DISCLAIMER: *Los personajes y la trama original pertenecen a las obras de Thomas Harris: "The Red Dragon", "The Silence of the Lambs", "Hannibal", "Hannibal: Rising" y adaptado a serie televisiva por Bryan Fuller; "Hannibal" (2013-2015) transmitido por la cadena televisiva NBC. A excepción de los OC (Original Characters) todos esos provienen de mi imaginación.*
Notas:
Este es mi primer intento de un fanfic sobre la serie, conozco la historia del Dr. Lecter, por medio de las películas y me estoy leyendo los libros; y el día que me animé a ver la serie, quede maravillada con el programa y las actuaciones (no se diga de Mikkelsen y Dancy). Me enamoró tanto, me inspiró y ahora me aventuro al peligro con esta idea que se me ocurrió. Que bonito es ser Fannibal «3
Aclaraciones:
*Este Fanfic está basado en la serie, por ende, Clarice Starling no existirá.
*A pesar de que es un fanfic de la serie habrá referencias, detalles y demás a los libros y/o películas.
*Lo siento, NO es un fic Hannigram. ¯\_(ツ)_/¯
*El fanfic contiene temática seria, fuerte y/o sensible. No apto para menores de 18 años. Se recomienda discreción.
*La cronología está alterada. Esto implica que la edad de los personajes y eventos se ven afectados.
*Hay OC (Personajes que son de mi invención) si no son de tu agrado, no hay problema si no quieres leer.
*La ortografía: Siempre me la paso corrigiendo los capítulos, porque como a todos/as se nos puede ir algún detalle o cosas así.
*Muchas gracias por darle una oportunidad a mi fanfic, espero que lo disfruten así como yo lo hago en escribirlo.
"Porque el amor es tan inocente como las rosas en mayo. Es tan puro y blanco, justo como el pecado".
A Love Suicide —Yutaka Minobe.
I. Petite.
1997
Wolf Trap, Virginia.
La niña se encontraba debajo de su cama abrazando a su oso de peluche con gran fuerza y mirando fija a la puerta de su habitación. No tenía idea de lo que estaba pasando, su mamá la había despertado y le escondió ahí, ahora solo esperaba que ella entrara por la puerta y le dijera que podía salir. La niña seguía aferrándose a su osito y estaba ansiosa, quería salir del lugar, pero debía obedecer a mamá. Sin despegar la vista de la puerta, pudo ver como esta se abría con brusquedad y entró su papá. La pequeña se horrorizó ante ello y buscó alejarse de las orillas, sin embargo, papá se agachó y miró a su aterrorizada hija. Estiró su brazo para, firmemente, tomar aquellos pequeños y suaves brazos. Su hija soltó un quejido agudo; sus ojos se cubrieron en lágrimas ante la acción de su padre y forcejeó, no quería que ello volviera a pasar.
A la habitación entró su madre con el pecho del camisón adornado por varias gotas de sangre y un rostro cubierto en lágrimas y golpes. Papá ignoraba a mamá y logró sacar a su pequeña de su escondite. Ella miró a sus padres; mamá no paraba de gritar y tratar de alejarla de él, mientras papá sostenía con fuerza sus pequeñas muñecas, logrando que estas se tornaran en un claro rosado. Papá no toleró el escándalo de mamá y alzó su mano libre para darle una estremecedora paliza a su delicada y porcelana cara. Mamá cayó al suelo, el piso hizo eco y la vibración por el golpe surgió.
La larga cabellera cobriza cubrió la expresión de mamá y la pequeñita no pudo evitar las lágrimas, haciendo que el llanto quebrara el sepulcral silencio que se había forjado. Papá miró a su hija, la soltó y la empujó hacia la cama, se acercó a su mujer y la cogió de los tirantes del camisón para sacarla de ahí. Mamá reaccionó tarde, y cuando trató de regresar el golpe a su esposo, la puerta de la habitación de su pequeña se había cerrado frente a sus narices. Desesperada tomó la perilla y la giró, pero, para su terrible sorpresa, el seguro estaba puesto. Golpeó la madera y un atormentado grito de súplica surgió. Sin detenerse de golpear la madera pudo escuchar el espantoso y desesperado llanto de su hija. Mamá no paró de llorar y rogar porque le devolviera a su pequeña, sin embargo, todo era inútil, hasta que ella recordó el revolver en el armario.
