- ¿Eso es todo? Preguntaba el Duque a Arturo, quién había investigado sobre la jovencita que había cautivado a su único hijo.

- Sí, mi señor. La joven Lucia es solo hija de una pobre costurera, tiene una hermana mayor sin embargo no pude averiguar mucho de ella, no está mucho tiempo en casa y pocos la han visto, como lo dije… su padre murió misteriosamente… Se dice que un día fue al bosque y cuando lo encontraron estaba muerto.

- Interesante… Decía el Duque pasándose la mano por la pequeña barba.

- ¿Qué piensa hacer, mi señor?

- El Duque sonrió.- No hare absolutamente nada, si esa mujer ama a mi hijo, estaré conforme. Que yo busque otra mujer para mi hijo podría traerle el mismo camino que yo tuve con su madre, pero quiero que me mantengas informado sobre esa muchacha… eh ¿Lucia?

- Si, como usted diga mi señor. Dijo Arturo saliendo del castillo a seguir con sus obligaciones.

- ¿Qué es lo que te tiene suspirando, mi niña?

- Ah… no es nada mamá… es solo… solo que… yo conocí a alguien…

- ¿Alguien? Oh y ese alguien te agrada.

- ¡Mamá! Dijo la joven avergonzada.

- Jaja, eso es natural mi niña, a tu edad es normal que despiertes esos sentimientos tan hermosos. ¿Y dime como se llama?

- Se llama… (Toc-toc) Ambas mujeres se miraron confundidas pues no esperaban a nadie.

- La madre confundida se levanto de su asiento donde estaban remendando unos vestidos. Grande fue su sorpresa al ver a la persona que estaba de pie frente a su casa.

- Es usted… Dijo la jovencita cuando se asomo a la puerta.

- Me alegra haberte encontrado.

- Joven Terry Grandchester, pase por favor. Dijo la madre de la joven.

- ¿Mamá tú lo conocías? Pregunto la joven dama.

- No de cerca, solo sé que es usted hijo del Duque, ¿No es así, joven?

- Es verdad.

- ¿Y a que debo su visita, joven?

- Señora, es un placer conocerla y déjeme decirle que usted es tan hermosa como su hija.

- Agradezco sus halagos.

- Sin embargo la razón de mi visita es su hija.

- ¿Mi hija?

- Si, quisiera invitarla al castillo y que acepte compartir una agradable cena conmigo, por supuesto que como caballero la traeré de vuelta a su casa, sana y salva.

- Yo… no se que decir. Dijo la madre. Ella miro a su hija.- Lucia ¿aceptas la invitación del hijo del Duque?

- Eh…

- Prometo que seré todo un caballero, te doy mi palabra.

- Bueno… supongo que está bien.

- Perfecto, vendré por ti en mañana en la tarde.

- De acuerdo. Dijo la jovencita despidiéndose con una sonrisa.

Cuando el hijo del Duque se marcho, la madre se acerco a su hija.

- Era el hijo del Duque de quien hablabas hace un rato.

- Si mamá.

- Pero hija… ¿Acaso no has oído los rumores de ese hombre? Solo te lastimara mi niña.

- Madre, yo confió en él puedo sentir algo en él, es como si me dijera que él es una persona buena.

- Su madre la miro preocupada pues conocía la fama que tenía el hijo del duque.- De acuerdo pero ten mucho cuidado con ese hombre.

- Lo tendré mamá.

Al llegar los primeros rayos de sol por su ventana, vio que ya era de día. Emocionada se dirigió a su guardarropa donde busco su mejor vestido y aunque algo maltratado se seguía viendo hermoso para ella. Se miro el cabello y pensaba que debería hacer con el.

Entonces el sonido de que alguien tocara la puerta llamo su atención, se disponía a levantarse y abrir pero su madre ingreso junto a una mujer desconocida.

- Hija, el hijo del Duque te manda esto.

- La joven tomo la caja entre sus manos y al abrirlo… - Wow, esto ¡Es hermoso! Un vestido con bordado de rosas en el escote y en tonos verdes salía de la caja.

- Mi señor me encargo que ayudara a la joven a prepararse. Dijo la mujer.

- Oh, yo lo agradezco.

- La madre de Lucia, sin convencerse aún salió de la habitación con una sensación extraña.

Cuando la tarde llego un carruaje llego a casa de Lucia, el cual la llevo al castillo. Mientras más se acercaba, Lucia no dejaba de mirar por la ventana los hermosos paisajes y finalmente al llegar ella quedo de piedra ante inmenso castillo.

