XVI. Regression.

Will abrió sus ojos revelando que estaba sentado, y frente a él, contempló un extenso comedor siendo cubierto en una fantástica y colorida comida. Confuso Will giró su cabeza y a su lado izquierdo descubrió a su amada Marlène, sonriente y feliz por su presencia; a su lado estaba la pequeña Elisa, igual de alegre que su madre. Una leve sonrisa se delineó en su rostro y giró de nuevo su cabeza hacia su lado derecho, viendo Abigail Hobbs, quien también sonreía por su presencia. Por primera vez, en estos seis años, Will concibió una felicidad inundar su pecho. Una felicidad que siempre había deseado y al fin lo había logrado. Cerró sus ojos y agradeció por aquel bello momento, tratando que las lágrimas no lo arruinaran, y mientras trató controlarse percibió la sensación de húmedas en una de sus manos.

Graham abrió sus ojos y vio directo al torso de su mano, había sangre. Alzó su mirada y sorprendió una figura humanoide negra como la más terrible noche; sus ojos no podían figurar la altura de este ser, en veces era gigantesco y en otras era una altura promedio; sobre su cabeza relucían dos llamativas ornamentas, eran similares a las de los ciervos. Will se vio paralizado, su felicidad quedó opacada ante la presencia de ese ser que, en algún momento de su pasado, había logrado ver. Esa figura posó sus largos dedos sobre el cuello de la joven Abigail, ella no se resistió ante el agarre y se dejó sostener por esos largos y peligrosos dedos. El ser enterró aquellas garras en el cuello de la joven, directamente a la herida que el padre de ella le había generado, y Will observó horrorizado el rostro de súplica de la joven Hobbs.

La sangre emanó cual fuente y la mitad del cuerpo de Will se vio cubierta en ella. El ser se alejó de la chica Hobbs y a una velocidad que Will no vislumbró apareció detrás de Marlène, sosteniendo su brazo e insertando uno de sus dedos en su antebrazo. La mujer hizo ver un rostro de agonía, mientras que ese ente enterraba con fuerza su dedo; por la nariz de Marlène un hilo de sangre se hizo presente, estaba siendo envenenada. Will buscó defenderla pero le fue imposible moverse, se sentía aprisionado en aquella silla. Él sacó su dedo y dejó que Marlène se desplomara en la mesa. Lentamente se acercó a Elisa, quien aún veía a Will con una noble sonrisa, el ser colocó ambas manos bajó el mentón de la pequeña y lo acarició. Elisa se dejó consentir por aquella presencia y un horrorizado Will veía aquella escena. Él jamás la atacó. Se apreció como la adoraba y la protegía. La pequeña colocó sus manos sobre las de él, alzó su mirada y lo observó con una sonrisa.

El aire le faltaba a Will, su respiración se volvió trémula y la humedad sobre su cuerpo incremento, miró a Marlène y Abigail, estaban muertas; Elisa no se inmutó por ello y siguió dejándose llevar por esa entidad, hasta que Will abrió sus ojos y admiró el pálido blanco de su techo iluminado por la luz de la luna. Graham echó una rápida mirada a sus lados, en uno distinguió su habitación y en el otro su pequeño mueble con su alarma; eran las 5:20 AM. Pasó sus manos sobre su rostro y distinguió el sudor que recorría su piel, bajó más la mirada y vio su pijama enteramente empapada. Sintiéndose aún horrorizado por lo que había soñado, suspiró agotado y observó por varios minutos al techo, hasta que su alarma sonó.


BAU – Quántico, Virginia.

Jack vio sin parpadear a un distraído Will. Desde que había llegado ninguna palabra surgió de su boca, solo leves sonidos provenientes de su garganta era lo había hecho sonar en él. Jack suspiró amargamente y con unos golpeteos a su escritorio le hizo volver.

—Bienvenido de vuelta.

Will parpadeó rápidamente.

—¿Qué...? —se preguntó. Aun así Jack le escuchó.

—Llevas ahí parado más de diez minutos. Pensé que estabas concentrándote en el caso.

—Lo estoy —fingió.

Jack negó suavemente y retomó la vista a los papeles que tenía en el escritorio.

—¿Tienes Internet en tu casa, Will? —preguntó Jack.

Graham frunció su ceño.

—¿Internet? Me temo que no. Aun no hay cobertura en Wolf Trap.

—Me alegra saberlo.

—¿Por qué?

—Porque esta mañana, nuestra querida Freddie Lounds, publicó en su página web sobre nuestro criminal —dijo, sin dejar de golpear la pluma al escritorio.

—¿Freddie Lounds está en el Internet?

—Desde hace tiempo. Brian me contó hace unos meses que ella tiene muy olvidado el papel y difunde sus noticias amarillistas en una página web —alzó su mirada y observó, con cierto desánimo, a Will—. Y su página web es la más visitada en todo Maryland.

—Vaya... las víboras han evolucionado —dijo, mientras se sentaba en una de las sillas frente a Jack —. Y yo que solo pensé que con arrastrarse era más que suficiente. Ahora repartirá su veneno en la web... interesante...

Jack sonrió ante el sarcasmo y le entregó una nueva carpeta a Will, una vez se sentó. Graham la tomó y al abrirla su recibimiento fue la fotografía de la última víctima.

—Joselyn Coleman, treinta y tres años, ama de casa. Fue atacada en su domicilio, al parecer el asesino intentó romper su cuello pero no lo logró, solo la dejó noqueada por un par de horas, hasta que se despertó y descubrió que su rostro había aparecido. Salió de su casa pidiendo ayuda, o más bien, gritando; los chicos del vecindario la encontraron. Murió un par de horas después en el hospital debido al trauma al que se encontraba, no resistió.

—¿Hubo evidencia de resistencia? —cuestionó Will, sin dejar de mirar a la fotografía.

