ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo X- Open my eyes
Es poco pero pues pude actualizar, ojala y lo lean y perdonen la demora larguísima, sin más me despido. Adiós y cuídense.
Teen Titans no me pertenecen, yo sólo creo historias con sus personajes sin fines lucrativos.
Capítulo X- Open my eyes
—Con ella tendrá el mismo resultado, además, puedo asegurarte que será mucho mejor. Querían que Robin fuera el primero que experimentara el invento de Psimon; que los Titanes perdieran a su líder y lo harán. Robin no experimentará las alucinaciones pero su querida novia extraterrestre sí lo hará; y ya saben cómo son las relaciones de los jóvenes, estará tan preocupado por ella que la pondrá de prioridad, bajarán la guardia y estarán perdidos —mencionaba triunfante Madame Rouge hacia una de las pantallas, convenciendo a Cerebro que el plan había tomado un "ligero" cambio que les beneficiaría.
—Espero y no te equivoques, Rouge —contestó la máquina con un cerebro encapsulado en la parte superior de un robot; de lado de éste estaba su gorila Mallah quien lucía un semblante enojado. Cerebro se movió un poco para después decir: —Debido a los inconvenientes de la primera misión, tenemos que completar la primera fase con éxito, denle un par de días a la chica alienígena para que experimente los síntomas luego de eso vayan por ella y llévenla hacia la máquina, lo demás ya se está preparando.
Slade y Madame Rouge asintieron y esperaron algunos segundos hasta que la transmisión hubiera acabado. Los dos se volvieron a mirar y se lanzaron una mirada de pocos amigos, era obvio que ninguno de los dos se agradaba, no se sabía si era su ego, si sospechaban el uno del otro o si era alguna especie de atracción amor-odio entre villanos.
—¿Saben, la chica menor aquí soy yo? Dejen de jugar a las miradas —mencionó con fastidio la chica rubia parándose y estirando sus brazos como si se hubiera acabado de despertar. Su uniforme se mezclaba con toques bronces, negros y algunos materiales que parecían de metal sobre su cuerpo, y el característico medallón de "S" lucía sobre su pecho. Las mangas del traje terminaban en plateadas muñequeras gruesas con algunos botones, una servía como comunicador y otro como un arma lanza rayos.
—Veo que has decidido usar las nuevas armas que diseñé para tu traje, Alex —mencionó Slade mientras le quitaba la vista a la mujer de cabello negro.
—Tío Slade, por favor llámame Terra, creo que después de todo ese es mi nombre real —la adolescente caminó hacia otra de las puertas que había en la gran habitación. —¡Iré a descansar, hoy fue un día muy pesado! —se despidió saliendo hacia otro pasillo muy seguramente conector de dormitorios.
—Fue demasiado fácil convencerla, pero recuerda que hacerla lastimar a gente inocente será mucho más difícil —Madame Rouge susurró burlonamente en el hombro de Slade mientras caminaba hacia la salida, ella también se dispuso a salir por la misma puerta que Terra.
—Lo hizo la última vez y sé que ésta lo hará mejor, aunque sea en contra de su voluntad —el hombre sonrió bajo la máscara, murmurando para sí.
—¡No! ¡Aléjense de mí! ¡Déjenme en paz! —la princesa tamaraniana gritaba mientras un montón de lágrimas bajaban por sus mejillas. Sus ojos esmeraldas miraban con horror a sus compañeros quienes estaban desconcertados. En la esquina de la enfermería se encontraba ella rodeada por los demás Titanes que trataban de levantarla, sin embargo Starfire se negaba, además de que manoteaba y pataleaba para que no la tocasen.
—¡Star, soy yo, Robin, no voy a hacerte daño! —el pelinegro acercó su mano enguantada tratando de tomar una de las manos de Star pero ésta se abrazaba a si misma recargándose todo lo que podía a la pared.
—¡¿Qué es lo que le pasa, Cyborg, por qué esta tan alterada?! —preguntó casi a gritos el líder.
