ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo XVIII- Aterrada.

¡Hola¡ Espero que estén muy bien! Gracias de nuevo a todos lo que lo leen y espero que se estén divirtiendo con esta historia como yo lo estoy haciendo. Y de vuelta con los reviews:

Esa Charlotte: Sí, te quiero dar un paro cardíaco, linda. ¡Jeje no es cierto! Espero que con este capítulo no te me mueras, ¿Okey?

YesGOL: Muchas gracias por comentar y te prometo que lo seguiré.

Seogumi y Masunny: Gracias por tu review. Sí, pues espero que esto te dé una idea de lo difícil que será que confíen en Terra, y mucho más en Robin, su lado paranoico podría desbordarse.

Ana Paola: Gracias, y espero que la sigas amando hasta el final. Y respecto a lo de Star, yo también me siento satisfecha de que no esté muerta, digo, nunca sería capaz de matarla… ¿o tal vez sí? XD Un enorme saludo.

Un beso y abrazo psicológico y les deseo un casi fin de semana excelente. Nos leemos en el siguiente capítulo. ¡Suerte!

Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias sin ningún fin lucrativo.


Capítulo XVIII- Aterrada.

(POV Starfire)

Entreabrí los ojos no encontrando alguna diferencia de la oscuridad de la inconsciencia a este lugar. Me quedé un momento en silencio mirando hacia la nada, esperando conectar con la realidad. La confusión me engañaba y tenía diversas ideas de dónde estaba pero ninguna se acercaba al lugar en donde realmente me tenían.

Mis manos ya acalambradas debían de estar prisioneras en la pared pues eran sostenidas fijamente encima de mi cabeza. Sentía el frío metal de los apretados grilletes alrededor de mis lastimadas muñecas, y también la sangre caliente que bajaba lentamente por mis brazos acompañada del dolor de heridas frescas.

Mis pies apenas rozaban el gélido suelo intentando hacer lo posible por quedarse de puntillas y no dejar que mis muñecas cargaran todo mi peso. Mis rodillas temblaban por el esfuerzo y el dolor se intensificaba por todo mi cuerpo implorando por un desmayo. Mi cabeza caía hacia adelante en señal de cansancio permitiendo que mi cabello ocultara mi rostro, cubriendo mis lágrimas y las muecas de suplicio que me provocaba cada respiración.

Me sentía tan débil y mareada, con cortes aún sangrantes en el cuerpo, con los músculos gritando como si los hubieran machacado con un camión de diez toneladas. No tenía fuerza ni siquiera para tratar de escapar y el mantenerme de puntillas estaba desgarrándome el alma, pero si no lo hacía el dolor en mis brazos sería peor.

Temblaba, no sé si era por el aire frío del lugar, por el sonido de las ratas corriendo entre el espeso negror, o sólo era el miedo que me consumía con tan sólo cuestionarme el porqué estaba aquí. Lo último que recordaba era haberle gritado a Terra que se fuera y verla partir en una roca mientras varios hombres comenzaban a dispararle. Confiaba en ella y esperaba que estuviera haciendo lo necesario para avisar a los Titanes; confiaba en que iba a salvar a la ciudad, que iba a traerlos aquí para rescatarme de estos desquiciados; y deseaba con todo mi ser que esos brabucones con armas que mandó Slade para exterminarla no la encontraran jamás.

Aun podía escuchar la voz grave de ese monstruo, tan monótona y sin ningún rasgo de humanidad: " Ya no la necesitamos, terminó con su parte del plan así que vayan y acaben con ella". Sus hombres asintieron de inmediato ante sus órdenes y desaparecieron del túnel. Cuando él se acercó a mí mientras Blackfire me tenía arrodillada y me agarraba bruscamente del cabello, me tomó del mentón diciendo "¡Bienvenida de nuevo, princesa!" en tono de sarcasmo, deleitándose seguramente con una sonrisa detrás de esa estúpida máscara.

La puerta se abrió con un crujido provocando que con esfuerzo levantara mi cabeza. La luz que salía de aquel umbral era tan blanca que el escozor en mis ojos me obligó a entrecerrarlos para prestar atención a quien intentaba entrar. Pronto observé una figura femenina en ese portal iluminado y fue como la primera vez que me desperté aquí cuando no podía recordar nada de mí, cuando no sabía quién era; la veía ahí detenida con los brazos cruzados sonriendo de oreja a oreja, con los ojos llenos de diversión burlándose de mí como muchas veces lo hizo antes.

