ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo XXII- Una nueva pesadilla

Hola chicos, estoy súper apenada por no haber actualizado antes, es que la prepa me está consumiendo como no tienen idea, tanto que tampoco he podido actualizar mis demás fics T.T Antes podía actualizar los tres fics por lo menos 1 vez al mes, todos juntos, ahora ni siquiera espacio me queda para sentarme a pensar, la buena noticia es que casi llegan mis vacaciones y tendré que actualizarme en Fanfiction. Lamento que los haya hecho esperar. Disfruten este capítulo, está todo mi esfuerzo en este escrito.

Gracias por su apoyo, reviews, favoritos, etc. Me hacen continuar optimista aunque esté infestada de tareas y desesperación con los estudios. Por cierto, me hice una página en Facebook: Yarezzi Phantom Grayson por si quieren darse una vuelta.

En fin, que tengan un mes excelente y que estén muy bien de salud. Un gran abrazo y beso para todos.

Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias con sus personajes, sin ningún fin lucrativo.


Capítulo XXII- Una nueva pesadilla

(POV Terra)

Moví los ojos de un lado a otro buscando cualquier alternativa para desarmar al tipo pelirrojo y alto que me custodiaba la espalda. Mis manos estaban cubiertas por un extraño caparazón de acero que las aprisionaba, al igual que a una parte de mis muñecas. Mi cabello largo y liso caía alrededor ocultando mi rostro cabizbajo pero estaba casi segura que él podía sentir mi nerviosismo; tal vez ya sabía que planeaba escapar.

Observé la ventana translúcida que había al final de uno de los pasillos, era tan opaca como si estuviera ocultando una pared gris detrás de ella, por consiguiente el grosor de su vidrio me confirmaba que ni con una patada podría destrozarlo. Este lugar era totalmente desconocido para mí, las paredes se veían impecables comparadas con el área del piso subterráneo cuatro, además los pasillos tenían otro tipo de azulejo y eran más estrechos.

Por supuesto que no era su antiguo lugar de reunión pues dudaba que fueran tan imbéciles como para arriesgarse a estar en el mismo sitio, aunque pensándolo bien, tal vez lo eran; quizás se trataba de algún pasadizo secreto de los niveles que ya conocía o incluso de los misteriosos pisos cinco o seis. Pensar en ellos me revolvía el estómago, cómo era posible que no me hubiera dado cuenta de estos niveles secretos, ¿acaso Psimon los había bloqueado de mi mente o algo parecido? Sea cual sea el caso tenía que buscar la forma de distraer al idiota detrás de mí y escapar para buscar a Robin.

"Robin".

Sólo quería saber si estaba bien, si aún estaba con vida, porque tal vez yo próximamente no lo estaría. La última vez que lo había visto fue cuando Blackfire nos hizo volar por media habitación, después cuando desperté estaba sola en una celda pequeña con esta cosa en las manos. Deseaba tanto que lograra encontrar a Starfire y evitar el desastre que se avecinaba. Esperaba que también cumpliera su promesa conmigo…, aunque eso significara que tuviera que llevar mi cuerpo para darle sepultura.

"¡Deja de pensar en eso y concéntrate!".

Estaba temblando y me hartaba el hecho de que no podía deshacerme de la áspera sensación de temor que me oprimía el pecho. Tan sólo de pensar que estaría en minutos a merced de Slade los escalofríos se volvían prioridades forzadas, las mismas que atravesaban mi cuerpo electrocutándome en cada respiración. Además el dolor en mi pantorrilla se estaba agravando lo cual comenzaba a afectar mi forma de caminar, cosa que el sujeto que me custodiaba no parecía soportar por lo que golpeaba mi espalda con el fusil para que caminara más rápido.

¿Alguna vez no terminaría mal? Parecía ser que cualquier cosa que hubiera dicho, hecho o tocado se rebelaba contra mí y me perseguía tratando de sumergirme en las profundidades de la oscuridad. Permanecía atrapada en una zanja…, una zanja que yo misma cavé.

Vi al final de otro pasillo, a unos cuantos metros de mi presencia, una puerta reforzada de acero y no había que tener dos dedos de frente para averiguar qué era lo que se encontraba tras ella. Mis extremidades volvieron a tensarse y fue como si se diera una pelea interna por el control de mis movimientos. Di traspiés como si no supiera caminar y pronto caí con un sordo golpeteo contra el piso. Interpuse rápidamente el caparazón de metal como apoyo eludiendo estampar mi cara en la gélida baldosa.