—Ni una. El asesino accedió sin preocupaciones a la casa y en Joselyn no hubo rastro de defensa.

—¿La conocería?

—Especulamos que sí.

Will suspiró y guardó la fotografía.

—Llévame a la morgue.


Mientras caminaban Will observó de reojo a Jack y este lucía como siempre, firme y sereno. Sin despegar sus ojos azules de él, a su mente llegó Elisa. Desde que había despertado no paró de revivir su pesadilla, las imágenes de Abigail y Marlène a un le eran chocantes pero la de la pequeña, le preocupaba y a la vez le aterraba.

—¿Cómo esta Elisa? —soltó. Jack volteó un tanto sorprendido.

—Bien —dijo, sabiendo que hacía unos días la había visto—. Ya sabes, disfrutando de las vacaciones.

—Me alegro. Jack, ¿qué es lo que hace Elisa, aparte de ayudarme con mis perros?

—¿A qué te refieres?

—¿Qué es lo que hace en estas vacaciones? —preguntó, sonando muy curioso. Jack empezó a extrañarse.

—Pues se junta con sus amigos del colegio. Ayuda a Bella con cosas de la casa, a veces viene conmigo y le doy recorridos por la academia, te ayuda a ti, asiste a sus terapias con el Doctor Lecter... —pausó— ¡Oh! Está ayudando al Doctor Lecter acomodar sus nuevos libros en el consultorio.

Extrañado Will arqueó una ceja. Ella no le había contado eso.

—¿Ayuda a Lecter con sus libros? —cuestionó, en parte sin creerlo.

—Si... ¿Por qué tus preguntas?

—Ah... curiosidad.

—¿Por qué tus preguntas? —insistió extrañado.

Will empezó a preocuparse, tragó difícilmente y aclaró su garganta.

—Elisa me comentó que haría algunas cosas en las vacaciones, pero no me dijo que y llegó a mi mente. Es todo.

Jack afirmó suavemente e ignoró lo sucedido. Llegaron a la morgue y dentro encontraron a Brian y Jimmy en la pequeña oficina, sentados en el escritorio y leyendo el Tattle-Crime. Crawford rodó sus ojos y tosió para llamar la atención de sus agentes, los dos voltearon y al ver a su jefe, Brian trató de cerrar la pestaña de navegación sin éxito alguno.

—No te preocupes Zeller —dijo mientras se acercaba a ellos—. Qué bueno que están leyendo el Tattle-Crime.

—Nos-nosotros solo...

—Solo queríamos saber que había publicado Lounds —continuó Jimmy.

Al estar cerca de ellos dos Jack dejó caer ambas manos en cada hombro de sus agentes, les palmeó con fuerza y una falsa sonrisa adornó su rostro.

—Estoy muy orgulloso de ustedes muchachos.

—¿Ah sí?

—Por supuesto —mencionó mientras sus palmeos se transformaban en golpes. Jimmy y Brian comenzaron a sentir dolor.

Después de observar esa escena Will entró al lugar, buscando relajar el ambiente, y Jack paró sus golpes. Will colocó su mirada en el monitor y leyó el titulo puesto por Lounds en su página web:

"LA CARA CORTADA VUELVE ATACAR EN BALTIMORE."

—¿Cara cortada? —cuestionó Will fastidiado.

—Así le llamó Lounds, ya sabes, su amarillismo —mencionó Jimmy tranquilamente.

—Yo le diría LeatherFace —declaró Brian, mientras lucía analítico. Todos posaron sus ojos en Zeller, quien al sentir el peso de aquellas miradas, les observó confuso—. ¿Qué? ¿Nunca vieron La Masacre de Texas?

Nadie respondió.

—Jimmy, por favor, llévanos a ver el cuerpo de Coleman.

—Claro.

Los tres salieron de la oficina dejando a Brian solo.

Price sacó la plancha y descubrió el rostro de Joselyn Coleman. Will tragó difícilmente al ver el rojo vivo de la carne.

—Mismo patrón —habló Jimmy—. Se llevó toda la piel, los parpados.

—Así es —dijo Will.

Graham se llevó una de sus manos a su boca, mientras la otra descansaba en su cintura. Jack le observó en silencio, esperando por algún tipo de comentario el cual nunca surgió.

—Utilizó un cuchillo diferente —siguió Jimmy ante el silencio—, Beverly lo identifico. También tenemos sospechas de que el asesino no sea un él, sino un ella.

Ambos miraron al forense.

—¿Mujer? —Cuestionó Jack—. ¿Por qué no lo añadieron al reporte?

—Por qué Beverly tiene esas suposiciones y concuerdo un poco con en ella.

—¿Y dónde está Katz?

—Día libre.

—Pues llámala, necesitamos su teoría. Dile que la veremos en la escena del crimen.

Jimmy afirmó con su cabeza y les dejó solos.

—¿Habías considerado eso? —interrogó Jack. Will negó levemente.

—Leí el perfil que forjó Alana y concorde con su contenido.

—Tal vez tengamos que hablar con ella, para sugerirle tal idea.

—Tal vez...

Jack ladeó su cabeza y cubrió el rostro de la víctima.


Oficina de Alana Bloom – Quántico, Virginia.

—Me alegra verlos —confesó la Doctora Bloom con una curiosa sonrisa, mientras les daba el acceso a su sitio.

—El sentimiento es mutuo —respondió Jack con una sonrisa.

—Supongo que están aquí por el perfil del asesino, ¿verdad?

—Correcto Doctora Bloom.

—Pues tomen asiento —Ambos obedecieron—. ¿Qué inconveniente hay?

—Beverly Katz sugirió que el asesino podría ser una mujer.

—¿Mujer? —Interrogó confusa mientras les veía y tomaba asiento en su silla—. Bueno, no es que sea algo raro, pero el perfil apunta más a un hombre. Al menos ese punto llegamos Hannibal y yo.