Will Graham yacía sentado en el pórtico de su casa observando a sus tres perros correr por todo el terreno como si de un último paseo se tratase. Con la vista a un punto fijo, sus pensamientos estaban en otro lugar, en los recuerdos sobre Garret Jacob Hobbs. Perdió la figura de su hogar para convertirse en un terreno sombrío; y, frente a él, se posó un putrefacto cadáver con una mirada vidriosa, una camisa agujereada por las balas y cubierta en sangre. Will sintió una angustia y buscó la manera de alejar ese cuerpo de su mente, pero le fue imposible. Sacudió su cabeza, ahora, la dulce y joven Abigail Hobbs quedó en lugar de ese horrible cuerpo. Ella sonreía alegre y feliz de su presencia, pero Will notó un fluido de sangre a través del cuello de la joven y la felicidad en el rostro de Abigail se iba tornando a una desgarradora súplica. Will se dispuso a ayudarle, quería salvarla y presionó sus manos sobre su cuello, no obstante, la sangre no paraba de emanar y entre más evitaba ello, más surgía. Era una fuente inagotable.
Volvió en sí, agitado y espantado notó como sus perros ladraban desesperados a la lejanía. El joven Graham se alzó del suelo, caminó curioso hacia donde estaban sus mascotas y miró a donde apuntaban. Distinguió como una cortina de tierra se alzaba bruscamente gracias a un vehículo en alta velocidad. En un primer momento, Will se mostró confuso, luego vio que el carro se acercaba a su terreno y, preocupado por sus perros, los tomó de sus collares y los atrajo hacía el pórtico a una velocidad que ni él mismo supo de donde emergió. El automóvil chocó frente a uno de los árboles; los perros no pararon de ladrar y Will quedó paralizado ante esa escena.
Soltó a sus caninos y les pidió que se mantuvieran quietos y, sin más tiempo que perder, se acercó hacía ese lugar. Al llegar pudo distinguir una cabellera cobriza sobre el cristal, abrió de golpe la puerta y una mujer, tal vez de su edad, se derrumbó. Will logró sostenerla a la vez que percibía un desesperado llanto y alzó su vista para descubrir que en el asiento del copiloto se encontraba una espantada niña de unos seis o siete años. La desesperación cubrió a Will y removió el cabello que cubría el rostro de la mujer. Era hermosa, sus ojos azul claro estaban cubiertos en lágrimas; tenía una nariz ligeramente respingada y unas mejillas adornadas en un rojizo preocupante.
—Ayu... ayúdanos —rogó, mientras se sostenía de su brazo. Will descubrió que la mano estaba cubierta en sangre y desesperado buscó la fuente, notando que provenía de su bajo vientre.
Aquella mujer puso los ojos en blanco y se desmoronó. Will pensó que lo inevitable había surgido y miró a la pequeña quien, horrorizada, veía como su madre se desvanecía ante sus brazos. Esa escena, acompañada de la angustia y responsabilidad, cubrieron a Will Graham con pavor.
BAU - Quántico, Virginia.
Por los pasillos del FBI caminaba desanimado, pero sin dejar de lado ese aire elegante que caracterizaba a Hannibal Lecter. Dentro de él no quería atender al tan desesperado llamado de Jack Crawford; sin embargo, ya estaba ahí, a punto de atender a una pequeña niña a quien Lecter no tenía interés como paciente. Para ello sugirió a su aprendiz y colega Alana Bloom a quien sentía que era más factible para una situación como esta, pero la insistencia no solo provino de Crawford, también de ella, ya que no había logrado un trato con la pequeña.