Ella había sido la que me dejó inconsciente por lo que recordaba; después de lanzarme varias ráfagas violetas me había arrastrado por todo el lugar lastimándome con las rocas del suelo y paredes, utilizando su fuerza para estrellarme a ellas adhiriéndolas a mi piel como clavos; incluso recordaba pequeños fragmentos de cuando me encerraron en esta celda, que aunque no tenía fuerza para abrir los ojos podía escuchar su risa mientras me ataba las muñecas y me clavaba sus uñas en los antebrazos.

—¡Vamos, hermanita! ¿No te alegra verme? —me reprochó con diversión encendiendo las luces del enorme cuarto dejándome ver la horrible, sucia y maloliente celda en dónde me tenían. Las paredes estaban pintadas de un color gris y tenían aspecto de ser antiguas pues había lugares en donde la decoloración y la suciedad se hacían presentes.

Palidecí al observar algunas manchas viejas en el suelo que parecían sangre seca y al descubrir más grilletes colocados en las baldosas grises dándome a entender que esa habitación estaba diseñada para más personas. Tenía miedo, quería hacerme la valiente pero el dolor físico me estaba matando y estar dentro de una celda comenzaba a traerme muy malos recuerdos.

La fuerza me abandonó de nuevo y dejé caer mi cabeza. Los recuerdos estaban inundando mi corazón y mi mente, y junto con un dolor en el pecho las lágrimas amenazaban por salir. Escuché cómo se acercaba hacia mí, sus pasos eran el único eco en el cuarto y cuando se detuvieron, estando aún cabizbaja, sólo pude ver las botas negras que traía.

Oí de nuevo su estúpida risa y casi de inmediato me tomó de la mandíbula apretándola y obligándome a mirarla a los ojos: —¡No me digas que el grisnik te comió la lengua, Koriand´r! ¿Sabes? ¡Qué bueno que ya recuperaste la memoria, hermanita! ¡Ya estaba harta de fingir ser como tú!

Guardó silencio por un buen rato esperando alguna respuesta, algún insulto de mi parte. Yo sólo le lancé una mirada llena de odio, lo único que sentía por esa traidora mentirosa. Me miró furiosa al ver que no iba a participar en su jueguito y me propinó un gancho certero a la altura del estómago dejándome sin aire y con un grito a medio salir.

—"Son amigos" —empezó a reírse de manera sardónica alejándose de mí, observándome de pies a cabeza con una sonrisa—. Creo que la mejor descripción para referirse a ellos, sería…mmm… déjame pensar… sí, lo tengo: tu boleto hacia la perdición; o en todo caso para mí la oportunidad de vengarme por quitarme la corona y desterrarme de Tamaran. Si fuera tú estaría aterrada por lo que vamos a hacerte, en especial lo que te haré yo, voy a darte un trato especial como aquellos que te daban en la Ciudadela.

Rápidamente mi coraje aumentó, estaba llegando a un extremo y parecía no importarle. ¿Cómo se atrevía a amenazarme con la Ciudadela, aun cuando ella también había sido una prisionera de aquellos salvajes? ¿Cómo se atrevía a recordarme lo que había sufrido allí cuando ella también lo sufrió?

—¡Vamos, dime algo o tan siquiera llora, Koriand'r! ¡Es lo único que sabes hacer! —volvió a tomarme de la mandíbula—. ¿Necesitas que traiga a tu querido Robin para que él y Minina vuelvan a besarse y llores a mares? ¡Siempre fuiste débil! ¡Mira que ponerte así por un chico! ¡Aunque debería darle las gracias a tu sentimentalismo ya que por él estás aquí!

No pude evitar recordar aquella escena, me destrocé cuando los vi besándose y aunque no era culpa de Robin me había sentido dolida, no tanto porque la besara sino porque él no me reconoció; porque no pudo darse cuenta que no era la verdadera Starfire, como si no me conociera.

Sacudí un poco mi cabeza, ese asunto no importaba en este momento y mucho menos me torturaría con cosas que formaban parte de un plan de nuestros enemigos. Lo único que Blackfire quería era provocarme, remover el pasado para que mi estancia en esa celda fuese más tormentosa; quería jugar con mi cabeza y buscar una excusa divertida para comenzar a torturarme, aunque no sabía qué era lo que evitaba que iniciara ya. ¿Qué pensaban hacer conmigo?

—Creo que tengo una mejor idea, ¿por qué no traemos a ese guapo de tu líder y lo torturamos con el resto de tus amigos? ¿No te parecería genial que murieran juntos como un equipo?