—¿El Doctor Lecter te ayudó? —cuestionó Will confuso.

Alana le observó con cierta extrañez y ladeó su cabeza.

—Si. Fue un apoyo para la creación del perfil.

—Oh...

—¿Algo de malo en ello?

—No, no, para nada. No pensé que Lecter siguiera por estos lares.

—Debes en cuando ha ayudado con algunos casos, no es muy frecuente pero ha sido un gran apoyo —dijo Jack.

—Ya veo...

—¿Y cómo es que Katz relacionó tal hecho?

—No lo sabemos aún, es su día libre pero la veremos en la escena del crimen.

—¿Y quieren que les acompañe?

—Si tienes la oportunidad.

—Si la tengo —dijo con una media sonrisa.


Will abrió con delicadeza la puerta trasera de la casa de Joselyn Coleman. Observó la pulcra cocina; brillaba como una casita de muñecas. Will distinguió el sonido del televisor, se escuchaba un programa común de la hora vespertina; se acercó ágilmente hacia los cajones, les abrió despacio hasta que encontró los cuchillos y tomó el más grande que encontró. Caminó a pasos ligeros y una vez cruzó el umbral de la puerta vio a la joven señora Coleman, disfrutando del descanso vespertino en su sillón y mirando el televisor. Will apretó con gran fuerza el mango del cuchillo y lentamente se acercó a ella. La mujer no percibió aquella presencia, su punto de atención estaba en el programa de televisión; dejando escapar algunas sonrisas. La tensión en la mano de Will incremento, movió un poco su rostro y vio lo remarcada que se encontraban sus venas.

—Joselyn Coleman detonaba un rostro perfecto —mencionó Will, al ver lo endurecida que su mano quedó—. Era perfecto para mí. Tenía que ser mío. Este es mi diseño.

Con su mano libre Will tomó el cuello de Joselyn, quien quedó horrorizada por tal acción y buscó librarse del agarre de este. Desesperado por el forcejeó de la mujer, Will miró un adorno en la mesita cercana, era la figura de un pequeño niño con un borrego, lo agarró y golpeó a Joselyn en la cabeza dejándola inconsciente. Soltó su cuerpo y este cayó en el sillón. Will acomodó la pieza en su lugar y se acercó a la mujer, tomando entre sus dedos su barbilla y dejando que la luz iluminará la perfección de su piel. Analizó cada centímetro con recelo y acercó la punta del cuchillo en su mentón, empezando a encajar el filo sobre ella.

Will abrió sus ojos, respiró pausadamente y movió sus ojos. Estaba en la sala de estar de la casa de los Coleman. Mientras trató volver en sí, sintió una presencia con él, dio la media vuelta y observó a Alana, quien le observaba con una mezcla de análisis y temor.

—¿Todo bien? —Cuestionó ante la expresión de Will, y este ladeó su cabeza—. Perfecto...

—¿Cuánto llevas ahí?

Alana sacudió su brazo y miró al reloj.

—Veinte minutos.

—Mucho tiempo.

—Te observaba —confesó, con algo de pena.

—¿Fui interesante?

—Algo —dijo con una leve sonrisa.

Will acompañó aquella sonrisa, y en ello, Jack entró al lugar junto con Beverly Katz.

—Lamento la tardanza —saludó la agente—. No esperaba llamadas en mi día libre.

—Gracias por venir —contestó Alana, mientras trató de lucir serena.

—Si... ¿Qué es lo que sucede?

—Nos comentaron tus suposiciones de que el asesino, probablemente, sea una mujer.

—¡Oh! —exclamó—. Eso... es una mera suposición, no lo afirmó al cien por ciento, sin embargo, leí el perfil psicológico y más lo que Will comentó —mencionó mientras le apuntaba ligeramente—. Me guío a que sea una mujer la que este perpetrando estos ataques.

—¿Por la vanidad? —cuestionó Will. Beverly volteó para verle y afirmó suavemente.

—Sí, mi suposición se guía en ello. ¿Por qué? ¿Qué es la vanidad?

—Es alguien que tiene un orgullo o lato concepto de sí mismo con el deseo de ser admirado y, o, alabado por todos —respondió Alana, como si estuviera ante un examen de la escuela. Beverly ladeó su cabeza.

—Si, por ello, siento que estamos ante una asesina. Busca desesperadamente una belleza, que no puede poseer, y arranca los rostros de sus víctimas las cuales fueron hermosas.

Will y Jack se mostraron pensativos mientras que Alana analizó las palabras de Beverly acorde a su perfil. Ambas mujeres se dispusieron a discutir las probabilidades de que el asesino fuera una mujer, y mientras las palabras abundaban en el aire, Will meditó cada una de ellas y recordando el revivir de la escena.

—Tal vez si sea una mujer —interrumpió Graham—, pero no está sola.

Todos miraron sorprendidos al joven.

—¿Te refieres a que son dos personas? —inquirió Jack. Will afirmó suavemente mientras les miraba.

—Si. Tal vez son una pareja. Ella las escoge, él las mata y le da lo que ella quiere.

—Sus rostros —mencionó Alana.

—Si. La vanidad no reside en él, está en ella. Él la glorifica y ella se satisface de su admiración.

—Tiene sentido —soltó Beverly, mientras llevaba sus manos a su cadera—. Demasiado.

—Es factible —dijo Alana mientras agachaba un poco su rostro—. Podría realizar un nuevo perfil.

—¿Podrías intentarlo? —preguntó Will, mientras observaba a su amiga. Ella se extrañó—. No dudo de ti, Alana, quiero ayudarte y ver si mi teoría es viable.

—Cl-claro —tartamudeó—. Será un placer.


En una residencia ordinaria, a los alrededores de Baltimore, llegó un hombre de cabello y mirada marrón oscura; y de una altura de metro setenta y ocho. Abrió la puerta y el olor a hierro penetró en sus fosas nasales. Rápido cerró la puerta; él llevaba consigo una hielera y se dirigió al cuarto de baño de la planta baja. Abrió la puerta y aquel aroma invadió con más fuerza en su nariz.