Detuvo su caminar para mirar la puerta de aquella oficina. Dejó escapar un leve suspiro y tocó el cristal, en pocos segundos, Jack Crawford atendió con actitud brusca e invitó a Hannibal a su oficina.
—Buen día, Jack —saludó cortés ante el comportamiento, y en ello notó otro invitado al lugar: Will Graham.
—Buenos días, Doctor Lecter, por favor pase y tome asiento. —él obedeció y saludó a Graham con un leve movimiento de cabeza. Él respondió igual—. Bien —continuó Jack—. ¿La Doctora Bloom le informó con respecto a la niña?
—Solamente que no ha logrado entablar una comunicación, pero me gustaría un informe más detallado.
—Lo sé, Doctor Lecter, es por ello por lo que tengo aquí a Graham, para que pueda contarle, con ese detalle, el incidente de la familia Gardner.
«Gardner» resonó en su mente—. ¿Cuál es el nombre de la pequeña? —mencionó Hannibal antes de que Will abriera la boca.
—Elisa. Elisa Gardner —respondió nervioso Will. Hannibal le observó mientras arqueaba una de sus cejas.
—Bien, ¿qué fue lo que redactó en su reporte, señor Graham? Y no omita detalles, ellos pueden ayudarme a evaluar un poco mejor la condición de la niña.
—Pues... —comenzó nervioso— la madre estrelló el coche en mi jardín. Me asusté y me acerqué a ver qué era lo que había pasado. Abrí la puerta y descubrí que Marlène Gardner estaba herida de gravedad.
—¿Y la niña dónde estaba?
—Ella... Ella estaba en el asiento del copiloto. Estaba asustada, aterrada y... llorando —mencionó con un hilo en su voz.
—¿Ella estaba lastimada u algo parecido?
—Solo vi sangre en su ropa y... —Will se detuvo. Sintió vergüenza al describir donde más había visto sangre, así que, movió la vista hacía con Jack.
—Hicimos un análisis clínico, Doctor Lecter —continuó por Will, al verle quebrantarse—. Había señas de abuso sexual —Hannibal no mostró ninguna emoción, cruzó sus piernas y recargó su brazo libre sobre él descansa brazos, luciendo analítico—, y el análisis confirma que la niña fue víctima de abuso, no una, sino varias veces.
—Y todas fue el padre —soltó furioso Will.
—¿Y dónde está?
—El muy bastardo desapareció.
—¿Y la madre?
—En terapia intensiva —continuó Jack. Hannibal le miró—. Ella sufrió heridas graves, en su abdomen y parte del intestino, al defenderse de su esposo. Esta mañana salió de una segunda operación.
—¿La niña vio el ataque a su madre? —cuestionó, posando la vista en Jack.
—Ese es el problema Doctor, no sabemos qué fue lo que vivo. Alana ha hecho lo mejor que ha podido, pero la niña se limita solo a jugar con ella. Ni una palabra ha surgido de su boca.
Hannibal dejó escapar un suspiro y ambos le observaron.
—Ellas son mis vecinas —soltó Will—. Yo la vi, varias veces... los golpes en el rostro de Marlène...
Will sintió un nudo formarse en su garganta. Jack observó, a quien consideraba uno de los mejores agentes, y pudo percibir su sentir, en cambio Hannibal trató de esconder la falta de interés que iba formándose.
—No se culpe Will —animó falsamente Hannibal—, suficiente has tenido con el caso de Garret Jacob Hobbs y, ahora, cargar con este peso hará que...
—¿Es que no lo entiende? ¡Yo tuve muchas oportunidades de salvarlas! Y nunca lo hice.
—Pero culparte no cambiará el pasado.
—El Doctor Lecter tiene razón, Will —continuó Jack—. Lo único que nos queda es encontrar a Alan Gardner y encarcelado.
—Exacto —continuó Hannibal—. Ahora, ¿dónde tienen a la niña?
