ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo VII- Desahogo.
Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias con sus personajes sin fines de lucro.
Capítulo VII- Desahogo.
Los ojos de Terra se volvieron totalmente amarillos, levantó sus manos e hizo un ademán que terminó atrapando los pies de los 4 Titanes en una especie de grilletes rocosos sujetos al piso.
—¡Pagarán por todo lo que nos han hecho! —gritó de nuevo la chica elevándose más en una de sus rocas, recordando la muerte de sus padres y todo lo que había sufrido junto a los Titanes.
—¡¿Qué?! ¡Lo único que hemos hecho es ayudarte, Terra! ¡¿Qué acaso no recuerdas todo lo que te ha hecho Slade?! ¡¿Todo lo que sufriste por él?! —Chico Bestia cuestionó levantando la voz mientras se transformaba en un gorila y destrozaba las rocas que lo tenían prisionero; estaba molesto, cómo podía su amiga estar del lado de ese hombre que tanto daño le había causado.
Raven hizo lo mismo con sus poderes envolviendo en su aura negra las piedras que mantenían sus pies y los de sus compañeros sujetos al piso, cerró sus puños y las rocas se pulverizaron casi convirtiéndose en arena.
—¡Cuidarme, eso es lo único que ha hecho! —respondió con un grito al chico convertido en un gorila verde al mismo tiempo que se acercaba para golpearlo.
Un par de aleteos se hicieron presente cerca del lugar en donde se desarrollaría la pelea, interrumpiendo a la aprendiz de Slade y dándole a Chico Bestia la oportunidad de reagruparse con sus amigos. Las extremidades de algunos árboles se mecieron con tal intensidad provocando que cayeran ramas secas y hojas en un tono café y anaranjado de ellos; poco a poco llegaron una docena de polillas de diferentes tamaños que rodearon a los Titanes.
—¿Cómo le cayó la noticia a tu noviecita, Robin lindo? ¡Fue muy descortés haberla dejado sola, quién sabe qué cosas horrendas pudiesen pasarle! —gritó Minina con tono burlón encima del más grande de los monstruos que la acompañaban. Seguía sonriendo maliciosamente y parecía disfrutar del enojo que el petirrojo le mostraba.
—¡¿Qué le hiciste?! —preguntó el líder con ira, a punto de perder los estribos, apretando sus puños.
—Yo nada. Descuida Robin, esta vez yo no seré quien la lastime —dijo fingiendo voz de inocencia mientras veía con diversión cómo el chico del antifaz le dedicaba una mirada llena de desdén y caminaba amenazadoramente hacia ella.
—¡Robin, ve y busca a Star, nosotros las detendremos! —gritó el mitad máquina a su amigo quien aún tenía la vista puesta en la chica de vestido rosado. Sus puños ya comenzaban a mostrar los nudillos marcados en los guantes que llevaba y su rostro tenía un semblante colérico.
—¿Creen que me van a ganar? —se burló Minina cruzándose de brazos y haciendo una pose de chica engreída. Después bajó de uno de esos insectos gigantes y sacó de su traje una pequeña vara que al presionar un botón en ella salió un largo lazo convirtiéndolo en un peligroso látigo.
—¡Titanes ataquen! —gritó el líder de los Titanes su tan conocida frase a los cuatro vientos, ninguno de los tres restantes lo dudaron y corrieron hacia sus adversarios.
La batalla comenzó y Raven tomó algunas bancas de metal que estaban en el parque para lanzarlas hacia Terra; una le dio justamente en la roca donde levitaba ocasionando que perdiera el equilibrio y cayera encima de un arbusto. Robin se encargó personalmente de darle su merecido a Minina lanzándole una de sus armas y atrapándola en una prisión de sogas; para su mala suerte solo oía los chillidos de la rubia moviéndose de un lado a otro tratando de liberarse.
Cyborg se encargó de algunas polillas con su cañón sónico; al principio no era fácil pero fue haciéndolo mejor imaginándose como si se tratara de un simple juego de tiro al pato, sólo que en vez de patos eran polillas y en vez de plástico éstas eran muy reales. Chico Bestia ayudó a Raven conteniendo a Terra, hicieron equipo para luchar contra ella no obstante el metamorfo evitaba utilizar todo el potencial de sus poderes para no lastimarla gravemente ya que aún conservaba la esperanza de que la chica se redimiera.
—¡Boo-yah! —gritó el cibernético después de haber disparado al último insecto que volaba sobre ellos. Su vista se dirigió a sus tres compañeros quienes seguían luchando contra la metahumana que controlaba la tierra y no lo pensó dos veces para correr hacia ellos uniéndoseles y ayudándolos a detenerla.
