ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo XX- Captura

Hola, chicas y chicos. Lamento la tardanza, pero no tuve Internet por un tiempo, casi me vuelvo paranoica hasta que tomé más tiempo para practicar con mi guitarra y mi teclado, eso me relajó un poco y me distrajo de no tener Internet.

Espero les guste este capítulo, de verdad lamento la demora pero supongo que a todos nos pasa eso algunas veces. PD: la letra negrita y en cursiva son flashbacks.

Gracias por sus hermosos reviews, alertas, favoritos y PM; es lo que me ayuda a seguir y a ponerle toda mi imaginación a esto.

Responderé brevemente a los comentarios, es que ya son las tres de la mañana y tengo sueño :3

SaritaSan: Gracias, sí, también ya espero ver/escribir la reacción de BB por Terra.

Angel Rebelde18: Hahaha, creo que ya soy maga XD, supongo que ir a Hogwarts ya no es necesario ;D!

Katchoque: Gracias por dejar review :3 Me pregunto cómo le haría Alfred para aguantar a esos dos.

Seogumi y Masunny: Gracias por tu comentario, no te preocupes, a mí me acaba de pasar lo mismo con lo del Internet, fue una tortura XD

Ana Paola: Sí, soy culpable de eso. Soy tan irresponsable, pero a veces no me llega la inspiración y tratar de pensar ideas forzadamente me hace escribir cosas que al final no me gusta la narración, o las situaciones, etcétera :3 Una disculpa enorme para ti y para todos los que esperan tanto esperando que actualice. Pero te prometo que actualizaré este fic en máximo 20 días de diferencia de cada capítulo (E2020: cosa que no cumplí, perdóname). Gracias por mandarme saludos.

Que todos estén bien y que se la pasen magnifico con sus seres queridos, disfrútenlos muchos porque nunca saben cuándo pueden irse para siempre, digo esto porque justamente hoy fue al velorio de los abuelos de una amiga de mi hermana. Ambos murieron en un accidente de coche, y su hija está gravemente herida; y aunque yo no los conocí, pero mi mamá sí, pude ver la tristeza que había en ese lugar. Es triste… pero supongo que recordarles por lo que hicieron en su vida es mejor que recordarlos por cómo murieron.

Cuídense, y nos vemos en la próxima actualización.

Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias con sus personajes, sin ningún fin lucrativo.


Capítulo XX- Captura

(POV Robin)

—Me he sentido rara desde la pelea en la Torre, como si me hubiese quitado un peso de encima pero creí que era porque había hablado con Chico Bestia sobre… —ella se detuvo abruptamente como si temiera hablar de más, sus mejillas comenzaron a colorarse y yo levanté una ceja confundido. ¿Acaso ellos tenían algo?

—No es lo que te imaginas, bueno no completamente. Quizás les cuente más adelante. El caso es que creí que simplemente me sentía mejor emocionalmente. No tengo idea de qué fue lo que me hizo Psimon, pero si él se llevó parte de mi poder no es para nada bueno, podría utilizarlo en aquella máquina que Terra mencionó para aumentar las emociones negativas en sus víctimas.

—¿Eso sería posible? —pregunté preocupado. Recordaba el efecto de las pesadillas en Starfire e imaginármelo amplificado me erizaba la piel.

—Creo que sí, si sabe controlar mi poder podría hacer eso sin esfuerzo —dijo con temor.

—Entonces será mejor que te quedes aquí —comenté dándome la vuelta y caminando hacia el cuarto donde Terra estaba todavía aprisionada a la mesa.

—¡Espera, no puedes ir sólo! ¡Tenemos que despertar a los demás!

Volteé y me acerqué de nuevo a ella, si bien mi plan original era aventurarme a encontrar a Slade, las cosas habían cambiado con la visita de Terra. Si era verdad lo de Star y la máquina que tenían preparada para ella no podía darme el lujo de esperar a los demás y coordinarlos sin que aumentaran las probabilidades de que Starfire resultara más herida.

—No puedo esperar; estaría dándoles más tiempo a ellos, les daría la oportunidad de escapar con ella o incluso lastimarla con ese estúpido invento. Además no iré solo, llevaré a Terra conmigo.