—Está en sesión con la Doctora Bloom, tal vez si usted se une con ella pueda tener más confianza y decir algo.
—Será algo difícil, pero lo intentaré. Llévame ahí, Crawford.
Todos se alzaron y se dirigieron a la sala infantil.
Alana Bloom se hallaba sentada en un pequeño y suave sillón, rodeada por un enorme arsenal de peluche y muñecas. Con paciencia y una enorme sonrisa miraba a la pequeña Elisa Gardner ir de esquina a esquina en busca de más peluches. La niña, de siete años, con larga cabellera castaña clara y ojos color azul, tan claros como el mar, y una piel pálida, sonreía cada vez que miraba a Alana y le mostraba los peluches a poner. Con un tierno gesto ella aceptaba aquellos amigos a su alrededor.
—Elisa —habló, al ver como colocaba los peluches—, ¿sabes...? Ha pasado varios días y no he escuchado tu voz —la niña parecía ignórale—. ¿Qué te parece si dejamos así los peluches y platicamos? —ella volteó a verle y sonrió. Alana lo tomó como una aceptación—. Dime, ¿qué te gusta hacer?
La niña mantenía su sonrisa y se sentó a su lado. Parecía admirarle.
Jack, Will y Hannibal se adentraron a la parte opuesta de la habitación para observar el momento desde el cristal reversible, y al contemplar ese momento, aquel humor que Hannibal había soportado consigo se desvaneció al mirar a esa pequeña. Dentro de él sintió como en su mente algo se hubiera quebrado en mil pedazos. El hilo de sus memorias, que lo habían convertido en el hombre que era hoy, se habían salido de control y crearon un peculiar e incómodo sentir en él.
Una incomprensible palabra provino de su boca, Will percibió el leve sonido y por el rabillo del ojo le observó. Hannibal se había quedado estático, parpadeó veloz y tragó difícilmente. ¿Qué era lo que le estaba pasando? Jack se acercó al cristal y tocó fuertemente, asustando a Alana. Estremecida ella suspiró y volvió a mirar, con esa calurosa sonrisa, a la niña quien ni se impresionó por ello.
—Ya vuelvo —Ella se mantuvo sonriente sin despegar la vista hasta que Alana salió de la habitación. Elisa borró su sonrisa y miró a todos los peluches que había juntado, hasta que cogió un osito pardo. Alana entró a la habitación y miró a todos—. ¿Qué sucede? —cuestionó.
—El Doctor Lecter nos ayudará —indicó Jack.
Hannibal no había volteado para saludar a su colega, se mantuvo observando a la pequeña y en como peinaba con sus manos al peluche.
—Me alegra —prosiguió—. ¿Ya le comentaste que no he logrado que diga una palabra?
—Todo. Will también ya dio su parte de la historia.
—¿Por qué no ha hablado contigo? —cuestionó Hannibal sin deshacer su posición.
—Asumo que es un trastorno por estrés agudo, han pasado dos días desde el incidente y puede que quiera evitar el recuerdo, pero, lo que no me explico, es porque no habla. Eso es más asociado al estrés postraumático, uno de los síntomas es no hablar por un periodo de tiempo, debido al trauma. Pero en este caso, Elisa está en una delgada línea entre TEA y TEPT.
—¿Es posible que la niña ya esté sufriendo el estrés postraumático? —preguntó Jack a Alana.
—Es factible —respondió veloz Hannibal, los tres posaron sus miradas él.
—Sí... Creo que es lo más factible —continuó Alana y los dos hombres retomaron la vista en ella. Parecían ansiosos por una explicación.
Alana comenzó a dar el diagnóstico y todos escuchaban atentamente, pero Hannibal se había perdido. No despegó su mirada de la niña, quien no dejaba de jugar con el peluche. Ella ya no sonreía, su rostro se había envuelto en tristeza y, otro golpe a su palacio de los recuerdos, habían logrado desmoronarlo.
«Anniba» escuchó.