Cerré los ojos tratando de ignorarla y la verdad era que el dolor en mi cuerpo se convertía en un factor que lo hacía más fácil. Tenía que recuperar fuerzas, relajarme lo necesario para pensar en un buen plan y esperar a tener el suficiente poder como para salir de aquí sin dificultad; pero sin el sol...

Escuché el sonido de una ráfaga formándose en la mano que ella tenía libre y mi cuerpo se tensó, sin embargo cuando estaba completamente segura que me daría en el pecho o en el rostro ninguna descarga solar me lastimó y era como si Blackfire se hubiera arrepentido; aunque esa suposición ni yo misma me la creía, mi hermana nunca se arrepentía de nada, su corazón ya estaba podrido y no dejaría ir la oportunidad de lastimarme e incluso matarme.

—¡Bueno, si no quieres hablar conmigo, tendrás que hacerlo con ellos! —con mis ojos entrecerrados alcancé a ver un destello violeta, seguido escuché un chasquido y después mis muñecas estaban libres. Caí al piso al no tener con que sostenerme y mi cuerpo impactó con el suelo haciéndome gemir de dolor.

¿A qué se refería con "ellos"?, ¿al grupo de la Hermandad del Mal y/o Slade?

Oí cómo la puerta volvió a abrirse aunque esta vez no tuve tiempo para mirar quién había entrado. Mi piel desnuda que tocaba el húmedo piso comenzó a arder de tal forma en la que no pude evitar gritar y llorar, todo se volvía un insoportable suplicio y sólo deseaba tener la fuerza suficiente para levantarme. Intenté hacerlo pero sólo sentía la presión en mi espalda de la bota de Blackfire impidiendo que calmará el escozor.

El suelo en el que me encontraba debía de tener alguna sustancia corrosiva pues en mi piel desnuda ardía, me quemaba como si fuera ácido. Grité desgarrando mi garganta intentando disipar el dolor; ¡no podía aguantarlo, me dolía mucho!

Blackfire por fin quitó su pie de mí y me senté de prisa tratando de recuperar el aire, agradecía a X'Hal que la ropa que traía me protegía en algunas partes de ese líquido. Estaba respirando muy agitada tratando de dejar de llorar, aguantándome las ganas de limpiar mis lágrimas por el temor a que mis manos se hubiesen impregnado con algo de esa sustancia. Observé con horror mis brazos y parte de mi abdomen bastante enrojecidos con quemaduras que seguían ardiendo. Mi piel estaba demasiado irritada y no sabía qué hacer para detener la picazón.

—Hola, Starfire —escuché y un escalofrío recorrió mi espalda en segundos. Esa voz la reconocía, en mi mente la recordaba llena de calidez y de ternura, ahora no era más que un sonido hueco, sin emoción.

—¿K-kole? —pregunté en un susurro llevando mi mirada hacia ellos, tan confundida de verlos en ese estado con la piel casi grisácea y un toque escalofriante con venas violetas marcadas en el rostro que me hacían palidecer.

Sus ojos sólo eran una canica de un color morado intenso como los de Blackfire cuando utilizaba sus poderes, como si formaran parte de un abismo, sin vida, sin el blanco color con el que se caracterizaban los ojos humanos; y el dolor desaparecía de ellos, no había emoción, no había miedo. ¿¡Qué habían hecho con mis amigos!?


(POV Robin)

Eran casi las 2 de la madrugada, la tormenta no se detenía y yo seguía buscando datos sobre la zona de donde habíamos recibido la señal de Argenta. Aunque ya habíamos investigado el lugar antes de que llegaran los Titanes Este, necesitaba una mejor vista del sitio ahora que iría por mi propia cuenta. Requería todo la información posible si quería infiltrarme sin que nadie se diera cuenta, si quería llegar hasta Slade y hacerlo pagar sin inconvenientes.

Habían pasado quizás 20 minutos desde que le había inyectado el sedante a Cyborg, el efecto duraba alrededor de 5 horas por lo que eso no me preocupaba, más bien lo que me tenía con la guardia en alto era si a otro Titán le diera por despertar, venir al living y preguntarse qué carajos hacía nuestro compañero durmiendo en el suelo; peor aún, que se preguntara qué hacía yo con cara de lunático escarbando en archivos de un viejo manicomio.