—Es demasiado peligroso, Robin. No deberías arriesgarte así. Iremos contigo. Yo aún puedo pelear y Starfire es mi amiga, no la dejaré sola.

—Raven, es mejor que te quedes, no puedes exponerte si Psimon tiene parte de tu poder, no sé si al mantenerlos pueda obtener una conexión contigo y manipularte como lo hizo con ella —mencioné autoritario dándole una mirada a Terra del otro lado del vidrio—. Además necesito que organices a los otros y les expliques el nuevo plan. Cyborg en este momento está indispuesto y no despertará en un par de horas así que eres la encargada de monitorear la misión.

—¿Qué sucedió con Cyborg? —preguntó confundida.

—Sólo digamos que terminó con un sedante —ella levantó una ceja incrédula—. Traté de escapar de la Torre en búsqueda de Slade y él intentó detenerme, no terminó bien.

—Sabes que esto tampoco terminará bien, ¿cierto?

—Estoy dispuesto a arriesgarme y sabes que tampoco podrás detenerme —mencioné firme y ella sólo suspiró. —Sé que parece que estoy cometiendo una locura pero créeme que he estado buscando información sobre el lugar, sobre los planos del edificio y con la ayuda de Terra será más fácil infiltrarme. Sólo entraremos por medio de túneles, buscaremos a Star y saldremos con ella antes del amanecer sin llamar la atención. Cuando estemos afuera necesito que los equipos del plan original ya estén en sus posiciones. Necesito que tú los organices para poder entrar y buscar a los demás Titanes honorarios capturados justo como lo que ya teníamos planeado.

—Está bien, pero si algo sale mal no dudes en avisármelo. Tengan cuidado.

Comencé a despertar, me dolía la parte trasera de mi cabeza y un ligero mareo me obligó a quedarme quieto por un momento. Cuando me estabilicé dejé que mi mirada inspeccionara el lugar en donde me encontraba: una pequeña celda con las paredes grises y agrietadas; un par de focos blancos, largos y delgados esparcidos en el techo; y una puerta de metal con un identificador de códigos a un costado que servía para entrar o salir.

Mis manos estaban esposadas encima de mi cabeza, cada una enganchada a lo alto teniendo como separación la distancia entre mis hombros. Mis piernas estaban libres aunque estando encadenado a la pared no podía hacer mucho. Mi cinturón utilitario ya no estaba pero mi traje, el antifaz, los guantes y los zapatos seguían intactos.

Las luces blancas emitían un destello que contraía mis pupilas ocasionando que cerrara los ojos constantemente. Las paredes con un tono frío me provocaban inseguridad y por si fuera poco me sentía observado aunque no encontraba ningún espejo o ventana, eso hasta que me di cuenta, en la parte superior de uno de los rincones que conectaba dos paredes, del led rojo encendido y de la pequeña lente de una cámara oculta.

Miré a mi alrededor buscando señal de Terra encontrándola aún dormitando a unos dos metros de mi lado derecho, sentada y recargando su espalda en la pared, con grilletes y cadenas en los pies sujetados al suelo y con un objeto de metal cubriendo totalmente sus manos.

"¿Realmente fue buena idea venir sin refuerzos?" volví a preguntarme, quizás no era la mejor opción sin embargo era lo que podía hacer por el momento sin arriesgar la vida de los Titanes. Ahora sólo me preocupaba por Terra, la había arrastrado hasta acá obligándola a cooperar y era mi deber protegerla, incluso aunque no confiara del todo en ella.

No era momento de flaquear, mi plan tenía un propósito y lo cumpliría sin importar. Iba a salir de este psiquiátrico con Starfire aunque mi vida dependiera de ello.

Volví a darle un vistazo a la habitación: sólo había una puerta, la pintura estaba desgastada, había algunos otros grilletes en las paredes y algunas manchas café en el suelo que sin pensarlo tanto relacioné con sangre; sin duda este piso pertenecía al psiquiátrico pues la celda era antigua y no pude evitar un escalofrío imaginando las torturas que debieron vivir los pacientes ahí.

Analizando las posibles rutas de escape obtuve dos: si Terra pudiera liberar sus manos saldríamos rápido haciendo un hoyo en la pared y la otra opción sería hackear el scanner de la puerta para salir por ella. El problema en todos los casos era la cámara, aun si pudiera deshacerme de los grilletes en mis manos, no sería tan veloz para hackearla sin que se dieran cuenta de mi ausencia encadenado.

