ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo IX- ¿Real o no real?
Ahora sí que perdónenme la demora, es que con eso de que me encarga mucha tarea además de que el maestro nos revuelve a todos con lo de matemáticas, pero se los he compensado con un capítulo un poco más largo de lo habitual, ¡espero que les agrade :D!
Ah, una pregunta más, me encantaría saber su opinión sobre la nueva caricatura de nuestros titanes "Teen Titans go!", pues en mi opinión me parece divertida y con tal de estar viendo a mis personajes favoritos me conformo C:
Bueno me despido por ahora, ya me llegó el sueño jeje, muchas gracias a El Angel de la Eternidad y ravencb24 por sus gran reviews, las adoro chicas :3! Amé el título, una frase de los juegos del hambre ^.^ sepan que amo la trilogía y espero con ansias a que llegue noviembre n-n Hasta la próxima actualización, bye…
Teen Titans no me pertenecen, yo sólo creo historias con sus personajes sin fines lucrativos.
Capítulo IX- ¿Real o no real?
(POV Starfire)
Oscuridad, sólo eso; negrura en todo el sentido de la palabra era lo único que mis ojos podían ver. Silencio; mi único acompañante de aquel frío y lúgubre lugar. Confusión; el sentimiento que más me invadía y rogaba por respuestas.
Cuando recién había despertado lo único que podía ver era un extenso manto negro que me confundía y me hacía creer que mis ojos aún estaban cerrados. Este lugar era extraño, solitario y realmente no sabía cuáles eran sus dimensiones ya que todo se encontraba oculto en una gran negrura.
El silencio era muy incómodo pues lo poco que podía escuchar eran mis respiraciones agitadas y llenas de pánico. Froté mis brazos ya que sentía la humedad en el aire mientras éste corría libremente alrededor de mi cuerpo; tenía escalofríos y cada vez sentía que descendía más la temperatura del sitio.
No sabía a dónde moverme puesto que no distinguía nada a mi alrededor, la oscuridad abarcaba todo el área incluso el suelo con el cual sólo tenía contacto al estar sentada; éste era tan liso que parecía que alguien lo había pulido hasta el cansancio. Intenté alumbrar con mis manos pero de ellas no salió ningún resplandor verde.
Mi cabeza daba vueltas intentando razonar el cómo había llegado ahí o el por qué no recordaba lo sucedido antes de despertar. —¿En dónde estoy? —volví a preguntar hacia la nada con un susurro que se convirtió en eco.
Me puse de pie y traté de caminar hacia adelante tanteando mis pasos para no caerme sin embargo no sabía a dónde llegaría con esta acción; tal vez a ningún lugar en especial, simplemente al mismo hoyo en el que aparecí. Me pregunté cuál sería el límite de este sitio, ¿acaso nunca terminaría o era que todo se veía igual? Caminé por varios minutos sin notar ninguna diferencia en la temperatura, en el suelo o en el aire.
—¡Star! —aprecié mi nombre en un susurro que iba haciendo eco en el lugar como si fueran pequeños murmullos. Sobresaltada paré de caminar tratando de captar algún otro sonido; me quedé quieta por un par de segundos en los que sólo escuchaba el casi imperceptible sonido del viento.
Bajé mi cabeza decepcionada soportando el dolor de cabeza que empezaba a incrementar. Me reprendí mentalmente por no recordar nada; no sabía cómo había llegado y el último de mis recuerdos era en un parque jugando con mis amigos.
—¡Starfire! —esta vez era un grito y reconocí de inmediato la voz. Traté de agudizar más mi oído para saber el origen de esa voz pero el eco que había causado no me daba pistas.
—¡¿Robin?! —cuestioné sin pensarlo mucho y comencé a buscar alguna señal de que él estuviera ahí. —¡¿Dónde estás?! —volví a preguntar al aire pues ninguna respuesta se hacía presente. —¡Por favor… alguien… responda! —continué con la voz quebrada.
