De camino a casa, sus pensamientos estaban sumergidos en aquel castillo. ¿Qué escondía ese gigante y oscuro lugar? ¿Acaso realmente, alguien vivía ahí? Y si así fuera ¿Qué clase de persona sería? Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se topo con la puerta de su casa.
- Con sumo cuidado miro en todas las direcciones, esperando no encontrar a su abuela. Abrió la puerta lentamente y caminando de puntitas se disponía ir su habitación.
- ¡Candy!
- De pronto la voz muy conocida de su abuela la detuvo, quedándose de espaldas incapaz de dar otro paso giro en dirección a su abuela. Una sonrisa de inocencia se poso en sus labios mientras que su mano se rascaba la nuca.- Ahh ¿abuela? Yo…
- ¿Dónde te has metido, Candy?
- Ah... yo… eh veras…
- Y no me digas que estabas en tu habitación porque acabo de bajar de ahí y no estabas.
- Yo… estaba en… (Miau) El sonido del pequeño gato hizo que Candy inventara una excusa.- Oh… fui a buscar a Clint. Dijo tomando al gato en sus brazos quién se acurruco en su dueña.
- ¿Clint?
- Sí, me preocupe al no encontrarlo y fui a buscarlo en el huerto.
- Solo fuiste al huerto. Dijo la mujer mayor.
- Si, abuela.
- Espero que no me estés mintiendo.
- No abuela.
- De acuerdo, pero tienes que decirme a donde sales, sabes que fuera de esta casa hay muchos peligros, no sé que haría si te pasara algo. La mujer miro con preocupación a su nieta tocando su barbilla con sus dedos.
La abuela Pony era el único familiar que tenia Candy. Ella era una mujer mayor muy sobreprotectora, la vida le había tratado mal razón por la cual protegía a su única nieta además de que escondía muchos secretos. Uno de ellos era ¿Qué había pasado con los padres de Candy? Sin embargo la jovencita no se atrevía a preguntárselo luego de que la primera vez que pregunto por ellos, su abuela rompió en llanto.
En sus 18 años, Candy anhelaba salir más allá del pueblo, entrar en las profundidades del bosque, pero su abuela nunca se lo permitiría. Sin embargo ella tenía sus maneras de salir, razón por la cual hizo una amiga. Patricia una dama de clase media, quien estaba comprometida con el capitán del ejército que protegía al Rey.
- Está bien abuela, lo hare.
- Ahora sube a tu habitación, el almuerzo está listo.
- Si, abuela. Con tristeza Candy subió a su habitación, donde permaneció todo lo que restara del día.
A veces sentía que su abuela exageraba, el mundo de afuera no era tan malo, las personas eran maravillosas ¿A que clase de peligros se refería la abuela?
Candy miraba con atención por su ventana como siempre lo hacía cada noche y entones se pregunto ¿Acaso la abuela se refiere a los peligros que hay cruzando el bosque? ¿Será el castillo del Duque?
- Bah… esas son tonterías… solo es una leyenda ¿y si no lo es? Se pregunto en su mente.- Un hombre condenado a pasar el resto de su vida en soledad. Sin haberse dado cuenta pasó sus dedos por su rostro, notando las lágrimas que caían por sus mejillas.- ¿Por qué estoy llorando? ¿Por qué me duele el pecho? Siento un vacio en mi corazón. ¿Qué me pasa? Cerró las ventanas y camino hasta su cama donde se recostó hasta recomponerse de esa extraña sensación.
…
La luz de la luna le hacía recordar que tenía que seguir soportando esa miserable vida. Muchos años atrás había deseado quitársela pero el solo imaginar que esa maldita viniera, le hacía detenerse. ¡Maldita hechicera! ¡Maldito el momento en que su vida se convirtió en eso!
…
Al día siguiente. Candy ya recuperada de aquella sensación se dispuso a salir de su alcoba, aún era temprano y se apresuraba podrías ver la salida del sol, pero grande fue su sorpresa cuando al mover la perilla esta estaba rígida. Insistiendo nuevamente la movía intentando abrir la puerta.- Abuela… pronuncio sus labios. Era evidente la verdad. Su abuela la había encerrado. Con tristeza se dejo caer sobre el suelo.
- Miau… El sonido del gato arañando la puerta desde el otro lado llamo su atención.
- Lo siento Clint, no puedo abrirte.
- Miau…
- ¿Por qué? Abuela… Abrazándose a sus rodillas lloro ¿Cuánto tiempo debía seguir así? Desconsolada lloraba para sí misma. Entonces…
Una pequeña brisa de aire paso por su mejilla e inmediatamente sintió algo cálido a su alrededor, como si la estuvieran abrazando. El ambiente en su habitación había cambiado repentinamente .Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, no era la primera vez que sucedía aquello. Cada vez que se sentía triste por alguna razón siempre pasaba lo mismo. Aquella sensación que llenaba de felicidad su corazón. No entendía que era exactamente aquello pero siempre había estado con ella y deseaba que permaneciera siempre a su lado.
…
Dos días después
- Cof…cof…
- ¿Abuela? ¿Cómo te sientes?