"Piensa, Dick, ¿cuál sería la mejor estrategia para utilizar?".

Primero observé disimuladamente la cámara oculta en la esquina, bajé la mirada y moviendo en el ángulo correcto mi muñeca fui capaz de lanzar, exactamente en la lente, a uno de mis pequeños ganchos con cable extenso que formaban parte de mis guantes. Una descarga eléctrica hizo que el pequeño punto rojo se apagara y aprovechando el minuto que tardaría en reiniciarse el sistema de la cámara comencé a deshacerme de los grilletes.

Quince segundos tardé en liberar una de mis muñecas y otros diez para estar completamente libre gracias a una de las ganzúas equipadas sobre mis dedos cubiertos por la tela. Corrí hacia la pared, la lente aún quedaba muy por encima de mí por lo que utilicé el cable que salía de mis guantes para conectarlo a un chip con el mismo programa que los dardos. Logré que la cámara se encendiera de nuevo y reprodujera las últimas 6 horas grabadas inversamente. Con suerte, ni siquiera se darían cuenta de que el video se estaba reproduciendo de atrás hacia adelante.

Sonreí ante la hazaña, después de todo mi cinturón no era el único que contenía mis armas. El traje tenía más artilugios escondidos para cualquier emergencia, algo que le agradecía a la paranoia de Batman en estos momentos.

¡Listo! No había nadie que pudiera vernos por medio de un monitor dentro de esta celda.

—¡Terra, despierta! —le moví un poco el hombro y ella despertó de golpe. Los siguientes segundos se mostró desorientada con los ojos mirando de un lado a otro tratando de comprender lo que sucedía.

Con la misma ganzúa abrí las cerraduras de las cadenas de sus tobillos, cuidando no mover mucho su pierna derecha pues el analgésico debió de haber perdido su efecto y en ese momento estaría escociéndole la sutura. Si tuviera mi cinturón le hubiese inyectado algo para reducir el dolor.

Después de intentar varias veces sacarle el metal que cubría sus manos me di por vencido, estaba perdiendo el tiempo y con las herramientas con las que contaba no era suficiente, quizás si tuviera las otras podría hacerlo, así que era prioridad recuperar mi cinturón.

—¿Robin, estás bien? —cuestionó con tono quedo, aún lucía un poco mareada.

—Sí, ahora tenemos que salir de aquí. Ven, levántate —le tomé de los antebrazos para ayudarla. Ella con algo de dificultad se apoyó en sus piernas levantándose del piso de aquella sucia celda.

—¿Por qué no ha sonado la alarma?

—La cámara ya no nos está trasmitiendo, así que mientras no descubran que la he manipulado, este cuarto será seguro.

—¿Por qué crees que Slade no me ha matado aún? —sus palabras fueron tan firmes que me hubiera creído que estaba totalmente neutral, sin embargo sus ojos me miraban con miedo; miedo a que este plan saliera mal; pavor a lo que estuvieran pensando hacer con ella.

—No van a hacerte nada, no lo permitiré. Tenemos un trato, ¿recuerdas? —le expliqué mientras conectaba un cable al identificador de códigos, siguiendo un proceso similar al hackeo del sistema de la cámara de vigilancia. Sería fácil salir pero la dificultad aumentaba ya que existían más cámaras afuera y quién sabe qué tipo de seguridad podría estar vigilando los pasillos.

—He tenido tratos e incluso promesas, y algunas nunca terminaron como aseguraron terminar —la escuché detrás de mí, caminando de un lado a otro con prisa, estaba nerviosa.

—Pues entonces sólo te queda confiar en mí como lo estoy haciendo ahora mismo contigo —unas cuantas conexiones más y listo, la cerradura gruesa y de fierro que se interponía frente a nosotros hizo click, con un movimiento automático se deslizó y dejó libre el espacio entre el marco y la orilla de la puerta.

—¿Por qué aún no han llegado los demás a ayudarnos? —preguntó preocupada aún detrás de mí.

