ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo XVI- Manipulación.

Y bueno, qué hay de nuevo chicas y chicos, lamento un poco la demora pero bueno aquí ya está la continuación y traté de conectar ciertos hechos en la historia.

Gracias a todos los que han puesto de favorita y follow a esta historia, los amo. Igualmente a los reviews, gracias a animarme a continuar.

Me despido y espero pronto poder actualizar, díganme qué les pareció este capítulo. ¡Qué tengan una excelente semana!

Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias sin ningún fin lucrativo.


Capítulo XVI- Manipulación.

—¡Espera! ¿A dónde me llevas? —pregunté tratando de seguirle el paso. Sujetaba mi antebrazo con fuerza mientras me trasladaba casi corriendo por algún extraño pasillo. Era difícil trotar con los botines de tacón ancho que me había dado junto a los jeans negros y el top magenta.

Pareció oírme y comenzó a disminuir la velocidad aunque realmente no tardó en detenerse, supuse que habíamos llegado. Frente a nosotros yacía una puerta de hierro color gris obscuro con detalles de líneas horizontales en el centro de ésta. Blackfire, como me dijo ella que se llamaba, posicionó una de sus palmas en el metal y con un poco de fuerza lo empujó ocasionando un pequeño rechinido al abrir.

—¡Vamos, entra, están ansiosos de verte! —me invitó con un ademán y yo insegura crucé el marco de la puerta.

En realidad no era tan diferente a la otra habitación, la pintura estaba en una escala de azules obscuros y grises, y las paredes estaban desnudas; la única diferencia era que este cuarto era más grande y no tenía pinta de ser un laboratorio.

En el centro del salón había una mesa con cubiertos y bandejas de comida, y disfrutando de estos platillos estaban dos personas sentadas dándonos la espalda. El hombre dejó su tenedor en la mesa y tomó una servilleta para limpiarse. Se levantó con dirección a nosotras y pude ver su rostro, llevaba un parche en el ojo derecho y su cabello un poco largo ya era algo canoso por la edad, también traía puesto un traje formal azul marino.

Él se detuvo frente a mí ofreciéndome su mano como saludo: —¡Un gusto! ¡Estábamos esperándolas!

Estreché mi mano con la de él y dibujé una media sonrisa, no tenía idea de quién era y estaba nerviosa por estar en aquel lugar.

—¡Vamos, tomen asiento y sírvanse lo que gusten! —dijo invitándonos a formar parte de la cena.

Estaba tensa y Blackfire se dio cuenta de ello ya que me tomó del brazo y mientras me arrastraba hacia la mesa me susurró: —No te preocupes, son amigos.

Tomé asiento frente a la otra persona del lugar: una chica de cabello rubio que parecía estar muy concentrada en su cena pues su mirada no podía alejarse del plato mientras jugaba con el tenedor. Llevaba su pelo largo suelto y vestía una camiseta de manga larga negra.

—¡Tara, no seas descortés! —comentó el hombre dándose cuenta de su comportamiento. Ella, molesta, subió su vista y cambiando de manera rápida su semblante de pocos amigos torció la boca tratando de sonreír.

—Hola, mi nombre es Tara —dijo con desgana, como si mi presencia no le agradara.

—¡Hola, Tara! Te diría mi nombre si tan sólo recordará algo —expresé con sinceridad mientras le lanzaba una mirada acusadora a Blackfire quien estaba sentada a mi lado.

—¡Hermanita, ya te dije que pronto te contaré todo! —contestó mi "hermana", si es que realmente lo era, tomando mi mano. —¡Ahora debes comer, seguro estás hambrienta! —acomodó uno de los platos vacíos frente a mí y comenzó a llenarlo con algo de comida de algunas bandejas.

Estaba confundida y nerviosa, no sabía quiénes rayos eran estas personas y mucho menos qué pretendían con esta cena. Por más que les daba una mirada rápida no lograba recordarlos ni tampoco al lugar. Miré el plato frente a mí y no pude evitar morderme el labio. La comida olía y se veía deliciosa pero estaba luchando contra el deseo de probarla, ¿qué tal si estaba envenenada o algo así? Esa idea no sonaba tan descabellada al comparar cómo había despertado en este sitio.

—¡No te preocupes, no está envenenada, mira! —comentó la chica de cabello negro tomando con su tenedor un pedazo de carne del estofado de mi plato para después llevarlo a su boca. Masticó varias veces antes de pasarlo: —¿Lo ves?