Luego de desorientar un poco a la rubia, Raven hizo un campo de fuerza encerrándose a sí misma y a sus amigos evitando que algún ataque de Terra les diera. —Robin, ¿a dónde se fue Starfire? —cuestionó la hechicera aun mirando hacia el frente y con las manos en alto manteniendo firme el campo de su aura negra.
—¡No lo sé! ¡Ella se fue volando! —comentó apenado el pelinegro culpándose por no haberla detenido.
—¿Volando? ¿Adónde y por qué? —preguntó Chico Bestia muy confundido.
—Es una larga historia, ahora lo importante es encontrarla y ver que esté bien. ¡Iré a buscarla!
Los tres chicos asintieron, ellos se encargarían de Terra mientras su líder buscaba a la tamaraniana. Chico Bestia y Cyborg se pusieron en posición de ataque al mismo tiempo en que Raven deshacía el campo de fuerza; los tres volvieron a utilizar sus poderes para frenar a la ex Titán que parecía no rendirse incluso si era la única de su bando que quedaba en esta batalla.
(POV Robin)
Observé cómo mis compañeros se prepararon para atacar y sólo esperaban a que Raven deshiciera el aura negra que nos cubría como protección. Ésta no tardó en desaparecerlo haciendo que mis amigos corrieran hacia Terra dejándome libre el camino para poder encontrar a Starfire.
Me escabullí entre arbustos y árboles tratando de salir de aquel lugar sin que nuestra oponente se diera cuenta de mi ausencia. Volteé hacia atrás observando cómo Chico Bestia distraía a Terra desde el cielo en forma de un pterodáctilo mientras que Cyborg y Raven atacaban desde el suelo confundiéndola. Sonreí por el esfuerzo de mi equipo y retomé mi camino encontrando a lo lejos la entrada/salida del parque; me apresuré corriendo lo más rápido que podía dando saltos en cualquier obstáculo que se me cruzara.
La verdad era que estaba nervioso y muy preocupado por mi novia. Me sentía víctima de un bloqueo, ningún lugar en concreto de dónde podría encontrarla se cruzaba por mi cabeza en esos momentos y esto me desesperaba más al punto de ignorar todo a mi alrededor dirigiéndome sólo a la salida como si ésta fuera un punto de meta que resolvería mis problemas. El estar corriendo y soportar tantos pensamientos colisionando con otros no me ayudaban en la búsqueda de un rastro, de una respuesta que me llevara hacia Star. Los posibles lugares en los que podría estar eran demasiados e incluso había algunos impredecibles puesto que ella pudo haber perdido momentáneamente la habilidad de volar por sus emociones y caer en alguna calle de la ciudad, además estaba indeciso sobre si debería regresar hacia el área del parque donde la vi por última vez y seguir la dirección que tomó como primera línea.
La idea de llamarla me pareció la más acertada de todas las que tenía rondando en mi cabeza. Tomé mi comunicador y presioné el botón que sobresalía de éste, no demoré tanto en que las palabras salieran de mi boca: —Starfire, ¿en dónde estás? ¡Es una emergencia, nos están atacando! —expresé jadeante a la par que cruzaba aquel arco que señalaba el inicio del parque.
—¡Star, por favor respóndeme! —pedí con una voz entrecortada ya que seguía corriendo sin parar, sin embargo de mi comunicador no salía ninguna respuesta por lo que me preocupé más de lo que ya estaba.
—¡Starfire, por favor contéstame! ¡Sé que debes estar enojada conmigo, no te culpo pero sólo quiero saber si estás bien! —volví a intentarlo esta vez más exaltado pero nada, ni siquiera algún sonido o alguna palabra para insultarme.
La excusa para calmarme del porqué no contestaba a mis llamados fue que ella estaba evadiéndome, me convertí en la última persona a la que quería ver por lo sucedido con Minina y aunque sabía que ella entendía lo que había pasado eso no cambiaba lo mal que se sentía por ver aquella escena. Estaba consciente que en cualquier lugar en el que estuviera ahora la encontraría derramando lágrimas por mi culpa y deseando no volverme a ver. Me odiaba a mí mismo por ello, nunca soporté ni soportaría ver a Starfire llorar por mí o por otro cabeza hueca que se cruzara en su camino mientras estuviera yo allí; sin embargo esta vez fui yo el que le falló. ¿Cómo demonios no me había dado cuenta que alguien estaba fingiendo ser Starfire? Ni siquiera sospeché el porqué estaba tan callada.