—Están afuera esperando la señal. Tenemos que llegar al cuarto donde provienen las tuberías del gas para ocasionar una explosión como distracción, aunque primero debemos desactivar las cámaras y sensores de cada piso —dije serio sin voltear a verla y escuchando con atención cómo se seguía moviendo por la habitación. Me quedé observando minuciosamente la cerradura tratando de mantener la calma, esperando el momento para salir. —¿Lista?

—Con estos brazaletes rodeando mis manos, no creo que haga mucho —pronunció intranquila.

—Es por eso que debemos ir primero al centro de comandos, puede que ahí esté mi cinturón utilitario para poder quitarte esas ataduras que te impiden usar tus poderes. Igualmente podremos usar desde ahí su propio sistema de seguridad contra ellos. Tú conoces mejor el lugar que yo así que guíame, trataré de desconectar las cámaras por un minuto en cada pasillo por el que crucemos.

Entreabrí, hacia adentro, la gran pieza de metal con cautela y noté fuera a dos guardias mirando hacia el frente pegados a los costados del marco. Ambos traían audífonos y estaban muy concentrados en el sonido, por lo visto la Hermandad del Mal seguía compuesta por idiotas, ¿qué clase de agente se dedicaba a escuchar música mientras vigilaba a alguien?

Terra pareció entender mi mirada ya que con pasos sigilosos se alejó hacia atrás dejándome más espacio. Con fuerza empujé la puerta volviéndola a cerrar y causando un sobresalto en ellos que los obligó a entrar dándonos una oportunidad para golpearlos. Desarmé a uno y lo noqueé con un puñetazo en la cara. Terra hizo lo mismo con el otro golpeándolo con su brazalete de metal en la nuca.

—Dada las circunstancias sería una mejor idea si nos vestimos como ellos. Eso nos ahorraría las cámaras de vigilancia y un ataque directo en caso de encontrar más hombres por los pasillos.

—Es una buena idea, sólo que no creo que pueda ponerme el traje con estas muñequeras —mencionó mientras levantaba sus brazos y hacía una mueca de esfuerzo intentando separarlos.


—¡Camina, niña estúpida! ¡Espero que Slade te arranque la lengua si no hablas! —su voz ronca era imponente, provocando sonrisas de complacencia por parte de sus compañeros igualmente uniformados que se encontraban cerca.

La chica de cabello rubio sólo atinó a bajar su mirada y a caminar con pesadez como si se tratara de algún fusilamiento; tal vez lo sería. Cojeaba de vez en cuando ya que la herida de su pierna seguía punzante; temía que ese dolor no se compararía con lo que le haría su verdugo. Estaba aterrada puesto que Slade, un mercenario que la convenció de ser su tío, seguro que la esperaba con un arma cargada en su mano, quizás con la espada que tanto le gustaba blandir o seguramente la torturaría antes de siquiera pensar en cómo matarla.

Su espalda volvió a ser tocada con la punta de un arma, tal vez uno de aquellos tantos tipos de fusil. Sintió el frío del objeto y la presión que hizo en sus omóplatos, una de diversas sensaciones que nunca quería volver a sentir.

—¡Vamos, ya estamos cerca! —rio su custodio mofándose de su rigidez al caminar, sabía que estaba muerta de miedo. —Supongo que tu amigo vivirá unas cuantas horas más que tú, pero no te preocupes, seguro que se encuentran en el otro mundo —volvió a sonreír el de los lentes negruzcos. El hombre de unos treinta y cinco años llevaba también un gorro militar totalmente negro y un traje igual de oscuro, lucía realmente como el típico francotirador envenenado por la avaricia.

—¡No intentes nada para salir huyendo o yo mismo te daré un tiro! —su voz volvió a provocarle escalofríos en la espalda. Por un momento se detuvieron en medio de una esquina, vacilándose por el camino correcto. Ella estaba sudando incluso aunque el aire acondicionado mantuviera los pasillos helados, preguntándose constantemente si este sería su último día.


(POV Starfire)

Respirar se hacía difícil, mantenerme concentrada también. Las costillas me dolían cada vez que inhalaba y exhalaba, y mis muñecas volvían a estar atadas encima de mi cabeza sosteniendo con suplicio el peso de mi cuerpo.

No tenía deseos de abrir los ojos, me dolían los párpados por lo que prefería tenerlos abajo. No quería observar lo que sucedía a mi alrededor; en realidad no quería hacerlo porque sabía que abiertos o no, sería el mismo resultado.