—Te he traído lo que me pediste, amor —saludó con tono meloso, mientras se acercaba a la tina de baño.

Estando junto a ella, removió la cortina y sobre la tibia y rojiza agua se encontraba una mujer, de curvas sencillas y caireles rubios, yacía con sus manos sobre la piel de un rostro que no pertenecía a ella. La mujer sonrió al escuchar aquellas palabras y abrió sus ojos, distinguiendo a su amado entre los orificios de aquella mascara de piel.

—¿Aun está fresca? —preguntó con su enorme sonrisa.

—Perfecta para ti —dijo mientras abría la hielera.

De ella sacó la pulcra piel que pertenecía a Joselyn Coleman; la mujer se alzó un poco y extendió sus manos para mirar aquella piel que había admirado por un tiempo. Sin dejar de lado el rostro que llevaba sobre el suyo. La mujer sintió la textura de su piel; era como la había imaginado.

—Es maravillosa... ¿Lucirá bien en mí? —preguntó a su amado, quien sonrió irónico por aquella interrogante.

—Lucirá bellísimo, amor. Tendrás el rostro más hermoso del mundo.

Ella sonrió y dejó escapar una leve carcajada. Retiro la piel que llevaba encima y se colocó aquella nueva adquisición.

—¿Cómo se ve?

—Eres una hermosura —maravillado dijo mientras acariciaba aquellos pómulos. La mujer se deleitó con las palabras de su pareja, llenando su vanidoso placer—. He encontrado otro rostro para ti.

—¿En serio? —cuestionó admirada—. ¿En dónde?

—En un bar en Edmondson. Iremos está noche para que lo veas; ese rostro se verá hermoso en ti.


Consultorio de Hannibal Lecter – Baltimore, Maryland.

Elisa yacía cabizbaja y jugueteaba con sus manos, no se atrevía a mirar a Hannibal. Era día de sesión y, en lo que había pasado de la semana, la jovencita había vuelto experimentar pesadillas. No quería hablar de ellas y eso se le hacía extraño al Doctor Lecter.

—Elisa —llamó en un tono grave y profundo. Al percibir el llamado, ella se estremeció—. Tu padre me contó lo que sucedió en esta semana; sobre tus pesadillas —ella afirmó con su cabeza, mas no la alzó—. Siempre me has contado lo que sueñas —continuó.

« Lo sé » respondió.

—¿Bien? —La pequeña alzó su mirada, se veía temerosa, cual animal indefenso a punto de ser devorado por su depredador—. ¿Qué es lo que sucedió en tus pesadillas?

Ella apretó sus labios, parecía pensar en la respuesta que daría, y unos momentos después alzo sus manos y confesó:

« Vi algo, que no debía ver »

—¿Qué fue lo que viste?

Elisa parpadeó veloz y sin dejar de apretar sus labios se atrevió a revelar la verdad.

« Vi una fotografía, de una mujer. No tenía cara, todo era rojo » Hannibal observó severo a la jovencita, recordando la fotografía que Alana le había traído hacía una semana. Era imposible que ella le observara. « No tenía pestañas. Sus ojos eran enormes... » Elisa paró y observó fijamente a Hannibal. « Me observaba. »

—¿Dónde viste esa fotografía? —inquirió detonando una seria curiosidad. Elisa guardó silencio y de nuevo agachó su cabeza—. ¿Elisa?

—En la casa de Will —mencionó con pena. No quería delatar que había sido con él, por temor de ya no volver ahí, pero tenía que hacerlo. No podía mentirle a Hannibal Lecter, jamás lo había hecho.

El Doctor Lecter observó bravío a la pequeña. Ella no toleró el peso de la mirada y alzó sus ojos azules hacía con él, pensando en sus miedos.

—¿Por qué Will tenía esa fotografía? —preguntó. Elisa se encogió de hombros, en el fondo, ella desconocía lo que Graham hacía, aunque las sospechas rondaban por su mente y Hannibal quedó sorprendido ante el retorno del agente—. ¿Por qué Will dejó esa fotografía a tu alcance?

—La tenía guardada. Yo fui curiosa.

—Siempre has sido curiosa, Elisa —dijo, dejando de lado el agrio sentir y haciendo aparecer una leve sonrisa. La niña se sintió más tranquila ante esa acción de Lecter—. Pero la curiosidad mató al gato, ¿verdad? —ella afirmó rápidamente—. Y debido a ello volvieron tus pesadillas.

Otra afirmación surgió mientras llevaba su dedo índice derecho a sus labios, en busca de morderlo.

—No le diga a mi papá —rogó.

—Sabes que no lo haré, pero, prométeme que no volverás a dejarte tentar por la curiosidad —Elisa negó veloz y Hannibal volvió a sonreír—. Así me gusta. Ahora, tendremos que volver a trabajar con tus pesadillas.

—Lo sé...

Hannibal se alzó de su silla, hizo una pequeña seña para que ella le siguiera y le obedeció. Llegaron al escritorio, Hannibal tomó asiento y Elisa quedó frente a él. Buscó en uno de sus cajones y sacó sus hojas para dibujo, Elisa sonrió sabiendo que era lo que harían.

—Dibujemos —mencionó con una gran sonrisa.

Elisa tomó una de las hojas y Hannibal le entregó el grafito. Ambos se dispusieron a realizar lo primero que se les viniera a la mente. En momentos Elisa observaba a Hannibal, quien ya había empezado a trazar ciertas líneas en su lienzo; y ella se dejó cautivar por los suaves movimientos de su mano. Admiraba la facilidad con la que él realizaba sus dibujos, incluso en una ocasión le pidió que le enseñara, y así fue, sin embargo Elisa descubrió que no era muy hábil para ello. La pequeña dibujaba, si, cosas sin mucha forma u estructura pero lo hacía; y entre aquellas sesiones en las que ambos interactuaban, ella descubrió para lo que era buena: la pintura.