¿Qué era lo que había hecho mal a lo largo de mi vida? ¿Por qué sentía que todo lo que había vivido no era más que una mierda? ¿Por qué seguía sin recordar nada? Quería hacerlo, de verdad, quería saber quién era mi familia, quién era antes de ser una más de las traidoras y por qué había cometido el error de decepcionar a mis verdaderos amigos; necesitaba saber quién era y si valía la pena seguir siendo yo.

El brusco agarre del hombre que trabajaba para Slade no hizo más que sacarme de mis cavilaciones. Me tomó del cuello de la blusa que traía y me levantó a tirones con dirección a la pared golpeándome uno de los omóplatos con ella. Tomó con fuerza mi mentón y lo apretó tan duramente que no pude evitar sentir una punzada y manifestar mi exclamación. Su rostro estaba tan cerca del mío que podía escuchar perfectamente el sonido de sus respiraciones, al igual que pude percibir el crujir de su arma postrándose en el piso.

—¡Mira, niñita, es mejor que dejes de hacerte la tonta conmigo, no le tengo paciencia a los niños, en especial a los que se la pasan jugando al héroe! —repitió reteniendo un odio que podía ver perfectamente en sus ojos verdes; los seguí mirando perpleja vislumbrándome en el reflejo de aquella mirada furiosa y pude reconocer a la chica atemorizada que veía tras ellos.

Me quedé quieta, tratando de no caer en una crisis ya que estaba hecha un manojo de nervios. Cuando presentí que tiraría de mí hacia el frente para llevarme a mi veredicto final, me sorprendió al impulsarme más hacia la helada pared acortando la distancia de su rostro con el mío.

Me mostró una sonrisa maliciosa y jocosa a la vez, y tomó un mechón de mi cabello olisqueándolo con depravación: —¡Lo que hubiese hecho contigo! —exclamó en voz baja. El corazón se me detuvo por un segundo y cualquier preocupación con Slade había perdido importancia en este momento. Sólo quería desaparecer de ahí; separarme de este tipo antes de que me hiciese algo.

Parecía deleitarse con mi miedo. Volvió a relucir esos dientes que penetraban mis pensamientos y me carcomían con pánico por dentro. Una de sus manos acarició mi mejilla lentamente, e inmediatamente, como un reflejo de mi cuerpo ante esa asquerosa sensación, logré atinarle un rodillazo en la entrepierna. Ahogué un grito, sentí cómo si uno de los puntos de la herida se hubiera abierto y el líquido que empezaba a empapar el pantalón negro que traía me lo confirmaba.

El hombre de aproximadamente treinta y cinco años de edad se estaba retorciendo arrodillado y cuando subió la mirada para prometerme que se las cobraría haciéndome daño, no lo pensé ni un segundo más para balancear mis brazos y golpearlo con el objeto brillante que me impedía controlar las rocas.

Me quedé tiesa, asimilando los pensamientos alborotados, decidiendo si debía correr o golpearlo hasta dejarlo inconsciente. Él seguía con la nuca pegada al suelo, pero se reincorporó tan rápido que no logré prever su próxima acción. Aún de espaldas en el suelo, se recargó sobre uno de sus brazos y con su pie describió con fuerza un medio círculo sin separar su pierna del azulejo; pronto me encontraba con la cabeza adolorida observando con los ojos entrecerrados el techo de un blanco tan intenso que me quemaba los globos oculares.

—¡Eres una maldita! —lo escuché tan cerca, casi a un lado de mí, y al abrir los ojos completamente mi miedo creció más. Tragué saliva ante la boca del fusil frente a mi rostro. Estaba dispuesto a disparar, lo presentía y no estaba segura que mi cuerpo reaccionaría antes de que presionara el gatillo.

Cerré los ojos por intuición, escuché el detonador y el sonoro salir de una bala, ese sonido hueco que hacía eco dentro de mis oídos perforándome el cerebro. Después vino la resonancia de un golpe contra una superficie sólida, como un cuerpo estrellándose a causa del impacto de una bala, sin embargo si era así por qué aún seguía pensando, se suponía que estaba muerta o por lo menos en mis últimas agonías antes de dormir para siempre.