Bueno, mínimo la comida no parecía estar envenenada además tenía mucha hambre como si no hubiese comido por días. Un poco más relajada empecé a comer lo que me habían servido y no me arrepentía de hacerlo, el espagueti de cuatro quesos estaba delicioso y la carne de res junto con las papas del estofado sabían a gloria.

—¿Así que no recuerdas qué te pasó? —me preguntó el hombre rompiendo el gran silencio que se había hecho desde que llegué aquí.

—Realmente no, ni siquiera mi nombre —admití avergonzada para después llevarme una cucharada de pastel de fresas. "¡Por Dios, este pastel es exquisito!".

—¿Ni siquiera recuerdas a tu hermana? —cuestionó señalándola con la mirada.

Negué con la cabeza, no me acordaba de ella, de nadie en específico; estaba vacía. Por más que intentara recordar sólo conseguía pequeños dolores de cabeza y ningún nombre o lugar para relacionar.

—¡No te preocupes, seguro más adelante podrás recordar! —finalizó volviendo a retomar su postre.

Yo me limité a mirar a mi hermana. Era cierto que nuestro color de piel era similar aunque el de cabello no, y nuestros ojos eran diferentes, los de ella eran más rasgados. Supongo que cada una habíamos sacado algo distinto de nuestros padres.

El traje que llevaba puesto me resultaba familiar y más aquella obsidiana en su cuello, en cuanto sentí que sabría la respuesta de esa joya, de mi boca salió la palabra "Fargo". Blackfire me miró desconcertada y yo continué hablando, recordando de golpe momentos de nuestra niñez: —¡Fargo, Dakota del Norte! ¡Solíamos jugar en la nieve cuando regresábamos de la escuela!

Ella me miró confundida pero después asintió como si lo hubiese recordado. Sentí algo raro, como si no fuera yo y las imágenes sólo se reproducían en mi cabeza. Escuché un chasquido y todo se volvió obscuro.


—¡¿Cómo pudiste permitirlo?! —exigió saber el arquero dirigiéndose furioso hacia el chico maravilla. No habían pasado ni cinco segundos desde que Robin había entrado al living y el pelirrojo ya comenzaba a hacerle bronca.

—¿Acaso crees que me alegra que esté en ese estado?, ¿crees que no hice lo posible por evitarlo?, ¿crees que no estoy haciendo lo posible por ayudarla? —se defendió el líder observándolo molesto; sabía que ese arranque de ira por parte de su compañero era provocado por los sentimientos que Veloz tenía hacia su novia, otro motivo para fulminarlo con la mirada.

Horas atrás le hubiese dado la razón al pelirrojo, se hubiese culpado por haber dejado sola a Starfire y sumido en un momento de depresión se habría dado por vencido aceptando que era irreversible el estado de ella y que ser un líder ya no funcionaba para él.

Gracias al cielo que su determinación por traerla de vuelta y Cyborg le habían convencido que intentarlo era mejor que ahogarse en sufrimiento. Tenía claro sus objetivos: salvar a sus compañeros secuestrados, detener a la Hermandad del Mal y sobretodo recuperar a Starfire. No tenía tiempo para sumergirse en la culpa.

—¡Pues no parece! ¡Si la hubieses protegido como deberías ella estaría ahora con nosotros! —contestó Veloz con el mismo enojo, encarando al pelinegro. Ambos se arrojaban miradas asesinas y mantenían una de sus manos cerca de su arco y su bo respectivamente, por si surgía la necesidad de utilizarlo.

¿Protección? Estaba de más decir que ella no necesitaba protección, para Robin eso era claro; creía fielmente en su compañera, en su fuerza y poder; era una guerrera y podría defenderse por sí sola. También era cierto que había prometido protegerla, cuidarla de cualquier peligro, porque era su novia, porque la amaba y le nacía ser sobreprotector incluso aunque supiera que ella podía arreglárselas mejor que bien. Era algo que hacías por las personas que amabas y que estarías dispuesto a correr los riesgos que esto involucraría con tal de protegerlos. En esta ocasión no pudo cumplir su promesa, sin embargo estaba decidido a conmutar la situación.

—¡Cálmense los dos! ¡No van a lograr nada discutiendo! —señaló Aqualad interponiéndose entre los dos chicos de antifaz antes de que las miradas fulminadoras fuesen historia y comenzaran una gran pelea sin sentido.