Hannibal había notado aquellas habilidades y sabía que esos detalles eran de familia; provenían del lado de su madre. De los Sforza. Y se sentía orgulloso por ello. Desde entonces Hannibal buscó desarrollar aquellas natas habilidades.

—¿No sabes qué dibujar? —preguntó, haciéndola volver en sí.

Ella afirmó rápidamente, tomó el grafito y empezó a dibujar círculos pequeños. Lecter observó con disimulo a la pequeña, se apreciaba decidida en lo que hacía y espero paciente a que ella terminará. Mientras ambos dibujaban el sonar del teléfono los hizo volver en sí. Elisa alzó su mirada y se vio un poco asustada por tan abrupta interrupción, y Hannibal, molesto por ello, tomó su teléfono y contestó con el formal saludo ante cualquiera que llamara a su consultorio.

Al otro lado de la línea escuchó la voz quebrada de su colega Alana Bloom.

Lamento interrumpir, Hannibal. ¿Estás ocupado? —cuestionó con pena. El Doctor Lecter aborrecía las interrupciones durante sus consultas, y primordialmente, a la hora que consultaba a Elisa. Sin pestañear la pequeña observó a Hannibal, el cual su semblante había cambiado abruptamente.

—Un poco Alana. Estoy en sesión —enfatizó las últimas palabras.

De verdad lo siento, pero me urge hablar contigo.

—¿Podríamos dejarlo para más tarde?

Sé que no debo interrumpir en tu sesiones, de verdad lo sé, pero esto es importante.

Hannibal suspiró amargamente.

—¿Qué sucede?

Es sobre el perfil psicológico del asesino que corta las caras. Salieron unas nuevas conjeturas y me gustaría si podrías apoyarme... Bueno, apoyarnos.

—¿Apoyarlos?

Si. A Jack, a Will y a mí.

Hannibal arqueó suavemente su ceja, pero la sorpresa no abundó en él. En el fondo llegó a pensar que su presencia tendría que ser necesitada en este peculiar caso, que si bien, no llamaba del todo su atención, sabía que se volvería interesante por el retorno de Will Graham.

—De acuerdo Alana —habló momentos después de un crudo silencio—. ¿A qué hora les veo?

Alana le dio la hora indicada para que él pudiera presentarse en la oficina de Crawford, Hannibal lo memorizó en su mente y con una seca despedida colgó el teléfono. Colocó su mirada en Elisa, quien había retornado a su dibujo, y sonrió por recuperar los momentos al lado de su pequeñita.

Pasaron unos quince minutos y Elisa terminó de dibujar. Colocó el papel en el escritorio y se lo enseñó a Hannibal, descubriendo que su dibujo, no bien hecho, era algo inquietante. Elisa había dibujado el rostro que se había plasmado en sus sueños. Un rostro al rojo vivo. Ante la seriedad creada en el consultorio, ella se sintió avergonzada por lo que había realizado.

—Has mejorado el diseño de las curvas —mintió—. ¿Es lo que viste en tus pesadillas? —Elisa afirmó con la vergüenza sobre ella. Hannibal lo notó—. No te pongas así, expresar lo que sientes te hace un bien.

« ¿No se lo enseñará a mi papá, verdad? »

—Claro que no —dijo con una media sonrisa—. Tu dibujo, como todos los que has hecho, quedara solo entre tú y yo.

Elisa replicó aquella sonrisa y Hannibal tomó el papel y lo guardó en su cajón en esperar del momento y ser llevado con el resto de los dibujos que Elisa había hecho en estos seis años de terapias.


BAU – Quántico, Virginia.

Hannibal llevaba de la mano a Elisa. Ambos caminaban por los pasillos del FBI rumbo a la oficina de Jack Crawford. Ante el desesperado llamado de Alana Bloom y la hora citada, Hannibal canceló sus últimas sesiones y decidió llevarse a la jovencita para dejarla con su padre. Como siempre Elisa observó con ojo curioso lo que ofrecía un lugar como el BAU; cada vez que Jack le traía a visitar el lugar, la llevaba por los lugares más simples que ella pudiera ver, especialmente la academia del FBI, donde en muchas ocasiones llegó a ver a los futuros agentes entrenando arduamente.

Llegaron a la oficina, Hannibal tocó la puerta y esperó a ser atendido. Alana Bloom le recibió y al ver a su mentor una apaciguada sonrisa se formó en su rostro.

—Gracias por venir.

—Es un placer poder ayudarles —dijo, mientras dejaba que Elisa pasara primero.

La pequeña saludó con un gran gesto a la Doctora Bloom, quien respondió igual, y al cruzar el umbral miró a su padre y a un sereno Will, quien había ignorado su saludo.

—Hola mi niña —le recibió Jack con un gran abrazo y un beso en su mejilla. Hannibal logró controlar sus celos—. ¿Cómo te fue? —preguntó mientras movía sus manos.

Elisa respondió con su lenguaje de señas a la par que una gran línea ensanchó sus labios. Alana tomó asiento junto a Will y Hannibal se mantuvo de pie. Graham no había notado su presencia.

—¿Quieren discutir esto, por unos momentos, sin mí? —inquirió Jack, dando a entender que no iba a dejar que Elisa estuviera presente.

—Claro Jack —respondió Alana y Hannibal ladeó su cabeza. Will ni se inmutó.

Crawford sonrió levemente, se alzó de su lugar y se llevó a su hija para degustar de una merienda. Will parpadeó rápidamente notando a último momento que Elisa estaba aquí, y que ella y Jack se retiraban. Movió su cabeza y descubrió que lo habían dejado solo, con dos psiquiatras, en una habitación.