—¡No lo sé, los cálculos que arroja la computadora de su estado no dicen nada! —respondió Cyborg tecleando hábilmente uno de los aparatos electrónicos buscando la forma de ayudar a su amiga.
—¿Raven, puedes usar tus pode…
Y sin dejar que terminara Robin su oración, Raven ya estaba sentada y cruzada de piernas en una de las camillas cercanas. Una sombra negra sobresalió de su espalda y dirigiéndose en forma de cuervo hacia la pelirroja traspasó su figura. Con sus poderes pudo hacer contacto con Starfire, no obstante ésta no podía escucharla y mucho menos verla aunque Raven sí podía vislumbrar lo que su amiga veía y sentía.
La oscuridad era casi todo a su alrededor, sólo un pequeño destello de luz le permitía observar hacia su alrededor lo cual no servía de mucho ya que no había nada más junto a ella. Su cuerpo se sentía debilitado por tanto esfuerzo y la cabeza comenzaba a dolerle. Frente a ella comenzaron a aparecer algunas personas quienes parecían ocultarse entre las sombras y casi como un reflejo pudo divisar aquella máscara que tanto odiaba color negro y bronce perteneciente al sujeto que una vez obtuvo poderes de su padre con el fin de ser su sirviente y atraparla.
El sonido del lugar era abrumador, eran distintas voces que chocaban contra ella de diferentes direcciones. Podía escuchar cada murmullo volviéndose mucho más sonoro destruyendo con locura su tímpano al mismo tiempo que su piel se erizaba y un frío invernal la cubría.
Las risas y golpes que recibía no solo los sentía ella, sino también Starfire. Veía como las sombras caían en picada encima de ella y la traspasaban como si fuesen fantasmas provocando algunos rasguños en la cara y manos que dolían como si pequeños papeles finos corrieran hacia ella a modo de cuchillas. Podría gritar pero eso no le serviría de nada a su amiga que asimilaba de forma tan real el suceso.
El ser alma de la chica de cabellos violetas volvió a su cuerpo dando un gran sobresalto agitando su respiración. Miró con ansiedad a sus compañeros tratando de ponerse de pie por lo que Chico Bestia no dudó en acercarse a ella para ayudarla a levantarse de la camilla y antes de que pudiera pronunciar una palabra, el mitad robot cuestionó preocupado: —¿Qué pasa, Raven? ¿Qué fue lo que viste?
Raven vaciló, no sabía cómo lo tomarían los demás, en especial su líder, pero si no lo comentaba no podrían ayudar a la pelirroja quien seguía agonizando en el suelo. —Ella está teniendo alucinaciones como las que tenía Robin con Slade —mencionó afligida—. Hay muchas sombras que la atormentan, la están lastimando y reconocí una de ellas, era Slade.
Robin endureció su rostro al escuchar aquel nombre. Por su mente pasaron todo tipo de cosas que en conjunto formaban un sentimiento de ira hacia su enemigo. Sentía su sangre hervir, tenía ganas de ver a aquel hombre y golpearlo hasta que no pudiera ponerse de pie; hacerle pagar por lo que, quién sabe cómo, le estaba haciendo a su novia.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por los alaridos de aquella chica que tanto amaba, volvió a mirarla y su semblante cambió de inmediato, le partía el corazón verla así, tan destrozada y él sin poder detener su dolor. Sentía un gran hoyo en el pecho y mucha impotencia; no sabía qué le estaba ocasionando esas alucinaciones a su mejor amiga y mucho menos sabía cómo detenerlas. Sólo podía pensar en el suplicio que estaba pasando como hacía tiempo le había sucedido a él.
—¡Tenemos que traerla de nuevo en sí! —exclamó el chico de antifaz mirando a sus compañeros con preocupación.
Los tres Titanes se miraron entre ellos y Chico Bestia lanzó la pregunta que rondaba también en la mente de los demás: —¿Pero cómo hacemos eso?