Nada. Nada en absoluto que pudiera escuchar, que pudiera ver o que pudiera decirme dónde estaba. Me encontraba sola en la terrible nada acompañada de aquella escalofriante soledad que me carcomía conforme el tiempo pasaba. Me incliné hacia abajo tomando mis rodillas hasta abrazarlas completamente, sentándome en el helado piso. La tristeza y el miedo me invadieron causando que mis ojos se llenaran de lágrimas las cuales bajaron por mis mejillas hasta perderse en mis botas.
Pequeños murmullos salieron de entre la oscuridad; primero era una voz que no reconocía, después fueron dos y de pronto eran más de 5, combinándose para dejarme desconcertada. Los sonidos que captaban mis oídos eran indescifrables: palabras, letras o frases que no pudieron ser completadas y que ahora solo se fundían con otras más haciendo que el dolor de cabeza se hiciera insufrible.
—¡Paren! —grité con las palmas de mis manos cubriéndome las orejas tratando de reducir aquellas voces que incrementaban su volumen gradualmente.
Apreté mis ojos en un intento de no concentrarme en el sonido pero fue en vano, todo aquello se empezaba a hacer insoportable dentro de mi mente, era cómo si las voces se hubieran introducido dentro de mí orquestando una poesía maniática. —¡Paren, por favor! —supliqué una vez más alzando lo más que pude la voz.
Como por arte de magia todo quedó en silencio; volví al lugar sigiloso en el que desperté. Un montón de punzadas se hicieron presentes, cada una en diferentes partes del cuerpo como en la espalda, en mis piernas, en uno de los brazos y en una parte de mi rostro; el dolor era soportable aunque era extraño cómo todo había dado un giro.
Sentía como mi pecho subía y bajaba desesperadamente tomando oxígeno y llevándolo hacia los pulmones, esto ocasionaba que me doliera más la parte del abdomen. De mi frente resbalaban gotas de sudor frío sin embargo sentía cómo mi piel ardía en fiebre.
Abrí los ojos lentamente con el temor de encontrarme de nuevo con esa oscuridad, para mi suerte observé un techo gris y algunas lámparas blancas que colgaban de él. Por un momento sentí aquella desconfianza que uno siente al descubrir algo nuevo, pero cambió muy rápido a tranquilidad ya que no me encontraba en el abismo de antes.
Las luces eran cegadoras por lo que tuve que esperar a que mis ojos se adaptaran, parpadeé un par de veces tratando de recordar aquel lugar aunque no servía de nada observar sólo el techo.
—¡Oh, Star, que bueno que despertaste, nos tenías tan preocu…
—Chico Bestia —lo interrumpí con voz débil cuando pude observarlo. Mi garganta dolía cada vez que tragaba saliva; tenía mucha sed. Observé a mi amigo que acababa de pararse de su asiento al lado de la camilla donde me encontraba recostada; se podría decir por su cara que acababa de levantarse de una siesta y por la gran sonrisa que traía en su rostro sabía que le alegraba el que yo hubiera despertado.
—¿Qué pasó? —proseguí con voz ronca. Traté de enderezarme pues la camilla era muy incómoda además mi cuerpo estaba adolorido en esa posición, aunque también fue doloroso intentar moverlo. Él notó lo que trataba de hacer y me ofreció su ayuda para sentarme.
—¿No recuerdas nada? —vi como su semblante feliz cambio a uno de preocupación.
Yo negué con la cabeza sintiendo que mi voz no daría para más. Bajé la mirada tratando de recordar lo que había sucedido pero mi mente estaba en blanco y lo último que recordaba era un picnic en el parque con mis amigos Titanes.
Observé la parte descubierta de mis muslos encontrando varios moretones y parches con vendas, igualmente existían en mis brazos y cuando miré parte de mi abdomen pude ver un vendaje que apenas se asomaba desde mi costado y se extendía por una parte de mi espalda. Chico Bestia pareció darse cuenta de mi confusión sobre las heridas.