—¡Aqualad tiene razón! ¿De qué sirve que peleen entre ustedes y se odien por este momento? —comenzó Cyborg dirigiéndose a Robin y a Veloz, quienes lucían disgustados y con los brazos cruzados evadiéndose el uno del otro—. Y aunque me duela decirlo, Star no regresará a su forma normal si se matan entre ustedes o se dan la espalda ambos.

Los dos chicos parecieron recapacitarlo y suspiraron. Caminaron ambos manteniendo su distancia hacia donde debería estar el sillón principal, que dado al incidente de ese día tuvo que ser remplazado por varias sillas que tenían guardadas en un almacén. Se sentaron en los extremos opuestos y se ignoraron mutuamente. Los otros Titanes sólo suspiraron al ver la escena, estaban actuando de forma muy inmadura como si fuesen niños pequeños.

El living estaba tan silencioso como si fuese una ciudad fantasma. Los demás Titanes también tomaron asiento en aquellas sillas esperando discutir la información que tenían. Todos se miraban unos a otros aceptando que la falta de sonido explicaba la gran ausencia de alguien, aquella chica tan risueña y feliz que contagiaba a los demás de su gran sonrisa.

—Y bueno, ¿cuál es el plan? —preguntó Abeja tratando de no sonar tan brusca al romper el silencio.

Hubo un momento de afonía hasta que Chico Bestia se puso en frente de todos y se atrevió a ser el primero en hablar: —Bueno… en realidad creímos que la mejor idea de un plan sería primero avisar a los demás Titanes honorarios ya que están en peligro de ser atacados como les pasó a Gnarrk, Kole y Argenta. Hemos contactado a algunos de ellos y se encuentran en camino hacia la Torre; a los demás les dejamos un mensaje de texto advirtiéndoles de lo que está sucediendo y para que se comuniquen lo antes posible.

Cyborg también se levantó posicionándose a un lado de su mejor amigo para comentar: —En el caso de los transmisores, sabemos que la Hermandad del Mal contaba con dos, el de Kole y el de Argenta debido al análisis que hicimos de la última coordenada registrada de todos los Titanes ya que coincide con el lugar que obtuvimos del transmisor de Argenta. Desconectamos esos transmisores por lo que están inservibles y no podrán conectarse con los demás, e incluso si ellos llegaran a tener en su poder otro comunicador añadí en el programa de coordenadas una alteración de 15 kilómetros hacia el noroeste del punto original, a excepción de la Torre.

—Esto sería una ventaja para nosotros si llegasen a conseguir otro comunicador ya que con esta modificación podríamos evitar la captura de más Titanes o al menos quitar el factor sorpresa de los villanos puesto que no sabrían nuestra ubicación exacta —continuó el líder también poniéndose de pie—. Lo siguiente del plan es el rescate de nuestros compañeros, conocemos la ubicación en donde los tienen capturados y aunque corremos el riesgo de que hayan cambiado de lugar cuando descubrieron que Argenta se comunicó con nosotros, aún hay posibilidades de que no huyeran y se prepararan para un ataque.

—Sé que es riesgoso hacer un plan de rescate cuando la Hermandad del Mal sabe que nuestra compañera compartió su ubicación pero no podemos desaprovechar esta oportunidad y sobretodo no podemos permitir que les hagan daño. Ellos van a estar preparados o nos tenderán una trampa por lo que es importante hacer tres grupos, uno de ataque, uno de rescate y uno auxiliar por si las cosas se salen de control —prosiguió Robin con ese porte que lo caracterizaba.

Raven fue la siguiente en levantarse, atrayendo la atención de los demás: —Sobre el peligro, tienen que tener en cuenta que la Hermandad del Mal ha estado creando una especie de toxina alucinógena. Es muy peligrosa ya que ocasiona espasmos en la persona, fiebre, cansancio, alucinaciones y pesadillas que el cerebro toma como reales y que provocan sensaciones desagradables. Starfire sufrió de ésta toxina en el primer ataque y aunque no sabemos cómo es que se la suministraron debemos tener precaución ante cualquier jeringa o gas que quieran utilizar contra nosotros.

—De hecho —interrumpió Chico Bestia dirigiéndose a su compañera—, Cyborg y yo creemos que estuvimos a punto de ser víctimas de esa toxina ya que Psimon nos arrojó algo que esparció un gas violeta sobre nosotros en el ataque de hoy. Starfire pareció reconocerlo puesto que nos pidió que no lo respiráramos y nos alejó de esa nube de humo morado.