- Mejor mi niña.
- Candy toco la frente de su abuela y esta estaba hirviendo.- ¡Abuela estas hirviendo!
- Me recuperare, no te preocupes.
- Candy tomo su bolso de tela.
- ¿A dónde vas? Pregunto Pony, la abuela intentado recomponerse de la cama.
- Al bosque, necesito algunas plantas para prepararte medicina.
- ¡No! Al bosque no y ¿Cómo sabes de plantas de medicina? Pregunto sorprendida.
- Abuela… estas grave. Necesito esas plantas para que te recuperes.
- Ya te dije que estaré bien y respóndeme.
- Abuela…Las lágrimas comenzaban a traicionarla.
- Pequeña, no quiero que te lastimen. Las personas de afuera suelen ser malas.
- Abuela, te prometo que me cuidare.
- Candy… La dama convaleciente acerco su mano a la mejilla de su nieta.
- De acuerdo, pero recuerda no hablar con nadie. Temo que te lastimen.
- No lo harán.
…
Caminando por el bosque tomo las plantas que necesitaba. A pesar de no salir mucho conocía las plantas medicinales, sin que su abuela supiera había tomado un libro antiguo guardado que tenía la abuela y le encantaba todo lo escrito ahí. Había mucha información de plantas y curaciones. Siempre se pregunto quién podía ser la dueña de ese libro porque de su abuela no era, las iniciales de ese libro eran L.A. ¿Acaso era alguien de la familia? Entendía que la A. era de Ardley pero la L. No sabía del pasado de su familia por ello se tenía muchas preguntas.
- Me falta la más importante. Se dijo a si misma viendo su bolso.- Tal vez si entro un poco más… ¡Recuerda nunca entres en lo profundo del bosque! Las palabras de la abuela hicieron eco en su cabeza.- Tengo que hacer lo necesario.
Al fin tras seguir buscando encontró la última planta y cuando vio donde se encontraba quedo maravillada.
Mientras más caminaba sentía como si conociera el lugar desde siempre. Siguió por donde sus pies la llevaran, era el lugar era fascinante. Parecía mágico.
La belleza del bosque era tan deslumbrante que creía que estaba en otro mundo.
De pronto sus pies se detuvieron y al alzar la mirada se encontró frente a la majestuosidad de un castillo enorme.
Las rejas impedían seguir el paso y se detuvo.
- Este es el castillo del que todos hablan. ¡Lo hice! ¡Atravesé el bosque! Grito de alegría. Se sentía tan feliz y orgullosa de sí misma que no cayó en cuenta como regresaría.- Se detuvo al no recordar el camino de regreso.- Supongo que si camino recto llegare a casa. Pensó.
Antes de regresar miro con mayor curiosidad el castillo. Era hermoso aunque estuviera maltratado por el pasar de los años. No entendía ¿Por qué las personas temían al castillo? Ella se sentía cómoda e inclusive le resultaba el lugar tan familiar como su casa. ¿De verdad vivía alguien ahí? Se pregunto recordando las historias que rodeaban a ese castillo.- Un hombre cuya belleza fue capaz de captar la atención de una hechicera y que esta sintiéndose traicionada lo maldijo. ¿Qué clase maldición será?
Sus manos estaban por tocar la puerta de rejas y como si una luz la golpeara retrocedió.
Sujeto su bolso y dio la vuelta regresando en camino recto. Su mente estaba confundida cuando escucho un ruido acercarse. Por el susto cayó al piso, lastimándose la rodilla.
- Ah… ¿Qué es eso? Los sonidos eran cada vez más cercanos, ella veía como los animales salían corriendo. Como si escaparan de alguien. ¿Qué los asustaba tanto?
Entonces el motivo de que los animales escapasen apareció frente a sus ojos.
Un hombre montado en su caballo estaba delante de ella.
- ¿Qué hace aquí jovencita? Pregunto el hombre de cabello castaño largo hasta sus hombros y ojos marrones claros.
- Yo… estaba caminando de regreso a mi casa.
- ¿Acaso no sabes que este lugar es peligroso para una joven como usted?
- Puedo cuidarme muy bien. Dijo Candy ofendida.
- ¡Archie! Una voz provino detrás de uno de los arbustos asomándose otro hombre montado en un semental negro quién traía una capucha siendo incapaz de saber quién era.
- Oh, mi señor disculpe pero me encontré con esta jovencita parece que está perdida.
- ¡No lo estoy!
- El misterioso se quito parte de la capucha que lo cubría revelando su identidad.
Candy sintió por primera vez en su vida su corazón acelerarse, todo alrededor había desaparecido siendo únicamente en su vista aquel hombre de ojos azules.
Cuando al fin vio a la dama una ola de emociones le recorrieron el cuerpo, ese color de cabellera, los mismos labios, sus ojos. Su mirada no lo podía creer. Era…era…
Guiado por sus impulsos se bajo del caballo y sin pensarlo más camino hacia ella, tomándola en sus brazos la pego a su pecho en un abrazo.
Continuará…