Sin embargo otro que se quedaría de piedra era Terry quien al verla sonrió ante la increíble belleza de esa mujer. Para otros no sería considerada una belleza, sino una mujer común, sin embargo para él lo era.

La velada resulto ser tal como lo esperaba, durante esa noche comprendió que no podía seguir buscando mujeres en la calle, por primera vez se reunía con una mujer y no para terminar en la cama. Solo tener su compañía durante una conversación era suficiente para él.

- Espero poder seguir frecuentándola señorita.

- Ella asintió sonrojada.

Los meses pasaron y cada vez la relación que compartían se hacía más fuerte. El hijo del Duque ya no era más un libertino, había dejado de estar detrás de las faldas de las mujeres, ya no seguía sus impulsos sino a su corazón.

Pero… no todo podía ser perfecto.

Al regresar al castillo en su caballo volvió a sentir algo raro en el bosque. La misma mujer pelirroja de aquella vez apareció.

- Sabía que te encontraría. Dijo la pelirroja.

- Que sorpresa verla. Dijo Terry con indiferencia.

- Oh, parece que no te alegra mi presencia.

- Discúlpeme usted, pero debo irme.

- ¿Acaso no quieres volver a divertirte como aquella vez?

- Sobre eso, quiero disculparme… eso fue un error y no pienso volver a esas antiguas costumbres mías.

- ¿Un error? ¡¿Me estas despreciando?! Dijo la mujer furiosa.

- Lo siento. Dijo Terry poniendo a andar a su caballo.

- Eres un maldito… Me las vas a pagar. Decía la mujer llena de furia para sí misma.

Al pasar los días el Duque se había animado a preguntar a su hija sobre aquella joven. Y al final podía estar seguro que su hijo había encontrado a alguien especial. Alguien que lo acompañaría para toda su vida y no terminaría de la misma forma que él.

Terry estaba conmovido, siempre había visto a su padre como alguien autoritaria queriendo imponer su poder sobre otros pero ahora entendía que lo único que quería era su bienestar y que no terminara solo sus últimos días.

Y tras una charla como nunca la hubiera tenido Terry salió en busca de su amada, Lucia llevando una sorpresa en su bolsillo.

Ese día era algo extraño, el atardecer fue más pronto de lo que imagino o tal vez ni lo noto. Los minutos al lado de Lucia eran especiales. Sin embargo un escalofrió recorría su cuerpo, las nubes empezaban a juntarse y estas tomaban un color oscuro, como si fuera a llover. Puso toda su atención ella y se animo a hacerle una pregunta de la cual dependería su vida.

- Lucia.

- ¿Sí?

- Hay algo que he querido preguntarte desde hace tiempo. Y la verdad es que te amo .Yo quisiera saber ¿Si estos sentimientos son correspondidos? De lo contrario esto…

- Ella lo silencio con uno de sus dedos y lo miro de la forma más tierna que jamás hubiera mirado a nadie.- Yo también te amo.

- Terry tomo su rostro entre sus dedos y sin importarle que estuvieran en plena vista de las personas del pueblo se acerco queriendo probar sus labios. Aquella sorpresa en su bolsillo se la entregaría sin pensarlo más.

Estaba a punto de besarla pero en ese entonces un fuerte ruido en el cielo se escucho alarmando a los habitantes del pueblo.

- ¿Qué es esto? Pregunto Terry.

- Jamás había pasado algo así. Dijo Lucia.

- Vaya, así que era por esta que me dejabas. Una voz femenina apareció detrás de ellos.

- Al voltear la reconoció inmediatamente. Era la mujer pelirroja.

- ¿Qué es lo que quieres? Dijo Terry.

- Bueno… solo quiero una cosa… y es a ti. Dijo revelando su verdadera identidad, en su mano apareció un cetro con una extraña esfera de cristal.

- ¡Es una hechicera! ¡CORRAN! Gritaban los pobladores asustados.

- ¡ME DESPRECIASTE POR ESA MUJER! Una humana sin gracia.

- Ante sus ojos Terry no podía creer lo que veía, jamás hubieran pensado que semejantes criaturas existieran.

- ¡SOLO ME UTILIZASTE! NO PUEDO TOLERAR QUE UN HUMANO ME HAYA UTILIZADO, DEBI HABERTE MATADO ESA MISMA NOCHE. Su furia era evidente y la tierra comenzó a temblar poco a poco algunas casas se empezaron a caer en pedazos.

- ¿Qué es esto, la tierra tiembla mucho? Decía Lucia asustada.

- No te asustes, yo te protegeré.

- ¡Tú eres la culpable de todo! Con su cetro apunto a Lucia sin embargo al percatarse de esto, Terry se puso delante de ella.