—Sí, Bestita dice la verdad. No alcanzamos a respirar ese gas violeta gracias a que Star nos advirtió, así que lo más lógico sería relacionarlo con la toxina que le dieron a ella.

—¿Creen que ese gas sólo sirva para mantenernos indispuestos y con alucinaciones? —preguntó Abeja en representación de su equipo.

—No sabemos con certeza cuál es el fin de esa toxina, en el caso de Starfire creemos que la usaron para debilitarla e intentar raptarla. Esta droga induce crisis en sus víctimas lo cual provoca distorsión de la realidad y pone en peligro no sólo a quién sufre de las alucinaciones sino también a quienes se encuentran alrededor del afectado. Tal vez haya otro motivo para utilizarla sobre nosotros así que tengan mucho cuidado con ella —respondió el petirrojo.

—Nuestro plan lo llevaremos a cabo antes del amanecer para tomar por sorpresa a nuestros enemigos y poder descansar lo suficiente para pelear. Nuestro objetivo principal será el rescate de nuestros compañeros así que lo primordial es encontrarles y salir de ahí para reorganizarnos y poder crear un mejor plan de ataque —comentó el mitad-robot caminando hacia la sección de la cocina—. En un momento más cenaremos y después nos organizaremos en los grupos que Robin mencionó.


—¿Realmente era necesario todo este teatro? —suspiró frustrada la rubia tomándose la cabeza como si le fuese a estallar.

—¡La que debe quejarse soy yo! —exclamó Blackfire sosteniendo a su hermana inconsciente para que no se cayera de la silla—. ¿Crees que me encanta llevarme bien con ella?

—Ahora sabemos que el efecto de control dura mínimo 48 horas, Psimón —habló Slade dirigiéndose al hombre que se dejaba ver en una esquina de la sala. Estaba ahí desde hace rato sólo que Starfire no podía verlo debido al control mental que éste tenía sobre ella.

Slade hacía referencia al efecto del gas que Psimon había desarrollado, aquel que le había proporcionado alucinaciones a la pelirroja y hasta ese momento el control de sus recuerdos. Si bien los poderes del psíquico podían dañar la mente de sus víctimas, con su gas era más fácil el control e incluso superaba los daños y la manipulación que era capaz de hacer. Ahora podía manipular los recuerdos, implantar nuevos y bloquear los pensamientos; en resumidas cuentas, lavarles el cerebro.

—¿Y qué fue eso de Dakota? Nunca hemos estado ahí, mucho menos jugar en la nieve o ir a la escuela —cuestionó la pelinegra, aunque sabía algunos efectos del invento de Psimon no estaba enterada de ese tipo de manipulaciones.

—Es gracias al gas. Me permite jugar con su mente, hacerle lagunas mentales, manipular sus pensamientos e incluso crear recuerdos —comentó Psimón orgulloso de su trabajo—. El efecto debería durar un par de horas más, así que ve y déjala en la habitación que preparamos para ella, cuando despierte pensará que simplemente se quedó dormida por el cansancio.

—¡Qué interesante! —exclamó la rubia con ironía. —Bueno, si ya terminaron con su capítulo de "Cómbate a tu enemigo con una cena", iré a practicar un poco en la sala de entrenamiento, tengo algunas maniobras que mejorar —finalizó exasperada dejando el tenedor en su plato y levantándose con dirección a la puerta.

Estaba molesta, no entendía cómo es que teniendo a una Titán capturada Slade le prohibía atacarla, poder vengarse de ella por la muerte de sus padres, y como si no fuera suficiente transigencia también tenía que tratarla bien. Si por ella fuera ya la hubiese convertido en piedra de verdad.


—¿A dónde nos llevan? ¡Suéltennos! —forcejeaba Kole tratando de zafarse de uno de los hombres con gafas obscuras que los mantenían cautivos.

—¡Espera, me estás lastimando! —gruñó Argenta tratando de quitar aquellas manos que parecían querer clavarle los dedos en la piel de sus antebrazos.

Estaban asustados, caminaban despacio tratando de idear un plan para escapar pero sabían que no sería tan fácil con aquellos collares que inhibían sus poderes y la fuerza de Gnarrk. El ambiente era pesado, el pánico les inundaba y se les hacía difícil respirar. Sus esperanzas bajaban entre más caminaban por aquellos pasillos grisáceos vestidos de incertidumbre. "¿Dónde están los Titanes?" se preguntaban.