El abandonado y casi desconocido hospital para enfermos mentales de los años 50's era el lugar en el que la señal de Argenta se había desconectado; un lugar lo bastante lejos del bullicio de las personas pero lo suficientemente cerca para seguir dentro de la ciudad; un buen escondite para villanos, la sede perfecta para los dementes como ellos.

Los registros que encontramos indicaban que habían clausurado el lugar en 1984 debido a que las autoridades, después de algunas denuncias anónimas, habían hallado evidencia de torturas e incluso asesinatos de pacientes que ahí estaban recluidos. El terreno quedó abandonado y siendo que no había otras residencias por lo menos en 20 kilómetros a la redonda, la maleza y el bosque que estaba cerca se encargaron de convertirlo en un sitio fantasma que la mayoría de los habitantes de Jump City ignoraban su existencia.

Poseía algunos planos del lugar y aunque las fotos más recientes que tenía en mi poder me indicaban persistentemente que nadie podía habitar allí ya que estaba casi en ruinas, sospechaba que habían construido más pisos subterráneos para que la fachada fuera ignorada por los curiosos.

Casi por terminar mi exhaustiva investigación una señal parpadeante en el monitor llamó mi atención; se trataba de un sensor de proximidad que advertía que algo se estaba acercando a la isla. Presioné el icono de cámara para observar qué es lo que era pero sólo alcanzaba a ver un objeto de forma ovalada que no lograba identificar en medio de la oscuridad y la lluvia. Activé la cámara de visión nocturna para enfocar más aquella figura y abrí los ojos con sorpresa. Solté una carcajada llena de ironía, ¿cómo se atrevía a volver?

Cerré los puños tratando de contener la ira y las ganas de gritar, ¿cómo se atrevía a volver a atacarnos? Negué con la cabeza, no volvería a permitir que se acercara a nosotros, no permitiría que lastimara a alguien más. Me lancé a tomar mi bo staff y a partir hacia la entrada de la Torre antes de que ella siquiera tocara la isla; le prepararía una bienvenida a ella y a cualquiera de sus amigos que la acompañaran. Pagarían caro lo que hicieron a Starfire.


(POV Terra)

Había como cinco sujetos armados que seguían persiguiéndome, Slade los había mandado por mí desde el momento en que salí del túnel. Al principio pensé que era para atraparme y llevarme a una de las celdas de aquel psiquiátrico abandonado pero sus proyectiles de acero me decían lo contrario; estos sujetos estaban aquí para asesinarme, para silenciarme con una bala en la cabeza.

Ya había pasado más de una hora tratando de esquivarlos, de perderlos o de esconderme; sin embargo eran mercenarios, sabía lo astutos que eran algunos de ellos y por más que la oscuridad de la noche me ayudara a ocultarme para tomar un respiro, me encontraban rápidamente.

Estaba exhausta, nunca había sido perseguida por tanto tiempo ni de manera tan letal, un movimiento en falso y mi cuerpo sería arrojado a una fosa o convertido en cena para un animal. Estaba aterrada, me sentía como un ave en medio de la temporada de caza e incluso la idea de huir de la ciudad me tentaba, pero los gritos en mi mente de Starfire diciendo que me fuera y sacrificándose por mí no me permitían desertar; era mi deber llegar hasta los Titanes, salvarla a ella y proteger a la ciudad.

Ya no podía correr más, si lo hacía seguro que mis pulmones colapsarían y se abstendrían de obsequiarme la pureza del aire. Mis piernas ya ni siquiera las sentía, en cualquier momento dejaría de andar.

Me encontraba trotando por uno de los estrechos pasillos de las alcantarillas debajo de la ciudad. El lugar estaba muy oscuro, el olor era tan repugnante que, junto a las ratas que paseaban a mi lado, me provocaba náuseas. Trataba de alumbrar con mis poderes el sitio pero el destello amarillo en mis manos no era suficiente para pasear por ahí, apenas y veía lo que estaba frente a mí a un metro de distancia.

Los mareos aumentaban, estaba demasiado cansada y con hambre. Mis sentidos estaban disparados volviéndome paranoica, mirando de lado a lado ante cualquier movimiento o sonido. Quería detenerme a descansar aunque si lo hacía estaría dándole entrada a un inminente balazo en la frente o en el corazón.

Mis respiraciones y algunos goteos eran lo único que escuchaba entre aquellos pasadizos, eso hasta que me percaté del eco que provocaban los incesantes pasos que se aproximaban detrás de mí. Debía detenerme a descansar o me desmayaría ahí mismo, y ya que seguían pisándome los talones mi prioridad sería buscar un lugar seguro.