—¡Terra, estás a salvo! —"esa voz". La reconocería en donde fuera, pero por qué razón estaría presente en mi subconsciente, a menos que…

El agudo pitido a causa de la detonación se iba perdiendo a lo lejos dejando a mis oídos en paz. Sentí los párpados apretados con suficiente fuerza como para no levantarlos jamás, aunque el dolor en mi pantorrilla sólo me indicaban que aún seguía viva.

Me atreví a volver a mirar mi alrededor y lo primero que llamó mi atención fue el chico con traje amarillo y un rayo rojo en el pecho que golpeaba al hombre que casi lograba matarme, le dio algunos puñetazos hasta dejarlo inconsciente lo cual me alivió mucho. Después sentí una mano en mi hombro que me hizo dar un respingo cayendo en cuenta de su presencia. Me volví hacia él encontrándome con unos ojos verdes obscuros, tan profundos y llenos de preocupación y confusión.

—¿Estás… —no dejé que terminara la frase pues me abalancé contra él recargándome en su pecho, transmitiéndome lo cálido que eran sus brazos y por primera vez en todo el día respiré profundamente mientras dejaba escapar algunas lágrimas. Por fin me sentía segura.


(POV Starfire)

Le había estado dando vueltas al asunto, no pude haberlo matado, yo no sería capaz, ni siquiera sentí cuando el rayo estelar se formó en mi mano.

"¿Podrías matarlo? Por supuesto que sí, él es débil y tú poderosa".

Escuché esa frase en medio de tantas cavilaciones, ¿por qué había pensado eso?

—Veo que aún no entiendes el juego, ¿eh? —susurró alguien detrás de mí. No podía voltear mi cabeza, además parecía que la voz provenía dentro del muro a mis espaldas.

—¿Quién…

—¡No tan rápido, muchacha, harás que te duela la cabeza! —volvió a dictar esa voz interrumpiéndome. Tomó una pausa y prosiguió con tono de superioridad: —¡O más bien haré que te duela la cabeza!

—¡Muéstrate!

—¿Para qué mostrarme cuando puedo hacer esto?

"¿Hacer qué?".

Era mejor que no hubiese preguntado. Todo sucedió tan rápido, observé atónita cómo la piel del chico frente a mi comenzó a ponerse pálida, después se obscureció y finalmente empezó a resquebrajarse en largas grietas como si se tratara de un vidrio a punto de hacerse pedazos. Él parecía gritar sin embargo ningún sonido salía de su garganta, sólo se manifestaba el dolor en su rostro dejándome con un nudo en el estómago.

¡Esto era una alucinación, una pesadilla! ¡Un mal sueño como el de esos días en la Torre cuando veía sombras, figuras deformes acercándose a mí queriéndome hacer daño! Aunque claro que no era un sueño, algo lo había causado, algo que quería que me volviese loca o que terminara creyendo que mis amigos estaban muertos.

Cerré los ojos tratando de huir de ese escenario pero aún dentro de mis párpados estaban ellos, todos mis amigos Titanes convertidos en zombies, en marionetas consumidas por el dolor y la agonía, gritando suplicantes a que su vida terminase antes de volver a sentir más sufrimiento.

¿Por qué no podía dejar de ver eso? Dolía aunque sabía que no era real, aun así la punzada en el pecho aparecía y me daban ganas de llorar.

¿Qué era lo que me habían hecho esos monstruos? ¿Acaso era un nuevo suero que causaba sufrimiento psicológico? Tal vez era algo como eso. Recordaba que Robin me había contado alguna vez que, junto a Batman, se había enfrentado varias veces con un supervillano llamado Scarecrow quien utilizaba una toxina que exponía a sus víctimas induciéndoles a sus mayores miedos y así aprovecharse para atacarlos. "¿Será que…".

"Querida, no te precipites, las cosas no siempre son lo que parecen" rio dentro de mi mente y fui capaz de ver que el Robin herido había desaparecido por completo y que mis heridas en los brazos provocadas por él dejaron de doler, de hecho ya no había rastro de ellas.

—¡Psimon, deja de jugar con mi mente! —grité reconociendo al hombre que estaba detrás de esto y que se estuvo aprovechando de mis debilidades, aunque en vez de dar la cara él en respuesta volvió a producir carcajadas telepáticamente.

"Pero Psimon dice que no hay que arruinar tu sorpresa".

Sentí un inmenso cansancio y como si no hubiese estado inconsciente lo suficiente, caí nuevamente en mi única y fiel compañera de estos últimos días: la oscuridad.