Hacía una hora que tres hombres habían entrado a la habitación en la que estaban para arrebatarles el comunicador de Argenta y después sin decir más se habían marchado. Esa hora se les hizo eterna ya que no sabían cómo era que la Hermandad del Mal reaccionaría; seguro que los castigarían por eso y tenían razón, allí estaban ellos, caminando hacia quién sabe dónde para recibir su represalia.

Sus captores siguieron llevándolos por varios pasillos e incluso bajaron algunas escaleras hasta dar con un corredor, esta vez de un impecable color blanco, el cual era más corto y terminaba en una gran puerta del mismo color. Los tres Titanes tragaron saliva cuando los detuvieron frente a esa entrada y después de que uno de aquellos hombres pusiera su mano en el escáner a un costado del marco y un sonido confirmara el acceso permitido, la puerta se abrió dejando escapar un olor a desinfectante y dejando ver lo inmenso que era aquel salón.

Cuando los obligaron a entrar observaron temerosos aquella habitación. Las paredes eran igual de blancas que el pasillo; olía como hospital y la limpieza era impoluta; había algunas computadoras, tubos de ensayo y frascos de cristal esparcidos en una larga mesa pegada en la pared; y en el centro de la habitación se encontraba una especie de cubo de unos 3 metros de lado hecho de un material sólido y transparente. Parecía ser la máquina principal de este laboratorio puesto que unos tubos encima de éste conectaban con una de las computadoras y otros dispositivos que había en la habitación.

Los hombres se acercaron con sus prisioneros a ese cuarto transparente y al introducirlos en él los despojaron de las esposas, cerraron la puerta y se alejaron. Uno de estos subordinados se acercó a la computadora esperando la señal de sus superiores.

—¿Qué nos van a hacer? —preguntó Argenta preocupada golpeando la pared translúcida y aparentemente irrompible para su situación.

—Bueno, damas y caballeros del mal, es hora de ver el fruto de nuestro arduo trabajo. Ante sus ojos la nueva arma en contra de los Jóvenes Titanes… —se oyó hablar a Cerebro por algún tipo de micrófono y todas las luces de la habitación se apagaron dejando iluminado sólo el espacio en donde se encontraban los tres héroes.

Kole y Gnarrk estaban muy asustados, no tenían la menor idea de qué sucedería con ellos ni qué era aquel cubo en el que los habían encerrado. Por su parte, Argenta se mostraba más preocupada por salir de ahí que averiguar lo que sucedería después.

—¡Ahhh! —exclamaron al unísono con alaridos mientras caían al piso y trataban de sofocar aquellos sonidos irritantes y extremadamente fuertes para sus oídos.

No podían soportarlos, era como si algo inquietante inundara sus pensamientos carcomiendo su razón; decenas de voces hablando al mismo tiempo, proclamando palabras ininteligibles, robándoles su paz. Aquellos chillidos no se detenían por más que suplicasen, provocando rápidamente un dolor intenso que en menos de un minuto los dejó inconscientes.

Sus mentes ni siquiera en ese estado podían recuperar tranquilidad, tal vez ya no podían afligirse ante aquellos gritos maniáticos pero hubieran preferido seguir dañando sus oídos que caer desvanecidos en un abismo de realidades distorsionadas. Los espasmos comenzaron a hacerse presente en sus cuerpos, las facciones cambiaban con diferentes semblantes conforme las pesadillas se incorporaban dentro de sus pensamientos, y los murmullos de inquietud se iban elevando hasta convertirse en gritos.

Los movimientos de los tres Titanes se hacían cada vez más violentos como si se tratara de una convulsión. El dolor que sentían dentro de sus pesadillas o temores era tan real para su cerebro que la desesperación invadía sus rostros y las lágrimas empezaban a asomarse entre las comisuras de sus ojos sellados.

Sujetos persiguiéndolos, traumas que los marcaron durante su vida o alguna realidad alternativa que para ellos sería escalofriante residir eran parte de sus visiones; todo variaba conforme las ondas de aquel sonido alterado seguían introduciéndose en su cerebro dándoles bienvenida a esos malos momentos que los marcaron en el pasado.