—Will, un placer volverte a ver —saludó Hannibal con un gesto cortés.

—El placer es mío, Doctor Lecter.

—Han pasado seis años desde nuestra última plática.

—Sí, si —respondió nervioso—. Seis largos años.

Alana observó con fascinación a ambos mientras tomaba los expedientes que habían pasado. Will se sintió intimado por la presencia de Lecter, seis largos años sin verle le había hecho olvidar como tratar el peso de aquella profunda mirada marrón.

—¿Comenzamos? —interrumpió Alana.

—Por supuesto —dijo Hannibal con una amplia sonrisa—. ¿En qué les puedo ayudar?

—Ha surgido la idea que, este asesino, sean dos personas.

—¿Dos persona? —preguntó sorprendido.

—Beverly Katz sugirió la posibilidad que el asesino fuera una mujer.

—Pero como una mujer no podría realizar tales actos por su cuenta —continuó Will, desviando su mirada de Lecter—. Esta la probabilidad de que sea una pareja de asesinos.

Hannibal alzó ambas cejas y Alana le dio acceso a los reportes.

—¿Y cómo surge esta teoría? —cuestiono a la par que leía.

—Hablamos de la vanidad —habló Will—. Una persona vanidosa siempre busca alguien que la enaltezca; una sola persona así no puede realizar tal acto sin esperar una alabanza a cambio.

—Es verdad...

—Así que necesitamos la corrección del perfil.

—Creo que lo has realizado Will, sin necesidad de nosotros.

—Ustedes son los psiquiatras. Pueden evaluarlo mejor que yo.

—Lo haremos Will —mencionó Alana al notar lo nervioso que este estaba—. Con tus hipótesis podemos modificar el perfil.

Alana observó acongojada a Hannibal, quien ladeó su cabeza ante esa mirada.

—Perfecto —finalizó Will. Se alzó de su silla, buscó salir de esa oficina, donde para él, el ambiente se había tensionado.

Sin dejar de lado esa expresión en su mirada Alana se alzó de su silla para ir detrás de él y preguntarle que le pasaba. Hannibal extendió su brazo y con su fría mirada le pidió que le dejase. Will aún no estaba preparado para esto. Aun le afectaba el hecho de que su mente pudiera adentrarse a la de un criminal sin escrúpulos; volver lo había hecho sentirse así, y era mejor dejarlo solo.


Las manos del agente Graham temblaban sin cesar, trató de quitarse sus lentes pero le fue difícil. Respiró profundamente e intentó controlarse. Su mente no paró de procesar miles de cosas, principalmente el hecho de sentirse sofocado junto a Alana y Hannibal Lecter.

—¿Will? —escuchó y asustado volteó para mirar a Elisa, quien se estremeció por su actitud.

—Elisa... —dijo con voz baja.

—¿Estas bien? —preguntó curiosa. Will movió su cabeza en un sí pero ella no le creyó—. ¿Seguro?

—Si Elisa —respondió con una pesimista sonrisa—. Estoy cansado, es todo.

La jovencita siguió sin creerle. Ambos se miraron y, por increíble que sonara, Will no toleró aquellos ojos azules. Desvió su mirada para otro lado ya que el peso de la mirada preocupada de Elisa le atormentó, recordando su pesadilla de anoche. Hannibal llegó al pasillo y miró asombrado como alterado aquella escena, veloz se acercó a ellos. Los largos y acelerados pasos de Lecter resonaron en los odios de Graham, este alzó su vista y apreció la preocupación que invadía al hombre.

—¿Sucede algo? —cuestionó una vez quedó cerca de ellos. Elisa negó pero Will no se atrevió a verles—. ¿Dónde está tu papá?

—Ya viene —dijo apuntando al final del pasillo.

Hannibal se colocó junto a Elisa y fijo su mirada en Will.

—¿Estás bien? —preguntó, sin ni una pizca de preocupación.

—S-si —tartamudeó—. So-solo estoy cansado. Muy cansado.

En ese momento Jack llegó junto a ellos y vio lo que estaba pasando.

—¿Qué ocurre? —inquirió extrañado.

—Hemos terminado el perfil —habló Hannibal.

—Me alegro... Podemos continuar el día de mañana —dijo mientras miraba a un agitado Will.

—Es una excelente opción, Jack.

Graham nunca alzó su mirada y agradecido por las palabras de Jack y se retiró. En cuanto la presencia de Will desapareció de sus ojos, Jack le pidió a Elisa que entrara en la oficina y le esperara. No muy convencida ella afirmó y entró, encontrándose con una nerviosa Doctora Bloom. Al estar solos Jack observó a un tranquilo Hannibal.

—¿Cómo ve a Will? —mencionó.

—No ha cambiado en estos seis años —declaró el Doctor Lecter—. Tal vez, un poco más angustioso, pero me imagino el por qué —y ambos relacionaron la desaparición de Hobbs—. ¿Cómo logró que volviera al trabajo de campo?

—Fue difícil, pero mis insistencias debieron hartarlo —Hannibal ladeó su cabeza—, también, puede que se interesara en el caso.

—Ambas opciones son viables —confesó con una leve sonrisa.

—Debo confesarle, Doctor, que me gustaría que Will volviera a estar bajo su atención.

—Pero no podemos obligarle a tal acto. Cuando él se sienta preparado, volverá a terapia. Téngalo por seguro, Jack.

—Y hablando de terapias, ¿cómo estuvo hoy con Elisa?

—Todo bien. Elisa se abrió ante el hecho de sus pesadillas, y de ante mano, le prometo que vera una mejora.

—Me alegra escuchar ello —suspiró tranquilamente—. Estos días ha dormido con Bella y conmigo. No puede tolerar estar sola en su habitación.

—Le aconsejo que traté de que hoy duerma en su habitación, para poder ir controlando todos sus temores.

—Gracias Doctor Lecter. De verdad, no sé qué haríamos sin usted.