—Starfire, no te preocupes —dijo mi amigo tomándome de la mejilla, su mano se separó inmediatamente de mi rostro y exclamó alarmado: —¡Estás ardiendo en fiebre! ¡Iré a llamar a Cyborg, él sabrá qué hacer! —. Rápidamente se dio media vuelta disponiéndose a salir por una puerta de vaivén sin embargo alguien lo golpeó en la frente al empujarla del lado contrario haciendo que retrocediera un poco.
—Chico bestia es mi tur…no —Robin acababa de entrar a la enfermería de la Torre. En la parte inferior de su antifaz se podían distinguir un poco sus ojeras y uno de sus pómulos lucía hinchado con un moretón. Llevaba el atuendo que normalmente usaba todos los días y su cabello lucía despeinado. Ignoró a mi amigo Bestia quien se quejaba y sobaba la frente por el portazo que le había dado; nuestro líder sólo se me había quedado mirando y noté que su rostro se iluminó.
—¡Star! —recitó mi nombre con porte de alivio, sonrió y fue corriendo hacia mí estrechándome en sus brazos, abrazándome al mismo tiempo que cuidaba su fuerza para no lastimarme.
Sentir su calor y su aroma era como volver a vivir. Por supuesto que le había correspondido el gesto con el mismo entusiasmo, lo abracé sin importar cuánto me doliera, deseando no separarme nunca de él.
Robin había comenzado a acariciarme el cabello recargándome más a su pecho, su corazón estaba acelerado y pude sentir cómo algunas gotas cayeron en mi frente. Mi chico estaba llorando, no sabía por qué pero era la primera vez que lo veía llorar. El corazón se me encogió y lo abracé con más fuerza, ¿qué habría pasado para que él estuviera llorando de ese modo?
—Bueno, creo que estoy haciendo un mal terciiooo aaaaqqqquuuuííííí —escuché hablar a Chico Bestia como si lo último fuera una grabación en cámara lenta. Abrí los ojos de golpe viendo cómo se esfumaban las imágenes de él, de Robin y todo el lugar de la enfermería. El cálido ambiente en el que estaba se desvaneció de repente dejando aquel vestigio de frío sobre mis brazos enchinándome la piel.
Mi alrededor cambió y esta vez era muy diferente, me encontraba en el parque en un día casi a punto de oscurecer, podía sentir el viento rosando mi piel y escuchar las hojas de los árboles meciéndose por el aire. Estaba caminando sin saber a dónde ir y dejándome guiar por mis piernas quienes no parecían hacerme caso, era cómo si ya estuvieran predestinadas a un lugar en específico.
Crucé por debajo de muchos árboles encontrándome con varias personas a mi alrededor; todos lucían exactamente felices: niños jugando con sus padres o simplemente tomados de las manos por ellos disfrutando de su compañía; algunos comían aquella extraña exquisitez llamada algodón de azúcar mientras otros se disponían a rodear la fuente lanzando alguna moneda y pidiendo un deseo.
Volví mi cabeza hacia un lado encontrando a Robin recargado en el tronco de un enorme árbol cerca de ahí. No llevaba su traje de combate, sino que una vestimenta más casual conformada por unos jeans negros, una playera azul y una sudadera ligera roja; no llevaba antifaz pero sí unos lentes de sol. Me acerqué a él sorprendida ya que rara vez lo había visto vestido como civil y él pareció notarlo. Me miró y sonrió, extendió su mano invitándome a acercarme hasta él y desde la distancia en la que estaba pude notar una rosa roja en su otra mano.
Sonreí y caminé deprisa hacia él, algo dentro de mí intuía que debía llegar rápido. Vi cómo la escasa luz de lo que quedaba del sol se mezclaba entre las hojas de aquel árbol frondoso dándole al ambiente toques dorados y naranjas además de un buen fondo para el chico que se encontraba bajo éste.
—¡Robin! —lo llamé de la manera más dulce posible sintiendo la felicidad de nuevo corriendo dentro de mí. Él en respuesta volvió a sonreír.