(POV Robin)

El eco de las pisadas se volvió lejano por lo que proseguí a caminar por otro pasillo. Esto parecía un laberinto y sin ningún señalamiento se me estaba dificultando llegar hasta las escaleras o incluso al elevador para ir al piso 3. Cada corredor por el que había transitado contaba con algunas habitaciones: unas acompañadas con ventanillas que dejaban ver celdas descuidadas y otras completamente selladas. En resumen, el lugar era antiguo y suponía que sólo algunas celdas habían sido remodeladas por la Hermandad del Mal justo como en la que me habían encerrado, dotándolas de mejor tecnología como cámaras de vigilancia y una puerta con verificador digital.

Iba a buen ritmo incluso aunque no hubiera encontrado las escaleras y por lo visto aún no habían descubierto mi identidad. Trataba de caminar como aquellos hombres: firme, sereno y con el fusil recargado en el pecho llevándolo con una mano; por lo que no sería fácil reconocerme, además la gorra ocultaba mi cabello y los lentes eran buen sustituto de mi antifaz.

—¿Oye, tú, qué haces ahí? —escuché a lo lejos detrás de mí. Me paralicé por unos segundos, "¿me descubrieron?", pero volteé inmediatamente, era mejor si le seguía la corriente en vez de intentar escapar.

—¡Nos necesitan en el piso tres! ¡Al parecer han tomado el centro de control! —continuó haciéndome una seña para que lo siguiera y empezó a correr. Suspiré aliviado, creía que era uno de ellos y lo que era mejor: eran las 5:30 am y los chicos ya estaban siguiendo el plan.

Corrí detrás de él, al parecer los Titanes estaban haciendo destrozos en el tercer piso por lo que en el camino se unieron otros dos hombres con nosotros. Bajamos por las escaleras, las cuales estaban muy bien ocultas entre uno de los pasillos, y llegamos a uno de los corredores en donde varios hombres estaban peleando contra Abeja. Veloz estaba a un costado de ella lanzando flechas en el otro extremo del pasadizo puesto que los mercenarios empezaban a aparecer como si fuesen hormigas.

El hombre que me había ordenado seguirlo ahora estaba apuntando a Veloz quien se encontraba de espaldas por lo que sin dudarlo lo empujé haciendo que su objetivo cambiara y la bala impactara en el techo y no en mi compañero. El uniformado me vio con confusión y antes de que pudiera gritarme le propiné un puñetazo noqueándolo y dejando que cayera al suelo. Los otros dos hombres reaccionaron rápido, apuntando sus armas a mí pero Abeja fue más hábil al lanzar sus rayos electrocutándolos y dejándolos inconscientes.

—¡Me alegra verte, Robin! —saludó ella dándole varios puñetazos a otro tipo que tenía cerca.

—¡Pero miren quién llegó! —mencionó Veloz con tono burlesco mientras disparaba una flecha especial que antes de impactar con su objetivo, un compartimiento de ella se abrió lanzando una red que electrocutó a los tres tipos que acababan de aparecer en el pasillo. —¡El chico "yo puedo solo"!

—¡Hubieses hecho lo mismo! —le reproché con molestia mientras ayudaba a su líder con otros tres hombres.

—¡Exacto! ¡Por eso estoy indignado, me dejaste fuera de tu misión suicida! —exclamó con el mismo tono burlón golpeando en la nuca a uno de nuestros contrincantes con su arco.

—¡Lo consideraré para la próxima! —comenté con sarcasmo dándole una patada al otro estrellándolo en una de las paredes y con dos puñetazos en la cara quedó inconsciente.

—Chicos hay que reunirnos con Cyborg. Es probable que con las cámaras de vigilancia haya descubierto dónde están los demás.

Los dos asentimos y la seguimos. En nuestro camino encontrábamos algunos otros encapuchados pero con los rayos de Abeja y las flechas de Veloz bastaba para desarmarlos y luchar contra ellos cuerpo a cuerpo.

Me sentí aliviado por un momento, ahora tenía más apoyo para buscar a los cuatro Titanes restantes y a Terra. El alivio me duró poco pues volví a preocuparme por la situación de ellos, no sabía si los habían encerrado en una celda o si en este momento los estaban torturando. Pensarlo me hacía hervir la sangre, tenía que encontrarlos pronto.

Saqué de uno de mis bolsillos el antifaz y lo intercambié por las gafas. Seguíamos caminando cuando comencé a deshacerme de la vestimenta negra para dejar ver mi traje de Robin. Primero saqué la camiseta de manga larga, que a decir verdad se sentía muy incómoda puesto que tuve que enrollar mi capa sobre el abdomen para que no se viera extraña.