- Si quieres vengarte de alguien soy yo. No te desquites con el pueblo ni con ella.

- Terry, no lo hagas. Dijo Lucia.

- Por ti haría cualquier cosa, amor mío.

- Sin embargo esto solo despertó aún más la furia de la hechicera.- ¡BASTA! Óyeme bien Terry Grandchester, Nunca te perdonare que te hayas burlado de mí. Una especie de ráfaga de aire lo golpeo apartándolo de Lucia. Se levanto rápidamente y al ver que ella se acercaba a su amada grito.

- ¡Detente! Aquí me tienes. Dijo.

- La hechicera giro a verlo.

- ¡Mátame! Soy yo el que se burlo de ti. No la lastimes a ella.

- ¿De verdad estas dispuesto a darme tu vida a cambio de salvarla? Dijo la pelirroja.

- Lo hare. Dijo Terry con firmeza.

- Que tierno. Dijo con ironía.- Pero sabes una cosa, a mi no me importa la vida de ella.

- ¡No!

- Un rayo salió disparado de su cetro cayendo en la joven, quien ante el impacto cayó al suelo.

- Terry corrió donde Lucia y la tomo en sus brazos, aún seguía con vida pero su respiración era débil.

- Óyeme bien, Terry Grandchester. Al llegar la cuarta luna del siguiente mes una nube oscura te cubrirá, el proceso de envejecimiento se detendrá en ti y estarás condenado a ver como todo tu alrededor va pereciendo y mujer que ames estará condenada a morir hasta que te quedes completamente solo y cuando sientas la necesidad de suicidarte me quedare con tu alma. Esa es mi voluntad.

- ¡Eres una maldita! Grito Terry mientras sostenía a Lucia en sus brazos.

- No querido, no soy una maldita al contrario tu eres el maldito. Yo soy Eliza. Y diciendo esto despareció.

- ¡Mi hija! La madre de Lucia corría a su hija.- Oh mi niña… ¿Qué te han hecho?

- ¡Esta maldito! Se metió con la hechicera… apártense de él. Gritaban algunos pobladores.

- Sabía que usted le traería problemas a mi hija… nunca debí dejar que se frecuentaran.

- Mamá…

- Lucia… mi niña.

- Terry…

- Aquí estoy, amor mío.

- Los quiero mucho.

- Ah… Lucia… La madre de la joven lloraba sin consuelo.

- No te despidas, te llevare a un médico, te curaremos.

- Terry…te amo… En esa última palabra Lucia dejo su vida.

- Lucia… ¡Lucia! ¡Despierta! ¡Abre los ojos! Lucia… Terry la movía intentando reanimarla pero ya era tarde, la joven había dejado el mundo de los vivos.

La profecía de la hechicera se cumplió y su amada había muerto, ante la tristeza de ver que su hijo tendría el mismo destino que él. Él duque murió y como lo dijo aquella mujer, al llegar la cuarta luna del siguiente mes una especie de neblina lo envolvió sintiendo algo pesado en su interior.

El tiempo fue pasando y pronto la triste noticia de que el hijo del Duque había sido hechizado se convirtió en una leyenda.

Los años se convirtieron en décadas y nadie había visto al Duque Terry Grandchester, solo sabían que en lo profundo del bosque había un castillo donde se decía que vivía aquel hombre.

50 años habían pasado desde aquel fatídico donde una noble dama había perecido y hasta ahora nadie se atreve a entrar en lo profundo del bosque.

- ¡Boo!

- ¡Ah! Candy. Gritaron unos niños que oían la historia de una señora.

- La joven mujer sonrió, sacando la lengua por su travesura. La dama era una joven de cabellos rizados de un color dorado, sus bellos ojos verdes llamaban la atención de más de un caballero junto a aquellas pecas que adornaban su bello rostro.

- Candy te he dicho que no asustes así a los niños.

- Ah pero Flammy…

- La mujer de lentes la reprendió con la mirada.

- Muy bien lo hare pero saben algo chicos… les mostrare que eso solo es una historia… yo iré al bosque.

- ¡Candy!

- Tranquila, Flammy ya verás que no pasara nada.

- ¡Candy, recuerda lo que tu abuela dijo!

- Pero, ella no tiene porque enterarse.

- Pero…

- ¡Está decidido yo entrare al castillo!

- ¡Siii! Candy entrara al castillo. Gritaron los niños.

- ¡Que valiente! Gritaron las niñas.

Candy alzo la mirada viendo a lo lejos solo la punta de aquel castillo, sería un largo camino pero algo dentro de su corazón le decía que debía ir.

Continuara…