—¡Deja de escapar, pequeña! ¡Prometo que no te dolerá tanto! —oí el grito en medio de la oscuridad, por el eco supe que ya estaban bastante cerca de mí. Apagué mis manos para que ellos no pudieran ubicarme por eso y me escondí en una de las esquinas del pasillo por si contaban con lentes de visión nocturna. Esperé en silencio a que entraran en el pasillo por el que antes venía trotando.

"No tanto como te dolerá a ti" pensé y con ayuda de mis poderes hice un hoyo a mitad de la calle lo suficientemente grande para salir de ahí, doblando todo el pavimento hacia abajo y formando un muro improvisado entre ellos y yo.

Sé que no durarían mucho tiempo ahí abajo y por si fuera poco podrían avisarle a sus compañeros que ya había salido del alcantarillado. Subí hacia la calle en una roca y para mí fortuna no había coches que deambularan por ahí que pudieran accidentarse con lo que había hecho, aunque eso era debido quizás a las altas horas de la noche.

Paseé sobre mi roca por diferentes cuadras, cuidándome de las cámaras de la ciudad, en búsqueda de algún lugar en dónde refugiarme. Las calles estaban oscuras con sólo algunas farolas encendidas y sin ninguna alma caminando entre ellas. Era terrorífico transitar por ellas, pendiente de cualquier hombre con subfusil que me tuviera en su mira.

Mi cansancio seguía consumiéndome, era difícil mantener elevada la piedra en la que iba y sentía cómo mi energía se desvanecía perdiendo altura. Lo último que pudieron hacer mis manos antes de caer al suelo fue dirigirme hacia un callejón en penumbras, estrellándome inesperadamente contra un contenedor de basura y cayendo dentro de él, donde finalmente la inconsciencia me tomó como prisionera.

No sabía cuántos minutos u horas habían pasado desde que abrí nuevamente los ojos. Me sorprendí de aún estar viva; pensé que terminarían encontrándome y desasiéndose de mí mientras estaba desprotegida, sin embargo veía que no eran tan astutos como creía.

Estaba empapada por la intensa lluvia que pareció iniciar mientras estaba inconsciente y que seguía inundando parte del basurero que había adoptado como cama. Seguía siendo de madrugada y aún no había rastros de que el amanecer ocurriría pronto, mucho menos con lo nublado que estaba el cielo. Me dolía muchísimo la cabeza, el olor de la basura se había impregnado en mi ropa y los mareos no ayudaban mucho. Me levanté como pude y salí del contenedor sin hacer tanto ruido, tenía que ser sigilosa si quería llegar completa hasta la Torre de los Titanes.

No solía ser tan optimista sin embargo en este caso debía serlo; no tenía de otra, le había prometido a Starfire que la ayudaría a salir de esa madriguera infernal, que podía confiar en mí y que protegería a la ciudad con la ayuda de sus amigos; no iba a decepcionarla.

Mi única misión era llegar a la Torre de la manera que fuera y cumplir mi promesa. Esta vez con más determinación volví a subirme en la misma roca en la que llegué a este callejón sin salida y emprendiendo de nuevo el camino, cuidando mis espaldas obviamente, iba a toda velocidad directo a mi objetivo.

Después de unos 10 minutos de transitar por las calles más vacías de la ciudad por fin la vi, la famosa Torre en forma de T ubicada en la isla sobre el río; era tan enorme y aun con el poco resplandor de la luna, debido a las nubes, se veía imponente. Un lugar que se suponía me había abierto las puertas y solía llamar hogar.

Me sentí aliviada, sólo faltaban algunos kilómetros para encontrar la ayuda que Starfire y yo necesitábamos, la defensa de Jump City. También obtendría las respuestas necesarias sobre mi vida, sobre mi historia con ellos; si Chico Bestia estaba ahí podría ayudarme, creía fuertemente que él sería el primero en darme una mano incluso después de todo lo que le había dicho cuando sólo era "Alex".

Sobrevolé a poca distancia del río, estaba a unos segundos de tocar tierra cuando pude diferenciar el bullicio de un motor entre tanto trueno y lluvia. Volví mi mirada hacia atrás buscando el origen del sonido pero me sorprendió una luz y después un dolor agudo en mi pierna que provocó que perdiera el equilibrio y cayera estrellándome contra las piedras de la isla.