Alana no había parado de hablar y en el proceso Will se unía al diagnóstico, afirmado el efecto mientras Jack les observaba con una ceja arqueada.
—¿Concuerda con ello Doctor Lecter? —cuestionó Crawford. Hannibal volvió en sí, pero no volteó a verlos.
—Así es.
Hannibal guardó silencio y siguió mirando, notando algo peculiar en la niña. Observó cómo movía sus manos delante del peluche y ese movimiento lo había visto con anterioridad. La pequeña repitió el proceso y finalizó con una sonrisa y un abrazo a su peludo amiguito. Hannibal había deducido por qué no hablaba.
—¿Podría ir con ella? —pidió, mirando a todos.
—No lo sé, Hannibal —cuestionó Alana—. Hablamos de una niña que ha sufrido abusos, si ve a un hombre, tal vez se intimide y el estrés empeore. No quiero arriesgarla al TEPT.
—Creo que ya sé por qué no ha hablado contigo, Alana. Pero quiero verificar. Por favor, llévame con ella.
Todos miraron confundidos. Alana observó a Jack, él debía dar la orden a pesar de su opinión. Él afirmó con su cabeza, Alana suspiró con amargura y posó la vista en Hannibal.
—Sígueme.
Hannibal fue detrás de su colega. Llegaron a la puerta, pero Alana se detuvo en seco, no abrió la entrada y volteó a verle con incertidumbre.
—¿Pasa algo, Doctora Bloom? —encaró mientras arqueaba su ceja.
—¿Qué diagnóstico tienes?
—Quisiera primero verificarlo y luego te diré.
—Me gustaría que primero me lo dijeras. Ella es mi paciente.
—Ya es de ambos —dijo con una leve sonrisa. Ella se estremeció—. Por favor, Alana —suplicó cortés.
Ella suspiró y abrió la puerta.
—Elisa —llamó con una gran sonrisa. La pequeña se mantuvo con su peluche. Alana sabía que otro de los síntomas era la ausencia al entorno, se acercó a ella y la tomó delicadamente de los hombros. Elisa volteó a verle y una enorme sonrisa apareció en su rostro—. Linda, quiero presentarte a un amigo.
Alana volteó a mirar a Hannibal, quien se había adentrado en la habitación y al verle, Elisa borró su sonrisa y se apegó más a ella. Del otro lado Will y Jack observaban el momento.
—¡Qué estupidez! —exclamó molesto Will.
—Mantén la calma.
—Elisa —volteó Alana a mirarle—, él es el Doctor Hannibal Lecter.
Él dibujó una delgada sonrisa en su rostro mientras miraba a la pequeña ocultándose detrás de Alana.
—Van a empeorar la salud de la niña —insistió Will.
—Ellos saben lo que hacen —replicó Jack.
Elisa empezó a temblar y Alana le abrazó.
—Tranquila, corazón, como te dije, es un amigo mío. Es una buena persona.
Hannibal seguía mirando hasta que alzó ambas manos. Por el otro lado del cristal Jack y Will observaron confusos, mientras que Alana se extrañaba.
—¿Qué haces? —cuestionó en un susurro.
Él le ignoró.
—Hola, Elisa —dijo a la par que movía sus manos.
Will y Jack se miraron perplejos. Al mirar aquella acción, Elisa se soltó de Alana, quien volteó a verle sorprendida. Admirada la niña alzó sus manos y contestó:
«Hola».
Hannibal sonrió ampliamente.
—¿Acaso —cuestionó Will mientras miraba a Jack y luego a lo que pasaba—, acaso hablaron...?
—Eso parece —interrumpió Jack, sin ocultar su sorpresa.
Alana no evitó su extrañeza y se mantuvo contemplando a la niña.
—Es por ello por lo que nunca le respondía, Doctora Bloom. Elisa es sorda.
N/A:
Muchas Gracias por leer. Se agradecerán sus comentarios, criticas que me ayuden a mejorar, opiniones y/o sugerencias :3