Y Hannibal sonrió cumplidamente.


Residencia de Will Graham – Wolf Trap, Virginia.

Will abrió la puerta del refrigerador, sus nervios no se habían reconciliado con la calma, y rebuscó ansioso una botella de cerveza. Al encontrarla le abrió y dio un gran tragó, controlando un poco aquellos nervios, volteó la cabeza y miró a sus perros observándoles con aire triste. Will no se pudo contener ante la emoción de sus mascotas, y dejando la cerveza sobre la barra, se dispuso a sacarlos a correr por la llanura que rodeaba su casa.

Mientras sus canes se divertían, Graham se había perdido en la nada. Su mente no dejó de pensar en aquel momento junto a Alana y Lecter, dos psiquiatras que sentía una atracción hacía su manera de pensar. Si bien Alana era más discreta, y no siempre quería analizarle; agradecía eso de su amiga. Y Lecter, él no era discreto. Graham cerró sus ojos y exhaló pesadamente.

Después de veinte minutos de pasear a sus perros, todos regresaron a casa. Y una vez puso pie en el pórtico escuchó su teléfono. Entró rápido a su hogar y logró contestar la llamada.

—¿Diga?

Hola Will —saludó Isabella—. Me alegra encontrarte. Te he estado llamando y no tenía respuesta.

—No estaba en casa, acabo de llegar. Me sorprende tu llamada...

Bueno, quería saber, ¿si hoy vendrías al Heaven's Night?

Will parpadeó perplejo por unos segundos.

—Realmente no tenía una vuelta para allá, pero no me vendría mal una noche de en el paraíso.

Me alegra saberlo. Hoy tendremos un espectáculo importante y me gustaría verte en el público.

—Cuenta con ello, Isabella —dijo con una ligera alegría.


Heaven's Night – Edmondson, Baltimore, Maryland.

Will entró al bar, del cual ya era un cliente habitual, el lugar estaba semivacío y los músicos de Isabelle se preparaban para el espectáculo de esta noche. El agente llegó a la barra y el bar tender le preparó su cerveza habitual. Grahm buscó a su amiga por todos lados, una vez estuvo lista su bebida y dio su primer tragó, Will sintió una presencia a sus espaldas, se giró y miró a Isabella, luciendo un largo vestido negro de noche, su larga y ondulada cabellera oscura caía sobre sus hombros y su tan remarcado maquillaje la hacía lucir como la cantante que era.

—Me alegra verte Will —él sonrió desganado—. ¿Todo bien?

—No —soltó y bebió de su cerveza.

—¿Qué sucede? —Insistió preocupada mientras se sentaba a su lado—. Te notó desanimado.

—Creo que tengo todas las emociones negativas sobre mí... Volví al trabajo de campo —confesó e Isabella le miró sorprendida.

—¿Por qué?

—La verdad, no lo sé. Creo que Jack insistió tanto que no tuve otra opción.

—Pero si siempre te le habías negado.

—Pues llegó el día y ya regrese...

—¿Y solo será un caso? —Will se encogió de hombros. Isabella suspiró amargamente—. ¿Ya te está afectando, verdad? —Él no respondió solo se limitó a observar a su amiga. Isabella volvió a suspirar y le dio unas leves palmadas en su espalda—. Espero y disfrutes del espectáculo.

—Lo haré.


El bar empezó a llenarse y Will ya iba por su tercera ronda. El escenario brilló con las luces de neón en tono azul y rojo, los colores representativos del Heaven's Night. Una alegre música sonó por todo el lugar y Graham se alisto para mirar la función de su amiga. Isabella apareció en escena y lanzó alegres letras para animar a su audiencia. Will sonrió suavemente y se dejó conquistar por el ritmo y letra. El espectáculo resulto ser el mejor de la noche y Will se unió a los aplausos del público al cual Isabella agradeció y se retiró del escenario. La mujer fue a su camerino, para poder alistarse, y mientras se preparaba un nuevo cambio de ropa, descubrió con terror a un hombre en el camerino.

—¿Quién es usted? —cuestionó espantada.

—Hermosa presentación la de hoy —dijo con una boba sonrisa.

Isabella exhaló desconcertada, de seguro era un fan que se había colado de la seguridad.

—Gra-gracias...

—Tienes un hermoso rostro.

—¿Perdón?

—Tienes un hermoso rostro —repitió e Isabella notó como una de sus manos estaba hecha un puño.

—Qué lindo eres —respondió nerviosa mientras trató de acercarse a la puerta.

—Necesito tu rostro.

Isabella se vio paralizada ante las palabras de ese sujeto y posó su mirada en su mano. Tenía un pequeño cuchillo. Sin pensarlo Isabella gritó por ayuda pero aquel hombre corrió hacía ella y la tomó de sus brazos.

—¡Ayuda! ¡Will! —clamó—. ¡Suélteme!

—¡Cállate! —dijo mientras llevaba su mano a su boca. Isabella miró con horror la punta del cuchillo muy cerca de su ojo—. Guarda silencio —susurró cerca de su oído.

Isabella sintió como sus piernas flaquerón y las lágrimas brotaron de sus ojos.

Will miró a todos lados en busca de su amiga. Siempre que ella finalizaba sus cantos, iba a su camerino y luego le acompañaba un par de horas. Curioso porque no llegaba, Will dejó de lado su cerveza y se animó a ir en su búsqueda.

Isabella no paró de mirar al filoso cuchillo; aquel hombre tenía su brazo alrededor de su cuello, intentando cortarle el aire para que cayera inconsciente pero ella se resistía. Desesperado el hombre la arrastró y la lanzó al sillón que es encontraba en el lugar.

—¡Ayu...! —volvió a cubrir su boca y se subió en ella.

El hombre colocó la punta del cuchillo sobre su frente y la encajó lentamente; Isabella sintió el dolor y gritó.