—¡No lo sé, Chico Bestia, pero tenemos que ayudarla lo más rápido posible! —contestó el líder posando su mano en las sienes, buscando una solución. Pensó en la situación que sufrió él meses atrás y cómo había logrado salir de ese trance. Recordó que tuvo que pelear, convencerse de que eso no era real y sabiendo eso supo que tenían que persuadir a Starfire de que lo que veía no estaba sucediendo en la realidad.
De pronto el sonido de los sollozos se detuvo; el silencio se hizo presente de manera tan abrupta provocando que las miradas desconcertadas de los Titanes fueran hacia la esquina de la enfermería. Sus caras sorprendidas observaron directamente a Starfire quien estaba de pie con los ojos encendidos en luz verde; las manos también le brillaban con starbolts y su expresión era dura, casi como si estuviera a punto de pelear con sus peores enemigos.
—Star, ¿ya te encuentras mejor? —el chico verde preguntó con cautela mientras avanzaba a pasos lentos seguido por Robin.
—¡No voy a dejar que me lastimen! —respondió exaltada la pelirroja amenazando con sus manos en verde a aquellas sombras que se acercaban a su punto de visión.
—Starfire, soy yo, Robin, no queremos hacerte daño. Lo que estás observando no es real, escúchame, las personas que te estaban lastimando no existen. Nosotros sólo queremos ayudarte —Robin continuó mientras seguía caminando hacia ella. Cuando estuvo a punto de tomar una de sus muñecas Starfire reaccionó y lanzó un starbolt que alcanzó a rozar su hombro izquierdo causando una pequeña herida. Él retrocedió junto con Chico Bestia para prevenir otra descarga estelar.
—¡No, paren, dejen de gritar! ¡Cállense! —la chica alienígena exclamó de repente lanzando una lluvia de starbolts en todas las direcciones. En su mente sólo existían aquellas sombras que querían atacarla y esos sonidos que le destruían los oídos.
Las cosas de la enfermería caían estrepitosamente con una marca de fuego o se convertían en cenizas al instante, los cristales explotaban en pequeños pedazos y los materiales de metal como las mesas crujían cuando un starbolt los impactaba. Todo ese desastre sucedía mientras los jóvenes héroes esquivaban los ataques de su amiga.
—¡Basta! ¡Dejen de hacerlo, dejen de gritar! —volvió a exclamar la pelirroja con desesperación.
En un descuido de la pelirroja, el líder de los Titanes había logrado con un rápido movimiento lanzarse sobre ella y someterla en el suelo. Había aprisionado sus muñecas a la altura de la cabeza de ella para evitar que siguiera lanzando sus ráfagas estelares.
—¡Star! ¡Despierta, ellos no son reales!
(POV Starfire)
Veía muchas sombras, algunas eran más opacas que otras; de algunas logré diferenciar quiénes eran. La mayoría eran villanos conocidos que trataban de atacarme al mismo tiempo que una base de voces impactaban mi sistema auditivo provocando una gran migraña y que mi cabeza quisiera explotar.
Mi cuerpo pesaba, estaba exhausta, había lanzado muchos ataques pero ellos no parecían terminar de atacar; se acercaban tanto a mí y me golpeaban fuertemente cada vez que podían. Me sentía muy mareada, mis fuerzas flanqueaban y de pronto ya me encontraba en el suelo de nuevo, una de las sombras me había hecho perder el equilibrio y ahora estaba encima de mí; no podía verla con claridad aunque sentía que estaba deteniendo bruscamente mis brazos en el suelo.
Las voces no se detuvieron y el peso de la sombra sobre mi cuerpo se sentía cada vez más pesado adormeciendo mis piernas. Escuché con claridad un murmullo de entre todos los gritos del lugar, su voz era familiar y me aferré a lo que decía. Cerré los ojos, respiré profundamente deseando con todas mis fuerzas salir de ahí, y los abrí de nuevo, esta vez volviendo a la enfermería, dejando atrás a las sombras.
El dolor se propagó como fuego por todo mi cuerpo, me ardía y no pude evitar gritar. Mi visión se nubló debido al dolor obteniendo una última imagen borrosa de mi líder y por más que traté de quedarme con él, mis fuerzas doblegaron y perdí la conciencia.