Cuando empecé a quitarme el pantalón Veloz me dio una mirada rápida y sin perder la oportunidad de bromear dijo: —¡Oye, tranquilo, deja eso para Starfire!

—¡Roy, ya madura! —le dije con fastidio y rodando los ojos.

—Sabes que no puedo evitar burlarme de ti —dijo con una sonrisa ralentizando su caminar para quedar a un lado de mí—, pero ya fuera de bromas, era enserio lo que te dije antes. Me hubieras incluido en tu plan temerario. Sé que lo hiciste principalmente por Starfire, y no es un secreto que ella también me importa, así que si tienes otro loco plan no dudes en incluirme. Haría muchas cosas por esa chica incluso aunque te siga eligiendo a ti.

—Supongo que gracias —dije algo incómodo. Todos sabíamos que él no perdía el tiempo cuando se trataba de chicas. Era muy coqueto y halagador con ellas, a veces lo hacía como simples cumplidos y de alguna u otra manera se notaba la diferencia cuando era amable con sus compañeras o amigas y cuando trataba de invitar a una chica a salir. Y bueno, no era difícil notar sus intenciones cuando hablaba con Star, sé que le gustaba incluso antes de que ella y yo fuéramos novios, y eso era algo que debía admitir, en su tiempo, me ponía celoso ya que él podía decirle tantas cosas lindas y hablar con ella sin miedo mientras que yo era una roca negándome a aceptar lo que sentía.

Bien, ahora todo era diferente. Pude darme la oportunidad de estar con alguien, aceptar mis sentimientos y confiar en ella de una forma en la que me sentía seguro, en la que dejaba el misterio de mi vida atrás. Dejé de pensar que un héroe era el único papel al que estaba destinado pues podía ser un gran amigo, ver una familia en los Titanes e incluso ser un buen novio.

No permitiría que alguien lastimara a mis amigos, a mi familia. Era hora de encontrarlos y llevarlos a casa.


(POV Starfire)

Volví a despertar poco a poco tratando de respirar con menos dificultad, intentando dejar de sentirme débil pero me hacía tanta falta la energía del sol que preveía otro desmayo. Me sentía rara, no sólo por la falta de luz en la habitación sino por el extraño y casi imperceptible pitido regular en el ambiente y el inquietante aroma a desinfectante y metal fusionados. La cabeza me latía en una interminable sesión de dolor y cuestionarme con tantas cosas no era la mejor medicina. "¿Qué está pasando?, ¿dónde estoy?, ¿qué es ese sonido?, ¿y ese olor?"

Percibí mis brazos extendidos levemente, esta vez los sostenían con más firmeza. Estaba aprisionada con nuevos grilletes, unos más largos que la última vez pues cubrían casi todo el antebrazo, y sin ninguna opción de movimiento como si se tratara de raíces fornidas de árboles que mantenían mis manos fijas, sujetando con fuerza y lastimando mi destrozada piel por la tortura.

Mi espalda no tenía ningún soporte. Mi cuello era rodeado por un collarín metálico que me lastimaba la garganta y mis pies estaban apresados por dos tubos de metal unidos a una gran base del mismo material. Estaba totalmente inmovilizada, la mayor parte del lugar estaba oscuro y el pánico comenzaba a apoderarse de mí.

Los escalofríos me recorrieron desde la punta de los pies hasta la raíz de mis cabellos rojizos. Esto se sentía como un déjà vu, un muy mal recuerdo reprimido aunque tal vez sólo era una alucinación o una pesadilla. El hueco en mi pecho y el corazón latiendo con angustia no hacían más que gritarme lo equivocada que estaba y que todo iría empeorando conforme los minutos avanzaran, tal y como sucedió aquella vez. El dolor volvería a introducirse debajo de mi piel quemándome por dentro, haciéndome desgarrar la garganta con los agudos gritos que me provocaría el suplicio. Desearía nuevamente dejar de respirar antes que otra descarga impactara mi cuerpo e imploraría a X'hal que me matase ahí mismo ante el sufrimiento.

El desastre con mi trastornado recuerdo era que aún no sabía lo que me aguardaba en realidad porque la diferencia era que esta vez no sería para "fines de la ciencia"...

Porque está vez no serían los Psions quienes ejecutarían mi tormento.