Will llegó al camerino y apuntó de tocar la puerta escuchó aquel grito.

—¿Isabella? —cuestionó. No obtuvo respuesta—. ¡¿Isabella?!

Sin ninguna respuesta Will se mostró alerta, indagó en su cinto y descubrió que no traía un arma, se maldijo y buscó algo con lo que poder actuar y sin nada a su favor, el agente se decidió actuar. De un golpe Will abrió la puerta y manifestó un hombre encima de Isabella.

—¡Suéltala! —gritó. Isabella miró con grandes ojos a Will, y este notó un cuchillo sobre su frente, revelando que era el sujeto que se dedicaba a robar rostros—. ¡Qué la sueltes!

El hombre se alzó y miró al indefenso de Will. Confiado de su imagen el hombre se lanzó atacarlo e increíblemente Will le esquivo, tomó su muñeca, lo agachó y le dio un rodillazo en la boca del estómago. El hombre cayó al suelo y soltó el cuchillo. Isabella se alzó del sofá, tomó una bandeja y golpeó con todas sus fuerzas aquel hombre, dejándolo seminconsciente.

—¿Estas bien? —preguntó alterado Will, al ver un pequeño hilo de sangre sobre su frente.

—S-si... Gracias Will —dijo mientras le abrazaba.

Will aceptó el abrazó y notó como el hombre buscó alzarse, se soltó de Isabella y se acercó a él para darle una fuerte patada en su cara y dejarlo totalmente inconsciente. Isabella miró el momento tan asustada como agradecida.


BAU — Quántico, Virginia.

—Gracias Will —mencionó Jack, mientras ambos caminaban por los pasillos del FBI.

—No me agradezcas... —respondió serio.

—Tal vez no deba preguntar esto, pero, ¿puedo volver a contar contigo en el futuro?

Will le observó y suspiró agotado.

—Ya veremos.

Y siguió sus pasos para dejar la academia de Quántico.


Hannibal abrió la puerta de su consultorio, listo para retirarse cuando miró a Will en la sala de espera.

—¿Tienes una hora disponible? —cuestionó, mientras le miraba.

—Siempre tengo un espacio para los amigos —dijo con una sonrisa—. Pasa.

Will se alzó de la silla y se adentró al consultorio. Graham le dio una rápida mirada al lugar, el cambio era impresionante. Hannibal le ofreció un vaso de vino y Will no se negó. Quedando frente a frente Lecter observó a Graham y esperó paciente a que este hablara.

—Ya capturamos a la pareja —soltó.

—Me entere. Mis sinceras felicitaciones por ello.

—Gracias...

—¿Quieres hablar de algo? —inquirió. Will llevó una de sus manos sobre su nuca.

—Son muchas cosas.

—Hay tiempo —dijo mientras se cruzaba de piernas.

Will cerró sus ojos y suspiró.

—Debo ser honesto. Esto de volver a campo... me ha gustado —declaró—. Lo extrañaba.

—Lo supuse.

—Pero, todo tiene un pero —dejó escapar una risita—. Hay cosas que han regresado, cosas que pensé que había controlado.

—¿Regresiones? —soltó.

—¿Se dicen así?

—Medicamente, sí.

—Interesante.

—¿Qué es lo que habías controlado, Will?

—Mis recuerdos sobre ellas.

—Abigail y Marlène —afirmó. Will ladeó su cabeza.

—Si... pensé que lo había controlado, que lo había aceptado pero no pude. Cada vez que voy por la calle, creo ver a Abigail... y en mis sueños las veo, a las tres...

—¿Las tres?

—Si. Abigail, Marlène y Elisa —en ello Hannibal se mostró alerta.

—¿Elisa? ¿Por qué Elisa? —no pudo ocultarlo.

—No lo sé —continuó Will sin ninguna pizca de curiosidad por la reacción de Lecter—. Ella aparece en mis sueños.

—¿Qué pasa en tus sueños?

—Yo... veo a Marlène, Abigail y Elisa. Estamos los cuatro, como una familia. Somos una familia feliz. Pero luego, algo aparece, algo que no puedo explicarlo y destruye ese momento.

Hannibal se vio pensativo.

—¿Qué es ese algo?

—No lo sé, le juro que cuando lo veo en mis sueños, lo distingo, sé que es algo que conozco y cuando despierto lo olvido.

—¿Y qué es lo que hace?

—Mata a Marlène y Abigail.

—¿Y qué hace con Elisa?

—Eso es lo curioso... a Elisa no le hace daño, al contrario, la protege —dijo extrañado. Hannibal arqueó una de sus cejas—. Y no lo entiendo.

—Sí, es curioso —soltó, unos momentos después.

—Es alarmante.

Will miró a Hannibal con cierto temor y llevo una de sus manos sobre su rostro.


Elisa se encontraba en su habitación tratando de dibujar antes de dormir. Su dibujo no quedaba como ella quería pero se dispuso a colorearlo para darle la forma que tenía en mente. La pequeña gastó mucho de su color negro, sin embargo, no le satisfacía el resultado. Suspiró cansada y contempló a su peculiar dibujo. Guardó sus colores y fue al cuarto de baño para limpiar sus manos, por el remarcado del color. Bella entró a la habitación con las intenciones de arropar a su hija y hacer válida las indicaciones del Doctor Lecter, escuchó como ella se encontraba en el baño y decidió esperarla en la cama pero con cierta pizca de curiosidad se acercó a la mesita de dibujo de Elisa y observó lo que había dibujado. Intrigada Bella observó un extraño ser con grandes ornamentas en cada lado de su cabeza, un cuerpo semi deforme haciendo relucir sus costillas, unos largos y delgados brazos hacia juego con las costillas. El dibujo estaba pintado en negro y el fondo era el blanquecino de la hoja y esa mounstrosidad de imagen que Elisa había plasmado perturbó a Bella Crawford aquella noche.


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