Quería gritar, luchar y salir de aquí pero no podía, mis fuerzas estaban demasiado distantes. Estaba muy débil como para pelear cuerpo a cuerpo y sin el sol no podía volar ni lanzar mis ráfagas estelares.

Necesitaba ayuda; los necesitaba a ellos; lo necesitaba a él.

Escuché los pasos de alguien acercándose fuera de esta habitación. No pensaba revelar mi mirada, no les daría la satisfacción de ver las lágrimas que guardaba aún dentro. El sonido desapareció rápidamente, sólo podía oír mi respiración jadeante queriendo estabilizarse y el ruido sordo de mis pies colgados dibujando círculos invisibles en el aire.

Necesitaba salir de ese cautiverio, respirar aire limpio, puro; sentir el viento rosando mis mejillas y ondeando mis cabellos; observar los colores del cielo, de los edificios, de todo el ambiente; olisquear las flores de un maravilloso jardín o descansar sobre la pradera mientras me bañan los rayos de sol; sobre todo deseaba observar a mis amigos, reír junto a ellos, abrazarlos, decirles cuánto los quería, sentirme amada.

Esa era mi familia… mi nueva familia desde que llegué a la Tierra. Sonreí al recordarlos, era tonto, lo sabía, pero qué me impedía pensar en ellos en este lugar miserable; era lo único que me distraía del dolor.

No sabía qué harían conmigo. No recordaba mucho de la última vez, sólo las miradas frías de mis compañeros raptados y convertidos en una especie de zombies. Quería salvarlos, sacarlos de ese estado y protegerlos, al igual que ellos lo harían por cualquier Titán, sobre todo por cualquier amigo.

Mis muñecas ya no lo soportaban, los malditos grilletes me estaban desangrando. "¡Tienes que salir de aquí, Starfire!" volví a animarme, pero como en las muchas otras veces, fue inútil.

La puerta se abrió repentinamente y el claro que emitía me irritaba aún con los párpados abajo. Me negaba a volver a ver sus rostros mientras su sonrisa burlona los adornara. Una sombra se interpuso entre la luz y mis ojos se relajaron. Mis oídos serían los únicos guías de ahora en adelante. Eso esperaba, sin embargo escuché una voz tan cerca de mí susurrando mi nombre que sin poder resistir terminé abriendo los ojos con sorpresa.

—¡¿Robin?! —exclamé y tan pronto lo vi supe que no era él, por lo menos no completamente.

—¡No, tú no! —murmuré negándome a creer lo que estaba viendo. Las lágrimas salieron de improviso, no era momento para llorar pero la sensación que oprimía mi pecho me obligaba a demostrar las emociones que me envolvían en este momento.

—Prometí que iba a cuidar de ti —su voz era tan monótona, igual que la de mis otros compañeros capturados. Su piel estaba más blanca que de costumbre y líneas moradas adornaban sus ojos como telarañas, igualmente en su cuello y brazos. No llevaba antifaz y sus ojos no transmitían nada, ni siquiera lograba ver más allá de un color violeta con orillas más obscuras que sin duda me preocupaban.

—Tal vez nunca imaginaste que sería tu guardián de esta manera —sonrió tan espantosamente que no pude evitar sentir temblores en mi cuello, en los brazos y en la espalda.

—¿Robin? Sé que puedes escucharme, ¡lucha! ¡No te des por vencido! ¡Sé que eres fuerte! ¡Tú…

—Por supuesto que lo soy —me interrumpió acercándose a mí—. ¡Tanto como para hacerle daño a las personas que más quiero!

El agudo dolor se incrementó y un grito salió de mi garganta tratando de mitigar el daño. La daga estaba siendo enterrada con más profundidad en mi brazo y tratar de evitarlo no era posible pues mis manos estaban sujetas a la pared. La sangre volvía a salir a borbotones empapando mi piel mientras que él me miraba fijamente sosteniendo el arma. Sentí el líquido caliente deslizarse hasta mi torso empezando a manchar el top magenta que traía; también podía sentir la fría tela de su guante acariciando mi mejilla, limpiando el montón de lágrimas en ella.

¡Dolía tanto, X´hal! ¡Esto era una tortura!

—¿Verdad que soy demasiado fuerte, amor?