Dejé mis pensamientos atrás al darme cuenta que corría sin tener algún punto fijo a dónde ir. Detuve mi marcha, saqué de nuevo mi comunicador esta vez oprimiendo un pequeño botón verde y esperé impaciente la respuesta sin dejar de caminar por las calles. Después de un par de minutos oí a lo lejos el motor de una motocicleta acercándose, estaba completamente seguro que era la mía; sabía que este nuevo botón me sería muy útil en situaciones como éstas. No pasaron más de 10 segundos cuando vi mi vehículo doblando en una calle frente a mí, no lo dudé y tomé impulso para saltar sobre ella en cuanto pasó a mi costado logrando caer en el asiento y tomando el control de mi R-cycle.
Conduje varias cuadras que rodeaban el parque mientras trataba de rastrear el comunicador de Starfire; había olvidado por completo que podía encontrarla con él, me golpeé mentalmente por ello. La respuesta tardó unos segundos en aparecer y después de un sonido apareció la coordenada en la pantalla: ella se encontraba en la Torre. Suspiré con alivio, al menos ya sabía dónde hallarla. Doblé en una de las calles principales, aceleré y conduje hacia la Torre T; quería llegar lo más rápido con ella, quería verla y abrazarla, ver que estuviera bien.
(POV Starfire)
Había llegado ya a la Torre, el único lugar en el que podría desahogarme sin compañía de nadie, bueno, al menos hasta que regresaran mis amigos. Me había costado trabajo volar hasta acá y es que en lo único que podía pensar era en llorar.
Entré al living sin ganas, mi cara estaba llena de lágrimas secas y otras que empezaban a fluir de mis ojos. Me senté en el sofá intentando calmarme un poco pero en ese instante era imposible, las ganas de llorar aumentaban cada vez que lo recordaba; las imágenes de su beso llegaban a mi mente haciéndome sentir punzadas de dolor y es que no las podía evitar, parecía que mi cerebro las reproducía a propósito como si fuesen un video que nunca terminaba.
Me levanté de inmediato con la intención de irme del living; quería estar al aire libre, en un lugar en el que pudiera desahogarme y llorar hasta que sintiera que ya no era necesario, hasta que pudiera desaparecer el hueco en mi pecho y olvidar la horrible experiencia del día de hoy. Tenía que relajarme antes de que mis amigos me vieran en este estado y la única forma en que podría era dedicarme un tiempo a solas sin embargo este no era el lugar indicado, sabía que tarde o temprano él me vendría a buscar y la verdad era que no tenía ganas de lidiar con más emociones.
No me sentía con el poder de volar más por lo que refugiarme en un sitio lejos de la Torre estaba fuera de mis planes. Caminé hacia el lugar en donde me sentiría más tranquila aunque sea para calmarme y reflexionar con claridad, no sin antes haber dejado mi comunicador en una mesita cerca del sofá, el cual ya había empezado a timbrar. No tenía las suficientes ganas de hablar con él.
Subí con dificultad un par de escaleras ya que ni siquiera podía levitar debido a mi tristeza además sentía el cuerpo más pesado de lo normal. Llegué al último piso abriendo la puerta de la azotea y salí disfrutando del suave viento que secaba un poco las gotas saladas que se resbalaban por mis mejillas. Me senté en el suelo alejada de la puerta de fierro admirando como la luna brillaba tenuemente pues la noche aun no era totalmente obscura; también miré las pocas estrellas que se hacían presentes y lo bonito que titilaban en el firmamento.
Sonreí con ironía aun sollozando, el cielo era tan hermoso, me relajaba y hacía que me alejara un pequeño tiempo de la realidad. Flexioné mis rodillas hacia arriba abrazándolas mientras escondía mi rostro con algunos mechones rojizos de mi cabello. Un par de lágrimas silenciosas bajaron por mi mejilla cayendo en una de mis rodillas y pasándose por debajo de mi bota haciéndome sentir cosquillas. Cerré mis ojos tratando de olvidar todo lo sucedido esta tarde y las horribles emociones que había experimentado. Comenzaba a sentirse bien mantenerme al margen de los problemas por un momento e imaginar que todo había sido una mentira o un mal sueño que en unos días se convertiría en un simple recuerdo, en un muy amargo recuerdo.
Un silencio sepulcral invadió el espacio en el que estaba y pude oír perfectamente cómo la puerta se abría lentamente percibiendo pequeños rechinidos al hacer contacto con el suelo. Unos pasos se dirigieron a mi dirección. Ni siquiera me tomé la molestia de voltear hacia él, sabía perfectamente que era Robin. Se detuvo detrás de mí, aunque no tan cerca, internándonos de nuevo en un silencio bastante incómodo. Varias lágrimas se retuvieron antes de salir disparadas hacia abajo, no quería llorar, no quería verme de nuevo frágil frente a él.
—¡Te dije que me dieras un momento! —pedí con la voz más firme que pude hacer.
—Lamento no ser la persona que esperabas —me dijo con su voz despreciable.
Yo en segundos me limpié las lágrimas y me levanté rápidamente alejándome de él.
