fue a su habitación.

- Uh… este muchacho. Dijo frustrado el Duque.

En su habitación recordó cada instante acompañado de esa mujer, era muy evidente que ella era toda una experta, había pasado un grato momento entonces recordó algo que le hizo soltar una pequeña risa.

- Nunca me dijo su nombre.

El duque esperaba encontrar a su hijo durante el desayuno, sin embargo aquel joven ya se había ido.

Las horas pasaban y su hijo no regresaba, ya era bastante tarde pronto anochecería.

- Jaja, así que tendrás un hijo, Arturo.

- Así es. Se llamara Alistar.

- Pero ¿Cómo estás seguro que será un varón?

- Lo sé.

- Eso quiere decir que ya no tendrás tiempo de salir a cazar.

- Yo seguiré sirviendo a su padre, hasta que él me lo permita y si usted requiere mis servicios con mucho gusto lo seguiré haciendo.

- Oh no me hables de usted, sabes que aunque el Duque sea mi padre tú puedes llamarme Terry.

- ¡Eh! De pronto Arturo se detuvo.

- ¿También lo oíste? Dijo Terry.

- Dicen que en este bosque han visto a una hechicera que atormenta a los viajantes.

- ¿También crees eso, Arturo?

- Por supuesto que sí. Mi abuelo me conto sobre ellas, pueden criaturas hermosas pero su corazón es tan despiadado como su belleza.

- Tal vez sea solo un conejo. Dijo Terry.

- Es por ahí.

- El movimiento detrás de unos arbustos hizo que sacara el rifle que traía guardado, se bajo del caballo y acercándose sigilosamente hasta el objetivo, tiro con fuerza las hojas ,preparado para disparar, entonces se quedo de piedra al ver lo que se escondía.

- Mi señor ¿está bien? Dijo Arturo preocupado cuando vio a su amo paralizado. Se acerco y vio aquello que a Terry lo había dejado sorprendido. Era una mujer. Atrás mi señor, podría ser una hechicera. Dijo el hombre sacando su rifle, apuntándola con ella.

- Terry parecía haber salido de su propio cuerpo, jamás había visto mujer más hermosa en su vida. Su cabello largo del mismo color que los rayos del sol, sus ojos verdes como las hojas de los arboles. Su piel tan blanca como la nieve, sus labios como dos pétalos de rosas.

- No… no soy ninguna hechicera, por favor no me haga daño. Dijo la jovencita asustada.

- Al ver la mirada de terror de la mujer alzo la mano apartando el rifle de su amigo. – Tranquila no te haremos daño, pero dinos ¿que hacías aquí?

- Mi señor… podría tratarse de una hechicera.

- No Arturo, mírala esta tan asustada. Si fuera quien dices que es ya nos hubiera atacado. ¿Cómo te llamas jovencita?

- Me… me llamo…

- Cálmate… respira profundo, no te lastimaremos. Yo me llamo Terry y tú.

- Me llamo Lucia. Dijo la joven dama.

- Es un placer conocerte, Lucia. Dijo Terry besando la mano de la dama.

- La joven se sonrojo ante tal gesto.

- ¿Qué hacías aquí? Este lugar es muy peligroso. Dijo con amabilidad.

- Buscaba esto. Dijo mostrándole unas hojas al caballero.

- ¿Qué es eso?

- Estas son plantas medicinales, sirven para aliviar a las personas.

- Es una hechicera, mi señor de cualquier modo ¿Cómo podría saber eso una mujer tan joven?

- Arturo, baja el arma. El hombre obedeció.

- No soy ninguna hechicera, esto lo sé por los libros de mi abuelo.

- ¿Sabes leer? Las mujeres de tu clase solo saben hacer atender en el hogar ¿Cómo sabes leer?

- Mi abuelo me enseño señor.

- Esto es muy extraño…

- Arturo, déjala en paz. De cualquier modo es muy peligroso, deberías volver a tu casa jovencita.

- Si, así lo hare señor.

- ¿Quisieras que te lleve?

- Oh, no señor mi hogar no está muy lejos, llegare pronto.

- Está bien, espero verte pronto. Dijo Terry mientras la jovencita se despedía con una sonrisa.

...

- Hijo, Terry tenemos que hablar ¡Terry! Sin embargo él se fue sin escucharlo.

- Se puede saber ¿Qué le pasa? Arturo.

- Conoció a una mujer, mi señor. Eso pasó.

- ¿Una mujer?

- Si, debo reconocer que es una mujer muy hermosa pero algo no termina de convencerme.

- Quiero que averigües todo sobre esa mujer.

- Mi señor, ella es una mujer de pueblo no parece ser de la nobleza.

- Eso ya no interesa, solo quiero que mi hijo al fin siente cabeza.

- De acuerdo, haré lo que usted ordene, mi señor.

En su habitación recordaba muy bien a la mujer que vio en el bosque.

- Lucia. Dijo sonriendo. Cerro sus ojos recordando es mirada dulce, jamás olvidaría esos ojos verdes.- Lucia… pronunciando su nombre, se quedo dormido.

Continuará…

Hola chicas, me alegro que les este gustando esta nueva historia. Me encanta leer sus comentarios y los que no están en español los traduzco para leer sus opiniones y les agradezco que me apoyen.

¿Quién era esa mujer misteriosa pelirroja? Parece que traerá muchos problemas y por otro lado ¿Qué pasara con Lucia? ¿Será tocaron el corazón de Terry? Lo sabremos en el siguiente capítulo. Besos a todas.