—¡Hola, gatita! —pronunció despacio mientras yo me detenía confundida. Mi espalda sintió un gran escalofrío y un fuerte viento sacudió mi cabello a mi costado. Miré hacia mi derecha observándola caminar despacio hacia él; llevaba un blusón rosa y un pantalón corto lila que combinaban con sus zapatillas rosa pastel; su cabello rubio se acentuaba más con el tono casi obscuro del atardecer.
La seguí con la vista observando cada detalle; mi corazón palpitaba muy rápido y mis ganas de correr hacia él aumentaban pero mis piernas ignoraron mis deseos. Mis ojos se humedecieron de lágrimas al verlos besándose tiernamente como un saludo de bienvenida. Cerré los puños al mismo tiempo que mis ojos, los cuales no dudaron en soltar aquellas lágrimas que tanto deseaban salir.
—¡Abre los ojos y no seas cobarde! —su voz era fría y se notaba el enojo en cada palabra que pronunciaba.
—¡Déjame en paz! ¿Cómo te atreves a hablarme así después de… —abrí los ojos omitiendo la parte de "besarte con Minina" pues me había quedado anonada observando el bastón metálico de Robin suspendido frente a mí. Ahora no sólo me encontraba sola con él en medio de otro ambiente hostil sino que también estaba tirada en el suelo muy adolorida como si un camión me hubiera aplastado debajo de vidrios rotos.
—¿Después de qué? De haberte derrotado —sonrió de manera sínica. Estábamos en el abismo que tanto me había aterrado antes de despertar en la enfermería. Estos escenarios eran ligeramente conocidos, como si fuera un déjà vu aunque obviamente nada de esto era real. No sabía hasta qué punto de lo que recordaba era verdad, ahora estaba dudando de todo. "¡Estoy loca!" pensé.
La mujer de cabello negro y corto caminaba por los pasillos oscuros de lo que parecía ser el sótano de algún edificio abandonado. Las pocas iluminarias amarillentas servibles les mostraban el camino a lo largo del pasadizo y las gotas de agua que caían de los tubos averiados rompían el gran silencio asfixiante que abundaba entre la penumbra.
Ella caminaba firme con sus botas de tacón negras que hacían eco en el lugar. Su cara era monótona, con la mirada siempre hacia adelante, sin inmutarse en lo absoluto por el túnel negro en el que se adentraba.
Llegó a una puerta de madera resquebrajada y vieja sin un pomo que pudiera abrirla. Posó su mano sobre ella observando cómo una pequeña ventana con luz se iluminaba escaneando la piel pálida de la mujer. El aparato timbró con un sonido casi imperceptible que a la vez dejó deslizar la puerta por sí sola mostrando detrás de ésta un elevador de considerables dimensiones con paredes plateadas que podían reflejar su silueta.
El mediano espacio comenzó a andar hacia abajo moviéndose estrepitosamente, con un ruido fuerte se detuvo abriendo de nuevo una de sus cuatro caras reflejantes. Al otro lado de la pared ya no se encontraba aquella descuidada habitación con semblantes de ser inhabitable por completo; en efecto, ahora veía una serie de pasillos con múltiples puertas a lo largo de éstos.
Caminó hasta llegar a un cuarto en términos "lujoso" de toda actualización tecnológica. Aparatos, monitores y un gran escritorio lleno de botones u otras cosas (irreconocibles a primera vista) componían la gran habitación de tonalidades grisáceas y azules. El lugar estaba muy iluminado y en esa sala enorme se podían ver algunas pantallas que emitían transmisiones en directo de lugares de Jump City. Las paredes eran lisas y tenían colores obscuros que las hacían ver muy elegantes aunque era poca la decoración que había sobre ellas. En el espacio del salón había tres puertas, una era por donde Madame Rouge había entrado y las otras dos quizás se conectaban con corredores.
—¡Hasta que tienes la amabilidad de aparecer! —exclamó con sarcasmo un hombre mientras veía con los brazos cruzados una pantalla que mostraba un parque y diversas personas peleando en él, parecían cintas grabadas de una batalla. El enmascarado se volvió hacia la mujer y continuó con voz seria: —¿Dónde está la chica?