Mientras que en aquel cubo el dolor se esparcía a través de gritos por fuera la risa de sus captores se hacía presente, deleitándose de la agonía de aquellos que tanto odiaban. Si bien los villanos no estaban presentes, éstos observaban el espectáculo por medio de pantallas en otra habitación, riendo y mirando con burla la aflicción de los héroes.


(POV Robin)

Después de haber hecho los equipos para nuestra misión y haber aclarado las dudas de los Titanes Este sobre el plan, me dispuse a regresar a la sala de observación implorando porque hubiera algo nuevo sobre la situación de Star.

Abrí la puerta y la sensación de culpabilidad volvió a robarse mi serenidad. Observarla sin ningún cambio me retorcía algo en el pecho y comprobar con los aparatos conectados a ella que seguía sin pulso o sin una temperatura normal me sumían en una gran tristeza.

Me afligía la incertidumbre, el no saber si aún podía salvarla, si seguía con vida. Me sentía tan inútil, rogando para que un milagro sucediera, esperando mágicamente que volviera a ser de carne y hueso para estrecharla entre mis brazos.

Recordaba melancólicamente su sonrisa, el calor de sus abrazos y besos a los que me había acostumbrado hacía semanas, y la ausencia que significaba para mí. Extrañaba su voz, su ingenuidad y lo tierna que era; tan apasionada, risueña y optimista; simplemente era lo contrario a mí y la amaba por ello; me complementaba, me enseñaba a aceptar lo que sentía y me inspiraba a ser mejor.

—¡Demonios, Starfire, ¿por qué?! —susurré con la voz quebrada preguntando hacia la nada—. ¿Por qué no fui yo?

Volví a mirarla, tratando de evitar los ojos llorosos, deseando estar en su lugar con tal de verla a salvo. Si tan sólo pudiera escuchar mis disculpas por no llegar antes y protegerla. Pensar en el precio de lo que mi error le podía costar y que existiera la posibilidad de que se quedara así para siempre era algo que me negaba a aceptar.

—¡No permitiré que te quedes así, lo prometo! —acaricié su mejilla esperando ilusionado una reacción. Sabía que no podía sentirme, que no podía oírme, ni siquiera estaba seguro que pudiera entender que estaba justo aquí esperando impaciente que abriera los ojos. —¡Traeré a Terra y la obligaré a deshacer esto, amor!

Quería fervientemente intercambiar su lugar, ser yo aquella roca desolada en medio del bosque, sin miedo a lo que hicieran conmigo, tranquilo de saber que ella estaría bien.

¿Por qué dolía tanto si existía la posibilidad de revertirlo? Sentía como si alguien me estrujara por dentro, removiendo y dañando puntos vitales, provocando un dolor en el pecho, una sensación de profunda tristeza acompañada de impotencia, como si por dentro estuviera resignado a dejarla así.

Mis ojos se nublaron y una espantosa ansiedad comenzó a absorberme. Esta sensación de pesadumbre se me hacía tan familiar y me traía un sabor amargo; era tan parecido a lo que sentí con la muerte de mis padres, cuando los observé caer de los trapecios hacia un trágico final.

¿Cómo evitar perder a las personas que amaba?

—Star, si me escuchas, lamento todo esto —confesé afligido deseando que pudiese oír, que de alguna forma recuperase su forma y me abrazara; que me convenciera de que todo estaría bien y que nada malo le pasaría.

Cuando estuve lo suficientemente cerca de ella, logré notarlo, un sonido intermitente muy sutil. La rapidez de separación entre cada intervalo de aquel golpeteo aumentó y en el momento que fui capaz de entender de qué se trataba, una onda explosiva me mandó a estrellarme a la pared más cercana sin darme la oportunidad de protegerme.

—¡No! —logré pronunciar incrédulo con un enorme peso abalanzándome sobre mí. Traté de tomar aire puesto que una de las rocas me había golpeado el abdomen, pero ni siquiera el dolor de ese golpe se comparaba con el que me provocaba lo que estaba viendo.

Sentí de inmediato cómo los ojos se me llenaron de lágrimas, cómo el dolor se volvía inconmensurable y cómo se me dificultaba respirar. Comencé a llorar sin medida y a perder el control de mi voz; tenía un nudo en la garganta, estaba en shock.

Aunque aún había un poco de humo en el cuarto podía percibir perfectamente el desastre. Podía verlo todo, y ahora todo era nada; ella… ella se había ido para siempre, se había esfumado; ella se había convertido en miles de trozos de piedra que en este momento sólo me hacían desear morir.