Rodé golpeándome contra las rocas y rápidamente utilicé mi poder para crear con ellas un muro que me protegiera de sus balas. Me dolía mucho la pantorrilla, la revisé con la poca iluminación que me ofrecía la luna y me espanté al ver la sangre que empapaba parte del pantalón verde oliva que traía. ¡Qué estúpida había sido! Me había confiado al ver la Torre que se me había olvidado que era el lugar más obvio al cual iría después de escapar. Ellos me estaban esperando desde quién sabe cuánto tiempo. ¡Debí haber sido más cuidadosa!

Las balas continuaban impactando en la pared rudimentaria que había hecho, no sabía cuánto soportaría antes de deshacerse, y maldecía a aquellos hombres de usar silenciadores en sus armas puesto que los Titanes ni siquiera se enterarían que estábamos aquí.

Mi respiración era agitada, trataba de idear algo pero aguantar el dolor intervenía en mis pensamientos. En esta situación era un blanco fácil y si no me movía rápido pisarían la isla sólo para llevarse mi cadáver. Me levanté como pude y con cuidado miré desde la esquina de mi escudo la lancha en donde había dos sujetos disparando. Con mucho esfuerzo moví una gran roca a mi costado y rogando para que la lluvia no empeorara mi puntería se las arrojé. Escuché el impacto y que habían dejado de disparar, volteé para asegurarme y la lancha estaba hundiéndose mientras que los dos hombres estaban en el agua.

Era mi momento. Comencé a correr hacia la Torre, dando algunos saltos por la herida en mi pantorrilla. Veía con emoción los ventanales amarillos, deseando entrar y resguardarme de todo aquel que quería asesinarme. Estaba tan cerca que podía ver la puerta principal, mi corazón latía muy rápido impaciente por llegar; y cómo si fuera una mala broma del destino alguien me empujó desde el costado haciéndome rodar quedando debajo de él.

—¿Robin? ¡Me alegra que seas tú! —dije aliviada al ver quién era, sin embargo él no parecía querer soltarme.

Robin, el chico maravilla, sujetaba con tanta fuerza mis muñecas clavándolas en el suelo y con la suela de sus zapatos hacía presión en mis piernas lastimando mi herida de bala tanto que si seguía así no podría contener las lágrimas. Debajo de su antifaz podía ver como sobresalían las ojeras y su rostro expresaba un odio puro causando un escalofrío en todo mi cuerpo.

—¡¿Cómo te atreves a venir aquí después de lo que hiciste?! —exclamó con tanta ira y por primera vez le tuve miedo a este chico.

—¡Por favor, necesito tu ayuda… su ayuda! —jadeé sollozando. Estaba atemorizada y no comprendía por qué me miraba de ese modo. Entendía si estaba molesto porque los había atacado días atrás pero incluso con eso yo sentía que esto era por algo peor; me trataba como si hubiese matado a alguien.

—¡Claro, confiaremos en ti para que nos traiciones de nuevo y después nos vuelvas polvo como a Starfire! —escupió con ironía y mi confusión creció aún más. "¿Starfire hecha polvo?". Medité por unos segundos buscando una razón, temiendo que él hiciera una locura por algo que no era cierto. "¡Slade! ¡Debió haber sido él!".

—¡Robin, no sé qué haya pasado pero Starfire está viva! —traté de calmarlo sin embargo él pareció enfurecer más con lo que le dije. Hizo más presión sobre mi pierna herida con su zapato ocasionando que de mi boca saliera un gran alarido y varias lágrimas se me escaparan.

—¡No vuelvas a mencionarla! ¡Tú y Slade la mataron, y cuando los tenga a los dos me voy a cobrar la vida de mi novia!, ¿escuchaste, Terra? ¡Tú y ese maldito hijo de puta van a pagar lo que le hicieron! —gritó con ese tono de locura y con una mirada cargada de rencor que, junto a los relámpagos detrás de él, lo hacían ver como un total desquiciado.

Hablaba muy en serio, podía verlo en su rostro y me estremecía imaginarme qué me podía llegar a hacer; no decidía a quién le temía más, si al mismísimo Slade o al chico iracundo frente a mí.

Traté de gritar tan alto para alertar a los demás Titanes pero el bullicio de la tormenta ocultaba mis llamados. Yo no podía dejar de llorar por el suplicio que sentía y me estaba costando respirar por el pánico que comenzaba a inundarme. Él volvió a presionar con su pie justo en la herida provocándome un dolor insoportable, grité como nunca cerrando los ojos en contra de mi voluntad y todo se volvió un oscuro sitio sin sonidos.