—El plan se complicó. Ya estaba cerca de tomarla sólo que el chico intervino —dijo molesta.
Terra, quien lucía muy cansada, se sentó en una de aquellas sillas giratorias de cuero cerca del gran escritorio color chocolate; una vez ahí se recargó en el asiento y lanzó la cabeza hacia atrás cerrando sus ojos en señal de frustración.
—¡¿Cómo que se complicó?! ¡¿No pudiste haberla raptado más rápido?! —levantó la voz el enmascarado mientras se ponía de pie y acercaba su mano hacia el cuello de la mujer con la intención de asfixiarla.
—¡Nunca vuelvas a hacer eso! —contestó la mujer después de detener la mano de Slade. Lo miró con molestia mientras aún sostenía la muñeca del hombre de máscara bicolor y la apretaba cada vez más fuerte.
—¡Dejen de comportarse como enemigos! —exclamó harta Terra. —Ahora somos…un equipo —dijo finalmente después de vacilar—. Y si queremos acabar con los Titanes debemos trabajar como uno ¿o es que acaso no quieren vengarse?
Los dos mayores se miraron desafiantes, sin embargo decidieron bajar sus brazos y sentarse en su respectivo asiento.
—En fin, ¿lanzaste la esfera hacia él? —Slade continuó aún con hostilidad.
—No, pero le di un uso mejor. Se la lancé a Starfire sin siquiera darse cuenta de ello, la muy tonta creyó que era uno de los juguetes de Robin —sonrió con satisfacción—. Te aseguro que en este preciso momento debe estar sintiéndose de lo más miserable junto con el dolor de los golpes que le di.
A lo que Madame Rouge se refería era a una pequeña esfera transparente que en su interior contenía un polvo violeta, el cual parecía tener vida propia ya que se movía de un lado a otro como si se tratara de líquido inestable. Este extraño polvo al entrar en contacto con una persona y ésta lo inhalara orillaba a que el cerebro de la víctima, dentro de pocas horas, provocará pesadillas y alucinaciones, reviviendo momentos dolorosos o creando nuevos a partir del subconsciente y los miedos.
Era algo así como un alucinógeno creado por Psimon, quien poseía las habilidades necesarias para poder jugar con las mentes de los demás además de crear o mover objetos con sólo pensarlo. La desventaja de este polvo era que el efecto más grave sólo duraba un par de horas, era por eso que la Hermandad del Mal estaba interesaba en explotar ese recurso y convertirlo en una de sus principales armas.
Robin se encontraba arrodillado a un lado de la camilla sosteniendo entre sus brazos a Starfire quien minutos antes se había desplomado. Ésta no respondía por más que le llamasen, estaba ardiendo en fiebre y su rostro se movía de un lado a otro con un semblante intranquilo producto quizás de alguna pesadilla, sumado a que a veces murmuraba cosas inentendibles.
En cuestión de segundos los tres Titanes restantes se encontraban alrededor de la enfermería moviéndose de un lado a otro buscando algún modo de ayudarla. Robin la movía desesperado esperando que ella reaccionara y cuando por fin lo hizo abrió los ojos rápidamente como si la hubiesen electrocutado, aquellas pupilas dilatadas se movían de un lado a otro buscando la realidad; sus ojos rojos y vidriosos derramaban algunas lágrimas que bajaban continuamente por las comisuras de sus labios.
—¡Star! —pronunció él mientras trataba de calmarla.
—¡No! ¡Déjame, suéltame! —gritó ella empujándolo a la vez que caía totalmente en el blanco azulejo. Sus lágrimas salieron de nuevo sin razón alguna, apoyó sus manos en el piso y retrocediendo a sentones llegó a la esquina más cercana cubriéndose los oídos con desesperación. Sus manos temblaban y el sudor se hacía presente como si hubiera corrido por mucho tiempo, dejando pasmados a los demás Titanes.
—Starfire, ¿qué es lo que sucede? —replicó de nuevo Robin acercándose como todos los demás a ella. La pelirroja sólo levantó la mirada horrorizada gritando: —¡Aléjense, no me toquen!
